Capitulo 3.- ¿Acepto?

Ginny consiguió encontrar la fuerza de voluntad para resistirse a la tentación que Harry suponía. Dio un paso a tras y trató de mantener la calma.

-No, no quiero que me demuestres que no eres homosexual. Te creo.

-¿Por qué pensaste que lo era?

-Porque dijiste que no querías una amante sino una prometida.

-¿Y eso te hizo pensar que era homosexual?

-Era una suposición lógica.

-Claro que no.

Ginny estaba a punto de seguir discutiendo cuando se dio cuenta de que eso era precisamente lo que él quería.

-¿Por qué no me explicas lo que pretendes? Así no llegare a conclusiones erróneas.

-Necesito tener una prometida.

-¿Para qué quieres que piensen que tienes una prometida?

-Porque tengo un problema con Cho, la hija de un inversionista muy importante.

-¿Qué le has hecho?

-No he hecho nada. Tan solo fui amable cuando la conocí y se ha hecho ilusiones conmigo, eso es todo.

-¿Y que te ha hecho ella?

-Me esta haciendo la vida imposible. Está convencida de que se ha enamorado de mí, de que ha sido amor a primera vista, lo que es absurdo.

-Desde luego.

Aquel comentario no debía de haberlo molestado, pero lo hizo.

-¿No crees posible que una mujer se enamore de mí?

-No he dicho eso. Me refiero a que enamorarse de alguien al que no se conoce es ridículo. No debe de haberse dado cuenta de lo arrogante y autoritario que puedes llegar a ser.

-Es hija de un inversionista muy ocupado. El es mucho más arrogante y autoritario que yo. Esta claro que ese no supone un problema para ella. Ya esta acostumbrada.

-Pues si lo sería para mí.

-Tu padre no es igual.

-No, él no. Pero mi madre si. –no estaba dispuesta a hablarle a Harry sobre los problemas que había tenido con ella-. ¿Por qué no me sigues hablando de las razones que tienes para necesitar una prometida?

-Está bien. Como te decía, Cho lleva persiguiéndome varias semanas. Como yo no le pedía una cita, lo hizo ella y cuando me negué me amenazó con hacerme la vida imposible.

-¿Qué hizo?

-Para empezar, logro que su padre me pidiera hacer esa estúpida charla en Hogwards.

Aquello molesto a Ginny.

-Lo único estúpido fue el modo en que te dirigiste a los muchachos.

-Al menos me prestaron atención.

-Creo que ya te gusta llamara la atención.

-¿Qué quieres decir?

-Nada, olvídalo. Sigue, me decías que Cho te está haciendo la vida imposible.

-No lo entiendes. No puedo arriesgar mi empresa por una mujer caprichosa como ella. Así que se me ocurrió la idea de la prometida. Si le digo que estoy comprometido para casarme, quizás se olvide de mí.

-¿Y por qué yo?

-Porque Cho me pilló por sorpresa y se me escapo tu nombre.

-¿Se te escapó?

Harry asintió.

-Si, cuando me preguntó el nombre de mi prometida. Me acorralo el día que te ví en le colegio, nada mas cuando llegue a la oficina. ¿De que te ríes?

-De la idea de una mujer acorralando al gran Harry Potter.

Harry la miro con cara de pocos amigos, a lo que Ginny dejo de reírse en un instante.

-La conocerás pronto. Estoy seguro de que se dejara caer por aquí para verte.

-A ver si lo entiendo. ¿Quieres que finja ser tu prometida para que cho se olvide de ti? ¿Durante cuánto tiempo?

-Unas semanas, hasta que pierda el interés.

-¿Y que pasa si no lo hace?

-Lo hará.

-No lo sé. Parece muy decidida.

-Quizá algunos meses. En compensación, te reduciré la renta a la mitad durante un año.

-¿Repite eso?

-Ya me has oído.

-Me lo tendrás que dar por escrito.

-Lo imaginé, así que le pedí a mi abogado que redactara un contrato –dijo Harry y saco un papel del bolsillo trasero.

El papel retenía la temperatura de su cuerpo. Ginny trató de ignorar ese detalle y se concentro en los términos legales. La duración del compromiso no había sido fijada, pero la rebaja en el alquiler ahí estaba estipulada, además de la advertencia de que el compromiso no era real ni que constituía una promesa de matrimonio. Estaba claro que había previsto todo.

Harry se había convertido en una persona autoritaria y arrogante. Él era fuerte, arrogante autoritario y poderoso. Y ella siempre había tratado de evitar eso en un hombre. Desde luego que estaba más atractivo que nunca, con su pelo negro y alborotado, y sus grandes ojos verdes, además de su seductora sonrisa que tanto cambiaba la expresión de su rostro cuando la esbozaba. Preferiría los hombres intelectuales y sensibles que compartieran su amor por los libros.

Tenia que reconocer que la oferta era demasiado buena para que Ginny la dejara pasar. Le costaba llegar a fin de mes desde que abrió la librería hace un año. Además, ya no era una jovencita incapaz de defenderse de una personalidad arrolladora. Podría manejar a Harry.

-¿Qué me dices? –pregunto él.

-Está bien –accedió.

-¿Lo harás?

-Si, pero tengo que advertirte que las cosas pueden ser mas complicadas de lo que parecen en principio.

-¿Por qué? ¿Hay algún hombre en tu vida que lamentará que te hayas comprometido?

Ginny sacudió la cabeza. Desde que había abierto la librería no tenia tiempo ni ganas para salir con hombres. Los pocos con los que había salido no le habían impresionado lo suficiente como para repetir la cita.

-Las mentiras siempre pasan factura –dijo Ginny.

Viendo el modo nervioso en se mordía el labio, Harry no podía evitar sentir curiosidad. ¿Qué cosas ocultaría en su pasado? ¿Qué sensación produciría el roce de sus labios?

Había reparado en sus labios desde el mismo momento que se habían vuelto a ver. También en sus piernas, aunque hoy apenas se veían ya que llevaba un largo vestido hasta los tobillos. Aun así, la suave tela del que estaba hecho tenia una peculiar manera de de marcar sus curvas.

Respecto a las mentiras su único propósito era deshacerse de Cho. Harry estaba seguro de que podía manejar las cosas. La atracción que sentía por Ginny era algo añadido aunque no tenia ninguna intención de comprometerse y casarse en ese momento de su vida. Eso podía estar bien para sus amigos, pero no para él. Ya que Ron se había casado con Hermione hace ya tres años y tenían una adorable niña. Todo eso abrumaba mucho a harry, y él valoraba mucho su libertad.

Había algo más en el hecho de salir con una atractiva pelirroja vendedora de libros. No parecía el tipo de mujer a la que le gustara llamar la atención por su aspecto, como demostraba el largo de su vestido que llevaba puesto y que el único que le producía eran unos irresistibles deseos de arrancárselo.

Ginny lo intrigaba. Deseaba saber sobre ella, sobre que había pasado con su vida, ya que en el colegio no hablaban mucho. Estaba seguro que debajo de aquel frío caparazón había algo más. Su temperatura había aumentado con tan solo rozarla. Quería saborear esos delgados labios que tenía, quería sentir sus piernas alrededor de sus caderas.

"Relájate", se dijo. Era una mujer más. Tenía que disfrutar el momento y no buscarse complicaciones.

Harry saco su agenda.

-Hay que dejar claros algunos detalles, como cuando nos comprometimos, cuanto tiempo llevamos saliendo y todo ese tipos de cosas. También está el anillo. ¿Qué talla tiene tu dedo?

-La siete. Pero no iras a comprar un anillo, ¿no?

-¿Se te ocurre otra cosa?

-Podrías comprar algo barato, como una circonita. Si la imitación es buena, solo un joyero sería capaz de saber que apenas tiene valor.

-Está bien. Elije tu el anillo pero yo lo pagaré.

-Será algo que no cueste más de dos galeones. No quiero tener que preocuparme si lo pierdo.

-¿Cómo ibas a perderlo? Se supone que el anillo de compromiso lo lleves puesto todo el tiempo y no te lo quietes para nada.

-Eso es en un compromiso real, lo que no es el caso.

-Esta bien pero al menos gástate cincuenta galeones, no quiero que nadie piense que soy un tacaño –dijo escribiendo en su agenda-. He preparado una lista...

-Si estas tan preparado, podrías haber inventado una historia mejor acerca de tu supuesta prometida. ¿Qué le has contado de mí?

-Solo que tenías una librería.

-¿Solo eso?

-Podía haberle dicho que habías sido modelo de bañadores de una revista muggle –dijo Harry tratándose de burlar de ella.

-¿Qué?

-Estaba bromeando.

-Eso espero. Nadie creería que fui modelo.

-¿Por qué no?

-Porque las mujeres de verdad tenemos curvas.

-Ya me he dado cuenta –dijo él mirándola de arriba a bajo.

-Mis caderas son grandes –dijo ella señalándose esa parte del cuerpo.

-Ya lo veo.

-Las modelos de bañadores nunca tienen las caderas tan marcadas.

-Me gustan las mujeres con curvas y piernas largas. Y con el pelo rojo y largo y los ojos azules. Hay muchas cosas que me gustan de ti.

Aquel cometario produjo un escalofrío. Ahora se daba cuenta de la extraña sensación que le producía. Se sentía sexualmente atraída por él. Hacia tiempo que no lo experimentaba y nunca antes había sido tan intensa como en aquel momento. Eran sus hormonas femeninas reaccionando a la testosterona que irradiaba en aquel momento Harry.

Ginny trató de calmarse. No podía dejarse llevar por el sexo en aquella situación. Necesitaba comportarse como una fría mujer de negocios. Tenia que ser práctica.

-No me conoces muy bien que digamos, Harry Potter.

-Quiero conocerte mejor –murmuró Harry-. Además necesito hacerlo si vamos a seguir con esto adelante. Cuéntame todo lo que tenga que saber.

-No creo que valla a funcionar –comentó Ginny.

-Claro que si. Sólo tenemos que prepararnos bien. Para hacer un buen negocio se debe estar muy bien preparado y conocer a detalle todos los ángulos del negocio. Se que tienes una librería y de tu procedencia. Pero de tu vida actualmente no se nada.

-Redactaré una pequeña biografía esta noche para que la tengas en tu agenda.

El guardo su agenda y la miró.

-Algunas cosas son inolvidables. No te molestes con lo de la biografía. Cena conmigo y podemos hablar de detalles mientras cenamos. Conozco un buen restaurante.

-Es buena idea para repasar nuestra historia –repuso Ginny con mente practica.

-Si –dijo Harry.

-Está bien.