Capítulo 2

El resto de la semana fue a mejor, como su madre decía: Tamaki se acostumbraba cada vez más a oír japonés a su alrededor (en casa sólo su madre le hablaba de vez en cuando, y cuando supieron que se iban a mudar a Japón se volcó enteramente en que su hijo perfeccionara el idioma para que no tuviera problemas al llegar al país nipón), se puso al día en sus asignaturas e incluso había empezado a hablar con algunos compañeros de clase. Aún no tenía a nadie que pudiera llamar "amigo", pero Tamaki suponía que con un poco más de tiempo podía llegar a conseguir alguno.

Pese a todo ello, cada vez que llegaba a clase y cuando no estaba concentrado en lo que el profesor decía, no podía parar la sensación de culpabilidad cuando sus ojos recaían sobre Kyoya. Y eso era muy a menudo, viendo como el chico se sentaba frente a él. Tras el primer día de clase, al ver cómo pegaban a Kyoya, Tamaki había intentado hablar un par de veces con él pero el moreno siempre llegaba el último a clase (con la esperanza de no dar tiempo a los matones de decirle nada antes de comenzar las clases y frente a todos sus compañeros) y al terminar cuando Tamaki se quería dar cuenta Kyoya desaparecía rápidamente para no ser cogido por sorpresa de nuevo.

Aunque veía la lógica de todo eso, Tamaki sabía lo que había sufrido ese primer día y sospechaba que no era el único año que Kyoya era tratado de esa manera. Algunos días no se podía escapar, y aunque Tamaki no viera cómo le daban una paliza, al día siguiente podía adivinarlo porque el otro chico se sentaba inclinado sobre sí mismo y su brazo no se movía tan rápido cuando hacía sus ejercicios.

Otra cosa que Tamaki había descubierto era que Kyoya era realmente listo: en los pocos trabajos que habían hecho ya era el que más nota sacaba de toda la clase, y aunque atendía en todas las asignaturas, Tamaki veía cómo en muchas de ellas tenía un libro bajo el pupitre y se dedicaba a leer mientras el profesor impartía clase. Aún así en ningún momento Tamaki vio equivocarse al chico, llevándose las mejores notas. Seguido muy de cerca por el mismo Tamaki, que se había propuesto dar lo mejor de sí.

Quizás por eso un día se sorprendió cuando alguien puso una mano en su hombro.

-Hola, chico -dijo una voz conocida cerca de su oído. Tamaki alzó la vista para ver al matón de clase y sus tres amigos-. Creo que no nos han presentado: soy Kai. Éstos son Yuu, Kazuo y Riki -Tamaki inclinó ligeramente la cabeza en señal de saludo, que los otros ignoraron a favor de buscar un mechero para encender sus cigarrillos-. Verás, hoy es el primer viernes de clase y siempre quedamos en una cafetería aquí cerca para contarnos cómo nos han ido las vacaciones y demás. ¿Te vienes? -mientras decía esto la mano en el hombro de Tamaki le había agarrado con fuerza y sin haber accedido le empujaba hacia la puerta del aula, seguido por los otros tres jóvenes que por el rabillo del ojo podía ver cómo se daban golpes en los brazos amistosamente.

-Eh... No, gracias -dijo Tamaki mientras se intentaba zafar de la mano del otro chico-. Es un detalle por vuestra parte invitarme pero...

-Te vienes he dicho -anunció Kai, en un tono de voz que dejó a Tamaki mudo. Cuando se quiso dar cuenta habían salido por una puerta que no sabía que existía (llevaba una semana en el instituto, aún le quedaba mucho edificio por conocer) y habían salido al callejón dónde Tamaki vio el primer día cómo pegaban a Kyoya.

Kai apoyó a Tamaki contra la pared, de la cual no se hubiera podido separar aunque quisiera porque las piernas le temblaban como gelatina. Acto seguido el líder le quitó a uno de los chicos el cigarrillo de la mano y a otro el mechero, encendiéndolo y dando una calada.

-Chico nuevo, aún no sé cómo te llamas y no me caes muy bien -dijo de pronto, apoyándose en la otra pared frente a Tamaki-. ¡Y sólo ha pasado una semana! Kazuo dice que te ha visto hablar con el listillo de clase.

Kai había señalado a Kazuo, el más alto de todos, que Tamaki reconoció como el chico que se sentaba a su lado en clase.

-Como habrás podido comprobar no nos gustan los listillos... y tú vas muy cerca de él en el ranking de clase. Eres un listillo también, un listillo inglés.

-En realidad soy de Fran... ¡eh! -pero antes de que pudiera acabar Kazuo le había cogido de un brazo, Yuu de otro y Riki se acercaba a él con una sonrisa en la boca.

-Shh, chico nuevo -dijo el último-. Aquí hablamos nosotros.

Tamaki cerró los ojos, rezando para que todo pasara pronto y poder marcharse a casa, pero en vez de sentir el golpe de un puño en su estómago escuchó a alguien corriendo y gritando. Kai empezó a reírse desde el otro muro.

-Mira a quién tenemos aquí... ¿qué pasa? ¿Que los raritos os defendéis unos a otros?

Kyoya

Exactamente, al abrir los ojos Tamaki vio a Kyoya, que miraba amenazante a Kai aunque éste fuera casi una cabeza más alto que él.

-Hemos visto que has dejado a tu amigo solo en clase, y que simplemente necesitaba compañía -dijo Kai entre calada y calada-. Además, aún no nos habíamos presentado.

-Si, le hemos preparado un comité de bienvenida -soltó Kazuo desde la derecha de Tamaki. Los otros dos se rieron y aprovechando ese momento Kyoya corrió hacia el cabecilla de la banda, que se apartó de un salto mientras los otros tres caían sobre Kyoya para pararlo. Habiendo quedado Tamaki sin nadie que le sostuviera, cayó sobre sus rodillas con la espalda apoyada en la pared: desde ese ángulo pudo ver a Kyoya mirándole y moviendo los labios.

Corre. Vete.

Sin pensárselo dos veces, Tamaki cogió su mochila y sin pararse ni un momento salió corriendo del callejón hacia su casa. A sus espaldas escuchó un par de gritos, pero nadie le siguió.

Esa misma noche, mientras dejaba que el agua caliente de la ducha cayera sobre su espalda, Tamaki no dejó que las lágrimas cayeran de sus ojos y decidió que, costara lo que costara, iba a hacer que el sufrimiento de Kyoya parara.

Era lo mínimo que se le ocurría después de que el chico le hubiera salvado, sacrificándose él en su lugar.


Los lunes tenían gimnasia. Tamaki había planeado el momento perfecto en el que, mientras el profesor vigilaba a otro grupo de clase jugando al voleibol, iba a coger a Kyoya y apartarle del resto para hablar con él.

Todo era más fácil decirlo que hacerlo, pero justo cuando pasó corriendo por al lado de Kyoya vio su oportunidad y se tiró al suelo dramáticamente, gritando y moviendo mucho los brazos. Incluso alguna lágrima le cayó por la mejilla, si Tamaki estaba orgulloso de algo era de su faceta de actor.

-¡Ay, ay, ay! ¡Mi tobillo! ¡Creo que me lo he roto! -gritó melodramáticamente a lo que todas las chicas de clase corrieron a su lado a preguntarle si estaba bien. El profesor tuvo que apartar a unas cuantas para poder llegar hasta Tamaki, que seguía en el suelo, cogiéndose el pie y quejándose aún.

-A ver, Suoh... apartad, dejadme ver... no lo tienes inflamado, creo que no es nada -diagnosticó el profesor, mirando el tobillo de Tamaki-. Ve a los armarios de material deportivo, allí hay paquetes de hielo. Siéntate con uno un rato contra el tobillo y si no se te pasa el dolor tendrás que ir al médico.

-De acuerdo, profesor -dijo Tamaki penosamente. Cuando intentó levantarse hizo un espectáculo de volver a caerse-. ¡No puedo andar solo!

Sobre los gemidos y susurros de las chicas de clase, que en seguida se ofrecieron a ayudarle, el profesor suspiró y puso los ojos en blanco. Mirando a su alrededor señaló a Kyoya, que no se había movido de su sitio desde que Tamaki se había caído frente a él y estaba rodeado de chicas preocupadas por la salud de Tamaki.

-Otori, ayuda a Suoh a levantarse y a ponerse el hielo en el tobillo -a su alrededor todas las chicas se quejaron, con lo que el profesor les mandó a todos a volver a sus deportes, mientras Kyoya se acercaba a Tamaki y le ofrecía la mano.

-Gracias, Kyoya -sonrió Tamaki, apoyándose en el hombro del otro chico y cojeando hasta llegar a los vestuarios donde los chicos se cambiaban del uniforme al chándal del instituto y estaban también los armarios donde se guardaba el botiquín con el hielo. Kyoya dejó a Tamaki sentado en un banco y se paró frente a él, las manos en las caderas.

-Bueno, ¿gastamos una bolsa de hielo o me dices por qué has fingido que te torcías el tobillo? -declaró Kyoya, mirando fijamente a Tamaki. Bajo la mirada gris del otro chico Tamaki se rió y se rascó la cabeza, avergonzado de repente.

-Pensaba que mi actuación había sido convincente -respondió Tamaki, sonriendo. Kyoya levantó una ceja y no se movió ni un milímetro, dando así sin palabras su opinión de la actuación de Tamaki-. Verás, es que... primero quería darte las gracias. Por lo del otro día, por salvarme.

-¿Salvarte? -preguntó Kyoya- Creo que te confundes, tuviste suerte de que estuviera allí para distraerles. Eres nuevo y no lo sabías, pero ahora ya estás avisado: no te juntes con Kai y no hagas nada para irritarle... aunque puede que llegue un poco tarde para eso.

-En realidad... sí que lo sabía -confesó Tamaki, desviando la mirada al ver cómo Kyoya lo miraba confuso-. El primer día de clase. Vi cómo te pegaban, en el callejón. No le he dicho nada a nadie, pero creo que deberías...

-Lo que tú creas me da igual -le cortó Kyoya, ahora cruzando los brazos frente a él de forma defensiva-. No tienes nada que decir en lo que yo haga o deje de hacer, mientras no te metas en más líos como el viernes.

-¡No! -gritó Tamaki, levantándose de golpe del banco y haciendo que Kyoya diera un paso atrás-. No te voy a dejar así como así. Todos los días te tengo delante y puedo ver cuándo te han pegado y cuándo no. Sólo porque te interesan los estudios no tienen por qué pegarte de forma gratuita.

Kyoya suspiró y se llevó los dedos al puente de la nariz, masajeando allí donde las gafas se le clavaban en la piel.

-Escucha, Suoh...

-Tamaki.

-¿Qué?

-Llámame Tamaki -ante la mirada incierta de Kyoya, el rubio encogió un hombro como no dándole importancia.

-Tamaki -dijo finalmente el joven-. Sé que es difícil de asumir, a lo mejor de dónde vienes ibas a una bonita escuela donde todos erais muy felices. Pero este, desgraciadamente, no es uno de los mejores barrios de Tokio y la gente que vive en él tampoco es de lo más amable. En este instituto a la gente no le importa tanto que saques buenas notas como ser el más popular de clase. He estado sufriendo esto toda mi vida y doy gracias a que este es mi último año. Así que aparte de lo mío, no quiero estar preocupándome por lo que te pase a ti también: hazte amigo de alguien de clase y sal con ellos. No te será muy difícil: ya tienes a las chicas de clase locas por tu pelo y tus ojos. Evita a Kai y el resto y todo irá bien.

Tamaki se quedó con la boca abierta.

-¿Y dejar que te sigan pegando? ¿Crees que me voy a quedar de brazos cruzados sabiendo lo que estás pasando? -viendo cómo Kyoya se llevaba las manos a la cabeza y susurraba algo como "...maldito cabezota..." decidió seguir peleando un poco más por su causa- Puedes venir conmigo y haremos un grupo de gente, que siempre vayamos juntos para que no te pillen solo y así...

-¡No! ¿No ves que si te metes en esto...? -pero su grito quedó en el aire al abrirse justo en ese momento la puerta. Un par de chicos, uno muy alto y moreno y otro bajito y rubio miraron extrañados a Tamaki y Kyoya, que se habían quedado paralizados al ver que alguien entraba.

-¡Hola! -sonrió el bajito, sonriendo a los dos- ¿Pasa algo aquí?

-No pasa nada, Honey -Tamaki se sobresaltó al oír cómo Kyoya llamaba al chico-. Sólo estábamos discutiendo un proyecto -y sin mirar siquiera a Tamaki salió del vestuario y hacia la clase de gimnasia, saludando por el camino al otro chico alto. El rubio se quedó mirando el vacío y no se dio cuenta de la presencia de los otros dos hasta que el rubio, Honey, le tocó el brazo.

-¿Estás bien? -le preguntó, Tamaki asintió mientras veía cómo el otro chico sacaba del armario de materiales las espadas de kendo y las tarimas para karate- Otori puede ser muy cortante a veces, pero no te lo tomes a mal.

-¿Os conocéis?

Honey se encogió de hombros, cogiendo la tarima que el otro chico le pasaba.

-Llevamos aquí tres años, conocemos a todo el mundo aunque nunca hayamos hablado realmente con él. Somos del mismo año aunque siempre hemos estado en clases diferentes. Soy Honey, por cierto. Y él es Mori -Tamaki se inclinó, diciéndoles su nombre. Tras dudar unos segundos, señaló la tarima que el chico tenía bajo el brazo.

-Es.. ¿es de karate? -preguntó, una idea formándose en su cabeza.

-¡Si! -sonrió Honey- ¿Practicas karate? Tenemos un club y nos reunimos después de clases. Yo soy el presidente y Mori es del club de kendo.

-No, no sé. En mi país no había muchas escuelas de karate -rió nerviosamente-. ¿Me podría apuntar?

-¡Claro! Sólo tienes que avisar en la secretaría del instituto y presentarte con el recibo que te den en clase -le informó Honey, de camino a la puerta ya-. Nos reunimos los martes y jueves, aquí mismo en el gimnasio.

Tamaki asintió y sonriente empezó a pensar en cómo librar a Kyoya de...

-Tamaki... una cosa -dijo una voz grave. El joven se sobresaltó y miró a la entrada, donde Mori aún estaba mirándole: era la primera vez que hablaba en todo el rato-. El karate no es un arte para utilizar en un combate. Aquel que tiene conocimiento de él no puede estar lleno de ira ni actuar para herir al otro. Sólo... sólo para que lo supieras.

Tragando saliva, Tamaki asintió, viendo cómo Mori salía del vestuario de repente se sintió peor que nunca.

Fueron dos semanas hasta que Tamaki volvió a estallar, y al salir de clase y volver a ver a Kai con su banda en el callejón acorralando a Kyoya no le dio tiempo a pensar en lo que estaba haciendo y cuando se dio cuenta estaba frente a ellos.

-¡Eh! Dejadle en paz -gritó, sintiendo cómo otra vez las piernas le temblaban pero decidido a no ceder ante los otros esta vez.

-¿Qué pasa? -preguntó Kai desde su habitual puesto apoyado en el muro- ¿Qué la otra semana te salvó tu amiguito y ahora le debes una? ¿O es que tienes ganas de...?

-Puedes terminar de hablar. No dejes que te cortemos -dijo alguien detrás de Tamaki. Girándose, vio a Honey y Mori, de brazos cruzados y mirando sonrientes a Kai.

-¿Qué hacéis aquí vosotros? -preguntó Yuu, que seguía con la mochila de Kyoya en una mano, habiendo buscado por algo de dinero.

-Calla, Yuu -susurró Kazuo, que había empezado a retroceder, dejando a Kyoya en paz-. Estos dos saben artes marciales. Vámonos, Kai -pero el líder del grupillo apagó tranquilamente el cigarrillo y se separó del muro, acercándose a ellos.

-No creo que nos hagan... -paró de andar y de hablar al ver cómo Mori y Honey dejaban sus mochilas en el suelo y se ponían delante de Tamaki, la gran altura del chico de kendo sobrepasando la de Kai- ...nada.

-Kai, vámonos.

-Haz caso a tu amigo -soltó Tamaki, una sonrisa burlona asomando a sus labios de forma involuntaria.

Con una mirada de odio hacia todos, Kai se dio la vuelta y se fue con su banda, dejando a Kyoya con los ojos como platos apoyado en la pared. Tamaki se acercó a él y le ayudó a levantarse, tirándose melodramáticamente a su cuello con lágrimas de cocodrilo bajándole por las mejillas, alegrándose de que estuviera bien. Honey vio cómo Kyoya ponía los ojos en blancos sobre el hombro de Tamaki, pero a su vez relajó los hombros, aliviado de que todo hubiera pasado.

Una vez fuera del callejón, con Honey hablando sobre pasteles (¿pasteles? ¿en serio ese chico tenía su misma edad?) y entreteniendo a Kyoya que les había mostrado a todos una mirada de agradecimiento, Tamaki aprovechó para llamar la atención de Mori.

-¿No decías que el karate era para gente que no deseaba herir realmente al adversario?

-No he utilizado karate en ningún momento, sólo lo he insinuado -le miró Mori seriamente-. Además, mi especialidad es el kendo.

Tamaki sonrió y pensó que a lo mejor no tenía que buscar a sus amigos, sino que a su debido tiempo llegaban hasta él.


Ahh, por fin de vuelta. Poco a poco las cosas van mejorando y aparece más gente interesante... Muchas gracias por los reviews, follos y favoritos; que está muy mal de mi parte no decirlo ;)

¡Y perdón si hay alguna falta! u.u