Capitulo 2. La Propuesta

-¿Han vendido el edificio? –preguntó Ginny al comercial que retiraba el cartel que anunciaba la venta.

-Así es. El nuevo propietario quiere reunirse con usted a eso de las cinco.

-¿Para negociar el alquiler?

-Imagino que sí.

Ginny sintió un nudo en el estómago. Se quedo mirando fijamente una mariposa que volaba alrededor de las jardineras del escaparate y se pregunto cómo sería la vida sin preocupaciones.

No se consideraba una mujer que se angustiara fácilmente. Si tuviera que describirse, lo haría como una persona trabajadora que trataba de ser optimista y que podía ser sobornada con un chocolate belga.

Antes de entrar en la tienda, se detuvo para hacer su ritual diario: acariciar el rótulo de la puerta. Aquel era su sueño hecho realidad. Su librería, El rincón del lector, estaba ubicada en la planta baja de un edificio de ladrillo de tres plantas. En el segundo piso tenia alquilado un apartamento de un dormitorio.

Cuando vio el sitio por primera vez, supo que era el lugar perfecto y el mismo día firmo el contrato de alquiler de la tienda y del apartamento. El nuevo propietario probablemente querría subirle la renta. Pero, ¿cuanto?

Quizás después de todo, el nuevo dueño fuera una persona agradable y dejara la renta como estaba. Quizás incluso comprara algunos libros cuando fuera a verla.

-¿Has olvidado las llaves? –preguntó Jane White. Su marido Joy y ella eran propietarios de la floristería del edificio de alado. A pesar de que tenía más de cincuenta años, la piel de Jane tenía el resplandor de una mujer jóven.

-No, estaba recordando algo.

-Será mejor que lo hagas adentro. Se acerca una tormenta. Te avisare de las previsiones meteorológicas –dijo Jane que siempre tenía el radio encendido-. El ambiente es extraño, seguro que va a pasar algo grande.

-Algo grande ya ha pasado. Alguien ya ha comprado el edificio.

-¿Eso son buenas o malas noticias?

-Todavía no lo sé. Lo sabré más tarde cuando el nuevo propietario venga a verme.

-¿Qué haces ahí afuera? –esta vez la pregunta venia de la ayudante de Ginny, Kalinda Patel. La jóven universitaria tenía diecinueve años, una larga melena morena y bonitos ojos marrones. Además de tener aspecto de necesitar un café-. La maquina de café esta adentro y necesito mi dosis de cafeína.

-Está bien –dijo Ginny abriendo la puerta-. Entremos.

Mientras Kalinda acudía veloz a la máquina de café del otro lado del mostrador, Ginny encendió las luces y miró a su alrededor. Había logrado dar aquel sitio su toque personal. Ella misma había diseñado las estanterías e incluso colaborado con el carpintero a hacerlas. Había colocado dos butacas junto a la entrada de la sección de libros románticos y ella misma había hecho las fundas que las cubrían.

A continuación estaba la sección de misterio, donde había colocado una cinta de plástico amarilla y negra como las que usaba la policía para delimitar una escena de crimen y había colocado un póster en la pared de un actor caracterizado como Sherlock Holmes.

Más adelante, estaba la sección de ciencia-ficción con las portadas de libros firmadas por los autores que había visitado la tienda. Recientemente, había preparado una pequeña selección de libros para adolescentes y por último, estaba una pequeña zona dedicada a las historias del Oeste, donde había colocado un sillón cubierto con una manta estilo indio.

La sección infantil tenía pequeñas sillas, una alfombra de letras multicolores y se había asegurado de que las estanterías estuvieran bajas.

En el otro extremo de la tienda había un rincón de lectura donde se hacían las presentaciones de los autores. Había un gran banco de madera de pino con cojines rodeado de estanterías. Había tratado de dar el aspecto de un hogar en aquella zona, en la que había unos marcos con fotos entre los libros.

El rincón del lector estaba enfocado principalmente a la ficción, aunque procuraba tener libros sobre autoayuda muy populares, entre los lectores.

Ginny recordó que tenía que actualizar los listados de los libros mas vendidos. También tenía que hacer el pedido semanal y hacer sitio para los nuevos títulos que se pondrían a la venta durante las navidades.

-Ahora estoy lista para afrontar el día –dijo Kalinda después de dar un sorbo a su café-. ¿Qué tal fue tu charla sobre futuras profesiones en la escuela?-. Kalinda no sabia de la condición de Ginny de bruja, de hecho nadie. Ella ya estaba muy infeliz con la vida que tenia de bruja, y necesitaba un cambio, así que un día después de salir de Hogwarst agarro todas sus cosas, el poco dinero que tenía guardado y se fue a Londres muggel. Tuvo todo tipo de trabajos hasta que ahorro para poder abrir su librería.

-Bien. También fue un ex compañero del colegio.

-¿Enserio? Y ¿Eras muy cercana a él?

-Pues... poco, aunque era el mejor amigo de mi hermano. Pero nunca se fijaba en mí. Estaba ahí para hablarles sobre como hacer una empresa.

-Y por tu expresión, no te gusto lo que dijo.

-Fue increíblemente arrogante y autoritario. Cuando se lo dije, me dijo que tan solo quería demostrarles cualidades como la confianza y el liderazgo.

-Espera un momento ¿Le dijiste que era arrogante?

-Si

-¿Cómo te atreviste?

-Estaba flirteando conmigo y tenia que pararle los pies.

Kalinda Sonrío.

-Si, claro y seguramente el cruel empresario se asusto de ti.

-Llevaba mi vestido negro.

-Ah, bueno, eso es otra cosa. Has utilizado tu arma infalible, la seducción. Así me gusta.

-Claro que no.

-¿Qué pasa? ¿Acaso era feo?

-No, todo lo contrario. Él es muy guapo, atractivo y con un sentido del humor muy peculiar.

-¿Cómo pudiste dejar ir a un hombre con esas características?

-Era autoritario y arrogante.

-Eso puede cambiar.

-No siempre.

-Lo dices por tu madre.

Ginny asintió. Apenas le había hablado a su ayudante sobre su pasado. Tan solo le había contado que su madre era ama de casa y que era muy controladora. Sus padres vivían en las afueras de Londres, y muy poco los visitaba. Bueno hacia tres años que no lo hacía.

-Mi madre también es una persona difícil. Todavía insiste para que salga con hombres de origen hindú –continuo Kalinday dio un sorbo a su capuchino-. Cambiando de tema, ¿han llegado ya los libros de la nueva colección romántica?

-Llegaron ayer por la tarde, justo después de que te fueras.

El resto del día pasó rápidamente para Ginny, como era habitual. Algunas de sus clientas acudían varias veces a la librería y charlaban con ella. Sabía cuales eran los trabajos de sus maridos, los hijos que tenían, sus problemas y éxitos. También le hablan sobre los libros que mas le gustaban. Cuando un nuevo cliente entraba en la tienda, Ginny trataba de hacerle sentir a gusto para que volviera. Ésa era la parte importante de su trabajo.

Ginny pasó todo el día tratando de olvidar la reunión con el nuevo propietario del edificio, pero a partir de las cinco de la tarde no pudo dejar de mirar el reloj cada pocos minutos.

Finalmente, no había llovido esa tarde por lo que fue al cuarto de baño a llenar la regadera para regar las macetas de la fachada. Como todos los jueves, la hora de cierre era a las cinco y media.

Salio fuera. Se sentía tan mustia como los tulipanes. Tenia que ser positiva.

Se giró y choco contra un fuerte pecho masculino.

-Lo siento –dijo y su voz se apagó al ver de quien se trataba. Era Harry. Su pulso se aceleró, lo que demostraba que lo que había sentido el otro día no había sido una ilusión. No levaba su imponente traje de ejecutivo, pero los vaqueros le sentaban a la perfección así como el polo azul que llevaba puesto.

-¿Qué estas haciendo aquí?

-He venido a hablar contigo.

-Éste no es un buen momento –dijo ella separándose de Harry y sujetando la regadera con fuerza, como si pudiera protegerla de la atracción sexual que desprendía-. Estoy esperando a alguien que llegará en cualquier momento para tratar un asunto muy importante de negocios.

-Lo sé. Me estas esperando a mí.

Harry habló en un tono muy arrogante.

-No, no eres tú.

-Claro que si –dijo siguiéndola al interior.

-Estoy esperando al nuevo dueño del edificio.

-Ése soy yo.

-Pero tú para que necesitas un edificio viejo. ¿No te dedicas a tus negocios?

-Si, pero ví un cierto interés en este.

-¿Por qué has comprado este edificio? –preguntó Ginny tratando de comprender lo que decía.

-Porque es una buena inversión. Y por que necesito tu ayuda.

-¿Compraste un edificio por que necesitas mi ayuda?

-Si.

Estaba claro que tenía que cerrar la tienda pronto. Colgó el cartel de cerrado aunque todavía quedaban unos minutos para la cinco y media. Aquella no era una conversación para mantener frente a los clientes. Por suerte la tienda estaba vacía y Kalinda ya se había ido. Ginny decidió ir directamente al grano.

-¿Qué pasa con mi alquiler?

-Estaré encantado de mantenerlo en las mismas condiciones si me ayudas.

-Si hago lo que tú quieres, ¿no?

Harry asintió.

-Tú me ayudas y yo te ayudo.

Ginny comprendió hacia donde iba aquel asunto.

-Olvídate, no tendré sexo contigo.

-¿Sexo? ¿Quién ha hablado de sexo? No busco una amante, tan solo quiero una prometida. O, para ser mas exactos, alguien que este dispuesto a simular que es mi prometida.

De pronto Ginny cayó en la cuenta. Había oído cuál era la posición en el mundo mágico respecto a las tendencias sexuales.

-Lo entiendo. Eres un homosexual.

-¿Homosexual? –repitió Harry incrédulo-. Claro que no –dijo atrayéndola hacia él. Ginny podía sentir la calidez de su cuerpo a través del vestido de algodón que llevaba puesto. Estaba tan cerca de él que podía apreciar con nitidez el brillo de sus ojos verdes. Él aproximó sus labios a los de ella y susurró- ¿Quieres que te lo demuestre?