Advertencia: Esta historia no me pertenece; su autora, Tin Mandigma, la publicó en inglés en el año 2001 aproximadamente. Mi única labor ha sido traducirla de la mejor forma que he podido, teniendo en cuenta la complejidad del lenguaje, los juegos de palabras y la riqueza narrativa de esta autora. Espero que el resultado merezca la pena y que la historia os enganche y conmueva tanto como a mí cuando la leí por primera vez.


Capítulo 3.

Pérdidas I

Okina frunció el ceño mientras veía a Misao alejarse. Le había sonreído, pero su rostro estaba extrañamente pálido y daba la impresión de que ni si quiera lo escuchó cuando pasó a su lado. Sabía que algo anidaba en su interior; un problema del que no había querido hablar en esas últimas semanas, pero pensó que sabría arreglarlo sola y que con el tiempo volvería a ser la Misao de siempre. Había ignorado los consternados comentarios de Okon y Omasu, porque creyó que, simplemente, estaba pasando por una especie de fase por la que todos los jóvenes pasan tarde o temprano. Pero ahora… en fin, definitivamente tenía que volver a evaluar la situación. Apretó los labios. Empezaría a hacerlo en ese preciso instante, hablando con Aoshi. Omasu le había dicho que él tenía mucho que ver con el actual estado de Misao, sin explicarle muy bien los motivos. Quizás podría sacarle algo. Caminó hacia su habitación decidido, abrió la boca para llamarlo, "Aoshi," y se detuvo en seco.

Aoshi y Sayuri estaban arrodillados en el suelo. Él rodeaba con sus brazos a una ahora tranquila Sayuri. Sayuri seguía aferrada a él, con la cara escondida entre su cuello y su hombro. Formaban una imagen conmovedora, silueteados por los rayos de sol matutino que se colaba entre los tablones de la pared.

Aoshi lo vio primero. Entornó los ojos y de forma inconsciente sus brazos apretaron a Sayuri con más fuerza. Okina los observaba, estupefacto. Aoshi maldijo en silencio. Podía imaginarse lo que el anciano pensaba en esos momentos. "Okina," dijo brevemente.

Sayuri se asustó un poco al escuchar aquel nombre. No quería separarse de Aoshi, no le importaba que Okina los viera. Pero sintió como Aoshi la soltaba y comenzaba a alejarse de ella. Suspiró para sus adentros, aunque aquella interrupción no mermó ni un ápice de su felicidad ¡La había consolado, luego le importaba! ¡La quería! Permitió que Aoshi la soltase, pero se inclinó sobre él, sintiendo como se ponía tenso en el acto. Lo atribuyó al hecho de que Okina estuviese delante. Okina… Levantó la cabeza; su adorable rostro estaba bañado en lágrimas, "Ojisama…"

Okina salió gradualmente de su estupor al notar la mirada fija de Aoshi sobre él. Echó un vistazo a Sayuri, que le sonreía débilmente e intentó devolverle la sonrisa. Se fijo en su cara descompuesta, preocupado. Ignorando a Aoshi, entró a la habitación y se arrodilló frente a ella. "¿Estás bien, Sayuri? ¿Ha pasado…" echó una ojeada a Aoshi antes de volver a dirigirse a Sayuri "…algo?"

Sayuri sacudió la cabeza, "No, no es nada, Ojisama. Estupideces mías, eso es todo." Rió débilmente. "No se preocupe, de verdad. Aoshi se ha encargado de todo."

Okina no descuidó la expresión en la cara de Sayuri cuando miró a Aoshi. Era bastante obvio que la joven estaba enamorada de él. Se preguntó cómo se lo tomaría Misao. Lo observó, tratando de calibrar su reacción.

La expresión tranquila de Aoshi no cambió. "No ha sido nada, Sayuri-san," dijo. Se giró hacia Okina. "¿Querías algo?"

Okina pensó irónicamente que Aoshi era una de esos hombres a los que nunca vería histérico. No parecía importarle lo más mínimo tener a dos mujeres detrás de él, una de las cuales era casi como su hija. Sus pensamientos se ensombrecieron al recordar a Misao. "Bueno, eh… verás… quería hablar contigo."

"¿Ahora?" preguntó serenamente.

Okina miró a Sayuri, que asintió, comprensiva. Se levantó con elegancia, alisando las arrugas de su kimono, y recogió la bandeja del té del suelo antes de colocarla sobre la mesa, en un movimiento armonioso. Okina se dio cuenta de que Sayuri se había convertido en todo lo que su padre siempre había soñado: era serena, hermosa, inteligente… Pensó otra vez en Misao, en sus modales de marimacho y su naturaleza despreocupada. Era fácil imaginar cual sería la decisión de Aoshi. Suspiró; sabía que él era el culpable de aquello. Si la hubiese educado de manera diferente… "Sí, ahora," contestó.

"Me retiro entonces, Aoshi-sama, Ojisama," Murmuró Sayuri, inclinándose ante ambos. Cuando llegó al marco de la puerta se dio la vuelta y miró directamente a Aoshi. Sonrió. "Gracias por todo, Aoshi-sama," dijo de forma recatada, aunque con los ojos brillantes.

Okina se sorprendió al ver a Aoshi sonreírle levemente en respuesta. "No hay de qué, Sayuri-san," dijo él. Con una última sonrisa a Okina, Sayuri dio media vuelta y se marchó.

Un pesado silencio cayó entre ambos. Sin saber qué decir, Okina se quedo mirando el suelo, pensando cómo podía sacar el tema. Aoshi se sentó frente a él, indiferente, con los ojos cerrados. Largos segundos pasaron antes de que Aoshi hablase, "¿Quieres un té?"

A Okina le entraron ganas de arrancarse el pelo en un ataque de desesperación. Aoshi a veces podía ser agotador. ¡Un té! Aoshi comenzó a levantarse. "¿Por qué no hablas con Misao?" soltó Okina de golpe.

'Diablos,' pensó cuando Aoshi se puso rígido. Hubo una pequeña pausa. Aoshi se relajó y se sentó de nuevo.

"¿Qué quieres decir?" preguntó con calma.

Okina frunció el ceño, "¿Tú qué crees?"

Cuando Aoshi no respondió, suspiró antes de seguir hablando, "Aohsi, Misao… bueno, lleva unas semanas deprimida. Por lo que Omasu me ha comentado no come demasiado y, por lo que he visto yo mismo, tampoco duerme bien. Tiene un aspecto espantoso," concluyó abruptamente. Echó un vistazo a Aoshi, que contemplaba inexpresivo la pared. "En fin," dijo, "me preguntaba si tú tendrías alguna idea de porqué está… así. Omasu dijo que quizás tú lo sabrías…"

"¿Qué te hace pensar eso?" preguntó Aoshi de golpe.

Okina se encogió, indefenso, "Bueno, Misao y tú siempre habéis estado muy unidos y pensamos que-"

Aoshi lo interrumpió, "Lo siento, pero no sé qué le pasa a Misao." Miró al anciano; su cara se ensombreció "Quizás deberías preguntarle a ella."

"¡Ese es el problema! ¡No nos cuenta nada!" dijo Okina ya nervioso. "He intentado hablar con ella, pero todo lo que saco son respuestas a medias y un montón de 'nadas.' ¡Okon y Omasu ya no saben que hacer! Y tú," lo miró a los ojos, "tampoco estás siendo de mucha ayuda."

"¿Y qué es lo que esperas que haga yo?" preguntó con el mismo tono monótono.

"Dios, ¡¿es que no te lo he dicho desde el principio?!" gritó Okina enfadado. "¡Habla con ella! ¡A ti te escuchará! ¡No puede decirte que no a ti! ¡Eres el único que puede sacarle lo que quiera que esté escondiendo! ¡Tú--!"

"No puedo," dijo tranquilamente.

Okina lo miro incrédulo "¿¡QUÉ!?"

"No puedo," repitió con el mismo tono. Apartó la mirada de Okina.

"¡¿Cómo que 'NO PUEDES'?!" explotó cuando recuperó el habla. Aoshi no se pronunció. Okina notó como le ardía la cara del enfado. ¡De todos los momentos que había tenido para ser cabezota, tenía que elegir ese…! Respiró profundamente, intentando convocar toda su paciencia. "¿Por qué no puedes?"

"Porque no."

"¡Eso no es una respuesta, maldita sea!" Okina se contuvo de coger a Aoshi y sacudirlo hasta que se rindiese. "Mira Aoshi, no entiendo qué esta pasando entre Misao y tú. Lo único que sé es que se está convirtiendo en alguien que no conocemos, en… en…" se detuvo, buscando las palabras, "en una sombra de lo que era." Su tono se volvió suplicante. "Deberías preocuparte por ella, aunque sólo sea un poco. Hazlo al menos por su bien, ¡habla con ella!"

Aoshi apretó los dientes casi imperceptiblemente mientras miraba con ojos vacíos la pared opuesta. Cerró los puños. Sus manos temblaban. Algo le pasaba a Misao, pero ella le había dicho… ¡Incluso acababa de sonreírle! Retiró los mechones de pelo de su cara en un gesto de frustración.

Okina lo observó ansioso. Aoshi parecía tan tranquilo y abstraído como siempre. Su cara seguía inexpresiva. El silencio se alargo de manera interminable. Finalmente, Okina no pudo soportarlo más. Esta vez, a diferencia de las anteriores, habló sin rabia; se había dado cuenta de que dejar sus emociones al descubierto cuando hablaba con Aoshi era del todo inútil. "Aoshi, no voy a obligarte a hablar con Misao," dijo fatigado. "Es tu elección. Pero tenía la esperanza," añadió, "de que pudieras dejar de lado tus diferencias personales con ella cuando el bienestar de Misao está en juego. Por favor. Si te importa, aunque sea un poco…"

Aoshi se tensó. Apretó los puños todavía más. De pronto su postura se relajó, y dejo caer los hombros hacia delante, como si alguien hubiese depositado una pesada carga sobre su espalda. Cogió aliento antes de dirigirse a Okina de nuevo. "Está bien. Hablaré con ella. Si ella quiere…" Por un instante, la máscara se quebró, y Okina vislumbró un sentimiento imposible de definir en la cara de Aoshi, antes de que recuperase su rigidez habitual. "Hablaré con Misao, Okina," repitió.

Okina sonrió contento. ¡Al fin había conseguido hacerle entrar en razón! Ahora si Aoshi conseguía hacer lo mismo con Misao, todo volvería a la normalidad. Y él lo conseguiría sin duda. "Sabía que lo harías," contestó Okina con aprobación. Se levantó y puso su mano en el hombro de Aoshi de forma tranquilizadora. "No te preocupes. Estoy seguro de que a ti te escuchará. Siempre lo hace." Aoshi no respondió pero a Okina a esas alturas ya no le importó. Mientras Aoshi cumpliera su palabra… Se dio la vuelta dispuesto a retirarse cuando escuchó un leve murmuro. "¿Qué decías?"

"Nada," contestó Aoshi. Okina lo observó desconcertado unos segundos. Encogiéndose de hombros, se marchó de la habitación. Con un último vistazo a Aoshi, que seguía arrodillado en el suelo, dijo, "volveré más tarde para hablar contigo. Y entonces la puerta se cerró.

"Misao…" susurró Aoshi. Con un gemido, escondió la cara entre sus manos. Su compostura terminó por romperse. "Misao…"


Nota de la autora: Siento haberlo dejado aquí. En estos momentos no se me ocurre cómo continual así que he decidido poner la siguiente escena en el próximo capítulo. Me resulta mas facio así.

Nota de la traductora: Sep, un capítulo corto y sin mucha acción. El próximo es todo lo contrario, me entra miedo de sólo mirarlo . ¡¡¡Al fin despega la trama!!! y Aoshi y Misao se ven las caras. Voy a necesitar un monton de helado y chocolate para hacer funcionar a las neuronitas y no quedarme lost in translation xP Gracias a Moonie, Karla, Janet, Misao k., Belldandy, Sakura y Leda por los estupendos comentarios :D traducir y traducir no tendría sentido sin vosotras!