Grelliam. Brutal, tanto psíquica como físicamente. Para entender lo que Grell dice, hay que haber visto la OVA "La Historia de Will el Shinigami".

LA PUTA QUE TODOS PUEDEN COMPARTIR

Grell Sutcliff iba de puntillas por el pasillo hacia su despacho, pero, a pesar de lo silenciosa que intentaba ser, el sonido familiar de sus zapatos de tacón alto fue claramente oído precisamente por el único al que quería evitar.

William T. Spears esperó a ver entrar a la pelirroja (que llegaba tres horas tarde) a su oficina, pero en lugar de eso oyó cómo seguía andando.

Grell nunca, jamás se iba directamente a su propio despacho. Ni siquiera cuando llegaba así de tarde. Nunca desaprovechaba la oportunidad de molestar a Will cuando estaba solo. El supervisor aguardó hasta oír la puerta de Grell cerrándose, y se puso en pie.

Golpeó la puerta del okama dos veces, de una forma que sabía a ciencia cierta que Grell reconocería.

– ¡E–estoy ocupada! –llegó de dentro, alterada, la falsa voz aguda de Grell–. ¡Tengo mucho papeleo pendiente! ¡No voy a salir en todo el día!

Y un fuerte golpe puso fin a esa frase.

¿¡Papeleo pendiente!? ¿Ella, a la que había que encadenarla a la mesa para conseguir que firmase dos recibos? ¿Qué estaba escondiendo? Will no dudó; giró la manilla y entró.

Nada en este mundo o en cualquier otro podría haberle preparado para lo que iba a ver.

Había una mujer en el despacho de Grell, sin duda una puta; en el sentido exacto de la palabra, puesto que ya estaba crecida (y bien crecida) pero su vestido no podía haberse hecho para nadie mayor de doce años*, ya que su falda con vuelo no le llegaba ni a las rodillas. Era un vestido de niña, a pesar de estar hecho de terciopelo negro; tenía ribetes de encaje blanco en la falda y en las mangas de farol, un gran lazo rojo en el pecho y cuello blanco de bebé. Ella llevaba el pelo recogido en una coleta de caballo muy alta, adornada con un lazo de seda negra.

El rostro de la mujer tenía los rasgos afilados, pálidos y hermosos, con unos labios finos pintados de rojo, y era con mucho demasiado alta para una mujer normal, incluso si no hubiera llevado esas botas de cordones hasta la rodilla con tacones de casi veinte centímetros. Aun así, lo más llamativo de ella eran sus ojos, grandes, almendrados, con espesas pestañas muy largas color bronce rojizo, e iris verdes con un círculo amarillo alrededor.

Ojos de shinigami.

Pero no podía serlo, ¿verdad?, porque los shinigami no tienen orejas de gato, ni cola, y ella tenía, y no llevaba gafas.

Y, oh, ¿¡podía alguien explicarle qué estaba haciendo a cuatro patas en la alfombra!?

La mujer de cabello rojo fijó sus ojos medio ciegos y parpadeó dos veces. Su mano derecha estaba a punto de recoger del suelo un par de gafas… gafas rojas… con cadenitas de perlas… y en cada cadena había insertada una pequeña calavera de plata…

Los ojos de aquella persona se estrecharon y distinguieron el rostro de William. Se le dilataron las pupilas de terror.

– No –susurró, llena de pronto de desesperación–. ¡No, Wiru, no!

Algo, muy dentro de William, se rompió. Se dio la vuelta muy despacio y echó la llave a la puerta. Entonces volvió a girarse, tomando aliento profundamente.

– Okama –musitó–. ¡O–okama! –chilló, explotando, y le dio una patada a Grell en la cara, haciendo que se derrumbase sobre el suelo–. Tú… asqueroso, repugnante monstruo… tú… engendro…

– ¿Te has quedado sin palabras? –preguntó Grell, desde el suelo–. Pregúntale a Sebastian más insultos, es muy bueno en eso…

El nombre del demonio pareció estremecer a William hasta los cimientos del alma. Puso el pie sobre el pecho de Grell y apretó.

– He sido, con mucho, demasiado indulgente contigo… dejándote venir aquí con esa ropa* tuya… –hablaba despacio, con la voz llena de desdén–. Pero ¿ESTO? ¿Te has vuelto loco? ¡Eres un hombre, por el amor de Dios!

– No lo soy –susurró Grell, con la cara vuelta hacia el suelo–. No lo soy. Soy una propiedad. Soy una gata en celo. Soy una mascota. Soy un juguete. Puedes llamarme todo eso. Puedes llamarme puta, Will, ramera, perra, y tendrás razón, porque, aceptémoslo, nunca seré una mujer por completo, no importa cuánto sufra. Pero, por favor, no me llames hombre, porque me he permitido ser todo eso, me he convertido en ello, lo he consentido y aceptado, porque me hacía estar más cerca de ser una mujer, a pesar de la clase de mujer que me hacía parecer. E incluso si tienes razón sobre mi cuerpo, no soy un hombre. ¿Dejaría un hombre –Grell se puso en pie, lentamente, con calma, respirando trabajosamente, se volvió a poner las gafas y desató el lazo de la pechera del vestido, que se deslizó de sus hombros y cayó al suelo– que le hicieran esto?

William se apartó bruscamente del cuerpo mutilado de Grell. Su torso inferior estaba comprimido en un underbust metálico que le daba una forma más femenina. Llevaba un suspensorio compresor, que resultaba doloroso sólo de mirarlo. Su pecho estaba cubierto de arañazos, heridas, y marcas amoratadas de mordiscos, especialmente alrededor de los pezones. Grell desabotonó los puños de camisa separados que llevaba como pulseras y éstos cayeron sobre el vestido, mostrando las profundas magulladuras de sus muñecas, marcas indudables de haber estado fuertemente maniatada o incluso encadenada. Se retiró el maquillaje de las mejillas y de la boca con los dedos para mostrar el profundo corte de su mejilla, los hematomas de su cara y sus labios desgarrados. Entonces, se dio la vuelta, permitiendo a Will ver las marcas de latigazos en su espalda descarnada. El shinigami de cabello negro se apartó aún más, horrorizado, al ver dónde acababa la cola de Grell, así como los moratones con forma de fusta que se ennegrecían sobre sus nalgas. Por un instante, casi sintió lástima.

– ¿Quién te ha hecho eso? –preguntó, resistiéndose a la tentación de hundirle los dedos en las heridas abiertas.

Grell se giró para sonreírle.

– Mi querido Sebas-chan lo hizo casi todo. Me poseyó, me forzó, porque me deseaba –dijo, con una dulce sonrisa, y la cabeza en la nube que había construido para ser capaz de soportar todo el dolor y la pena que llevaba dentro sin volverse loca.

William frunció el ceño.

– Babeas, y la tienes dura –escupió, cada vez más enfadado–. Me repugnas.

Los ojos le relampaguearon de deseo y de rabia al recordar la escena que se había visto forzado a presenciar.

– Llevo una cadena y un anillo, ¿cómo quieres que esté? Además… siempre estoy excitada cuando estoy contigo. –añadió, acercándose coqueta.

– Aparta –le increpó Will, con el gesto torcido de asco–. A mí no se me provoca tan fácilmente como a un demonio. ¿Realmente crees que caería tan bajo como para tocar algo en lo que el sepulturero y Michaelis han puesto las manos?

– ¡Si lo hubieras hecho tú primero, no habrían podido! –le espetó Grell–. ¡Sé lo que está pasando! ¿Te crees que no? ¿Creías que te esperaría para siempre? ¡Por eso viniste a sermonearme precisamente cuando estaba peleándome con Sebastian!* ¡No tienes derecho a tratarme como lo haces, –los ojos se le llenaron de lágrimas que ya no podía retener– a empujarme por ahí como a una puta barata! ¡A pretender que te espere, cuando llevo esperando cien años!

– ¿Esperando? –a Will le tembló una ceja.

– Tus golpes y tus patadas y tu forma de humillarme me convirtieron en la muñeca esclava que soy –susurró Grell, ya con las lágrimas corriéndole por las mejillas–. Y no puedes decirme que no me he arrojado sobre ti exactamente como sobre Sebas-chan

– Y sobre cualquier otro hombre que hubiese cerca –bufó Will, con una vena palpitándole en la frente.

Grell se quedó muy, muy quieta, mientras una revelación que parecía imposible la iluminaba.

– ¿Estás celoso, Will? –preguntó, en un tono peligrosamente cercano al suyo habitual, sensual y melodramático.

– Por supuesto que no –saltó él, palideciendo–. Simplemente no me gusta tener a semejante furcia trabajando en mi división. Una puta que todos pueden compartir, que se entrega a todo el mundo, de quien todos pueden tener su parte. ¡Incluso Undertaker! ¿Sabes siquiera lo que es ese…"hombre"?

– Pues claro que lo sé. Y también sé que estás furioso, y no sólo por la política moral de tu sección –se burló Grell.

Will tembló de rabia y se dirigió despacio hacia la pelirroja, hasta que su aliento tocó la pálida piel, amenazante.

– No vas a reconocerlo nunca, ¿verdad? –preguntó Grell, dando ella misma otro paso adelante–. Por una vez –susurró al oído de Will– déjate llevar. Simplemente coge lo que quieres, cógelo sin importar lo que haya entre ello y tú. Usa tu fuerza, incluso –añadió–. Por ocasiones pasadas sé que la tienes –sonrió por los recuerdos–. Venga. Venga. Cógelo. No seas tan orgulloso. Tú… tan arrogante, tan mojigato, tan testarudo… Cógelo. Ten tu parte.

William respondió violentamente a semejante provocación. Se tiró hacia delante y besó a Grell, bueno, si es que a eso se le podía llamar un beso; simplemente le forzó la lengua dentro de la boca a la pelirroja mientras le mordía salvajemente los labios y la lengua, hasta que sintió el sabor de la sangre ajena, y se deleitó con él, chupando y tragando, encantado, sujetando la nuca de Grell con una mano como una tenaza de acero para acercarla con brutalidad. Grell ni siquiera se molestó en resistirse, llegados a ese punto, ni se movió; simplemente iba a dejar que Will la usase como quisiera, porque para eso estaba ella allí.

Will finalmente le hundió los dedos en las heridas abiertas, encontrando muy placentero alcanzar a donde nadie había llegado, y forzó la piel a desgarrarse de nuevo, más profundamente, mientras Grell, que ya no respiraba, sangraba contra sus labios y ahora también sobre sus manos. Spears sintió cómo el cuerpo se le calentaba al excitarse; era una sensación muy extraña, pero tan buena que incluso abrazó a Grell, y entonces, de repente-

Grell aterrizó en el suelo, hacienda un fuerte ruido al ser arrojada contra él. Intentó mirar a Will con ojos heridos, pero sin conseguirlo, pues Will le aplastó el tacón contra la nuca y le aguantó la cara pegada a la tarima. Y entonces, un repentino, inesperado y brutal dolor la sacudió, demasiado grande para saber siquiera de dónde venía hasta que vio la cola lanzada ante ella, con fragmentos de piel desgarrada y cicatricial pegados. Goteaba sangre, y ella sintió que su culo también. No hubo transición entre ese dolor y el dolor de otra cosa penetrándola.

Grell deslizó una mano dentro del suspensorio y se quitó el anillo, porque sabía que Will no se molestaría en hacerlo. Ni siquiera se tocó, sin embargo; simplemente se concentró en la sensación de que Will, su Will, se la estaba follando, la estaba poseyendo, incluso aunque eso la desgarrase por dentro en más de un sentido.

Will fue utilitario y rápido. No gimió ni gritó, ni mucho menos dijo el nombre de Grell. Sí que respiraba trabajosamente, y jadeó con fuerza cuando se corrió, de golpe, sin decir una palabra, y entonces cayó con todo su peso sobre el cuerpo de Grell, haciéndolos aterrizar a ambos en el suelo. Grell se había corrido sin que él se diera cuenta, al sentirle derramándose dentro de ella.

Cuando su "respiración" volvió a la normalidad, Will se puso en pie, y Grell se dio la vuelta para yacer sobre su espalda, con un espeso charco de esperma y sangre formándose entre sus piernas abiertas. Aún no se podía creer lo que había pasado. Observó cómo Will se arreglaba la ropa con gestos rápidos y secos, evitando mirar directamente a la pelirroja.

– Obviamente, esto no se puede repetir –afirmó Will, y Grell no supo si se refería a llegar tarde (como siempre le decía), vestirse de mujer o tener sexo con él–. Y ciertamente espero no verte por aquí en una temporada.

Y con eso se dio la vuelta y se fue, cerrando de un portazo. Grell se hizo una bola en el suelo y comenzó a sollozar desesperadamente, preguntándose cómo algo que se había sentido tan bien durante un rato podía sentirse tan mal ahora.

Continuará…

Esto es un cuello de bebé images?q=tbn:ANd9GcTW9xetpaW9MjbOJAMMTx8k X71a9Mff_eEDXMkLO7nvft8lyzZqcg

esto es un underbust . ?v=1188515932000

y esto son mangas de farol . .

*Lo de la falda marcada con un asterisco es para explicar que el hecho de que se la considere demasiado corta o de puta; en la época, nadie mayor de doce años podía llevar faldas cortas, y aun así no eran tan cortas como para que se vieran las rodillas; de ahí la reacción de Will.

*Esa ropa tuya: se refiere al abrigo de mujer de Madame Red.

*Peleándome con Sebastian: se refiere al momento en que descubren que ella es Jack el destripador y Sebastian está a punto de matarla, cuando aparece Will.

R&R

PD: parece que no salen los links, así que si alguien tiene una duda, que me ponga una re o me mande un mensaje y le mando los links por PM.