Disclaimer: Lo mismo de siempre.

Sad love story

06. Misterio sin resolver

A las once Lily estuvo allí.

Al verlo de pie, con la vista fija en el suelo, apoyado en un pasillo del cuarto piso, piensa que Sirius Black es muy diferente de lo que la gente cree. Está cruzado de brazos, tan quieto que se hubiera confundido con las sombras si no fuera por la escasísima luz que entra por las ventanas superiores (las inferiores cerradas; seguramente otra broma del fantasma de los lavabos).

—Hola –susurra, inquieta. Él alza la mirada, sonríe.

Sirius Black es el tipo de persona que, quiera o no, destaca allá donde va, destrozándolo y revolviéndolo todo a su paso como un torbellino furioso. Cuando ríe, sus carcajadas estallan primero en los pulmones, suben hasta los labios y salen con estruendo, con tanta vida que las cosas parecen empequeñecer un poco a su lado. A lo mejor es la dignidad de los Black, o su porte, que tiene aunque no quiere. Sirius también habla demasiado alto, hace bromas pesadas a cualquiera y hasta las botas que lleva –adecuadas a la enorme moto que tiene– hacen mucho ruido.

Y es muy guapo, y se queja de las normas: rasgos que lo vuelven irremediablemente popular. No le disgusta, pero las chicas tienen siempre una idea equivocada de él. Menos Lily, que descubre más allá de lo que nadie ve.

Casi a ciegas él le sujeta la cara con una mano, la besa anhelante. Ella se da cuenta de que lo está besando con la misma intensidad cuando nota su propia respiración acelerada.

Lo primero que descubre es que tiene una cicatriz en la nuca. Al principio no la ve, sino que la siente contra sus dedos, áspera y dolorosa. Después descubre, casi de inmediato, que Sirius esconde más de lo que hace ver, porque ella le pregunta bajito cómo se la hizo, y él responde, sonriendo, que tu novio me la hizo al verme mirándote, haciendo que ría sorprendida aunque no quiera. Pero un silencio espeso los invade cuando la breve risa muere helada.

—Eso ha sido cruel –murmura al cabo de un rato, sintiéndose extraña.

—Lo soy –musita Sirius, cortante como la brisa de enero, pero los brazos que la rodean están cálidos y también su aliento contra el cuello de ella–. ¿Es esto lo que quieres?

Lily mira hacia otro lado, sintiendo que los ojos se le llenan de lágrimas.

—Perdona… me he pasado –admite suspirando, y no sabe si se refiere a lo de James o a su pregunta. No importa–. Estoy cansado de esconderme…

Parece que lo diga para sí mismo, pues luego, sin dejarla responder, la besa largamente. Su mano derecha se hunde en el cabello rojo de la chica, enmarañándolo con sus caricias, y otra se pierde bajo la ropa, acariciándole la espalda.

Ella no dice nada, pero no es tonta, y no se le pasa por alto que al final no le ha contado la verdad sobre la cicatriz, ni tampoco que la mirada gris chispea al verla. Sin embargo, lo que más le preocupa a Lily Evans es que cuando se mira en el espejo y piensa en Sirius Black, sus ojos verdes brillan de la misma forma.