Disclaimer: Bla… bla…bla… Meyer es dueña de todo bla…bla…bla

Sumary: Tal vez no fueran la pareja físicamente perfecta, ni los padres de la relación. Ni siquiera el león y la oveja. Simplemente, por que no había nadie como ellos.

Pareja: Alice&Jasper

¡Chicas! Gracias por sus reviews y a las que me agregaron a Fav's :DD. Ahorita estoy algo cortada de tiempo :/ Así que nada más me resta decir: ¡Disfruten la viñeta :DD!


Nadie como tú es capaz de compartir

Mis penas mis tristezas, mis ganas de vivir.


— ¿Cómo crees que sea nuestra nueva familia? —pregunté, mientras caminaba tomada de su mano. Él me sonrió cálidamente, mientras me miraba con la ternura impregnada en sus ojos.

—No lo sé —dijo, mientras apretaba con más fuerza mi mano —pero lo más probable es que te quieran mucho.

—A ti también te van a querer mucho —sonreí, deteniéndome frente a él —Lo he visto —Jasper tan sólo se limitó a sonreírme, mientras decía con voz divertida:

—Claro, Alice la que todo sabe — lo golpeé juguetonamente en el hombro, mientras él se reí aún más fuerte. Amaba cuando se reía, era el sonido más hermoso que había escuchado jamás.

Hacia poco tiempo me había dado cuenta de que él era el hombre con quien realmente quería pasar la eternidad. Todos lo días no podía evitar pensar en la suerte que me había tocado, al tenerlo justo a él a mi lado.

A pesar del año y medio que apenas llevábamos de conocernos (aunque en realidad yo lo conocía, desde hace prácticamente 29 años) sabíamos todo acerca el uno del otro. Yo lo conocía todo de él, y él de mí (o al menos lo poco que sabía) Era la persona más maravillosa que había en el mundo, de eso estaba segura. Y había decidido embarcarse en esta aventura junto conmigo, sin siquiera conocerme, lo que lo hacía más genial aún. ¿Qué podíamos decir? Éramos almas gemelas, lo que lo explicaba todo.

—Te amo — le dije, con todo el amor que albergaba hacia él. Él sonrió, mientras se inclinaba y juntaba su nariz con la mía, haciendo que pudiera sentir su aliento.

—Yo también te amo— y me besó dulcemente en los labios. Suspiré sin poder evitarlo, y el sonrió con autosuficiencia.

—Engreído —bufé, mientras rodaba los ojos y el se reía aún más alto.

¿Qué podía decir? Él era mi otra mitad.


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