¡Hola! ¡Disculpen por la tardanza! Hasta ahora no me habia enterado de que para ver los rewievs hay que autorizarlos... Así que perdón, perdón. Me pondré de nuevo con ello ¡Animo! y Disfruten de la lectura ^^


Kaede, muchacha de 15 años, en plena floración de la vida, era hermosa como pocas. A primera vista, no destacaba por nada, de cabello y ojos castaños, la combinación más común en el planeta. Pero si uno veía más allá de lo material, vislumbraba en sus ojos una llama especial, una ambición de lograrlo todo cuanto deseaba, de ser la mejor, de vitalidad y astucia, coraje y rebeldía. Su figura atlética, producto del continuo patinaje sobre hielo hacia que muchos chicos la desearan a su lado.

Aunque lo que más le importaba eran los estudios, no era ajena al amor. De hecho después de Barnaby habían venido bastantes, casi siempre en forma de novios o ligues de poco monta; incluso ya había experimentado algunas "cosas", pero no había perdido la virginidad, no porque considerara que era algo fundamental, que después de ello su vida cambiaria para siempre, sino porque lo tomaba como algo muy intimo y posiblemente doloroso.

Dado que los estudios eran lo primordial, al terminar el primer ciclo de secundaria, recibió una carta de un prestigioso colegio de la ciudad de Sternbild, una institución únicamente para las familias más adineradas y los más altos rankings en puntaje académico. La academia le ofrecía una beca si ella mantenía o elevaba tal media.

Con los ánimos de sus amigos y familia abandonó su natal Oriental Town, desangrada por perder contacto diario con sus amigos de la infancia y preocupado por su abuela pero con la promesa de que su tío se mudaría con ella.

¡Es una gran oportunidad! ¡Ya verás! Si conoces un chico atractivo me lo presentas-le dijo su mejor amiga Tiffany

Si, si-dijeron las demás en coro.

Al arribar al que sería su nuevo hogar (que no era otra cosa sino el que había conocido desde que nació hasta los 5 años), su padre bajo, y le abrió la puerta del carro alegre por tener a su hija cerca de nuevo.

Mientras su progenitor descargaba sus pertenencias del camión de mudanza, ella entraba al dúplex. Su vista recorrió la estancia, se rio entre dientes nada parecía haber cambiado a pesar del transcurso del tiempo. Siguió explorando, definitivamente todo seguía en su sitio: su papa dormía abajo, en la habitación matrimonial y ella en el primer piso.

Más tarde llego la hora de cenar, la primera en mucho tiempo entre padre e hija, la primera de muchas que vendrían de ahora en adelante.

Kaede ¿Estas emocionada por tu nueva escuela?- pregunto Kotetsu con su aniñada.

Papa ya no soy una niña-repitió por milésima vez al hombre que tenía enfrente, dominando su carácter- Más bien estoy un poco asustada, que tal si no encajo, y si se meten conmigo.

No tienes nada que temer- declaró el director de la institución orgulloso la mañana siguiente- Aquí tenemos bien controlado el comportamiento de todos los alumnos- Contestó un hombre de mediana edad al observar la expresión de la próxima alumna.

Antes de empezar el curso, el director había llamado a Kaede expresamente para invitarla a conocer su nuevo colegio, así como lo que le podía ofrecer, ya que al ser un complejo muy grande, comparado con el que venía, las probabilidades de perderse eran elevadas. Así como enseñarle cual sería su aula principal, una medida cariñosa que se basaba en que, de esta manera, no tendría que citarla el primer día de clases más temprano.

¿Ves? Te dije que no había nada de temer. Ya te lo aclaró el director- Mencionó Brooks, con la barbilla en alto y el pecho hinchado, comportándose como el preferido, el mejor alumno, al que todos quieren y admiran.

Detrás de ella, como si se trataran de guardaespaldas, uno a cada lado, venían el señor Kaburagi y Barnaby. Ambos deseaban ver en qué ambiente estudiaría Kaede, si bien confiaban en el prestigio de la secundaria, una verificación nunca venía mal. Para la adolescente la presencia de su padre era normal, pero la de Barnaby le encantaba, adoraba que se involucrara tanto en su vida, como un miembro más de su familia y, en su interior, sabía que él no lo hacía para ganar puntos enfrente de todos, no sonría para una cámara, de su boca no salían palabras ensayadas en pos de agradar a su público; estaba allí porque le importaba, lo leía en su expresión que tanto estudió y analizó cuando era su persona especial.

El hombre de mediana edad permaneció unos minutos en silencio, le convenía dejar pasar el tiempo, que los invitados se maravillaran con la arquitectura y tecnología del lugar, lo grande y espacioso.

Supe que te gustaba el patinaje-Atinó a decir de repente.

Sí, me gusta mucho- admitió la muchacha.

Si deseas perfeccionar tu afición aquí tenemos un equipo de patinaje y una pista.

¡¿En serio?!- exclamaron los representantes y la alumna Kaburagi.

Claro que sí. Aquí atendemos las exigencias de nuestros alumnos por más difíciles que sean. Por ejemplo, el español se ve como un segundo idioma si se quiere, más nos llego una solicitud de 6 alumnos en todo el campus que, por determinadas razones exigían que además de estudiar inglés que el español se les diera como lengua materna. Fue difícil encontrar un profesor con tantos conocimientos en este país, pero al final lo localizamos y a día de hoy esos alumnos reciben dicho conocimiento.

Y esta será tu aula- completó el director dejando pasar tanto a Kaede como a los hombres.

Se trataba de un lugar amplio que con varios pupitres de lujo, dos pizarras y unos ventanas grandes que permitían una excelente entrada de luz.

Que afortunada Kaede, mira dónde vas a estudiar, ya hubiera querido yo tener algo así- rio su padre como de costumbre.

Pero si tú a mi edad apenas estudiabas.

Si pero por lo menos tu vista es mejor que la mía mi clase solo daba a un terreno baldío.

Días más tarde, aunque ella anhelaba que la acompañaran a su primer día, la realidad se impuso a la comodidad y solo la pudo llevar Barnaby que comenzaba su jornada después de la hora de entrada escolar.

Tranquila no va a pasar nada. Todo va a ir bien.

La descendiente de los Kaburagi le dirigió una mirada cargada de significado de que el adulto no debía afirmar tal cosa porque ¿Acaso el tenia una máquina del tiempo? No verdad ¿Acaso el iba a vivir la experiencia? No. ¿Había ido a una escuela de este tipo? No, entonces ¿Qué coño puede decir él?

Suspiro- Bueno bien. Nos vemos- susurro bajándose de coche del superhéroe.

Barnaby se quedo decepcionado y triste al no haber conseguido animar a la adolescente. Sentado, con una mano en el volante y su dedo índice tamborileándolo, atisbó a la que consideraba su hija (aunque nunca lo expresara) caminar hacia la entrada del recinto. El uniforme resaltaba su femenina forma. Era hermosa, no hermosa era poco pensó Brooks. No obstante lo que destacaba por encima de todo era su andar nervioso.

Brooks Jr. Sintió una punzada en el pecho. No podía dejar las cosas así. Instintivamente bajo la manija de la puerta, la abrió, cerro Kaedeexclamó para llamar su atención.

¿Barnaby?- se volvió sin comprender.

El rubio camino hasta donde estaba ella e inmediatamente la rodeo con sus brazos- Has tu mejor esfuerzo. Yo se que tu eres capaz de lograr cualquier cosa. Recuérdalo.

Al ori esas palabras un calor nació en su pecho e invadió todo su cuerpo despertando una sonrisa en su rostro. Devolviendo el gesto, lo abrazo con fuerza.

El tiempo pasaba, no había palabras, no un "te quiero", no un "gracias", no hacía falta. En ese silencio ya le estaban transmitiendo todo al otro, cuando Kaede separo su cara del pecho de adulto y él de su cabeza para mirarse con cariño familiar, con una sonrisa de fraternal, de protección.

Bueno me voy ya-susurró la adolescente antes de partir hacia dentro de la institución.

Barnaby la saludo con un moviendo su brazo, siguiéndola todo el tiempo con la mirada hasta que desapareció; volvió sus pasos en sí, se monto en el coche y partió a su trabajo.

El colegio se mostraba totalmente diferente a la última vez que lo había visitado, el silencio permanente era llenado ahora con múltiples voces, cuchicheos, alaridos de bienvenida y algún que otro suspiro de resignación. Una emoción de excitación hacia lo nuevo se respiraba en el ambiente fue contagiándola.

Al arribar a la su aula entro con temor, eligió un pupitre en el medio de la segunda fila, lo suficientemente atrás como para no llamar la atención, pero tampoco muy atrás como para no enterarse de la lección o pasar desapercibida.

Miro a su alrededor. Parecía que sus compañeros ya se conocían pues hablaban con tanta tranquilidad y cotidianidad que se acordó de la tan famosa canción de los Beatles que citaba "Look all the lonely people" y se preguntó a sí misma si no sería la única nueva. No obstante, no tuvo mucho tiempo de meditarlo porque la profesora hizo acto de presencia justo cuando la campana dio inicio al año escolar.

Si quería pasarla bien en este nuevo lugar tendría que echar mano de las habilidades sociales. Como todos ya se conocían de antes (o eso pensaba ella), no existía la necesidad, por parte de ellos, de buscar amigos, por lo tanto sería ella quien se introduciría en sus vidas En consecuencia, desde la siguiente mañana, decidió saludar, ser agradable, ayudarlos en cuanto pudiera a sus compañeros, para que, en algún momento, su empatía y simpatía surgiera efecto y la invitaran a integrarse.

Sin embargo, no pensó que dichas acciones obraran tan rápido en el corazón de sus colegas. Sin ir más allá, al tercer día un chico de piel oscura, llamado Walter al que le había explicado un problema de matemáticas, la saludo nada más entrar y le sugirió sentarse a su lado a charlar un rato.

Gracias por ayudarme ayer Kaede- El no podía imaginarse la alegría que la rodeaba, al saber estaba logrando avances solo en la primera semana.

De nada. Además también me sirvió a mí para repasar

Eres la nueva becada, ¿no?- pregunto curioso

Si-contestó insegura creyendo que aquello ocasionaría la pérdida de una posible amistad por celos. Circunstancia que ya padeció en el pasado

¡Increíble! ¡Debes un genio!- exclamó felicitándola

¿Ah?

Walter resulto ser una persona graciosa, de fácil trato nada acomplejado. Mientras más hablaban más percibían la cantidad de gustos que tenían en común. Pero, mayor fue la alegría de Kaburagi cuando el muchacho actuó de vehículo y la internó en su grupo donde la aceptación no se hizo esperar.

En su ser no hallaba queja alguna, le iba excelente en los estudios y ya había conseguido un grupo de amigos ¡No pedía más!

Así pasaron dos semanas, con una sonrisa en los labios transmitiendo felicidad tanto dentro como fuera de su casa. Dos semanas en las que los estudiantes avanzados o mejores no deben preocuparse pues lo que se da es repaso, son dos semanas de puro conocimiento del profesorado al alunado y viceversa, semanas que verificas que sabes y que hay que reforzar.

Ese lunes, a última hora la profesora anunció a la segundo sección del primer curso que para esa materia debían constituirse parejas inalterables durante todo el año escolar.

Desafortunadamente, Kaede llego tarde ese día para encontrarse que las parejas ya estaban hechas, así que pidió auxilio en su grupo.

No tienes pareja. No importa vente con nosotros. Hablaremos con la profe, creo que somos impares-dijo Walter con tono conciliador.

Lo siento, pero no será posible. Somos pares y hay una persona sin grupo.

¿Quien?- preguntaron los adolescentes

Matías.

¿Está?- intervino el negro

Tuvo que irse hoy más temprano.

Mientras la conversación se sucedía, ella se había aislado en sus propias cavilaciones- ¿Matías? ¿Quién era ese? A pesar de realizaba un inmenso esfuerzo en recordar, el nombre no lo asociaba a ninguna cara. Durante estas 2 semanas se había asegurado de memorizarse todos los nombres y caras de sus nuevos compañeros. Sin embargo, parece que había alguien a quien no había registrado ¿Por qué?

¿Matías? No te sientas mal de no recordarlo, nadie lo hace- comento Walter avergonzado camino a casa.

¿Por qué? ¿Falta mucho?-inquirió Kaede

Que va.

¿Es mal estudiante?

Si es por el trabajo no te preocupes por eso. En realidad es el mejor de la clase, por lo menos hasta el año pasado.

Y no es feo-hablo risueña Virginia, una chica rubia de cabello liso corto que formaba parte del nuevo grupo de amigos de Kaburagi.

Pero si es el mejor de la clase, ¿no debería ser el delegado? Eso es lo que dice el reglamento-intervino la nueva.

Lo que pasa es que Seamus suele ocupar ese puesto porque es popular y Matías nunca se ha interpuesto.

Matías lleva estudiando conmigo casi desde el principio de la secundaria, y sin embargo no lo conozco-emitió serio el chico-Es…distante, no saluda a nadie, no habla con nadie, contesta a las preguntas de los profesores raramente, aunque sepa la respuesta. Es muy tímido, si se pone rojo con solo pasar a la pizarra. Por eso no lo verás como jefe de clase. Incluso, a pesar de que podría ser atractivo su nombre no se escucha en las conversaciones de las chicas, la única referencia que encontraras acerca de él refieren a su hermano.

¿Su hermano?

Así es. Lautaro Tabone. Es su hermano mayor y son totalmente opuesto en todo. Es uno de los estudiantes más en boca de los alumnos ya sea por su belleza o por sus peleas.

¿Es peligroso?-inquirió con aprensión.

Hacia las mujeres no. Pero se impacienta y enfada con facilidad. Cada mes hay un conato de pelea, como mínimo. Increíblemente también es uno de los mejores sino el mejor alumno de su clase. También es el capitán del club de esgrima desde año pasado.

¡Es tan atractivo!-Todas las semanas Virginia se emocionaba por algún chico esta le tocaba a Lautaro- Es moreno, con dos ámbares como ojos aunque a veces se tornan verdes, de pelo largo castaño ondulado. Con cara de malo ¡Un sueño!

Solo mide un 1,70- rio burlonamente con la intención de bajar a la enamorada de sus típicas ensoñaciones.

¡¿Y eso que importa?! ¡Lo demás lo vale!

Antes no decías eso-comento aguantando la risa

¡Ah cállate, tu no entiendes el corazón de una mujer!-tal declaración le provoco a Walter una risa histérica mientras que a Virginia hacia acopio de todas sus fuerzas para no matarlo ahí mismo.

El fin de semana paso sin penas ni glorias y cuando llegó de nuevo el lunes, la curiosidad la tenía excitada hasta tal punto que se despertó más temprano, funcionó como despertador de su padre, ignoró las llamadas de este con su voz empalagosa y salió para el colegio al mismo tiempo que Brooks arribaba a su casa, dejando a los dos adultos atónitos y un conato de pelea.

Bueno Bunny ¿Qué hiciste?

¿Qué hice?- replicó sin entender para nada la nueva actitud de su novio.

Como que que hiciste

¿Ah?

No sé, ayer cenaron sin MI presencia y hoy actúa extraño, tal vez sea la comida. Pero no me hagas caso- Kotetsu fijó la vista en una mota de polvo que había en la mesa, la agarró, la puso entre sus dedos y la tocó. Habló como quien no quiere la cosa, pero resultaba obvio que acusaba a Barnaby, quien rodó los ojos ante la exacerbada protección paternal de Wild Tiger.

Kaede, sin detenerse ni un segundo, quedó enfrente de su salón más rápido de lo que usualmente le tomaba. Revisó el reloj de mano, suspiró, era aún muy temprano, faltaban 15 minutos para la primera asignatura, ese tal Matías seguro que todavía no aparecería. Metió la cabeza, la giró hacia los lados dentro del cubículo a ver si había alguien con quien conversar. Nadie ¡Espera! Se asomó nuevamente y divisó algo que pasó por alto, allá en la penúltima fila, en el extremo derecho, al lado de la cartelera que contenía el mapamundi había una figura humana, sentada en un pupitre, distraído leyendo un libro.

La chica comenzó a caminar, sin saber bien porque, hacia donde la persona se encontraba: se trataba de un chico que jamás había visto en su clase, de espalda ancha, cabellos de un toque impreciso que oscilaba ente el naranja y el rubio, ondulado, que llegaba un poco más debajo de su barbilla y que en el frente tenía un flequillo; su cara tapada por lo que contenían sus manos. Cuando Kaede se paró enfrente atisbó que la obra escrita se llamaba Rayuela de un tal Julio Cortázar. Parecía una obra escrita en español, así que debía ser ese su compañero de trabajo: Matías Tabone.

Esperó pacientemente ser reconocida, pero el tiempo seguía fluyendo al igual que el silencio en la habitación que solo se rompía con el pasar de las páginas, mientras su enojo iba en aumento- Disculpa-dijo suave y con la voz tensa a la vez.

Tabone levantó la vista como quien regresa de un sueño muy lejano e, inmediatamente, producto de la visión repentina, echó para atrás la silla, asustado.

Kaede se sorprendió por la reacción y lo escrudiñó aún más: Era alto, tal vez más que Barnaby, su piel era más oscura que la suya, de color dorado, de rasgos finos, y ojos asustados color purpura enmarcados por un par de lentes que se le habían deslizado por el tabique nasal.

¿Eres Matías?- preguntó con inseguridad- Yo soy Kaede Kaburagí, tu compañera de trabajo. Mucho gusto.