Es difícil que un camino no tenga una encrucijada en algún momento. Es entonces cuando se te presenta una elección: ir a un lado, al otro o retroceder. Por supuesto, puedes elegir lo que te apetezca y/o lo que te venga mejor: el más corto, el menos peligroso, tu favorito… incluso puedes volver hacia atrás si no te convence. Pero ahora, el camino es la vida. No se puede volver hacia atrás ni comenzar de nuevo. Hay que elegir, sin posibilidad de huida. Pero, ¿qué pasa cuando eres incapaz de decidir?
Chapter 6: La promesa.
Fue como si en ese momento me hubiesen echado un cubo de agua helada en la cabeza, que me había hecho despertar de golpe. Rod, sobre mí, tragaba saliva, esperado mi respuesta. Notaba que sus brazos temblaban y su respiración estaba agitada. Sin embargo, ahí estaba. Dispuesto a hacerlo porque yo quería.
¿Y ahora qué? Aquellas horas tan placenteras con Gil se habían esfumado de mi mente, dando paso a la desesperación. Al arrepentimiento. A la culpa. ¿Qué había hecho? ¿Cómo había sido capaz? En mi dolor por una absurda discusión, como podía haberla tenido cualquier pareja normal, había dudado de sus sentimientos y me había entregado al primero que había sido amable conmigo. No merecía tener su amor. Ni siquiera mirarle a la cara. Me sentía podrida por dentro. Y él seguía esperando alguna reacción por mi parte. ¿Qué podía decirle, si las palabras no lograban salir de mi boca?
- Rod… -¿Esa era yo? ¿Había hablado? Sí, era mi tono de voz, pero lo escuchaba neutro y totalmente alejado de mí, como si fuese un muñeco al que un ventrílocuo le estaba haciendo hablar- De veras, aprecio muchísimo que quieras cumplir mi deseo, pero… quiero que tú también estés preparado. Con lo tenso que estás, quizás incluso sería peor que lo hiciésemos ahora…
- Oh… t-tienes razón- se apartó con cuidado y pude incorporarme- ¿Entonces no te importa…?
- Rod, te esperaré el tiempo que sea necesario… sabes que mi amor por ti es inamovible –me levanté y le besé con suavidad
- Mi pequeña Eliza… -susurró Rod en mi oído con suavidad- Muchas veces me pregunto si te merezco siquiera. Eres como un regalo caído del cielo.
Me limité a reír de manera encantadora y a decir que exageraba. Sin embargo, en mi interior la verdadera Eliza gritaba frenéticamente. ¿Cómo podía actuar tan fríamente? ¿Y tan falsamente? Nunca había sido de esa manera… y sin embargo, me salía con total naturalidad.
Aquella noche fue la primera en la que Rod y yo dormimos en la misma cama. Tuve que hacer grandísimos esfuerzos para no hacer ruido y despertarle mientras lloraba. En otras circunstancias hubiese sido feliz… ahora sentía como si todos mis principios se derrumbasen como un castillo de naipes. No era una persona frívola, que pudiese hacer como si no hubiese pasado nada. En cuestiones de amor era una novata, y cualquier mínimo daño que me hiciesen dolería como si fuesen cientos. Solo había amado a una persona, y aunque la distancia dolía podía sobrellevarla bien… pero esto era distinto… esto oprimía el pecho y no me permitía respirar con normalidad.
Me levanté con muchísimo cuidado y me asomé al balcón, desde donde se podía ver una gran plaza que había en la entrada del palacio y muchísimos jardines hasta donde alcanzaba la vista. Me sobresalté cuando vi una enorme águila negra, que planeaba por los alrededores, quizás en busca de alimento. Comprendí que era la de Gil, pues por allí esos animales no eran comunes. Sentí como si fuese una desafortunada presa, a la que el águila, Gil en este caso, le había echado el guante. Pero, ¿qué estaba diciendo? Yo también tenía parte de culpa por haberme dejado cazar… y eso era lo que más me costaba admitir.
- XXX –
Durante dos días no vi a Gil. No tenía demasiadas ganas de hablarle, pues sabía que lo primero que le diría en cuanto tuviésemos un momento sería que ya se podía ir olvidando de mí y que lo que había pasado entre nosotros había sido un gran error por mi parte. Mientras que esperaba poder enfrentarme con él, disfruté de la compañía de Rod, de su trato amable y su cortesía sin sufrir presión en ningún momento. Qué sabia es la memoria humana, que bloquea los recuerdos desagradables para que al intentar recordarlos nos cueste un gran esfuerzo. Aquella primera vez con Gil se iba diluyendo poco a poco en mi mente, hasta acabar como cubierta por una espesa niebla. En esos momentos éramos solo Rod y yo, como siempre debía haber sido.
Por desgracia, el momento en que le volví a ver llegó. Era obvio que no podía seguir evitándole siempre.
Una tarde en la que me encontraba leyendo algunos libros de la biblioteca de Rod, el apareció tras de mi sin que yo me percatase. Esperó a que yo estuviera enfrascada en la lectura y alzó las manos.
- ¡Bú! – exclamó en un tono bastante fuerte.
- ¡Ahhh! – chillé y me di la vuelta alzando el libro en posición defensiva. Al ver que era el, inspiré profundamente y volví a mi postura original, bastante preocupada por lo que podría suceder ahora mientras él se desternillaba de risa.
- Eres como un cachorrillo asustado, Eliza – dijo cuando terminó de burlarse de mí – No deberías olvidar, como buena guerrera que eres, que debes estar alerta en todo momento.
- Es obvio que nadie seria tan idiota como para atacarme en mi propio palacio. Bastaría con una llamada a mis guardias para que te detuvieran en caso de que yo sola no pudiera hacerlo –le contesté fríamente mientras me giraba para dejar el libro en su lugar correspondiente en la estantería.
- Cierto… pero, ¿qué pasaría si el atacante es alguien ya familiar aquí… de quien no se esperasen que hiciera nada? –se acercó a mí y rodeo mi cintura con su brazo, atrayéndome hacia si- Un hombre de la confianza de Rod, ya sabes… -susurró a mi oído mientras con su mano libre recorría todo mi cuerpo, sin profundizar demasiado.
- Ya basta, Gil… ya bast…- no pude continuar, ya que me mordí el labio inferior para tratar de contener un gemido.
- Eres muy astuta, princesita. Estar evitándome estos dos días…No sabes lo que te he echado de menos. Es como si tu cuerpo y el mío estuvieran destinados a fundirse juntos, eternamente… -y giró mi cara para besarme. Tal era su fuerza que apenas podía moverme ni rebelarme.
Y no sabía si de verdad quería evitarle. Ahora que mis recuerdos sobre nuestra primera vez estaban saliendo a la luz, me percaté de que había memorizado cada rincón de su cuerpo, cada curva, cada cicatriz. Aquello que estaba haciendo no era una buena idea, no estaba bien. Pero…era como si no fuera yo. La pasión que sentía controlaba todo mi cuerpo. Al parecer, en el fondo, yo también le había echado de menos. Entonces, le aparté bruscamente.
- Espera, Gil. No aquí. Podrían vernos…
Se encogió de hombros.
- Donde tú quieras. Tú eres la que conoce este sitio. Te sigo.
Le tomé de la mano y, con la mayor velocidad y sigilo posible, subimos a la segunda planta y nos metimos en la habitación más cercana. Gil cerró la puerta mientras yo le observaba.
- Bueno… ¿qué me pides hoy? –me preguntó mientras se empezaba a desabrochar su chaqueta.
Callé. Mis pensamientos eran como una espiral y mis sentimientos estaban encontrados. Entonces, hablé sin pensarlo.
- Quiero que seas tú mismo.
Me miró desconcertado.
- ¿Yo mismo? Ten piedad, princesita, no soy más que un hombre de mentalidad bastante simple.
- ¡No es tan complicado! –bufé- ¿Qué sentiste hace dos días, cuando…ya sabes? Dudo que no hubieras tenido ningún sentimiento hacia mí, aunque fuera odio.
Entonces… su mirada cambió. En realidad, toda su expresión. Se acercó a mí y me besó de una manera delicada y nada pasional por primera vez.
- Tú me has hecho sentir lo que ninguna otra. Te quiero, Eliza.
Fue como si me hubieran congelado.
- ¿Qué tú…qué?
- ¿Es que no lo he expresado con claridad? Muy bien… –me volvió a besar mientras me desabrochaba los botones de mi vestido- Te quiero –me tumbó delicadamente en la cama- Te quiero –comenzó a besar y a lamer todas las partes de mi cuerpo por las que sus labios pasaban –Te quiero –me miró a los ojos- Y lo repetiré cuantas veces sean necesarias, hasta que me creas.
No fue necesario que dijera más. Me incorporé con brusquedad y le tumbé en la cama, besándole. Al principio reaccionó con sorpresa, pero después se dejó llevar.
- XXX –
- Gil…
- ¿Umh?
- ¿He estado bien?
La pregunta le pareció divertida, y Gil comenzó a reírse mientras se reclinaba en la almohada. Tras ver la mirada fulminante que le eché, como de "hablo en serio", asintió.
- Nada mal para ser tu segunda vez. Puedes estar orgullosa, eres la única que ha dominado a la "región indomable"
Reímos juntos.
- ¿Puedo preguntarte algo más?
- Ronda de preguntas, ¿eh? Dispara, princesita.
- ¿Cómo es Prusia, Gil?
- La mejor región que jamás verás –calló como cauteloso- Con perdón de tu país y de este lugar, claro –y continuó, con una mirada ensoñadora- Vastas llanuras, verdes bosques, gente valiente y aventurera, cerveza a raudales… cada lugar bebe las aguas de tradiciones pasadas, pero todos estamos unidos por unas ideas comunes –se volvió para mirarme- Te encantaría, Eliza.
- Ojala pudiera ir…
- Irás. Te secuestraré en mi caballo negro y vendrás conmigo. Irás a mi palacio y conocerás todos los rincones de Prusia. ¡Incluso te presentaré al pequeño Westo!
- ¿Westo?
- ¡Si! Es mi hermanito pequeño. Ahora está estudiando duramente en Prusia, pero… estoy convencido de que va a ser alguien grande. En cuanto sea más maduro, delegaré en el todas mis responsabilidades.
- ¿Dejarás de representar a Prusia?
- Solo en la teoría. Escucha, tenemos planeado unir todas las regiones de Prusia. Fundar un nuevo país, poderoso y joven. En tal caso, habrá mucho papeleo aburrido, y Westo se encargará de el. Yo, mientras tanto, seguiré haciendo la guerra, como siempre he hecho.
Mi cabeza no podía asimilar tanta información.
- ¿Por qué me estás contando todo esto, Gil? ¿Qué pasaría si se lo dijera a Rod? Estoy segura de que Austria tendría un par de palabras que decir al respecto, y detendrían vuestro avance.
- Confío en ti, Eliza. Por eso te lo he revelado. Y, cuando te lleve a Prusia conmigo, se que comprenderás nuestro punto de vista.
Era bastante listo. Sabía que no iba a decir nada. De hecho, tampoco podría haberlo hecho. Rod diría que todo eran patrañas y después se preguntaría como había descubierto un secreto tan íntimo. Y después…
- Y… ¿Cuándo me raptarás?
Sonrió.
- Pronto, Eliza. Solo dame un poco de tiempo. Mañana parto a una importante conquista que no se cuanto tiempo me llevará. Si consigo ganar la batalla, volveré. Seré más poderoso que Austria, y ni su ejército podrá impedir que vengas conmigo. Te lo prometo.
- ¿Y si… -me tembló la voz- …mueres?
- He estado en tantas batallas que ya no tengo miedo a morir. No te preocupes, a esta vieja águila no la matan tan fácilmente -se rió de su propia comparación- Si te quedas mas tranquila, te escribiré. Creo que podré usar a Gilbird para ello.
- ¿A quien?
- A mi águila. Ya sabes, el símbolo de mi bandera. La encontré cuando era un polluelo y la crié. Hemos pasado juntos toda la vida. Es una buena ave, perfecta para cazar, y muy inteligente. Sabrá que tiene que venir aquí. Te enviará mis cartas y me enviará las tuyas.
Asentí, algo más aliviada. Y comencé a reír. Gil me miró con desconcierto.
- Ah… es que el nombre de tu águila es muy gracioso…
De repente se puso colorado.
- Eh… Es que la encontré cuando era muy pequeño y… ¡deja de reírte de mi, maldita sea! –y comenzó a hacerme cosquillas.
Desee que aquel momento durase para siempre. Desee que volviera pronto de aquella conquista. Dudaba de que pudiera aguantar su ausencia.
Según parecía, me había enamorado. Y tenía unas ganas absurdas de escapar con él.
- –
Ejem… hola, Sweetie al habla…
- *fans histéricas empiezan a lanzarle ollas y cuchillos* ¿¡Por qué no has escrito en todo este tiempo? ¿¡Sabes cuanto llevamos esperando, eh? ¡Un año y cuatro meseeeeeeees!
Vale, vale, tras esta recreación absurda de mi mente (xDD) ¡me alegro de volver a Fanfiction! Siento muchísimo el haber tardado TANTÍSIMO en haber escrito esto, pero… bueno, se me mezcló el estrés del instituto, la pura vagueza y otra de mis rachas enormes de pérdida de inspiración, por no hablar de asuntos personales y que no me gustaba nada el rumbo que este capitulo estaba tomando. Ahora mismo ando bastante inspirada, y por eso me decidí a escribir este capítulo sin esperar mas tiempo *-* (entre otros relatillos e_e).
Qué deciros… jo, que sois lo mejor, que a pesar de todo este tiempo habéis seguido revieweando, favoriteando y suscribiéndoos a mi fic… de verdad, muchísimas gracias por vuestra paciencia y vuestro ánimos ;_;
Espero no tardar tanto para el próximo capitulo, pero no os prometo nada. Poco a poco se acerca el desenlace final, pero aun os quedan muchos capis por delante ewe
Por mi parte, nada más que añadir… ¡espero veros en el siguiente capitulo! ^w^ Os loveo, escritorcillos~
