Me ha costado horrores este capítulo...

Disclaimer: No soy Rowling. Si lo fuera, le metería una dosis enorme de drama al último libro Harry Potter.


Sad love story

12. Espléndidos días

Quedan muy atrás espléndidos días de felicidad. Es el último año en Hogwarts y debería ser recordado por sus carcajadas estrellándose contra las paredes pero durante la semana Lily cree fervientemente que será recordado por el dolor. Nadie realmente quiere un amor memorable sino eterno… aunque esté roto.

El primer día que pasa sin ambos la soledad la golpea como un mazo de púas en la piel. Está rodeada de gente pero necesita a sus chicos como el aire que respira –mis chicos, piensa, y se dice a sí misma que se merece lo que está pasando–. Cruzan miradas dolidas, los tres. Sirius Black y James Potter dan miedo.

Y se hacen heridas que no van a curarse.

Los siete días pasan lentos, extraños, en cierto modo horribles, como una catarsis dolorosa aunque necesaria en el fondo.

Sirius Black se esconde tras su fachada. Hogwarts queda pequeño para él y sus bromas crueles; vuela de aquí para allá con las migajas de su porte señorial perdidos en los bolsillos de la cazadora negra de cuero, metiéndose en tantas peleas como castigos. Nunca pierde la sonrisa irónica, derramada como fuego líquido, aunque sus ojos apagados son tan tristes que duelen.

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—Sirius –lo llama Lily el segundo día, nerviosa. Lo ha visto sólo en el campo de Quidditch desde la biblioteca, volando en una escoba de la escuela, y baja.

El inmenso estadio está vacío y da una sensación sobrecogedora de soledad.

El viento sopla.

Sirius desciende con los labios fruncidos pero va hacia ella sin poner pegas. ¿Qué hago ahora?, se pregunta. Le gustaría pedirle perdón. Suplicarle que vuelva. ¿Y luego? La sombra de James en todos sus besos. En cada recuerdo. Lo quiere.

Tampoco puede despedirse de Sirius.

—Te necesito –acaba diciendo, vacilante. Casi puede ver la fortaleza de Sirius volviéndose blanda a través de la piel.

—Lily –musita, ligeramente abstraído–. Eres de James –afirma–. Te estás equivocando.

—No lo hago –replica, acercándose un paso.

—Lily –repite Sirius; parece mucho más alto. Incluso más mayor y más maduro–. Seremos amigos, ¿entiendes? Voy a arreglar esto.

—No quiero ser tu amiga –consigue decir.

—Entonces nos ignoraremos.

—¿Cómo…? ¿Cómo puedes…?

—¿Qué es lo que quieres, Lily? –gruñe, apartando los ojos grises–. Si te digo que sí, ¿qué vas a hacer con James?

No responde. Sirius sonríe con tristeza y se aleja a paso lento, con las manos en los bolsillos. Se ha dejado la escoba apoyada en una grada.

—Seguro que me perdona en cuanto nos demos una paliza –dice todavía el chico, sin darse la vuelta–. Pero te advierto que le voy a hacer una cara nueva.

Sirius vuelve a sonreír mientras lo dice. Las lágrimas le llegan amargas a los labios.