A TRAVES DEL ESPEJO
China escuchaba al otro lado del teléfono las risotadas histéricas de Inglaterra y de fondo una voz que sonaba igual sin embargo esta rogaba ayuda hasta que la llamada sencillamente se cortó, China volteó a ver con ojos desmesuradamente abiertos a su reflejo que sentado al otro lado de espejo solo soltaba risas desdeñosas acompañadas de esa sonrisa ladina que comenzaba a ser irritante.
-¡¿Qué está pasando?! ¿Porque escuchaba a dos Inglaterra?- preguntó alterado el asiático acercándose de nuevo a su reflejo poniendo ambas manos sobre el cristal al tiempo que el otro solo soltaba una risotada vulgar.
-Por la misma razón que me ves ahora mismo hablando contigo. Estamos saliendo del espejo y vamos tras de ustedes… o eso se supone estaría haciendo yo si no hubiera olvidado que eres un maldito viejo supersticioso ¡Quita todo ese maldito feng shui de aquí y déjame salir!- ordenó su reflejo soltando otro golpe al cristal con su sable aunque esta vez China no retrocedió.
-¡Los demonios del espejo deben quedarse en el espejo aru!- espetó China alejándose unos pasos de su reflejo mientras este aun forcejeaba.
La nación asiática se paseó por la sala, con una mano en la barbilla murmuraba cosas intentando poner en orden sus pensamientos y tratando de entender qué diablos estaba pasando; obviamente por aquel grito de auxilio que había escuchado desde el otro lado del teléfono, nada bueno pasaba y como bien decía su contraparte, él no era el único que estaba lidiando con una cosa extraña en su espejo, lo cual quería decir que sus compañeros naciones también estaban teniendo problemas.
-¿Cuánto tiempo más pretendes seguir dando vueltas? Estás empezando a marearme- se quejó su otro yo que de nuevo estaba sentado al otro lado del espejo usando el marco como respaldo mientras paseaba sus dedos por la enorme hoja de su sable buscando entretenerse.
-Cállate, no me dejas pensar aru- le reprendió China metiendo sus manos entre las anchas mangas de su traje para luego sacar su pipa y empezar a fumar esperando que el tabaco, su sabor y su poder relajante pudieran ayudarlo a pensar mejor.
-¿Qué necesitas pensar, anciano? Ya todos están con sus respectivas copias y creo que la están pasando genial menos yo que estoy aquí encerrado- comentó el obscuro china acomodando su boina y soltando un suspiro sonoro.
-¿Qué quieres decir con eso?- preguntó de nuevo China con la pipa entre los dientes frunciendo el ceño.
-¡Que ya todos salieron del espejo! Hasta ese insoportable de Rusia ya está medio matando a tú Rusia y espero tarde mucho en terminar con él porque no quiero venga a buscarme, no quiero tener que soportar sus acosos en este mundo también- decía enfadado soltando bufidos.
-Espera ¿El Rusia que es como tú también te acosa aru?- preguntó el moreno y el otro solo asintió cansadamente con la cabeza.
-Comprendo por lo que tienes que pasar ¿Nunca se ha vestido de panda para ir a meterse a tu casa?- preguntó el chino a su reflejo que pareció reaccionar.
-¡Todo el maldito tiempo! Un día tuve que atravesarlo con flechas envenenadas y el desgraciado de todos modos sigue metiéndose a mi maldita casa con todo y disfraz de panda- dijo molesto el de cabello corto.
-Ese tipo parece inmune a todo, dudo mucho que haya alguien que le pueda hacer algo aru- comentó China dándole otra calada a su pipa escuchando una risa cínica por parte de su contraparte.
-Eso lo dices porque no conoces al Rusia de este mundo… puedo apostarte que justo en estos momentos está bañándose con la sangre del otro Rusia. Es un desquiciado así que no dudo que ya le haya abierto el estómago o algo parecido… tan loco como el bastardo Inglaterra- decía el China del espejo soltando un suspiro al final viendo al otro empezar a ponerse un poco inquieto.
-Eso no puede ser, Rusia es muy fuerte como para dejarse ganar por una copia- replicó China no muy seguro de sus palabras dándole una honda calada a su pipa en el momento en que un mal presentimiento se hizo presente en la boca de su estómago.
-¿Eso crees? Entonces deberías intentar llamarlo también- le instó el hombre del espejo, China entrecerró los ojos mirándolo tratando de buscar alguna señal que le dijera que la copia solo estaba burlándose de él aunque no pudo deducirlo del todo así que fue por teléfono y sin dejar de observar a su igual marcó el número de Rusia, se quitó la pipa de la boca y esperó a que contestaran sin embargo nadie nunca atendió el teléfono.
-Esto no me agrada- murmuró China cuando marcó por segunda vez al mismo tiempo que la desagradable sensación en su estómago se hacía todavía más intensa pues de nuevo nadie contestó.
-Será mejor que vayas a verlo- propuso su reflejo con un toque de malicia en la voz a lo cual el otro asiático solo alcanzó a fruncir el entrecejo.
-Es lo que voy a hacer- dijo China apagando su pipa pero antes de salir fue por un pedazo de papel y por un viejo tintero y pincel (como si los bolígrafos no existieran), se sentó en el piso frente a la mesita de centro de la habitación y trazó algunos kanjis en el papel junto con otros símbolos raros.
-¿Qué estás haciendo? No es hora para que le dejes notas a la mucama- dijo el otro China intentando ver desde su estrecho espacio lo que China escribía en el papel sin embargo este solo lo ignoró terminando de escribir y levantándose de nuevo fue hasta el espejo.
-No es una nota, es un sello; no puedo arriesgarme a que salgas del espejo de algún otro lugar que no esté protegido así que solo me aseguro de dejarte aquí aru- dijo el moreno pegando el sello en el espejo y para su propia sorpresa este lo atravesó y fue a pegarse en la frente de su reflejo que intentó arrancárselo sin resultados.
-¡¿Qué mierda es esto?! ¡Quítamelo!- decía desesperado y aun usando toda su fuerza no podía romper el pedazo de papel.
-Para ser yo parece que te has olvidado de las viejas prácticas, recuerda que pasaba mucho tiempo con los monjes cuando era niño y me enseñaron muchas cosas aru- dijo China satisfecho de sí mismo emprendiendo el camino al hotel de Rusia.
El camino le pareció eterno y no solo esto, también fue molesto pues podía ver a ese otro China desde el espejo retrovisor del taxi que abordaba, aunque este seguía sin poder salir y peleaba para intentar atravesar el espejo o al menos quitarse el sello de la frente aunque todo era en vano así que solo se limitaba a insultar a China que para su sorpresa, el taxista parecía no percatarse de la figura extraña que estaba dentro del espejo.
Finalmente llegó al hotel donde se hospedaba el ruso y fue prácticamente corriendo hasta su habitación agradeciendo que en los pasillos no hubiera espejos porque ya estaba empezando a cansarse de su reflejo reclamando, insultando y amenazando. El moreno fue a toda velocidad y sintió cierto alivio cuando logró ver la puerta del cuarto de Rusia pero tuvo que patear la puerta para abrirla encontrándose con lo que más temía.
Dentro efectivamente había dos Rusia; el que el asiático conocía estaba tirado en el piso salpicado de sangre, tenía morenotes por todos lados y un vidrio enterrado en la espalda que sangraba a borbotones mientras que la nación intentaba arrastrarse por el piso buscando su tubería que estaba a unos metros de él pero sus movimientos eran tan torpes que no podía alcanzarla. Por otro lado estaba la copia salida del espejo, cargaba su propia tubería oxidada, estaba encorvado y respiraba agitado mientras se limpiaba continuamente la sangre que salía de su cabeza y que le nublaba la vista pues estaba listo para terminar de una vez por todas con Rusia.
Sin embargo apenas estaba alzando de nuevo su tubería, China no perdió tiempo y desde atrás le dio una patada justo en la cabeza haciéndolo dar un par de traspiés que casi lo tiran, el ojivioleta volteó al instante dispuesto a atacar a quien acababa de golpearlo pero apenas vio al chino se detuvo mirando con sus ojos sin brillo al moreno.
-China- dijo con su melancólica voz abrazando su tubería ya sin intenciones de hacerle algo.
-¡No te dejes engañar, ese no soy yo!- gritó entonces desde el espejo del tocador la contraparte de la milenaria nación y el raro Rusia volteó al lugar de donde venía la voz pero su descuido le costó pues China aprovechó de nuevo para darle otra de sus fuertes patadas justo en la cara y esta vez lo tiró, luego le arrebató la tubería con la que tenía intención de golpear al ruso pero el sovietico la tomó antes de que pudiera hacer algo y en medio del forcejeo lo arrojó al otro lado de la habitación y justo cuando el cuerpo del chino cayó al piso el ojivioleta pareció asustado por lo que había hecho.
-¡No te confundas idiota! Ese solo es el tipo de este mundo, yo soy el verdadero China pero no puedo salir de aquí- dijo de nuevo el reflejo aun desde el espejo
-¿Por qué no puedes salir?- preguntó Rusia con voz monocorde acercándose al espejo clavando sus ojos vacíos en los del asiático que soltó un gruñido antes de contestar.
-Porque ese desgraciado me puso un sello así que necesito que termines con él para que yo pueda salir- dijo mirando con recelo al otro chino que intentaba ponerse en pie.
-Pero él es tú… no quiero tener que lastimarlo, solo quiero matar al otro yo- dijo el ruso arqueando sus cejas como si fuera aponerse a llorar a pesar de que sus ojos no expresaban emoción alguna.
-No seas tonto, si lo matas también yo podré salir de aquí y estar juntos los dos en este mundo ¿No te agrada la idea?- dijo poniendo sus manos sobre el cristal a lo que Rusia también puso su mano sobre este.
-¿Lo dices en serio? ¿No me arrojarás flechas envenenadas después?- preguntó con la misma voz inexpresiva y sus iris sin brillo intentando tomar un intento de vida.
-Eh… claro, jamás haría algo como eso. Ahora ve y mata a los desgraciados- dijo el oriental riendo incitando a Rusia el cual volteó hasta donde estaban los otros dos.
China estaba a un lado de Rusia hablándole para que este no perdiera la consciencia por completo hasta que escuchó los pasos pesados de la copia y el arrastrar de la tubería por el piso.
-Lo siento pero quiero quedarme aquí con China- dijo el ruso en una disculpa superficial que no tenía ni rastro de arrepentimiento así que de nuevo alzó la tubería dispuesto a terminar con China sin contar que este también había tomado el tubo de fierro pero del Rusia original así que pudo bloquear el golpe.
Los dos empezaron así una pelea en donde Rusia soltaba estocadas con la tubería que a veces hacían a China retroceder pero este también se defendía intentando darle patadas a la otra enorme nación que era alentada por el China del espejo.
-Vamos Rusia no parece que quieras quedarte aquí conmigo, ya hubieras matado a ese vejestorio- gritaba Cina desde el espejo y el otro asiático podía sentir como estas palabras de verdad causaban efecto en Rusia que alcanzaba a darle brutales golpes en el estómago y las piernas cuando este intentaba patearlo.
-¡Deja de manipularlo!- espetó entonces el oriental cuando de puro milagro uno de los golpes fue a dar a centímetros de su cara haciendo que la tubería se incrustara en la pared por la fuerza del impacto.
Su reflejo solo sonrió con cinismo mostrándole la lengua como si fuera un niño haciendo una broma cruel pues sabía que Rusia haría todo lo que él le dijera, razón por la cual no había dejado de atacar a China quien ya empezaba a agotarse.
-¿Qué esperas?... pártele el cráneo de una vez- dijo el chino arrastrando la voz con un tono sombrío y automáticamente el ruso hizo caso dibujando de nuevo una línea curva en sus labios que pretendía ser una sonrisa pero sus ojos seguían sin reflejar emoción alguna así que blandió su tubería golpeando directamente a China mandándolo a volar dejando una enorme mancha de sangre.
-Buen niño- dijo el chino con el mismo tono sombrío viendo al ruso acercarse hasta el cuerpo del moreno que parecía inerte mientras que el piso se llenaba de rojo, el ruso pasó a un lado de su copia que ya estaba inconsciente y se puso junto al asiático poniéndolo boca arriba con ayuda de su tubo de metal pero apenas lo hizo se dio cuenta de que el moreno estaba consciente y tomó el arma jalándolo con tanta fuerza como pudo poner en el acto haciendo que el ojivioleta se acercara a él y teniéndolo bien cerca le golpeó el hombro escuchando como este se rompía.
-No subestimes cuatro mil años de existencia, mocoso- le dijo China al cual le escurría la sangre de una cien y su ojo empezaba a hincharse, escuchando apenas un quejido por parte del ruso que ahora tenía ambas manos inutilizadas.
-¡¿Qué estás haciendo pedazo de imbécil?! Te dije que lo mataras no que jugaras con él- rugió entonces la persona del espejo haciendo enfadar al otro China por su crueldad y la manera en que manipulaba a su antojo al ojivioleta como si fuera su juguete, sobre todo cuando notó al otro encogerse por el regaño.
-Aún tengo mis piernas- dijo Rusia que con su brazo colgando de manera grotesca intentaba levantarse aunque cuando apenas estaba de rodillas, China le pateó una mientras que al mismo tiempo el supuestamente inconsciente Rusia se arrojó contra él con el pedazo de cristal con el que había sido apuñalado en la mano y lo enterró justo en la corva de su copia.
-¿Cuáles piernas?- preguntó el Rusia original riendo de manera aniñada a pesar del dolor que aun sentía, apoyando todo su peso sobre el otro para hacerlo caer y enterrando con más saña el cristal como si disfrutara de hacerlo.
-Puedes meterte conmigo pero no con mi futuro territorio- le susurró aun sonriente escuchando los quedos quejidos del otro.
Haciendo un increíble esfuerzo Rusia levantó a su bizarra copia tomándolo por el abrigo y tratando de ignorar por segundos el dolor de su cuerpo arrojó al otro que estaba imposibilitado tanto de piernas y manos, hasta el espejo del tocador pretendiendo con ello no solo romper el espejo sino también terminar de una vez por todas con él. Sin embargo algo extraño sucedió.
Rusia arrojó al hombre al otro lado del cuarto soltando un sonoro gruñido por el esfuerzo puesto en esto sintiendo como su herida se hacía más profunda a medida que sus rodillas amenazaban con ceder pero aun con ello logró ver al otro golpear contra el espejo del tocador y justo en el instante en el que parecía el cristal se haría añicos, este en realidad se fue transformando en una especie de superficie líquida que absorbió al obscuro Rusia cayendo justo a un lado del otro China.
-¡¿Qué pasa?! ¿¡Por qué estás adentro otra vez?!- preguntaba China desesperado golpeando de nuevo el espejo queriendo salir y mirando con una furia asesina a los que estaban al otro lado.
Rusia caía al piso apenas atrapado por China que iba cojeando y con un chorro de sangre escurriendo de su sien, cayendo también gracias a peso del ruso que respiraba entrecortadamente gracias al dolor y al cansancio. El asiático miró al espejo en donde su reflejo parecía al borde de un ataque de histeria mientras que también sostenía al otro Rusia malherido, era como ver la misma escena desde dos perspectivas diferentes.
-Algo debe estar pasando con el maldito Inglaterra… más le vale que solucione esto- decía entre dientes el reflejo del asiático dedicándole una última mirada encolerizada a su otro yo.
-La próxima vez saldré de aquí y te mataré- amenazó antes de pasar el brazo del ojivioleta por su hombro y arrastrarlo de manera no muy gentil alejándose de ahí. Entre más avanzaban adentrándose al espejo sus siluetas se convertían en figuras obscuras y borrosas dando la sensación de que solo eran sombras deformes.
Solo hasta que las figuras desaparecieron China soltó un largo suspiro de alivio dejando sus hombros caer pesadamente.
-¿Qué diablos fue eso aru?- preguntó el oriental apoyando la cabeza de Rusia en su regazo.
-Estás temblando- dijo en voz queda el ruso que increíblemente seguía sonriendo a pesar de sus heridas sintiendo el temblor en las piernas y el cuerpo entero del moreno.
-Claro que estoy temblando, pensé que de verdad nos iban a matar aru- dijo China intentando calmarse y poner sus pensamientos en orden echando otro vistazo al espejo entrecerrando de nuevo sus ojos pensando si el culpable de aquello era realmente Inglaterra o tal vez también tendría un doble escapando de alguno de sus espejos.
Sin embargo… Inglaterra, China y Rusia no eran los únicos con copias extrañas intentando asesinarlos, América también estaba lidiando con una rara versión de si mismo
Cuando el ojiazul estaba sometido contra el piso de su habitación vio con horror como el otro alzaba su bat con clavos relamiéndose el labio casi saboreando el momento en que blandió el arma pero antes de poder tocarle un solo y rubio cabello al estadounidense este le pegó el revolver al estómago y de nuevo disparó provocando un sonido atronador en la habitación y que la pared quedara salpicada de sangre.
El moreno soltó una serie de groserías al tiempo que se llevaba las manos al estómago y el otro lo empujaba para escapar corriendo aun cargando su revólver.
-¡Ahora si te comportas como un hombrecito!- le gritó su reflejo viéndolo correr e intentaba ponerse en pie tratando de ignorar el hecho de que tenía una herida de bala en el vientre.
Con sus manos manchadas de sangre tomó su bat y con la otra hacía presión en la herida corriendo tras América quien se maldijo por no llevar consigo su celular, tenía que buscar ayuda y su equipo de seguridad estaba justo en el hotel en donde se hospedaba su jefe, de nuevo se regañó por no haber querido quedarse en el mismo lugar que él.
-¡Termina lo que empezaste boy scout!- volvió a gritarle el otro Estados Unidos arrojando su bate hacía el rubio dándole en el pie haciéndolo caer y de paso flagelándole parte de la piel de su pantorrilla con los clavos.
-No puedes solo irte dejándome un jodido hoyo en el maldito estomago- le dijo corriendo hasta el ojiazul, llegando hasta donde estaba le dio un pisotón en la pierna lastimada y le tomó del cabello para darle un puñetazo en la cara partiéndole el labio.
Le jaló el cabello obligándolo a alzar la cara viendo el ceño fruncido del americano que se lamía la sangre que le salía del labio inferior gracias al golpe.
-Me gusta esa mirada; viéndote mejor somos muy guapos ¿No crees? Casi me duele tener que destrozarte la cara- dijo con una sonrisa ladina buscando con su pie su bate para acercarlo aunque no se esperaba una acción repentina por parte del otro americano que lo embistió rodeándole la cintura como si estuvieran en un partido de futbol americano.
Puso tanta fuerza en la tacleada que lo hizo chocar contra la pared y antes de que la copia pudiese defenderse, América enterró su mano justo en donde le había disparado antes escuchando al otro gritar por el dolor y escupir un chorro de sangre que resbalaba de manera asquerosa por su barbilla goteando hasta su pecho.
-¿Qué pasa con esa expresión? Al menos disfrútalo- le dijo el moreno con la voz forzada al ver la cara afligida de Alfred que para nada estaba disfrutando el hecho de tener que hacerle daño a otra persona, sobre todo si ese alguien tenía una cara idéntica a la suya.
-Si no te vas a divertir entonces yo si- dijo la copia tomando fuertemente la muñeca de la mano con la que América le apretaba el estómago y lo sujetó firmemente para luego, soportando el dolor provocado por el ojiazul, comenzara a darle a este una serie de puñetazos justo en el hígado y en la zona de los riñones como si fuera un boxeador experimentado, viendo con regocijo como el otro aflojaba su mano y se encorvaba intentando protegerse de los golpes aunque el moreno no lo dejaba alejarse puesto que aún tenía atrapada su muñeca.
El rubio sentía sus piernas debilitándose al mismo tiempo que el dolor en su hígado se hacía más agudo pero aun con ello no soltaba al otro haciendo presión en su herida aunque que parecía que esto no producía efecto en el otro que a pesar de chorrear sangre se mantenía firme.
-¿Ya te cansaste héroe? Luces mal- le dijo con ese irritante acento sureño sonriendo dejando ver sus dientes manchados de sangre; mirando con gesto burlón al pálido ojiazul que empezaba a sudar profusamente luchando por mantenerse en pie.
-Al menos no me veo tan deplorable como tú- respondió el Estados Unidos original dejando de apretar el estómago del moreno para tomarlo por la chaqueta y jalarlo con toda su fuerza restante.
Al ser jalado, el reflejo pensó se iría de bruces encima del otro sin embargo América hábilmente giró sobre sus pies y empujó hasta la pared contraria a su copia malvada dispuesto a golpearlo contra un espejo que afortunadamente estaba colgando como decoración esperando que regresara por donde había llegado.
Tal vez para alguien sería estúpido el solo pensar que un ente maligno regresara de manera tan fácil del lugar de donde había aparecido, incluso al mismo americano le pareció tonto su plan pero no tenía nada que perder, por lo tanto poniendo toda esa fuerza que lo había convertido en la potencia mundial por excelencia, empujó al moreno quien se dio el lujo de soltar una risa seca al ser embestido.
Con lo que el bizarro América no contaba era con el hecho de que el plan funcionaba. Su espalda apenas tocó el cristal del espejo este se volvió suave, como si estuviera cayendo en un velo acolchado.
-¡¿Qué?!- solo alcanzó a exclamar cuando se vio a si mismo hundiéndose entre los marcos del espejo.
-Hasta la vista baby- dijo el ojiazul en un tono triunfal empujando más a su copia el cual frunció el ceño colérico y en un rugido furioso y desesperado tomó por los brazos al rubio jalándolo hacía él.
Ahora Estados Unidos era el confundido y asustado pues él también estaba atravesando el espejo siendo absorbido por este.
-¡Suéltame!- ordenó forcejeando en medio del pánico cuando su cuerpo ya estaba mitad dentro del espejo y la otra mitad afuera.
-Vamos a divertirnos en mi patio de juegos- dijo el moreno de ojos obscuros mientras el otro se retorcía y plantaba bien sus pies en el piso y la pared para evitar ser arrastrado.
-¡No, suéltame!- gritó de nuevo Estados Unidos viendo como en la negrura de dentro del espejo todo comenzaba a tomar forma, era el mismo pasillo pero más lúgubre, era como una imagen exacta del lugar solo que un poco más distorsionado, algunos colores intercambiados y las sombras de cada mueble se proyectaban de manera grotesca en el suelo.
Los pies de América resbalaban y comenzaban a ceder ante la fuerza de su copia que no desistía, y por nada soltaba al rubio que aterrorizado entraba cada vez más dentro del espejo hasta que en un reflejo provocado por el pánico echó su cabeza hacía atrás justo para darle un cabezazo a su otro "yo".
Su frente golpeó de lleno contra la boca del otro sintiendo como algo se le enterraba en la piel, de inmediato la copia lo soltó aullando de nuevo de dolor, de su labio escurría sangre y escupía lo que parecía ser un pedazo de un diente delantero, América impulsó su cuerpo hacía atrás saliendo por fin del espejo y sin esperar a que su reflejo hiciera alguna otra acción, descolgó el objeto y lo aventó contra el piso haciéndolo trizas. Apenas hecho esto se dejó caer en el piso sintiendo los achaques de todo su cuerpo.
El rubio respiraba acelerando, el cuerpo entero lo tenía empapado de sudor, la pierna y sus costados le dolían y juraba que tendría la marca de los dientes de su copia en la frente.
-What the fuck was that?!- Dijo aun en el suelo llevándose las manos a la cara intentando tranquilizarse después de su bizarra aventura.
La pierna le sangraba, la cara le dolía de manera insoportable y ni que decir de su costado que el solo respirar era insufriblemente doloroso así que el levantarse en ese momento no era una opción pero entonces escuchó pasos acelerados corriendo en su dirección, un escalofrío se posó en toda su columna al pensar que tal vez su copia había salido de otro espejo sin embargo una ola de alivio le recorrió el cuerpo entero cuando notó un par de pies entaconados y un uniforme de mucama; una de las camareras corría asustada hasta él y no pudo evitar soltar un grito de terror al ver a América tan horriblemente malherido.
-Hey Señorita- dijo el ojiazul desde el piso quedando exhausto solo por hablar - ¿Podría prestarme un teléfono?- dijo con una media sonrisa que pretendía ser heroica pero esto solo asustó mas a la pobre mujer que ahora corría lejos de ahí para buscar ayuda y llamar a una ambulancia.
-Ah… esto es malo…- solo alcanzó a murmurar América viendo todo borroso lamentándose no tener fuerzas restantes para llamar a Inglaterra o alguna otra nación y decirles lo que acababa de pasar.
Aunque no era realmente necesario llamar a nadie, algunos ya estaban bastante bien enterados de lo que sucedía y una de esas personas era Romano.
El italiano estaba mareado, apenas podía mantener sus ojos abiertos mientras sentía su cuerpo siendo arrastrado por el piso. Su extraño intento de copia lo tomaba por el tobillo y lo jalaba sin delicadeza hasta alguna otra habitación mientras que el original intentaba recobrar el sentido después de haber sido golpeado brutalmente por un espejo en la cabeza.
Su copia tarareaba alegremente una canción típica de su país sin soltar a Romano el cual creía estaba desmayado.
-¡Suéltame hijo de puta!- rugió el original pateándole la muñeca al reflejo con su pie libre y este lo soltó en el instante gracias al sorpresivo golpe. Al verse libreado, el sureño gateó un par de veces antes de pararse por completo y correr hasta la habitación en donde España peleaba con su propia copia, tenía entendido que esa extraña criatura que tenía su misma cara temía al otro España así que algo bueno saldría de llevarlo hasta ahí pero antes de poder llegar fue alcanzado por su contraparte.
-¡Quédate quieto y lávate esa lengua, malhablado! ¿Con esa misma boca te atreves a besar a mi Venecito?- Le regañó su bizarra versión tomándole por el rizo que sobresalía de su cabeza y jalándolo hasta él haciéndolo resbalar dándole oportunidad a que ese intento de villano italiano se pusiera sobre él.
-¿Cómo te atreves a usar mi voz para soltar palabrotas, insensato grosero?- le reprendió sin soltarle el cabello y dándole un puñetazo en la cara a Romano.
-¡Vas a manchar mi imagen si vas por la vida hablando como un vulgar sin educación- le regañó dándole otro golpe en la cara esta vez escuchando el tabique nasal del moreno rompiéndose.
-Y mira ahora, me has ensuciado el saco- señaló viendo las manchitas de sangre que le habían salpicado en la ropa blanca mientras negaba continuamente con la cabeza. –No no no… ¡Te dije que odio la sangre!- rugió esta vez levantándose y de paso alzándole la cara a Romano jalándole del cabello para que levantara bien el rostro y poder propinarle un rodillazo en el mentón.
-Me saldrá muy caro mandar esto a la tintorería, es un Armani ¿Sabes?... no, ¿Qué vas a saber tú de eso?- decía su copia acomodándose las solapas del saco y arreglándose el cabello con elegancia y disimuladamente se limpiaba el sudor de la frente mientras que Romano en el piso intentaba respirar y no ahogarse con su sangre.
El Romano original alcanzó a dedicarle una mirada de rabia a su copia que estaba más atento en su atuendo y en su peinado que en su rival el cual vio una oportunidad en la distracción de este así que haciendo un esfuerzo monumental se levantó y tomó del bendito saco a su copia arrastrándolo sorpresivamente hasta una pared para poder azotarlo contra ella con toda su fuerza y tras esto siguió arrastrándolo unos metros hasta dentro de la habitación aventándolo y pateándolo en la espalda esta vez contra la copia de España.
-¡Eso no es un Armani imbécil, es un Peter Pilotto!- le dijo el italiano dejándose caer exhausto en el piso.
El reflejo del italiano atarantado por los golpes y el zarandeo trató de incorporarse pero un gritito de miedo se le escapó cuando cayó en la cuenta de que había chocado y caído sobre España pero no el España afable y sonriente… sino sobre el España que en ese momento tenía una mirada feroz.
-¡Dos Romano!- exclamó entonces el buen España con emoción, casi se podía adivinar un tierno sonrojo en sus mejillas y tal vez de estar en otro tipo de situación se hubiera ido encima de la copia del sureño.
-No te emociones ahora imbécil- le regañó su pareja haciendo reaccionar al ojiverde recordándole que estaba en medio de una brutal batalla con su obscuro igual, por lo tanto reaccionando un poco antes que su retorcido "yo", ágilmente subió a la cama en donde la alabarda había caído cuando el España obscuro la soltó por accidente al momento en que el Romano del espejo chocó con él.
España alzó el arma dispuesto a darle un buen tajo a su copia pero esta, quitándose de encima al otro Romano de encima bruscamente, logró esquivar la estocada recibiendo solo un corte en su oreja.
-¿Qué haces aquí?- preguntó entonces el España del espejo al extraño Romano, su voz sonaba casi gutural mientras forcejeaba con el otro español para arrebatarle el arma.
-P… pues lo mismo que tú… queriendo matar gente y esas cosas. Tú sabes, no todos los días podemos salir y… ¿Estás seguro de querer charlar ahora?- decía el ahora temeroso Romano viendo a los dos ibéricos luchando por la alabarda amenazando con flagelarse alguna parte del cuerpo por el peligroso filo.
-Parece ser que me equivoqué entonces- dijo entonces el España de cabello largo más para sí mismo que para los demás. –Si tú estás aquí no veo razón para matarlo- decía calmándose un poco sin dejar de mirar directamente el otro par de ojos verdes idénticos a los suyos.
Poco a poco aflojó el agarre de la alabarda, al tiempo que su entrecejo fruncido se relajaba tan solo un poco pero no por ello su gesto colérico desaparecía del todo.
-Será mejor irnos- dijo así que el España original confiando en estas palabras también soltó la alabarda lamentándolo inmediatamente después ya que apenas separó sus dedos de ella, lo que parecía su gemelo malvado la empuñó rápidamente y puso el delgado pero peligroso filo contra su garganta y apenas con ese roce logró sacarle un hilo de sangre de cuello.
-No… mejor nos quedamos y terminamos esto- y por primera vez en todo el tiempo que llevaba ahí, aquel España sonrió pero aquella mueca apenas y podía llamársele sonrisa. Dejaba ver todos sus dientes y sus caninos parecían más bien los de un lobo, sus ojos afilados brillaban con una intensidad peligrosa y se relamía los labios cual animal salvaje a punto de engullir una presa.
-Yo lo pensaría dos veces antes de hacerlo- y esta vez fue Romano quien habló.
-Ro… Roma- pronunció el acorralado España al ver su querido niño con la misma mirada peligrosa que su contraparte, el sangrado y golpeado castaño habían tomado por sorpresa a su propia copia y le pasaba un brazo por el cuello cortándole la respiración mientras que con su mano libre lo obligaba a voltear a la derecha sujetándolo por el mentón.
-Baja tu juguete o le rompo el cuello- amenazó con un tono digno de un Don de la mafia, incluso exageró un poco su acento siciliano.
-No te atreves- señaló el España que seguía empuñando su alabarda.
-No me subestimes, la Santa Inquisición me enseñó a enfriarme la sangre cuando lo necesitara- respondió Romano a quien en realidad le estaban temblando las rodillas y las manos le sudaban.
El obscuro España soltó lo que pretendía ser una risotada pero no fue más que un gruñido.
-Lo matas, lo mato y estamos a mano- retó el ojiverde escuchando un chillido por parte del Romano que era usado como rehén al que de verdad parecía le romperían el cuello en cualquier momento.
-¿Y a mí qué me importa que mates al bastardo? Lo peor que puede pasar es que dejes esto hecho un desastre y tenga que limpiarlo todo. Hazlo, me da igual realmente, solo quiero que dejen de joder- contestó el italiano poniendo más fuerza en su agarre.
-¡Roma eso es muy cruel!- lloriqueó el otro español sintiendo el filo más cerca de su piel profundizando la herida pero Romano no se inmutó.
-No creas que yo a él le importo mucho, igual me va a matar un día de estos que se levante de mal humor- intervino entonces el reflejo de Romano que hablaba con la voz un poco forzada gracias a la llave de la que estaba siendo presa.
-De ser así ¿Qué más da? Vamos a matarte de una vez- dijo Romano haciendo ademán de voltearle el cuello a su otro "yo" sin embargo apenas se movió un poco vio al ojiverde reaccionar moviendo ligeramente su brazo alejando unos milímetros el arma del cuello de su contraparte.
Hubo una breve lucha de miradas en donde Romano estuvo a punto de arrepentirse y temblar de miedo rogando ayuda como solía hacer pero la vida de España estaba en juego, por lo tanto se mantuvo firme hasta que finalmente el castaño de cabello largo bajó por completo la alabarda, se acercó con pasos lentos hasta los otros dos Italianos y de un solo jalón liberó al Romano del espejo.
-Eres interesante- solo eso dijo el ojiverde al castaño mientras se llevaba tomado por la muñeca a su Romano arrojándolo sin mucho cuidado al espejo sin importarle las quejas cuando este atravesó el cristal.
-La próxima vez te llevaré a ti- advirtió y como si nada también cruzó el espejo pretendiendo que no hubo una sangrienta pela y esas cosas.
Todo se quedó en silencio y solo hasta unos segundos después Romano se dejó caer al piso al borde las lágrimas.
-¡MALDITO IMBECIL MIRA POR TODO LO QUE ME HACES PASAR, HIJO DE PUTA!- gritó con todo su cuerpo temblándole involuntariamente mientras España corría a abrazarlo intentando tranquilizarlo.
-Perdón Romano, pero te viste tan genial hace un momento, creo que me acabo de enamorar otra vez de ti- decía abrazando y meciendo al italiano que se aferraba a él y ni siquiera se molestó en callarle la boca por el comentario pues estaba más ocupado tragándose los sollozos y el llanto provocados por el miedo.
Y así como Romano temblaba hecho una gelatina otros más temblaban pero de dolor…
Francia soltaba lastimeros quejidos llevándose su mano al ojo recién lastimado por su copia que seguía sobre él fumando tranquilamente mientras se acercaba una botella de vino y la descorchaba con los dientes dándole largos tragos que intercalaba con las caladas al cigarrillo.
-Parece que solo lo empeoré, ahora de verdad no parece que te vayas a callar en un buen rato- se lamentó el ebrio francés aun escuchado esos patéticos e interminables lamentos que el otro rubio soltaba.
-Que fastidio…- dijo entre dientes el descuidado galo que de nuevo se llevaba la botella a la boca cuando de pronto los quejidos de Francia empezaron a convertirse en extrañas y forzadas risas que llamaron la atención del su contraparte.
-Nunca pensé decir esto pero ¿A esto le llamas tortura? ¡Inglaterra me hizo cosas peores en la Guerra de los Cine Años!- espetó Francia levantándose repentinamente poniendo su mano en la base de la botella de vino de la que el otro bebía impidiéndole despegarla de su boca esperando que se ahogara con el vino o algo parecido.
El extraño Francia desvió la cara con esfuerzos y el vino se le derramó encima, a causa de esto no pudo ver venir el puño de Francia en su cara que junto con su pésimo estado de ebriedad lo hizo caer, cosa que el ojiazul aprovechó para levantarse e intentar correr hasta la puerta, camino que le pareció kilométrico sobre todo con el insoportable dolor de su ojo que también le impedía ver bien.
Sin embargo estaba a unos pasos de llegar a la perilla, estiraba su mano justo para abrir la puerta cuando de pronto sintió el desgarrador dolor de su mano siendo apuñalada por un destapa corchos.
El fierro en forma de espiral se retorcía dentro de la piel de su mano haciéndolo gritar de nuevo a todo pulmón y dar pasos en reversa intentando alejarse de su atacante.
-No vuelvas a compararme con Inglaterra… ese tipo si está loco, yo no- dijo su contraparte arrastrando la voz mientras se limpiaba las gotas de vino que aún le escurrían por la barbilla.
-Lo dice el que anda por ahí quemando ojos y apuñalando gente- respondió con la voz cortada Francia viendo su mano sangrar profusamente.
-Ya te había dicho que esto no es lo mío pero tú insistías en hacer tanto ruido y cuando tengo resaca no soporto el ruido- decía el otro encogiéndose de hombros tan tranquilo como si estuvieran en medio de una charla casual.
Para sorpresa de Francia, su contraparte no hizo nada más, se rascó la cabeza desordenando aún más su enmarañado cabello y fue hasta la pequeña cocina del cuarto.
-Ahora intenta quedarte bien calladito ¿Quieres? Yo no vine a esas estupideces de hacerme con este mundo, insisto, no me gustan ese tipo de cosas aunque si sigues molestando pues no me vas a dejar de otra que cortarte la lengua aunque es desagradable, muy desagradable y no tengo ganas de hacerlo ahora- decía el galo tambaleándose mientras caminaba, su tono de voz no solo denotaba lo borracho que estaba sino que también daba la impresión de que no estaba tomando en serio lo que pasaba ahí, mucho menos le preocupaba haberle quemado el ojo a su copia o estarle enterrando cosas. Actuaba como si todo aquello fuera algo completamente natural.
Aunque fuese natural para ese Francia, para el otro no, quien con su ojo sano bien abierto miraba con incrédulo la frescura con la que el otro actuaba y sabía por el mal presentimiento que sentía, que hablaba muy en serio cuando decía eso de cortarle la lengua, por lo tanto no podía arriesgarse a que lo dejaran mudo a pesar de que el otro estuviera tan tranquilo.
Dejó que el otro llegase a la cocina con pasos torpes y tomara aun otra botella esta vez de vino blanco (esa cosa era como un pozo sin fondo), destapó la botella y parecía estarse preguntando si usaría una copa o bebería directo de la botella; mientras decidía esto, Francia con su mano chorreante de sangre se acercaba con pasos un poco más sigilosos reprimiendo algunos cuantos sonidos provocados por el dolor.
Con el mismo sigilo con el que caminaba, tomó con su mano sana una de las cacerolas que estaban cerca de la cocineta, se preparó un momento respirando profundo y sosteniendo la respiración propinó un fortísimo golpe directo en la cabeza de la copia con la cacerola haciendo que este cayera en el instante.
Francia jamás pensó que un utensilio de cocina fuera a salvarle la vida alguna vez, y pensó que tal vez era por esta razón que Hungría y China siempre cargaban un sartén y un bol con ellos… aunque no fue mucho el tiempo el que pudo sentirse tranquilo pues tirado en el suelo, con el nido de cabellos rubio pálido comenzando a coloreársele de rojo por la sangre… el otro Francia se levantaba poniéndose a gatas llevándose una mano a su cabeza sangrante.
-Ouch… eso dolió…- se dijo a si mismo con su hablar patoso palpando la humedad en su coronilla y viendo su mano roja después de esto.
Francis entonces supo que había cometido un gran error al subestimar a su copia, después de todo era él mismo solo que con un pésimo semblante y bueno… Francia a pesar de su desastrosa historia militar, era una nación bastante fuerte.
-No lo hubieras hecho- dijo su reflejo limpiando la sangre de su mano en su pantalón y a pesar de los niveles de alcohol en su sangre, sus movimientos fueron rápidos al momento de levantarse y prensar por el cuello al otro Francia comenzando a estrangularlo.
Con su mano todavía intacta el galo intentaba zafarse del otro que con expresión aburrida lo ahorcaba, sus dedos pulgares hacían una dolorosa presión sobre su manzana de Adán y poco a poco el pecho y los pulmones comenzaban doler de manera insoportable.
-No digas que no te lo advertí- le decía su extraña copia pasando de tener una cara aburrida a un poco irritada ahora pegando al ojiazul contra la pared levantándolo un poco mientras cerraba aún más sus manos sosteniendo su cuello.
Francia pataleaba e intentaba por todos los medios mantener los ojos abiertos y respirar sintiendo su lengua hincharse y la sangre agolpándose en su cara. Finalmente en un movimiento desesperado dio una patada entre las piernas de su contrincante que no solo lo hizo encorvarse de dolor, sino que también cayó de rodillas.
El galo jadeó y tosió repetidas veces intentando recuperar el aliento mientras tomaba de nuevo la cacerola y aun entre sus largas respiraciones entrecortadas volvió a golpear al menos dos veces más al otro francés dejándolo por fin inconsciente, sin embargo esta vez no se detuvo y fue hasta su habitación buscando algo con que atar a su contraparte.
La mano le dolía, su ojo era lo peor de todo y ahora se le había lastimado la garganta pues apenas podía hablar.
Terminó de maniatar con corbatas y sábanas al rubio que ya tenía la cara bañada en sangre por los ataques anteriores y aun con ello en cuestión de veinte minutos despertó.
-¿¡De dónde diablos saliste!?- dijo Francia con su apenas audible voz y un moretón comenzando a asomarle alrededor de su cuello mientras se hacía un improvisado vendaje en la mano y otro en su ojo.
-Merde… eres un agresivo, mira como que dejaste- se quejó el otro viéndose a sí mismo atado de pies y manos.
-Eso debería estar diciéndolo yo… estás… loco- le reclamó la nación contraria intentando cubrir con su cabello su ojo mal vendado.
-Dime ¿De dónde carajos saliste? Te voy a tirar de vuelta al infierno de donde te escapaste- volvió a decirle también intentando limpiar las otras heridas de su cara… aquello sí que tardaría en sanar.
-Ningún infierno, vengo del espejo- contestó al tiempo que la sangre escurría por sus mejillas y de ahí a su cuello manchando de paso también su camisa.
-¿Del espejo?- preguntó el incrédulo Francia volteando por mero reflejo hacía uno de los espejos. Sin poder evitarlo dio un saltito de sorpresa cuando vio el cristal como si fuera una especie de líquido, se movía recordando a las ondas en un charco de agua.
Caminó hasta él poniendo las puntas de sus dedos sobre el espejo percibiendo como estos eran absorbidos así que los alejó de inmediato con miedo, ahora no dudaba de las palabras de su propio reflejo.
El ojiazul tragó saliva esta vez encaminándose hasta donde estaba su otro "yo", lo obligó a levantarse y casi lo llevó a rastras hasta enfrente del espejo el cual volvió a ver con sospecha. Dirigió una mirada al cristal y luego otra a su copia que a veces hacía gestos de dolor y parecía completamente desubicado.
-Esto tiene que ser una pesadilla- murmuró Francia metiendo la cabeza de su copia en el cristal como si estuviera ahogándolo en un extraño cuadro, era tal vez la cosa más bizarra que había hecho en toda su vida y de un momento a otro se preguntó si de verdad no estaba ahogándolo en un tipo de agua sobrenatural pero al ver como este era lentamente absorbido por el mismo objeto sus dudas se disiparon.
Cuando el bizarro francés entró por completo entre los cuatro marcos del cristal, Francia se recargó en la pared llevándose la mano al pecho sintiendo como este palpitaba tan rápido que podría apostar en cualquier momento le daría una taquicardia.
Sin querer averiguar si sus sospechas eran ciertas, tomó el teléfono y rápidamente llamó a una ambulancia, apenas dijo el nombre del hotel y la dirección colgó dejándose caer rendido ante el cúmulo de emociones y dolores. Demasiadas sorpresas para un solo día.
Sin embargo para otros todavía no era el fin de aquella peligrosa aventura.
Italia estaba al borde de un ataque de pánico. Tirado en el piso de aquella habitación con alguien muy parecido a Alemania sobre él, sentía unas manos enguantadas paseándose por su piel sin pudor.
Inmovilizado no solo por el terror, sino también por una pistola pegada a su barbilla percibía las caricias de esas manos enormes por todo su torso bajando hasta su pelvis mientras que una respiración tibia golpeaba contra su cuello a medida que las manos bajaban todavía más. El castaño soltaba sollozos de vez en cuando y escuchaba risas profundas en su oído.
-Te escuchas tan bien llorando, no lo hagas tanto… no quiero terminar contigo antes de tiempo- decía el rubio haciendo que Italia llorara todavía más fuerte pues era la voz de Alemania la que escuchaba hablándole con ese tono frío y hasta cierto punto burlón.
El germano no tardó mucho en desbrochar el cinturón del italiano quien no pudo evitar aferrarse a la ropa del otro cuando este coló su mano por dentro de su ropa.
-Para por favor- le pidió en un último intento de librarse de esa situación, en cambio el otro Alemania lo miró con aquellos extraños ojos y una sonrisa sádica en sus labios.
-Claro que no- dijo pegando aún más la pistola a la piel del italiano que tembló de pies a cabeza no solo por el miedo sino también cuando sintió al alemán tocarlo.
-Vamos, admite que esto es excitante- le dijo Alemania lamiendo de manera lasciva su oreja y dándole una ligera mordida sin dejar de tocar al moreno que tuvo que morderse la lengua para no soltar algún sonido extraño que pudiera darle la razón al rubio.
-¿Qué crees que estás haciendo?- preguntó entonces una voz fría al tiempo alguien pateaba brutalmente en el estómago a Alemania quitándolo de encima de Italia y de paso, alejándolo un par de metros.
Italia alzó la vista para encontrarse con alguien que por segundos pensó era Romano, tal vez Seborga pero no… se trataba de él mismo…
-¡Italia!- gritó entonces el Alemania real, el rubio sangraba de la cara y del cuello, tenía la nariz lastimada pero aun con ello corrió hasta Italia para ayudarlo.
-¡Alemania!- exclamó Italia levantándose en el acto y corriendo a abrazar al ojiazul que le correspondió el gesto de manera protectora.
-¿Estás bien?- preguntó preocupado en germano examinando al moreno que entre lágrimas asentía con la cabeza.
-Pero tú estás malherido- le dijo este escuchando de pronto una risotada profunda por parte del otro Alemania.
-Pero que ternura, mira que bello encuentro has propiciado Italia, tenías que venir a joder toda la diversión- dijo el de ojos violeta mirando con algo parecido al despreció al Italia de rostro estoico que apenas y torció la boca en un gesto de enfado.
-Te pregunte qué diablos estabas haciendo, te voy a despellejar si no me contestas- amenazó arrojando uno de sus delgados cuchillos al piso cayendo justo entre las piernas de Alemania que no pareció en lo mínimo asustado por esto.
-¿Qué no era obvio? Estaba a punto de tirarme a tu copia pero llegaste en el momento menos indicado- respondió levantándose y de paso desencajando el cuchillo del piso.
El Italia del espejo sacó rápidamente otro y acorralando contra la pared a Alemania le amenazó con el arma poniéndola bajo su ojo haciendo que este alzara la cara para alejarse del objeto punzo cortante.
-Te voy a sacar los ojos para que no mires a nadie más… o mejor te castro, tú decide- le dijo arrastrando las palabras con aquel acento italiano que más que sensual, era escalofriante.
-Hace mucho que no me amenazas así, tengo que ponerte celoso más seguido- respondió Alemania acariciando el cuchillo que estaba tan cerca de su ojo, llegando hasta los dedos del italiano y luego a su muñeca la cual tomó de improviso para jalar a Italia y cambiar posiciones. Azotó con violencia al castaño contra la pared ahora acorralándolo a él y de paso poniendo una rodilla entre las piernas del más bajito.
-¿Quién está celoso? Solo me disgustan tus asquerosos ojos en otras personas- respondió Italia totalmente inexpresivo, sin siquiera levantar la voz solo dejó escapar de entre sus labios un breve suspiro placentero cuando Alemania alzó su rodilla un poco más tocando ciertos lugares entre sus piernas.
-¿Y acaso esa no es la definición de celos?- preguntó Alemania con una media sonrisa altiva en sus labios.
-No, esa es la definición de me das asco- corrigió Italia deshaciéndose de su agarre y blandiendo uno de sus cuchillos contra el rubio que se alejó pero aun con ello el castaño le arrojó otros cuantos que llevaba consigo, parecía que no se le acababan.
-Oye mocoso, estar contigo hubiera sido interesante pero me aburre alguien que no da pelea- le dijo Alemania al otro Italia que tan solo atino a esconderse tras su malherido Alemania que lo protegió a pesar de que parecía que los otros dos se habían olvidado por completo de ellos puesto que otro cuchillo pasó por volando por delante y casi vuelve a incrustarse sobre el Alemania del espejo.
-Hey hey ten cuidado con esto, puedes herir a alguien- dijo Alemania retomando su atención al otro moreno.
-Oh… disculpa, no era mi intención herir… quería matarte; la siguiente no fallo, no te preocupes- dijo y en su cara seguía sin mostrarse algún tipo de emoción a pesar de estar a punto de abalanzarse hacía el ojivioleta quien pudo detenerlo a tiempo pasándole un brazo por la cintura.
-A ti te hace falta relajarte- y con esto dicho, el germano no reparó en nada a la hora de besar al italiano que de inmediato le soltó un tremendo bofetón con el cual también le rasguñó la cara.
-No me digas que hacer- dijo pero como si nada hubiese pasado Alemania volvió a besarlo sobresaltando los otros Alemania e Italia que miraban el espectáculo que estaban dando de pronto sonrojándose violentamente.
Los reflejos de ambas acciones no dejaban claro si se estaban peleando o se estaban besando, pues aún se golpeaban entre las salvajes mordidas que se daban en los labios, iban azotándose de una pared a otra mientras se arrancaban la ropa y de vez en cuando ese Italia sacaba sus cuchillos amenazando al Alemania que solo atinaba a burlarse de él cínicamente mientras le jalaba el cabello para hacerle la cabeza hacía atrás y besarle y morderle el cuello dejándole algunos cuantos moretones.
-Ve~ Alemania ¿qué está pasando?- preguntó en voz baja Italia con la cara un poco sonrojada viendo al otros dos disputándose por el lugar de arriba en la cama.
-No tengo idea- respondió también en susurros Alemania sin saber si taparse los ojos o hacer algo al respecto pues no tenía ni idea si esa copia suya estaba intentando violar a Italia o viceversa ya que los cuchillos que a veces amenazaban el cuello del rubio no parecían ser parte de alguien que estaba siendo sometido.
-Cre… creo que deberíamos dejarlos solos- dijo Italia un poco nervioso al ver como la ropa poco a poco era desgarrada y su versión obscura le pasaba las manos y la lengua sin miramientos al otro Alemania.
-Pero…- comenzó a decir el ojiazul.
-¡Oigan! ¿Cuánto tiempo piensan quedarse viendo? Nos iremos apenas terminemos… ¿O quieren unírsenos?- preguntó el Alemania de ojos violáceos que sentado en la cama tenía a Italia sobre su regazo y parecía ansioso de meter sus manos por los pantalones de este.
Las otras dos naciones dieron un saltito nerviosos y sin saber realmente que hacer salieron del cuarto cerrando la puerta tras de sí con las caras rojas y brillantes.
-Eso… eso fue muy raro…- dijo Italia que tenía la mirada clavada en el piso.
-Demasiado raro- coincidió el germano sin atreverse a ver a su amigo así que respiró profundo tratando de tranquilizarse haciendo oídos sordos a los ruidos que salían de la habitación.
-¿Quiénes son esos tipos y de dónde salieron?- preguntó un poco más calmado el ojiazul –aunque hayan dicho que se van cuando eh… bueno… terminen… ¿Podemos confiar en ellos?- preguntaba dejándose caer con su espalda recargada en la puerta hasta quedar sentado en el piso.
-No lo sé pero creo que primero debemos curar tus heridas ve~- dijo entonces Italia arrodillándose con cara de preocupación frente a Alemania sin atreverse a tocar los cortes en la mejilla y cuello de este que solo atinó a sonreír aliviado acariciando la mejilla aun húmeda por las lágrimas, de Italia.
-Me alegra que estés bien- dijo con una sonrisa débil acariciando la cabeza de este que recibió gustoso los mimos.
-Primero esperemos a que ellos se vayan, no podemos estar seguros de que cumplirán con su palabra- dijo Alemania retomando su gesto serio viendo al moreno asentir con la cabeza sacando de su bolsillo un pañuelo para al menos intentar limpiar las heridas del rubio esperando que todo aquello terminara.
Sin embargo había alguien a quien no le parecía para nada agradable el hecho de que todo eso estuviera pasando, el culpable de aquel embrollo no estaba feliz y cuando la sonrisa en sus labios se desvanecía… nada bueno se avecinaba.
-¿¡QUÉ PASA?!- Gritó con una voz chillona y estridente el Inglaterra de ojos turquesa mientras daba un pisotón en el suelo y luego se llevaba las manos a la cabeza jalándose los cabellos como un poseso.
-¿Qué pasa qué pasa qué pasa qué pasa qué pasa?- repetía sin control dando vueltas por la polvorosa habitación -¿¡Porqué todos están volviendo!?- dijo finalmente tirándose al piso como si fuera hacer una rabieta mientras se golpeaba la frente contra el suelo buscando una respuesta.
-¡¿QUIÉN… ESTÁ… INTERFIRIENDO?!- chilló finalmente dándose un golpe contra el piso por cada palabra pronunciada hasta que por fin supo la respuesta y se detuvo en seco de su peculiar berrinche.
-Oh… solo puede ser él- dijo entonces retomando la gran sonrisa en sus labios –Mal, muy mal my cute England… portándote mal no vas a ser una buena nación y yo ODIO a las naciones que no se saben comportar- decía con un tic nervioso en su ojo mientras que la sonrisa en sus labios se ensanchaba hasta casi alcanzar sus orejas.
-Alguien tiene que aprender a ser un buen chico- dijo palmeándose las rodillas para desempolvar su pantalón y con su sonrisa de Cheshire y sus ojos fulgurantes brillando entre la obscuridad del pasillo se dirigió hasta el ático en donde había dejado a Inglaterra amarrado.
Dando saltitos amanerados se dirigió hasta aquel viejo sótano, entró todavía sonriente pero sigiloso encontrando a Inglaterra sentado en el suelo muy concentrado recitando una especie de hechizo que estaba en uno de sus viejos libros de magia que seguramente llevaba botado en ese sótano por siglos.
El ojiverde tenía sus muñecas bastante lastimadas por las cuerdas de las que logró zafarse tras un rato que le pareció eterno, pero unas sogas no eran suficientes para detenerlo, a pesar de que casi tuvo que despellejarse la piel de las muñecas, logró liberarse.
El británico estaba tan concentrado en su hechizo que solo notó la presencia de su copia cuando este se puso detrás de él y se agachó para hablarle al oído.
-¿Qué se supone estás haciendo?- preguntó este soltando una serie de risas tétricas al final de su frase.
Inglaterra dio un respingo asustado y en el momento justo en que se dio la vuelta, el otro le puso una mano en el cuello sometiéndolo sin esfuerzo contra el piso comenzando a ahorcarlo usando solo una mano.
-My dear ¿Acaso no te puedo dejar solo un momentito? Dios, que ni siquiera mi lindo América era tan malcriado… cuando lo amarraba se quedaba justo en su lugar… y hasta la fecha sigue haciéndolo- dijo acercando su rostro al del ojiverde que se retorcía para soltarse viendo con horror los desorbitados ojos azules del otro que sonreía con esa repulsiva mueca caricaturesca.
-No me obligues a clavarte las manos y los pies en la silla- dijo para después echarse a reír a carcajadas al ver la cara horrorizada de Inglaterra –Era broma… bueno… no, en realidad si quiero clavarte contra la silla para que dejes de moverte tanto pero luego los demás volverán a hablar mal de mí y tal vez no lo parezca pero cuando la gente habla mal de mí de verdad hieren mis sentimientos- decía de nuevo con aquel exagerado y falso tono de aflicción.
-¡Suéltame!- ordenó Inglaterra ignorando por completo aquellos falsos lamentos tomando su libro de hechizos usando el lomo de este para darle en la cara a la otra isla y lo soltase.
Para su buena suerte esto tuvo efecto y apenas el libro impactó en la sien del ojiazul, Inglaterra se vio liberado del agarre corrió hasta una pequeña montaña de viejas cosas y baúles para tomar lo que desde hace rato había estado llamando su atención.
El bizarro Inglaterra se incorporó en medio de risas tétricas, sacudió su cabeza y alzó la mirada encontrándose con el brillo de la punta de una espada que apuntaba directamente a él, cosa que no lo asustó en lo absoluto, todo lo contrario hizo que sus labios se extendieran en una larguísima y tenebrosa sonrisa que dejaba ver cada uno de sus dientes e hizo sus ojos brillar con todavía más intensidad.
-Espadas… como en los viejos tiempos… capitán Kirkland- dijo como saboreando sus palabras al ver la mirada helada de Inglaterra que parecía estar viéndolo de manera altiva. Sus ojos definitivamente no eran los de momentos antes, ahora recordaban a los del viejo y conquistador país que surcaba por los mares destazando a sus enemigos sin miramientos.
-Regresa a tú mundo o te mando en pedazos- le amenazó, incluso su acento había cambiado, ya no hablaba con la propiedad elegante de caballero inglés, su tono recordaba a la de los marineros de antaño.
El otro Inglaterra estalló en risas escandalosas, sus carcajadas hacían eco por todos lados y parecía no tenían fin. Se abrazaba el estómago por el dolor provocado por la risa, incluso unas lagrimitas saltaban de sus ojos gracias al ataque de risa siniestra.
-¡Que divertido!- gritó entonces con voz aguda la copia dando palmadas de alegría como si aquello fuera algo digno de ser celebrado.
Dio un par de saltitos emocionados hasta que de pronto se detuvo en seco… su mirada se tornó un tanto sombría, ahora sus ojos brillaban de manera más extraña, si eso se podía. Relamió su labio superior que seguía dibujando aquella sonrisa rara y caminó unos pasos aún bajo la amenaza de la espada de Inglaterra.
-Seamos justos my dear- decía mirando entre el montón de cosas y artilugios encontrando la espada hermana de la que Inglaterra sostenía.
-Esto me pone nostálgico- dijo soltando un larguísimo suspiro que sonó sobreactuado al momento en que acariciaba la larga y pesada hoja de metal.
Otra carcajada resonó junto con el chocar del metal que sacó chispas cuando ambos cruzaron los filos de sus armas al mismo tiempo.
-Quiero meterte esto tan adentro que vas a pedir por mas- dijo el bizarro británico sin dejar de dar estocadas y ataques directos, sus ojos se abrían cada vez más cuando veía por lo menos un hilo e sangre aparecer de entre la piel de su rival que también lo hacía soltar gemidos cínicos de placer.
-Quiero sentir como penetro en tus bonitos órganos- decía como si estuviera ronroneando también esquivando los ataques de Inglaterra que ponía cara de asco.
-¿Nunca te han dicho que dices cosas muy grotescas?- dijo Inglaterra que daba pasos al frente acorralando al otro británico que parecía estar teniendo dificultades para seguir esquivando ataques.
-Todo el tiempo aunque… nunca se a que se refieren- respondía sin dejar de sonreír al tiempo que su espalda chocaba contra la pared.
-Estas muerto- dijo Inglaterra entonces a punto de clavar la espada en el estómago del otro pero sin esperarlo este detuvo el arma con sus propias manos y en menos de lo esperado, por la hoja de metal empezó a correr la sangre que salía de las manos del otro.
Inglaterra se sorprendió por esta temeraria acción por lo tanto no esperó que su copia jalara de pronto y hacia enfrente la espada para alcanzar a darle un cabezazo justo en la nariz que lo atarantó un momento, después un codazo le dio de lleno en la mandíbula y por último, sintiendo como le halaban el cabello, su cara fue a dar contra la rodilla de su contraparte que reía con una respiración agitada.
-Voy a ser sincero y te diré que no me gustan las espadas- dijo entonces su copia mirándose las manos comenzando a lamer la sangre que aun salía de ellas como si esta fuese mermelada mientras le daba la espalda a la otra Gran Bretaña que parecía noqueada.
-Ahora si me permites…- decía sin borrar la sonrisa de sus labios dirigiéndose hasta el libro de hechizos que seguía tirado, se agachó por él cuando de pronto…
Un grito ahogado salió de su garganta… al bajar la mirada vio como de su estómago sobresalía la punta de la espada pintada de rojo pues le travesaba de un lado a otro el vientre.
-Lo siento… a mí me encantan las espadas- escuchó la voz de Inglaterra un poco acelerada en su oído –Así que… ¿Qué decías acerca de penetrar mis órganos?- decía metiendo aún más la espada en el otro que solo alzando a vomitar un gran chorro de sangre mientras miraba con ojos desorbitados la hoja de metal.
Entonces, como si estuviera sobrepasando realmente los niveles de lo grotesco, la copia comenzó a reír estrepitosamente y acariciaba la espada que aún le travesaba el cuerpo.
-Ah… Inglaterra... ¿También te gusta lo mismo que yo? Mira, no somos tan diferentes después de todo- decía viendo como enormes gotas de sangre caían al piso pero él no dejaba de reír.
-También eres retorcido- una risotada aguda volvió a escucharse -¡Eres tan retorcido como yo y me dicen que yo soy el psicópata! Pero mírate darling, disfrutando de algo como esto aunque duele un poco debo admitir… estás tan loco como yo- decía bajando un poco el tono de su voz volteando a ver al ojiverde que lo miraba con algo parecido al asco sobre todo al ver sus dientes manchados de rojo por la sangre.
-No te equivoques, tú y yo no tenemos nada que ver- le dijo Inglaterra con toques de odio en su voz.
-Qué bonito te ves cuando te mientes a ti mismo… ¿No te lo dije antes my love? Yo soy tú… el tú del espejo, puede que seamos de diferentes lados pero al final somos la misma esencia. Querido capitán Kirkland, querida Gran Bretaña… no eres otra cosa más que un loco que está gozando con esto y lo veo en toda tu bonita cara- dijo siendo solo interrumpido por el dolor que sintió cuando Inglaterra le sacó la espada del estómago y este cayó de rodillas con otro gran borbotón de sangre saliendo de su cuerpo manchando el piso por completo.
-Regresa a la casa del espejo Alicia*- le dijo con total desprecio Inglaterra pateándolo para que cayera justo dentro del enorme espejo de marco plateado, con sus hermosos y polvorientos relieves.
-No importa cuántas veces vuelva aquí, tú me verás cada vez que veas tu reflejo y en el peor de los casos tal vez no me veas a mi… tal vez veas el monstro que de verdad eres- decía por ultimo su copia sonriente y escalofriante, riendo como sus sus risas no tuvieran fin y fueran un eco constante hasta que una extraña negrura llenó el cristal.
Inglaterra tomó su espalda y la azotó contra el espejo haciéndolo añicos con un estruendo.
Los fragmentos cayeron por toda la habitación y alcanzó a ver sus ojos en uno de los pedazos… por un segundo parecieron los ojos de una bestia.
¿Y tú, que ves cuando te miras en el espejo?
/
*Al llamarle Alicia al Iggy 2P hago referencia a Alicia a través del Espejo de Lewis Carrol, después de todo me inspire en este libro para el título y algunas partes del fic
¡TERMINADO! Oh por dios creo que me voy a poner a llorar de felicidad ¡De verdad terminé esta cosa! Que feliz soy.
Ahora sí, las disculpas por haber tarado taaaaaaanto en actualizar, soy peor que un gusano, lo sé y pido su perdón por ello. No les voy a marear con cuentos de que no tuve tiempo, si tuve, es más, estoy de vacaciones, pero no había tenido la motivación para terminarlo y cuando la tenía me dedicaba a escribir otras cosas. Si, así de cínica lo digo porque es la verdad.
Aun con ello no podía dejar un trabajo inconcluso, no me lo podría perdonar así que aquí lo tienen, segundo y último capi de esto que ufffff me costó un ovario y la mitad del otro escribirlo por lo tanto espero hayan disfrutado a nuestros loquillos 2P (este fic fue un desvergonzado chorreadero de sangre, el verdadero objetivo era que los 1P y 2P interactuaran por que los amo).
Mil gracias a las personas que comentaron y a las que siempre me preguntaban si iba a terminarlo, gracias a ustedes recordaba que tenía algo pendiente, espero nos sigamos leyendo en fics futuros (o en Lovers Who Uncover ve. que sigue en publicación). Gracias por la espera, gracias por los reviews y solo gracias.
