Dicen los epicúreos, unos filósofos atenienses que vivieron antes de Cristo, que la verdadera felicidad se encuentra en el placer. Que, con deleitarnos con ellos, nuestra vida será más feliz. Por supuesto, no se refieren única y exclusivamente al sexual, pero también está incluido en su idea de "placeres de la vida". El problema es, ¿de verdad se puede ser más feliz? ¿Y si, por mucho que los disfrutes, solo te sobreviene un sentimiento de culpabilidad y de remordimiento? ¿Y si notas que tus preferencias empiezan a cambiar drásticamente? ¿Y si….olvidas a tu persona especial?
(Atención: a partir de aquí hasta el "- XXX-"hay escenas subidas de tono, lee bajo tu propia responsabilidad [Me quedó bastante serio, ¿no? xD En fin, la que avisa no es traidora e.e])
Chapter 5: La primera vez
Gil y yo corrimos hasta la primera habitación que encontramos. En aquel enorme palacio había muchísimas habitaciones, por si ocurría cualquier cosa inesperada. No me preocupaba si había criados cerca: a esas horas, estarían preparando la cena. Tampoco me preocupé de si Rod nos encontraba. Para ser sinceros, en ese momento ni existía en mi cabeza. Si trataba de pensar en ello, mi corazón me dolía sin remedio alguno.
Tras entrar a la carrera, Gil cerró la puerta con pestillo incluido. Tragué saliva: estaba un poco asustada. No sabía de lo que podía ser capaz. Se deshizo de su larga gabardina negra y comenzó a desabrocharse con rutinaria velocidad los botones de su chaqueta azul. Como esperaba, debajo solo estaba su torso desnudo. Estaba en bastante buena forma, aunque tenía muchísimas cicatrices. Cuando me miró y me vio contemplándolas, rió.
- Cosas de la guerra –me miró con una sonrisa atrevida- ¿Cuántas tienes tú?
- N-ninguna –negué con la cabeza y aparté mi mirada de él.
- Ya me encargaré yo de comprobar si me dices la verdad… -me levantó la cara con suavidad y me volvió a besar. Cada vez adoraba más sus labios, tan suaves, tan dulces. De nuevo, nuestras lenguas tomaron contacto. Me lamió los labios y luego los mordió con delicadeza. Escalofríos recorrieron mi cuerpo: ¿eso era el placer? Jamás había imaginado algo así…y me gustaba mucho.
Gil se separó un poco y comenzó a desabrochar lentamente los botones de mi vestido. Mi cuerpo se puso rápidamente en tensión, pero no quería que parase. En pocos segundos, ya estaba en ropa interior. Gil se separó más esta vez para mirarme. Yo no era capaz de mirarle a él y desvié la vista. Se echó a reír.
- ¿Es tu primera vez?
Asentí mientras temblaba. Me atreví a mirarle y vi una pícara sonrisa en su rostro.
- Ya veo… no te preocupes, te prometo que será inolvidable –y, bajando un poco el tono, añadió- No tienes que avergonzarte de tu cuerpo: es perfecto.
Me puse totalmente roja (aún más, si podía). Me atreví a hablarle.
- ¿Y es tu primera vez?
No contestó. Se limitó a desabrocharse el pantalón hasta acabar él también en ropa interior. Le observé. Él si que era perfecto: aquel torso blanco, esos brazos tan fuertes como sus piernas…
Sin previo aviso se abalanzó sobre mí y, mientras me besaba, desabrochó el sujetador y me lo quitó. Esta vez solo se apartó unos milímetros de mi boca, lo suficiente como para poder mirar abajo y poder verme los pechos. Sonrió con satisfacción.
- No aparentabas tener tanto… el cuerpo femenino nunca va a dejar de sorprenderme –rió por lo bajo.
Volví a tragar saliva y le pregunté de nuevo.
- No es la primera vez que lo haces, ¿verdad?
- No. Pero no tema: ahora soy solo suyo y de nadie más, princesa –pasó su mano por mi cuello- Bien, ¿qué quieres hacer?
Titubeé. No se si sería la impresión de ver a Gil casi desnudo o de estar yo igual, pero no tuve claro qué quería hacer con él. Susurré por lo bajo lo que sentía en aquel momento.
- Quiero olvidar todo lo que ha pasado. Evadirme del mundo por un instante –le dirigí una seria mirada- ¿Crees que podrás lograrlo?
Puso una cara seria en broma
- Um… parece algo complicado, pero puedo intentarlo, a ver qué tal… -me hizo reír. Él también rió y suspiró aliviado- Por fin ríes…se te veía tan seria…
- Estoy un poco tensa –admití. Y volví a notar sus labios en los míos, volví a escuchar aquel tono tan sensual, pronunciado desde escasos centímetros de mis labios.
- Tus deseos son ordenes para mí, princesa…
Sin darme tiempo a reaccionar, me tumbó completamente en la cama y se quedó encima mía, aferrando mis manos con fuerza. Volvió a mirarme de arriba abajo, recreándose en apariencia con mi cuerpo. Después se acercó, hasta quedar a pocos centímetros de mi cara.
- Si te parece, vamos a jugar a un juego que me gusta mucho –rió encantado al ver mi expresión de incredulidad- A ver donde están tus puntos débiles… -sonrió de tal manera que parecía un zorro.
Me besó de nuevo, y con sus labios fue recorriendo mi cara, hasta llegar al cuello. Justo debajo de la oreja se detuvo y dio un rápido beso. Noté algo muy extraño en mí, algo que nunca había sentido. Tuve que morder mis labios con fuerza para reprimir un pequeño grito. Gil rió. Al parecer, había encontrado un punto débil y no iba a dejarlo escapar. Empezó a darme pequeños besos por todo el cuello. Cada vez se sentía muchísimo mejor, no quería que se detuviese. Mi respiración era entrecortada y nuestros corazones latían al unísono, y aun más cuando pasó a lamer en vez de a besar mi cuello y por detrás de las orejas.
Tras estar así unos minutos, siguió bajando con ayuda de su suave boca hasta detenerse en mis pechos. Se dedicó a pasar el dedo por ellos, haciéndome cosquillas que me arrancaban risas y nos hacia intercambiar cómplices miradas. Súbitamente, comenzó a pasar la lengua por mis pezones, para después morderlos con la fuerza justa para que no me doliesen demasiado. Ahí si que no pude aguantarme y dejé escapar sin yo quererlo un gemido. Gil paró y me dirigió la mirada.
- ¿Te he hecho daño? –susurró.
Negué con la cabeza. Aun así, estaba bastante avergonzada de que se me hubiese escapado ese incómodo ruido. Gil pareció leerme el pensamiento.
- El primero siempre da vergüenza –asintió como para recalcar que tenía razón y me miró con duda. ¿Debía continuar? Asentí velozmente.
Siguió bajando hasta que se encontró con mis bragas y la zona que ellas cubrían. Ahí paró de nuevo y se cruzó de brazos, incorporándose.
- Bien, este es territorio vedado – se rió por lo bajo de su propia comparación- Tú decides si sigo o no, princesa.
Me quedé tumbada, pensando. Muy pocas veces había imaginado como sería mi primera vez, pero lo que sí tenía seguro es que quería que fuese con Rod. Ahora, tras sus duras palabras, no quedaba nada de aquellas esperanzas. Todo se había esfumado. Seguro que poco le importaba ahora con quien perdiese la virginidad. Por él, como si acababa muerta en una cuneta. Estaba totalmente segura de lo mucho que me odiaba en estos momentos.
Me levanté un poco y miré a Gil, que seguía esperando en la misma postura.
- Sigue
Gil me miró muy serio e incrédulo.
- ¿Estás segura?
- Sí. Por favor continúa –esto último lo dije con tono apremiante y que no admitía réplica. Ahora Gil no se iba a echar atrás después de estar como estábamos.
- De acuerdo, princesa –sonrió mientras deslizaba hacia abajo mis bragas y sus calzones. No quise ni mirar. Agarré fuertemente las sábanas que tenía a mi alrededor y miré fijamente al techo, mientras me mordía el labio.
- Intentaré que no te duela, pero no puedo prometer nada. Esto solo pasa la primera vez, así que no volverás a sentir lo mismo.
Asentí.
- Allá voy, Eliza… -susurró.
Lo siguiente que noté fue un intenso y fuerte dolor. Mis gritos quedaron ahogados por los besos de Gil.
- XXX –
Desperté con la sonora respiración de Gil. Fuera ya era bien entrada la noche. Al parecer nos habíamos quedado dormidos. Me levanté de un salto, soltando la mano de Gil. Lo único que conseguí fue que este despertase.
- Buenos días –sonrió medio dormido. Dirigió una mirada a la ventana –Vaya, que aun es de noche…pues nada, a dormir –hizo ademán de volver a recostarse, pero un rápido tirón de brazo por mi parte hizo que me escuchase atentamente.
- ¡Dios mío! ¡Mira que hora es! ¿Y si se han dado cuenta de que…? –no puede seguir hablando, porque Gil me puso un dedo en los labios.
- Si sigues chillando de esta manera, si que te oirán –se levantó de la cama y me lanzó mis ropas, para luego ir a ponerse las suyas- Solo tenemos que volver sin hacer ruido y no pasará nada. Además, hoy tu querido Rod tenía otra reunión. Estará tan cansado que no se habrá dado ni cuenta de que nosotros no estábamos por allí.
Contemplé a Gil. A su cuerpo de perfectísimas proporciones, brillante bajo la luz de la luna. Era tan hermoso que parecía irreal. Casi parecía un dios griego que se había reencarnado en la tierra. Me esforcé por grabar esa imagen en mi memoria. En mi corazón. No me hubiera importado que aquel momento hubiese sido eterno…
Él se giró y se dio cuenta de que le miraba, con una estúpida sonrisa en los labios. Se echó a reír.
- Ey, ey, deja de mirarme de esa manera, o de verdad me creeré que soy guapo.
- Es que lo eres –recogí la ropa que estaba encima de mi cama y comencé a ponérmela. ¿De verdad mi primera vez había sido con un hombre tan atractivo? Me sentía enormemente feliz…tanto, que había olvidado a Rod. Gil había conseguido lo que le había pedido. Era condenadamente bueno.
- Bueno, yo ya estoy –Gil, completamente vestido, se sentó a mi lado en la cama-Me voy ahora. Espera un tiempo antes de salir, para no crear sospechas, por si acaso. Y ya sabes, estaré aquí para cuando me necesites, princesita Eliza. Buenas noches. –me besó con suavidad y se marchó.
Esperé unos quince minutos. Fue entonces cuando salí con sumo sigilo hacia mi habitación. Aun trataba de asimilar lo que había tenido lugar en la habitación de invitados. Casi me sentía como si todo hubiese sido un sueño. Y no lo había sido. Los dolores de mi cuerpo se encargaban de recordármelo.
Cuando por fin llegué a mi cuarto, me puse mi ropa de dormir y me deslicé en la cama. Sabía que no dormiría en lo quedaba de noche y me pregunté si Gil estaría igual que yo.
De repente, alguien llamó a al puerta. Me levanté y caminé hacia ella.
- ¿Quién es? –susurré. Secretamente, deseaba que fuese Gil.
- Eliza, soy yo –me quedé petrificada. Era Rod. ¿Qué era lo que quería? ¿Por qué tenia que venir ahora?- Lo siento si te he despertado, pero quiero hablar contigo.
Con el corazón latiendo a cien por hora, abrí la puerta. Rod entró y la cerró tras de sí.
- ¿Q-qué es lo que quieres? –le pregunté mientras me sentaba en la cama. Había intentado darle a mi voz un tono frío y enfadado, para que notase que aun estaba dolida con él. Sin embargo, mi nerviosismo no me lo permitió. ¿No se habría dado cuenta de lo de Gil, verdad?
- Quiero disculparme por lo que te dije. Tiene que haberte dolido muchísimo. Lo siento. Estaba muy cansado, por eso reaccioné así.
A cuadros me quedé. Si no me decía nada de Gil, esperaba que me echase del palacio y me ordenase que nunca volviese a pisar Austria, anulando nuestro compromiso. Entonces… no me odiaba. ¿Qué había hecho? Mi corazón se encogió de dolor y rabia. Sentía que mi primera vez había sido malgastada. Mi anillo de compromiso empezó a apretarme en el dedo y su frío metálico me hizo sentir aun peor.
- No te preocupes… fue culpa mía por no haber entendido que estabas así –tuve que esforzarme muchísimo para que en mi voz no se notase nada de lo que estaba pensando.
- Aun así…quiero compensarte. Y solo se me ocurre una cosa… -antes de que me pudiese dar cuenta, Rod me había tumbado en la cama y se estaba desabrochando con nerviosismo los botones de su camisa, mientras su cara enrojecía de pura vergüenza.
- Rod… ¿qué…? –no me salían las palabras. Jamás me podía haber imaginado que esto iba a suceder, y menos ahora.
- ¿Quieres… que lo hagamos, Eliza? –preguntó Rod con una tímida voz.
- XXXXXXXXXXXXX –
Hala, por fin habéis tenido sexo pruso-húngaro, fangirls 8D xDDD. Tal y como prometí, no iba a tardar tanto tiempo en escribir este capi y he cumplido mi promesa ùwu.
¿Qué os ha parecido? Es la primera vez que escribo un relato con tanto sexo y no se si ha quedado muy creíble, pero me he esforzado para estar a la altura de las expectativas ewe.
Como habéis podido comprobar en el prólogo, estoy con la filosofía que me sale por las orejas xDDDD pero me gusta bastante y me pareció que lo que pensaban estos filósofos pegaba bastante con los sentimientos de Eliza.
Finalmente, dar las gracias tanto a los antiguos como a los nuevos lectores de este fic :3 Muchísimas gracias por los reviews, como siempre. Los voy contestando todos, como ya sabéis (L). Y también, dar las gracias a grupos como 30 seconds to Mars, Fito y Fitipaldis y Black Eyed Peas, que han constituido básicamente mi banda sonora para este capitulo, por hacer que encuentre mi inspiración cuando la pierdo :) (aunque no tengan nada que ver las letras con el contenido de este fic xDD)
¡Gracias a todos nuevamente! ¡Nos leemos! (K)
