Disclaimer: Bueno, ya saben: No me pertenece ninguno de estos personajes (ojalá) sino a JK y la WB. Traducción autorizada de "Parenting Class" de IcyPanther.

Gracias a mi beta, Neko90-bcn, por el tiempo que invirtió en corregir mis errores.

Aquí está el segundo capítulo, espero lo disfruten!


-¿Quiénes son ustedes?- fueron las primeras palabras que salieron de la boca del pequeño, sus labios formando una pequeña mueca-¿Y dónde estoy?- preguntó, viendo la horriblemente decorada habitación con interés.

-Bueno, yo soy Hermione- dijo la Gryffindor, con una sonrisa de sorpresa en su cara. -Y él es Harry... te vamos a cuidar por un tiempo. Ahora estás en una habitación en Hogwarts, donde te quedarás por las próximas dos semanas.

Sus brillantes ojos grises miraban a Hermione con curiosidad y ella no pudo evitar sonreírle. ¡Draco Malfoy era una de las criaturas mas lindas que había visto! Sus ojos tenían un precioso brillo, su pelo rubio era corto y unos mechones le caían en la frente, justo encima de sus ojos.

Su túnica negra se había encogido para quedar a la medida de su pequeño cuerpo, su varita había aparecido en la mano de Hermione, ya que los menores de edad no tenían permiso de hacer magia. -¿Pero donde están Madre y Padre?- preguntó, viendo con desconfianza a Harry antes de dar un pequeño paso hacía atrás. -No creo que les agrade que me haya ido.

-No te preocupes- dijo Hermione alegremente, arrodillándose para quedar a la altura de Draco, para que no se sintiera tan intimidado. -El profesor Dumbledore se ha encargado de todo.-

-¿Estás segura?- preguntó dudando todavía, mientras su cuerpo poco a poco se fue relajando. -¿No me meteré en problemas?-

-Claro que no. Ahora, ¿Porqué no vienes conmigo para mostrarte tu habitación?- Draco asintió brevemente, y viendo todavía a Harry con miedo siguió a la chica.

Esperando que ese fuera la habitación del niño, Hermione abrió la puerta y dio un suspiro de alivio. En el centro de la habitación había una cama pequeña casi al ras del suelo, con un librero al lado, lleno de cuentos mágicos de hadas.

Un baúl de latón estaba al pie de la cama, el cual, asumió la Gryffindor, contenía toda la ropa y pertenencias de Draco. Una ventana sobre la cama dejaba entrar la luz del día, iluminando la pequeña cascada que había en una esquina, y creando pequeños arcoíris en movimiento.

El Slytherin dio un chillido de placer y corrió hacia la cascada, el agua escurriendo entre sus manos a una base en el fondo. -¿No es adorable, Harry?- susurró Hermione, sintiendo a su mejor amigo a su lado, sus ojos cafés viendo al pequeño jugar con el agua.

-Es difícil creer que sea Malfoy- rió suavemente Harry, sus ojos siguiendo la mirada de Hermione. -¿Crees que Lucius no le haya enseñado aún sobre Voldemort? Parece que no tiene nada contra ti o mí, especialmente contra mí. Se supone que me debe odiar.

- Draco es solo un niño, Harry- rió Hermione tratando de sofocar su risa con la mano mientras Draco la miraba raramente antes de poner su atención de nuevo en la cascada. -También pienso que sería lo mejor si ambos intentamos llamarlo Draco desde ahora. Estoy casi segura que sus papás no lo llaman Malfoy, y como los estamos reemplazando nosotros tampoco deberíamos hacerlo.-

-Parece que me tiene miedo, Mione- dijo el pelinegro suavemente, Draco ya había abandonado la cascada y estaba viendo los títulos de los libros, antes de sacar uno del librero y subirse a la cama con el, sus manos pálidas cambiando las hojas mientras veía las bellas ilustraciones.

-¿De verdad? Tendremos que ponerle atención. Probablemente es sólo timidez, nada de que preocuparse- Después de una pausa, Hermione dijo -¿Crees que uno de nosotros debería leerle un cuento? A mi me encantaba cuando mis padres me lo hacían.-

-Tú amas los libros en general, Mione. Si no te molesta, iré a checar mi habitación. ¿Por qué no le lees tú uno?

-Claro- accedió la castaña, asintiendo alegremente. –Bajaremos a cenar en media hora, ¿de acuerdo? Me parece razonable.- Harry asintió y salió del cuarto, mientras que Hermione se acercó cautelosamente a Draco.

-¿Qué estas leyendo?- le preguntó, sentándose en la orilla de la cama.

-¿No deberías estar en algún lugar?- Hermione parpadeó sorprendida y Draco continuó -Madre nunca se queda, siempre está con sus amigas o en fiestas. Entonces, ¿porqué estas aquí?

-¿Con quién juegas normalmente durante el día?- preguntó, tratando de relacionarse con el niño. Por la manera en que hablaba de su madre, parecía que nunca lo abrazan o le leían un cuento antes de dormir. Hermione nunca supo como era eso, sus padres siempre la habían llenado de atenciones y cariño.

-Con nadie- murmuró, levantando su vista del libro y viendo a la Gryffindor. –De vez en cuando viene Pansy- dijo, su rostro iluminándose levemente, -pero normalmente solo permanezco en mi habitación. ¡Oh, y en las cocinas! A Dobby le gusta darme galletas de contrabando, pero no le digas a Madre o a Padre, - dijo, hablando en susurros, como si hubiese hecho algo malo. -Se enojarían si supieran.-

-Mis labios están sellados- dijo Hermione, pasando su dedo índice por los labios y luego tirando su mano hacía atrás mientras que pensaba ¿Como será su familia en casa, si tiene miedo de comerse una galleta a escondidas?-

-¿Que significa eso?- preguntó él, imitando el movimiento que acababa de hacer Hermione.

-Es una señal muggle- dijo, remarcando la palabra Muggle, para ver si captaba su atención. -Significa que estás sellando tus labios y tirando la llave, para que nadie pueda escuchar el secreto.

-¿Un término muggle? Padre dice que todos los muggles son malas personas... ¿es eso cierto? Pansy me dijo que solía ser amiga de una muggle- susurró él, bajando nuevamente el volumen de su voz, -pero cuando su padre se enteró, ya no le permitieron jugar con ella.-

-Los muggles son buenas personas, Draco.- dijo Hermione, viendo una oportunidad para tratar de cambiar la perspectiva de Draco sobre todo aquello de que "los-sangre-pura-son-mejores-que-los-sangre-sucia". -¿Piensas que soy agradable?- Después de pensarlo durante unos segundos, Draco dio un pequeño asentimiento y Hermione sonrió. -Yo soy hija de muggles- dijo ella orgullosamente, sonriendo ampliamente cuando Draco dio un gritito de asombro. -Somos iguales que tú Draco, no hay diferencias excepto quiénes son nuestros padres.-

-Pero Padre dice que los muggles y los hijos de muggles son inferiores a nosotros, ¿no es cierto?-

Hermione sabía que probablemente estaba confundiendo al pobre al exponerle sus puntos de vista, mientras él había crecido escuchando a su padre. -No, no lo es. Lo que tu padre dice es en prejuicio nuestro.-

-¿Que significa prejuicio?-

Una sonrisa torcida cruzó el rostro de Hermione. -Que tonta soy. Si solo tiene cinco años, por supuesto que no sabe que significa un término tan complicado! Pero debo admitir que es muy inteligente para su edad-. Y era verdad. Draco era capaz de leer un libro con facilidad y parecía ser muy maduro para alguien con su edad. -Significa tener una idea o creencia sobre una persona antes de conocerla realmente- indicó, intentando ponerlo en términos simples para que él lo comprendiera.

-Pero se ve que eres una muy buena persona- dijo él -e inteligente- agregó, después de pensarlo. -Me caes bien- Una gran sonrisa se formo en la cara de la castaña y jaló al niño en un abrazo, su cuerpecito volviéndose tieso al instante.

-¿Qué pasa?- preguntó, mientras él poco a poco empezaba a relajarse, completamente confundida con la reacción del niño.

-Nadie me había abrazado antes- murmuró en el cuello de Hermione -estaba sorprendido... eso es todo.-

-¿Nadie? pobre Draco...No puedo imaginar siquiera el no haber sido abrazado nunca. O besado cada noche antes de dormir con canciones de cuna, y todas esas pequeñas cosas que hacían mis padres para demostrarme su amor- Un pensamiento repentino invadió su mente, y apretó un poco más al niño, mientras una sonrisa decidida aparecía en sus labios. -Mientras esté bajo mi cuidado, me aseguraré de que reciba toda la atención posible. ¿Quién sabe? Tal vez y cambie para bien.

-Oye Hermione, ¿Mal-Draco y tú están listos para irnos?- preguntó Harry, recargándose en el marco de la puerta.

La chica se fijó en el reloj de la habitación, percatándose de que había estado abrazando al Slytherin casi toda la media hora. -¿Listo para ir a cenar, Draco? preguntó amablemente, soltándolo de su abrazo. Él levantó la mirada, sus ojos brillando un poco más que antes por algunas lágrimas sin derramar, y asintió. -¿Qué es eso, Harry?- inquirió ella, viendo las dos cajas negras que tenía en las manos el chico.

-Cámaras- dijo él con una sonrisa. -Encontré ésta en tu habitación- agregó, pasándole una de las cámaras. -Había una nota con la mía, diciendo que tendríamos que tomar fotos durante el nuestro tiempo juntos, porque en la última semana haremos un gran proyecto reuniendo las fotos de los tres. Decía que intentáramos tomar fotos interesantes, sobre cosas que no veíamos todos los días.-

-Suena divertido. ¿Me imagino que tú tienes su cámara?- dijo Hermione, señalando al pequeño, que permanecía a su lado en silencio, con sus ojos mirando al suelo.

-Si, se la daremos después- respondió él, enfatizando en el después sabiendo que Hermione comprendería. – ¡Vámonos, que muero de hambre!- Hermione sujetó una de las manitas de Draco, y el niño metió la mano libre en su bolsillo, para evitar que Harry la sujetara. El ojiverde levantó una ceja, cuestionando a su amiga, mientras que ella encogió los hombros.

-Que tengan una buena cena- dijo Leviculus desde el retrato, saludando alegremente al trío, mientras Draco le respondía dudoso, con su mano libre.

-Harry, ¿sabes- se preguntó Hermione mientras caminaban por el pasillo, -en qué mesa nos deberíamos sentar?-

-Tal vez Dumbledore nos lo dirá, después de todo, el fue quien acomodó los grupos ¿no? Dudo mucho que el nuestro haya sido al azar… ¿Nosotros dos y Malfoy?-

-Está tratando de que haya unidad entre las casas- dio la chica inteligentemente. –Hemos llegado- anunció, detuviéndose frente a la entrada del Gran Comedor. Harry empujó las pesadas puertas y entraron, sus ojos viendo todo el espectáculo.

Algunos pequeños estaban sentados en silencio a un lado de sus "padres", mientras que otros comían desordenadamente la cena preparada por los elfos. Los ojos de Draco escrutaban la mesa de los profesores, antes de enfocarse en una persona, dibujándose en su rostro una gran sonrisa.

-¡TÍO SEVVY!- chilló, soltándose de la mano de Hermione y corriendo entre las mesas. El profesor de Pociones levantó la vista de su comida, entrecerrando los ojos. Podía jurar que había escuchado a su ahijado, pero eso era imposible.

-¿Qué hacemos?- susurró Harry desesperado a Hermione, el pequeño Slytherin ya fuera de su vista, perdido entre los demás estudiantes.

-Siéntate y reza para que Snape no hechice a Draco... o a nosotros- susurró ella, guiando a Harry hasta la mesa de Gryffindor donde tomaron sus asientos entre Ron y Lavender, con el pequeño Terry Boot en medio de ellos.

-¡Rayos!- murmuró el pelirrojo. -¿Ése era Malfoy?-

Harry asintió brevemente, mientras Hermione gemía. -No puedo ver esto- lloriqueó, escondiendo el rostro entre sus brazos. -¿Qué le hará Snape?-

-¿Y qué hay de nosotros?- se quejó Harry, que buscaba frenéticamente entre los alumnos alguna señal del rubio. -¡Lo sé, vamos a morir!-

-¡Ahí está!- jadeó Ron, viendo al niño. -¡Está subiéndose a la mesa de los profesores!-

Al otro lado del Comedor, Draco se arrastró por debajo de la mesa de los profesores hasta que encontró una túnica negra muy familiar. Dando un saltito, se subió al regazo del hombre, con una gran sonrisa en su carita. -¡Hola tío Sev!- dijo Draco, riendo.

Snape observó al niño, con una expresión muy rara en su cara. Su frente estaba arrugada y sus ojos brillaban, confusos. La mueca desapareció de su boca, siendo reemplazada por una mirada de franco desconcierto.

-¿Qué es esta cosa?- preguntó Draco, moviéndose hacía adelante para tomar una copa dorada que estaba frente al hombre. Al alcanzarla, el niño olió la bebida y sonrió. -Huele a cerezas- dijo alegremente, levantando el vaso para tomar un trago.

-¡Eso es vino!- exclamó el maestro de Pociones, tratando de quitarle la copa a su ahijado. Lo que sucedió a continuación fue que el vaso se volcó, mojando por completo la cara de Snape con el champagne.

Dumbledore, que había estado viendo toda la escena, estalló en carcajadas cuando vio la cara de desconcierto que tenía el usualmente estricto profesor. Desafortunadamente, la uva que estaba comiendo el Director se atoró en su garganta, sus carcajadas rápidamente se convirtieron en tos.

McGonagall vio que Dumbledore se estaba empezando a ahogar, brincó de su asiento, posicionando sus brazos para aplicarle la maniobra de Heimlich (compresión abdominal, primeros auxilios). Mientras tanto, Draco estaba disculpándose rápidamente, con los ojitos llorosos.

-Ya ya, todo está bien- lo calmó Snape, acariciándolo en la cabeza, mientras limpiaba su cara con una servilleta. Draco posó la copa, ahora vacía, en la mesa, sin percatarse de que la estaba poniendo encima del extremo de una cuchara.

Snape arrojó la servilleta en la mesa, su cara ya limpia del vino, pero con un leve matiz color rojo, la cual cayó sobre el otro extremo de la cuchara. La fuerza con que la arrojó, contando que estaba empapada de vino, fue suficiente para mandar la copa a volar por el aire, aterrizando en un tazón lleno de puré de papa, salpicando a todos que estaban cerca.

Pero eso no fue el final de todos los horrores en la mesa de los profesores. El tazón que contenía el puré de papa se balanceó, golpeando el vaso lleno de jugo de calabaza del profesor Flitwick, el cual se cayó, esparciéndose sobre el blanco mantel.

El vaso golpeó a su vez un pastel de chocolate de tres pisos, que se derrumbó y tiró otros tantos vasos con vino y después un candelero que estaba frente a un plato de fruta. El fuego se propagó rápidamente a causa del vino derramado, las llamas consumiendo el mantel, y tumbando los platos y vasos que se encontraban en su camino.

El gran final fue cuando todo el desastre llegó final de la mesa, y una gran una olla de arroz cayó justamente arriba de la Señora Norris, quien en ese momento pasaba por ahí.

Antes que el fuego se pudiera propagar a las demás mesas, Dumbledore, que ya estaba libre de la uva que lo asfixiaba, lanzó un hechizo para apagar el danzante fuego, mientras el Gran Comedor se sumía en el silencio.

Los estudiantes observaron temerosos a Snape, que volteó a ver al pequeño niño sentado su regazo. -¿Estoy en problemas, tío Sev?- susurró Draco, su labio inferior temblaba y gruesas lágrimas caían en sus pálidas mejillas. -No fue mi intención poner ahí la copa...en serio.-

Suavemente, algo muy raro en él, le dijo –Por supuesto que no, Draco. ¿Quién se supone que te está cuidando?-

-Hermione y Harry- suspiró, limpiándose las lagrimas. Su voz, a pesar de que fue baja, pudo ser escuchada por todos los estudiantes, que voltearon a ver a los Gryffindor. Hermione hundió más su cabeza entre sus brazos, y Harry tenía la cabeza agachada culpablemente, encontrando súbitamente un gran interés en su tenedor.

Ambos sabían que Draco no había querido meterlos en problemas. Solo había contestado la pregunta que le habían hecho, y que como él pensaba, no había ningún motivo oculto tras ella.

-¿Podrían el señor Potter y la señorita Granger venir aquí, por favor?- preguntó Snape, con voz extremadamente calmada. Toda la escuela observó aguantando la respiración como Harry y Hermione se aproximaron a la mesa de los profesores lentamente. -¿No se supone que deberían estar atentos a su encargo a todas horas?- siseó, sus ojos brillando maliciosos.

-No fue nuestra intención perderlo, señor- dijo Hermione suavemente, evitando los ojos de Snape. -Pero en cuanto lo vio a usted, se echó a correr.-

-Cincuenta puntos menos para Gryffindor- dijo el maestro de Pociones, señalando el desastre hecho por Draco, -Y deberán estar más pendientes de Draco en el futuro.- Le hubiera encantado castigarlos más, pero Dumbledore lo estaba viendo, así que no pudo hacer nada más. Aparte, si les hubiera quitado puntos del proyecto de Integración Familiar, su ahijado hubiera perdido puntos también. Y realmente la culpa no era completamente suya, aunque nunca lo diría en voz alta.

-Si, señor- murmuró el dúo.

-Ve y siéntate con la señorita Granger y el Señor Potter, Draco- ordenó Snape, bajando a su ahijado de su regazo. Draco se volteó y le dio un rápido abrazo, al mismo tiempo que un flash los cegó.

-Lo siento- rió Hermione, cámara en mano. -No pude resistirlo- Snape dirigió una mirada de rabia silenciosa a Hermione, mientras Draco la tomaba de la mano y permitía que lo guiara a su asiento.

Todos volvieron a sus pláticas en el momento en que el trío se sentó, los susurros se escuchaban por todo el salón, mientras los profesores limpiaban el desastre. –Rayos- murmuró Ron, viendo raramente al pequeño Malfoy. -¿Tío Sev?-

-Cuidado con el lenguaje que utilices cuando están los niños, Ron- reprimió Lavender, dándole un coscorrón en la cabeza. -¿Quién sabe la de cosas que aprenderán?-, en eso Terry se paró y le dio otro coscorrón a Ron.

-Tú eres la que los está enseñando, Lav- gruñó Ron, sobándose la cabeza. Terry le volvió a dar otro coscorrón, y luego un fuerte pellizco en el brazo, regalándole una sonrisa inocente mientras lo hacía. -Voy a estar lleno de moretones para cuando todo esto termine- gruñó el Weasley sobándose el brazo y la cabeza.

-Lavender tiene razón, ¿sabes?- dijo Hermione sonriendo de lado, dándole una palmadita en la cabeza a Ron como si fuera un perro. -Los niños aprenderán esas palabras si las sigues diciendo.-

Un jaloneo en la manga de su túnica hizo que la Gryffindor volteara a ver al pequeño a su cargo, los ojos de éste bien abiertos -¿Estás enojada conmigo Hermione? No fue mi intención meterte en problemas.-

-Por supuesto que no- replicó ella, dándole un pequeño abrazo. -No lo hiciste a propósito. ¿Así que el Profesor Snape es tu tío?-

-No por sangre… pero Padre lo escogió para que fuera mi padrino, y yo le llamo tío Sev porque es de la familia…casi. ¿Cómo es que no le caes bien? ¡A tío Sev todos le cae bien!

Harry y Ron rieron al instante, mientras que Lavender estalló en carcajadas y Hermione les hizo una mueca -No todos, Draco. A el no le gustan mucho que digamos los Gryffindor, y pues...nosotros pertenecemos a esa casa.

-Pero yo quiero estar en Gryffindor- dijo Draco, poniendo mala cara. -¿Eso significa que no le caeré bien si yo estoy en esa casa?-

-¿ quieres estar en Gryffindor?- farfulló Ron.

-Ajá. El rojo es uno de los colores de la casa, y es mi color favorito ¡Y me encantan los leones!"

-¿No quieres estar en Slytherin?- preguntó incrédulo.

-¡Claro que no, las serpientes son asquerosas!- se estremeció el pequeño.

El grupo intercambió algunas miradas antes de estallar en risas. -¡No puedo creer que he escuchado a Malfoy decir eso!- rió Ron, golpeando la mesa con los puños, mientras su cara se tornaba roja por el esfuerzo.

-Mi nombre es Draco- murmuró el chico, ya que no le gustaba que se rieran de él, sin comprender porque todos excepto Hermione lo llamaban por su apellido.

-Lo sentimos- se disculpó Hermione, con una sonrisa en su rostro. -No era nuestra intención reírnos de ti… ten, ¿porque no te comes unas fresas?- Hermione puso un pequeño montoncito de fresas en el plato de Draco, así como fideos con mantequilla y un vaso de leche.

Las fresas fueron desapareciendo a pequeños mordiscos de Draco, bajo la mirada atenta de Hermione, quien trataba de hacer lo mejor para representar el papel de madre. Antes de que el postre apareciera, Dumbledore se levantó, mientras McGonagall golpeaba su copa de cristal con una cuchara, para captar la atención de todos.

-Tengo un pequeño anuncio que hacer antes servirles el postre.- reveló Dumbledore, sus ojos brillando juguetonamente. -Descubrimos que todos los de sexto que tomaron la poción, encontraron jugo de uva en ella, ¿cierto?

Murmullos generales de afirmación siguieron al cuestionamiento de Dumbledore, antes de que el Comedor se sumiera una vez más en el silencio, y todos prestaran atención de nuevo al Director.

-Al parecer, algunos de los atributos de la poción se diluyeron en dicha bebida. Como muchos ya deben haber notado, todos los estudiantes que se hicieron pequeños tienen aún sus memorias intactas. Nos percatamos de ello al ver el comportamiento del señor Malfoy y la Profesora Sprout.

Draco escondió su cabecita, sin saber porque había aparecido su nombre en la conversación, pensando que no podía ser nada bueno, dadas las curiosas miradas de los estudiantes hacia el asiento que normalmente ocupaba la profesora de Herbología.

En lugar de ver a la gordita Profesora, una pequeña niña ocupaba en la silla, rizos cafés que enmarcaban su carita redonda. En su plato había todo tipo de vegetales, provenientes de las parcelas del colegio. -¡Chícharos!- gritó ella, ondeando un tenedor que tenía uno de los vegetales en la punta.

-La profesora Sprout probó una pequeña muestra de la poción- dijo Dumbledore, con un destello en sus ojos. –accidentalmente. Esperamos que para mañana todo vuelva a la normalidad, ya que la dosis fue muy pequeña. A los estudiantes de Hufflepuff que tengan algún problema, traten de solucionarlo pidiendo ayuda a algún otro de sus profesores, durante este tiempo que la querida Profesora Sprout no estará disponible. Y por favor, les pido que no informen de esto a ninguno de sus encargos, ¿entendido? Sólo complicaría las cosas en un futuro. Con unas pequeñas palabras, empezaremos el postre: Tweet da dop ¡A comer!

Los platos se llenaron de pastelillos y galletas para los estudiantes, ya que los profesores tenían la opción de comer los suyos junto con la cena. –Ahora entiendo- murmuró Hermione a Harry cuando estuvo segura que Draco estaba ocupado comiendo su galleta. -Estaba preguntando por sus padres, ¿recuerdas? ¡Es porque todavía sabe todo!

-¿Adivina que tengo yo?- susurró Harry con una sonrisa maliciosa. -Tengo un video de la mesa de los profesores desde el desastre del vino, hasta el gran final con la señora Norris. Encontré una opción para tomar video con la cámara- dijo como una respuesta a la cara de Hermione.

-¿Y qué pasó con la pobre Señora Norris?- preguntó la castaña, buscando con la mirada a la gata.

-¡¿A quién le importa?! ¿Viste la cara de Filch?- agregó Ron, con la boca llena de pudín de chocolate. -Parecía que le iba a dar un infarto. Ya que lo preguntas, ambos se fueron después del anuncio de Dumbledore.

Después de unos minutos, la comida desapareció de los platos, mientras Dumbledore se levantaba nuevamente de su silla. -Felicitaciones a todos por haber sobrevivido a este primer día de clases- dijo sonriendo. -Ahora si, todos a sus dormitorios. Prefectos, se organizará una junta en los próximos días para discutir las rondas. Buenas noches a todos.-

Despidiéndose de sus amigos, todos los alumnos se dispersaron a sus dormitorios, cada uno esperando terminar la tarea y platicar con sus compañeros.

Para Hermione, Harry y todos los demás de sexto año era una historia totalmente diferente. Ellos tenían que hacer que sus niños se durmieran...suerte, mucha suerte para ellos...


¿Qué tal? ¿Les gustó? ¿Adivinaron quien sería el primero en convertirse en niño?

Muchas gracias a todas las personas que se tomaron el tiempo de dejar review, traté de responderlos todos. Siempre es bueno tener retroalimentación sobre lo que uno hace. Si tienen algún comentario sobre esta traducción, por favor no duden en hacérmelo saber. Nos vemos en el próximo capítulo.

Les leo.