¡Subete no kon'nichiwa!
Lo sé… creo que quieren descuartizarme, o hasta eso sería poco. TwT mil disculpas por la tardanza, la inspiración no llega últimamente, y no solo con éste fic, con todos los que tengo para continuar también. Pero… ¡Al fin regresé!
Aclaraciones: MAYÚSCULA gritos más fuertes de los que están entre ¡!, cursiva entre "" pensamientos, (1) aclaraciones que irán al final del capítulo.
Disclaimer: Hunter x Hunter y sus personajes le pertenecen a Yoshihiro Togashi, yo solo los tomo para hacer éste fanfic.
¡Ojalá sea de su agrado! :3
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Capítulo 2, "Pequeños dulces momentos"
Los rayos del sol se infiltraban en la habitación, descansando en el dormido rostro del pequeño miembro del Clan Kuruta. Luego de que éstos lo hayan despertado, se desperezó, refregó un poco sus ojos, y se levantó. Luego seguía la típica y aburrida rutina, asearse, bajar, desayunar, escuchar lo mal que estaba el país por parte de los mayores, ayudar en la limpieza, y por último, visitar a su mejor amigo Pairo.
Pero ése día en particular, todo pasó más lento de lo normal. El pequeño rubio trató de terminar todas las tareas el doble de rápido que otras veces, pero las consecuencias eran desastrosas.
– ¡Hasta que no hagas bien tus deberes, no saldrás a jugar!
Su madre comenzó a regañarle que todo lo que hacía, debía rehacerlo. ¿Por qué? Pues, nuestro niño tenía la mente en terminar todo "ya".
– ¡Pe… Pero! ¡Quiero ir a jugar con Pairo!
– ¡No jugarás hasta que no aprendas a hacer bien las cosas!
No quedaba de otra, debía hacer todo lento y bien a la segunda, tercera y hasta cuarta vez.
Cuando al fin terminó, y no había una madre "regañona" que le dijera que debía hacerlo otra vez, tomó algunas cosas en una mochila, y salió de la casa.
– ¡Kurapika!– Su amigo fue el primero en encontrarlo. – ¿Qué pasó? Tardaste mucho hoy. –Se acercó corriendo.
–Ah… Es que, traté de hacer mis quehaceres más rápido de lo normal… Y… No me fue muy bien…– Rio algo avergonzado.
– ¿Eh? ¿Y por qué? Siempre te tomas tu tiempo para hacerlos. – El pequeño moreno sabía que su amigo era sumamente responsable, y si había que hacer algo, no chistaría.
–Ah… Es que… Tenía muchas ganas de salir hoy. No tenía ganas de perder tiempo en las tareas. –
–Uhm… Está bien, sigue siendo muy extraño, pero no soy quien para juzgarte. – Tomó a su amigo de la mano. – ¡Ven! ¡Mamá dice que nos llevará al campo de fresas! ¿No es genial? – Acarició su barriga. – ¡Todas las fresas que queramos y más! ¡Vámonos antes de que se olviden de nosotros!
–Ah… Pairo…– El pequeño rubio se soltó. –Olvidé decirte que hoy… Tengo planes…
– ¿Uh? ¿Planes? ¿Qué planes? – Pairo lo miró confuso.
–Yo… ¡Ayudaré con la huerta en mi casa!
– ¿Huerta? –Alzó un dedo y lo llevó a su barbilla. –Pero… ¿Entonces para qué viniste?
–Ah… Era… Para avisarte, claro.
–Oh… Está bien. Te traeré algunas fresas, y si quieres puedes plantarlas. –Se dio la vuelta y con una mano se fue saludando. – ¡Suerte!
Kurapika devolvió el saludo, y se dirigió hacia el prado que había estado el día anterior, cerca del gran árbol. Se sentó al pie del mismo y abrió la mochila que había llevado con él, la cual tenía unos cuantos bocadillos de fruta, también llamados sus dulces favoritos, hechos por su abuela.
"Espero que le gusten."
Pasaron unos quince minutos, y los bocadillos comenzaban a hacerse cada vez más tentadores hacia el paladar del rubio.
"¡No! ¡Resiste! ¡Un poco más!"
~(°3°)~
Una suave brisa despeinaba los cabellos del pequeño goloso, quien junto a él se encontraban unas migajas traviesas, que habían podido escapar de su tentación.
–Parece que no soportaste más, ¿no? – El moreno se acercó con una agradable sonrisa en su rostro, hacia el dormido cuerpo del miembro de los Kuruta. –Bueno… Después de todo, eres un niño. – Se sentó a su lado, y recostó su pequeña cabeza entre sus piernas. –Eres un tonto… Si vas a dormir, hazlo en un lugar cómodo…
Kurapika abrió lentamente un ojo. – ¿Uh? ¿Qué… pasó? – Dijo mientras ponía su brazo frente a su rostro para evitar que el sol lo cegara.
–Te quedaste dormido, y literalmente, devoraste tus preciados bocadillos. – Respondió el mayor haciéndole sombra con su cuerpo. –No te preocupes, tienes tiempo para seguir durmiendo.
–Ah… No, estoy bien. – Dijo mientras un sonrojo fugaz pasaba por su rostro. –Gracias…– Trato de levantarse.
–Puedes quedarte si quieres… No me molesta en absoluto. – Invitó el moreno.
– ¿De… De verdad? – Sus azules ojos parecieron brillar. –En verdad no quiero ser una molestia, Kuroro…
– ¿De qué hablas? Tú nunca serás una molestia para mí. – Pasó uno de sus brazos por el torso del rubio, casi obligándolo a recostarse de nuevo.
Kurapika cedió, y volvió a recostarse. – ¿En serio?
–En serio…– Sonrió mientras corría unos cabellos de la cara del menor.
La tarde avanzaba sin problemas, Kurapika no había llegado a quedarse profundamente dormido, pero sí había podido descansar un poco más en el regazo de Kuroro.
–Bueno… Creo que ya es suficiente por una tarde. – Se estiró. –Despierta, dormilón. – Dijo en un tono suave.
– ¿…?– Kurapika largó un bostezo. – ¿Qué… hora es?
–No más de las seis… Despierta, si no, no dormirás nada en la noche. – Revolvió sus dorados rizos. –Te dejé dormir bastante…
–Ah… Lamento… haberme dormido sobre ti…– Se disculpó algo avergonzado.
–Yo dejé que lo hicieras, de hecho… fue muy agradable…
Kurapika se irguió, y comenzó a revolver las cosas de su mochila.
– ¿Qué buscas? – Preguntó sin aguantar la risa. –Si buscas bocadillos, dudo que hayas dejado alguno…
–Claro que no. – Sacó un pequeño recipiente, el cual tenía unos cinco bocados intactos. –Ya me conozco… Así que traje una reserva, por las dudas. – Rio.
–Vaya… Qué precavido. –
–Pruébalos, los hizo mi abuela. ¡Es el mejor postre del mundo! Aunque para Pairo sean las nueces… Para mí no hay nada que se compare con los bocadillos de fruta de la abuela. – Sonrió entregándole la comida.
–A ver, probémoslos entonces…– Sacó uno, y lo engulló con notable apetito.
– ¿Viste? ¡No hay nada mejor!
–No están nada mal… – Lamió sus dedos para quitar todo rastro de dulzura. –Pero no se comparan con mis postres…
– ¿Eh? – Kurapika se acercó. – ¿Sabes cocinar?
–Bueno… Yo no diría que me esmero, pero… no he probado comida que los supere…– Llevó una mano por detrás de su nuca.
– ¿Estás realmente seguro? – Puso en duda la afirmación de Kuroro. –o puedo creértelo, realmente no creo que haya comida o postre existente más rico que esos bocados. – Se cruzó de brazos.
– ¿Acaso me estás… retando? – Le lanzó una fría mirada, que hizo al menor temblar de pies a cabeza. –Bueno… Mañana te traeré algo hecho por mí, y ahí me dirás, quién cocina mejor. – Con un dedo alzó la barbilla del pequeño. –Tu abuela, o yo…
Kurapika pasó saliva al sentir su rostro entibiarse de a poco, pero no perdió la compostura. – ¡E…Está bien! ¡Ya veremos qué tan bueno eres!
Kuroro sonrió. –De todas formas, están deliciosos. – Sacó otro para poder comerlo.
–Ah… Sí, lo sé…– Los del pequeño Kuruta se centraron en el bocado, mientras que algo de saliva se juntaba en su boca. –Cla… Claro que son deliciosos… Por eso… me gustan tanto…
Kuroro rio por lo bajo. –Se nota…– Alzó un poco la mano que sostenía la comida, y los ojos de Kurapika lo siguieron. –Pareces hipnotizado por estas cosas…
– ¿Ah? ¿Quién? ¿Yo? – Trató de desviar su vista. –Bueno… Tal vez un poco…
– ¿Un poco? – Puso el bocado en frente del rubio.
–Está bien… Mucho… –Se acercó un poco. – ¡Ah! ¡De…Deja de hacerme eso! – Se quejó cerrando fuertemente sus ojos.
–Ten… Cómelo, lo disfrutarás más tú que yo…
– ¿De verdad?... –Sacudió su cabeza. – ¡No! Es tuyo…, no correspondería que yo…
–Vamos, sé que lo quieres. – Puso la comida a unos pocos centímetros de la cara de Kurapika. –Di Ah~.
El rostro de Kurapika se volvió completamente colorado. –…a…Ah~– Abrió su boca, dejando paso al bocadillo.
–Buen chico…– Sonrió satisfecho.
–No… me trates como a un perro…– Se quejó con la boca llena.
–Los perros al menos son más limpios que tú. – Dijo mientras sacaba una servilleta de la mochila. –Mira tu rostro… Totalmente pegajoso y lleno de migajas…– Y dicho esto, con la punta de su lengua mojó el papel, para luego pasarlo por el rostro del rubio.
Kurapika sintió un leve cosquilleo en su estómago. –Pu… Puedo limpiarme solo…– Tragó.
–No lo creo… No tienes en dónde verte, yo soy la única persona que está aquí. – Retiró el papel.
–Kuroro…
–Listo. – Retiró el papel. – ¿Qué decías? – Se recostó sobre el tronco del árbol con sus brazos por detrás de su nuca.
–Hay algo que quiero preguntarte…– Kurapika dejó el recipiente a un lado, y se sentó junto a él.
–Dime, soy todo oídos.
–Pues… verás…– Jugó un poco con sus dedos. –Ayer… Tú y yo nos despedimos…
–Ah… ¿Hablas del beso?
El miembro del clan Kuruta sintió la sangre en su rostro, y con la cabeza hacia abajo, asintió.
– ¿Quieres que hablemos sobre eso? – Quitó sus manos de su nuca, y las puso una a cada lado de su cuerpo. –Está bien. ¿Qué quieres preguntarme?
–Yo… Bueno…– Sintió como si el aire le faltara.
–Ah… tendré que jugar a adivinar. Veamos… ¿Quieres saber por qué lo hice, no es cierto?
Kurapika asintió.
–Pues… Porque quería hacerlo… y ya. – Cerró sus ojos. –Además… No encontraba otra forma de agradecerte lo que habías hecho por mí.
–Ah… Pe…Pero…– Dirigió su vista hacia el moreno. –Un beso…
– ¿Acaso tiene algo de malo…? – Kuroro lo vio a los ojos. – ¿…besar a alguien?
–No… Pues… Yo no quise decir eso…– ¿Acaso las palabras no se formaban lo suficientemente rápido como para responder?
–Oh…– Su mirada se tornó algo triste. – ¿Acaso es que… no te gustó?
– ¡No quise decir eso! – Kurapika se levantó bruscamente.
Se hizo un corto pero incómodo silencio.
– ¿Y entonces…? ¿Qué es lo que te sucede?
–Yo… No lo sé…– Sus ojos comenzaron a cristalizarse. –En verdad… No lo sé…
–Ya veo…– Se levantó.
–Lo… Lo lamento…– Pasó el dorso de su mano por su rostro, para limpiar una pequeña lágrima que acababa de salir. –No sé qué es lo que me pasa…
–Estás confundido, eso es todo. – Con una de sus manos, atrajo al pequeño Kuruta hacia su pecho. –No te preocupes…
–Ku…roro…– Sus ojos de abrieron de par en par.
–No es malo… Estar confundido…– Apretó un poco más su agarre.
– ¿Ah… no?
–Por supuesto que no, tonto. – Sonrió. –Es normal.
–Kuroro…– Largó unas cuántas lágrimas más, y lo abrazó. – ¿Qué… es ésta confusión?
El moreno sonrió compasivamente, y alzó el rostro del menor. –Tendrás que averiguarlo por ti mismo.
–Pero… ¿Cómo?
Kuroro se acercó a él. –Kurapika…– Y le dio un suave beso.
–Kuro…– El menos quedó totalmente quieto, pero al pasar los segundos tan solo cerró sus ojos, largando una lágrima que había quedado dentro de ellos.
–Se hace tarde… ¿no crees que tu amiguito se preocupará? – Dijo corriendo unos cabellos del rostro del menor.
–Ah… ¿Pairo? – Sonrió. –Fue por fresas con su madre… No te preocupes, estaré bien.
–Entonces… ¿Tu madre?
–Ah… es cierto…– Rio un poco. –Creo que es hora de volver…– Fue hacia el árbol y agarró su mochila. –Uhm…– Un pequeño rubor apareció en sus mejillas.
–Hasta mañana, Kurapika. – Sonrió el moreno.
– ¡Sí! ¡Hasta mañana! – Se alejó saludando.
"Ése niño… Cada vez me sorprende más…" Puso sus manos en sus bolsillos, y se fue. "Aunque… La verdad… No se siente nada mal estar con él…"
Kurapika aceleró el paso al darse cuenta que el sol estaba desapareciendo más rápido de lo normal. "Ah… ¡¿Es que acaso el tiempo también está contra mí?!"
Al llegar pudo ver a Pairo a lo lejos, quien venía con una cesta llena de maduras fresas, que verdaderamente, lucían deliciosas a vista de cualquier persona.
– ¡Kurapika! ¿Cómo te ha ido en tu día de jardinería? – Dijo con la cara totalmente manchada, probablemente por haber estado comiendo de la cesta durante el camino a casa.
–Ah… Bien, aunque agotador. – Simuló un dolor de espalda. –Sacar esas hierbas es más duro de lo que parece…– Dirigió su vista a la cesta. – ¡Vaya! ¡Realmente han juntado muchas!
–Ejeje… La verdad… Eran el doble…– Llevó una mano por detrás de su nuca, largando una risa avergonzada. –Mi tentación y yo no pudimos con nuestro genio.
–Ya veo…– Ambos niños comenzaron a reír. Pairo ofreció algunas provisiones, a lo que Kurapika aceptó gustoso.
– ¿Quieres quedártelas? No creo que mi mamá me deje comer más… Además, ella ya llevó unas cuántas hacia casa.
– ¿De verdad? – Tomó la canasta, y su mirada pareció iluminarse. – ¡Gracias Pairo! ¡Eres un gran amigo!
Las mejillas de Pairo tomaron un suave tono rosado. – ¡Hasta mañana! – Se despidió con una sonrisa.
Kurapika entró con la canasta de fresas, y como era de esperarse, su madre le preguntó de dónde había sacado tremenda cantidad de comida.
–Pairo y su madre…– Cortó su frase por tan solo un milisegundo. "No… Si le digo eso, me preguntará en dónde rayos he estado hoy." –…me invitaron al campo de fresas hoy. ¡No te imaginas lo deliciosas que están! – Trato de sonar lo más convincente posible.
– ¿De verdad? Pues… Diles muchas gracias de mi parte. – Tomó la cesta y la puso sobre la gran mesada. – ¿Por qué no subes y te aseas? Así podrás ayudarme a hacer un pastel.
Los ojos del rubio temblaron por la alegría. – ¡Sí! – Subió a toda velocidad hacia el baño para poder limpiarse, hacer una rápida parada por su cuarto para dejar su mochila, y luego volver a bajar con el mismo impulso.
–Tranquilo, no querrás lastimarte. –Su madre puso todos los objetos al lado de la canasta. –Bien, haremos la receta de la abuela, y así la aprenderás tú también.
–Está bien. – Asintió.
Unas pocas horas fueron suficientes para poder terminar un pastel cubierto de mermelada, decorado con algo de crema por encima, ralladura de coco, y pequeñas fresas enteras alrededor.
– ¿Viste qué fácil es? – Su madre comenzó a juntar los utensilios usados para poder limpiarlos.
– ¿Puedo…?– La mirada de Kurapika era un total calco de un cachorro suplicando por comida, a lo cual sabía que su madre era totalmente inmune.
–Ah… Kurapika Kuruta, deja de hacer esa maldita mirada. ¿Qué dijo mamá? – Su madre pudo repeler el "ataque de cachorro", y largó una pequeña risa.
– ¡P…Por favor! – Rogó tirándose de rodillas al suelo.
–No no, nada de pastel por hoy, ya has comido demasiadas fresas por un día. Y no creo que quieras internarte en el baño durante mañana. ¿O me equivoco?
El menor bajó su cabeza notablemente derrotado, y asintió.
El resto de la noche transcurrió normal, la familia de había juntado a comer como siempre, y luego cada uno ayudaba con su parte de la limpieza.
Al terminar, el pequeño Kuruta subió a su habitación y comenzó a quitar todas sus pertenencias de la mochila. –Veamos… ¿qué tenemos por aquí? – Sacó el recipiente de los bocadillos, en el cual aún quedaba uno. "Kuroro… No terminaste de comértelo…" Suspiró al ver que estaba mordido. Sin dudarlo un segundo, lo engulló y saboreo como ninguno, pero luego, un pequeño sonrojo apareció en sus mejillas.
"Es como… ¿un beso… indirecto?"
– ¿Kurapika? – La voz de su madre hizo que un escalofrío pasara por su espalda. – ¿Qué haces despierto aún? Es muy tarde…
–Ah… es que yo… Ordenada un poco mi habitación…– Sonrió.
– ¿Qué es eso? – Preguntó ignorando lo que el menor había dicho.
– ¿Qué es qué cosa?
–Eso. – Se agachó a la altura del rubio, y con uno de sus finos y delicados dedos, quitó algo de azúcar del labio superior de Kurapika. – ¿Azúcar? – Su mirada ensombreció.
Kurapika pasó saliva. "Oh… Rayos"
– ¿Qué dijo mamá acerca de comer azúcar a la noche? – Se levantó y posó sus manos en su cintura. – ¡No dormirás nada si la comes!
–Que no lo haga…– Se arrepintió. –Lo lamento, no lo haré de nuevo…
–Ah… Dios… Tú y el azúcar son una mala combinación…– Sonrió. –Buenas noches, pequeño Kuruta. – Dijo besando su frente.
–Buenas noches mamá. – Al decir esto, la mujer se retiró y cerró la puerta del cuarto.
Kurapika puso el recipiente a un lado. "Ah… Tuve suerte de que no lo haya visto…" Siguió quitando cosas de la mochila, abrigos, migajas y más migajas.
"¿Eh? ¿Qué es…?" Puso toda su atención en una pequeña y fina cadena. "¿…esto?" Era relucientemente plateada, no tenía rasguño alguno, y con los pequeños rayos de luz de la luna que se infiltraban por la ventana, parecía brillar aún más.
"Es de Kuroro…" Dijo recordando la pulsera de cadenas que solía tener el moreno. "Debe de habérsele caído mientras comíamos hoy." Sonrió, y la puso sobre la pequeña mesada que estaba junto a su cama. "Mañana se la devolveré."
Puso su mochila a un lado, se metió en su cama, y cerró los ojos.
"Ugh… No puedo dormir con esa luz." Abrió uno de ellos, y pudo ver que la culpable de tan molesto resplandor era la fina cadena de plata sobre la mesada.
Yo delicadeza, tomó el pequeño objeto y comenzó a admirarlo. "Es realmente muy bonita… ¿Será de su madre?... ¿O abuela?" Una dulce risa fue el único ruido que se oyó en el cuarto. "¿Me entrará?"
En efecto, la pulsera calzaba a la perfección en su pequeña muñeca. "Ah… Un poco grande." O tal vez no tanto.
"Kuroro…"
Y luego de unos pocos minutos, el pequeño rubio se quedó profundamente dormido.
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¡~Tsudzukeru~!
Prometo tratar de actualizar pronto TwT ¡Lo intentaré! Por lo demás, ojalá les haya gustado, dejen su review con sus opiniones y demás.
¡Gracias por leer! ¡Nos leemos la próxima!
¡Sayonara~!
~Gingana, Fuera~
