Advertencia: Esta historia no me pertenece; su autora, Tin Mandigma, la publicó en inglés en el año 2001 aproximadamente. Mi única labor ha sido traducirla de la mejor forma que he podido, teniendo en cuenta la complejidad del lenguaje, los juegos de palabras y la riqueza narrativa de esta autora. Espero que el resultado merezca la pena y que la historia os enganche y conmueva tanto como a mí cuando la leí por primera vez.
Explicación: Este capítulo no es un 'capítulo' en sí; no estaba incluido en el fic original. Es un preludio al tercer capítulo que la autora escribió para enmarcar los hechos, para crear un trasfondo. He decidido añadirlo aquí, porque al fin y al cabo forma parte de la historia y me parece bonito. Los hecho que se narran ocurren varios años antes de Of Love and Honor (OLH).
Aquel día todo había comenzado de una forma tan bonita…
Okina levantó la mano dudando si tocar a la oscura puerta de madera; su sombría estructura junto con la frialdad del vestíbulo húmedo parecía advertirle de lo que podría encontrar dentro. Su puño cerrado chocó contra la dura superficie sin emitir ningún sonido y él maldijo para sus adentros.
¿Podría hacerlo? ¿Debería hacerlo?
El sonido de un ronco sollozo se deslizó entre los oscuros tablones en olas de dolorosa angustia, constriñendo su corazón. Okina se estremeció. Acarició con la palma de la mano la vieja madera.
Algo golpeó bruscamente contra la puerta y él retrocedió alarmado. Otro golpe más. Y otro, hiriendo los leños de forma precisa. La mirada de Okina se ensombreció, y bajo el puño.
Dio un paso atrás.
No debía hacerlo. No podía. Ahora no. Su mano apretó con fuerza la tela de su túnica. Aquí no.
Se dio la vuelta bruscamente. Se alejo con pasos vacilantes pero firmes.
En algún lugar, en otro pasillo, alguien más lloraba tras otra puerta cerrada.
Miró atrás tristemente. Otro corazón cerrado.
Viñeta
Interminable
To have and not to hold
So hot yet so cold
My heart is in your hand
And yet you never stand
Close enough for me to have my way
To love but not to keep
To laugh but not to weep
You're to have
Not to hold
To look at but not see
To kiss but never be
The object of your desire
I'm walking on a wire
And there's no one at all
To break my fall
-Madonna "to have and not to hold"
del álbum "Ray of Light" (1998)
Okina observaba la lluvia caer en pequeñas gotas brillantes sobre el triste paisaje de la entrada delantera. Su mirada fascinada remontaba la tierra marrón claro del jardín que se iba oscureciendo con cada gota que la salpicaba, buscando los pequeños puntos todavía secos antes de que el cielo lo hiciera. Pero la lluvia siempre estaba un paso por delante de él, y mojaba aquellos espacios con una simultaneidad torpe, diluyendo su visión y después su mente con una rapidez desconcertante, hasta que el rompecabezas estaba completo y la tierra se burlaba de él, completamente empapada en el líquido. Sonrió tristemente. Los seres humanos siempre intentaban dejar atrás sus debilidades; intentaban corregir sus errores antes incluso de que sucedieran. Y desde luego él no era la excepción. Nadie lo era.
Reflexionó, anhelante. ¿Qué sentiría uno al sobrepasar sus propios miedos, sin pensar en trampas invisibles, sin miedo a fracasar en unas metas autoimpuestas? Podía ser peligroso, sí. Pero.. oh, también podría haber sido tan reconfortante. Suspiro; sus ojos se humedecieron al recordarlo. Una vez; sólo una vez en toda su vida se había permitido a sí mismo experimentar aquella imprudencia, aquella insensidad despreocupada, aquel abierto desafío. Y aquella libertad. De mente, espíritu, y corazón.
El sonido de unos gritos, audibles a pesar del fuerte rugir de la lluvia, lo asustaron. Agudizó el oido intentando entenderlos, y agachó la cabeza, herido, al escuchar aquellas palabras, que lo congelaron más de lo que cualquier tormenta podría hacerlo. Suspiró. Había sido así durante los últimos días y empezaba a preguntarse si aquello pararía. Si ellos lo detendrían.
La puerta tras él se abrió bruscamente y se giró, en parte resignado, en parte aterrorizado. Las líneas de su rostro se intensificaron más cuando vio a Aoshi de pie en la entrada; sus ojos azules entornados; el pelo negro cayendo sobre su frente de forma siniestra. Aoshi cerro la puerta tras él con mano firme. Después le dijo, con desapego, "Tengo que hablar contigo."
Okina lo observó en silencio. El le devolvió la mirada desafiante; su postura, aparentemente tranquila. Pero Okina podía sentir aquella emoción, apenas liberada, vibrando en el aura del joven y suspiró para sí, preguntándose cómo una persona podía cambiar tanto en tan poco tiempo. Aoshi había cambiado. La transformación fue sutil al principio. Se había vuelto más silencioso, más introspectivo, más solitario durante el último, año pero Okina no se había dado cuenta realmente de cuanto. Hasta que…
La puerta se abrió de golpe y, de nuevo, Okina se estremeció.
"¡¿Por qué te vas?! ¡Estamos hablando!"
La joven voz indignada, elevada hasta sonar estridente, retumbó con una claridad perfecta a pesar del estruendo casi ensordecedor de la lluvia. Aoshi se tensó de forma imperceptible para sí mismo, pero no para Okina, que sintió el creciente peso en la atmósfera como una advertencia de que la situación podía dar un giro peligroso.
De nuevo se giró hacia la puerta, forzando una sonrisa. "Misao, ahora…"
La brillante mirada azul lo desarmó en respuesta. La furia que manaba de sus profundidades le hizo ponerse rígido, cautelolo. Ella no habló. De hecho, Okina se dio cuenta de que Misao tenía miedo de hacerlo, como si el mero hecho de hablar significase destruir lo que le quedaba de compostura.
'Apenas tiene nueve años y ya puedo ver su cólera,' pensó Okina tristemente mientras la observaba. Ella, que era como su hija, a la que había querido como suya desde que era un bebé, de la misma forma que quería a Aoshi; también ella había cambiado, quizás incluso más que Aoshi, y el resultado no era menos alarmante. Tras la muerte de su padre… Los ojos de Okina se ensombrecieron. Misao siempre había estado llena de vida, una vida que quemaba con una intensidad y vitalidad inmensas; pero su amor por la vida estaba, también, forjado de un enorme respeto hacia ella. Para Okina, Misao siempre había sido como una pequeña antorcha. Pero… desde la muerte de su padre, aquel fuego que albergaba comenzó a arder todavía con más fuerza, como si ya no pudiese contenerlo, y mientras que antes aquel fuego la calentaba, ahora la consumía. Seguía estando viva, pero también estaba furiosa. Una niña furiosa y herida.
Y, Okina reflexionó tristemente, la única persona que podía salvarla ahora, aquel que sabía instintivamente que no era una consecuencia, sino otra razón de fondo de su rabia, también estaba envuelto en su propio camino hacia la autodestrucción; una naturaleza de la que incluso él, Okina, aun no era consciente por aquel entonces.
'Las debilidades,' pensó fatigado, 'no sólo os sobrepasan. También os capturan. Os esclavizan. Mis pobres niños… justo cuando más os necesitáis…'
Los observó. Esperó. Pero no supo que decir, excepto, "Por favor, calmaos…"
Ella ni si quiera lo escuchó. Toda su atención estaba centrada en Aoshi. "¿Cómo has podido olvidarte de algo tan importante?" preguntó acusatoriamente.
Aoshi clavó los ojos en ella y Okina sintió una punzada de algo similar al miedo cuando vio la expresión en la pálida cara del chico. "Esperad-" empezó a decir, pero Aoshi ya estaba hablando.
"No lo he olvidado," dijo Aoshi con voz fría, aunque Okina pudo sentir la furia detrás de cada palabra. La mirada de Aoshi se concentraba en Misao; sus ojos de un alarmante gris claro, brillando con una extraña mezcla de enfado y… Okina se sintió desfallecer al verlo. Instintivamente, se puso por en medio. "Aoshi, no…"
"¿Qué quieres decir?" Pregungó Misao con voz temblorosa. "Me prometiste que vendrías… ¿Cómo has podido…?"
"No quería ir, eso es todo." Contestó con indiferencia. Misao palideció al escucharlo, pero Aoshi continuó, aparentemente ajeno a su angustia. "Me parecía una pérdida de tiempo. Tengo cosas más importantes que hacer que acompañarte a un recital…"
"¡Cállate!" Gritó Misao. "¡Sabías lo importante que era para mí! ¡Llevo semanas diciéndotelo!"
"No tiene nada que ver conmigo," contestó. "En primer lugar, no quería acompañarte. Okina me pidió que lo hiciera, y en-"
"¡Y dijiste que SÍ!" cortó Misao. Sus hombros temblaban, sus ojos brillaban por las lágrimas. "Estuve esperándote. Te esperé y esperé y esperé," su aguda voz sonaba ronca. "Pregúntale a Omasu y Okon-"
"Ahórrame esto," dijo Aoshi fríamente. "Tus lloriqueos me aburren."
Okina lo miró fijamente entonces, en shock. Se preguntó cómo podía aparentar tanta indiferencia y parecer al mismo tiempo tan cruel. No. Y ser tan cruel, rectificó Okina, observando la cara de Misao, pálida de angustia y desconcertada por el dolor.
"No estoy…" dijo temblando. "¿Cómo puedes decir… cómo-?"
La propia cara de Aoshi estaba inmóvil, rígida. "¿Por qué no creces, Misao?"
Okina dio un paso adelante, sus manos temblorosas intentaron alcanzar a Misao y acercarla a él, para consolarla, aunque no fuese adecuado. Pero ella se apartó de él con movimientos torpes. Sus ojos, enormes y brillantes en aquella preciosa cara, no dejaron de mirar a Aoshi. Misao echó un vistazo a Okina, y él sacudio la cabeza; "Misao, por favor, detengamos esto," suplicó.
Pero, otra vez, ella lo ignoró. "¿Quién eres tú para decirme eso?" siseó a Aoshi con furia. "Pedirle a un niño que crezca… ¡jaja!" se burló. "¿Estás intentando ser gracioso, Aoshi-sama?"
Aoshi no contestó. Parecía aburrido.
"No," continuó Misao con frialdad. "Me parece que sólo consigues ser patético."
Ninguna respuesta.
"Soy una cría, despues de todo," dijo Misao, mientras hacía piruetas de forma burlona por el suelo. Su miráda explotó en un vivo azul cuando volvió a mirar a los ojos de Aoshi, que la observaba sin expresión alguna. "Pero tú eres un hombre," dijo seriamente.
"Y a pesar de eso," enunció las palabras con precisión, "no tienes corazón." Lo miró, en las alturas, mientras sus labios se curvaban ligeramente. "¿Quién de los dos es peor?"
Un espasmo retorció los implacables rasgos de Aoshi y, durante un momento terrible, Okina pensó que Aoshi la golpearía. Al contrario, dio un paso atrás, respirando de forma entrecortada, con los puños cerrados con fuerza a ambos lados de su cuerpo. "¿De verdad te crees que me importa?" contestó con voz serena, como si fuese una conversación cualquiera.
Y, de alguna forma, eso fue lo peor de todo.
Okina se giró hacia Misao, asustado de lo que encontraría, y retrocedió al contemplar su cara, extrañamente visible en la escasa luz del crepúsculo.
En ese momento le pareció tan pequeña…
Y entonces, "Te odio," dijo suavemente, mientras las lágrimas rayaban sus mejillas blancas. "Te odio." Se dio la vuelta de golpe, y se alejo de él, de ellos; sus pequeños pasos resonaron con una fuerza inesperada en el suelo.
Okina escuchó un sonido trémulo a su espalda y miró atrás, encontrando a Aoshi de pie, como una oscura estatua, con la cara ensombrecida, los labios terriblemente pálidos. Okina sintió las lágrimas llegar a sus ojos de forma inexplicable. "Aoshi…" suspiró.
"Okina," dijo él. Se le quebró la voz. "¿Qué me está pasando? Y Misao… ¿Qué nos está pasando?"
Pero Okina lo miró, incapaz de decir una palabra, incapaz de conseguir respuestas para la desnuda vulnerabilidad que vio en Aoshi. El momento se escapó, y Aoshi se dio la vuelta, escondiendo el movimiento convulsivo que lo agitaba, y echo a correr bajo la incesante lluvia.
Y él se quedó allí, de pie.
Fin de la viñeta.
Nota de la autora: Como aclaración, el padre de Misao murió cuando ella tenía 8 años más o menos (en mi historia, claro está ^^;;). Pensé que ese acontecimiento debió tenes unas cosnsecuencias bastante drásticas y esto ha sido lo que se me ha ocurrido. Espero no haber distorsionado demasiado el personaje de Misao, en fin, creo que todos tenemos un lado oscuro ^^;.
Nota de la traductora: Siento si en este capítulo hay partes algo confusas; a veces cuando traduzco se me olvida como se habla castellano y pongo cosas sin sentido XD aunque lo revise varias veces siempre se me escapa algo. La primera parte de la viñeta, antes de la canción, está situada evidentemente cuando acaba toda la pelea entre Aoshi y Misao. Ahora mismo voy a ponerme en marcha con el capítulo 3, muchas gracias a todas por vuestros comentarios, me animan muchísimo :D!!!
