Seguro que, en alguna ocasión, habéis notado como el mundo se derrumba a tu alrededor. El tiempo se paraliza, tus hombros se tensan, hasta la tarea de respirar te resulta trabajosa. Quieres llorar, pero no puedes. Tu mente está demasiado ocupada tratando de procesar (o intentando negar con todas sus fuerzas) la evidencia que se le presenta como para preocuparse de tus lágrimas. Pero, sin duda alguna, nada de esas desagradables sensaciones se podrá comparar al festival del dolor que se vive en tu pecho. Como el corazón, de repente, parece que se ha cansado de cumplir su función y, a cada latido, se encoge, se aprieta y duele. Duele horriblemente, y eso pesa tanto en tu cuerpo como en tu ánimo. Como país, he tenido innumerables heridas. Pero jamás creí que la mayor de todas ellas no sería producto de una guerra.

Capítulo 8: Confesiones.

Tuve que agarrarme con manos temblorosas a la esquina del pasillo mientras trataba de asimilar lo que ocurría. En mi cabeza tan solo revoloteaba el último párrafo de la carta de Gil. Cada fragmento se grababa a fuego en mi corazón, pero no un fuego cálido como había sido antes. Era abrasador, insoportable, quemaba. Quería alejarme de esto. Dolía mucho. No podía. "Para, por favor. Esto es mentira. Tiene que ser mentira…"

De mi garganta solo salió un ruidito ahogado. Débil, pero era suficiente para que el fino oído de Gil lo captase. Me miró. Sus ojos se asemejaban a dos heladas espadas de rojo filo. Con un solo gesto suyo, todas las mujeres se escabulleron entre risitas hacia el salón de baile, dejándonos a los dos solos en la inmensidad del corredor. ¿Desde cuando este se había vuelto tan oscuro y tan ancho?

- ¿Por qué…? – fueron las únicas palabras que tuve fuerza de decir.

Los ojos de Gil cambiaron momentáneamente de expresión. ¿Duda, tristeza, enfado? No tuve oportunidad de fijarme bien, pues en unos segundos volvieron a mostrarse inexpresivos.

- ¿Por qué que? – jamás le había oído un tono así. Era duro y afilado. Como si el Gil al que conocía, un hombre burlón y chulesco, hubiera muerto y un ser inexpresivo usurpase su lugar.

Aunque intenté, en vano, pronunciar frases con cierta coherencia, de nuevo solo pude acompañar mis balbuceos de unos gestos vagos.

- Tú… ellas… estabais…

- Si. Estaba a punto de pasar un buen rato con ellas. Ya sabes que me aburren los bailes.

- Pero… tu carta… nosotros… - poco a poco mi capacidad para hablar de forma coherente volvía a mí- Todo lo que hemos vivido juntos… ¿cómo has sido capaz de hacerme esto…?

Gil puso su mano en su cara y negó la cabeza con incredulidad.

- En serio… No te pongas histérica, Eliza. Los dos sabíamos que esto iba a acabar así.

- No. Esto ni de lejos iba a ser de esta forma. La única manera en la que esto debía acabar era con un futuro juntos…

- A ver, es simple – resopló y agitó su cabeza- Tanto tú como yo, desde el principio, sabíamos muy bien como iba. Es algo sin compromiso. Nunca hice nada para que te enamorases de mí. No estaba en mis planes, ni siquiera se me pasó por la imaginación. Esto solo funciona si ninguna de las dos partes comienza a sentir amor por el otro. Tú amabas a Rod, Eliza. Tendrías que haberte visto cuando te conocí. Con que devoción hablabas de él, cuando le mirabas tus ojos resplandecían, estabas totalmente entregada a él. Así tendrías que haber seguido. Te lo repito, no hice nada para que sintieras eso por mí.

"¿Qué estaba diciendo? ¿Qué le habían hecho a mi Gil? Él nunca habría dicho nada de esto… ¿verdad? ¿Verdad? ¿A que tengo razón? Que alguien me responda, que alguien acalle mis dudas…" mi cabeza daba vueltas… mi cerebro parecía que iba a explotar.

- ¿Te estás oyendo…? T-tu fuiste el que me llamó "princesa"… - todo mi ser temblaba. De dolor, de tristeza. De ira- Tu fuiste… ¡Me dijiste que me raptarías y me llevarías a Prusia! ¡Era la única a la que querías! ¡Era la que había dominado a la "nación indomable"!

Gil murmuró algo así como "Oh, dios mío" y siguió hablando. Esta vez de forma más impaciente y rápida.

- ¿Cómo tengo que hacerte entender esto? ¿Lo prefieres de la manera más clara posible? Bien, pues. Amabas a Rod, pero él no sabía darte lo que querías, fisiológicamente hablando. Demasiado ocupado en sus reuniones, su país, en quedar bien ante los demás para no entrar en más conflictos armados. No podía ocuparse de hacer ese tipo de cosas con una mujer, a pesar de ser la que más quería. También hay que decir que es bastante estrecho, pero no va por ahí la cosa –movió su mano de lado a lado- A lo que iba. Dio la casualidad de que aparecí yo en escena, como podría haber sido cualquier otro. Con tu actitud ya sabía lo que pasaba con tu prometido. Créeme, tengo bastante experiencia con las mujeres como para darme cuenta de ello. Así que… bueno. Solo te di lo que querías. Unas cuantas palabras amables, algo de pasión en la cama. Los dos salíamos ganando: tú estabas contenta y yo pasaba un buen rato. ¿Realmente pensabas que todo lo que decía era en serio? Hay que joderse, eres la primera con la que me pasa esto… -y volvió a resoplar.

Cada una de esas palabras me atravesó el corazón como una estaca. Mis piernas temblaron y mi cuerpo se estremeció, lleno de miles de emociones. Me sentía débil y patética. Cuanto odiaba eso. Desde mi nacimiento. En cada guerra siempre golpeaba la primera, lo me hizo ganar la fama de ser una mujer fuerte y valiente. Y era una buena sensación. Pero ahora… solo me había sentido débil cuando pensaba en Rod, y no era desagradable. Era tan solo notar que tu verdadera felicidad dependía de esa persona.

Por otro lado… oh, dios mío. Rod, mi pobre Rod. Ya desde pequeños era un niño tímido y apocado, que se pensaba mucho las cosas antes de realizarlas y siempre lo planificaba todo. Nada que ver conmigo, una chica impulsiva, nerviosa y que actuaba guiada por mis sentimientos. Seguramente Rod se habría llevado meses pensando en lo que sentía por mi, en como me lo diría. Y era tan vergonzoso que la idea de consumar nuestra unión lo pondría más nervioso aun. Y yo, estúpida de mi, no había podido esperarlo. Me había hastiado tanto su indecisión que había rechazado a la persona que más me quería del mundo y me había entregado al primero que me dio una palabra amable. Maldita sea… si hubiera tenido más paciencia… si le hubiera esperado… ¿Cómo iba a mirarle ahora a la cara? Jamás sería una buena esposa. Había traicionado sus sentimientos, su confianza. Ni siquiera me había dignado a respetar su decisión de esperar a poner en orden sus ideas.

Y lo último que podía pensar, lo que más me dolía, es que me había dado cuenta de que amaba a Gil, más que nunca. Y que todo lo que creía cierto en realidad se trataba de una cruel mentira. Jamás le había importado lo más mínimo. Sus palabras y sus cartas. Todo era falso, ni siquiera tenía un lugar preferente en su corazón, tan solo sería otra mujer que añadir a la lista de sus conquistas. ¿Cómo había estado tan ciega y no me percaté antes?

Aún en estado de shock, no me había dado cuenta de que Gil había recorrido la distancia que nos separaba y estaba justo delante mía. Me cogió la cara entre sus manos.

- Bueno, ya me he sincerado contigo, así que no hay problema, ¿verdad? – su voz quedó en un susurro. Me besó en los labios. Fue todo tan inesperado que no pude evitarlo. Normalmente, sus besos eran algo terapéutico, ya que me calmaban y me cambiaban de humor por completo. Sin embargo, no sirvió está vez. Le empujé con todas mis fuerzas y le separé de mí lo máximo que pude.

- ¡Ni se te ocurra volver a tocarme! – las lágrimas, por fin, salieron de mis ojos. Tal vez porque sabía que era nuestro último beso. Tal vez porque, desde el fondo de mi corazón, había tomado una decisión.

Con paso firme y decidido le di la espalda a Gil (cuya expresión no supe identificar) y eché a correr entre lágrimas hacia mi habitación. La fiesta no tardaría en terminar y, cuando lo hiciera, Rod vendría a preguntarme por qué no había aparecido en ella y que si me encontraba bien. Y, entonces… se lo contaría todo. No iba a esconderle absolutamente nada. Tenía derecho a saber la verdad de lo que había sucedido entre Gil y yo.

- XXX-

- Eliza, ¿estás ahí? – la voz de Rod se escuchó a través de la puerta, donde antes había dado unos suaves toques.

- Si, aquí estoy. Entra, por favor.

Rod no se hizo esperar. Entró, cerró la puerta tras de si y se sentó a mi lado con aire preocupado.

- ¿Qué te ha pasado? No te he visto aparecer en la fiesta. ¿Estás bien? ¿Has enfermado?

- Estoy bien, Rod. Gracias por preocuparte por mi –suspiré- Pero… tengo que contarte algo. Algo muy serio e importante.

Rod no preguntó más y me miró expectante. Me sentía extrañamente tranquila, con la resignación del condenado que camina ante el patíbulo y saborea sus últimos minutos de vida. Y empecé a hablar. Rememoré todo desde el comienzo: la fiesta, el dolor que me había provocado su rechazo, el beso de Gil, como había ido hacia él esperando encontrar cariño, las cartas, mi intención de huir a Prusia… Cada vez mi tono de voz se volvía más neutro y bajo. Hasta que, por fin, terminé con lo que había ocurrido hacía unas horas.

- … tenías que saberlo, Rod. Tenías todo el derecho del mundo. Y, aunque no lo creas, después de este lado mío tan horrible que te acabo de mostrar… lo siento. Lo siento tantísimo… - apreté fuertemente su mano y, por segunda vez en poco tiempo, sollocé por unos instantes.

Rod no dijo absolutamente nada. Estuvo callado durante un buen rato, sosteniendo mi mano débilmente y mirando a un punto inexistente al infinito. Por fin, habló.

- Lo mataré.

Le miré asustada. ¿Cómo podía pensar en enfrentarse a Gil, quien le superaba en habilidades de lucha?

- No digas tonterías. No necesitas vengarte. No fue culpa suya, sino mía. No tienes que limpiar mi honor ni nada parecido…

- ¿Limpiar tu honor? –Rod soltó una risa seca y dura- No hago esto por ti. Lo hago por mí mismo. Por no haber estado a la altura y permitir que un salvaje prusiano como él hiciera lo que ha hecho. Lo único que se encontró en su camino fueron facilidades y no tendría que habérselas mostrado –se quedó pensativo un instante- Aunque claro, debemos presentarlo como que fue él el que atentó contra tu honor, eso es lo que debe pensar el pueblo y las naciones vecinas.

- ¿Por qué? ¿Por qué no luchas con la verdad, con lo que en realidad pasó? ¿Por qué le cargas a él la culpa cuando la responsabilidad era mía?

- Porque no quiero pasar ante los anales de la Historia como el cornudo idiota que era tan feliz mientras su prometida hacía lo que no debía con otro.

Si lo de Gil me afectó, con aquella dura frase me remataron. Por supuesto, no había esperado un trato amable de su parte, pero ver a un Rod tan frío y soltando tan duras verdades sin hacer uso de la diplomacia era algo que jamás pensé que presenciaría, algo para lo que no estaba preparada. Es más, pensaba que cancelaría nuestro compromiso y rompería las relaciones existentes entre nuestros países. Sin embargo, si de verdad quería seguir adelante con nuestro matrimonio… Rod, maldita sea… ¿por qué, a pesar de todo, eres tan bueno como para soportar tener a una mujer que te fue infiel a tu lado?

Rod me soltó la mano, se levantó y puso la mano en el pomo de la puerta. Antes de abrirla y marcharse, se giró hacia mí.

- Más vale que vayas preparando a tu ejército. A partir de hoy estamos en guerra con Prusia.

- XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX XXXXXXXXXXXXXXXXXXX-

*inserte sonidito de Dramatic Gopher*

¿Qué os parecido? ¿Pensasteis en que Gil haría lo que ha hecho? ¿Las palabras de Rod os han traumado? ¿Os lo esperabais? Yo diría que si a la última pregunta xDD

Bueno, bueno, bueno, me alegra estar por estos lares de nuevo *3*. No se por qué, pero de repente me ha venido como una ultra-mega-hiper-subida de inspiración, ¡y tenía que aprovecharla de algún modo! Así que, por fin, tenéis publicado el capítulo 8~~

Tengo algunas curiosidades que contar sobre este capi. Si os acordáis, en el capi 7 mencioné que todo esto fue de lo primero que escribí del fic. Bien, pues hace no mucho encontré unos garabatos míos en una hoja de papel donde estaba más o menos el boceto de lo que iba a ser la conversación entre Eliza y Gil después de que ella le hubiera pillado in fraganti. Hay bastantes diferencias entre la primera idea y el resultado que ahora leéis. Por ejemplo, Eliza, más que dolida y sin habla, se mostraba muy enfadada, de tal manera que prácticamente en todas sus intervenciones gritaba. Gil hablaba menos que ahora, su discurso era más conciso, directo y presumía de haber "logrado encender la pasión" (textualmente) de Eliza. Por último, era Eliza quien tenía la idea de declararle la guerra a Prusia, ya que quería ver a Gil "llorando y suplicando su perdón" (sic). Personalmente me gusta más esta versión que la otra .w.

Ya queda muuucho menos para el desenlace, nooooo *llora*. La verdad es que cuando acabe esto me voy a sentir vacía ;_;. Lo único positivo que le veo es que disfrutaré muchísimo escribiendo el siguiente capítulo, jujuju ewe

Btw, como ya dije, me ha venido una ola de inspiración. La he usado no solo para escribir este capi, sino también para un one-shot yaoi de SinbadxJa'far (Magi), por si estáis siguiendo el anime o el manga y queréis echarle un vistazo ^w^ (al menos con ese no tendréis que esperar hasta el siguiente capítulo xD). Bueno, eso, que lo tenéis en mi perfil disponible para leerlo x3. También renové mi perfil, y he puesto otros sitios por donde me suelo mover en Internet (mi tumbar, mi dA…), por si os aburrís y queréis cotillear (?).

Por último, como siempre, muchísimas gracias a todos por seguir mis historias, favoritear y comentarlas *^* si no contesto a los reviews es porque cuando los veo ya ha pasado mucho tiempo desde que se publicaron y me da vergüenza responder ;_; (si, siempre digo lo mismo, pero es verdad…).

Por mi parte, nada más que añadir. Espero veros muy prontito en el capítulo 8 x333

¡Nos leemos~!

P.D: ¿Estáis viendo la nueva temporada de Hetalia? ¿Qué os parece? A mí me encanta el nuevo estilo de dibujo *3*