Otro amanecer, otro día más que tengo que enfrentar.
Desperté hoy, como siempre. Neutral.
Tenía una jaqueca terrible y escalofríos. Pero eso era lo de menos.
—Kaede… ¿puedo… peinarte? —mi abuela apareció detrás de mí, por poco le caigo encima.
—Abuela, deberías tocar la puerta.
—Lo siento, se me olvidó.
Por lo visto, con 88 años ya está empezando a olvidar cosas.
Mientras sollozaba, ella me contaba las cosas que hacía con mi madre cuando era pequeña.
—A tu madre le encantaba que la peinara… siempre le hacía coletitas.
Y cuando me miré en el espejo, tenía dos coletas en el cabello.
Suspiré… hoy sería un día largo.
Salí de casa en un abrir y cerrar de ojos, pero un imprevisto ocurrió.
—¿Está… nevando?
Posé mi mano al aire, y delicadamente, un pequeño copo de nieve cayó en la palma de mi mano.
Poco a poco cayeron más, lentamente, y eran más grandes que el que yo tomé.
—Sé lo que se siente ser diferente.
Se diluyó. Sólo eso, es decir… ese fue su fin… ¿eso… también podría pasarme?
Caminé algunas cuadras y algo empezó a pasarme.
Mi corazón se agitaba y mi aliento estaba congelado.
—Sólo… un poco más.
Me tropecé con una piedra y caí sobre el frío suelo, estaba tan húmedo… y, me dolía el tobillo.
—¿Porqué esto me pasa a mí? —una de mis rodillas sangraba y nadie para ayudarme estaba.
Solté una lágrima, ¿eso debía hacer? Siento que; llorar, es… tan malo.
Cerré mis ojos y vi algo…
**Flash back**
—Hanami, ¿a dónde quieres ir? —le preguntó el chico a su esposa.
—A un lugar donde la bebé esté en paz, eso estará bien —la joven sonrió y miró al pequeño ser que se encontraba acobijado entre sus brazos.
Hanami y Tsubaki Yuuitsu. Primos de sangre y amantes prohibidos.
Dos personas diferentes que no se dejan llevar por las apariencias, y no se dejan influenciar por lo que digan los demás.
—Es tan linda… —la muchacha de ojos cafés tomó la manita de su pequeña hija y la besó.
—Es tan hermosa como tú —le respondió el muchacho de pelo grisáceo.
—Eso lo ha sacado de ti —respondió la joven riendo dulcemente.
No eran aceptados por su familia, nunca lograron obtener el perdón por sus pecados, por sus fallos, por sus errores. Sin embargo, se apoyaban entre ellos, y entrelazaban lo más importante. El cariño.
Ai Yuuitsu, la madre de Hanami llegaba a casa, no saludaba, sólo se sentaba y miraba fijamente a la ventana.
Los jóvenes primos sólo querían obtener el perdón de todos sus seres queridos. Y la triste realidad, era que no podían.
—Iré a trabajar entonces —Hanami sonrió.
—Es muy tarde, es peligroso. Deberías quedarte —le insistió Tsubaki.
—Debo ir... —tomó su saco, y su bolso. Besó la mejilla de su esposo y se fue.
—Hanami… —susurró el joven—.Bueno Kaede, tú no me abandonarás ¿verdad?
La pequeña no era muy consciente, sólo reía y reía, era lo que más le encanta hacer, el joven Tsubaki la miraba encantado y le acariciaba la cabecita con amor.
Por las oscuras calles, la joven caminaba tras haber salido del trabajo, buscando llegar a su casa, encontró algo más que lo que quería.
Un delincuente la obligaba a dichas cosas, mientras ella gritaba. Ponía resistencia, ella no quería que esto acabara así. El malhechor la tumbó al suelo. Ella cubrió su cabeza con sus manos, mientras sus lágrimas fluían y ella pensaba en esos momentos que tuvo con su familia, y en cómo iba a acabar.
Finalmente le disparó y la vida de la chica terminó. Y más que eso, se dio cuenta de su error y huyó.
Se reportó el crimen, salió en las noticias. Tras haber pasado las noticias, Tsubaki finalmente supo la verdad.
—La hemos encontrado —el oficial de policía se quitó la gorra y lo miró algo apenado.
Tsubaki se armó de valor y siguió al policía hasta la morgue.
Lo vio… el cuerpo de ella…
Estaba tan… blanca, y… tan fría.
Abrazó el cuerpo de la joven, mientras lloraba por su pérdida.
Días después.
No soportaba aquél dolor, no podía continuar…
Tomó la decisión final.
Sólo una soga, un gancho y el dolor… podrían hacerte tomar una mala opción.
—Lo siento, Kaede —lloraba mientras se despedía.
. . .
Aquellos jóvenes, se encontraron en el paraíso… y cómo ángeles guardianes, cuidaban de la criatura desde el más allá.
**Fin Flash back*
—Papá… mamá… —lloré mientras recordé aquél sueño.
Todavía me encontraba en el suelo. Tomé fuerza y me levanté, caminé y finalmente llegué al instituto.
Al ir por uno de los pasillos, tropecé con uno de los gemelos y ambos caímos.
—Ka.. ¿Kaede? —me miró sorprendido.
Me aferré a él, sin saber por qué, sólo quería abrazar a alguien… saber qué es lo que se siente.
—Kaoru… ¡qué bueno que estás aquí! —exclamé feliz mientras mis lágrimas bajaban y caían en su saco.
—Es… ¿estás llorando? —se separó de mí y me miró confuso—. ¿Qué te pasó Kaede?
—He soñado algo… es todo… por favor… abrázame —le supliqué.
—Eh… está bien —sonrió y me abrazó tiernamente.
Era la primera vez que sentía algo así, tanta calidez, amor… nuestros corazones latían al mismo tiempo.
