Advertencias: Incesto, femslash (ambos muy leves). Es RARO (raro malo, no raro bueno).
Participa en la Dotación Anual de Crack! con el primer Reto Loco de la comunidad de lj Crack! And Roll. || Debería ser para Laura, pero me parece demasiado cutre, so, cuando haga otro te lo dedico :3
5.- Petunia/Lily
Casi normal
(Porque Petunia será la quejumbrosa, pero Lily es la extraña y no está interpretando su papel).
No le gustaba esa Lily. A Petunia —la quejumbrosa, la malvada, la menos importante de las dos— no le gustaba esa Lily.
Ella quería a la Lily de su niñez, la que le sonreía a ella —y sólo a ella cuando no habían chicos con cabello grasoso que se la quitaran por horas—, cuando jugaban a las carreras por caramelos, cuando le enseñaba una mariquita de color violáceo que descansaba entre sus manos. Y sin embargo, tras el paso de los días —de los meses, de los años; que transcurrían sin importarle estar dejando un hueco vacío en el corazón de Petunia— había aceptado que jamás volvería.
Que su hermana sería fenómeno hasta que muriera, que siempre sería mejor que ella, que sus padres siempre la amarían más. Y luego, mucho más lentamente, había comenzado a querer a esa Lily cabezota que llegaba a casa con los bolsillos llenos de ranas de chocolates y dulces que cambiaban de color. Una sonrisita pequeña primero, un guiño después y había sido incontrolable no terminar queriéndola tanto o más que cuando eran niñas.
Pero, nuevamente, algo había sucedido en el mundo de Lily que ya no era la misma.
Ya no mandaba lechuzas cada día, ya no sacaba la varita y la amenazaba con convertirla en sapo si seguía insultándola de aquel modo (no es que Petunia disfrutara haciéndolo, pero ya se habían separado tanto que era la única manera que ella encontraba de que Lily posara sus enormes ojos esmeralda en su hermana), ya no sonreía.
Y Petunia, tras haberse contenido durante un mes, trece días y cinco horas, no podía soportar más a esa Lily taciturna con la mirada de una adulta que se paseaba por la casa. Al principio había creído que era por la muerte de papá, a principios de año, pero su semblante no mentía y Petunia sabía que había algo más. Y ya no podía contenerse.
—¿Se puede saber que te pasa? —preguntó, con la voz más firme que pudo encontrar. Alzando el rostro para parecer fuerte, aunque lo único que hacía era mostrar más aún su ya de por sí largo cuello. Lily no respondió—. Mira, si es por la muerte de papá, ¿crees que a mí no me du...?
—No es por eso —le cortó ella, y la mirada que le envió desde el otro lado de la habitación fue tan fría que Petunia se estremeció. Dejó sus deberes a un lado y se puso de pie, sin importarle que la pluma estuviera dejando una mancha de tinta junto al título, y añadió—: No lo entenderías.
Y esa fue la gota que colmó el vaso. Petunia sabía perfectamente que no comprendía nada del extraño mundo de Lily, sabía que jamás podría formar parte de él ni hacer rarezas como las que hacía su hermana, pero que se lo afirmara de una forma tan carente de sentimiento sólo hizo que la furia se desatara. Caminó a pasos enormes y cruzó la habitación, hasta encontrarse con la nariz a pocos centímetros de la de su hermana y tan cerca que prácticamente inhalaba su aliento.
—No te creas mejor que yo porque puedes blandir un palito de madera, Lily —le dijo, con un tono ronco y seco—. No me importa que seas una demente por ir a ese colegio para raros y que hagas locuras allá cada dos por tres, pero yo...
—Hay un Guerra en el mundo mágico, Petunia —Y la temperatura del cuarto pareció descender varios grados, aún en ese desesperante verano tan caluroso—. Los que mataron a papá... —La voz se quebró—. Lo que mató a papá, fue de mi mundo.
Petunia siguió ahí aunque no estaba, porque no podía estar oyendo a Lily decir que siempre supo lo que sucedió, no podía. La veía y no lo hacía, la miraba pero no la observaba, porque sus ojos parecían no querer funcionar. Hubo una certeza que se instaló en su ser tan culminante que tenía que ser la verdad: era su culpa, la de Lily.
Y no necesitaba decirlo, porque sus ojos transmitían las palabras fácilmente. No requería saber más detalles —como que fueron los mortífagos, seguidores fanáticos de Lord Voldemort; como que Lily peleó junto a Potter y sus amigos en medio de Hogsmeade contra esos seres cuando aparecieron pocos días antes de matar a su padre y que por esa razón la tuvieron fichada como enemiga; como que ella lloró una noche completa en el hombro de James tras enterarse de que debía volver a su casa para consolar a mamá—. No hacía falta que le gritara, que la golpeara porque '¡si ni tú ni tu estúpido mundo fueran parte de esta familia nada hubiera pasado!'.
Entonces se le acercó más, furiosa con su hermana, y la besó. Con rabia, con desquite; no lo hizo porque el momento fuera adecuado o porque estuvieran en medio de la lluvia con sonrisas enormes, sino porque fue la forma más sencilla de descargar sus sentimientos. Introdujo su lengua en la boca de su hermana, sin esperar respuesta aunque la tuviera.
Y —a diferencia del comportamiento de Lily todos estos días, que tanto la alteraba porque dejaba de ser ella. A diferencia de la actuación, casi normal, que su hermana había tenido (y que odiaba muchísimo más que cuando se comportaba como la demente con m que era). A diferencia de Lily esas últimas semanas— fue tan extraño.
Era todo lo contrario a los labios de Vernon, que aunque torpes la hacían sentir bien, como si todo es su mundo estuviera alineado. Era todo lo contrario a como, si en universo paralelo se hubiera puesto a pensar en cómo sería besar a Lily, lo había imaginado. Estaba cerca de ser natural, incluso, aunque en una escala del uno al diez de rarezas eso tendría un once. ¿Contradictorio?
Sin saber que hacer salvo seguir besándola, Petunia abrió los ojos al darse cuenta que los había tenido fuertemente cerrados. Luego se separaron, con la respiración algo alterada y el corazón bombeando. Lily la miró, confundida —consciente de lo que pasaba por la mente de la rubia—, antes de murmurar un seco:
—Lo siento.
Y su voz sonó tan sincera y desgarradora que Petunia no tuvo más remedio que creerle.
