Advertencia: Esta historia no me pertenece; su autora, Tin Mandigma, la publicó en inglés en el año 2001 aproximadamente. Mi única labor ha sido traducirla de la mejor forma que he podido, teniendo en cuenta la complejidad del lenguaje, los juegos de palabras y la riqueza narrativa de esta autora. Espero que el resultado merezca la pena y que la historia os enganche y conmueva tanto como a mí cuando la leí por primera vez.


Capítulo 4.

Pérdidas II

Aquel hombre de pie en el callejón fumaba un cigarrillo mientras aprovechaba para inspeccionar el gran edificio que se alzaba justo frente a él. A los ojos de los transeúntes tenía un aspecto extraño y al mismo tiempo impresionante, con su atlética figura en aquel traje occidental y sus brillantes zapatos de piel. Resopló al notar el alboroto dentro del edificio; cómo la gente entraba y salía, concentradas en su trabajo como si fuesen hormigas. Su cara impasible se tensó al ver al anciano que caminaba lleno de brío hacia dos mujeres que parecían esperarle en la sala principal. El viejo sonrió, agitando sus manos de forma expresiva mientras las mujeres se arremolinaban a su alrededor con impaciencia. La multitud que cruzaba la calle de un lado a otro le impidió ver más. El hombre gruñó, y estiró el cuello impaciente intentando ver cómo continuaba la escena, pero cuando la gente se dispersó aquel anciano y las mujeres ya se habían marchado. El hombre cambió de postura, irritado. De todas formas no había razón para desesperarse. La presa estaba allí. Sólo era cuestión de capturarla. Hizo una seña con su mano izquierda, hábilmente. La derecha todavía sostenía el cigarrillo. Unas figuras oscuras surgieron de detrás de él, obedeciendo de forma silenciosa. En respuesta a una inaudible pregunta, señaló el edificio con la cabeza. Despacio, las sombras se separaron de las paredes, vestidas de negro. Con una velocidad asombrosa, se lanzaron en diferentes direcciones, todavía escondidas, acercándose peligrosamente hacia el objetivo común. El hombre del callejón no dejó de vigilar el edificio. Sabía adónde iban aquellas figuras. Exhaló profundamente; el humo cubrió su campo de visión, envolviéndolo en una nube de gris y blanco. El cigarrillo, todavía encendido, cayó al suelo. Sonó un crujido cuando lo pisó, aplastándolo con su zapato en un movimiento ensayado. El humo comenzó a desvanecerse, pero él ya sabía qué estaba pasando. No le decepcionaron. Cuando el último rastro de la humareda desapareció pudo ver las sombras estaban juntas frente al edificio, confundiéndose las unas con las otras. Se movieron. Hubo una pausa. Y entonces el edifico explotó.


Momentos antes…

Sorbiéndose los mocos por última vez, Misao se frotó los ojos con la manga de su túnica. El tacto áspero del tejido le pareció extrañamente agradable al rozar su suave piel. Se frotó más fuerte, intentando concentrarse en lo que hacía. Pero las imágenes de Sayuri y Aoshi abrazados la atormentaban, y con un trémulo suspiro se forzó a salir del futon en el que había estado tirada la última media hora. Se tocó la cara con cuidado, estremeciéndose por la sensación. 'Esto es lo que pasa por llorar como una nena,' pensó de forma irónica. "Dios, ¿cuándo aprenderé?" empezó a murmurar para ella misma, con la esperanza de convencerse. "Desde que conozco a Aoshi no he hecho más que llorar y esperar, esperar y esperar… y después decepcionarme. Vale. Pues ya me he cansado. Estoy decidida; voy a evolucionar. Me convertiré en una mujer fuerte e independiente cuya felicidad no dependa de un tío que habla con monosílabos. Sí, eso." Misao resopló con sarcasmo mientras soltaba su trenza y sacudía la cabeza con fuerza, dejando que su pelo cayese libre hasta la cintura. Cepilló algunos mechones caprichosos que se empeñaban en cubrir su cara. Sus ojos se oscurecieron antes de volver a hablar. "Vaya gracia. Es la mentira más grande que has dicho." Una lágrima cayó. Y otra después. Las secó impaciente mientras buscaba un fajín limpio. El anterior estaba hecho un ovillo sobre el futon, todavía mojado por las lágrimas. Encontró uno y lo sacó de un estirón de su montón de ropa. "¿Y qué estoy haciendo ahora? Lloriquear como una cría porque lo he visto con… con…" Ató el fajín alrededor de su cintura, "esa mujer. Dios, soy una idiota. ¡La culpa es mía!" Apretó la faja mientras lo pensaba, "Mierda, no. ¡También es culpa suya! ¿Por qué va a ser sólo culpa mía? Ese imbecil** es el motivo de todo esto. Es tan espeso. No se entera de nada. ¿¡Y cómo ha podido enamorarse de una tía como ella!?" Misao ignoró la voz interior que preguntaba fastidiosa '¿Por qué no?' Por ahora, prefería estar enfadada. En su opinión ya había llorado bastante. "Mi vida es un lío. Lío, lío, lío, ¡LÍO!" Su voz se apagó con un gemido lastimero "¿Puedo llegar a ser más patética?"

Misao se dobló de repente en un ataque de tos. 'He llorado demasiado' pensó mientras frotaba su garganta dolorida. Todo le daba vueltas. Sacudió la cabeza, intentando despejarse. "Agua" murmuró. "Necesito beber agua." Caminó hasta la puerta torpemente, luchando contra las ganas que tenía de volver a esconderse en la reconfortante suavidad de su futon y autocompadecerse. Pero sabía que así no iba a llegar a ninguna parte. Deslizó la puerta de un tirón, sintiendo una pequeña satisfacción cuando chocó contra el tope con un golpe seco y su pelo suelto revoloteó en respuesta. Había olvidado trenzarlo de nuevo. Agachó la cabeza y juntó su cabello con la mano izquierda, mientras que con la derecha buscaba el pequeño cordel que siempre guardaba en el bolsillo.

"Misao."

La profunda voz masculina la asustó. Misao se quedó quieta, sabiendo de quién se trataba. '¿Por qué ahora?' se preguntó angustiada. No estaba en condiciones de verle.

"Misao…" la voz sonó esta vez más amable, más insistente.

Por un momento, Misao estuvo tentada a volver corriendo a su habitación. Reprimió el impulso, suspirando por dentro. Había notado la firmeza implacable en su voz; sabía que no podría escapar de él ni de lo que tuviera que decirle. Levantó la cabeza de mala gana, su mano soltó su cabello despacio, dejándolo fluir libre sobre sus hombros. "Aoshi-sama."

Sus ojos parpadearon levemente al verla; tenía la cara pálida, los ojos azules evidentemente enrojecidos de llorar. ¿Por qué? se preguntó. Se obligó a sí mismo a volver al tema que lo había llevado allí. No podía permitirse distracciones. Su voz no mostró ni rastro de sus reflexiones internas. Sonó tan tranquila y fría como siempre. "Tengo que hablar contigo," dijo.

Ella lo observó fijamente, intentando adivinar su expresión, pero no podía verle la cara por la escasez de luz. ¿Qué esperaba, de todos modos? Su propio rostro adoptó la expresión neutra ahora ponía de forma tan fácil y natural. Al fin y al cabo, pensó amargamente, había tenido un buen maestro. "¿Por qué?" le contestó igual de serena.

Aoshi la estudió unos segundos más, intentando identificar esos cambios en ella que eran tan evidentes, pero que por alguna razón él hasta entonces, al haber estado intentando esconder sus propios sentimientos, no había visto. Se dio cuenta de que empezaba a alejarse de él. "Okina me ha dicho que últimamente no te encuentras bien," dijo de golpe.

"¿Ah, sí?" Misao se arriesgó a mirarlo de nuevo y apartó la vista cuando vio su cara. La preocupación que mostraba era la misma que podía esperarse de alguien que comentaba el tiempo que hacía. Dio otro paso atrás y sonrió falsamente. "Ya sabes que Jija se preocupa por tonterías. Es que he estado pensando… en… en cosas…"

"¿Sí?" Insistió Aoshi, dando un paso adelante. Misao retrocedió apresuradamente.

"Cosas," contestó vagamente. 'Sigue sonriendo,' se dijo. 'No dejes que se te acerque.' "Como puedes ver estoy bien. No pasa nada, en serio." Pensó que su cara se rompería de tanto estirar la sonrisa.

"Ya veo," dijo tranquilamente dando otro paso. "Pero has estado llorando," señaló; sus ojos observando fijamente su cara.

Misao recogió algunos mechones rebeldes y los metió detrás de sus orejas, mientras pensaba en una respuesta. "Yo… Yo-" tartamudeó.

"¿Por qué llorabas, Misao?" preguntó Aoshi.

Misao sintió una oleada de pánico. '¡No debe saberlo!' se gritó en silencio. "Yo…" comenzó. Entonces decidió girar las tornas. "¿Por qué lo preguntas?"

La mirada de Aoshi no vaciló. "Es bastante obvio."

"No," dijo Misao. "Lo que digo es... ¿por qué me estás preguntando todo esto?" Contuvo el aliento mientras esperaba su respuesta. Hubo una pausa. Notó su aura, envuelta en una duda casi tangible, y, profundamente herida, Misao lo supo. Okina o hasta Omasu u Okon lo habían obligado a hacerlo. En realidad él no quería hablar con ella. Sintió una profunda humillación al pensar en lo que debían haberle dicho para convencerlo. Probablemente que se estaba muriendo de pena por su culpa, o que podría llegar a suicidarse por él. Quizás incluso Sayuri estuviese implicada. Podía imaginarse la escena, escuchar su refinada voz suplicando de forma encantadora. Pobre pequeña Misao. No vas a dejarla así, ¿verdad, Aoshi-sama? Sólo es una niña. Y su sentido del honor era demasiado fuerte como para permitirle ignorar aquello que le confiaron como una 'resposabilidad', una 'obligación.' Ella. Seguían viéndola como un bebé, sin percatarse de su decisión de resolver todo aquello, sin respetar su propio honor. Y Aoshi… podía soportar que fuese a ella enfurecido. O sintiendose culpable. O con su habitual indiferencia. Pero jamás por lástima. No quería eso. Quería que fuese a ella por am...—Misao sintió las lágrimas regresar a sus ojos. Tomó aliento, intentando controlarse. De ningún modo iba a llorar delante de él. Buscó desesperadamente algo en su interior que la hiciese mantenerse firme. Lo encontró en la rabia. Y en el orgullo.

"Yo-" empezó Aoshi, pero Misao lo interrumpió.

"No te molestes, Aoshi-sama," dijo fríamente. "Sé que Okina te ha pedido que hagas esto. No hay motivo para que te preocupes. Estoy bien."

Aoshi detuvo sus pasos bruscamente. Sus ojos reflejaron algo otra vez. ¿Culpabilidad? ¿Vergüenza? Los labios de Misao se torcieron ligeramente. Entonces tenía razón después de todo, pensó amargamente.

"Misao," dijo Aoshi con cuidado. "Eso no es-"

"¿Vas a decirme que no es verdad?" preguntó de forma grosera. "Porque si lo haces, no voy a creérmelo. Los dos sabemos que es mentira."

"No es del todo verdad, no," contestó con calma. "Pero-"

Misao soltó una carcajada, "Lo sabía. Mira, no hacen falta más excusas. Lo entiendo. Después de todo, tu actitud no es nada nuevo, ¿no?"

Aoshi seguía quieto. "¿Qué quieres decir?" preguntó con algo de aspereza en la voz.

"Quiero decir que a ti no te importa en absoluto," continuó Misao bruscamente. "Siempre he sido una… molestia para ti, de todas formas. Nunca has querido implicarte en mi vida. Y ahora sigue siendo igual."

La miró fijamente durante unos segundos. "Misao, me dijiste que no querías que me metiera en tu vida," murmuró en voz baja.

El corazón de Misao se detuvo. ¿Qué estaba diciendo? ¿Hablaba del día que…? ¿Pero qué pasaba con Sayuri? Temblando por dentro, sus ojos se encontraron con los de Aoshi. "Aoshi-sama…"

Una ensordecedora explosión reventó las puertas del Aoiya. Misao y Aoshi se tiraron instintivamente al suelo. Un instante más tarde un par de shuriken volaron a su lado con una exactitud mortal. Con un gesto de Aoshi, Misao y él se separaron al mismo tiempo que otra ola de shuriken se clavaban en el suelo.

Misao se quedó en guardia, arrodillada, igual que Aoshi. Agarró sus kunais lista para atacar. Un movimiento a su derecha la puso en alerta. Velozmente, lanzó una de sus dagas en aquella dirección con un ágil salto. El kunai se incrustó en la pared con un golpe seco; la sombra había desaparecido. Misao aterrizó grácilmente, sacó otra daga y bloqueó una patada que estuvo a punto de golpearla en la cabeza. Se estremeció por la fuerza del golpe. 'Maldición.' En un rápido movimiento, se agachó y barrió los pies de su adversario, que se estrelló contra el suelo. Captó otra sombra por el rabillo del ojo, pero cuando lanzó sus kunais ya había perdido su objetivo. Aquellos tipos eran rápidos. Dio un codazo a sus espaldas con convicción, y sonrió al escuchar el crujido de unas costillas al romperse. Giró bruscamente y su aliento se congeló cuando el puño de su oponente golpeó su estómago. Apenas pudo bloquear otro puñetazo dirigido a su cara antes de recibir una patada en la espalda. Misao cayó al suelo, doblada por el dolor. Apretó sus dientes, intentando concentrarse. Rodó por el suelo, escapando del brillo metálico de una katana que amenazaba con abrirla en canal. Pudo ver sus kunais en el suelo, en una esquina. A su derecha. Tenía que recuperarlos. Calculó la distancia rápidamente mientras el ninja vestido de negro alzaba la espada para asestarle el golpe de gracia. Ignorando el dolor, se elevó lo suficiente para golpear la muñeca de su adversario y, aprovechando la ventaja, saltó hacia sus kunais. Esquivó el golpe de otro ninja, y tras recuperar los cuchillos lo apuñaló. Retrocedió rauda, intentando conseguir mejor ángulo. Alguien agarró su brazo por detrás y lo dislocó en un brutal ataque. Los ojos de Misao se humedecieron a causa del insoportable dolor. Con su mano libre hizo intentó cortar bruscamente el antebrazo de su atacante. Al ver sus intenciones, el ninja la inmovlizó, y Misao notó un borbotón de sangre caliente deslizarse hasta su muñeca cuando una daga cortó profundamente su brazo. Gruñendo, se separó de su agresor empleando todas sus fuerzas. De pronto alguien la cogió del cuello y la levantó del suelo. La estrangulaban. Misao jadeó, luchando desesperadamente por respirar, incapaz de soltarse esta vez. Todo se volvió negro.

Aoshi desenvainó su kodachi, estudiando serenamente a sus oponentes, que lo rodearon poco a poco. Se preguntó vagamente quienes serían; las máscaras negras que llevaban ocultaban toda su cara. Pero eran jóvenes, de eso estaba seguro, por su postura y el ágil movimiento de sus pies. Esperó a que comenzasen el ataque. Y se produjo con una velocidad asombrosa; el brillo metálico creaba destellos a la luz del sol por toda la habitación. Si, eran rápidos. Y buenos. Aoshi esquivó con éxito una katana que estuvo a punto de cortar su hombro. Bloqueó los siguientes golpes sin apenas variar su postura; su rostro se mantuvo impasible mientras calibraba la forma y duración del ataque, ajustando al momento y de forma mecánica su defensa. Su estilo de lucha no requería demasiado movimiento por su parte, aunque implicaba una flexibilidad más que considerable. Aoshi detenía y eludía los ataques en silencio, al igual que sus atacantes. Los ojos de Aoshi se estrcharon. Eran ninjas. Y muy bien entrenados. Con otro movimiento veloz se separaron, hicieron una pequeña pausa adoptando la posición y comenzaron a atacar de nuevo desde diferentes ángulos. Aoshi detenía los golpes con pequeños movimientos de muñeca. Se sorprendió ante la escasa fuerza que empleaban. Como si se estuviesen conteniendo; como si le estuvieran probando. Aoshi alzó una ceja al darse cuenta. Cuando sus oponentes volvieron a lanzarse contra él de nuevo, cambió su postura y desenvainó su otra kodachi, listo para contraatacar. Avanzó, evitando y deteniendo los golpes mientras acuchillaba de forma precisa a los ninjas, que caían retorciéndose al suelo. Con un golpe final, atravesó el pecho del último luchador con una fuerza asombrosa. El hombre cayó al suelo junto con todos los demás. Aoshi miró a su alrededor. Omasu, Okon y el resto del Oniwabanshuu estaban deshaciéndose de los últimos enmascarados. Inspeccionó a aquellos hombres con el ceño levemente fruncido, mientras se preguntaba a qué habrían venido. Eran buenos, verdaderamente peligrosos, excepcionales incluso; pero estaban dentro de lo que el Oniwabanshuu podía enfrentar, aunque les supusiera cierto esfuerzo… Aoshi se quedó petrificado. ¿Dónde estaba…?

"¡¡MISAO!!" chilló Okon.

'Oh, Dios.' Aoshi se dio la vuelta de golpe y la vio colgando en el aire, sujeta del cuello por un ninja especialmente grande, con una constitución más pesada que el resto. Aoshi se lanzó hacia éllos en un movimiento borroso. Okon y Omasu observaron aterrorizadas el tremendo estallido que hizo saltar por los aires el suelo de madera donde estaban Misao y el ninja. Cuando la humareda se dispersó, vislumbraron a Aoshi a un lado, sosteniendo a Misao por la cintura; su kodachi desenvainada a la altura de sus ojos le daba un aire amenazante. El ninja estaba tirado en el agujero. Muerto. La mancha roja que salpicaba todo el suelo venía de una herida en su espalda. Okon y Omasu respiraron profundamente tratando de tranquilizarse y observaron a Aoshi, que ayudaba a Misao a incorporarse.

Misao gimió mientras intentaba sentarse; se sentía como si le hubiesen dado vueltas y más vueltas. Tosió al intentar recuperar el aliento; su cuerpo protestaba por el gigantesco esfuerzo. Sintió una mano acariciar su espalda, y alzó la vista con los ojos algo nublados, esperando encontrar a Okon u Omasu o incluso a Okina. En lugar de eso vio aquellos ojos azules que la miraban fijamente. "¿Aoshi-sama?" dijo con voz temblorosa.

"¿Estás bien?" le preguntó. ¿Había sonado preocupado?

"Yo-" comenzó a toser de nuevo. Sus brazos la estrecharon con más fuerza. Misao se ruborizó e intentó apartarse. "Eh… estoy-estoy…" sintió a Aoshi tensarse. "¿Qué…?"

"¡Misao!" gritó Omasu al ver una sombra abalanzarse sobre ambos. Y el brillo del acero. Y la embestida deliberada contra la espalda de Misao… Corrió hacia ellos, sabiendo desesperadamente que no llegaría a tiempo. Y que no había forma de que Aoshi bloquease ese golpe…

En un instante, Aoshi abrazó a Misao contra su pecho. "¿Aoshi-sama…?" preguntó ella. Su vóz sonó sorda contra su camisa. Notó como la levantaba, le daba la vuelta y la derribaba de modo que su espalda chocase contra el suelo. Intentó coger aire desesperadamente, con los ojos cerrados; su corazón latía desbocado preguntándose qué estaba pasando. Y entonces escuchó ese sonido. El de la una espada rasgando la carne. Aoshi enterró su cara en el cuello de Misao. Pudo oír su gemido de dolor. No. Sus ojos se abrieron de par en par, horrorizados, para ver a la oscura figura caer; la sangre salía a presión de su pecho. Sayuri estaba detrás de él, con la cara blanca por la furia y la katana desenvainada.

Con las manos temblorosas, Misao empujó suavemente los hombros de Aoshi, estremeciéndose al sentir la pegajosa humedad de su sangre. "Aoshi-sama…" susurró desesperada. Lo apartó de ella con cuidado y pasó su brazo por su ancha espalda, intentando sostener su peso. Su Kodachi cayó al suelo cuando Misao lo abrazó contra ella. Jadeó espantada al ver la herida. Era profunda; ya había perdido mucha sangre. Suspiró con algo de alivio cuando vio que todavía respiraba. Su cara estaba pálida, cubierta por un ligero velo de sudor. "Aoshi-sama…" susurró de nuevo, tocando la mejilla de Aoshi con su mano temblorosa.

"¡Aoshi!" gritó Sayuri. Dejó caer su katana y corrió hacia él. Cayó de rodillas enfrente de Aoshi. No podía ser; no podía haber llegado demasiado tarde… Apartó bruscamente la mano de Misao y sostuvo la cabeza de Aoshi en su regazo. Las lágrimas comenzaron a caer por su precioso rostro.

Misao la observó llorar mientras llamaba a Aoshi una y otra vez. Entonces se dio cuenta de que Sayuri quería a Aoshi. De verdad. Con todo su corazón. Entumecida, Misao alzó sus manos, manchadas de la sangre de Aoshi. Las miró durante un momento interminable. Su sangre. Sus manos estaban manchadas de su sangre. Y entonces supo que ella también lo amaba. Con todo su corazón. Era algo que siempre había sabido, y aun así había sido suficientemente estúpida para negarlo. Una gota cayó sobre su mano. Y otra después. Con los ojos empapados, contempló el líquido rojo resbalar como un río salado. Quizás era aun más estúpida por quererle todavía. Misao miró a Sayuri. "Sayuri-san…" murmuró.

Sayuri clavó su mirada en ella y Misao retrocedió al percibir el veneno en sus ojos verdes. "Es culpa tuya," siseó. "Por tu culpa Aoshi-sama está herido."

"Yo… no-" Misao sacudió la cabeza débilmente. "Yo no quería—"

"¡Es culpa tuya!" le gritó.

Misao la observói horrorizada. "Yo…Yo—"

Okina irrumpió en la sala, "¿Qué diablos…?" gritó al ver el destrozo a su alrededor. Sus ojos se abrieron de golpe al ver a Aoshi. Corrió hacia él rápidamente. "¡Aoshi!"

"Jija," dijo Misao con la voz quebrada. Parecía en shock. "Jija…"

"Misao—" Okina se detuvo cuando un sujeto vestido con un traje occidental salió de entre las ruinas de la fachada. "¡¿Quién es usted?!" preguntó.

El hombre lo miró con frialdad. "¿No lo sabe?"

"No."

Sus ojos oscuros vagaron por la habitación, sobre el cuerpo inerte de Aoshi y la llorosa imagen de Sayuri, antes de detenerse en Misao. Estaba sentada en el suelo, con su oscura melena cayendo a su alrededor; sus ojos azules en blanco. Sostenía el cuerpo de Aoshi sobre su regazo. Lo agarraba con una mano, pero la izquierda estaba inmóvil, en el suelo, manchada de sangre. La observó durante un rato.

Okina entornó los ojos al no recibir respuesta. "Se lo repetiré," gruñó de forma amenazadora. "¿Quién es usted?"

El extraño lo miró a los ojos con expresión burlona, "Soy Hara Yoshiyuuki."

"¿H-Hara?" Tartamudeó Okina. Se puso pálido.

Hara Yoshiyuuki se inclinó ante él, exageradamente cortés. "Hijo de Hara Kenji. Su antiguo socio, Okina-sama." Levantó la cabeza; una sonrisa curvaba sus labios. "He venido para saldar, digamos… las deudas pendientes"

Misao se sorprendió. ¿Deudas pendientes? Contempló a Okina.

El anciano temblaba; no apartaba los ojos de Hara. Okon se acercó a él, preocupada, pero Okina le indicó que no se acercase. "Ocupate de las heridas de Aoshi," le susurró. "Y llévate a Sayuri y Misao contigo." Se dirigió bruscamente hacia Hara. "Está bien. Ven conmigo y hablemos."

Hara se inclinó de nuevo, "Por supuesto." Siguió a Okina pero se detuvo frente a Misao y Sayuri. "Debo disculparme" dijo suavemente. "Mis hombres han sido algo… brutos. Les aseguro que no quería que nada de esto sucediera."

Sayuri respondió airada, "¿En serio? Espero que nos perdone usted por haberles recibido—" señaló a los hombres que yacían sin vida amontonados por toda la habitación, "con la misma cortesía."

Hara sonrió. "Claro que sí. Yo mismo me habría ocupado de ellos de haber sabido que iban a causar tanto alboroto. Han hecho ustedes lo que debían." Sonrió a Misao antes de marcharse.

Okon lo miró alejarse con desconfianza. Omasu corrió a su lado y señaló a Aoshi. Okon asintió. Se arrodilló junto a Sayuri y dijo dulcemente, "Tenemos que llevar a Aoshi-sama a su habitación." Se dirigió a Misao, "Misao-chan…"

Misao asintió ausente y soltó a Aoshi. Okon llamó a uno de sus hombres. Le explicó en voz baja qué hacer al mientras él tomaba a Aoshi con cuidado. Lo condujo a la habitación, con Sayuri cogida de su mano. Okon se giró preocupada hacia Misao, que seguía sentada en el suelo encharcado en sangre.

"Misao-chan…" susurró Omasu. Se arrodilló a su lado y se fijó en los arañazos y las magulladuras de su rostro. Jadeó al ver el profundo corte de su brazo. "¡Misao-chan, estás herida!"

Misao no respondió. Los ojos de Omasu se llenaron de lágrimas. "Oh, Misao…" murmuró. La ayudó a ponerse en pie lentamente. No se resistió. Omasu rodeó sus hombros con su brazo y la guió hasta su habitación. "Vamos, Misao-chan. Déjame curarte, ¿vale?" La condujo paso a paso. "Vas a ponerte bien, Misao," susurró con dulzura.

"Omasu," dijo Misao suavemente apoyándose sobre ella.

"¿Sí?" preguntó cuidadosamente.

"¿Se- Se…" Misao respiraba de forma irregular. "¿Se pondrá bien Aoshi-sama?"

Los ojos de Omasu se oscurecieron con compasión. La abrazó contra ella con fuerza. "Claro que sí, Misao-chan. Por supuesto."

Y Misao se desmayó, agotada. "Por supuesto," repitió.


Nota de la autora:

1. Lo siento si la escena de lucha no ha quedado bien. La ecribí tal cual se me ocurrió. No tengo ni la más mínima idea sobre estilos de lucha y todo eso.

2. Debeis estar preguntandoos dónde demonios está el argumento. Estoy trabajando en él! ^_^ (porque en realidad, hay un argumento…)

Nota de la traductora: Pensaba que me volvía loca intentando traducir las escenas de lucha. He tenido que hacerlo en varias veces porque llegaba a un punto que sólo escribía incoherencias con palabras repetidas cien mil veces etc. (no encontraba sinónimos de 'movimiento'!!!! ). En fin, esta parte ya está hecha y por suerte para mí no hay ninguna lucha más. Como la autora dice, hay una trama y está empezando a nacer desde ahora mismo. Tengo muchas ganas de llegar a mis capítulos preferidos :D disfruto muchisimo traduciéndolos! (de hecho, ya tengo algunos de ellos casi terminados).

Gracias a Janet, Karla (cuando leí el fic y la autora no lo terminó la bombardeé a mails y no dio resultado! xD), Misao K. y Belldandy por los reviews en el cap anterior :D cada vez que me quedaba atascada en una escena y recibía uno me ponía a traducir con más ganas!! El cap. 5 ya está en marcha, y ahí saldrán a la luz los motivos del comportamiento de Aoshi :))