El único sonido que se escuchaba en la habitación era el del computador. Near no puso evitar que sus emociones se reflejaran en su cara, y ciertamente su semblante solo mostraba la incredulidad. Y es que, primero enterarse que Mello nunca murió, después que ideó un plan para sobrevivir que nunca se le había cruzado por la mente como posible, (sin dudas, había subestimado al rubio) y ahora el haberse ingeniado un plan para comunicarse con él y citar un encuentro, todo fríamente calculado, y por si fuera poco, lo último que esperaba escuchar para completar ese día, era que su rival, la persona más vanidosa que había conocido en la vida, le pidiera un favor a él, justamente a él.
-¿Un favor? ¿De qué se trata?
El albino notó como un brillo de esperanza se posaba en su mirada. –Necesito que me des la Death Note. En realidad menos que eso, con una hoja sería suficiente.
Así que a eso se reducía su visita. Mello quería el arma de Kira. -Temo que eso es imposible.
-¡QUÉ! –El rubio abrió los ojos desmesuradamente, como si le hubieran dado la sentencia de muerte.
-Cuando el caso se cerró y Light Yagami murió, el shinigami que era el dueño de la libreta vino a buscarla. Se la dimos y él dijo que volvería a su mundo. De todas formas no pusimos resistencia porque al menos la SPK no tenía intenciones de usarla.
-Oh no, maldición. – Dijo el rubio mientras se agarraba las sienes con ambas manos y maldecía entre murmullos. Cuando levantó la mirada de nuevo hacia el albino, éste pudo notar que el brillo que había visto hace un momento se había esfumado, de hecho, parecía más abatido que incluso antes. Verlo de esa manera hizo que casi se arrepintiera de haberle dicho eso. –Bueno supongo que eso es lo que llaman el karma, ahora sí que no podré escapar de la muerte. –Hizo una mueca que por lejos estaba a parecerse a una sonrisa y hasta el tono de su voz sonó apagado, seco.
-¿Para qué ibas a usarlo, de todos modos?
-¿Cambiaría algo si te lo dijera? –El rubio dejó de mirar el suelo para mirar con pesar al albino.
-No lo sabremos al menos que lo hagas.
-Buen argumento. Bien, como quieras. La cosa es que, estoy siendo perseguido por los jefes de la mafia. Y dentro de poco por la policía, si mis deducciones son correctas. –Mello se pasó una mano por el pelo, mientras que mordía un pedazo de chocolate.
-¿Por qué?
-Es una historia larga.
-Tengo tiempo.
-No es interesante la vida de un criminal Near.
-Solo cuéntame de una vez la historia ¿quieres Mello?
-A mi me parece o estás… ¿impaciente? Bueno, como sea, si voy a contarte el fin, supongo que tengo que contarte los medios, en otras palabras, desde el principio. Cuando me fui del orfanato, estuve un tiempo haciendo trabajos pocos pagados. Era humillante para mí. Caí en los barrios bajos y ahí conocí la mafia. Me uní al grupo y con mi inteligencia, los ayudé a planear estrategias para robar bancos, medios de transporte de drogas, lavado de dinero, prostitución, de todo. Cada vez era más respetado entre los jefes de la mafia, porque gracias a mí, podían ganar millones. Luego me hice amigo del jefe, de los jefes, se podría decir que era su mano derecha. Tenía todo a mi disposición, dinero, mujeres, chocolate… –El rubio sonrió, pero la felicidad no llegó a sus ojos. – Pero no me gustaba seguir órdenes. No me sentía bien con migo mismo. Es curioso, estaba con los criminales más peligrosos del mundo y lo que me inquietaba era que me ordenaran que hacer.
-No es curioso. De hecho, me sorprende que hayas pasado un tiempo siguiendo órdenes cuando toda tu vida fuiste un rebelde. – Objetó Near.
-Cierto. Un día el jefe murió de un repentino ataque al corazón luego ser publicado en los medios como sospechoso de organizar un contrabando de armas a los Estados Unidos. Supongo que cortesía de Kira. Decidieron que quedaría al mando. Fue entonces que empecé a planear sobre cómo atrapar a Kira por mi cuenta. Y lo primero que se me ocurrió fue secuestrar al director de la policía a cambio de la Death Note. El resto de la historia ya la conoces. Tú ganas y yo pierdo. Como siempre. –El rubio frunció el ceño ante la última frase, mientras sus labios se curvaban hacia abajo.
-Volví a la mafia, y esta vez, me dediqué al crimen al %100. Estafé, robé, incluso maté sin piedad. Me llené de dinero sucio. Tenía todos los recursos a mis pies para hacer lo que quisiera. Pero nunca nada me llenó y cada vez me deprimía más y más. Un día nos teníamos que trasladar de base, y cuando estaba juntando las pocas pertenencias personales que tenía, encontré mi foto. Esa que fui a buscar personalmente hasta ti. Recordé cuando me la tomaron. Recordé el orfanato, recordé mis objetivos, mis proyectos, mis principios, mis ideales y todo lo que era. Siempre quise convertirme en L, para ser la figura de la justicia, tal como el anterior. Quería ser exactamente como él, cuando saliera del orfanato, y justamente lo que hice fue todo lo contrario. Me convertí en el anónimo que en vez de acabar con los crímenes, los incrementaba. Estoy seguro que L debe estar muy decepcionado de mí, del uso que le di a mi inteligencia. Y no lo culpo, yo mismo estoy decepcionado de mis actos.
Near se sentía como cuando interrogaba criminales y estos estaban tan resignados a morir, que les daba lo mismo confesar sus más terribles actos. Y no le gusto para nada que Mello se parezca a esos infelices bastardos.
-Y ciertamente pude haber sido L, pero mi orgullo me impidió que compartiera el puesto contigo por la ridícula rivalidad que teníamos. En ese momento tenía 14 años y era muy estúpido e impulsivo… bueno, si vamos al caso, sigo siendo estúpido e impulsivo, solo que ahora tengo 22.
Ambos sonrieron porque, a pesar de toda el desconsuelo de Mello, aún se sentía con ánimos de hacer una frase sarcástica. Detrás de todo ese semblante de pena, aún estaba ese Mello lleno de coraje que ambos conocían.
- En fin, quise dejar la mafia, pero sabes, no es algo que simplemente puedes cambiar de un día para el otro. No puedes pasar de ser el cerebro de la mafia a un civil más, así porque sí. Cualquiera que quiere dejar la mafia es un traidor. Es una ley entre nosotros. La conozco bastante bien. Me escapé de nuestra base que estaba en los y volví acá. Se me están acabando los recursos y me están buscando. Hay una alta probabilidad de que me delaten a la policía. Puede que incluso busquen a L para que me lleven ante la justicia. Solo era cuestión de tiempo para que sepas que seguía con vida. Así que por eso decidí buscarte yo mismo. Aún me quedaba la Death Note y todo mi plan se sustentaba en eso. Conozco la cara y el nombre verdadero de todos mis enemigos mafiosos y pensaba en eliminarlos, no sin antes que me depositen una buena cantidad de dinero en una cuenta bancaria. –De repente el semblante de Mello cambió a uno de total amargura y resignación. –Pero ahora que ya no hay libreta, ya no puedo hacer nada. No tengo a nadie que me ayude, de hecho, el último de mis contactos que me debía un favor se lo cobré cuando le pedí que le dé el teléfono a Lidner. Ahora conoces mi historia Near. Perdón… L.
-Así que quieres dejar a mafia. –Near se enrolló un mechón en sus dedos mientras miraba el techo. –Pero no tienes los recursos para dejarlo. Eso explicaría tu actual estado…
-Sí, sí. No es necesario que te burles.
-No me estoy burlando, solo procesaba la información.
-Como sea, se me acaba de ocurrir una idea. Un nuevo plan. –El rubio miró a Near a los ojos, con determinación, pero una gran tristeza a la vez. -Tienes ante ti a uno de los mayores criminales de la mafia. Ya puedes decirles a tus agentes que suban y me arresten o me maten, la verdad es que ya me da igual, lo único que me importa es que al menos esos idiotas no me atraparon primero.
Mello agarró su chocolate y se recostó en el sillón mientras miraba el techo. En eso Near se paró y se sentó en el mismo sillón de Mello, por primera vez, como la gente suele sentarse.
-Mello, cuando dije que vine solo, no te estaba mintiendo, la prueba de eso es que en todo este tiempo que estuvimos hablando, si hubiera venido con alguien, ya habría entrado por la fuerza a verificar que todo esté bien.
-Pudiste tranquilamente traer micrófonos escondidos en la ropa.
-Puedes revisarme para verificarlo. –Near extendió sus brazos, y miró fijamente a Mello a los ojos. La determinación, la confianza, y hasta el toque de decepción por la desconfianza del otro, se vio reflejado en sus ojos grises. Y con eso, Mello comprobó que decía la verdad. El albino no lo traicionó. -Pero lo que quería decir, es que, aún tienes un último recurso.
-Mi único contacto fuera de la mafia eres tú, y que yo recuerde, no me debes nada.
-En realidad si te debo mucho Mello. –Near bajo los brazos y la cabeza a la vez.
-¿Qué?
-Tú me ayudaste a resolver el caso Kira. Me diste pistas importantes, y con tus acciones pude atraparlo. De no ser por ti, no sé cuales hubieran sido los resultados de ese caso.
-Ah cierto. Recuerdo que me usaste como una herramienta en tus deducciones como siempre. –Mello cerró los ojos, con nostalgia e impotencia.
-Te equivocas de nuevo Mello. No te usé, si no que me ayudaste a resolverlo, son dos puntos de vista distintos.
Pero Mello no lo escuchó, parecía que estaba en otro mundo. Seguía con los ojos cerrados y hasta dejó caer el sagrado chocolate de su mano, parecía en trance, un trance bastante profundo y triste. Near al ver el estado del rubio, se sintió impotente, como nunca en su vida. Quería a toda costa sacar a su "amigo" de ese dilema, quería verlo de nuevo comiendo chocolate, esforzándose para superarlo, que haga cosas estúpidas e impulsivas pero inteligentes, bien pensadas, quería que al verlo a los ojos, le devolviera esa mirada altanera, orgullosa y vivaz. No quería ver esta versión tan acabada y patética de Mello. En verdad le hacía acordar a los criminales con una condena a muerte. El estado lamentable, era muy similar al de esos delincuentes.
-Eso ya no importa, es el pasado. Ya no importa nada, porque ya no tengo… nada. No pertenezco ni al bando de los buenos, ni de los malos, ya no sé quién soy Near. –Sin que pudiera evitarlo, y para el asombro de Near, a Mello se le resbaló una lágrima por su mejilla. El albino conocía perfectamente el orgullo del rubio, y para que llegue a tales extremos de permitirle verlo en ese estado tan lastimoso, es porque realmente ya perdió todas sus esperanzas de vida. Eso sin dudas lo conmovió, y su primer impulso fue consolarlo, y aunque no era muy bueno en eso, por una vez más iba a seguir sus impulsos.
-Yo si se quién eres… Mihael.
