N/A: Antes que nada y para no confundirnos, desde el capítulo anterior he hecho a Mori y Honey de la misma edad que Kyoya y Tamaki, por conveniencias de la trama jejeje... En fin, después de tanto tiempo, ¡espero que lo disfruten!


Capítulo 3

Tamaki corrió escaleras arriba, esquivando gente e intentando que su mochila no se le resbalara del hombro. Le faltaba un poco el aire, pues llevaba así desde que había salido de casa, pero mirando su reloj estaba decidido a llegar al menos media hora antes de que comenzaran las clases, así tendría tiempo de convencer a...

-¡Kyoya! ¡Kyoya! Mira lo que he encontrado, no te puedes negar a...

-No.

-¿Eh? Ni siquiera me has mirado, aparta ese libro.

-No.

-¡Kyoya! ¿No te han enseñado modales en casa?

El otro chico miró a Tamaki por encima de sus gafas, sin mover el libro que tenía enfrente. Tamaki sonrió ampliamente, intentando convencerle sólo por su simpatía, pero no pareció funcionar: Kyoya se hundió aún más en su silla y levantó el libro de forma que le tapaba totalmente la cara.

Nadie dijo que Tamaki se rindiera fácilmente, así que al ver esto el rubio cogió el panfleto que tenía en la mano y lo coló en el libro de anatomía, justo frente a la cara de Kyoya.

-¿Vendrás?

Kyoya leyó el papel, sin ninguna otra opción ya que le tapaba las letras del libro de texto: Día de la cultura, ¡ven a descubrir lo que Japón te puede ofrecer! Con el ceño fruncido, Kyoya apartó el libro y cogió el panfleto, girándolo hacia Tamaki.

-¿De verdad quieres ir a esto?

-¡Si! Desde que he llegado he estado estudiando y sólo hemos salido un par de veces a dar una vuelta por el barrio. Si lo piensas bien... ¡aún no conozco la verdadera cultura japonesa! -cogiendo el panfleto y abriéndolo para leer su interior, Tamaki se acomodó sobre la mesa de Kyoya, haciendo imposible que el otro chico pudiera volver a abrir su libro-. Mira, hay actividades tradicionales de todo lo que te puedas imaginar... ¡e incluso dan premios a la gente que vaya con kimono! ¿Tienes un kimono, Kyoya?

-Tengo un kimono, pero te lo regalo -dijo Kyoya con cara de fastidio-. No voy a un Día de la cultura desde hace años, y con kimono desde que era niño.

-¿Por qué? -se indignó Tamaki- ¡Si parece súper interesante!

-Siempre me ha pillado trabajando o teniendo cosas que estudiar -se encogió de hombros el moreno, empezando a empujar la pierna de Tamaki-. Además, yo ya conozco la cultura japonesa. Soy japonés. Por favor, baja de mi mesa.

-¡Pero yo no lo soy! -gimió Tamaki, no cediendo ni un centímetro de mesa- Deberías acompañarme y enseñarme todo lo que debería saber de aquí. No voy a bajarme hasta que digas que si.

-Te lo he pedido por favor, Tamaki. Ya te he dicho que no creo que pueda.

-¿Por qué? ¿Y por qué siempre estás con ese libro?

-Porque lo más seguro es que me toque trabajar esa tarde, y porque algún día me gustaría estudiar Medicina.

-¡Oh! -Tamaki se sorprendió tanto que dejó de agarrar la mesa y el empujón de Kyoya le tiró al suelo. Levantándose, miró con curiosidad a Kyoya- ¿Medicina? Tienes que estudiar mucho para eso -Kyoya le miró con una pequeña sonrisa y movió el libro frente a él, alegando que ya estaba estudiando duro para eso-. De todas formas... ¿vendrás? ¿Porfavorporfavor?

Suspirando, Kyoya abrió su libro buscando la página por la que se había quedado.

-Bueno, me pasaré más tarde cuando acabe mi turno. Pero el resto de la tarde te las tienes que apañar tu solo -accedió al final.

-¡Yay! -saltó Tamaki, que en un segundo se acercó a abrazar a Kyoya y miró su reloj, saliendo de la clase rápidamente- Aún me da tiempo a buscar a Honey y Mori y preguntarles a ellos, ¡vuelvo en seguida! ¡Gracias, Kyoya!

Colocando bien sus gafas, que se habían torcido en el abrazo, Kyoya hizo caso omiso de los golpes y gritos que provenían de la clase contigua, donde los otros dos hablaban animadamente con el rubio.


Cogiendo aire, Mori abrió los ojos y miró a su oponente. Cuando el árbitro dio la señal, se lanzó con todas sus fuerzas y en un par de estocadas tan rápidas que el público no las pudo ver claramente dio un toque a la cabeza del otro chico.

-¡Fin del combate! ¡Morinozuka Takashi es el ganador de esta exhibición!

Quitándose el casco, Mori saludó respetuosamente a su oponente, al árbitro y a los espectadores, que habían comenzado a aplaudir asombrados ante su habilidad en el kendo.

-¡Bravo! ¡Ha sido fabuloso! -entre la muchedumbre Mori pudo ver a Tamaki y a Honey, que aplaudían tras ver la actuación. Con un leve saludo de cabeza Mori se dio la vuelta para dirigirse a los vestuarios, pero un ramo de flores le impidió el paso.

-¡Oh! Lo siento -dijo alguien desde detrás de las plantas-. No veo muy bien con esto por en medio. Nos han dicho que repartamos uno a cada competidor. ¡Enhorabuena y gracias por participar!

Mori aceptó el ramo que le ofrecían, y el chico pelirrojo que salió de detrás comenzó a levantar la vista hasta llegar a la cabeza de Mori.

-Uoooh... -exclamó, poniéndose una mano sobre los ojos como protegiéndose del sol y mirando hacia arriba- Pensaba que la gente tan grande no se dedica al kendo, eres un blanco más fácil para golpear.

-¡Hikaru! No digas esas cosas, es el presidente del Club de kendo del instituto... además ha ganado el combate -susurró un chico completamente igual al anterior, poniéndose a su lado-. ¡Enhorabuena! Espero que disfrute del Día de la cultura y recuerde pasarse por la exhibición de arreglos florales... ¡le estaremos esperando!

Con una reverencia, los gemelos pelirrojos se alejaron entre la muchedumbre, desde la que salieron Tamaki y Honey.

-¡Ha sido increíble, Mori! -exclamó Tamaki, un poco torpe por llevar un kimono y unos zapatos tradicionales- Y eso que era solo una exhibición.

-Mori no es el presidente del Club de kendo del instituto por nada, Tamaki -sonrió Honey, que recibió el ramo que le habían entregado los gemelos a Mori-¿Y esto?

-Arreglos florales. Cada competidor tiene uno -aclaró Mori-. Voy a cambiarme.

-Pues están muy bien hechos -comentó Honey mientras despedía con la mano a Mori.

-¿Podremos pasarnos por la exhibición antes de marcharnos al centro de la ciudad?

-¡Claro! Aunque si antes pasamos a por algo de dulce.

-¡Trato hecho! -sonrió Tamaki, sacando su mapa de la exhibición que había en el instituto Loto para buscar los puestos que les interesaban.

-Pensaba que Kyoya iba a venir -comentó Mori cuando volvió con ellos, recibiendo de vuelta el ramo de flores que le había estado guardando Honey.

-Tenía que trabajar -comentó Tamaki, mientras señalaba la dirección general del puesto de dulces caminaba hacia allí-. Me dijo que llamaría por teléfono para saber dónde estábamos, y se uniría a nosotros. ¿Cogemos algo dulce y vamos a ver la exhibición de arreglos florales?

-Ah -asintió Mori, sacando su móvil y mandando un mensaje, probablemente a Kyoya. Tamaki no se sorprendió de la amistad que los dos chicos habían hecho en tan poco tiempo: ambos eran serios y callados la mayor parte del tiempo, dedicados a sus estudios y de alguna manera el tener a un compañero de clase ruidoso y extravagante hacía que buscaran compañía en personas un poco más calmadas.

Pero más que nada Tamaki se alegraba que alguien estuviera todo el rato con Kyoya, después de todo lo que había pasado al principio del curso.

Tras coger más dulces de los que una persona normal podría comer en una semana (aunque Honey ya no contaba como alguien normal a la hora de comer dulces) se acercaron al puesto de arreglos florales. Mori señaló a los dos gemelos pelirrojos concentrados en su trabajo.

-Ellos son los chicos que me han regalado el ramo -señaló Mori.

-Son los hermanos Hitachiin -dijo Honey entre bocado y bocado de una tartaleta-. Los conozco de las reuniones de delegados de clase.

-¡Oh! ¿Habéis visto eso? -exclamó Tamaki, a la vez que todo el público a su alrededor comenzaba a murmurar asombrados. Cogiendo una rosa en la boca, uno de los hermanos Hitachiin hizo un pequeño baile alrededor de su arreglo floral y, de rodillas frente a una chica del público, le dio su trabajo como regalo. Al hacer una reverencia ante los aplausos, volvió donde estaba su hermano aún trabajando y le colocó la rosa en el pelo, sonrojando a todas las chicas de alrededor- ¡Es increíble!

Acercándose para ver mejor el arreglo floral que el otro gemelo estaba acabando, Tamaki llamó la atención del chico.

-¿Te interesa el arreglo floral? -sonrió el gemelo.

-¿Eh? ¡Si! -exclamó Tamaki- Bueno, en realidad es la primera vez que veo cómo se hacen. Pero hacéis un trabajo increíble.

-Muchas gracias -sonrió el chico-. Toma, por el cumplido: espero que tengas a alguien a quien regalárselo con cariño -el chico le tendió a Tamaki un pequeño ramo, de apenas cuatro flores y pequeños y delicados adornos, guiñándole un ojo.

-¡Oh! ¡Muchas gracias...! Eh...

-Kaoru. Kaoru Hitachiin -dijo el gemelo, terminando su arreglo floral y pasándoselo a su hermano que seguía repartiendo arreglos y flores al público-. No hay mucha gente que aprecie los arreglos, y menos por este barrio. Por mucho que el nombre de nuestro instituto sea el nombre de una flor.

Detrás de Tamaki, Honey y Mori asintieron tristemente. Tamaki se fijó en que la mayoría del público eran chicas, mientras algunos chicos pasaban por detrás de ellas y hacían gestos obscenos y alguno gritaba algún insulto a los gemelos.

Aún así, ellos seguían sonriendo y repartiendo flores a su público.

-Suele ser actividad de chicas -aclaró Kaoru en susurros, levantándose y recogiendo todo lo que había ensuciado-. Pero para nosotros es tradición familiar, nos lo enseñó nuestra abuela.

-Pues yo vengo de Francia, justo este año, y me parece que el arreglo floral es una tradición japonesa que debe cultivarse y conservar, para que no caiga en el olvido -declaró Tamaki, indignado, acabando su discurso con el ramo que le acababa de regalar Kaoru con el brazo extendido hacia arriba.

-¡Que el Día de la cultura japonesa nos recuerde lo importante que son nuestras tradiciones! ¡Un hurra por ella! -el otro gemelo se había colocado al lado de Tamaki, un puño en el aire con una flor en ella.

-¡Y un hurra por el Insituto Loto! -gritó Kaoru, colocándose al otro lado de Tamaki en igual posición.

A su alrededor, todo el mundo que estaba pasando gritó dos hurras y aplaudió con energía, haciendo que Tamaki se sonrojara levemente por toda la atención. A sus lados los gemelos empezaron a reír.

-¿De dónde has sacado a este chico, Kaoru?

-Dice que viene de Francia, ¿nos lo podemos quedar?

-¡Hey! No soy un objeto...

-¡Claro! Aún no lo conozco y ya me cae bien. Soy Hikaru Hitachiin -se presentó el gemelo, haciendo una leve reverencia a Tamaki. Nervioso, Tamaki hizo una reverencia hacia el chico, más inclinada de lo que realmente era necesario.

-Tamaki Suoh, un placer conocerte.

-No tienes por qué ser tan formal, Tamaki -rió Hikaru, haciendo que el rubio se irguiera de su reverencia-. Vamos a recoger aquí todo lo nuestro y nos vamos a acercar al festival del centro de la ciudad. ¿Te quieres venir?

-¡Claro! -asintió Tamaki- Íbamos a ir nosotros para allá en un rato. ¡Oh! Mori y Honey...

-¡Estamos aquí! -gritó alegremente Honey, saliendo de entre el público-. Estábamos viendo cómo defendías la cultura japonesa tú solito y no queríamos meternos -se burló un poco Honey-. Buenas tardes, Kaoru, Hikaru.

-Buenas tardes, Honey -saludaron a la vez los gemelos, y tras introducir a Mori, todos se marcharon del instituto Loto hacia el centro de la ciudad.


Kyoya dejó su uniforme del trabajo en el montón de ropa para lavar, y abriendo el armario cogió unos vaqueros y una camiseta que estaba seguro que su hermano le había robado un par de veces ya. Cogiendo las llaves y algo de dinero, de camino a la parada de autobús se dedicó a ver los 23 mensajes que había recibido de Tamaki. No estaba mal, una noche había llegado a tener 61 mensajes sólo porque se había quedado dormido a media conversación y Tamaki había entrado en pánico pensando que le podría haber pasado algo... hasta que él también había caído dormido.

Dos mensajes de Mori, eso ya era más interesante.

07:34

¿Le has dado tu kimono a Tamaki?

La ceja de Kyoya comenzó un tic involuntario, ¿de dónde había conseguido el francés un kimono en tan poco tiempo? Se había negado rotundamente a darle el suyo, más que nada porque Tamaki era más alto que Kyoya y le iba a estar tan corto que sólo conseguiría hacer el ridículo por el festival.

09:00

Se ha acabado la feria en Loto. Vamos al centro. Hitachiin se han unido, ¿consigues distinguirlos?

Subiendo al autobús que iba al centro, Kyoya pensó hasta dar con los gemelos Hitachiin en su cabeza. Sólo los recordaba como rompecorazones del curso anterior al suyo, además de como delegados de clase. Estaba seguro además que más de una vez se habían cambiado los papeles y uno de ellos había ido a las reuniones en vez del otro. Kyoya y sus hermanos también compraban arreglos florales en la tienda de su abuela para los cumpleaños de su madre y de Fuyumi, su hermana. Nunca había hablado con ellos en persona, aunque por lo poco que los conocía estaba seguro que Tamaki iba a ser víctima de más de una de sus travesuras.

Escribiendo una respuesta a Mori, se sujetó rápido a uno de los cristales del autobús cuando una curva hizo que casi todos los tripulantes perdieran el equilibrio.


-¿Ves? En el antiguo Japón, los señores de la guerra utilizaban ese tipo de cuchillos para cortarles la barba a los vasallos que les desobedecían...

-...y las cejas de aquellos que eran cómplices.

-¿Las cejas?

-Si, era símbolo de que habían visto lo que había hecho el criminal, pero no había dicho nada.

-Entonces era un símbolo de exclusión social. ¡Una vergüenza!

-¿En serio? -mirando hacia Mori y Honey, Tamaki levantó las cejas asombrado. Honey siguió comiendo de un bollo y mirando con curiosidad las distintas dagas y katanas que había en exposición, y Mori sacó en ese momento el móvil de su bolsillo, mirando un mensaje.

Los gemelos aprovecharon ese momento para coger cada uno un brazo de Tamaki y seguir andando, contándole cosas de la historia de Japón. Aunque Tamaki tenía la ligera sospecha de que la mitad no eran del todo verdad.

-Voy a recoger a Kyoya.

-¿Eh? -Honey miró a Mori, siguiendo a los otros tres chicos- ¿Ha acabado su turno en la cafetería?

-Si. Está en la parada del autobús. Vuelvo en un momento.

-¡Vale! Intentaré controlar un poco a los gemelos -dijo Honey, mirando a los susodichos, que se habían acercado a un puesto de sushi. Volviendo a mirar a Mori, una sonrisa traviesa cruzó su cara- O no, es divertido ver lo que se inventan para confundir a Tamaki.

Sonriendo, Mori movió la mano en gesto de despedida y desapareció camino a la parada de autobús. Cuando Honey llegó al lado de los otros tres, sentados en un puesto de sushi, casi se atraganta con su bollo dulce al ver lo que Hikaru le estaba dando a probar a Tamaki.

-Este es uno de los más comprados en Japón -aseguraba Kaoru, pasando un par de monedas al cocinero, que les miraba con curiosidad.

-Yo diría que todas las familias comen este sushi al menos tres veces a la semana. ¿No, Kaoru?

-¡Incluso cuatro!

-Eh, Tamaki... -pero el intento de aviso de Honey se vio interrumpido por otra voz.

-Creo que tus amigos están intentando engañarte, guapo -rió una chica sentada al otro lado de Kaoru en el puesto-. No me fiaría mucho de sus ojos de corderito -añadió, enviando un guiño a los gemelos que le miraban con cara de asombro y fastidio a la vez.

-¿Y eso por qué? -dijo seductoramente Hikaru, apoyándose en la mesa para poder ver mejor a la chica desde el otro lado de Tamaki. Una sonrisa traviesa se dibujó en su cara-. Nuestro amigo es extranjero, acaba de llegar a Japón y sólo le estamos enseñando la amplia cultura japonesa.

-Entonces lo estáis haciendo realmente mal -dijo otra chica menuda, claramente amiga de la anterior-. Todo el mundo sabe que el ootoro es el mejor sushi que se puede comer en todo Japón. Y lo que te están intentando dar tiene tanto picante que necesitarías beberte un lago entero luego para poder sobrevivir, así que aléjate de ellos -ante esto Tamaki se bajó del asiento y se refugió detrás de Honey, que simplemente le ofreció un bollo.

Ante esto la chica morena se echó a reír a carcajadas, dando un par de golpes en la espalda a su amiga que casi se atraganta con el sushi que se estaba comiendo en ese momento.

-¡Haruhi! Tienes que intentar seguir las bromas, con esa actitud no conseguirás que ninguno de los chicos de este festival se acerquen a más de tres metros de ti.

-No estoy aquí por los chicos, sino por la comida -se quejó Haruhi, cogiendo el menú para ver qué más podía pedir para comer.

-Creo que tu amiga nos debe un plato de sushi -aclaró Kaoru, cruzándose de brazos.

-Nos ha hecho perder minutos de diversión por la cara que Tamaki iba a poner al comerse ese sushi -siguió Hikaru, cruzando también los brazos con cara de indignación.

Haruhi les miró con cara escéptica por encima de su menú.

-Si es una forma rara de flirtear que tenéis por los barrios bajos, que sepáis que no lo estáis consiguiendo -dijo, volviendo a su menú.

-¿Cómo osáis pedirle comida a la chica que me ha salvado de vuestras garras? -exclamó Tamaki, indignado, acercándose a Haruhi que se sobresaltó ante tal melodrama- No, para nada. Soy yo el que le debe un plato de sushi, bella joven, por haberme librado del infierno al que esos dos gemelos me iban a condenar -con una floritura, Tamaki acabó su discurso inclinándose frente a Haruhi, el ramo que antes le había regalado Kaoru en su mano, ofreciéndoselo a la chica.

Todo un logro, pensó Honey, teniendo en cuenta que segundos antes se estaba tambaleando en las sandalias tradicionales.

-No, gra... -respondió secamente Haruhi, pero su respuesta quedó cortada por su amiga, que le tapó la boca y levantó un brazo para llamar al cocinero del puesto.

-¡Tres platos de sushi, señor! ¡El chico extranjero invita! -gritó alegremente, seguida de los gemelos que gritaron "¡Hurra!".

-¿Eh? ¡No! Yo... -intentó quejarse Tamaki, pero viendo que nadie le prestaba atención se resignó a sentarse a la mesa, al lado de Haruhi que parecía igual de miserable que él. Honey apareció a su otro lado, encogiéndose de hombros.

-¿Y Mori?

-Fue a por Kyoya.

-¿Hay más como vosotros? -se lamentó Haruhi.

-En realidad son los más normales -comentó Honey, haciendo sonreír a la chica, que se vio atrapada por el brazo de su amiga que le cogió por los hombros.

-Ya que nos invitáis y vamos a compartir mesa, me presento: soy Mei Yasumura, y esta es mi amiga Haruhi Fujioka, que necesita que alguien le alegre los días -Haruhi puso los ojos en blanco ante esto, dándole un codazo en las costillas a Mei.

-No necesito nada de eso, gracias -dijo entre dientes. Justo en ese momento el sushi llegó a la mesa y todos atacaron la comida, los gemelos hablando animadamente con Mei.

-Eh... Perdona, ¿cuál es el sushi que decías? -preguntó Tamaki a Haruhi, que en seguida dejó de lado el que estaba comiendo para explicarle animadamente a Tamaki las delicias de la cocina japonesa.

Honey sonrió para sí mismo y no se quiso meter en la conversación.


A/N: ¡Y muchísimas gracias por los favoritos y los reviews! :D :D :D