*/** Capítulo 3 **/*

- Me encanta estar así…-me dijo la Afrodita, rodeándome el cuello y mirándome a los ojos con sus jades.

- ¿Y a quién no? – le respondí con la nariz en su garganta, oliendo su fresco aroma a cerezas.

Tomé sus dora-caramelos rulos entre mis dedos y mi otra mano aferrada a su cintura mientras ella me daba miles de continuos besos en mis labios.

- Dime lo que más te gusta.

- ¿Debe ser con palabras? – pregunté al tomarla más fuerte entre mis brazos y dejando que ella se aferrara a mí todo lo que quiera.

-No si tú quieres… - me susurró y yo pensaba complacerla…

"¡¡¡Buenos Días Tomoeda. El día de hoy se registra una temperatura fresca de 24ºC así que a levantarse y gozar de la primavera!!!"

Ugh, ¿Quién le puso despertador a mi reloj?

¡¿Las 7:30 de la mañana?! ¡No frieguen!

De todas maneras ese sueño fue el más extraño que he tenido. ¡¿Por qué diantres soñé con mi tutora?!

Oficialmente empezaba la correccional más interesante de todas. Hoy tendría mi primera lección con Sakura mmmm…

Sería divertido si fuera igual de vergonzosa que cuando le sonreí, pero al parecer mi chistesito lo había arruinado todo. Me di una ducha rápida colocándome mi inusual colonia de mentas. Lo sé, es muy raro, pero me gusta.

Me dio muuuucha pereza arreglar mi cuarto y tender mi cama, así que salí sin que me de interés. El desayuno ya estaba en el desayuno, y no lo quise ni mirar ni un segundo más.

Brócoli al vapor con un sándwich de atún ¡Qué asco! Opté por hacerme yo mismo el desayuno, sí… ¡yo quiero carne!

Me dirigí a la tienda del parque del vecindario a unas tres calles, y con mi propio dinero compré unos huevos y algo de pollo.

::::____"Mientras…"_____::::

- Muy bien, oficialmente Syaoran es propiedad mía ¡Syaoran! – llamó Sakura al muchacho. Lo buscó por todos lados y en su cuarto no lo halló, tampoco en la cocina pues su desayuno estaba intacto, pero había una nota en la estufa.

"Salí a comprar huevos y eso no quiere decir que me fui por la puerta. Syaoran."

La bombilla de su mente se encendió. La única ventana sin rejas era la de…

¡Oh, pero que sin vergüenza! ¡Entró a su cuarto y se fugó por su ventana!

::::____"De vuelta con Syaoran!_____:::::

Je, es una suerte que yo sepa trepar casas. Con una mano me aferré al techo de la puerta y alcé mi pierna lo suficiente como para ponerme de pie. Tomé la pequeña bolsa con mi boca y abrí la ventana sin rejas. Ahora si tomaría un buen desayuno.

Cuando al cerrar la ventana me volteé, me encontré también con una gran sorpresa.

Sakura se encontraba en su silla mirándome fijamente a los ojos. Su semblante expresaba molestia y enfado, una mano me indicó que me acercara.

Tragué pesado, de la misma manera que cuando la conocí.

-¿Se puede saber a dónde fuiste? – comenzó con un tono frío.

-¿Qué no lo dije en la nota? –dije aparentando estar tranquilo pero por dentro estaba a punto de gritar.

¡Noooooooooo!

- ¿Quién te dio permiso? – me interrogó.

- En mi opinión, solo me falta un año para poder salir de aquí y prácticamente soy adulto, entonces ahí tienes tu respuesta – le dije muy en alto.

Sakura entonces buscó en su bolso Gucci y sacó un fólder que parecía la de una chica de secundaria, todo adornadito con un montó de fotos y papeles arrugados hasta que sacó una hoja e perfecto estado.

- Entonces como sabrás, al AÚN no tener dieciocho puedo sacar sin problemas mi papeleo donde demuestran que la única adulta responsable soy yo.

- ¿Qué me insinúas? – cuestioné.

Ella misma, se convirtió en la Afrodita de mis sueños de un momento para otro. Lentamente se levantó de su silla y se acercó de igual forma lo cual me facilitó poder contemplarla mejor. Sakura en verdad era más de cuando la había conocido, ahora me fijo son un mezcla de dulzura extrema con una maldita pizca de pura sensualidad.

¡Pero que cosas me hace pensar!

Cuando se inclinó hacia mí no tenía dudas de que me traía loco desde un principio. Mi Afrodita, Mi Selene todo era ese momento. Le tomé las manos suavemente y ella rió un poco luego con su mano libre y aún con su aliento muy cerca, se puso cerca de mi oído con los labios entreabiertos.

En serio que fue demasiado fácil cuando yo…no hice nada.

- ¿Te… gusta? – me cuestionó encima, esta era la mejor mañana de mi vida.

- Si, y mucho – respondí con voz ronca, que mala señal… ¡esto era demasiado!

- Que bueno, porque desde ahora… gracias a chistesitos como estos - ¿Qué? – no volverás a salir más…

Luego ella se alejó y me miró con una sonrisa satisfecha y yo, con las manos vacías.

No volverás a salir más.

No lo harás.

Oh claro que no.

No, no, no, no ¡no lo haré más maldita sea!

¡Me lo había dicho! Lo que yo nunca había querido escuchar, debía aceptarlo: era un vago pero así soy ¡Pa` Bravo yo! esto no se queda así. Pero, ¿Cómo combatir a esta Afrodita? Mmmm ¿Y si me convierto en su Adonis? Pero claro, obviamente no quiero morir de esa EJEM forma.

Me puse de pie frente a ella y de la misma manera ella me miró con curiosidad. No me había ido maldiciendo por toda la casa, ni tampoco la había hecho un berrinche así que permaneció callada.

Me acerqué más y al parecer se sorprendió tanto que no se movió. Al darse que yo me acercaba más y la tomé de las manos para que no haga nada igual a lo de anoche, se sonrojó a más no poder y sus labios estaba entreabiertos, esperándome abiertos y dispuestos.

Sin dudarlo dos veces, la tomé mejor entre mis brazos y le di un beso imprevisto. Fue brusco y de un momento a otro. Al principio no se opuso, ni tampoco en el final por lo que seguí degustando de su agradable sabor a fresas.

Profundicé más el beso y me esmeré en mostrarle lo que había querido hacerle desde que la vi en la oficina. Con mi mano aún tomando la suya, acaricié su rostro, se sentía caliente, seguramente por el sonrojo y jugué con algunos mechones de su cabello.

Por desgracia mis reservas de aire se agotaban. Quisiera poder seguir, pero apuesto que hasta ella está sin aire.

Cuando me alejé de ella sonriente y jadeante, todo me supo a gloria.

¡Eso fue genial! ¡Eso se llama tener talento!

Abrió sus párpados lentamente, su cara se tornó a enfado con sus labios algo hinchados y alzó su brazo en mi dirección. Ya lo sabía.

Antes de darme la más grande bofetada de todas la estropeé a centímetros de mi mejilla, donde aún había una pequeña marca.

- No te preocupes. Ya no saldré más – dije antes de salir con la cabeza en alto y ella con la palabra en la boca. O con la bofetada en la mano.

No volteé pues sabía que la cara que tendría sería demasiado gracioso.

Cuando entré en mi cuarto, aún desordenado, pude oír claramente como Sakura gritaba. Resultó muy cómico.

- ¡Desgraciado! ¡Qué falta de respeto! ¡Quisiera que vuelva y poder darle su merecido!- gritaba eufórica desde el otro lado de la casa.

- Mmmmm creo que aquí hay gato encerrado – me interrumpió Eriol desde su ventana.

- Te llamé – le recordé.

- Sí, lo sé. Pasa que estaba muy "ocupado" – insinuó sonriente.

- ¿Tu tutora?

- ¿Quién más? – dijo sarcástico. – Tomoyo es hermosa, pero ahora se ha puesto difícil, dice que a una amiga un chico igual que yo le insinuaba y por eso…- luego razonó todo y se dio cuenta de la farsa – Idiota, tú eres el chico igual que yo – añadió sonriente.

- ¿Quién más que el mejor? – respondí.

- Luego yo soy el imbécil ¿no?

- Sí.

- Imbécil – ¡me insultó!

- ¿Cómo has osado decirme?

- Imbécil – repitió a punto de risa.

- Ya verás tú maldito desgraciado ya te voy a hacer… -no terminé, las rejas me impedían avanzar ¡Maldito desgraciado por dos!

- Esto resultará muy divertido – luego estalló en carcajadas.

- No más que lo que le hice a Sakura – comenté.

- ¿Quién…? – preguntó el muy paliducho.

- Mi tutora.

- ¿Qué fue?

- Le robé un beso, y uno grande.

- ¿En serio? – dijo sorprendido.

- Sí – afirmé orgulloso.

- Pues qué bien, eso merece un premio. Ahora te diré en vez de Imbécil, estúpido.

- Tarudo – le insulté.

- Después de tantos años, eso no me afecta – aclaró.

- Da igual.

- Bueno camarada, yo me tengo que ir, debo sorprender a Tomoyo con mi físico – alardeó. Vaya imbécil.

- ¿No querrás decir gimnasio?

- Da igual – me di cuenta del chiste.

- ¡Oye! – pero antes de terminar el muy tarudo cerró la ventana. Me la pagaría.

No tenía hambre de "almuerzo" así que saqué otro chocolate. Soy un adicto al cacao.

Sakura había parado de gritar, qué mal, pensaba divertirme escuchándola, solo faltaban palomitas. Encendí la televisión y lo primero que vi fue el rostro de Yamazaki, que horror.

- Así es, hay una nueva comunidad exclusivamente para los jóvenes de la correccional y sus respectivos tutores. Tutores que han sido seleccionados por su ilustre trabajo- había dicho el muy tarudo. ¡Ilustre trabajo, puras mentiras! Era de esperarse de Yamazaki.

El solo hecho de oír su voz por 10 segundos me aburrió, por lo que apagué la tele y me heché a dormir una siesta en mi cama.

Un descansito no estaba de más.

Este fue mi primer paso, la Afrodita había resultado vulnerable

¿Qué mas se podía pedir?