"Querida Eliza, ¿cómo estás? Supongo que todo debe estar en orden por allí. Esto, como siempre, es el puro caos. Sangre, muerte y pájaros carroñeros sobrevolando los cielos. El are es pesado y apesta a cadáver. Aunque, ¿qué te voy a contar a ti, mi pequeña princesita valiente, que no sepas ya? Nadie mejor que nosotros para hablar de la guerra. El blanco estandarte prusiano está embarrado. Y, sin embargo, seguimos ganando, como siempre. Ya deberías saber que odio perder, pero si esta vez no ganase sería más doloroso para mí. Si no venzo, no podría volver a Austria con la cabeza bien alta y raptarte, llevarte conmigo a mi querida Prusia. Te lo prometí y no te fallaré…"
Chapter 7: La verdad
Apreté contra mi pecho la carta de Gil con una enorme sonrisa en el rostro. ¿Cuántas veces la había leído ya desde que me llegó? Había perdido la cuenta. Sin embargo, siempre lograba hacerme sonreír, y hoy con más motivo. Por fin, después de tanto tiempo, volvería a ver a Gil esa misma noche. Su guerra había finalizado y yo había persuadido a Rod para que celebrase un maravilloso baile, donde habría multitud de invitados, Gil entre ellos. Rod había accedido, ya sin sorprenderse. Durante todo el tiempo que Gil había estado fuera me había esforzado por cumplir todas y cada una de sus expectativas, volviéndome una educada señorita amante de bailes y fiestas. El perfecto apoyo para Austria.
¿Qué por qué hacía todo esto? No estaba segura. Tal vez para dejarle un buen recuerdo a Rod cuando me marchase. Ni siquiera sabía si sería peor para él, pero no me importaba. Había decidido con quién viviría mi vida, con quien iba a ser verdaderamente feliz. Incluso si eso significaba roces demasiado pocos diplomáticos de por medio. Sin embargo, ni Gil ni yo teníamos miedo. Austria no tenía un ejército tan experimentado como el de Prusia: declararnos la guerra sería un suicidio.
Un suave golpeteo en mi puerta me sacó de mis pensamientos. Guardé la carta en el primer cajón de mi escritorio y me levanté, dando permiso a esa persona para que entrase. Resultó ser Rod.
- Vaya, qué sorpresa encontrarte por aquí –y le dediqué una de mis encantadoras sonrisas, esas tan falsas que había aprendido a hacer.
- Lo sé, Eliza. Tenía ganas de verte –Rod me devolvió la sonrisa- ¿Te parece que demos un paseo? Los jardineros han estado cuidando el jardín trasero y ha quedado maravilloso. Se nota que estamos en primavera.
- ¡Claro! Me encantaría verlo –tomé el brazo que Rod me ofrecía y salimos de mi habitación en dirección al jardín.
Rod no había exagerado. Las hermosas flores de todos los colores que pudiera imaginar estaban diseminadas a lo largo de una enorme extensión de terreno verde. Al fondo, en la parte inferior y perdiéndose en la lejanía, la panorámica de Viena, capital de Austria.
- Oh, Rod… es precioso… -comenté sorprendida. Y esta vez era verdad.
- Lo se. Austria cada vez se parece más a una enorme corona. Y desde que colocaron la gran perla que le faltaba a Viena, aun más.
Tardé un momento en entender a qué se refería.
- Oh, vamos… ¡ni siquiera parezco una perla! No estoy tan gorda…
- Sabes lo que quiero decir –y se echó a reír- Has devuelto la luz y la esperanza a mi imperio. A mi vida… -y enrojeció débilmente.
"¿Y qué tal tu futuro maridito? ¿Sigue de reuniones? Creo que después le va a faltar tiempo, cuando vengas a Prusia. Es por eso que prefiero solucionar las cosas en el campo de batalla: menos palabrería absurda, más rapidez. Quiero que sepas que eres muy valiente. Cualquier otra persona tendría miedo de estar en esta situación, yo incluido. Esa inestabilidad, esa sensación de agobio y de intentar estar a la altura. Tienes toda mi admiración, Eliza. Sin duda eres una gran mujer. Hasta el pianista se ha dado cuenta de ello, aunque no se si hace todos los esfuerzos que debería para mantenerte a tu lado."
Oh, no. Lo que más me afecta de toda esta situación son los sentimientos de Rod. Pronto se van a ver heridos. Gil me raptará, y por muchos rescates que el país austriaco pague, yo jamás me iré de allí. Porque lo amo, lo necesito. Y me da mucha pena que sufra, pero… si alguien conoce otra manera para hacer esto, que me la diga.
- Ah, Rod… sabes que esas cosas me hacen sentir mucha vergüenza… evita decirlas, por favor –y me reí suavemente.
- Perdóname… pero es que hay veces que no puedo creer que tenga tanta suerte de que estés aquí, conmigo –contestó mientras me atraía hacia él dulcemente.
No respondí y miré hacia la vista de Viena. Lo que él interpretaba como silencio vergonzoso era en realidad culpabilidad. Lo siento. Rod. Perdona por lo que voy a hacerte, Rod. Pase lo que pase, quiero que te lleves un buen recuerdo de mí, si eso es posible.
Rod giró mi cara con cuidado y buscó mis labios, para después unirlos con los suyos. Otra punzada de remordimiento. Porque los únicos labios que deseaba eran los de Gil: algo despellejados, pero dulces, muy dulces. Fue un típico beso de los que Rod me dedicaba en contadísimas ocasiones. Ya sabéis, bastante largo y sin pausa, un beso tímido e inexperto.
Al separarnos, Rod tosió vergonzosamente, y yo me limité a sonreírle. Nunca se le habían dado bien estas cosas. Estuvimos un largo rato en silencio, muy juntos, hasta que volvió a hablar.
- ¿Sabes? Dentro de poco tiempo será verano… debemos empezar a organizar nuestra boda. Debe ser el acontecimiento del siglo, algo de lo que hablen las siguientes generaciones.
El anillo de compromiso se apretó violentamente en mi dedo. Noté su frialdad: la que se sentía hacia el culpable de un terrible crimen, con la que estaba tratando yo a Rod. No era agradable. Muchas veces deseé quitármelo y arrojarlo lejos, pero no podía. A pesar de todo, creo que jamás podría deshacerme de él. Me sentiría aun más triste y culpable. Yo también quería conservar un buen recuerdo de Rod.
"Últimamente, por aquí no deja de comentarse el tema de vuestro enlace. Dicen que será algo formidable. Que el futuro Imperio Austro-húngaro (me he permitido bautizarlo así) será imparable, un auténtico bloque a tener en cuenta. Muchos de los líderes prusianos están preocupados, ya os toman por enemigos. Ahora te reirás, pero yo no pienso en nada de eso. Tan solo imagino lo bella que estarás con un vestido de novia. Qué suertudo será el hombre que te tenga en el lecho nupcial, el que vaya a pasar todas las noches de su vida dormido junto a ti. Ahora me pregunto… ¿estaría bien que la boda se celebrara en Prusia y se cambiara al miope pianista por mí? Bueno, eso tal vez deberíamos hablarlo con más calma una vez estés aquí instalada"
- Yo... bueno, me gustaría que fuera pacífica y no hubiera ningún incidente. Creo que con eso, para mí sería perfecta.
- Que fatalista eres, Eliza –se echó a reír- Irá todo genial, ya lo verás. Todo nos irá bien de ahora en adelante, nos tenemos el uno al otro. Y yo te protegeré. Te lo prometo.
Y nos quedamos observando Viena y el jardín de flores multicolores mientras permanecíamos abrazados. Grabé esa imagen en mi retina, ya sabía que jamás volvería a verla. No volvería a tener la tranquilidad de la que ahora gozaba, pero ese era el camino que había elegido, no me podía arrepentir a estas alturas. Y tuve que reprimir las lágrimas. Rod jamás podría tener una boda gloriosa. Jamás podría cumplir su promesa.
- XXX-
Me encontraba sola en mi habitación. Tenía que prepararme para el gran baile. Para volver a ver a Gil. Tenía unos cuantos vestidos tirados sobre la cama, y aun estaba intentando elegir cual ponerme. Al final, me decanté por uno azul marino. Sonreí, porque estaba totalmente convencida de que pegaba bastante con las rojas pupilas de Gil. Me miré en el espejo. Aún tenía que elegir un peinado adecuado. Con rapidez, me senté en el tocador y me puse manos a la obra, intentando recrear un complicado recogido que ahora estaba de moda en Austria.
"No sabes cómo son las noches aquí, sin ti. Me gustaría que estuvieras conmigo, sentir tu presencia. Con los ojos cerrados, puedo extender la mano y recorrer todas y cada una de tus curvas. Ya se me tu cuerpo de memoria. Si aspiro con tranquilidad, casi puedo olerte, esa mezcla de campiña húngara y sal marina. Si acaricio el aire, noto tu suave piel. Cuando estemos juntos, solo cuando eso pase, dejaré de tener estas extrañas visiones. Te tendré a mi lado todas las mañanas. Escucharé tu risa, tu voz llamándome por mi nombre. Montaremos a caballo, lucharemos, pasearemos, debatiremos. Y, a la noche, cantarás para mí. Me susurrarás al oído todas esas cosas con las que consigues que olvide mis problemas. Volveré a probar tu lengua inquieta."
- ¡Al fin! –exclamé en voz alta y sonreí. Mi peinado estaba terminado, y ya había terminado de maquillarme y colocarme todas las joyas. Volví a mirarme en el espejo. Ni siquiera me reconocía debajo de tantos lujos. En fin, pronto dejarían de ser una costumbre.
Salí de la habitación justo cuando Rod se acercaba a la puerta. Nos tomamos de la mano, nos sonreímos y fuimos hasta el salón de fiestas. Estaba totalmente abarrotado. La multitud aplaudió a rabiar en cuanto nos vio llegar. Enseguida, los saludos y alabanzas sobre mi vestido y mi peinado resonaron en mis oídos. Tuve que contestar a todos y cada uno de ellos con la máxima elegancia y rapidez posible. Mientras tanto, miraba a mi alrededor. No veía a Gil por ninguna parte. Me empecé a preocupar. ¿Se habría acordado de que la fiesta era hoy? Me ocupé personalmente de que le fuera mandada una invitación y no me llegó ninguna carta en la que se excusase por no poder asistir.
"Por último, y aunque esto te resulte bastante raro viniendo de mí, quiero hacerte una confesión…"
Bailé con Rod unas cuantas veces. Hice el honor de cortar el enorme pastel que los cocineros habían preparado para el banquete. Recorrí el salón entero tres veces mientras saludaba a la gente o respondía a sus piropos con otros igual de falsos. Y Gil no estaba. De repente, tuve una corazonada.
"Quiero volver a dejar muy clara la idea de que, desde que te vi en aquel baile, no he dejado de acordarme de ti ni un solo instante. Puede que hiciera mal forzándote, pero… espero que sepas disculpar una tontería de enamorado"
Me excusé ante Rod diciendo que había olvidado mi abanico en la habitación. Subí las escaleras con rapidez.
"Tenía un extraño vacío existencial, algo que ni siquiera las batallas podían llenar. Vivía en un aburrido tedio, hasta que nos conocimos. Desde entonces, tú has llenado ese hueco que creía irreparable…"
De repente, observé una tenue luz que venía desde uno de los pasillos. Risas suaves de mujeres. Cuchicheos. Más risas.
"He conocido a muchas mujeres. Sin embargo, por ninguna he sentido lo que he sentido por ti ahora. Ninguna me ha dado lo que tú me has dado. Ahora no me importan las demás, solo tú. No puedo compararte a ninguna otra, eres la diosa entre todas ellas".
Giré en el pasillo, y lo vi. Un grupo de cinco mujeres con vestidos de fiesta. Sonrojadas, riendo y suspirando, pidiendo ser besadas de nuevo. Y, en el centro, él. Con su sonrisa de zorro, sus sensuales susurros. Sus ojos rojos. Besándolas en los labios y lamiendo sus cuellos por turnos.
Era Gil.
"Siempre voy a quererte. Hasta el fin de mis días. Y eso es otra promesa.
Gilbert Beilschmidt"
- –
CHANCHANCHANCHAAAAAN.
¿Qué os ha parecido este giro totalmente inesperado (?) de la trama? Yo creo que algunas ya os lo imaginabais, ¿no? e_e
Bueno, como curiosidad, el final de este capítulo y el comienzo del siguiente fueron una de las primeras cosas que pensé del fic (junto con el capítulo 2). Sin embargo, ha cambiado radicalmente el planteamiento de las escenas, todo iba a pasar de otra manera. Pero bueno, al final se ha quedado así, y estoy contenta con el cambio.
Bien, pues este es el principio del fin. Entramos en la recta final del fic (que también la tengo ya totalmente pensada). Espero que sea un final a la altura de las circunstancias, no quiero decepcionaros ;w;
Como siempre, muchísimas gracias a todos las que leéis este fic, revieweais, favoriteais y os suscribís, gracias a vosotras este fic sigue adelante tras el enorme parón que sufrió *-* sois lo mejor 3
Y bueno, ojala que esperéis con ansias el siguiente capi~
¡Nus leemos! ^^
