Hola a todos, por fin les traigo el desenlace de esta historia (que espero les haya gustado).

Recuerden que todo (la historia, los diálogos, etc) a excepción de los personajes (propiedad de CLAM) fueron producto de mi extraña (y a veces escasa) imaginación.

Que lo disfruten.

Cuando ambos queremos

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Doce horas después:

Tomoyo salió de su casa con el incontrolable deseo de encontrarse justo con la persona que la esperaba sentada en el porche de la puerta. Él volteó su pálido rostro hacia ella y le regaló la más hermosa sonrisa que hubiera visto en su vida completa.

-Hola Tommy – saludó el oji-azul hecho la mar de nervios haciendo un esfuerzo sobre humano para controlarse.

-Hola – dijo la joven sintiendo su corazón desbordar.

Comenzaron la caminata con los nervios a flor de piel. Al principio estaban tan cohibidos el uno con el otro que no hablaron en absoluto. No fue hasta que Eriol le comentó sobre una leyenda egipcia muy fuera de serie que leyó en internet que se rompió el hielo entre los dos y siguieron andando como si nada entre ellos hubiera cambiado.

Al llegar a la escuela coincidieron con Yue. Eriol se sintió un tanto incomodo, ¿cómo se comportaría ella en presencia de los dos? Y sin embargo, Yue los saludó con una cabeceada, Tomoyo le correspondió con una ligera sonrisa y el chico siguió su camino sin volver atrás y sin pronunciar una sola palabra.

-¿Realmente no piensas…

-No – respondió la amatista antes de que su amigo terminara la pregunta.

-Pero…

-No Eriol – confirmó Tomoyo sonriéndole de forma tranquilizadora - ¿y tú? – señaló un punto frente a ellos.

-Hola – los saludó Yoko que se alejó tras escuchar un débil saludo.

El pelinegrodestellosazules negó con la cabeza y la vista baja.

Las clases transcurrieron lentas, suaves y adormecedoras. Los níveos no veían la hora para salir de ahí, sentían tener cosas más importantes que hacer y muchas otras en qué pensar. Al menos ese era el último día de clases de la semana.

Por fin llegó la hora del receso y todos salieron como estampida hacia el patio.

-Necesito tu ayuda – le gritó Syaoran a Eriol. El chico se le quedó viendo desconcertado – tengo que encontrar al profesor de inglés y tu eres un haz para encontrar personas, así que vamos.

El oji-azul intercambió una rápida mirada con las dos chicas, sacó de un tirón su almuerzo puesto que el chino lo jalaba de la manga y ambos se perdieron por la puerta.

-Espero que lo encuentren rápido – comentó Sakura lanzando un suspiro.

La castaña se dirigió rápidamente a la salida. La amatista tomó su almuerzo y con solo dar un par de pasos se percató de una hoja un tanto decolorada tirada en el suelo. La hermosa caligrafía que iba impregnada en ella la hizo tomarla sin pensarlo dos veces. Ella conocía muy bien esa letra, era de Eriol; seguramente esa hoja se había salido de su mochila con las prisas que le metió Syaoran.

Tomoyo abrió la mochila de su amigo con intención de devolverle su hoja, cuando sin querer sus ojos se deslizaron por la primera línea y supo entonces que no podría devolverla. Ese escrito era indudablemente un pensamiento que Eriol había hecho inspirado en lo que sentía, en lo que vivía, en lo que ambos estaban viviendo.

POR VER QUIEN SEDE PRIMERO

Cuando yo quiero, tú no quieres.

Cuando tú quieres, yo no quiero.

Cuando ambos queremos no nos enteramos.

Y cuando nos enteramos… Somos idiotas.

Si, idiotas por saber lo que queremos y no enterarnos.

Y por enterarnos y no querer darnos cuenta.

Por perder la oportunidad

y seguir nuestra vida con la ignorancia que aceptamos.

Idiotas por aceptarla.

Idiotas por permitir que el otro la acepte.

Idiotas por el miedo a la verdad,

por el miedo de intentarlo y fracasar,

sin saber que no habrá fracaso

y aún así quedarnos de brazos cruzados.

Yo quiero y tu no.

Tú quieres y yo no.

Ambos queremos y no lo sabemos.

Ambos nos enteramos y nos hacemos los despistados.

Idiotas, realmente idiotas,

eso es lo que somos.

Y más idiotas si insistimos en seguir siendo idiotas.

En no vernos teniéndonos en frente.

En dejarnos pasar.

Idiotas si nos perdemos de nuevo sin habernos tenido antes.

Y aun más idiotas si nunca nos tenemos.

¿Aún no te has cansado de todo esto?

Yo sí, por eso he decidido dejar de ser idiota.

¿Me sigues?

Te espero.

Dejemos eso de lado.

Comencemos de nuevo.

Y esta vez sí veámonos.

Cuando yo quiera, tú también quiere.

Cuando tú quieras, yo también querré.

Y entonces, cuando ambos queramos,

será perfecto.

Terminó de leer y volvió al título cuando Sakura se le acercó con curiosidad y leyó por encima de su hombro.

-¡Qué lindo! – exclamó la esmeralda.

-Y qué cierto – agregó la amatista sintiendo como cada renglón era un espejo de sus vidas. Eriol había escrito todo lo que ellos estaban pasando de forma tan acertada que le sorprendió la serenidad con que él había caminado a su lado esa misma mañana.

Y de nuevo se perdió en sus pensamientos dirigidos hacia él. Y sonrió al ver su rostro tan nítidamente dibujado en su cabeza, en recordar su infancia tan llena gracias a su amistad y en las tardes en compañía pasando horas sin hacer nada, siempre igual de entretenidos.

-Lo encontramos – informó Syaoran minutos antes de que terminara el receso.

-Me alegro mucho – dijo Sakura tomando la mano de su novio.

Tomoyo sintió un poco de envidia por lo que su amiga podía hacer con ese chico y se estremeció al notar que Eriol se había sentado junto a ella dispuesto a comer su almuerzo; sin embargo, justo cuando lo abría sonó la campana de regreso a clases. El oji-azul suspiró pesadamente y agachó la cabeza, derrotado.

-Mala suerte – murmuró, la amatista soltó una risotada baja - ¿te causa gracia mi desgracia? – le preguntó fingiendo molestarse.

-Un poco – respondió ella sonriendo.

-¿Los dejamos solos? – les preguntó el castaño después de unos segundos en los que ambos se observaban fijamente.

-Démonos prisa o el profesor no nos dejará entrar – repuso el inglés fingiendo no haber escuchado a su compañero.

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-¿Van a hacer algo mañana? – preguntó Sakura cuando llegaban a la puerta de la escuela.

-Depende – dijo Eriol.

-¿Depende de qué? – siguió la esmeralda.

-De lo que tengas planeado – respondió Eriol restándole importancia.

-Vamos al cine a ver una película de amor – dijo (gritó) la castaña.

-Tengo muchísimas cosas que hacer – dijo el oji-azul rápidamente fingiendo un ataque de pánico pre-examen… película de amor=película cursi=siesta en el cine=ni loco.

-Eriol – lo reprendió la amatista conteniendo una carcajada.

-Es la verdad – se defendió – tengo que… hacer mi tarea, pasar horas de caridad con mi madre y después con mi padre, tengo que visitar a mi abuela y también pasear al perro y…

-¿Pasar horas de caridad con tus padres? – preguntó la amatista levantando una ceja – tu abuela está en Inglaterra y no tienes perro.

-Es cierto, mañana compraré uno – soltó fingiendo una emoción extrema – ¿qué será? Chihuahua, bulldog, callejero o golden retriever, dálmata tal vez…

-Con decir que no quieres ir al cine basta – lo interrumpió el castaño – no tienes por qué dar esas excusas.

-Es la verdad Syaorancito – repuso Eriol con un puchero - ¿tampoco me crees como la fea de Tomoyo?

-Oye – se quejó la nívea levantando el puño para golpearlo.

-Es broma princesa – se apresuró a decir el pelinegrodestellosazules produciendo una extraña reacción en su amiga que no vio.

-Entonces… ¿qué perrito vas a comprar? – preguntó la despistada Sakura.

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A la mañana siguiente:

El oji-azul leía cómodamente sentado en su sofá favorito. Hacía una mañana espléndida y él no tenía nada más que hacer que eso, leer. Pero era preferible a ir a pagar al cine para quedarse dormido; sí, era preferible.

-¿De nuevo leyendo Sherlock Honcks? – le preguntó una voz sumamente familiar.

-Elemental mi querida Daidoji, elemental – respondió el albino sin bajar el libro.

-Bien gran detective – comenzó la amatista – si es en verdad tan sorprendente como dicen, ¿puede decirme que hago aquí?

-Claro, no puedes estar ni medio día sin verme – bromeó el inglés – o estabas muy aburrida en tu casa.

-Tienes mucha razón, no puedo estar medio día sin verte – dijo ella sinceramente – y si estaba aburrida en mi casa.

-¿Qué se te ocurre princesa? – preguntó Eriol dejando el libro a un lado e inclinándose hacia adelante con interés.

-Pensaba en el parque, helado, una bicicleta – tanteó ella divertida al ver como en cada cosa que mencionaba él asentía con la cabeza.

-¿Y qué esperamos?

-A que Sherlock Honcks prácticamente realice otro milagro – respondió ella.

-Caso cerrado, vámonos – Eriol tomó la nívea mano de su amiga y la condujo hacia la cochera por su bicicleta.

Sin perder tiempo, salieron al parque a toda velocidad. Eriol conducía y Tomoyo iba sentada en la pequeña parrilla de la bicicleta. ¿Hacía cuanto que no hacían eso? Mucho realmente. Era extraño, de pequeños solían montar horas y horas sus bicicletas y disfrutaban enormemente esos momentos de ocio.

Iban a toda velocidad por una cuesta. Ante la excitación y la adrenalina que sus cuerpos liberaban, ambos fueron extendiendo los brazos como aves al vuelo sintiendo la maravillosa brisa en sus rostros, el vértigo en sus estómagos, el poder de la velocidad.

Todo iba bien hasta que sintieron perdido el control de la bicicleta.

Eriol bajo los pies intentando frenar un poco, pero fue en vano. La bicicleta se dio de lleno contra un árbol haciéndolos caer con una fuerte sacudida, Eriol encima de Tomoyo.

Y sin embargo, más que quejidos, sus risas eran lo que rompían el canto de los pájaros en los árboles cercanos.

Cuando ambos se dieron cuenta en la situación en la que estaban dejaron de reír y sus sonrisas se fueron borrando poco a poco. A escasos centímetros, esa era la distancia que los separaba. ¿Y si la borraba?, ¿si se atrevía a quitar esa molesta distancia entre sus labios? Eriol sonrió de nuevo antes de incorporarse y quedar sentado sobre las secas hojas.

-Auch – soltó Tomoyo imitando al oji-azul – no volveré a montar una bicicleta contigo.

-Lo siento, ¿dónde te duele? – le preguntó Eriol viendo como se pasaba las manos repetidamente por los brazos y las piernas.

-Aquí – respondió ella señalándose la muñeca a la vez que hacía un puchero. Eriol la tomó con cuidado, la tocó como si fuera de fina porcelana y depositó un beso sobre ella. Tomoyo se sonrojó fuertemente por eso. Le sonrió cuando él le devolvió la mano y siguió – aquí también – se señaló la rodilla; Eriol sonrió antes de besar el punto donde ella señalaba – aquí – señaló cerca de su sien izquierda y Eriol tuvo que levantarse un poco para poder besarle ese lugar – aquí – señaló su mandíbula, muy cerca de su oído. Vio como Eriol cerraba los ojos antes de rozar ese lugar con sus labios – hay un lugar más que me duele – le dijo cuando él se hubo separado un poco.

-¿Dónde? – le preguntó el oji-azul con un hermoso brillo en los ojos y las mejillas sonrojadas.

-Aquí – respondió la amatista alcanzando los labios del chico con los suyos.

Eriol abrió mucho los ojos ante lo que Tomoyo estaba haciendo, que era casi nada, lo estaba besando, ¡besándolo! Por Kami, ¡lo estaba besando! cumpliendo uno de sus más grandes deseos.

Y justo en ese momento, el oji-azul se encontró con una gran encrucijada: ¿qué era mejor? ¿Cerrar los ojos e intentar despertar todas sus células sensoriales justo donde ella estaba tocando o dejar los ojos abiertos y embriagarse de la hermosa visión que pudiera tener un enamorado (ella con los ojos cerrados y el rostro teñido de un increíble color rojo)?

Al fin, creyéndolo lo más oportuno, fue cerrando lentamente los ojos y se dejó llevar devolviéndole el beso, intentando poner en él los sentimientos que tantas veces le había querido gritar.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que iniciaran ese dulce contacto? No tenían ni idea, pero de algo estaban completamente seguros, no querían romperlo. Era magnífica la sensación, la liberación de hormonas, el aumento de ritmo cardiaco, las locas pulsaciones en sus cajas torácicas, los ligeros temblores en manos y labios; era simplemente el más grandioso contacto que hubieran compartido con alguien, el beso con mayor sentimiento y con mejor sabor en sus vidas.

Y como en toda historia de fantasía hay un dragón, en esta su nombre es "aire", amargo aire, incoloro aire, MALDITO aire. Los jóvenes tuvieron que separarse de mala gana para llenar sus pulmones de ese feroz dragón. Entonces llegó el momento de poner a trabajar las neuronas… ¿qué había pasado ahí? ¿Un simple arrebato de locura? ¿El deseo de demostrar una teoría? ¿El momento de la verdad?

Pero entonces, ¿cómo es que Eriol veía a Tomoyo más hermosa que nunca? Y ¿cómo es que Tomoyo veía las estrellas en los ojos de Eriol? ¿Cómo es que ambos estaban sonrojados como nunca en su vida? Y lo más importante de todo ¿cómo es que querían repetirlo una y otra y 999999999999999999999999999999999999999999 veces más?

-Creo que fue una caída extraña – comentó el níveo un tanto apenado - ¿cómo es que…

-Yo… no quiero seguir siendo idiota – respondió dejando atónito al albino – esta vez prometo verte.

-¿Cómo es que… leíste algo extraño y sin sentido, sin ton ni son y con muchos insultos, dícese de la palabra "idiota"? – preguntó temiendo lo peor.

-Tal vez – respondió la amatista viendo como el chico se reprimía internamente – creo que es muy extraño, no tiene sentido pero si razón y… no lo sé, tal vez… ahora ambos queramos.

Eriol abrió la boca para decir algo que lograran justificarlo, pero no encontró las palabras que necesitaba; se limitó a sonreír y contagiar su expresión a la amatista.

Tal vez ya no había necesidad de más palabras, tal vez todo ya estaba dicho, todo resuelto, todo en su lugar. Fuera como fuere, ambos se levantaron y siguieron su camino tomados de la mano como muchas otras veces, pero esa vez por vez primera.

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Dos semanas después:

-Esperaaaaa, ya te dije que lo siento – se excuso el oji-azul.

-No parece sincero – objetó ella.

-Soy sincero, cien por ciento sincero y en serio lo siento princesa – y elo ahí pidiendo disculpas por… algo sin importancia (quedarse dormido en el cine mientras se suponía que estaban viendo una de esas cursis películas rosas).

-Pero… - lo incitó a continuar.

-No se me dan esas películas cursis – soltó él con desesperación – son tan cursis, dan sueño y por tu culpa ayer no dormí.

-Tú fuiste quien me llamó – se defendió la amatista.

-Es que quería escucharte – repuso el níveo apenado.

¿Cómo podía seguir molesta con él después de eso?

-De acuerdo, no volveremos a ver una película tan cursi - dijo Tomoyo.

-Pero a ti te gustan – repuso Eriol.

-Pero a ti no, no tienes porque consentirme en todo - objetó ella – Sakura podrá acompañarme cuando quiera ver una y de esa forma también se salva Syaoran.

-¿Sakura? Genial, porque realmente me dan mucho sueño – confesó el pelinegro, tomó la mano de su novia y comenzaron a caminar.

Realmente Eriol era mucho mejor novio que Yue, solo bastaron los primeros segundos para que ella pudiera darse cuenta de eso, era más tierno, más cariñoso… mucho más cariñoso y sus besos, vaya que eran adictivos. Lo extraño era que a nadie le había sorprendido su repentino cambio de relación.

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Sakura y Syaoran:

-Genial, ya se estaban tardando – dijo Syaoran cuando terminaron su relato - picarones.

-Me alegro mucho, se ven tan lindos juntos – gritó Sakura para seguidamente estrangular a ambos en un feroz abrazo.

El resto de sus amigos soltaron un muy fuerte "AL FIN" al unisón e incluso algunos maestros los felicitaron por "abrir los ojos".

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Sus padres:

-¡¿Cómo dices?!!! – cuestionó el señor Hiraguizawa un tanto alterado – ¿estás diciendo que hasta ahora son novios?

-Pensé que habían comenzado a salir desde hace como dos años – confesó la madre del oji-azul apenando a ambos níveos.

-Mamá…

-Es que era tan obvio que se tenían algo entre manos – siguió el señor Hiraguizawa – aparte no hacías otra cosa que hablar de Tomoyo o Tommy (que es la misma persona).

-Papá… - soltó Eriol más que coloreado.

-Bueno, por fin podemos afirmar que eres la hija que nunca tuvimos – le dijo la señora Hiraguizawa a Tomoyo.

Generalmente los señores Hiraguizawa presentaban a sus amigos a Tomoyo como su hija pequeña, adoptiva o futura (aun que eso no lo sabía su verdadero hijo), lo mismo que la señora Daidoji que presentaba a Eriol como su hijo adoptivo o futuro. Era un lío cuando ambas familias iban a las mismas fiestas (o sea se casi siempre).

-¿Realmente hasta ahora son novios? – preguntó la señora Daidoji – y yo que ya los había presentado como pareja en mis últimas veinte reuniones de sociedad.

-Mamá… - soltó la amatista. ¿Cómo a su madre se le había ocurrido hacer eso?

-Bueno, todos lo comentaban así que… - se excusó su madre restándole importancia – solo di una conclusión razonable

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-¿Estás pensando lo mismo que yo? – le preguntó el oji-azul a la nívea.

-Si estas pensando en cómo nuestros padres creíamos que éramos novios desde quién sabe cuándo, sí, estoy pensando lo mismo que tú – respondió Tomoyo con una ligera inclinación de cabeza.

-Exactamente, hay gente tan extraña en este mundo.

-Como tu – agregó la chica divertida por la expresión de perplejidad que puso el oji-azul.

-Eres cruel – dijo Eriol haciendo varios pucheros.

-Solo digo la verdad, eres bastante extraño – bromeó Tomoyo y Eriol se quedó petrificado donde estaba. La chica se acercó a su oído y dijo – y así te quiero.

-Bueno, solo por esta vez te perdonaré princesa – dijo el albino con las mejillas bien teñidas.

-Gracias – repuso la amatista para seguidamente unir sus labios con los de él por unos segundos.

¿Almas gemelas? Hay varios millones de personas en el mundo y solo una corresponde a otra verdaderamente, ¿se llegan a encontrar? Solo en casos especiales, cuando se desea realmente, cuando se busca bien, cuando se abren bien los ojos. Lo que es realmente cierto es que todos participamos en esa busca. Todos estamos en busca de…

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Y eso es totototodo amigos.

Espero les haya gustado, y a los que no, lo sientoooo, pero no os preocupeis, ya tengo ideas para dos fics que espero publicar muuuy pronto.

Esperen la publicación de.... Juego de opciones.

ADIOSIN :D