Y aquí la octava viñeta de la tabla. También están en mi Livejournal. ¡Nos vemos en las siguientes! Besos.
Disclaimer: Todo lo que reconozcáis, de Rowling.
Sad love story
08. Bienvenida
Las clases se hacen tediosas antes de las vacaciones de Navidad, que están a la vuelta de la esquina. Ninguno de los Merodeadores se va a casa: Sirius no regresaría a la mansión de los Black ni en broma. Tampoco van a echarlo de menos, así que James se queda para hacerle compañía. Remus insiste en que no piensa dejarlos solos porque alguien tiene que vigilarlos, y Peter dice que no quiere perderse la diversión de tener el castillo para ellos. Juntos en lo bueno y en lo malo, pase lo que pase. Lily sí que se va.
La pelirroja sale de la última clase del trimestre ligeramente apagada. Se encuentra con James y Sirius, al parecer esperándola, y ambos hablan con algo parecido al enfado.
—He dicho que no –exclama el primero, furioso.
—¡Remus ha dicho que sí! –replica Sirius, casi como un ladrido–. Es su problema.
—No va a ir nunca. Y tampoco se lo va a decir –añade, desafiante. Una sutil amenaza entre líneas.
—Hablas como si fuera de tu propiedad.
—Me preocupa, Sirius –afirma James, suavizando su tono–. No quiero que se asuste.
—No es una niña –insiste.
Lily da un paso hacia ellos, quiénes al fin se dan cuenta de su presencia. Duda y se acerca a James, vacilante. Nada tiene por qué ser diferente, pero besarse con él delante de Sirius le duele, aunque el chico ha apartado la vista. El amor hiere como el cristal.
—¿De qué hablabais? –pregunta, procurando no dejar translucir sus emociones.
—De nada –asegura.
Hablan un rato más, hasta que James tiene que irse a hablar con Slughorn, el profesor de Pociones, por una nota, según Potter, totalmente injusta. Lily sonríe comprensiva. Queda a solas con Sirius, de nuevo. Tantas veces coinciden que el destino parece estar jugando con ella, diciéndole adelante, Lily Evans, ¿no quieres la manzana prohibida?, cógela; es para ti. Las leyes están hechas para romperse, puede que tengas algo de espíritu merodeador.
Hoy donde siempre, es lo único que dice Sirius.
Y se encuentran, claro que se encuentran. Tienen que ir con cuidado; aunque no lo parezca, pueden verlos. Los fantasmas, alumnos trasnochadores –como ellos mismos– o el celador. Los primeros son los más peligrosos: cruzan los pasillos en la oscuridad, pasando inadvertidos, algunas veces gritando (en esos instantes el castillo toma un ambiente de película de terror que siempre asusta a Lily, y entonces Sirius suelta una de sus risas suaves, tan diferentes a sus carcajadas habituales, antes de entrelazar sus dedos con los de ella) y otras veces simplemente flotando etéreos en el aire.
—Tienes que saber una cosa, cariño –Cariño, dice por primera vez. El corazón de Lily bombea alocado en su pecho–. Lunático quiere que lo sepas, y quiere que lo sepas c…
—Lunático –interrumpe–… ¿Remus?
—Sí –asiente.
—¿Qué le pasa? –inquiere asustada. Sirius está muy serio.
—No sé cómo decírtelo…
—Sirius…
—Es un licántropo, Lily.
—¿Qué?
Lily siente que se marea y las piernas se le vuelven de gelatina. Sirius la sujeta y ella se aferra a sus brazos, notando que la cabeza le da vueltas. Todo toma sentido: la supuesta enfermedad de la madre de Remus por que el chico debía faltar a clase, su palidez de cada mes al acercarse la luna nueva… incluso las cicatrices de Sirius toman sentido: sabe que él se las ha hecho. Al transformarse, al perder el control.
Nota que le falta el aire en los pulmones.
—Gracias por estar aquí –le asegura ella con la voz rota.
Sirius espera a que se tranquilice, preocupado. La rodea con los brazos, notándola temblorosa. Hay una conexión entre ambos que se fortalece al ser él el que se lo cuenta, y no James. Siempre pensando en James pero ahora le falla porque no está ahí para apoyarla.
—Te quiero –susurra más tarde la chica contra su oído, abrazándolo con fuerza–. No quiero irme.
—Estaré aquí cuando vuelvas –asegura, profundamente tocado–. Para darte la bienvenida, Lily.
