Huola, tal como lo prometí aquí esta el segundo capi.

Bueno, por lo menos a la persona que va dirigido si le gustó, ya es algo :)

A leer:

Cuando tú quieres, yo no quiero

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Dos semanas después:

Cambiar el carácter de una persona es sumamente difícil, por no decir que imposible. Y eso Tomoyo lo comprobó en carne propia. Yue seguía siendo atento y amable con ella, le sorprendía lo mucho que la conocía y lo bien que se le daba el consentirla, pero seguía siendo un tanto distante y frío y el beso de la otra noche, se había repetido igual a como había sido el primero (mismo tiempo, misma forma y misma sensación). Le gustaba estar con él sí, pero algo faltaba.

Y por otro lado, estaba Eriol. Ambos se habían distanciado tanto, claro, ella estaba saliendo con Yue y tal parecía que Eriol intentaba algo con Yoko. Cada vez los encontraba más juntos y eso lejos de agradarle, le daba miedo. Temía perderlo, perder su cariño, su confidencia y todo lo que compartían. Hacía tanto que no tenían un momento a solas.

-Hola Tommy – saludó la voz que tanto quería escuchar.

-Hola Eriol – la nívea sonrió al verlo entrar solo - ¿dónde andas metido? Ya casi no te veo.

-Ni yo a ti – se defendió él - ¿cómo vas con Yue?

-Pues – comenzó un tanto dudosa – no está mal.

-No suenas del todo feliz – replicó él sin sonreír.

-¿Y qué me dices de Yoko? – lo desvió ella.

-Nada, ¿qué quieres que te diga? – le preguntó sin miramientos.

-¿Te gusta? – preguntó y por alguna extraña razón no quería escucharle un sí.

-¿Celosa? – fue su respuesta.

-Eriol – se quejó la nívea sonriendo - ¿debería?

-No – repuso él – eres mi chica favorita.

-Pero no la única – observó – cuéntamelo, ¿salen juntos?

-No, bueno, vamos a ir al cine – contestó él encogiéndose de hombros – pero nada especial.

-¿Nada especial? – cuestionó la amatista levantando una ceja.

-Sí, solo como amigos – confirmó él.

-Bien, te creeré – le dijo Tomoyo sintiendo como una fuerte opresión en el pecho desaparecía. ¿Qué rayos le estaba pasando?

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-¿Quieres hacer algo en especial? – le preguntó Tomoyo a Yue mientras caminaban uno al lado del otro.

El se encogió de hombros y ni siquiera le dirigió la vista.

-¿Vamos por un helado? – volvió a intentarlo.

-No me gusta el helado – respondió él y se quedó callado.

-Tal parece que no te gustan muchas cosas – observó ella y al fin él volteó a verla – digo…

-Puedo acompañarte si eso es lo que quieres – dijo él con su voz suave.

-No, está bien.

-Como quieras – repuso él volviendo la mirada.

Tomoyo volteó hacia el frente y vio a lo lejos a su amigo muy bien acompañado por Yoko; conversaban alegremente y cada uno llevaba un helado. Al instante, algo despertó en su interior, se imaginó que era ella quien estaba con el oji-azul, que era ella quien conversaba con él y quien comía en ese mismo instante un helado de vainilla. Y al verse ahí, del otro lado, sintió la más profunda tristeza que hubiera sentido nunca. ¿Por qué? ¿Por qué seguía pasándole eso a ella? ¿Por qué de pronto lo único que quería era estar con él, con Eriol?

Ya en la tranquilidad de su cuarto y sin la silenciosa presencia de Yue, pudo pensar mejor la situación que tenía enfrente. Ella estaba con el chico de sus sueños que, indudablemente no era como lo había soñado. Su mejor amigo se había distanciado tanto de ella y había adoptado a otra amiga… o, ¿esa chica no era solo su amiga? No, si así fuera él se lo hubiera contado, si, se lo hubiera contado antes que a nadie.

¿Qué se suponía que debía hacer?

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Eriol acababa de llegar a su casa tras una larga charla con Yoko. Esa chica le simpatizaba, era agradable estar con ella y sin embargo, algo le faltaba, pero él sabía perfectamente que no podía pedir que fuera el vivo clon de su amiga.

Su amiga, todo parecía indicar que había hecho bien en haber ayudado primero a Tomoyo y después a Yue y al final, alejarse él mismo. Parecía que les iba bien y él había conocido a Yoko que cubría ligeramente el campo de soledad en su corazón, ella evitaba que pensara tanto en su mejor amiga. Realmente, no estaba del todo mal, no mientras la amatista fuera feliz.

Su móvil sonó justo en ese momento y al ver en la pantalla el nombre "Tomoyo" no tardó en contestar.

-Hola Tommy.

-Hola Eriol – lo saludó con esa alegría que solo ella despedía.

-¿Pasa algo? – preguntó un poco inquieto, hacía tanto que no lo llamaba.

-No, solo que hace mucho que no hablamos – respondió la nívea como leyéndole la mente.

Y así, sin más surgió un tema tras otro y tras otro, manteniéndolos ocupados por horas. Pasada la media noche, Eriol se despidió con una excusa que a ella no le sonó del todo buena (aun que era cierta) y de mala gana colgaron. ¿Qué les pasaba a ambos?

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-Wow, gracias – le dijo Tomoyo al de mirada gatuna abriendo la pequeña caja – son mis favoritos.

-Lo sé – respondió él secamente.

-¿Lo sabes? – preguntó la amatista con una ligera sonrisa, el chico sí que solía sorprenderla – parece que sabes mucho de mí.

-Eriol me lo dijo – confirmó Yue como si fuera de lo más obvio.

-¿Eriol te lo dijo? – repitió ella incrédula - ¿cómo que Eriol te lo dijo?

-Sí, él me ha contado sobre lo que te gusta y lo que se supone que debo hacer – respondió sin miramientos - ¿qué no lo sabías? Supuse que te lo había dicho.

-No – soltó la chica molesta – se supone que tu lo sabías, no que él te lo había dicho, me mentiste.

-¿Te mentí? – preguntó él incrédulo.

-Sí, todo fue solo una farsa – explotó ella incorporándose – se suponía que tú sabías de mí aún sin saber que lo sabías, se suponía que estábamos conectados – Yue la miraba como si no supiera de lo que estaba hablando (y es que no lo sabía) – y todo este tiempo no fuiste tú, todo este tiempo fue – y se detuvo. Todo ese tiempo no había sido Yue quien había estado completamente con ella, había sido Eriol a través de él. Pero entonces eso significaba… ¿qué significaba?

-Tomoyo, ¿qué es eso de conectados? – preguntó el chico pasados unos minutos – yo no te conocía hasta hace menos de un mes, ¿cómo pretendías que supiera lo que te agrada y lo que debía de hacer contigo?

-Se suponía que solamente debías saberlo – volvió a repetir ella.

-¿Cómo? – insistió él – Yo soy quien menos conoce a las personas, no sé si te hayas dado cuenta, pero está en contra de mi naturaleza y creo, que no soy yo a quien tú estás buscando.

-Sí, creo que tienes razón – afirmó la amatista con una débil sonrisa – creo que solo vi lo que quería ver.

-Suele pasar – dijo Yue regalándole una sonrisa – lamento no ser lo que tu esperabas.

-Y yo lamento no haberte visto bien – le dijo un poco más calmada – y haberte quitado tu tiempo.

-Descuida, solo espero que, tú sabes, sigamos siendo… ¿amigos? – balbuceó él.

-Claro, amigos – aceptó la nívea sonriendo.

Se despidieron y casi con asombro, Tomyo se dio cuenta de que el haber terminado con Yue no había sido tan horrible, incluso sintió un poco de libertad. Sonrió con un poco de amargura. Y pensar que el mes anterior afirmaba que ese chico frío era su alma gemela.

Giró hacia la derecha y entonces vio a Eriol. Qué buena oportunidad, iría hacia él y le contaría lo que había pasado… y también lo ahorcaría por haber estado todo ese tiempo tras Yue, por haberle hecho creer que él era realmente lo que ella buscaba. Pero entonces notó que no podía hacerlo. Eriol no se encontraba solo, volvía a estar con esa chica y se le notaba feliz. Borrando poco a poco su sonrisa giró sobre sí misma y redirigió sus pasos.

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Hora de salida:

-¿Regresamos juntos a casa? – le preguntó la amatista a su mejor amigo que, en lugar de sonreír, puso una cara de disculpa en el rostro.

-Quede con Yoko – dijo él haciendo una mueca – pero puedo cancelar.

-Claro que no, ve – le dijo la nívea rápidamente intentando no parecer decepcionada – nos vemos después ¿de acuerdo?

-De acuerdo, hasta luego – y salió del salón sin volver la vista atrás.

¿Por qué en el momento en que él había planteado la cancelación había estado a punto de decir que sí? ¿Por qué quería alcanzarlo y decirle que justo en ese momento necesitaba a su mejor amigo? ¿Por qué no lo detuvo y lo dejó marcharse?

Tomoyo se sintió idiota por tener esas preguntas y no poder responderlas y se sintió aún más tonta por tener una pregunta más: ¿por qué le dolía más ver partir a su amigo hacia una cita con otra chica que haber terminado con el supuesto chico de sus sueños?

Así que, ese día la amatista volvía sola a su casa. Sakura estaba con Syaoran y no podía ni quería interrumpirlos. Claro, debía contarles que había terminado con Yue, pero quería contárselo primero a él, a su mejor amigo, quería escucharlo primero a él y sus consejos y sus palabras de consuelo que realmente no creía necesitar. Quería, antes que nada, estar con él.

¿Para qué ir a casa? Ahí no había nada interesante, nada que esperar o que hacer. Se dirigió entonces al parque, a pasear (sola) entre los hermosos árboles que iban despojándose de sus hojas por la caprichosa estación.

Y entonces los vio, de nuevo frente a ella, de nuevo hablando, pero algo no iba bien. Tomoyo vio como Yoko se le acercaba a su amigo y él sin siquiera negarse o moverse un poco, dejó que lo besara, así, sin más. Se estaban besando en sus narices. Y de pronto sintió como el tiempo se paraba, como el ave que había iniciado el vuelo quedaba momentáneamente congelado con las alas en la misma posición, y ella se sintió un estorbo, algo no deseado en ese lugar. Sintió como algo se fragmentaba dentro de ella y como una rebelde lágrima recorría su mejilla. Sintió de pronto que alguien le arrebataba algo muy preciado y ella no podía hacer nada para impedirlo. Sintió como lo perdía.

Y corrió, solo corrió y siguió corriendo hasta llegar a su recámara y refugiarse en ella y sin saber siquiera por qué, lloró. Pero ¿por qué lloraba? No lo entendía, ¿que no se suponía que debía de estar feliz por su amigo?, ¿o era solo que hasta en ese momento había sentido el dolor de su ruptura con Yue?, ¿qué era?, ¿qué era?, ¿qué demonios era lo que sentía?, ¿por qué lo sentía?

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Eriol dejó su celular sobre el escritorio y se dirigió hacia la ventana que curiosamente daba hacia la casa de su mejor amiga. Lo que había pasado hacía poco bueno, ¿cómo explicarlo?

Yoko lo había besado y ¿para qué negarlo? él se había dejado besar. No había estado mal, pero tampoco había estado bien, lo supo con solo entrar en contacto con ella. Se odiaba por eso, ¿por qué no podía?, ¿por qué no lograba sacarse a su amiga de la cabeza?, ¿por qué no aceptaba los sentimientos de la otra chica?, ¿por qué sus propios sentimientos no cambiaban? Estaba harto de ellos que, al final de cuentas solo lo lastimaban.

Su amiga estaba bien, feliz al lado del chico que ella soñaba desde hacia tanto tiempo y él… estaba feliz por ella pero no por sí mismo.

Si tan solo pudiera… pero no, no podía… y no lo haría.

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Al día siguiente:

-Hola Tommy – saludó el pelinegrodestellosazules aguardándola junto a la puerta de su casa.

-Hola Eriol, no esperaba encontrarte aquí – le dijo la amatista con una tímida sonrisa – pensé que habías ido con Yoko.

-¿Por qué? – preguntó el chico iniciando la marcha.

-Dímelo tú – repuso ella intentando sonar alegre.

-Estás rara – observó Eriol – Tommy ¿estuviste llorando?

-No, ¿por qué piensas eso? – mintió ella componiendo un gesto de interrogación.

-No lo sé, lo noto – respondió el joven inglés - ¿estás bien?

-Claro, ¿por qué no estarlo? – preguntó Tomoyo con su mejor sonrisa.

Sacaron temas triviales a relucir durante todo el camino. La amatista realmente no quería preocupar a su amigo ni opacarle la felicidad y mucho menos al no tener respuesta a todo lo que surgía en su cabeza. Pero también quería contarle a alguien todo lo ocurrido con Yue, así que, no pudiendo recurrir a su mejor amigo, fue directo con su mejor amiga.

-No lo entiendo – comentó Sakura cuando hubo escuchado todo el relato de la nívea – terminaron así, sin más y dices que no te sientes triste. Pero él es el chico de tus sueños.

-No Saku, creí que lo era – le explicó ella con toda paciencia – pero los sueños no son más que una realidad distorsionada, lejos de ser lo que en verdad es y Yue, es increíble, pero no es lo que yo imaginaba.

-¿Qué dijo Eriol? – preguntó la esmeralda.

-Aún no lo sabe – confesó Tomoyo con un poco de tristeza.

-¿No lo sabe? – interrogó Sakura con la sorpresa reflejada en todo su rostro - ¿qué esperas para decírselo? Él puede ayudarte, da tan buenos consejos y aparte, es tu mejor amigo.

-Lo sé, solo que no he tenido oportunidad – se justificó la chica sabiendo que no era excusa.

Y esa supuesta oportunidad no llegó en todo el día, ni al día siguiente, ni al siguiente. Tomoyo sabía que más que una oportunidad lo que necesitaba era valor.

Sin previo aviso, el celular sonó. En la pantalla podía leerse claramente "Eriol". La amatista respiró hondo y contestó.

-Hola Eriol.

-¿Quieres pasear? – le preguntó el oji-azul con un tono de voz no muy propio en él.

-Claro – aceptó la chica un poco extrañada.

No supo por qué, pero le tomó mucho más tiempo del necesario arreglarse para salir con su amigo. Cuando por fin hubo terminado, no le gustó lo que llevaba y estuvo muy tentada a cambiarse de nuevo, pero el timbre le indicó que sería en otra ocasión.

Eriol la esperaba al pie de la escalera y al verlo sintió una fuerte sacudida en el estómago, ¿acaso se estaba enfermando?

Se perdieron por el parque caminando por uno de los muchos lugares que ellos tantas veces habían recorrido juntos. Compraron helados y siguieron sin rumbo fijo. Pero Eriol estaba muy serio, era como si no fuera él mismo. A Tomoyo le recordó un poco el semblante de Yue y no le hacía gracia el que su amigo se comportara así.

-¿Qué pasa? – preguntó cuando ya no pudo más.

-Sakura me contó algo muy curioso – comenzó el albino viendo hacia otro lado – y Yue me lo confirmó – la chica se estremeció – y solo quiero saber, ¿cómo es que mi mejor amiga no me lo había dicho?

-Eriol yo…

-¿Ya no confías en mí? – dijo dolido viéndola a los ojos.

-Claro que confío en ti – afirmó la amatista – solo no… no sabía cómo decírtelo.

-Con un "ya no salgo con Yue" bastaba – replicó él.

-No es tan fácil como crees – se defendió ella - ¿Yue dijo por qué terminamos? – preguntó recordando de pronto el por qué quería matarlo.

-No quise que me lo dijera – respondió Eriol cerrando los puños – porque quiero que seas tú quien me diga porque terminaste con el chico de tus sueños.

-Porque él no es el chico de mis sueños – le espetó con un poco de rencor – porque tú fuiste quien le dijo todo lo que tenía que hacer para convertirlo en ese chico y eso no era lo que yo quería.

-Claro que era lo que tú querías – renegó él con los ojos inyectados en dolor – querías estar con Yue y yo solo los ayude.

-No Eriol, lo mal interpretaste todo – le gritó – yo quería saber si él era realmente el chico que yo buscaba, si él era mi alma gemela y tu lo arreglaste de tal manera que yo pensara que así era pero no era así… - Eriol se quedó desconcertado por tal confesión, ¿lo había malinterpretado? – no sabes cómo me gustaría que alguien esté a mi lado como lo está Syaoran con Sakura, cómo me gustaría encontrar a esa persona especial que esté siempre conmigo y entonces ya no sentirme tan… incompleta.

Tomoyo derramaba lágrimas tan amargas y dolorosas que Eriol no sabía cómo consolarla. Realmente había malinterpretado los deseos de su amiga y sin embargo, sus palabras lo habían herido profundamente.

-¿Qué hay de mí? - preguntó el pelinegrodestellosazules en casi un susurro. Ya era hora de decirlo, era hora de soltarlo todo tal y como ella había hecho – yo siempre eh estado aquí.

-Lo has estado, eres mi mejor amigo – repuso ella viéndolo fijamente.

Esas palabras, ¿por qué las había pronunciado?, ¿por qué mejor no mejor se había quedado callada?

-¿Recuerdas que prometiste ayudarme a encontrar mi alma gemela? – le preguntó Eriol viendo como intentaba secarse las lágrimas. Le dolía verla así, pero estaba decidido.

-Ya tienes a Yoko – soltó la nívea con una amarga sonrisa.

-¿Yoko? ¿Qué tiene que ver ella? – cuestionó él.

-Estás con ella – le recordó la pelinegra – lo sé, vi como se besaban – confesó ante la cara de confusión de su amigo.

-¿Viste eso? – preguntó Eriol un poco incómodo – bueno yo… la rechacé. Es que, creo que yo solo lograría lastimarla porque… no la veo más que como una amiga - Tomoyo no supo que sintió ante tal confesión, era algo tan… inexplicable - ¿vas a ayudarme?

-Eriol ahora yo no…

-Es que, realmente creo que puedes ayudarme – insistió él – acabas de decir que te gustaría tener a alguien a tu lado y yo… creo que no ha sido muy importante para ti, pero yo siempre eh estado a tu lado y tal parece que tu nunca me has visto, pero siempre he estado aquí – Tomoyo se quedó muda por lo que le estaba oyendo, quería comprenderlo, pero era tan… irreal, ¿qué era lo que Eriol intentaba decirle? – tal vez puedas ayudarme a que esa chica especial para mí note que estoy a su lado.

-¿Qué es lo que intentas decirme? – le preguntó recuperando el control de sí misma.

-Que yo… estoy aquí contigo, y nunca voy a dejarte – respondió Eriol dando un paso hacia ella – quiero que me ayudes a…

-Tomoyo, Eriol – gritó Sakura justo en el momento más oportuno haciendo sobresaltar a Eriol que de pronto le dieron ganas de mandarla volando al otro lado del mundo. Le había arruinado su oportunidad - ¿qué hacen?

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El oji-azul se dejó caer pesadamente sobre su cama, se golpeó repetidamente la frente con el puño y lanzó un gran suspiro. A un pelito, a eso había quedado su fracasado intento de confesión. Si la impertinente de su castaña amiga (con su novio tras ella) hubiera llegado solo cinco minutos después, tal vez le hubiera dado tiempo para explicarle y pedirle a Tomoyo todo lo que desde tanto había deseado.

Suspiró una vez más y sin saber por qué, se acercó hacia su escritorio, donde reposaba un bolígrafo sobre una hoja de papel blanca y lisa. Tomó el bolígrafo, lo vio con atención y pensó en todo lo que había pasado, no en ese día, ni en esa semana, ni en ese mes, sino mucho antes, justo cuando él se dio cuenta de todo lo que su mejor amiga despertaba en su interior.

Vio la hoja un segundo y al instante unas brillantes letras se le aparecieron como si ya estuvieran grabadas ahí.

-¿Por qué no? – se cuestionó a sí mismo. Tomó asiento y comenzó a escribir

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Y la confusión volvió palpable e hiriente bajo el manto gris que la cubría. Tantas interrogantes se le formulaban en la cabeza y, lejos de encontrar respuesta, muchas más se arremolinaban y llegaban sin previo aviso.

Ya no sabía que pensar, que sentir, estaba tan… si tan solo Sakurita no hubiera llegado sin previo aviso a interrumpir su conversación-discusión con Eriol, tal vez y solo tal vez, tendría algunas de las respuestas que tanto necesitaba.

Cerró los ojos con fuerza y vio en su mente a Yue… y a Eriol. Definitivamente Yue la había conquistado gracias a Eriol que, queriendo obrar bien, lo hizo todo mal, lo echó a perder, la había confundido. Realmente Yue solo había seguido sus instrucciones al pie de la letra y es que Eriol la conocía tan bien que sabía que era lo que le gustaba, lo que la disgustaba, sabía pedirle perdón y hacerla sonreír…

Y entonces lo comprendió. Aquella vez que Yue le había dado flores, las veces que supuestamente había planeado una salida con ella, cuando le habló de su autor favorito no fue Yue, todo el tiempo había sido Eriol bajo una máscara. Había sido él quien había sabido conquistarla y sorprenderla de tal forma que realmente creyó que Yue era esa persona "especial" para ella… y había sido Eriol, SU mejor amigo.

¿Cómo lo había hecho? ¿Cómo es que la conocía tanto? Eran mejores amigos, sí; pero todo eso no había sido cosa de solo mejores amigos, definitivamente no.

Entonces, ¿él qué sentía exactamente por ella? ¿Sólo amistad? ¿Había algo más? ¿Sí, no, tal vez? ¿Qué era esa sensación que de pronto se le plantó en el estómago y comenzó a embriagarla completamente? No era agradable, pero tampoco desagradable, era como una fuerte emoción indescriptible, vértigo, euforia, una explosión de moléculas.

Era Eriol, la persona que había estado buscando, era él. Y todo el tiempo lo había tenido al lado, todo el tiempo y no se había dado cuenta. ¡Qué tonta!, ¡qué idiota! ¿Cómo es que no se había percatado antes? ¿Cómo es que había sido tan ciega? Siempre habían estado juntos y ella como completamente idiota le había dicho que le gustaría tener a alguien al lado puesto que ya había alguien. Idiota, realmente idiota.

De pronto le entraron unas ganas inmensas de correr hacia él y perderse en sus brazos y nunca soltarlo y sentirlo cerca. De pronto pensó en lo lindo que era y se preguntó a qué sabrían sus labios. Sonrío tontamente ante todo lo que estaba pensando.

Y se dio de topes al pensar en lo que se suponía que tenía que decirle. ¿Qué haría? ¿Iría con él y sin más le diría que quería que fueran más que amigos? Claro que no, no podía hacer eso.

-Rayos, ¿por qué la vida tiene que ser tan difícil? – se preguntó palmeándose la frente.

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ESo es tototototo do amigos, hasta el siguiente capi, espero que haya gustado.

El desenlace llega la siguiente semana, no se lo pierdan.

Y a las pocas (hasta ahora) personas que se han tomado la molestia de leer, muchas gracias. Sigan comentando. Ya saben que estos escritos ustedes los hacen posible.

FELIZ CUMPLE Snip parte 2.

ADIOSIN :D