- ¡No!- gritó House mirándola enfadado.
- House, ella hace falta en Inmunología y tú puedes contratar a otra persona.
- ¿Qué parte del "no" no has entendido, Dra. Cuddy?
- Un mes entero sin consultas.
- No.- dijo él con una seguridad que sorprendió a Cuddy.
- Le ayudará en su carrera, es muy buena doctora.
- Ya sé que es buena¿por qué crees que la contraté?- dijo él molesto como un niño.
- No puedes disponer de los trabajadores del hospital a tu antojo, yo mando aquí.
- Ya me la quitaron una vez para hacer aquel maldito estudio del cáncer.- se quejó él mientras gritaba.
- ¡Eso fue hace tres meses¡Y solo fue una semana¿Qué demonios te pasa con Cameron? No te pertenecen, House, son personas libres.
Él rechinó los dientes, miró al suelo y se mordió el labio inferior.
- House, sé razonable, Diagnósticos puede funcionar igual de bien sin ella, el hospital contratará a otra persona en su lugar y todo volverá a ser como antes.
- Yo no puedo funcionar igual sin ella.
Cuddy suspiró y agitó las manos en el aire.
- No hay más que hablar, está decidido. Al final de la tarde me pasaré por tu departamento y más vale que tengas una razón de peso para contarme, si no, Cameron será trasladada a Inmunología.
- Perra- dijo House entre dientes.
- ¿Qué me has llamado?
- Ohhh, nada - sonrió él- nada que no te merezcas.- Y salió del despacho echando pestes.
Sin atender a nadie ni a nada fue con paso firme hasta su despacho. Entró, cerró la puerta y bajó las persianas. Necesitaba pensar. Quizá necesitaba recordar.
Y recordó...
Las sensaciones
En aquellos días en los que comenzaban su relación, cómo, al cruzarse por un pasillo se aceleraba el pulso de los dos y evitaban que sus miradas se encontraran. Querían por todos los medios mantener oculto su secreto, intentar que las miradas no los delatasen y que nadie notara la complicidad que se respiraba en el ambiente cuando compartían espacios, cuando él no se sentaba con ella a comer o cuando la insultaba y trataba mal en los diferenciales, diciéndole lo siento con los ojos.
Sentir que con el día de trabajo ella no terminaba para él, que tras salir del hospital ella seguiría viendo su sonrisa y conociendo todo lo bueno que él guardaba para sí y para ella, lo que nadie más conocía. Memorizar cada rasgo de su cara para añorarlo cuando ella no estaba cerca y poder tocar mentalmente cada palmo de su piel. Sabía que ella había memorizado su esencia, cuando estaban juntos se guiaba por su cuerpo como un ciego que busca el camino siguiendo rastros hasta llegar a su destino.
Sensaciones que creía perdidas desde hace tiempo y que recuperó porque un día se atrevió a confesarle sus sentimientos y ella no le rechazó.
Su estúpidos celos
Cuando ella entró riéndose con Chase en la sala de diagnósticos y sintió el fuego crecer en su interior; porque él la había tenido una vez, la había tocado, se había acostado con ella, la había tenido entre sus brazos. Sintió estallar cuando minutos después ella no le dio la razón en el diferencial para dársela a él. Aquel día apareció en la puerta de su casa.
- Soy un idiota.
- No, eres un obsesivo.
Ella se giró sin decirle nada más y se volvió para sentarse en el sofá y a taparse con la manta.
- Perdóname. No sabía lo que hacía. Debería confiar más en ti. Por favor...
- Después de todo este tiempo sigues pensando que estoy contigo porque estás herido y que me tiro a todos los demás. Le dije que no a Wilson¿recuerdas? Y para tu interés, tengo lista de espera en el hospital.
- Pero me elegiste a mí.
- Porque te quiero. Pero te cuesta entenderlo.
Él no dijo nada. Pensó unos instantes.
- Si me quieres...- ella le miró. Él sonrió y ladeó la cabeza. Se giró y cogió una bolsa que había traído de la calle. La miró de nuevo- no te importará que hagamos las paces¿verdad? He traído nata montada.- y levantó y bajó las cejas rápidamente varias veces. y se quedó mirándola con cara de pena.
Unos instantes después ella soltó una carcajada y le hizo señal de que se acercara al sofá con el dedo índice.
Aquella vez en el laboratorio
- ¿Te falta mucho? - preguntó metiendo la cabeza por la puerta.
- Pensé que te habias ido. - respondió ella sin demasiado interés.
- Todos se han ido. Estamos solos.
Ella levantó la vista del microscopio y le miró.
- Estoy ocupada.
- Siempre lo estás, dijo acercándose a ella y acariciando sus nalgas con el bastón.- buen culo, incluso con bata.
Ella no dijo nada y volvió al microscopio. Él estiró el brazo y le acarició el lado del cuello, pasando el pulgar por el hueso de su mandíbula. Ella levantó la mano y apartó la de él.
- Esto tiene que estar para antes de medianoche.
- Te quiero.- dijo él.
Sabía que ella se derretía cada vez que le decía eso y él lo aprovechaba. Ella no le contestó aunque deseaba decirle lo mismo más que nada en el mundo.
- Te quiero.- repitió.
Ella levantó la vista y se giró, poniéndose frente a él. Levantó los brazos y le puso bien los cuellos de la camisa. Estiró de ellos y le hizo bajar la cabeza para besarle.
- Si nos pillan se te cae el pelo con Cuddy.
- Y a ti. Ella cree que eres una santa. No tiene ni idea de las cochinadas que me has hecho durante este último mes.
Pasaron besándose varios minutos. Él paro y le habló:
- Recuéstate sobre la mesa, tengo algo que hacer, algo pendiente.
Anduvo hacia un armario del laboratorio y se metió algo en el bolsillo.
Se acercó a ella, que estaba semi tumbada en la mesa con los codos hacia atrás. Él se puso enfrente, levantó la mano y le acarició la cara con los dedos, muy lentamente. Bajó la mano por la camisa de ella siguiendo la botonadura. Cuando llegó a la cintura apartó un lado de la camisa y se agachó apoyándose en el bastón. Se situó frente a su ombligo, se acercó y sopló. Ella contuvo la respiración y emitió un ligero gemido. En ese momento él se levantó y sacó del bolsillo lo que había cogido del armario. Con mucho cuidado se lo enseñó para que ella lo viese; un bisturí. Lo acercó a su camisa y cortó el hilo del primer botón. La camisa se abrió ligeramente.
- Debo terminar lo que empecé- dijo él.
Ella le miraba desconcertada. Él dejo el bisturí en la mesa y con la misma mano se adentro en su camisa. Rodeo su pecho con la palma de su mano. Despues apartó la copa del sujetador y lo agarró libremente mientras rozaba el pezón con su pulgar. Le miró a los ojos.
Colgó el bastón del borde de la mesa, se sentó ligeramente en ella y, decidido, situó la mano que tenía libre detrás de su nuca y tiró hacia arriba para que ella se levantara mientras con la otra seguía acariciando su pecho. Frente a frente, ella cruzó sus manos en su nuca y él bajó el brazo de su cuello para rodear su cintura. Apartó la mano del pecho de ella y la subió hasta el cuello de la camisa. Poco a poco fue apartándola junto con la bata, hasta dejar su hombro desnudo. Besó intensamente su cuello, su clavícula y la piel de su torso. Susurró:
- Me vuelves loco
Ella respiraba profundamente, tenía los ojos cerrados, y él agarraba su cintura con cada vez más fuerza. En ese momento House notó cómo la mano de Cameron entraba entre sus piernas. Frotó la palma de una de sus manos contra un creciente bulto.
- Veo que ya venías preparado.- dijo ella.
- Ahora- dijo él, mientras hacía fuerza sobre el cuerpo de ella y empujaba en dirección al suelo.
Aquella vez, en el suelo del laboratorio, fue la primera que hicieron el amor en el hospital.
Sus inseguridades
La pregunta que le rondaba la cabeza desde hacía un tiempo. Había llegado el momento de hacerla, necesitaba saber la respuesta. Él, Gregory House, siempre tan seguro de sí mismo, tan prepotente con las opiniones de los demás, se sentía débil y viejo, inútil, sin entender por qué ella estaba con él.
- Allison
Los dos estaban en la cama antes de dormir, era de noche.
- mmmhhmhmh- respondió ella adormilada.
- Allison... cuando nosotros... ya sabes ¿tú te...?- tosió tras decirlo, invadido por la vergüenza- ehhh... ¿llegas?
- Siempre- contestó ella.
- Siempre estás callada, todas las veces.
- ¿Qué?- se espabiló de repente.
- Ya sabes- él miró por la ventana.- Ruidos, gemidos... lo siento, no debería...
- Siempre es siempre. No te obsesiones, Greg. "Eso", también lo haces bien.
Él sonrió mientras miraba cómo ella volvía a dormirse sin dar un ápice de importancia a la pregunta que él le había hecho.
El día que el mundo se les vino encima
Ella entró con la cara blanca en su despacho.
- ¿Estás enferma?- preguntó él, preocupado.
- Ojalá- contestó ella.- Greg, tengo un retraso.
Él respiró profundamente e intentó calmarse. Cuando ella entró al despacho él estaba jugando a golpear la pelota contra la pared y recogerla con el mango de su bastón. Cuando ella habló dejó caer la pelota sin darse cuenta.
- No pasa nada. La solución es fácil, haremos una prueba. Sea lo que sea lo sabremos.
Ella asintió.
- Ve a buscarme en un rato, te acompañaré- dijo él.
Ella salió del despacho.
Media hora después él estaba en la habitación de un paciente revisando una historia. Ella lamó a la puerta, a través del cristal, él vio cómo le hacía un gesto para que le acompañara. Juntos caminaron hasta los vestuarios.
- Métete en el baño, esperaré a que salgas.- le ordenó él.
Cinco minutos después ella salía del baño llorando y negando con la cabeza. Aún tenía la prueba en la mano. Se acercó a él y apoyó la cabeza en su pecho. Él besó su pelo y suspiró profundamente.
- Gracias a Dios.
Así pasaron varios minutos, los dos pensaban en lo mismo, aunque no se lo dijeran. Ella habló la primera:
- Tampoco habría estado tan mal.- Se separó de él y se dirigió hacia la puerta, dispuesta a salir. Cuando ya casi estaba en el pasillo él le llamó desde dentro:
- Allison.- le dijo. Ella se volvió.- Ya hablaremos de ello más adelante. Debería usar a mis pequeñines, siento que estoy desperdiciándolos; y son muy valiosos.- Y le sonrió tras mirarse fugázmente a la bragueta del pantalón.
House no lo había notado, pero repasando sus recuerdos su sonrisa se había marcado cada vez más y un sentimiento de felicidad le embargaba. Oyó los tacones de Cuddy a lo lejos, acercándose a su despacho. Ella entró por la puerta:
- ¿Y bien?
Él se levantó súbitamente y abrió la puerta que daba a la sala de diagnósticos, donde estaban Chase, Foreman y Wilson.
- Ahora vuelvo con Cameron.- dijo él.
- House, Cameron ya se ha ido a casa- le replicó Foreman.
House entrecerró los ojos y, haciéndole burla pero con voz determinada, le contestó:
- Allison- levantó las cejas después de decirlo- aún no se ha ido.
Y salió por la puerta cojeando. Todos se miraron sorprendidos.
- ¿Allison?- preguntó Chase con estupor.
- Te vas a Inmunología- gritó él desde la puerta que daba a la azotea.
- ¿Qué?- preguntó Cameron.
- Cuddy quiere trasladarte. Y yo creo que es una buena oportunidad para tu carrera.
- Pero...- se quejo ella.
- Ohhh, vamos, no vas a estar debajo de mis faldas toda la vida, Allison.
Ella miró al suelo.
- Aún y todo- comenzó él- quería pedirte otra cosa.- ella levantó la vista.- Si no vas a estar conmigo en mi servicio... quiero que estés conmigo cada minuto, cada segundo de mi vida. Quiero que seas mía, mía y de nadie más, que seas para mí... legalmente.
- ¿Greg, me estás pidiendo en matr...?
- ¡Por favor!- dijo él poniendo cara de asco- no uses esa palabra, es de mal gusto. Digamos que te estoy proponiendo un acuerdo social: tu eres mía y yo soy tuyo... para siempre. ¿Qué me dices?
- Perderíamos nuestro secreto.- comentó ella intentando buscar una excusa que sabía que no necesitaba.
- Bueno, ahí está la mejor parte. El acuerdo sería secreto, solo tuyo y mío.
- Pero viviríamos juntos. Tendrías que decir a todo el hospital que soy tu...
- ¿Novia?- preguntó él con gesto curioso, hinchando los mofletes y poniéndose el dedo índice en los labios.- No hay problema. No se pueden tener dos secretos tan grandes a la vez- Y le guiñó un ojo.
Ella no podía ocultar su asombro, era la proposición más extraña que le habían hecho nunca. En la vida pensó que llegaría el momento de tener que responderle a Gregory House a una pregunta así y de esa manera. Se mantuvieron callados un momento. Él se puso junto a ella y miraron las luces de la ciudad sin decirse nada. Él fue el primero en romper el silencio:
- ¿Te marchas a Inmunología?
- Me marcho a Inmunología- respondió ella.
