Dolor…
Ese dolor que sientes cuando te pasan cosas. Cosas que pueden parecer simples a vista de los demás, pero que a ti, te duelen, te hieren, y sufres…
¿Nadie puede entender eso?
Nadie…
¿Nadie puede… entrar al lugar y decirte amigablemente "Hola"?
¿Nadie puede ayudarte con tus libros caídos, siendo esa persona, la misma que te los tumbó?
No… ¿por qué? ¿No se dan cuenta de lo que ocurre? Puede que nadie piense como tú, y que tú no pienses como nadie. Porque eres diferente.
—Kaede, cariño; ¿estás bien?
Una suave voz titubeante que reconocí de inmediato llegaba a mi oído.
—Vete. Por favor, quiero estar sola —dije con mi cara plantada sobre la almohada, sin siquiera voltear a ver a mi abuela.
—Pero… tengo un poco de hambre…
—Abuela, por favor, vete, de verdad.
Entiendo a mi abuela, tiene hambre, no puede hacer nada sola. Pero no me siento nada bien en este momento.
Seguí llorando, y en un preciso instante me detuve.
Ya no podía llorar, había gastado la última lágrima que me quedaba. No sentía siquiera mi aliento agitado como siempre lo hacía. Me levante y fui hacia aquél espejo que había en mi habitación, y quedé yo; mirándome fijamente y preguntándome…
—¿Qué hay de malo en mí?
Duele ¿no ser aceptado por los demás? No… duele no ser reconocido y ser juzgado por las demás personas.
Caminé unos pasos hacia la ventana y contemplé la noche, admiré las estrellas y elogié aquella brisa tan suave que inspiraba tanta tranquilidad e inocencia.
—Será mejor que me duerma ya, mañana volveré a ese sitio.
La verdad, en ese lugar no siento calma.
(Al día siguiente)
Mi abuela me da un beso en la mejilla y me desea buena suerte.
—Abuela, tu almuerzo está en el mesón de la cocina —le informé antes de marcharme a través de esa puerta.
Caminé unas cuantas cuadras, esa mañana hacía más frío que de costumbre, por lo cual me apresuré para llegar al instituto, debido a mi inmensa torpeza, tropecé a un chico e hice que todos sus libros cayeran al suelo.
—Lo siento, no me fijé —recogí todos sus libros.
—No importa —sonrió.
—Espera… tú estabas con… Hikaru y Kaoru —dije sorprendida (muy en el fondo)
—Sí, son mis… compañeros de clase —dudó un momento y luego asintió.
—Vaya, son muy buenas personas.
—Sí…. Claro…. —volteó la cara y puso una expresión bastante extraña
—¿Sucede algo? —le pregunté.
—No, es sólo que… no los conoces bien, ellos; no son como crees, son raros, malvados, chantajistas, manipuladores, abusadores —enumeraba el chico, esa lista parecía interminable—. Egoístas, tontos, infantiles-…
—Vale, vale, entendí, ¿desde hace cuánto los conoces? —volví a preguntarle.
—Hace unos meses, no mucho. Y por cierto… ¿cuál es tu nombre? —me preguntó.
—Me llamo Kaede.
—Ah, yo me llamo Haruhi, es un placer Kaede, y puede que ésta sea una presentación bastante atrasada —me dio la mano y una sonrisa se posó en su fino rostro.
Mi rostro se tornó algo rojo. Jamás había conocido a alguien así, éste chico; no parecía un chico.
Era tan amable, tan lindo… amigable, tierno, sincero. Parece que por fin tengo un amigo.
Durante días, él y yo salíamos a almorzar, compartíamos nuestros almuerzos, nos poníamos juntos en los talleres de clase y hablábamos en el descanso.
Se sentía tan bonito, el poder darle una sonrisa a esa persona, una persona en la que confías.
—Kaede, préstame tus apuntes de la clase de química, no pude asistir y me jubilé —dijo Haruhi, que parecía algo decepcionado.
—De acuerdo, pero, ¿porqué no asististe? —lo interrogué.
—Tamaki me dijo que si no iba al club esa hora, El Coco vendría a comerme.
—¡Jajaja! ¡¿El Coco? ¡Qué cosas! —era la primera vez en tanto tiempo que reí, y fue por una tontería.
—Qué lindo ríes Kaede… —dijo mientras me miraba de una forma muy linda…
—¡Ah! Uhm… yo… —me hice la tonta y miré la tarea ignorando totalmente ese comentario. Haruhi soltó una risa y yo sonreí.
Eras las 4 pm, ya faltaba poco para la hora de salida, me aproximé al baño.
En ese entonces vi algo insólito. Me quedé perpleja cuando vi a Haruhi salir del baño de chicas. No me lo creí yo misma y lo seguí.
El chico subió las escaleras, caminó entre los pasillos y finalmente se detuvo en frente de una puerta.
Me escondí tras un estante de la sala de música II y vi como los gemelos saltaban de alegría frente a él.
—¡Haruhi! —le abrazaron—. Qué bueno que llegaste, tenemos algo para ti.
Uno de los gemelos sacó un vestido y se lo mostró al chico.
—¡No voy a ponerme esa cosa! —exclamó el chico.
—¡Eres una chica, debes vestirte como tal! —ahora estaba todo claro.
—Ha…- ¿Haruhi? ¿Eres una chica? —salí detrás del estante mientras la miraba con tristeza.
—¡Ka… Kaede! ¿Qué haces acá? —se veía muy sorprendido, o mejor dicho, sorprendida—. ¿Cuánto has escuchado?
—Lo suficiente como para saber que no me has dicho la verdad.
—Por favor, te lo pido, guarda el secreto.
—¿Sólo te importa tu secreto, qué hay de nosotras?
Hubo un silencio más allá de eso, nada, los gemelos estaban atónitos y sin saber qué decir. Y Haruhi no había dicho una sola palabra.
—Puede que para ti sea una tontería simple, pero para mí, es más que eso, me has mentido, y yo creí que eras diferente…
Me fui de allí de inmediato.
Esa persona, en la que yo confiaba, a la que le di mi confianza, no confiaba en mí. Fue sólo una amistad pasajera, yo pensé que realmente mi vida cambiaría, que podría compartir con amigos, volver a reír, a gritar, a exclamar, y a sentir cosas.
Al parecer…
Me equivoqué.
