*/** Capítulo 1 **/*

De nuevo tenía calor, un calor infernal en verdad, y el sudor pegajoso estaba en mi frente. El de la radio anunció 34 ºC, algo poco usual en Tomoeda, que siempre tiene clima fresco, oh maldito recalentamiento global!

Me levanté para ducharme. Hoy el tarudo de Yamazaki me presentaría a Kinomoto, mi nueva "tutora correccional personal" como él la había llamado. Su foto aún resonaba en mi cabeza, aunque en verdad no me importara mucho, casi nunca había visto tal belleza en una mujer… me recordaba a Afrodita o Selene y no sé por qué.

Luego de salir del baño, me cepillé los dientes e INTENTÉ peinarme los cabellos, pero nunca resulta, en fin…

La verdad que aunque sea un muchacho sin remedio siempre me visto bien, o al menos bien para las chicas, gracias a mi madre: la multimillonaria viuda del jefe del clan Li, la cual obviamente tiene el puesto mismo ahora, hablo con ella por teléfono a veces, pero no lo suficiente. Me habría gustado poder conocerla un poco más pues mi padre murió cuando ella estaba embarazada de mí y al parecer le afectó mucho que ahora yo sea el vivo reflejo de mi padre.

Por lo menos fui aceptado por mis hermanas. Mis odiosas hermanitas.

Un momento… ¿Cuándo tomé un taxi? Ah, despierta Syaoran, sigues igual de despistado.

La oficina de Yamazaki si que se había hecho grande, la verdad es que hace tiempo no la visitaba. Se había comprado un sillón largo de cuero y una pantalla plana. Bah, solo presume.

Luego de un rato el paliducho de Yamazaki entró.

- ¡Syaoran! Es un milagro que hayas llegado antes que yo, ¿Acaso comiste una mazamorra de calabaza? – me saludó.

- ¿Debería?

- Pues claro, te da buena suerte, igual que las mandarinas.

- Ya pues, será para la próxima.

- Muy bien entonces. ¿Qué tal te sientes hoy?

- ¿Eres mi psicólogo nuevo o qué? – dije molesto.

- Ya veo, igual de arrogante.

- Como quieras Yamazaki. ¿Y? ¿Dónde está la razón por la que vine? – pregunté impaciente.

- Oh, si, eso. Bien ella será una sorpresa.

- A que te referirás… – añadí sarcástico.

- Es una experta en esto de ser tutora.

- Te recuerdo que solo es 4 años mayor que yo.

- Sobre eso, en realidad es 5 – dijo sonriendo.

- Como sea, Yamazaki. No me madrugué para que no haya nadie.

- ¿Madrugar? Oye, son las 11:30 –repuso.

- Así es.

Yamazaki negó la cabeza sonriendo, sabía que nunca me convencería. Nadie le gana al gran Li.

- Entonces Syao…

- Li. – corregí.

- Bueno, Bueno, Li. ¿Qué piensas sobre que una mujer te eduque?

- Aparte de mi madre. Nadie me puede aguantar – dije orgulloso.

-Ajá ¿y qué más? –dijo interesado. Supuse que no habría nada malo en descargarme. Él es hombre, yo también, no había mujer presente…si…

- ¿En verdad? Las mujeres no están hechas para criar hombres, solo niños, y que sólo sirven para complacernos a nosotros y para estar en la cocina, embarazada, esperándonos – declaré.

Yamazaki no sabía que decir. Él no sabía que podía llegar a tener pensamientos tan machistas.

- ¡Por todos los rayos, Li! ¿Cómo puedes pensar eso? – exclamó estupefacto.

- Cuando creces solo aprendes muchas cosas…

- Lo lamento.

- Da igual.

Entonces pasó algo inesperado.

- No puedo creer que los hombres no maduren. Esto será un duro trabajo. – nos interrumpió una voz fina y musical, hermosa en verdad.

¿Qué demonios te pasa Syaoran? Tú no eres así.

- Lamento haberla hecho esperar, Señorita Kinomoto, pero le hice la prueba que pidió y créame que quedé tan anonadado igual que usted seguramente.

De la puerta salió una muchacha en realidad, pues no se le veía como una "tutora" de esas que te ponen los pelos de punta con unos anteojos sacados de los cuentos de terror. Era un poco más baja que yo, pero no pequeña, tenía piernas largas, cintura pequeña, esbelta de pies a cabeza.

Su tez era como la de una muñeca de porcelana china, su cabello dorado – caramelo y sus ojos eran dos deslumbrante jades marcadas por espesas pestañas, siendo que no se le veía maquillaje.

Él solo verla produjo un estremecimiento en mí.

Tragué pesado.

- ¿Kinomoto? – pregunté nervioso.

¡¡Por favor que no sea, que no sea, no, no…!!

- Al ser el caso de que viviremos juntos, mi primera lección es: Si quieres agradarle a las personas, dales tu nombre. Es un gusto Syaoran, dime Sakura por favor – añadió sonriente y yo me sonrojé, algo EXTREMADAMENTE extraño en mí.

Yamazaki se percató y rió en lo bajo.

- Veo que se llevan de maravilla. Bien Sakura, te dejo mi más antiguo paciente. Chau – se despidió el tarudo de Yamazaki… por segunda vez merece que le llame así.

¡Oh, maldito desgraciado! Sé que esto lo hizo a propósito.

- Bien, hora de que conozcas tu nuevo hogar por ahora – anunció antes de indicarme que la siga.

Guau y mil veces Guau. Quedé estupefacto. ¿Quién demonios tiene un jaguar del año con un sueldo de tutora? Ni siquiera, tengo que desgraciadamente aceptarlo, se compara con mi BMV 2008 en China. Qué rabia me da.

- ¿Te gusta? - me preguntó.

- Da igual – respondí sin interés. No les hago caso a lo que intentan presumir.

- Ya veo…-inquirió pensativa.

El camino fue largo y pesado. Muchas veces me tensé para no decirle piropos o echármela encima ahí mismo, así que, fue torturante.

Al final llegamos a una casa de urbanización, de tamaño medio y era de color caqui por fuera. Yo mismo saqué mi equipaje.

- ¿Te ayudo?

- No.

Así de simple había sido.

Sakura me indicó la habitación que tenía ventana a la casa de a lado con una repisa para poder sentarme a relajarme. Perfecto, una salida cerca.

- Mañana será un día largo, mantente cómodo. Te daré un día para acomodarte – me dijo calmada.

No le respondí.

- Bueno, hasta mañana.

Cuando cerró la puerta al fin tuve algo de paz. Ambientaría mi cuarto como mío. Por suerte el color era verde. Mi color favorito.

Verde como sus ojos…

¡Ah! ¡¿Por qué demonios pienso eso?!

Me centré en arreglarme la habitación. Pegué mil pósters: paramore, linking park, jonas brothers mmmm pero la verdad no me gustan mucho, Lil`Wayne y varios más…

Mi "tutora" me llevó el almuerzo a mi habitación, pero ya tenía un dulce reservado.

Cogí el chocolate y me recosté en la repisa de la ventana, dándome cuenta de que aunque esté abierta, tiene rejas bien selladas. Rayos.

De pronto, en la ventana de al frente apareció una silueta de un chico como yo… de lejos se le veía paliducho, pelo negro azulado y unos lentes como los de…

¡No puede ser! ¿Será posible?

Luego todo quedó claro cuando se dio cuenta de mi presencia y abrió la ventana igual de sellada que la mía.

- Cuánto tiempo, Eriol.