Capítulo 2

Vistiendo pantalones cortados y una remera sin mangas, Terry esperaba en el estudio. Su nueva compañera no estaba retrasada, aún. Llegaría a tiempo. Ella necesitaba el trabajo. La había seguido a su casa la noche que había hecho la audición.

Había sido cuidadoso todos los años que llevaba siendo un vampiro, y eso lo había mantenido vivo durante más de 95 años. Una de sus medidas de seguridad era estar seguro de conocer a las personas con quienes trataba, así es que Terry estaba decidido a aprender más acerca de esta Andy.

No sabía qué pensar acerca de ella. Era pobre, obviamente. Pero había tenido años de lecciones de baile; tenía buen maquillaje, un buen corte de cabello, el buen inglés de los privilegiados. ¿Podía ser algún agente encubierto? ¿Si lo fuera, no aprovecharía esta oportunidad para trabajar en Silver Moon, la única cosa remotamente interesante en las empresas de Mireya? Quizá era una chica rica en una perversa aventura.

Sus primeros cuarenta años como vampiro, Terrence Granchester se había esmerado en encubrirse a sí mismo en el mundo humano. Se había mantenido lejos de otros de su clase; cuando estaba con ellos, la tentación de explorar su verdadera naturaleza se había fortalecido demasiado.

Terry había sido abandonado por el hombre que lo había convertido en lo que era. No había tenido oportunidad de aprender las reglas básicas de su condición; en su ignorancia, había matados desafortunados en los barrios bajos de Londres. Gradualmente, Terry había aprendido que asesinar a sus víctimas no era necesario. Un sorbo de sangre lo podía mantener, si lo tomaba todas las noches. Había aprendido a usar su influencia vampírica para borrar los recuerdos de sus víctimas, y no era necesario que aprendiera a borrar sus emociones tan exitosamente como lo hacía, pues en su vida humana había sido un excelente actor.

Después de setenta años, más fuerte y más frío, había comenzado a arriesgarse con la compañía de otros vampiros. Se había enamorado una vez o dos, y siempre había terminado mal, ya sea que la mujer que amó fuese vampiro o una humana, pero nunca amo a nadie, como vampiro. Porque como humano solo una mujer había robado su corazón. Candy. Su Candy. Aunque con el paso de los años, casi había olvidado su vida humana, se aferraba a un recuerdo bastante borroso de cómo era ella, pero, a veces por más que intentaba, no podía recordar su rostro.

Su nueva compañera, esta Andy, era hermosa, una de las mujeres más hermosas que él había visto en años. Terry podía admirar esa belleza sin tambalearse por eso. Supo que algo estaba mal con la chica, algo escondido dentro de ella. Él no había contemplado a las personas, observado a las personas, todos estos años sin aprender a decir cuando un humano escondía algo. Tal vez era un agente de una de esas organizaciones de fanáticos que se habían formado para hacer retroceder a los vampiros en la oscuridad de las sombras. Tal vez padecía de una adicción a las drogas, o alguna condición física que ella esperaba ocultar tanto como fuera posible.

Terry se encogió de hombros. Había conjeturado demasiado sobre de Andy. Lo que fuera que su secreto era, con el tiempo lo sabría. No estaba buscando la revelación. Quería bailar con ella por mucho tiempo; era ligera y ágil en sus brazos, y olía bien, y el movimiento de su denso cabello rubio y la intensidad de sus ojos hizo doler algo en su pecho. Aunque trató de negárselo a sí mismo, Terry estaba deseando saborearla más de lo que había deseado cualquier cosa en décadas.

El cuarto de prácticas era un estudio mayor que el cuarto en el cual había conocido a Mireya y los demás. "Terry /Andy" estaba garabateado en la hoja en el espacio de las seis treinta a las ocho en punto. Anlluly y Andréu practicaban después de ellos, notó Andy.

Estaba nerviosa acerca de estar sola con Terry. La estaba esperando, igual de quieto y silencioso que había estado dos noches atrás. Los pantalones cortos negros que se había puesto encima estaban hechos de un brillante sintético, y había traído zapatillas de ballet, zapatos de golpe ligero y los zapatos de carácter de T-Strap que trajo puestos para el baile de salón.

Inclinó la cabeza hacia Terry a manera de decir hola, y colocó los zapatos en el piso.

No sabía lo que querrías - explicó, excesivamente consciente que su voz sonaba desigual.

¿Por qué son las siglas diferentes? - preguntó. Incluso su voz sonaba polvorienta, como si no hubiese sido usada en años. Para su súbita desilusión, Andy descubrió que encontraba el leve acento inglés encantador.

¿Que quieres decir? ¿Oh, en el bolso de zapatos ? - sonó como una idiota, pensó, y se mordió los labios. Había tenido el bolso de zapatos por tantos años, simplemente no se fijó que estuviese decorado con monograma.

¿Cuál es tu verdadero nombre?

Arriesgó una mirada hacia arriba. Los brillantes ojos azules eran simplemente los ojos más azules que nunca había visto; estaban fijos en ella por el momento.

Es un secreto – dijo ella, como una niña. Se pegó en la frente.

¿Cuál es tu verdadero nombre? - él todavía sonaba calmo, pero estaba claro que no iba a insistir. Realmente, Andy no lo culpó. Encontró sus ojos. Era su compañero. Debería saber.

Uso Andy Blanca. Mi nombre es Candice White Andlye. – Algo en el pecho de Terry se contrajo, ese nombre… el de ella.

¿Eres una Andley? – preguntó con voz fría e impersonal.

Sí, se pudiera decir que sí. Mi madre no era de buena familia, ¿sabes? Pero aún así mi padre se enamoro de ella y llevaron su amor hasta las últimas consecuencias. La familia de mi padre nunca aceptó esa relación y antes del parto mi padre murió, diez años después mamá también y quede a cargo de la familia Andley – Andy sonrió, aunque fue una sonrisa incierta – Mi bisabuela me crió, pero nunca le guste, así que al cumplir la mayoría de edad deje la casa – desvió la mirada hacia abajo – Por favor, no le digas mi nombre a nadie.

No lo haré – extrañamente, ella le creyó - ¿De dónde eres?

De Florida – dijo ella, y él supo que mentía. Y aunque necesitaba probar su sangre para estar seguro, Terry también sospechó que su nueva compañera vivía con miedo.

Después del precalentamiento, esa primera audiencia de práctica fue medianamente bien. A medida que ambos se concentraron en el baile, la conversación fue fácil. Cuando trataban cualquier cosa más personal, no lo era.

Terry explicó que casi nunca eran llamados para tap.

Las personas que nos contratan quieren algo vistoso, o algo romántico - dijo - Quieren a una pareja que pueda bailar tango, o una pareja que puede hacer grandes trucos, para los bailes de beneficencia. Si es algo como una fiesta de compromiso o un aniversario, quieren un baile erótico, lento, siempre acabando con la mordida.

Andy se admiró de qué tan impersonalmente lo dijo, como si ambos fueran profesionales en esto, como actores ensayando una escena. De hecho, eso era exactamente apropiado, decidió.

Nunca he hecho esto – dijo - Lo de mmm… ¿morder? Ah, ¿en serio muerdes? Es decir, afilaste tus colmillos – le estaba costando hacer esas preguntas, pero tenía curiosidad.

Le gusta a la audiencia. Supongo que los verdaderos vampiros – sonrió con ironía disfrazada – muerden en cualquier parte. No es fatal, no te preocupes, solo tomaré una gota o dos.

La forma en que lo dijo que la causo calofríos a Andy.

Probemos un tango – dijo Terry . Andy se puso sus zapatos de carácter. - ¿Puedes usar tacones más altos? – le preguntó impersonalmente.

¿Sí, puedo bailar con algo más alto, pero eso me acercaría también a tu altura, no crees?

No soy orgulloso - dijo simplemente - Lo importante es cómo se ve.

Aristócrata o no, era un hombre práctico. Para placer de Andy, Terry continuaba siendo un gran socio. Era muy profesional. Tenía paciencia, y desde que estaba fuera de práctica, apreció su tolerancia. Mientras la sesión continuaba, Andy se volvió más confiada. Su cuerpo comenzó a recobrar sus habilidades, y comenzó a pasar un buen rato. Ella no se había divertido en mucho tiempo.

Terminaron con un baile "cool-down", una canción romántica de ensueño de los años cuarenta tocada por una gran banda. Cuando la música se acercó a su final, Terry dijo:

Ahora te inclinaré - luego la bajó, hasta que su espalda estaba casi paralela con el piso. Y sostuvo la posición. Un humano no la podría haber sostenido por mucho tiempo, pero su brazo bajo sus hombros era como hierro, aquello le resultó en extremo raro a Andy, pero no dijo nada, todo lo que ella tenía que hacer era conservar la elegante alineación con su cuerpo - Entonces, muerdo - dijo el castaño, e imitó un pellizco en su cuello. Él la sintió temblar y la sostuvo para que se relajase. Pero ella no lo hizo, y después de un momento, la ayudó a levantarse de nuevo. - Podríamos tener una reserva para este fin de semana, si sientes que estás lista – sugirió - Tendríamos que practicar todas las noches, y tendrías que tener tus trajes listos.

Se sintió aliviada de tener un tema seguro al que agarrarse. Anlluly y Andréu estaban en la puerta, en espera de su turno en el cuarto de práctica. Escuchaban con interés.

¿Mireya dijo que había un guardarropa de trajes?

Te mostraré – dijo Terry. Sonó tan calmo e indiferente como al principio de la sesión.

Después de recorrer con la mirada el cuarto fuera de la oficina de Mireya, dónde los trajes estaban colgando en filas de perchas, fue al cuarto de damas. Mientras se lavaba sus manos, Anlluly entró. La joven rubia se veía especialmente feliz, con mejillas ruborizadas y una gran sonrisa.

Te diré, - inició Anlluly - me alegra realmente que escogieras a Terry. Siempre pensé que Andréu era ardiente, y Terry está tan frío como el hielo.

¿Cuánto tiempo has estado bailando para Mireya? - preguntó. Quiso eludir discutir sobre su socio.

Oh, un año. Tengo un trabajo de día, también, en una agencia de seguro, pero sabes qué tan duro es estar bien. Me vine a Nueva York porque pensé que una ciudad con tantas personas sería más barata, pero es duro para una chica hacerlo por sí misma.

Andy podía estar de acuerdo incondicionalmente.

Difícil de entender por qué Terry hace esto - dijo.

Él tiene que vivir de algo, ¿no? – Andy se encogió de hombros.

Creo que siempre pensé que todos los aristócratas eran ricos.

Andy no había querido ser brusca. Pero sentía alguna simpatía por Terry. Algo así como ella, él se ganaba la vida haciendo lo que hacía mejor, y no tenía falso orgullo al respecto. Podría sacar una lección para sí.

Esa simpatía desapareció la siguiente noche, cuando Andy descubrió que Terry la seguía a su casa. Después de bajarse del autobús, ella percibió un vislumbre de él mientras caminaba la última cuadra a su apartamento. Aceleró el paso tanto cómo pudo, e hizo un intento para actuar normalmente mientras abría la puerta común y subía hasta su diminuto apartamento. Golpeando ruidosamente la puerta detrás de ella, su corazón martillando, se preguntó en qué se había metido. Con la máxima cautela, dejó las luces apagadas y avanzó a rastras hacia la ventana.

¿Lo vería afuera, mirando hacia arriba? Él no estaba allí. Alimentó a su gato en la oscuridad capaz de ver las latas y el plato por la luz de la ciudad a través de las ventanas. Ella miró de nuevo. Terry no estaba allí.

Andy se sentó en la única silla que tenía, para pensar al respecto. Su corazón dejó de golpear; su respiración bajó la velocidad. ¿Podía estar equivocada? Si hubiese sido una mujer menos experimentada se podría haber persuadido que ese era el caso, pero Andy desde hace mucho tiempo había aprendido a no desoír sus instintos. Ella había visto a Terry. Tal vez quería saber más acerca de su socia. Pero él no la había observado una vez que estaba dentro.

Tal vez él la había seguido para asegurarse que estaba a salvo, no para espiarla.

Fue duro para Andy prestar atención a su clase de Biología a la mañana siguiente. Todavía estaba inquieta. ¿Debería confrontarlo? ¿Debería callarse? Había dejado su cabello despeinado para la clase, como hacía usualmente, y lo acomodó detrás de su oreja mientras se inclinaba sobre su cuaderno de apuntes. Estaba tan preocupada por su indecisión que dejó su mente vagar. Su profesor la tomó por sorpresa cuando le preguntó que nombrara tres de los huesos más importantes del cuerpo humano, y le dio mucho trabajo armar una respuesta para darle. Para hacer el día aun más desagradable, mientras Andy estaba trabajando en un trabajo con plazo en la biblioteca de la universidad, se dio cuenta que la morena del otro lado de la mesa clavaba los ojos en ella. Andy reconoció esa mirada.

Eres esa chica, ¿no? - la chica susurró, después de tomar ánimo.

¿Qué chica? – preguntó Andy, con cara de piedra.

¿La chica que fue reina de la belleza? La que…

¿Me parezco a una reina de belleza? - cuestionó Andy, con voz afilada y cortante - ¿Me parezco a cualquier clase de reina?

Ah, lo siento - tartamudeó la chica, su cara redonda roja de vergüenza.

Entonces cállate - Andy resopló. La rudeza era la defensa más efectiva, que había encontrado. Había tenido que esforzarse, al principio, pero con el tiempo lo consiguió, la rudeza se había vuelto excesivamente fácil. Ella aguantó más que la azorada estudiante, también; la chica recogió sus libros y sus lápices y huyó de la biblioteca. Andy había descubierto que si ella salía primero, constituía una admisión.

Después del anochecer, Andy se dirigió hacia el ensayo con la cólera montando sus hombros.

Se debatió todo el camino hasta Golden Sun. ¿Debería confrontar a su nuevo socio? Ella necesitaba mucho el trabajo; le gustaba mucho bailar. Y aunque la avergonzaba admitirlo, era un verdadero regalo verse tan bien como podía, en lugar de de opacarse.

Andy acordó consigo misma. Si Terry se comportaba durante esta práctica tan bien como durante el primero, si no comenzaba a hacer preguntas personales, ella lo dejaría pasar. Podría bailar este viernes y hacer algún dinero, si podía atravesar la semana.

No pudo impedir que la cólera la rodease como una nube cuando él entró, pero la saludó con la mayor naturalidad, y bajó su furia hasta un nivel tolerable. El baile fue incluso mejor esa noche. Tenía los nervios de punta, y en cierta forma afinaba su actuación. Terry corrigió un par de posiciones del brazo, y ella cuidadosamente cumplió con sus sugerencias.

Ella hizo unas cuantas por sí misma.

Si la siguió a su casa, no lo vio. Comenzó a relajarse acerca de la situación.

La siguiente noche, él la mordió.

No quieres que la primera vez sea frente a una multitud – dijo – Tienes que estar relajada y poder soportar el dolor, Imaginate si te desmayas o gritas – pareció muy práctico - Hagamos lo que hemos estado practicando, ese dueto para ' Bolero.'

La cuál es tal vez la más trillada música de ' baile erótico' en el mundo – dijo ella alegando para escoger una pelea para cubrir su ansiedad.

Pero por una razón - insistió Terry con algo de molestia y Andy disfrutó oírlo. Tal vez debería irritarlo más a menudo.

El dueto al que habían estado dedicándose era definitivamente un ballet moderno. Comenzaron con Terry acercándose a Andy, gradualmente conquistándola, sus manos y la alineación de sus cuerpos mostrando cuánto deseaban tocarse. Finalmente se entrelazaron en un maravilloso y complicado engranar de brazos y piernas, y luego Terry la bajó para llegar al final en la posición que habían practicado la noche antes, recostando a Andy sobre su brazo.

Iremos más abajo esta vez - dijo - Mi rodilla derecha tocará el piso, y tus piernas deberían estar extendidas paralelamente a mi pierna izquierda. Pon tu brazo izquierdo alrededor de mi cuello. Pon el derecho…

¿Puedes sostener eso? No quiero ir a dar contra el piso.

Si – afirmó - mi mano derecha en el piso, nos puedo sostener a ambos - él sonó completamente a confiado.

Tú eres el hombre - dijo, encogiéndose de hombros.

¿Cuál es mi ofensa? - él sonó ofendido.

No me percaté que ibas a ser el jefe de nosotros - dijo, contenta de haberlo sacudido fuera de su calma – Aristócrata - Mireya lo había llamado así. Andy sabía todo acerca de personas que pensaban que su dinero los proveía de inmunidad. Ella también sabía que no estaba siendo razonable, pero justamente no podía dejar de estar enojada.

¿Te gustaría ser la que esté a cargo? - preguntó fríamente.

No - ella dijo precipitadamente - Es que yo…

¿Entonces qué?

¡Nada! ¡Nada! Hagamos el maldito final! - Cada nervio en su cuerpo tañía con ansiedad. Ella se puso en la posición correcta con una precisión que casi chasqueó. Su pierna derecha extendida ligeramente delante de ella, tocando su pierna izquierda, la cuál él barrió ligeramente detrás suyo. Tomó ambas manos y las apoyó en su pecho. Sus ojos ardieron en los de ella. Por primera vez, su rostro mostró algo además que indiferencia.

"No fue inteligente de mí parte tener una pelea con él justo antes que me muerda" Andy se dijo a sí misma. Pero la música comenzó. Con un sentimiento de inevitabilidad, Andy se movió a través del baile con Terry. Una vez se movió demasiado lejos a la derecha, y una vez se perdió en la rutina, pero se recobró rápidamente ambas veces. Y entonces ella se reclinó graciosamente, su brazo izquierdo alrededor del cuello de Terry, brazo derecho alzado atrás, su mano en una línea atractiva. Terry se recostaba sobre ella yu saltó. No lo podo evitar. Luego él la mordió.

"Todos sus problemas estaban terminados, cada músculo relajado, y estaba entera otra vez. Su cuerpo era suave y calmado, y todo dentro de ella era perfecto e intacto."

La siguiente cosa que Andy supo, fue que estaba sollozando, sentada sobre el piso con sus piernas cruzadas. Terry se sentó a su lado, inclinado con su brazo alrededor de sus hombros.

No será así otra vez - dijo quedamente, cuando estuvo seguro que ella le entendería.

¿Por qué ocurrió esto? ¿Es de esta manera para todo el mundo? - Se enjuagó la cara con el pañuelo que Terry le había dado. Dónde lo había guardado, ella no quería suponer.

No. La primera vez, puedes ver qué te hace más feliz.

Puedes, notó. Estaba segura que también podría doler como el demonio. Terry había sido generoso.

Se sentirá agradable la próxima vez - dijo Terry. Él no agregó "Siempre que yo quiera" pero podía leer entre líneas - Pero no será tan abrumador – Acto seguido levanto su rostro para mirarla directamente a los ojos y borrar su memoria, al menos los últimos 10 minutos.

Terry no le dijo que ahora él siempre podría decir cómo se sentía ella. No le dijo que había sabido más dulce que su recuerdo de la miel, más dulce que cualquier humano que él alguna vez había mordido.