DISCLAIMER.

Algunos de los personajes de mi historia son propiedad de Stephenie Meyer, mientras que otros de los personajes son inventados por mí.

DEDICADO A TODAS LAS QUE LEEIS MIS HISTORIAS. ESPERO QUE OS GUSTE.

Hace ya unos doce años que los Cullen se marcharon de Forks. Doce años sin un solo vampiro, por lo que las cosas son distintas ahora. La vida es más tranquila, aunque no nos relajamos si vemos que hay peligro.

También en casa las cosas son distintas. Mi madre y Charlie Swan, el ex jefe de la policía de Forks, se casaron hace unos años, los cual es estupendo. Aunque fue un poco difícil explicarle porqué mí hermana y yo no crecíamos ni envejecíamos. Por suerte, fue Billy quien se encargó de explicárselo y hacérselo entender, mientras Jacob y yo nos partíamos de risa al ver su cara.

Hacía mucho tiempo, al menos cinco años, que no veía a mi amigo Edward Cullen ni a su esposa, Bella. Calculo que su hija Renesmee debe de tener ya unos catorce años. El tiempo pasa muy deprisa. Pero hoy las cosas van a cambiar. Jacob y yo nos marchamos a Alaska a visitarlos.

- No entiendo porque vais. No se os ha perdido nada por allí. – dijo mi hermana Leah mientras yo terminaba de hacer mis maletas para la semana que iba a pasar fuera.

- Me da igual lo que digas. Son amigos míos, aunque no se si tu entiendes ese concepto. Además, necesito unas vacaciones.

- Como estás tan estresado… - dijo Leah, levantando la vista.

- Creo que no me expliqué bien. Quería decir que necesito unas vacaciones… de ti. – dije guiñándole un ojo a Leah, la cual me respondió con una sonrisa.

- Tú mismo.

- Exacto. – dije saliendo de mi dormitorio y cerrando la puerta en las narices de Leah.

Bajé corriendo al salón y vi que Jacob ya había llegado.

- Qué? Nos vamos? – me dijo a la vez que cogía mis maletas y la llevaba hacia el taxi que nos iba a llevar al aeropuerto.

Asentí con la cabeza y fui a despedirme de mamá y de Charlie.

- Disfrutad del viaje. Y saludad a Bella y Renesmee de mi parte – dijo Charlie estrechando mi mano.

- Hecho.

Di un beso a mi madre y me marché hacia el taxi. Miré hacia la ventana del piso de arriba. Allí estaba Leah, le saludé con la mano y me devolvió el saludo. La verdad es que, a pesar de cómo nos lleváramos, nunca nos habíamos separado más de un día. La echaría de menos.

No tardamos mucho en llegar al aeropuerto, aunque hubiéramos llegado antes corriendo, pero hubiera sido bastante incómodo correr en forma de lobo cargando nuestras maletas.

El viaje en avión si que se me hizo largo, aunque pasé la mayor parte del tiempo durmiendo. Jacob tuvo que despertarme en cuanto lleguemos.

Ya en el aeropuerto de Alaska, fuimos en busca de un taxi, pero Bella nos esperaba en la puerta con su flamante coche nuevo.

- Que han dicho en tu casa respecto a éste viaje? – dijo Bella una vez dentro del coche.

- Mi madre y Charlie están encantados. Por cierto, tu padre te manda saludos.

- Genial.

- Y bueno, Leah…

- Tu hermana es un caso a parte – dijo Jacob riendo.

- Ya…

- Pasa de ella.

- Eso hago – dije aun sabiendo que eso era mentira. Era mi hermana y, en el fondo, quería que aceptara mi amistad con los Cullen, pero parecía ser algo imposible.

Llegamos pronto ante una enorme casa en una urbanización bastante pija. Nos bajamos de coche, cogiendo nuestras maletas, y nos quedamos ante la puerta. Jacob entró directamente pero yo me detuve, me entró el pánico. Bella tuvo que empujarme para que entrara en la casa.

En el interior solo había una parte de la familia Cullen. Carlisle, su esposa Esme y su "hija" Alice, que estaba jugando al ajedrez con Edward. Todos se volvieron hacia nosotros en el momento en que entramos al salón.

- Hola! Bienvenidos! – dijo Carlisle acercándose a nosotros y abrazándonos.

- Gracias, como estáis? – pregunté feliz por el recibimiento.

- Muy bien. Pero no os quedéis ahí. Pasad y sentaos. Ya subiremos más tarde las maletas a vuestros dormitorios.

Jacob y yo seguimos a Carlisle y nos sentamos en el sofá. Carlisle se quedó en pie y tendió su mano a Esme, que estaba sentada en una butaca. Ésta tomó su mano y se levantó.

- Nosotros nos vamos a cambiar. Seguro que Bella tiene muchas cosas que contaros.

Alice se levantó, tras ser vencida por Edward, y siguió a sus padres tras esbozar una amplia sonrisa hacia nuestra dirección.

Nos quedamos solos Bella, Jacob y yo. Edward se dirigió hacia el piano y comenzó tocar.

Los tres hablamos durante largo rato sobre muchas de las cosas que habíamos hecho durante los últimos cinco años que no nos habíamos visto. De repente se oyó el timbre de la puerta. Bella no se movió del sitio, fue Edward quien, después de mirar el reloj de pared, se levantó para ir a abrir.

- Hola Clara. – pude oír que decía Edward a la persona que acababa de llamar. Intenté no escuchar la conversación de Edward y me concentré en lo que estaba diciendo Jacob, que preguntaba sobre Renesmee.

- Renesmee ha ido al cine con la hija y los padres de Clara. Es muy amiga de Lucy.

- Que edad tiene Lucy? – preguntó Jacob, interesado en todo lo que tuviera relación con su Nessie.

- Nueve años pero es muy madura para su edad. Renesmee siempre está muy pendiente de ella. Es como si fueran hermanas.

- Eso es genial.

- Por cierto. Ahora íbamos a ir a su casa. Es el cumpleaños de Lucy y Clara también os ha invitado.

- Y eso? – pregunté levantándome del sofá, a la vez que también lo hacían Bella y Jacob.

- Le dije que unos amigos míos venían de visita y me dijo que fuerais. Ya veréis, Clara os encantará, es una chica estupenda.

Los tres nos dirigimos hacia la puerta, no sin antes ir hacia mi maleta y coger un paquete de ella. Jacob se dio cuenta y me miró.

- Es para Lucy. Ya que es su cumpleaños, deberíamos llevarle algo – dije saliendo de la casa.

- Me parece bien. Esperemos que le guste.

Nos dirigimos hacia la casa de Clara. En vez de ir hacia la puerta delantera, nos dirigimos hacia el jardín, y entramos por la puerta trasera, que daba a la cocina. De repente una extraña sensación recorrió todo mi cuerpo. Me detuve frente a la puerta. No quería entrar pero Jacob me empujó hacia dentro aunque yo me quedé al lado de la puerta.

En la casa estaban todos los Cullen. Emmet, Rosalie y Jasper ya habían vuelto. Seguí al lado de la puerta, mientras que Bella y Jacob se acercaban a una chica de cabello castaño y largo, que estaba junto a Edward. Bella puso su mano sobre la espalda de su amiga y ésta se dio la vuelta.

Dios mío! Era la chica más bella que había visto nunca. Mi corazón empezó a latir a toda velocidad y no entendía el porque.

Jacob se puso ante la chica y me tapó la visión de esa belleza que acababa de ver. Pude oír su conversación.

Al cabo de unos segundos, alguien entró en la casa. Eran cuatro personas.

- Sorpresa! – gritaron todos los presentes y vi como una niña de unos diez años, supuse que era Lucy, saltó a los brazos de Clara.

La niña fue abrazando a todos los presentes y, por último, se acercó a Jacob, llena de curiosidad. La niña pareció sorprendida del tamaño de Jacob, cosa comprensible. Aunque los vampiros fueran fuertes, eran bastante delgaduchos, salvo Emmet, que era la excepción.

Cuando levanté la vista, vi como Jacob y Bella se acercaban a mi, junto a la niña. Seguidos de Renesmee y Clara.

- Lucy, éste es mi amigo Seth. Ha venido a felicitarte pero al final le ha dado vergüenza. – dijo Jacob con una sonrisa.

- Porque? – preguntó la niña, sorprendida.

- Porque teme no caerte bien. – dijo, mirándome, con una sonrisa burlona.

- Vaya tontería.

Jacob se rió y se acercó un poco más a mi.

- Felicidades Lucy. – dije a la pequeña y le entregué el paquete a Lucy.

- Gracias!

Lucy abrió el paquete con ansias y en cuanto vio su contenido se lanzó a mi cuello.

- Me encanta, gracias!

Yo me quedé sorprendido y todos rieron al ver mi cara de sorpresa.

Lucy me soltó y se marchó con Renesmee, mientras que Bella y Jacob se quedaron junto a mí. Estuvimos hablando un buen rato. Mientras, no pude evitar mirar hacia donde estaba Clara. Estaba hablando con una chica que no conocía. La chica que había llegado junto a Lucy y Renesmee. Debía de ser su madre, aunque más bien parecía ser su hermana. Me dio la sensación de que estaban discutiendo.

De repente, Clara se dio la vuelta y vino en nuestra dirección. Parecía enfadada. Por suerte su hija apareció e hizo que se detuviera, lo que me dio tiempo a buscarme una excusa para escaquearme.

- Voy a fuera un momento a llamar por teléfono. Mi madre debe de estar preocupada. No la llamé en cuanto llegamos. – dije sacando el móvil del bolsillo de los pantalones.

- De acuerdo, dile que avise a Billy de mi parte – dijo Jacob en el momento en que salía por la puerta.

Pero que me está pasando? No hace ni quince minutos que la he visto y ya no puedo dejar de pensar en ella. Y siquiera la conozco. Ni siquiera he oído apenas su voz.

Me di la vuelta y miré a través de la puerta de cristal. Allí estaba ella, hablando animadamente con Jacob. De pronto se dio la vuelta y miró en mi dirección. En ese momento no supe como reaccionar y lo primero que pensé fue en esconderme. Y así lo hice. Me quedé con la espalda pegada a la pared y me dejé caer, hasta quedar sentado en el suelo. Cerré los ojos, concentrado en pensar en cualquier cosa que no fuera… no podía ni pensar en su nombre.

Oí como la puerta se abría a mi lado, pero yo no me moví. No tenía ni fuerzas ni ánimos. Pude notar como su olor embargaba en aire. Ese dulce olor llegaba a marearme. Una mezcla de olor a vampiro y a humano. Me recordó a Renesmee. Oí unos pasos recorrer el jardín y, como unos segundos después, volvían hacia el interior de la casa.

- Perdona, no te vi. – oí como decía la voz de la innombrable.

- Va todo bien? Estás temblando! – dijo la voz de Jacob.

Temblando? Porque? Es que acaso le ocurre algo?

Noté como un nudo se creaba en mi garganta. No podía comprender lo que me sucedía en esos momentos.

De pronto unos pasos más fuertes vinieron en mi dirección. La puerta se abrió y noté la presencia de Jacob a mi lado.

- Que ha pasado? Te encuentras bien? – me dijo hablando entres susurros.

No contesté. Abrí los ojos y le miré. Parecía estar preocupado y enfadado a la vez.

- Vas a hablarme o debo hablar con la pared?

Me levanté lentamente en silencio, lo cual pareció enfurecer más a Jacob.

Pronto comenzó a levantar la voz, pero no hice ningún caso a sus palabras, apenas entendía lo que me estaba diciendo. En cuanto me di cuenta Jacob comenzó a bajar la voz y, finalmente, se calló.

Me di la vuelta y vi que Clara nos estaba observando. Bajé la vista y, sin pensármelo dos veces, salí corriendo dejando atrás a Jacob y a la preciosa Clara, sorprendidos por mi reacción.

Corrí hacia el bosque sin mirar atrás, donde estuve unas cuantas horas. Me senté en el suelo y llamé realmente a mi madre. Me echó una buena bronca por no haberla llamado antes así que estuve un buen rato hablando con ella y, en cuanto colgué, me puse a llorar. No pude contenerme más. No podía entenderlo. No entendía el porque de lo que sentía.

Cogí de nuevo el móvil y llamé a la última persona que creí que tendría que llamar.

- Hola Seth. Ocurre algo?

- Hola Sam. No, no ocurre nada. Bueno, nada malo, creo. – dije sin saber como comenzar a contar lo que me ocurría.

- Lo crees? Cuéntame.

- He visto a una chica y he comenzado a sentir algo en mi interior. No se que puede estar pasándome.

- Seth, puede que hayas imprimado.

- No debería de haberse dado cuenta ella?

- Seth. No te diré que esto es fácil, porque no lo es. – dijo con tristeza en la voz. Tal vez estuviera recordando cuando él imprimó con Emily.

- Pero es que solo hace unas horas que la vi y ya no puedo dejar de pensar en ella. Puede ser un simple flechazo? – dije sin poder creer en mis palabras. Existen realmente los flechazos?

- Puede ser, Seth. Creo que deberías hablar con ella. O al menos verla de nuevo.

- Tal vez tengas razón. Pero antes debo ir a ver a Jacob y aclarar un asunto con él.

- Suerte. – dijo antes de colgar.

Colgué el teléfono y me levanté del suelo, limpiando las lágrimas que aun corrían por mi rostro. Marqué un nuevo número en mi móvil. Cogí aire para poder hablar de nuevo.

- Seth, donde estás? – me preguntó con voz preocupada, lo cual me sorprendió. Esperaba que estuviera cabreado conmigo.

- Perdóname Jacob. Necesitaba alejarme unos minutos.

- Llevas fuera más de tres horas. No te he llamado porque no quería agobiarte pero hemos estado muy preocupados.

- Hemos? – preguntó sorprendido.

- Yo, y Clara también. No sabe porque te comprotas así. Cree que te ha hecho algo. Creo que cree que la odias.

- No, no. Es solo que estoy un poco confundido.

- Cuando vas a venir? He pedido un par de habitaciones en el hotel del pueblo.

- Eso es genial. Ahora voy.

- Nos vemos allí. – dijo Jacob antes de colgar.

Salí corriendo y me dirigí hacia el hotel del pueblo, donde me esperaba Jacob. Esperaba que empezara a gritarme de nuevo, pero no fue así. Se acercó a mí y me dio un fuerte abrazo.

- Estás bien, Seth? – me dijo al oído.

- Si. Lo siento.

- Tranquilo. Vámonos a dentro.

Jacob me cogió del brazo y me llevó hacia una habitación en la que estaban todas mis cosas.

- Al final solo me han dado una habitación.

- No pasa nada.

- Será mejor que descansemos y mañana hablamos, vale?

- Si. – dije sin ánimos ni ganas de que ese momento llegara.

Me tumbé en una de las camas individuales y me quedé dormido en apenas unos segundos.

Me desperté bastante tarde y vi que en la mesita de al lado de mi cama había una bandeja llena de comida. Me incorporé y comencé a comer con ansiedad. Me moría de hambre.

Cuando acabé de comer todo lo que había en la bandeja, en apenas diez minutos, Jacob apareció en la habitación cargado con más comida.

- Has dormido bien? – me dijo mientras cerraba la puerta comiéndose un bocadillo.

- Si. Que hora es? – le pregunté levantándome y mirando por la ventana.

- Son las seis de la tarde.

- Ya? Es más tarde de lo que pensaba.

- Si. Has dormido como un tronco. Por lo menos el rato que he estado aquí despierto. Quieres hablar sobre lo que sucedió ayer?

- No. – dije enérgicamente.

- Vale. Venga vámonos.

- A donde? – pregunté sorprendido.

- He quedado con Bella. Acaban de irse a la ciudad y me ha mandado un mensaje diciendo que se iban al cine.

- Quienes han ido? – pregunté temiendo la respuesta.

- Ya lo sabes. Vámonos. Nos irá bien distraernos un poco.

Jacob me lanzó mi maleta y la cogí en el aire.

- Vístete. Nos vamos ya.

No hice ni el intento de discutir con él. Me fui a vestir y a peinarme un poco y nos fuimos corriendo hacia la ciudad.

Una vez llegamos a nuestro destino, Jacob me cogió del brazo como si temiera que fuera a marcharme y me llevó hacia el interior del edificio de los multicines. En la puerta de la sala nos encontramos con Alice, que parecía estar esperándonos.

- Vamos chicos, que la película va a empezar – dijo Alice saltando de alegría.

Me liberé del brazo de Jacob y seguí a Alice hacia el interior de la sala. Entramos y Jacob y yo nos sentamos en los dos asientos que había al lado de Bella, mientras que Alice iba a sentarse entre Rosalie y otra muchacha. La chica que esa tarde había parecido en mis sueños. Oí como ésta hablaba entre susurros con Bella. Intenté no prestar atención.

Las luces se apagaron en ese preciso instante y comenzó la película.

Puag, vaya pastelazo. Pensé al darme cuenta del tipo de película que íbamos a ver. No miré a la pantalla de cine ni quince segundos. No podía evitar mirar en dirección a Clara. Estaba tan bella… deslumbraba incluso en la oscuridad de la sala. Rápidamente volví la vista hacia la pantalla y seguidamente noté como alguien me estaba mirando.

Volví a mirarla de nuevo. Intentaba no pensar en nada mientras la observaba. No lo conseguí. Intenté odiarla, para no sentirme tan atraído por ella. En ese justo momento ella se volvió a mirarme y clavó su mirada en mí.

Se levantó rápidamente de su asiento y, al pasar por delante de mí, su cuerpo rozó mi pierna. Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo. Mi corazón comenzó a latir a más velocidad. Vi como Clara salía de la sala y como las chicas Cullen miraban en su dirección.

- Que le ha pasado a Clara? – preguntó Jacob a Bella.

- No se. Se puso de lo más rara antes de empezar la película. Justo cuando entrasteis vosotros.

Me levanté de un salto y me fui, dejando atrás a los cuatro, hablando sobre que podía haberle sucedido a su amiga.

Mientras avanzaba por el edificio pude oír las voces que venían del exterior del edificio. Al llegar a la puerta pude ver quien eran los propietarios de esas voces. Eran tres chicos. Estaban rodeando a una chica. A Clara.

Sin pensármelo dos veces salí corriendo y me lancé sobre uno de ellos, mientras que de mi garganta salía un sonoro gruñido. Tiré al chico de un solo golpe, lanzándolo a unos cuantos metros de distancia. Me volví con la intención de ir a por los otros dos pero, en cuanto me di cuenta, ya habían salido corriendo, huyendo.

Me quedé mirando a Clara y vi como ésta caía de rodillas al suelo. Corrí hacia ella y la sujeté por la cintura para evitar que cayera el suelo de cabeza. Parecía que fuera a desmayarse, aunque creía que era improbable pero no imposible. La miré fijamente mientras ella me miraba a los ojos. Hizo el intento de levantarse pero la detuve.

- Deberías sentarte. No estás en condiciones de ir a ningún sitio. – dije con preocupación. No tenía buena cara.

Sin decir nada, Clara intentó liberarse de mis manos y la solté. Se levantó y se marchó hacia el edificio. No quería dejarla sola así que la seguí. Ella se volvió con brusquedad y se topó con mi cuerpo.

- Soy perfectamente capaz de caminar sola, gracias. – dijo secamente y dándose la vuelta de nuevo.

La cogí del brazo con la mayor suavidad posible. La acerqué a mí y la estreché entre mis brazos. No pude evitar la necesidad de estar junto a ella. Clara puso su cara contra mi pecho pero no me devolvió el abrazo, cosa comprensible. Separé su cuerpo del mío y me quedé hipnotizado, mirándola fijamente a sus ojos marrones.

- Deberías sentarte. El corazón te va a cien. – dije preocupado, todavía rodeándola con mis brazos.

- No quiero sentarme.

Clara volvió a darse la vuelta pero ésta vez no me moví. No quería que se marchara pero no podía obligarla a permanecer a mi lado.

- Lo siento – dije en un susurro, rindiéndome ante la evidencia y cayendo de rodillas al suelo.

- El que? – me preguntó Clara con indiferencia.

- Todo. Todo lo que ha sucedido. – no pude decir nada más. Una presión el pecho hizo que no tuviera fuerzas para hablar.

Noté como Clara se arrodillaba ante mí, y sus frías manos sobre mi rostro. Levanté la vista para mirarla y, de repente, me besó. Tuve la tentación de apartarla de mí, pero no pude. Le devolví el beso mientras que rodeaba mi cuello con sus brazos y yo acariciaba su suave cabello, mientras bajaba mi mano por su espalda. No podía soportarlo más. Si continuaba por ese camino, al final sufriríamos los dos. Puse mis manos sobre su dulce rostro, separando mis labios de los suyos.

- No puedo hacer esto – dije en apenas un susurro.

- Porque?

- Mañana me marcho. – mentí, aunque pensaba que sería lo mejor que podía hacer. No podía continuar por allí por más tiempo.

- Tan pronto?

- Debo hacerlo.

- Quédate – dijo en tono suplicante, besándome de nuevo.

- No puedo. El deber me obliga a irme. – dije sin mentir del todo.

- Que deber? Eres demasiado joven como para tener obligaciones. Si tu supieras…

Me levanté del suelo y tendí mi mano a Clara para ayudarla a levantarse. Me volví y le di la espalda, así me sería más fácil hablar.

- Es que no sabes lo que soy? - Pregunté sin saber exactamente el porqué. Me sorprendía que, una descendiente de vampiros, o amiga de ellos, se acercara a un licántropo.

-Lo único que se es que desde el primer momento en que te vi sentí algo dentro de mí, algo que no me permite dejar de pensar en ti y que, cuando no estás cerca, siento como si algo dentro de mí muriera. – dijo Clara. Sus palabras partieron del todo mi corazón. No quería hacerle daño pero ahora veía que iba a ser inevitable. Debía marcharme cuanto antes.

- No sabes lo que dices. – dije mientras el dolor quebraba mi voz, ella pareció darse cuenta. – No sabes lo que soy.

- No me importa. Solo se que te quiero.

Cada vez se me hacía más difícil alejarme de ella, pero debía seguir intentándolo.

- No digas eso. No quiero hacerte daño, es por eso por lo que debo irme.

- No…

- Debo irme. Ahora.

Oí como Clara se acercaba a mí. Apoyó su cabeza en mi espalda y rodeó mi cintura con sus brazos. Tuve la tentación de girarme y de estrecharla con fuerza en un abrazo infinito. Comencé a temblar aunque intentaba con todas mis fuerzas no hacerlo. Solté los brazos de Clara de mi cuerpo y avancé unos pasos. Cerré los puños con fuerza, pero seguía temblando de arriba a bajo.

De repente noté la presencia de mi hermano lobo.

- Aléjate de él – dijo en un susurro.

Jacob se acercó y se puso ante mí. Puso sus manos sobre mis hombros y comenzó a hablarme en voz baja, supuse que para que Clara no pudiera oírle.

- Seth, relájate. Márchate al hotel y no vuelvas más por aquí. Aclara tus pensamientos antes de acercarte a ella otra vez.

Me deshice bruscamente de las manos de Jacob y me marché corriendo de vuelta al hotel, sin volver la vista atrás. Corrí sin detenerme hasta llegar a mi dormitorio del hotel. Una vez allí, cerré la puerta de un portazo, y pegué con rabia una patada a la cama, la cual se empotró contra la pared. No podía controlarme. Conseguí evitar convertirme en lobo pero no podía evitar sacar mi rabia.

Soy imbécil. Porque tengo que preocuparme por chorradas y no por lo que realmente importa? Por lo que sentimos Clara y yo.

Cogí una silla y la lancé contra la puerta, junto en el momento en que Jacob abría la puerta. Por suerte, Jacob logró esquivarla.

- Que narices te está pasando? – dijo Jacob sin moverse, todavía en el umbral de la puerta.

- No lo se. – dije entre susurros, con la vista clavada en el suelo.

Apreciaba mucho a Jacob y él era mi mejor amigo, pero había ocasiones en que me avergonzaba mirarlo a los ojos, sobre todo desde que habíamos venido hacía dos días. Desde lo sucedido en el cumpleaños de Lucy.

- Seth. Porque no me lo cuentas? Sabes que puedes confiar en mí, soy tu mejor amigo.

- Lo se, Jacob, pero es que ni siquiera yo comprendo lo que me sucede. Solo necesito pensar y no puedo hacerlo si sigo aquí. Me marcho ésta noche.

- Que? Pero que te pasa? No te reconozco.

- Lo siento. – dije acercándome al armario, cogiendo mi maleta.

Acabé de recoger un par de cosas que tenía sobre la mesita de noche. En cuanto tuve la maleta preparada miré a Jacob, que estaba sentado en la cama que seguía en su lugar, mirándome.

- Debe ser así, entiéndeme. Si me quedo aquí, solo voy a causar dolor.

- Y si te vas, también.

- Olvidará. – dije esperando que así fuera. No quería que Clara sufriera por mi culpa.

- Y tu? Podrás olvidar?

- Eso no importa

Salí por la puerta sin mirar atrás, y me fui camino al aeropuerto. Cuando estaba a punto de llegar, llamé por teléfono para comprar un billete de avión para esa misma noche.

En el avión ya no pude ni pegar ojo. Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Clara, lleno de dolor. Dolor causado por mí. Miraba a mí alrededor y solo podía ver a parejas felices, mientras que yo sabía que iba a estar solo para siempre, a no ser…

No, es una locura. Pero, podría funcionar? Debo hablar con Sam en cuanto llegue.

En cuanto el avió aterrizó y salí del aeropuerto eché a correr hacia mi casa. Debía dejar la maleta antes de ir a casa de Sam y Emily. Era de noche. Todos estarían durmiendo, por lo que podría largarme antes de que nadie se diera cuenta de que había vuelto al país.

Entré en casa lo más silenciosamente posible. Entré en mi dormitorio sin molestarme en encender la luz y dejé la maleta en el suelo.

- No te esperábamos hasta dentro de cinco días. – dijo la voz de la última persona que deseaba ver en esos momentos. No le hice ni el menor caso y me marché de nuevo. En cuanto llegué al jardín, una mano se posó sobre mi hombro.

- Leah, ahora no estoy de humor. Déjame tranquilo. – dije impidiendo con todas mis fuerzas que las lágrimas brotaran de mis ojos.

- Seth. Es que ha ocurrido algo? – me preguntó con voz preocupada. Parecía sincera.

- Nada que pueda interesarte. Es algo personal y ahora debo irme – dije bruscamente.

- No. Seth, mírame.

No me moví. No quería que Leah me viera llorar.

- Seth. Date la vuelta.

Lentamente me volví y quedamos cara a cara. Leah hizo un gesto de dolor y me abrazó con fuerza. Le devolví el abrazo. Era el primero que me daba mi hermana. Siempre había sido distante, al menos los últimos años. En ese momento me di cuenta de que se preocupaba por mí. Leah se separó de mí y me miró fijamente a la cara.

- Que te ocurre?

- Nada. Bueno, es que no lo se. – dije dubitativo.

- El corazón te late descontroladamente.

- Estoy confundido. Ni yo mismo se lo que me pasa. Creo… - me costaba terminar la frase. Apenas había tenido una conversación decente con mi hermana en todos nuestros años de vida y ahora estaba a punto de abrirle mi corazón, aun sabiendo que tal vez no comprendiera mis sentimientos. – Creo que me he enamorado. – dije bajé la vista de nuevo.

- Y desde cuando enamorarse es malo?

- Desde que soy un hombre lobo. Leah… no quiero estar con una persona para que, cualquier día, vea a alguien y sufra la imprimación.

- Y como sabes que no la has sufrido ya?

- Ese es el problema Leah. Es que no lo se.

- Tranquilo – dijo abrazándome de nuevo. – que vas a hacer?

- Voy a ir a hablar con Sam.

En cuanto oyó el nombre de su ex-novio, Leah se separó de mí al instante.

- No creo que sea la persona adecuada para darte consejo sobre este tema. – dijo poniéndose a la defensiva.

Entendía porque Leah me decía eso. Ella y Sam estaban enamorados y Sam imprimó con nuestra prima Emily. Eso le partió el corazón y su carácter cambió.

- No voy a pedirle consejo. Solo quiero hacerle una propuesta.

- El que?

- Ya te lo contaré. Volveré pronto – dije dándole un beso en la frente y seguidamente me adentré en el bosque. Me quité la ropa y la coloqué al lado de un gran árbol y me transformé. No fue difícil conseguir enfadarme. Me odiaba a mi mismo.

Corrí en dirección a la casa de Sam y Emily, pero pronto me di cuenta de que Sam no estaba allí.

Seth, que haces aquí? Creí que te habías marchado unos días..

He vuelto un poco antes. Debo hablar contigo, Sam.

Ha ocurrido algo?

Podemos vernos?

Volvamos al bosque que hay al lado de tu casa. Te vistes y hablamos en persona. Será lo mejor.

Bien. Nos vemos allí.

Inmediatamente di media vuelta y volví velozmente hacia mi casa. Me di cuenta de que Sam venía detrás de mí. Podía verlo a través de sus pensamientos.

Llegué al árbol junto al que había dejado mi ropa, me vestí y, en cuanto me di la vuelta, vi a Sam que también se estaba vistiendo.

- Que ha ocurrido, Seth? Apenas has estado dos días fuera.

- Bueno, tiene que ver con lo que hablamos ayer.

- Cuéntamelo.

- Bueno, en realidad no he venido a hablar de ello sino consultarte algo.

- Dime.

- Quiero dejar de ser un hombre lobo. – dije sin andarme por las ramas.

- Que?! – exclamó una voz que venía tras de mi.

Leah se adentró más en el bosque, lo suficiente para ponerse a mi lado – es que te has vuelto loco?!

- Leah, no te metas en esto, estoy hablando con Sam.

- Seth, creo que tu hermana debería estar presente. Es parte de tu familia y de la manada – dijo Sam con voz calmada.

- Como queráis. Bueno, solo quería saber que es lo que debo hacer para volver a ser un simple mortal.

- Seth…

- Leah, deja al menos que se explique. – interrumpió Sam a Leah. Me sorprendió que mi hermana le obedeciera sin rechistar. – Seth, por favor, continúa.

- Solo eso. Simplemente quiero dejarlo. Se que no va a ser nada fácil pero quiero hacerlo. Lo necesito.

- Quieres contármelo? – preguntó Sam con real preocupación.

- Sam. Ya te lo dije. Porque se empeña tanto es que lo cuente una y otra vez?

- Te has enamorado.

- Si, y ella me corresponde. Deseo estar a su lado y no puedo hacerlo si soy un hombre lobo. No quiero hacerle daño. – dije sin atreverme a mirar a Leah ni a Sam. Ellos había pasado por la situación que yo quería evitar. – no me malinterpretéis, es que… bueno… simplemente quiero dejarlo.

- Seth, te ha dicho ella que lo hagas? – preguntó Leah acercándose poco a poco a mi.

- No. No sabe lo que soy. Cree que la odio. He tenido que alejarla de mí haciéndole creer que no siento nada por ella.

- Seth… - dijo Leah, abrazándome de nuevo – deberías olvidarla.

- No puedo.

- Podrás. La olvidarás y podrás ser feliz junto a la mujer apropiada.

- Quiero poder elegir por mi mismo a quien debo amar. Y la amo a ella. Si dejo de ser hombre lobo y sigo sintiendo lo mismo, es que es amor verdadero.

- Pero…

- Está decidido, Leah.

- De acuerdo – dijo Sam acercándose a nosotros. – Seth, deberías ir a hablar con los ancianos. Ellos te aconsejarán sabiamente. Te acompaño?

- Si, de acuerdo. Leah, vuelve a casa – dije mientras me marchaba junto a Sam.

- A donde vamos? – pregunté, sin tener del todo claro a que miembro del consejo iríamos a ver.

- A casa de Billy. Jacob ha vuelto?

- No. Vine yo solo. No se cuando volverá.

- De acuerdo. Cuéntale a Billy lo que te sucede. Yo me marcho, así tendréis intimidad. Llámame en cuanto me necesites, vale?

- Si, gracias Sam. – dije mientras Sam se marchaba, aún en su forma humana, y me quedé solo ante la pequeña casa de los Black. Llamé a la puerta tímidamente y en apenas unos pocos segundos apareció Billy, abriéndome la puerta.

- Hola Seth, pasa. – dijo Billy con una gran sonrisa.

- Espero no haberte despertado. Se que no son horas para venir de visita. – dije adentrándome en la casa y sentándome en el sofá, ante el televisor encendido. Esa noche echaban un partido.

- No. No podía dormir y me puse el televisor. Que es lo que te preocupa?

- Sam te contó algo cuando le llamé ayer? – pregunté esperanzado, no quería contar de nuevo toda la historia.

- Si, pero prefiero que me lo cuentes tú. Mierda, fracaso total.

- Bueno, lo que me preocupa es que, si tuviera una relación con esa chica… bueno, no quiero imprimar con nadie. No quiero partirle el corazón. Yo solo quiero amarla a ella.

- Y que quieres hacer?

No se ni para que lo pregunta. Seguro que ya se lo imagina.

- Quiero dejarlo. No quiero seguir siendo un hombre lobo. Quiero volver a ser un chico normal. Creo que ya tengo el suficiente autocontrol para conseguirlo.

- Pero lo llevas en la sangre. Esto es lo que eres. – dijo con voz tranquila.

- Pero yo no lo he elegido. Yo solo quiero estar con Clara.

- Te entiendo, Seth. El amor es algo importante en la vida. Pero, que será de la manada? El deber de ayudar a los demás?

- Ya no hay ningún vampiro por la zona. No hay peligro alguno. La manada puede seguir sin mí. Ellos deberían de entenderlo.

- Quieres hablar con los demás ancianos? – dijo Billy, que se había acercado más a mi, poniendo su mano sobre mi hombro. Su mano emanaba una ola de tranquilidad que hizo que me calmara.

- Solo quiero saber que es lo que debo hacer para volver a ser normal. – dije con voz cansada, hundiendo mi rostro entre mis manos.

- De acuerdo. Te diré que debes hacer.

Billy cogió mi mano y comenzó a contarme lo que debía hacer para conseguir mi cometido.

- Has entendido todo lo que te he dicho? – me preguntó a la vez que me daba unos golpecitos amistosos en el hombro.

- Si, y deberé marcharme de la reserva. – dije levantándome del sofá. – gracias por todo Billy, no lo olvidaré nunca. Bueno, me iré mañana. Espero que te vaya todo bien durante mi ausencia.

- Yo también. Mañana avisaré a los chicos. Vas a esperar a que vuelva Jacob? Me ha llamado antes y me ha dicho que mañana estará aquí.

- No lo se, ya veremos. Ahora voy a ir a casa, debo hablar con mi madre y Charlie. Debo avisarles de mi marcha.

- Eso me parece bien.

- Gracias de nuevo Billy.

Salí a toda prisa de la casa y, antes de marcharme a casa, decidí ir a la playa dando un paseo. Necesitaba estar a solas antes de enfrentarme a mi familia. No tenía fuerzas para volver a hablar del tema. Me acerqué a la orilla, me quité la ropa y me metí en el agua. Un baño en las frías aguas de mar no me sentará mal. Estuve un par de horas nadando y la verdad es que me sentía ya mucho mejor. Había llegado la hora de enfrentarme a la realidad y a la decisión que había tomado.

Nadé hacia la orilla y, en cuanto salí del agua, vi a una chica que me tendía la ropa con una mano mientras que, con la otra, se tapaba los ojos. Cogí la ropa y me vestí rápidamente.

- Ya puedes destaparte los ojos. – dije mientras caminaba hacia la carretera.

- Como ha ido? – preguntó Leah, corriendo hasta llegar a mi lado.

- Bien. He hablado con Billy y he tomado una decisión definitiva.

- Vas a marcharte?

- Si. Es necesario. Si me quedo por aquí me será mucho más difícil, por no decir imposible, conseguir lo que quiero.

- Puedo saber al fin quien es la chica que le ha robado el corazón a mi hermanito? – me preguntó Leah, a la vez que rodeaba mi cintura con su brazo. Yo hice lo mismo.

- Se llama Clara. Debe de tener unos veinte años, bueno, al menos aparenta esa edad. He llegado a la conclusión de que no es del todo humana. Su hija acaba de cumplir nueve años.

- Que has querido decir con que no es del todo humana?

- Si no me equivoco, Clara es semi vampiro, como Nessie.

- Que?! – exclamó mi hermana, deteniéndose en seco.

- Leah, no empecemos otra vez – dije deteniéndome a su lado.

- Seth, no te entiendo.

- No esperaba que lo hicieras. – Puse mis manos cobre su rostro y la miré a los ojos con mirada suplicante - Solo espero que respetes mi decisión.

- Vale. La respeto. Solo quiero verte sonreír de nuevo. Que seas feliz.

Di un beso en su frente.

- Yo también. – cogí a Leah de la mano y nos marchamos en dirección a nuestra casa.

Durante el camino no dijimos nada, pero pude ver como Leah me miraba de reojo de vez en cuando.

- Leah, necesito hablar con mamá y Charlie a solas.

- De acuerdo. Daré un paseo por los alrededores. Pero con la condición de que me llames antes de marcharte para poder despedirme de ti.

Vi como Leah se marchaba y, en cuanto vi que se adentraba en el bosque, entré en casa. Mamá ya estaba en la cocina preparando el desayuno cuando entré en la casa. No me había dado ni cuenta de que ya ha amanecido.

- Seth! – dijo acercándose a mi, abrazándome con fuerza – como es que has vuelto tan pronto? Bueno, no importa, te he echado de menos.

- Solo he estado dos días fuera. – dije con un nudo en la garganta. – mamá, debo hablar contigo. Tengo que contarte algo importante.

- Que ocurre? Tienes mala cara.

- Me marcho. Pero ésta vez será por más tiempo.

- Porque?

- Debo hacerlo, es necesario.

- Puedo hacer algo para evitar que te marches? – dijo mi madre mirándome fijamente a los ojos.

- No.

- De acuerdo. Siempre y cuando sea por tu bien. – dijo aunque pude ver que lo decía porque era lo que yo quería oir.

- Lo es. Lo será.

- Bien. – mi madre se apartó de mi a pasos cortos y volvió de nuevo a la cocina, donde tenía el desayuno a medio a hacer.

Subí lentamente por las escaleras, de camino a mi dormitorio, arrastrando los pies. Entré en mi habitación y cogí la maleta. No necesitaba nada más, aunque avancé hacia mi escritorio y cogí una foto. Miré por última vez la estancia, sin saber cuando volvería a verla. Di media vuelta y bajé, con al foto todavía en la mano.

En cuanto llegué al salón pude ver a mi madre, sentada en el sofá, llorando.

- Mamá, no llores por favor. – dije soltando la maleta y abrazándola con fuerza. – Volveré, pero ahora necesito marcharme. Entiéndeme.

- De acuerdo. Esperaré tu regreso. – dijo antes de comenzar a besar todo mi rostro.

- Mamá! – me quejé, aunque no estaba nada incómodo con la situación.

- Vale, ya paro.

- Está Charlie en casa?

- No. Ha tenido que ir al pueblo.

- Despídete de él por mí, por favor. – dije limpiando sus lágrimas.

- Claro. Ya has hablado con tu hermana?

- Si, pero ahora voy a ir a despedirme. Te quiero mucho. – le di un beso en la mejilla, todavía húmeda por sus lágrimas, cogí mi maleta y salí al exterior, donde me esperaba Leah.

- Bueno, puedo ayudarte en algo? – dijo acercándose poco a poco.

- Si. No me busquéis, no intentéis contactar conmigo.

- Seth… - empezó a decir Leah. Parecía que fuera a ponerse a llorar.

- Por favor… volveré pronto. – di un beso a mi hermana a su frente y me marché, adentrándome en el bosque.

Corrí toda la noche, en mi forma humana, hasta llegar a unas cuevas situadas al otro extremo, fuera de la frontera con La Push. Ese parecía ser el lugar apropiado, alejado de cualquier forma de vida. Allí podría lograr mi cometido.

CINCO AÑOS DESPUÉS.

- Mamá?! – exclamé entrando en casa, buscando por todas las habitaciones de la casa. Allí no había nadie.

Dejé mi maleta en la que había sido mi dormitorio. Salí al exterior de la casa y me dirigí a la casa de mi antiguo amigo Jacob Black. En cuanto llegué a la puerta de la casa, alguien abrió en el momento en que iba a llamar.

- Seth! Como estás? Estás cambiado! – dijo Billy, abriendo la puerta y abriéndome paso hasta el interior.

- Estoy bien, gracias Billy.

En cuanto llegué al salón, un grito de júbilo me recibió, dejándome paralizado por la sorpresa.

- Bienvenido! – gritaron todos. Leah se acercó a mí y me dio un fuerte abrazo.

- Buff, Leah. Tranquilízate, que me vas a ahogar.

- Que? No me digas que ahora te has vuelto un blandengue? – dijo Leah mientras se alejaba de mi, riendo, y dejaba paso a mi madre, la cual había comenzado a llorar.

- Mamá! Estás preciosa! – dije abrazándola y alzándola del suelo, dando vueltas por todo el salón.

- Seth! Que me mareo! – dijo riendo a carcajadas. La bajé al suelo y en esas comenzó a besarme el rostro, como el último día que nos habíamos visto. – Estás guapísimo! Has crecido! Y que pelo más largo! – dijo pasando sus manos por mi melena.

- Si, ya lo llevo un poco largo. Como va todo Charlie?

- Hola chaval. Ahora va todo mucho mejor. – dijo estrechando mi mano y sonriente, mirando a mi madre.

Me volví hacia Billy, que estaba detrás de mí y le abracé con fuerza.

- Donde está Jacob? – pregunté mirando por toda la casa.

- Se marchó hace un par de días a ver a Renesmee. Ahora que su relación es un poco más formal aprovecha para ir a verla cada mes.

- Genial.

- Bueno, yo debo marcharme. Esta tarde tenemos una pequeña reunión. – dijo Leah, dándome un puñetazo en el hombro, dejándome bien dolorido.

Mi madre cogió fuertemente mi mano y tiró de mí hacia el exterior de la casa. Supuse que me llevaba hacia nuestra casa. Charlie nos siguió tras despedirse de Billy. Me volví y vi que estaba sonriendo. Supongo que está feliz por ver a mi madre sonreír. No podía ni imaginar como lo habrían pasado durante los últimos cinco años.

En cuanto llegamos a la casa, entremos y fuimos hacia el salón. Mi madre se sentó en el sofá y yo hice lo mismo. Charlie se sentó en una butaca y ambos se me quedaron mirando.

- Como sabíais que iba a volver justo hoy? – pregunté con sorpresa, sin mirar a ninguno de los dos.

- No lo sabíamos. Leah te oyó llegar a casa de Billy. Fue algo improvisado. – dijo Charlie. Mamá no dejaba de mirarme y de acariciar mis manos.

- Mamá, Charlie. Debo contaros algo. He estado pensando en muchas cosas durante todo éste tiempo, y una de ésas cosas es la que provocó mi huida.

- Seth, no tienes porque contárnoslo. No si por ello debes sentirte mal.

- Quiero hacerlo, al menos en cierta manera. Solo os diré que todo fue por una chica y he tomado la decisión de ir a verla. Entonces no tenía muy claros mis sentimientos fueran reales o cosa de la licantropía, no quería arriesgarme.

- Entiendo, como lo que sucedió con Leah y Sam. – dijo mi madre, pasando su mano por mi brazo.

- Si.

- Cuando pretendes marcharte?

- Hoy. Siento que todo sea tan repentino pero no tengo tiempo que perder. Debo verla, aunque sea de lejos.

- Volverás? – preguntó mi madre mientras yo secaba las lagrimas que empezaban a cubrir su rostro.

- Por supuesto, y espero no volver solo. – no pude evitar esbozar una sonrisa ante la idea de volver a casa para que su familia conociera al amor de su vida. Le di un beso en la mejilla y me levanté.

Subí a paso ligero hacia mi dormitorio y, ahora pude ver que seguía igual que cuando me marché. Me dirigí al cuarto de baño y me corté, lo mejor que pude, el pelo, ya que en los últimos cinco años me había crecido bastante y no me había molestado en cortármelo.

Cuando bajé de nuevo al salón me encontré con que no había nadie allí. Había una nota en la pequeña mesa de café.

" Querido Seth. No queremos que te marches pero entendemos porque lo haces. Y si te vas queremos que sea de la mejor manera. Si sigo en casa cuando bajes de hacer las maletas no creo que pudiera soportar otra despedido. Esperamos que encuentres lo que buscas y que vuelvas pronto. Me encantaría conocer a la mujer que a la que has entregado tu corazón. Te queremos: mamá y Charlie. "

Terminé de leer la nota con una lágrima recorriendo mi mejilla. No me molesté en secarla. Ahora solo había una cosa que me preocupaba: Clara.

Cargué las maletas en mi antiguo coche y me marché a toda velocidad hacia el aeropuerto. Tuve que esperar durante dos horas, ya que no había podido encontrar billetes para el vuelo anterior. Decidí que había llegado el momento de llamar a uno de mis mejores amigos. Contestó al teléfono al instante.

- Por fin te dignas a llamar! – contestó con cierto reproche en la voz.

- Edward, mmm… si, perdona, es que no tuve oportunidad de llamar antes.

- Es que ha ocurrido algo? Te noto preocupado. – su voz realmente denotaba preocupación.

- No. Bueno, solo te llamaba para comentarte una cosa. Estoy en el aeropuerto, voy a ir a Alaska.

- Cuando?

- Dentro de hora y media cogeré el avión.

- Estupendo. Iré a buscarte al aeropuerto, así podremos hablar.

- De acuerdo. Nos vemos de aquí unas horas. – dije colgando y guardando el teléfono en el bolsillo de mis vaqueros.

El tiempo pasó con lentitud mientras yo iba poniéndome cada vez más nervioso e iba asustándome por momentos, por mi llegada y por la reacción de los Cullen, de Jacob y, sobretodo, de Clara, la cual seguramente se habría olvidado de mi y habría rehecho su vida, aunque deseaba fervientemente que eso no hubiera sucedido. Es egoísta por mi parte pero no soportaría verla con otro, aunque eso la hiciera feliz. Sería difícil de aceptar.

En cuanto oí por megafonía que mi avión estaba a punto de salir, me levanté a toda prisa, cogí las maletas y me fui corriendo a embarcar. En cuanto estuve a bordo me acomodé en el asiento. Cerré los ojos e intenté dormir un rato, cosa que no conseguí. Esto es desesperante. El viaje pareció durar una eternidad y en cuanto aterrizamos me levanté corriendo y fui hacia la salida, poniéndome el primero de la fila. En cuanto abrieron las puertas salí a toda velocidad y me dirigí al interior del edificio, en busca de mis maletas.

Estuve un buen rato esperando pero mi maleta no apareció. Lo que me faltaba. Exasperado me di la vuelta con la intención de ir a poner una reclamación cuando de repente vi una figura tras de mi.

- Estabas buscando esto? – dijo Edward alzando la mano en la que llevaba mis maletas.

- Llevo más de media hora esperando y ahora apareces tu con las maletas? – dije en un falso tono de enfado.

- Venga va, no hagas como que te enfadas, que estás encantado de verme – dijo con una gran sonrisa.

Sonreí mirando el rostro de mi amigo. Él dejo las maletas en el suelo y nos acerquemos para darnos un fuerte abrazo. Demasiado fuerte.

- Au! – exclamé exageradamente, aunque en realidad me hizo un poco de daño.

- Seth, no me digas que ahora te has vuelto un blandengue?

- Cállate y no sigas por ese camino. Leah me dijo lo mismo.

- Estás cambiado y hueles bien. – dijo quedándose pensativo.

- Solo he cambiado un poquillo.

- Al final lo hiciste. – dijo afirmándolo, y no preguntándolo. – que te llevó a hacerlo?

No respondí pero no pude evitar pensar en ella, y Edward pudo verlo.

- Ya veo. Bueno, vámonos a casa.

- A donde?

- A mi casa. Iremos a dejar las maletas a casa de Carlisle. Seguro que está deseando verte. Mientras, iré a hablar con Bella.

- Vale.

- Iré a buscarte, si logro que Carlisle te libere. Seguro que le interesa el hecho de que vuelvas a ser mortal Iremos a darle una sorpresa a Bella.

- Vale. Está Jacob en tu casa? – dije recordando que mi amigo había ido a ver a su chica, Renesmee, la hija de Edward.

- Si. Me alegro de que lo hayas conseguido. Espero que al fin logres ser feliz.

- Yo también, aunque no tengo claro que esto salga bien. No se si lo conseguiré algún día.

- Lo harás.

Edward cogió mis maletas, alegando que yo era el invitado, y nos dirigimos hacia su coche, que estaba aparcado en la puerta del aeropuerto.

Edward se tomó el camino con calma, conduciendo a una velocidad muy reducida a la que estaba acostumbrado.

- Seth…

- Si? – dije distraído, mirando el paisaje que íbamos dejando atrás.

- Todavía toleras la velocidad? – preguntó con tono burlón.

- Acelera, anda, que me van a salir canas de lo lento que vas.

Edward me miró, sonriendo, y sin mirar a la carretera aceleró hasta llegar a 150km/h, como poco.

Avanzamos con rapidez hacia donde se encontraba mi amor y mi corazón. Allí voy.

Si queréis, aquí os dejo la lista del resto de mis historias, por si os apetece leeros alguna.

* Caprichos del destino. Ángel. ( Ángel y Spike y otros personaje inventados por mi.)

* Lucas Whitlock. Twiligth. ( Jasper, Maria, y otros personajes inventados por mi )

* Lucy Whitlock. Twiligth. ( Maria, y otros personajes inventados por mi )

* Clara Whitlock y Seth Clearwater.Twiligth. ( Seth, y otros personajes inventados por mi)

* Desaparecida. Twiligth. ( Renesmee, Maria, Jasper )

* Jackson Mason. Twiligth. ( Renesmee, Leah, y otros personajes inventados por mi)

* Norah Cullen Twiligth. ( Carlisle, Los Vulturis, y otros personajes inventados por mi. )

* Varias historias de un capítulo. Twiligth. ( Jacob, Leah, Sam, Bella, Jasper… )