Antes de que se me olvide, este capítulo tiene una escena subida de tono y lenguaje vulgar. Por si acaso. No me convence mucho como ha quedado, pero en fin. Un beso muy fuerte a todos.

Disclaimer: Harry Potter pertenece a Rowling.


Sad love story

15. Medianoche

La segunda semana de abril Lily observa la transformación de Remus por primera vez. Ha descubierto muchas cosas en estos últimos días –es la tercera semana que pasa con James, juntos de nuevo–; su novio le ha contado todo. El mapa de los merodeadores, una capa de invisibilidad, que son animagos… Peter se mostró muy enfadado cuando supo que le había revelado sus secretos. A Lily le pareció que su reacción fue la más apropiada, pero no dijo nada.

Apoya ambas manos en la barbilla, sumamente concentrada, hasta que se percata de que se está clavando las uñas. Las desliza en los bolsillos de la túnica y tiene un escalofrío cuando ve como Peter, transformado en rata, distrae al licántropo hasta guiarlo a la Casa de los Gritos. Ella está en la parte más alejada posible, junto a la puerta de Hogwarts, pero aun así se preocupa. ¿Acaso alguien desde una ventana no podía haberlos visto?

Vuelve a su habitación a paso lento, esquivando al celador al más puro estilo merodeador.


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La mañana siguiente se levanta muy temprano. Es domingo y tiene todo el tiempo del mundo así que decide disfrutar de un buen desayuno a solas. En el Gran Salón hay muy pocos alumnos. Se sorprende al ver a Sirius en la mesa de Gryffindor, mirando el almuerzo con los ojos entrecerrados y ojeras. El pelo revuelto y una herida en el pómulo. A pesar del aspecto cansado a Lily le parece más guapo que nunca.

—Hola –musita ella al sentarse frente a él.

Sirius le dirige una breve mirada y hace un gesto con la cabeza. Las cosas entre ambos no han cambiado demasiado. Hablan de vez en cuando, pero las miradas dicen mucho más. Lily ha descubierto que estas tres semanas sin él han sido mejores de lo que esperaba, pero tiene un vacío dentro. No es feliz, aunque tampoco está triste.

—¿Estáis todos bien?

—Remus está en la enfermería, ya sabes –explica con voz monótona–. Los demás estamos, que ya es mucho decir.

—No seas quejica –suelta Lily, a medias bromeando.

Sirius alza la vista y echa a reír a carcajadas. Lily es consciente de que se sonroja.

—¿Por qué no pruebas a controlar un hombre lobo durante una noche y después me cuentas? –propone en voz alta.

—¡Baja la voz! –cuchichea, alarmada, echando un vistazo alrededor–. Cualquiera podría oírte.

—Oh, vamos –hace un ademán señalando la inmensa mesa vacía–. Aunque hubiera alguien, ¿crees que van a creer algo así un domingo por la mañana?

—Bueno, seguro que tus fans creen cualquier cosa que digas.

Se arrepiente en el mismo instante en las palabras salen de su boca. No debería haber sacado ese tema, no con él, piensa. Sirius, sin embargo, no parece haberle dado mucha importancia. Se encoge de hombros, mirándola con fijeza.

—No tengo fans.

—¿No?

—No.

—Sirius…

—A no ser que tú seas una –sugiere, y sonríe brevemente.

—No –aclara Lily, divertida–. Al menos por ahora.

—Mm.

Permanecen en silencio hasta que llegan los otros. Ha sido la mejor mañana en semanas, piensa Lily.


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Sirius jadea, la cabeza apoyada hacia atrás contra la pared del lavabo y las manos en el pelo de la chica. A pesar de que lo que crea la gente, él no suele hacer esto –al menos no tanto–. Nunca le faltan chicas, pero últimamente son apenas polvos rápidos. Como casi siempre, de hecho, pero necesita más. Más de todo. Aunque sea una espiral de autodestrucción. Quién le iba a decir que le iba a doler tanto lo de Lily.

—Oye, Black –dice la muchacha con voz anhelante, alzándose, los labios brillantes–, ¿vas a follarme ya o no?

Sirius sonríe, solo a medias, sorprendido del lenguaje de la Ravenclaw, que no encaja para nada con su aspecto tierno. Cabello castaño claro, corto. Ojos miel que ahora brillan con una chispa de malicia.

Sirius la agarra con brusquedad de la camisa, atrayéndola hacia él y muerde más que besa. Lame su oído y la chica gime.

—Te voy a follar –afirma en un susurro, la sonrisa afilada.

—Mm –rió suavemente, casi provocativa–, bien… Las chicas de sexto empezábamos a creer que no habría más Sirius Black para ninguna.

Sirius deja de respirar unos instantes. Así que solo es eso. Claro. Sirius Black no es nadie. Solo un tío que deshonra su pomposo apellido dejándose follar por cualquiera, piensa vagamente. ¿Es eso lo que creen que soy? Seguro que Lily también lo cree. Qué importa. A lo mejor es la verdad.

Desliza la mano hacia abajo y forcejea con el pantalón de la chica. Medio minuto más y está empujando contra ella, perdida la suavidad de antes; es agresivo y brusco y la chica de nombre desconocido le muerde el hombro cuando se contrae contra él. Sirius se corre inmediatamente después, sintiendo que algo duele por dentro.

Cuando ella se va, se mira en el espejo del lavabo. Apenas sabe quién es, aunque tiene dos cosas muy claras: la primera, que la sangre le importa menos que nunca, mientras allá fuera la sangre lo rige todo. La segunda, que James es su hermano y también Remus y Peter y que le parta un rayo si alguna vez les hace daño.


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Sirius llega tarde a la reunión con los merodeadores. Se disculpa con una sonrisa que promete todo menos buenas intenciones y se sienta entre James y Peter. Propone, antes incluso de que los demás se quejen de su retraso, que los cuatro se escapen el próximo sábado a Hogsmeade –aunque esté prohibido por motivos de seguridad desde hace meses–. James tarda un suspiro en aceptar y Peter no va a ser menos. Calculan que Remus estará recuperado para entonces.

Los merodeadores siempre han sido así. Una locura tras otra…

…y que intenten pararlos.