Bueno, pues ya estoy aquí otra vez. La quinta viñeta para la tabla, que creo que me ha quedado bastante cutre... Pero en fin, es lo que hay. Besos a todos.

Disclaimer: Todo lo que reconozcáis pertenece a Rowling.


Sad love story

05. Perdón

Hace dos semanas exactas que debería haberle dicho a James lo que había pasado con Sirius, haberle pedido perdón, haberle jurado que no volvería a pasar jamás. Pero el hecho es que siguió pasando y ambos saben que deben acabar con eso –es extraño, porque insisten en dejarlo y olvidar que alguna vez pasó, e incluso logran ignorarse mutuamente durante unos días antes de acabar besándose contra una pared en un corredor abandonado–. La presión pesa sobre los hombros como una eterna losa.

Quieres a James como nunca has querido a nadie en la vida; ¿qué significa entonces Sirius? No lo sabes, pero lo sientes tan dentro del corazón como una vieja cicatriz que jamás acabará de curarse; insano…pero lo necesitas. Como una toxina.

El Gran Comedor está tan espectacular como de costumbre durante el desayuno, antes de las clases, y centenares de personas cuyas voces se entrelazan en un parloteo incesante martillean en su mente, entumeciéndola. Ella no prueba bocado ni habla siquiera, la barbilla sobre una mano, la mirada perdida clavada sobre James, hundida en sus pensamientos.

Mañana es el gran día de James, se dice, pensativa. Gryffindor juega contra Slytherin y él lleva semanas preparándose, entrenando tarde tras tarde con férrea determinación, llueva, nieve o granice. Entonces el chico para de hablar, suspira y la mira.

—Lily, ¿qué te pasa? –inquiere, preocupado, inclinándose hacia ella por encima de la mesa, dándole un suave apretón en la mano–. Estás muy callada.

—No es nada –asegura con convicción–. Estaba pensando en el próximo partido contra Slytherin –miente a medias.

—¿Vas a venir a verme? –musita ilusionado. Los ojos marrones brillan de una forma que hace que se le apriete el corazón en el pecho, culpable–. Sería la primera vez.

—James, he ido a todos los partidos de Quidditch desde que entré en Hogwarts –explica sorprendida–. Y sé que es muy importante para ti.

—Ya, pero nunca has ido para verme especialmente a mí –comenta apasionadamente. Lily esboza una sonrisa.

—¿Y crees que voy a ir a verte a ti? –replica divertida, alzando una ceja, a pocos centímetros de él.

James sonríe ampliamente, incapaz de fingirse ofendido, y le roba un beso antes de volverse a acomodar en su silla. De inmediato pone a hablarse con el compañero que tiene al lado, comentando las jugadas para el partido. El otro asiente con vehemencia, tan emocionado como Potter. Murmuran algo de unas estrategias justo cuando el desayuno toca su fin.

Últimamente los días pasan raudos para la pelirroja, confundiéndose en medio de una espiral dañina cuya solución no encuentra. No quiere herir a nadie, ni tampoco a sí misma. Las miradas han dejado de ser un saludo para convertirse en algo peligroso; chocan verde contra gris en las clases, los roces en los pasillos ya no son casuales, se escabulle de las guardias para encontrarse con él. No sabe qué está haciendo pero le gusta, la atrae.

Se despide de James con un gesto cariñoso y sigue a Remus por entre la marea de alumnos hacia la siguiente clase. Remus Lupin es su mejor amigo desde hace mucho tiempo. La conoce mejor que nadie después de sus padres y se quieren como hermanos, protegiéndose ante todo, aunque ella no sabe su secreto y, oh, está completamente segura de que esconde un secreto. Nunca insiste; prefiere que sea él el que se lo cuente cuando quiera. La bufanda –roja y dorada, como todos los leones– ondea en su cuello a pesar de que ya no hace tanto frío, y Lily puede verle los hombros encogidos tras la túnica.

—Lily –comienza Remus girándose hacia ella un instante. Habla muy serio–. ¿Has discutido con Sirius?

Lo dice en un tono extraño, como si realmente quisiera decir otra cosa. Lily contiene el aliento; ¿habrá descubierto algo?

—No –contesta escuetamente–. ¿Por qué lo preguntas?

—No sé –comenta él, suspirando profundamente–. Está raro, y tú también estás rara.

Justo cuando acaba llegan a la puerta del aula, donde Sirius está esperando apoyado en la pared. Les sonríe a ambos, como si realmente nada sucediera, aunque su mirada se detiene más de lo conveniente en ella.

—¿Quién está raro? –pregunta Sirius despreocupadamente.

—Tú –afirma Remus, vacilante, antes de entrar–. Espero que…

Acaba callándose y entra en clase, negando con la cabeza. Sirius y Lily se rezagan a propósito, con gesto grave.

—¿Crees que sabe…?

—¿Y si lo sabe, qué? –pregunta desafiante.

—Sirius –La voz le tiembla–. No podemos… volver a encontrarnos, ya lo sabes.

—Ya lo sé –confirma con vaguedad–, pero yo estaré a las once donde siempre… y tú también estarás.

Lily no contesta, preocupada. Muy en el fondo sabe que tiene razón, y que estará allí puntualmente, y que cuando lo vea se pondrá de puntillas para besarle.

Lo siento, James.