A/N Capítulo muy fuerte. Grell X Sebastian
LA VIOLACIÓN DE GRELL
UNOS DÍAS MÁS TARDE
– Pase, señorito –dijo Sebastian, abriendo la puerta de la funeraria.
– ¡Ah, joven conde Phantomhive! –saludó el dueño de la tienda, con aquella característica forma suya de arrastrar las palabras, apareciendo de la nada demasiado cerca de un sobresaltado Ciel. – ¿Ha decidido venir por fin a por uno de mis ataúdes a medida?
Ciel resopló.
– He venido por…
– Por información, ya sé, ya sé –le interrumpió con un cierto cambio en el tono de voz. –Por favor, sentaos… por ahí –añadió, haciendo un gesto vago en dirección a su escritorio. –Ahora mismo vuelvo–y desapareció con una de sus sonrisas torcidas.
"¿No ha empezado a pedir cosas raras? Humm… debe estar tramando algo…" pensó Ciel, pero se encaminó hacia el buró de todos modos. Mientras se movían entre los ataúdes, él y Sebastian oyeron un extraño ruido, como un "cling cling", una especie de tintineo… y entonces Grell Sutcliff, Diosa de la Muerte, salió de la oscuridad… arrastrándose a cuatro patas y atada a una cadena de acero plateado de tres metros que estaba enganchada a un collar de cuero negro que lucía alrededor de su esbelto cuello.
Con todo y con eso, aquello no era lo más sorprendente. Llevaba los ojos pintados de negro, los labios manchados de un rojo corrido y brillante, los botines habituales habían sido reemplazados por unos de un escarlata llameante (y con un tacón el doble de alto), llevaba mitones de encaje de seda negros en vez de sus guantes de shinigami, en lugar de su chaleco marrón grisáceo de siempre llevaba un de color rubí, su camisa blanca ahora era negra, el collar que llevaba tenía un cascabel y una enorme hebilla de plata en un lado, el cabello que siempre llevaba suelto estaba recogido en la nuca con un gran lazo de seda negra…
¡Y llevaba dos orejas negras de gato!
– ¿Miau? –sonrió, haciendo un gesto con la mano derecha como si fuera una patita. –Hola, chicos…
– ¡¿P-p-pero qué…?! –intentó preguntar un asombrado Ciel.
– ¿Qué me ha pasado? Bueno, he encontrado un amo, nyah –la enorme sonrisa de Grell se hizo más grande al señalar a Undertaker, quien de repente estaba de vuelta.
– Hola, gatita* -dijo el hombre, acariciándole el pelo a Grell, mientras ella ronroneaba de satisfacción.
La encantada pelirroja se dio la vuelta y se incorporó para besar a su amo en los labios, y Ciel y Sebastian vieron una abertura en la parte de atrás de los pantalones, de donde salía una cola negra a juego con sus orejas.
– Do… ¿dónde acaba esa cosa? –respiró Ciel, pensando en voz alta y hablándose, en realidad, sólo a sí mismo, olvidando lo agudo que es el oído de un shinigami.
– ¿Mi encantadora segunda cola? –preguntó Grell meneando el culo y restregándose contra su amo. –Vaya, vaya, pequeño, ¡qué curioso eres a tan temprana edad! La cola acaba… –se acercó peligrosamente a la cara de Ciel sólo para susurrar: -dentro –y guiñó un ojo.
– ¡¿Dentro de dónde?! –gritó Ciel, deshaciéndose de la precaución.
– Dentro de mí –afirmó Grell, con una afilada mueca creciendo en sus labios –por medio de una cadena de nueve bolas chinas Ben Wa del tamaño de un huevo de gallina que están conectadas unas con otras con cadenitas cortas e insertadas en mi estrechísimo culito –ronroneó, volviendo a menear el culo, y recibiendo un azote de Undertaker.
– Sí que es estrecho, ¡y lo difícil que fue romperlo! –le susurró él a Grell al oído (lo bastante alto para que lo oyera todo el mundo), haciendo que se sonrojara, y también se puso rojo Ciel, mientras que la cara de Sebastian se arrugaba de asco.
– ¿R-ro-romperlo? –preguntó Ciel, con los ojos desorbitados, cada vez más confundido.
– Sí, joven lord, entrar. –afirmó Undertaker, con los ojos clavados en Sebastian y una calma deliberada. –Meterle lo mío en su pequeño, deseoso y sucio* agujerito.
Sebastian hizo crujir sus nudillos.
– ¿Cómo es eso posible? –gritó Ciel, horrorizado.
– ¡No sólo es posible, es reaaaalmente placentero! –aplaudió Grell. – ¡Pero llevar esta cosa sí que es una tortura!
– D-debe de doler tanto… no me lo puedo imaginar –tartamudeó Ciel, con los ojos desorbitados de espanto.
– Sí, sí, la polla me duele, ay, dios, duele mucho, porque llevo un anillo, mira –dijo, haciendo evidente un bulto en sus pantalones. Estaba definitivamente muy cambiada.
– ¿Tienes un pollo* ahí? –gritó Ciel, infinitamente confuso.
– ¿Eh? –Grell hizo una mueca – ¿Así que Sebastian realmente no te ha enseñado nada?
– ¿Enseñarme qué? –casi aulló Ciel.
– A-a-amooo… –ronroneó Grell, mirándole –me debes ese beso especial, ¡has perdido nuestra apue-e-e-e-sta!
– No importa –dijo Undertaker con una de sus siniestras sonrisas. –Me gusta hacerlo de todos modos, y es culpa mía por pensar que Sebby le pondría la mano encima a un simple humano, si no fuera absolutamente necesario…
– Grell y Ciel se quedaron mirándose, y una palabra colgó en el aire entre ellos: "monja"*.
De todos modos, dejaré que sea Michaelis quien te lo explique. No es cosa mía; yo soy uke –se rió, separando todas las letras de la última palabra como si fueran palabras independientes.
– ¿Eres qué?
– Pregúntale a Michaelis –insistió Grell con una sonrisita malvada. Y de repente, Ciel se dio cuenta de algo muy extraño. El okama no estaba flirteando con Sebastian en absoluto; incluso era distante, llamándole primero por su nombre y después por su apellido. ¿Qué había pasado con su constante (y muy molesto) Sebas-chan?
La pelirroja parecía completamente absorbida por su nuevo amo Undertaker.
Cuando Under les hubo dicho lo que necesitaran saber, y consiguieron salir de la tienda, oyeron un ruido como si todo lo que había sobre una mesa hubiera sido barrido hasta el suelo, y un fuerte golpe que era probablemente el cuerpo de Grell siendo empujado sobre la mencionada mesa, y también oyeron al okama gritar:
– ¡Oh, Amo! Unnhh… ¡Amo, es demasiado grande, es tan enorme! ¡Más que ninguna que haya visto, y se siente tan bien… incluso más grande que la del demonio-gato!
Ciel miraba hacia delante y no lo vio, pero los ojos de Sebastian se habían vuelto peligrosamente rojos…
MÁS TARDE, CASI A MEDIANOCHE
- ¡Maldita suerte! ¿Cómo, cómo he perdido el rastro de mi amo? Unh… pero caminar con esto dentro de mí… y este anillo, uh, cómo me duele, casi no puedo estar de pie… ¿Cómo voy a encontrar a mi amo ahora? –lloriqueó y maldijo Grell, perfectamente perdida debido a su paso ralentizado. –Mejor me paro un ratito y recupero el aliento. Eh, ¿éste no es el callejón donde…?
¡BUM!
Con un fuerte golpe, Sebastian aterrizó justo en frente de una sobresaltada Grell, con los ojos rojos, los colmillos afilados y un gesto furioso en el rostro.
– Tú –y señaló con un dedo a la pobre pelirroja – ¿qué crees que estás haciendo? Pretendiendo humillarme a mí y al señorito, confundiéndole… ¡y no deberías hablar de cosas de las que no sabes!
– ¿Qué...? –intentó preguntar Grell, pero sin resultado, pues Sebastian agarró un mechón de pelo rojo y tiró con fuerza, arrojándola a cuatro patas sobre los fríos adoquines.
Siempre deberías asegurarte, okama –dijo el demonio a través de los dientes apretados, agarrando todo el pelo que le cabía en el puño y obligándola a acercarse. A Grell se le desorbitaron los ojos hasta extremos cómicos e imposibles mientras Sebastian se desabrochaba los cierres con una mano y le ponía su enorme e increíble miembro delante de la cara.
- Cristo bendito –murmuró Grell, y Sebastian sonrió satisfecho. –Es enorme, Sebastian…
De pronto, una idea cogió forma en la mente de Grell. Sebastian se la estaba enseñando porque se las había apañado para irritarle, ¿verdad? Entonces, quizá… si lo irritaba aún más…
– Pero… la de mi amo sigue siendo la más grande que he visto… –se arriesgó Grell. –Está oscuro, Sebastian… no puedo decírtelo a ciencia cierta…
Los ojos de Sebastian brillaron más rojos.
– Voy a castigar esa boca mentirosa tuya, puta –afirmó el mayordomo, y tiró de Grell hacia delante, follándole la boca abierta.
La pelirroja se empujó hasta la misma base, abriendo la garganta y dando las gracias a todos los dioses que conocía por no necesitar respirar. El falo se hizo más grande, forzando las comisuras de sus labios a desgarrarse, pero Grell no podía contenerse, no después de todo lo que había esperado algo como aquello, y se volvió a tragar su propia sangre, y siguió chupando, acompañando el movimiento con su cuerpo, balanceándolo hacia atrás y hacia adelante.
La destreza de Grell pronto hizo que Sebastian llegase a su límite y se corriera de improviso y con fuerza en su boca. La shinigami de cabello rojo lo hizo lo mejor que pudo para que no se derramase ni una sola gota de lo que había deseado tanto.
Sebastian soltó la melena de Grell y ella cayó sobre sus manos (pues ya estaba de rodillas), con la boca goteando saliva y sangre sobre el pavimento.
– Tendría que haberme asegurado, Sebas-chan –susurró la shinigami, con los ojos fijos en el charquito que se estaba formando bajo su cara. –Pero sigo pensando que la de Undertaker-sama es más grande.
– ¿Qué? –preguntó Sebastian, con la ira a duras penas contenida latiéndole en la voz.
– Él tiene más cuidado, así que no sé, Sebas-chan, nunca me ha desgarrado los labios, pero creo que ese exceso de potencia tuyo es sólo sobrecompensación…
La voz de Grell sonaba pastosa a través de su garganta ensangrentada y magullada. Sabía que estaba llevando al demonio demasiado lejos, pero era su única oportunidad de obtener lo que tanto deseaba, y, de todas formas, se había acostado con Undertaker y se la había chupado a Sebastian; como si tenía que morir bajo su propia Guadaña ahora mismo.
Con los ojos clavados en los adoquines, no lo pudo ver venir. Su adorada chaqueta le fue arrancada de los hombros y arrojada lejos; su camisa, desgarrada por la mitad, resbaló de sus hombros hasta el suelo. Aun así, no se movió, asustada.
Entonces, llegó el dolor. D-O-L-O-R en letras mayúsculas, dolor que la golpeaba rojo y relampagueaba blanco tras sus párpados.
La estaban flagelando.
Se retorció justo lo suficiente para ver a Sebastian magníficamente plantado, de una forma que la excitó más de lo que pueden expresar las palabras, con un látigo de cuero negro de dos colas en la mano derecha, y entonces su zapato aterrizó en la mejilla de Grell, para que tuviera que quedarse a cuatro patas de cara al suelo.
Las gotas color rubí volaron relucientes, salpicando cada vez que el látigo descendía sobre la espalda de Grell. Sí, le habían pegado antes, le habían dado auténticas palizas, e incluso la habían azotado con una fusta, pero no así, nunca la habían desollado de esta manera, tan horriblemente, y lo peor era…
Que le gustaba.
Incluso aunque era tan terrible que no podía hablar, incluso aunque se le desgarraba la garganta de gritar, sangrando, y se asfixiaba con su propio aliento fingido, incluso aunque las rodillas y los brazos le temblaban y se le estremecían, incluso aunque estaba a punto de desmayarse, de colapsarse, de romperse por completo, lo disfrutaba profundamente, con la polla increíblemente dura, frotándose contra su forro de seda, goteando (no llevaba ropa interior, Undertaker la consideraba una "molestia")
Sebastian volvió a agarrar a Grell del pelo, y le tiró de él hasta ponerla de pie, acercando su cara a la de la shinigami. Grell luchó por respirar, mirando aterrorizada los ojos rojos y serpentinos del demonio, y él abofeteó al okama de tal manera que la hizo girar la cabeza y toser sangre. Simplemente eso, ese único gesto, fue más humillante que cualquier otro golpe que Sebastian le hubiera dado, incluso los latigazos, incluso la forma en la que había abusado de ella. Grell se clavó los dientes en los labios hasta casi arrancárselos, para contener las lágrimas, porque algo dentro de ella le decía que no podía dejar que Sebastian la viese llorar.
Le dio otra bofetada. "Mayordomo" pensó Grell. "Yo soy una Diosa de la Muerte, y él es un sirviente. ¡No importa cuánto le desee, esa es la última humillación que no estoy dispuesta a soportar! Y además… él quiere romperme… ¡si lloro pensará que lo ha conseguido y se irá!" Grell se mordió el labio con más fuerza, y siguió con la mirada apartada de él, en el suelo, hacia donde la cara le había girado. Le corría sangre por la barbilla; ya no sabía de dónde le salía.
La tercera bofetada fue tan salvaje que la tiró al suelo, a pesar de que Sebastian aún la estaba sujetando por el pelo. La levantó y la empotró contra la pared; la piedra fría le hizo un corte en el pómulo, sangre caliente le corrió por la mejilla, y la abertura de la parte de atrás de sus pantalones fue forzada a abrirse y desgarrada. Esperaba sentir la cola siendo sacada, las bolas rodando deliciosamente y preparándola, pero sólo sintió algo que se empujaba contra su umbral.
– ¡E-espera! ¡Has olvidado quitarme la cola!
Sebastian le echó la cabeza hacia atrás para que pudiera mirarle directamente aunque estaba justo detrás.
- Bueno, creo que debería al menos igualar a tu amo, ¿no? De otra forma, una ramera como tú ni siquiera me notará… Y eres un gato después de todo, ¿cómo iba a mutilar a uno de mis queridos mininos, cómo iba a arrancarte tu preciosa cola? Además, ya que sigues insistiendo en lo mucho más grande que la tiene tu amo, esto se sentirá como mínimo igual de bien, ¿estoy en lo cierto? Aquí… ¡tienes tu castigo!
– ¿C-casti…? ¡UUUAAAAAAGHHHH!
Grell no pudo acabar la pregunta, no pudo hablar, no pudo hacer nada sino gritar, gritar interminablemente, crispando las manos aferradas a la pared de piedra, deshaciéndosele la voz en un alarido inhumano mientras Sebastian se forzaba a entrar en ella junto con la cadena de bolas, destrozando a Grell. Vio destellos de luz blancos y cegadores tras sus párpados cerrados mientras la polla de Sebastian la penetraba hasta el final en empujones terriblemente doloros os.
Pero Sebastian había supuesto, y supuesto bien, que el dolor, para alguien como Grell, también era placer. El okama se acostumbró en seguida, y fue capaz de apoyarse en la sensación, en Sebastian entrando y saliendo de su pequeña y estrecha abertura, haciendo que las bolas rodaran dentro de ella, empapado y chorreándole dentro por lo que le estaba haciendo. La pelirroja gimió, se abandonó en los fuertes brazos de Sebastian, puso los ojos en blanco ante aquella polla que era su última fantasía – ¡Sebastian estaba allí, y la deseaba, y estaba siendo poseída por él! ¡Todo con lo que ella se había atrevido a soñar era con un beso!
El cuerpo de Sebastian empujando contra el suyo, sus brazos sosteniéndola, su miembro dentro de ella, moviéndose adelante y atrás, las bolas rodando contra sus estrechísimas paredes… la abrumaba… El mayordomo demonio retorció los pezones hipersensibles de Grell (incluso más sensibles que los de una chica) brutalmente, hasta que se le pusieron morados, y Grell bufó de dolor y de increíble placer, y se apretó incluso más en torno al miembro de Sebastian, y aquel hombre que era como un cuervo le clavó las uñas en la tierna carne del pecho hasta que sintió sangre corriéndole entre los dedos. La espalda de Grell se arqueó, bajó las caderas, tan apretada ahora por el placer como si fuera virgen, o quizá más.
– Quién… lo… hubiera… dicho –jadeó Sebastian en el oído de Grell, excitándola más todavía si es que eso era posible. –Incluso aunque seas un… asqueroso… pervertido… tu sucio… coño… de putita… se siente muy bien… se me había… olvidado… ¡lo estrecho que podía llegar a ser!
Se empujó dentro por completo, y Grell chilló, los labios abiertos y salivando de placer extremo, que le hubiera provocado un ataque al corazón si su corazón hubiera podido detenerse. Además… ¿¡coño!? ¡Sebastian había dicho que tenía coño, lo que era tanto como decir que era una mujer! Grell deseó haberle podido pedir que se corriera, pero estaba demasiado abrumada para hablar; todo lo que podía hacer era gimotear incongruencias y jadear. De pronto, Sebastian le mordió el punto más sensible del cuello, y Grell se estrechó hasta un límite que nadie hubiera creído posible, al tiempo que la sangre llenaba la boca de Sebastian. La sensación fue demasiado hasta para el demonio, que se corrió salvajemente en un último empujón, a la vez que Grell tenía un orgasmo al sentir que Sebastian se derramaba dentro de su cuerpo, gritando su nombre.
El demonio la soltó y la pobre Grell se deslizó hasta el suelo, hasta quedar de rodillas.
Ya que no has podido darme una respuesta concreta, volveré a plantear la pregunta… –le soltó a Grell, clavándole su arrogante mirada, recolocándose la ropa de un solo gesto cortante y seco –cuando menos te lo esperes, -añadió, y de un solo salto abandonó el callejón por los tejados de la ciudad.
– Se ha ido –susurró Grell, y cayó hacia atrás.
No importa lo agudos que sean los sentidos de un shinigami, siempre dejan escapar algo. Por ejemplo, Grell no había advertido a su amo, que había estado escondido en las sombras todo el tiempo, masturbándose, y ahora sonreía con perversidad por cuán perfectamente estaba saliendo su plan y lo bien que le estaba quitando el aburrimiento.
Otra cosa de la que no se había dado cuenta eran un par de ojos clavados en ella, cuyo dueño estaba sobre un tejado cercano, y miraban a Grell con fijeza e ira contenida, rabiosos. Furiosos no sólo con el shinigami por haber caído tan bajo como para acostarse con un demonio, sino también consigo mismo, terriblemente enfurecido y angustiado, porque eso le había encendido. Esos ojos resplandecientes eran de color verde esmeralda, con un círculo de color lima, amarillo verdoso, en torno al iris.
Aun así, siempre dejan escapar algo. Y éstos, tan agudos como eran, no alcanzaron a ver una única, hirviente lágrima que, finalmente libre, se deslizaba por la mejilla ensangrentada de Grell.
Continuará…
A/N
El primer asterisco corresponde a un chiste que he traducido como he podido al respecto de la inexperiencia sexual de Ciel, porque una de las palabras inglesas para "gallo" también quiere decir "polla". El segundo asterisco es un spoiler para quienes no hayan visto el episodio 17 de la primera temporada.
Quien no sepa lo que son las bolas chinas Ben Wa, esta imagen os lo puede aclarar: system/cache/sarahs-secret-ben-wa-balls_cms_site_products_images_8744-1-311849_800_800_
Sólo que en vez de dos, la cadena de Grell tiene nueve. Me inspiró este cómic: /_images/cc1db5431ba3b5400f4de7bb5eeb 184b/33103%20-%20anal_beads%20animal_ears%20bunny_ears%20butt_plug%20butt_plug_tail%20highres%20saliva%20shota%20socks%20tail%
R&R!
