Mis flores favoritas son los pensamientos. El nombre les viene que ni pintado: me ayudan a pensar, a reflexionar sobre lo que hago o lo que vaya a hacer, hasta de lo que hice. Por eso, en mi cuarto, siempre habrá un jarrón con ellas. Me sumerjo en sus tonalidades, como si fuera el mismísimo mar del subconsciente. Aquella tarde, junto a mi jarrón, pude reflexionar. Tomé una decisión que no supe a lo que me iba a llevar, pero que me pareció la más adecuada, tal y como estaban las circunstancias. ¿Quieres saber cual es mi otra flor favorita? Las nomeolvides…
Chapter 4: Las reflexiones.
Tras lo ocurrido con Gilbert me llevé unos días sin salir de mi habitación. Rod estaba preocupado por mí, pero no le dejé entrar, alegando que me encontraba bastante mal y que no quería que se contagiase.
Por fin, me animé a levantarme de la cama. No sabía que hacer. Me sentía sucia, por decirlo de alguna manera. No solo por habernos besado, si no por haber disfrutado con ello. Por haberle besado con más intensidad aún. ¿Cómo iba a ser capaz de mirar a Rod a la cara ahora? ¿Qué debía hacer?
Me senté en mi escritorio, que estaba al lado de la ventana. Desde ella, podía ver la parte frontal del jardín y muchas montañas a lo lejos. Suspiré y volví la vista al jarrón que había encima de la mesa. En el recipiente de cristal había tres ejemplares de mis flores favoritas, los pensamientos. Desde pequeña, aquella flor siempre me había atraído, por decirlo de alguna manera. No sabía si era por sus variados colores o por su fragancia, pero aparte de gustarme también me ayudaban a pensar. Observé la flor y me sumergí en mis recuerdos, en mi memoria.
Recordé cuando, hacía ya mucho tiempo, cuando aún era una niña, Rod me regaló un pequeño ramo de pensamientos. Me puse muy feliz cuando me los dio, aunque no podía ponérmelas en el pelo, que era donde quería tenerlas. En esa época lo tenía cortísimo. Rod puso cara de pena y dijo que era una lástima, pues le hubiera gustado verme con las flores en el cabello. A partir de ese día, solté la poca melena que tenía –que llevaba recogida en una coleta- y la dejé crecer. Hasta tenerla como la tenía ahora. Cuando por fin volví a ver a Rod después de tanto tiempo, se me declaró y fuimos a dar un paseo por el campo, también me regaló otro ramo. Esta vez, las cogí y me las coloqué por todo el cabello. Rod me miraba risueño, con ojos brillantes.
- Eres hermosísima, Eliza. Cada día me lo pareces más. Eres como un ángel caído del cielo.
Me puse totalmente colorada. No estaba acostumbrada a esa clase de halagos, y menos provenientes de él.
- ¡N-no digas tonterías! –cogí un pensamiento y se lo puse en el pelo. Él se rió y me atrajo hacia él con sus brazos.
- ¿No me crees? ¿Es eso?
Asentí y le miré con cara de enfado fingido.
- ¿Y qué he de hacer para que me creas? –preguntó con curiosidad.
Me quedé pensativa y se me ocurrió algo. Sin embargo, lo dije muy bajito. Me daba demasiada vergüenza decirlo en voz alta.
- Dime que me amas…
La sonrisa de Rod se ensanchó aún más. Su cara se acercó lentamente a la mía. Sus labios a los míos.
- Te amo con toda mi alma, Eliza…
Cerré los ojos, esperando aquel ansiado roce de labios, pero…
En ese recuerdo, de repente, se superpuso otra imagen. Unos brillantes ojos rojos que me observaban desafiantes y divertidos. Una mano que jugaba con uno de mis mechones. Una voz susurrante que me hacía temblar.
- Has dicho que no hay nadie, ¿no? No pasará nada porque me acerque a ti…
Lo siguiente que notaba era un beso. Unos labios ardientes contra los míos, que temblaban. Confusión. Miedo. Y de repente…pasión. Mi espalda contra la pared. Su olor contra el mío. Nuestros labios se unían una y otra vez. Su fuerte respiración contra mis apagados gemidos. El encuentro de nuestras lenguas…
Agité la cabeza. Todo aquello desapareció, y me encontré con la visión de mi jarrón de pensamientos. Sola, en mi cuarto. Y mi corazón latía salvajemente. Resoplé, enfadada. Me había estropeado un precioso recuerdo que solo pertenecía a Rod y a mí. Eso no se lo iba a perdonar.
Una punzada de dolor dejó notar su presencia en mi corazón. Ahora Rod apenas estaba conmigo. La soledad se extendía sobre mí. Y no me gustaba estar sola. Lo odiaba. Sé perfectamente que a ninguna persona le gusta, pero… lo mío era un odio reverencial y un temor eterno.
De nuevo, la duda volvió. ¿De verdad Rod me amaba? Su comportamiento no se parecía en nada a lo que yo había entendido siempre por amor. Es decir, tan frío, tan tímido, tan distante… aquello ya era casi como una típica pareja casada por obligación. Me confundía tantísimo su comportamiento que mi seguridad en él ya no era lo mismo.
Fue entonces cuando entendí que debía de elegir. ¿Austria o Prusia? ¿Rod o Gilbert? ¿Amor o pasión? Mi mente pensaba en Rod con rotundidad, pero mi corazón… palpitaba de la misma forma que en el instante del encontronazo con Gilbert. No pude evitar soltar una pequeña risita amarga. Qué irónico era todo esto.
- Jamás pensé que yo pudiera tener estos dilemas… que mi corazón y mente dividiesen sus opiniones… -hasta hace un mes, ambos coincidían en Rod. Ahora…
Comencé a pensar en frío. Respiré profundamente y me concentré en responder a la siguiente pregunta: ¿Qué ventajas e inconvenientes tenía irme con cada uno?
Si me quedaba en Austria, junto a Rod, disfrutaría de una vida tranquila y sin sobresaltos. Cenas, reuniones y melodiosas canciones sacadas de las teclas de un piano. Estaría junto al hombre al que había amado en secreto durante todo mi vida y… ¿sería feliz? Tal y como ahora estaban las cosas, no tenía clara una respuesta. Si Rod no mejoraba su comportamiento, no sabía si podría estarlo a su lado… solo le daría quebraderos de cabeza.
Si me iba a Prusia… ¿qué ocurriría? Traté de imaginarlo: aventuras por cualquier lugar, guerras y batallas, luchas con espadas y a caballo… echaba de menos esas cosas, desde luego. ¿Y sobre Gilbert? ¿Me amaría? Con lo que me había dicho Rod, no estaba muy segura de ello… sin embargo…en fin, si hacíamos caso a esos rumores, solo jugaría conmigo y me dejaría tirada, tras haber invadido Hungría. Sería una estúpida si me juntaba siquiera con él. Y sin embargo… ¿cómo podía expresarlo? Esa situación… me daba bastante morbo, aunque no sabía porqué. Gilbert era hermoso y fuerte, sin duda. Y tenía algo especial, que hacía que mi corazón latiese. ¿Su olor? ¿Su risa? No estaba segura. No era amor lo que sentía por él, pero era muy parecido. Me encontraba bastante confusa, jamás había sentido algo así.
Entonces lo comprendí. La decisión no debía ser sobre las ventajas de estar con uno u otro. La decisión debía de salir de mí, de lo que yo sentía.
Miré el jarrón de pensamientos.
- Por favor, no me falléis ahora…- les susurré.
- XXX –
Abrí la puerta de mi habitación y salí corriendo. Había tomado una decisión. Pregunté a una sirvienta, que me señaló que Rod se encontraba en la sala del piano. Seguí corriendo hacia allí.
Había elegido a Rod. Prefería vivir junto a un hombre que me amase. Elegí confiar. Sabía que no podía dejar de quererme, al igual que yo a él. Tuve que convencerme de ello. No quería ni pensar en lo contrario. La razón de peso que encontré fue lo que había esperado para declararse, sin haber estado con ninguna otra.
Por fin, tras una larga carrera, llegué a la puerta. Mi corazón latía a tope, pero no sabía si era de correr tanto o de la tensión del momento. Tenía cosquillas en el estómago. Mis manos sudaban. Abrí la puerta. Rod estaba de espaldas, mirando por la ventana. Se dio la vuelta al oír que alguien había abierto.
Me asusté. Su mirada no era normal. Tenía unas grandes ojeras y sus pupilas estaban totalmente ausentes. ¿Qué le había pasado? Aún así, sonreí.
- Rod…
Se acercó hacia mí. Me dedicó una sonrisa cansada.
- Así que estás bien por fin. Menos mal…
- ¿Qué…qué te ha ocurrido? No tienes buen aspecto…
- He tenido unos días bastante malos. Las reuniones y demás –frunció el ceño- Nada importante. Olvídalo.
Me abracé a él fuertemente. Podía notar su calor, que llegaba a mí. Que curaba mis remordimientos como un bálsamo. Que me hacía volver a sonreír.
Rod se movió, incómodo.
- Eliza…suéltame, por favor.
No iba a soltarle. Justamente ahora no. Levanté la cabeza y busqué sus labios con la mirada, luego con mis propios labios. Ojala estuviéramos así siempre…
Mi mano se deslizó poco a poco por todo su pecho. Notaba su corazón, que palpitaba nervioso. Sonreí para mis adentros. Seguí bajando mi mano…hasta llegar al botón que cerraba su pantalón.
Rod me apartó bruscamente de él. Fue como si despertase de un profundo sueño tras haber recibido una ducha helada.
- ¡¿Pero qué te crees que estás haciendo? –me gritó. No era Rod. No era mi Rod. O eso quería creer.
- Yo… -miré al suelo. Me había pasado. Pero es que…le quería tanto…- Lo siento…lo siento mucho…
- ¿Se te había ocurrido pensar acaso si yo quería que me desabrochases este botón? Claro que no, tú solo piensas en ti misma, ¿verdad? ¡Qué te van a importar mis sentimientos!
Las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos y a resbalar hacia el frío suelo de mármol. ¿Qué podía decir ahora, si me faltaban las palabras?
- Si hubiera sabido esto… -no le hizo falta hablar más. Sabía como iba a terminar la frase: "…jamás te hubiera pedido en matrimonio". Rod se fue de la sala sin despedirse. Por mucho que intentase pensar en que lo que había dicho no lo decía en serio, que era todo por culpa del cansancio, era en vano.
Mi cuerpo tembló. Mi corazón palpitaba con esfuerzo y lleno de dolor, de un dolor agudo y penetrante.
No me hicieron falta los pensamientos para tomar otra decisión. Una decisión a la desesperada.
- XXX –
Le vi en la lejanía. Venía tranquilamente de dar un paseo por el jardín. Ya había reconocido sus pasos, seguros y presuntuosos, que parecían decir "aquí estoy yo". Y, por supuesto, sus ojos rojizos.
Corrí hacia él y me detuve a unos centímetros de donde se encontraba. No cambió su expresión facial hasta que vio que estaba llorando. ¿De verdad estaba preocupado o solo lo fingía?
- ¿Eliza? ¿Por qué lloras?
A duras penas pude contarle todo. Gilbert me puso una mano en el hombro mientras me escuchaba seriamente. Cuando terminé, le miré fijamente a los ojos, sin sentir ningún miedo.
- Gil…si sigo así, creo que me voy a morir de la tristeza… pero he tomado una decisión. No voy a morir. Así que, por favor… -susurré- No dejes que muera, Gil…
Nada más terminar de decir esto, noté sus suaves labios contra los míos. No tan agresivos esta vez. Era casi como si me estuviesen consolando.
- Eso no hace falta ni que lo digas, Eliza –rió en voz baja- Solo déjate llevar y confía en mí. Es más –se separó de mí y extendió sus brazos a ambos lados- soy todo tuyo. Haz lo que quieras conmigo. Y cuando digo lo que quieras… lo digo literalmente –su sensual susurro me hizo temblar. No hacía falta que me dijese aquello, porque era lo que pensaba hacer.
Al cabo de unos instantes, Gil y yo desaparecimos tras la puerta de una de las muchas habitaciones de invitados del palacio.
- XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX –
Hala, ¿qué os ha parecido? 8D Ya veréis el próximo capitulo, jur jur~
Bueno, la verdad es que no me ha gustado mucho como me ha quedado este capi u^u. Es casi como una especie de "resumen de todo lo anterior/capítulo de relleno", y eso es siempre un rollo ._. Pero si os ha gustado, me doy por satisfecha *-*
Siento haber tardado tantísimo en haber escrito el capítulo, de verdad T_T pero es que entre los exámenes finales, los trabajos de clase y que he sufrido una enorme pérdida de inspiración, no he podido terminarlo a tiempo, y tampoco me hubiera gustado como me había quedado si no lo escribía con tranquilidad u.u. ¡Prometo no tardar tanto para el quinto! ò_ó
Y también, ¡muchísimas gracias por los reviews y los favoritos! *_* De verdad, gracias, son esas cositas lo que me hacen seguir escribiendo y mejorando cada día ;3;. Contesto todos los reviews que me dejáis (L).
Como aclas de este capi, debo decir que las nomeolvides tienen dos sentidos: es la flor oficial de Austria… pero a la vez, Eliza se está refiriendo a Gilbert :3
Como mención especial, debo dar las gracias a:
- Kibume: Ñaaaa *-* muchas muchas gracias por opinar siempre sobre mi fic. Y me siento honrada de haberte inspirado para hacer un one-shot de Gilbert T/T. ¡Tenemos que conocernos en persona pero ya! :D
- Volluhi-chan: Aish, ¿pero te puedo querer más? 3333 ¡Quiero que sigas escribiendo tus chachi-fics de PW! Òwó. Y también tenemos que vernos, ¿eh? *-*
- Ritsuka-Rukia: En serio, tus reviews me han llegado muy muy hondo *_* Gracias, de verdad. Jamás pensé que hubiese alguien a quien le pudiese gustar tanto mis historias w
- Elizabehta Beilschmidt: Muchas gracias por tu review crítico. Espero mejorar y escribir cada día un poco mejor ^^
Y, para acabar ya esto taaan largo, ¡desearos una muy feliz navidad y una gran entrada del año 2011! Que este nuevo año se cumplan todos vuestros deseos ^^
¡Chu~!
