¡Hola!

Bueno, aquí está el capítulo número 14 de esta historia... He tardado bastante en actualizar pero menos que la otra vez, así que estoy satisfecha. Antes de que acabe la semana espero subir el capítulo 15, ya que tengo una semana sin clases y espero poder adelantar con los fics que tengo. Este es bastante más largo de lo que os tengo acostumbrados, pero espero que os guste igualmente. Un beso muy fuerte a todos.

Disclaimer: Harry Potter no me pertenece.


Sad love story



14. Frente al espejo

Había aprendido la lección: quiérelo todo y obtendrás nada. Sí, había aprendido, y por eso ahora volvía a ser la de siempre, antes de que sus pensamientos dieran vueltas incansables sobre lo mismo: James, Sirius y otra vez hasta que los nombres se confundían. Volvía a ser ella…

Lo tiene todo tan claro ahora.

Todavía falta una hora para la primera clase así que se viste con infinita calma mientras los primeros rayos de luz del día despuntan entre las cortinas. Luego se observa en el espejo del lavabo, sin sonreír. Ha hecho muchas cosas mal en los últimos meses. Es hora de arreglarlo, piensa. Sí, ya iba siendo hora.

Su reflejo le devuelve una imagen que no recordaba de sí misma. Una chica pelirroja de aspecto reservado pero seguro; te mirará con altivez si mencionas algo despectivo sobre los muggles –antes de dedicarte una frase educada que deje muy claro quién de los dos es el inteligente y que la apariencia frágil no siempre demuestra fragilidad–. Miles de pecas en las mejillas y los pómulos pero solo se ven si estás lo suficientemente cerca. Ojos verdes. Sonríe para no olvidarse de cómo se hacía y la Lily del espejo es de repente irreal de tan bella.


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Pasan exactamente ocho días después del "incidente de Quidditch" (Remus lo llama así y a Lily se le ha pegado) cuando James se acerca a hablarle al acabar la clase de Pociones. Slughorn les dirige una profunda mirada de curiosidad y desaparece.

Lily recogía sus cosas cuando unos pasos se acercaron. Al alzar la vista se encuentra con James; ella varía su expresión en los labios, frunciéndolos en un gesto inconsciente de sorpresa.

—Hola –musita, confusa.

—Con que lo salvaste a él –acusa James como único saludo. Sin embargo no parece haber venido en busca de una discusión. Todavía la mira con el brillo en los ojos marrones, como la miraba antes, y la ayuda a guardar los libros en la mochila.

Lily querría explicarle que no decidió realmente, pero no cree que eso importe mucho ahora, así que calla. Él espera a que el resto de alumnos se vayan antes de continuar hablando. Sirius ha sido el primero en largarse, advierte ella.

— ¿Cómo va todo, Lily?

—Estoy bien –dice, y luego se encoge de hombros, demasiado sorprendida para saber realmente qué decir. Mira la mochila un instante y después a James. No piensa que sea merecedora de que sea él, precisamente, el que haya ido a hablar con ella.

—No hay mucho qué decir, ¿eh?

James esboza una mueca que pretende ser una sonrisa y se aleja revolviéndose el pelo negro. Con el mismo gesto que hacía para llamar la atención de las chicas tiempo atrás. Tiene la impresión inquietante de que es el punto crucial. Si lo deja marcharse, se va a marchar de verdad y para siempre. Punto final y página nueva en el diario de su vida; ¿es eso, simplemente?

—¡Espera! –exclama sin aliento. Él se gira y por un momento piensa si debería haber seguido callada–. Lo siento mucho, James. Si pudiera retroceder…

—Pero no puedes –la corta, a medias enfadado.

—No es eso lo que quiero decir –se apresura Lily, luchando para expresar lo que siente, y más le vale hacerlo bien, porque presiente que es un momento importante–. No iba a decirte que no lo hubiera hecho, porque sí lo volvería a hacer, y volvería a arrepentirme como ahora. Te quiero y lo sabes, o bueno, deberías. Pero también sabes que quiero a Sirius –suelta entre dientes, demasiad avergonzada como para decirlo en voz alta–, fue algo… que ocurrió. No nos lo propusimos. No sé qué es lo que debería hacer para arreglarlo. Las cosas no van a volver a ser como antes y lo sé, pero me… podríamos… hablar, de vez en cuando.

James hace ademán de ir a decir algo y Lily alza una mano bruscamente, negando con la cabeza.

—Espera. No quiero ser tu amiga en realidad, James, porque necesito más. No te preocupes, no voy a pedírtelo porque no me lo merezco; además, quiero que seas feliz y si no quieres volver a verme no voy a enfadarme. Solo lo suficiente para convencerme de que podré sobrevivir sin ti, aunque en realidad no quiera ni pueda.

Lily toma aire y se balancea imperceptiblemente sobre sus pies. Tiene la sensación de que nada de lo que ha dicho no tiene sentido, o de que no ha sido ella la que ha dicho todo eso. Las mejillas le enrojecen furiosamente. James parpadea.

—A veces te pasas de sincera, Lily.

—¿Tú crees? –pregunta con ansiedad.

El chico contiene un asomo de sonrisa.

—Eso creo –asegura, y acorta las distancias en dos zancadas.

—James.

—Qué.

Algo se conmueve dentro de Lily. Él tiene una expresión extraña, parece dispuesto a hacer cualquier cosa que ella le pida.

—¿Qué haces? –acaba diciendo a media voz. James se inclina ligeramente hacia ella, hablando apenas a unos centímetros de sus labios.

—Solo dime si quieres esto.

—Sabes que sí.

—¿Pero?

—No hay ningún pero esta vez.

Su respiración se acelera.

—Entonces… prométeme que… –Se interrumpe a sí mismo–. No. No necesito que me prometas nada.

—No va a pasar nada –farfulla ella–, te lo juro, te lo juro…

Hablan a y sus alientos se entremezclan, los labios inhalando el aire del otro, entrando en el pecho con calidez. Lily siempre ha opinado que los preludios de los besos son mucho mejores que los besos en sí. Y el preludio ahora está siendo tan largo y desesperante que muere por besarlo.

—Mis intenciones no son buenas –dice él–.

—¿Lo juras? –inquiere, siguiéndole la broma, aunque en realidad parece más importante, más significativo que eso.

—Lo juro solemnemente.

Lily ensancha su sonrisa.

—Te quiero mucho, James.

Y lo besa.


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Aquella noche Lily está sola en la habitación de las chicas. Sus compañeras están en una fiesta pero a ella no le apetecía ir, así que lee hasta tarde, sintiéndose en paz consigo misma.

Hace mucho calor para estar en primavera. Una fina película de sudor le cubre la piel. Se tumba encima de la cama, sin meterse dentro. La luz de la noche puede que sea incluso demasiada y piensa en correr las cortinas. Sin embargo, rememora muy lentamente la reconciliación con James, los juramentos.

También es la despedida de Sirius, en parte, ya que no podrán volver a verse como antes nunca más. No voy a fastidiarlo todo, se promete a sí misma. ¿Y si ya la ha fastidiado? Ah, no, deja de dudar.

Sirius… no ha hablado con él. No sabe si será necesario o si van a ignorarse. Recuerda la cercanía de las tardes de invierno en que no había nada que hacer salvo besarse contra cualquier esquina. La sangre ardiendo mientras fuera la nieve caía sin prisa, al ritmo de sus besos. Lily suspira y desliza una mano por el pantalón del pijama. Imagina que está allí de nuevo, besando a Sirius Black, tocando con la punta de los dedos la barbilla áspera y sintiendo contra el pecho los latidos de su corazón.

Es una triste primavera…

La guerra se vuelve cruenta y tiñe de rojo y muerte el mundo. El miedo se cierne como una gran sombra sobre los rostros de la gente. ¿Quién será el siguiente en morir? Lily ha estado ignorando los avances del Innombrable y las noticias que trae el Profeta cada mañana, pero ya basta. Estas ansias de vivir van a ayudarla a salir adelante.

Adiós, dice al aire, en parte despidiéndose de esa Lily extraña que ha ocupado su sitio durante largo tiempo. Ya basta de mentiras, de esconderse, de cerrar los ojos. Ya basta de Sirius Black y su chaqueta negra que huele a tabaco. Basta de soñar.

Ha aprendido la lección.