Capítulo 4

La música era en su mayor parte de tambores, y la pulsación era acelerada y exigente. Mientras Miranda, Anlluly y Andy mantenían sus posiciones, los hombres saltaban, y el público les daba el esperado

- Oooooh - a qué tan alto los "hombres" podían saltar. Terry, Frederick y Andréu empezaron su salvaje baile alrededor de las mujeres. Fue una buena oportunidad para reobrar su aliento. Sin mover su cabeza de su posición, Andy miró al lugar donde lo había visto parado. Ahora no había nadie allí que le recordase a Neil. Tal vez justamente había sido una ilusión. El alivio fue como agua dulce, fresca a través de una garganta sedienta.

Cuando Terry vino a levantarla por encima de su cabeza, le dirigió una sonrisa brillante. Cuando él dio vueltas, golpeando sus pies al son, ella mantuvo su actitud perfectamente, y cuando él la dejó caer en sus brazos, ella arqueó su cuello voluntariamente para el mordisco. Estaba lista para sentirse mejor, tener ese miedo persistente borrado.

Él pareció sentir su ansia. Antes que sus colmillos se hundiesen, sintió su lengua trazar una línea en su piel, y el brazo involuntariamente tembló alrededor de su cuello. Cuando la abrumadora paz inundó su ansioso corazón, Andy se preguntó si se estaba volviendo adicta a Terry.

Hola, soy Andy, y soy adicta a los mordiscos de un vampiro – Si Terry pensaba que ella no había notado algo distinto en él y los demás hombres del equipo, estaba muy equivocado, pero ella trataba de disimular.

La audiencia les dio una salva de aplausos cuando las mujeres se pusiesen de pie, los hombres barriendo sus brazos hacia afuera para señalar el fin de la actuación. El público miró con curiosos ojos saltones los dos puntos en los cuellos de las mujeres. Andy dio un paso adelante con Anlluly y Miranda para tomar su arco, y cuando ella bajó pensó que vio a Neil Leegan otra vez, por la esquina de su ojo. Cuando se enderezó, no estaba allí. ¿Estaba delirando? Ella empastó su sonrisa de regreso en su cara.

Los seis entraron corriendo a la casa, haciendo gestos con las manos a los invitados mientras trotaban, como una feliz compañía de danzas polinesias que justo ocurría que (casi) todos caucásicos. Se les esperaba en la terraza en ropas de fiesta en quince minutos. Entretanto, Denny James estaba desmantelando su sistema de sonido y cargándolo en la furgoneta, porque una orquesta tocaría música en vivo.

Cuando se sacaban los trajes, Andy les hizo un pedido.

¿Anlluly, Miranda piensan que podríamos dejarnos las pelucas?

Los otros bailarines se detuvieron a medio cambiar y la miraron. Anlluly se había puesto medias al muslo y abrochaba las correas de sus tacos, y Miranda se había puesto encima un vestido tubo y tenía su falda - nativa - medio debajo de ella. Los bailarines masculinos simplemente habían revuelto sus espaldas y se habían sacado todo, y ahora los tres estaban en curso de vestir las camisas de seda y los pantalones de vestir que habían acordado con anticipación. William y Sean ayudaban a Denny a recoger los trajes y demás parafernalia, para guardarlo en la furgoneta.

Pero quedaron todos alarmados por la petición de Andy. Hubo un momento de silencio. Anlluly y Miranda se consultaron cada quien con una mirada.

¿Seguro, por qué no? Dijo Anlluly - No se verá extraño. Todas traemos puesto el mismo traje, ¿La misma peluca, por qué no?

Pero no llevaremos puestas las nuestras, - aclaró Frederick, no exactamente como una objeción, pero señalando un problema.

Bien, - contestó Miranda - pero nos vemos lindas en las nuestras, y ustedes se ven como estúpidos en las suyas.

Frederick y Andréu se rieron de la justicia de eso, pero Terry clavaba los ojos en Andy como si pudiese ver sus pensamientos si la miraba lo suficientemente fuerte. Sean, quien nunca parecía hablar, tenía la miraba en Andy, con preocupación arrugando su cara. Por primera vez, Andy entendió que Sean sabía quién era ella. Como la chica de la biblioteca, él había asociado su cara con las fotos del periódico.

La peluca negra realmente se veía mejor con el vestido brillante borgoña que el cabello rubio de Andy. Ella nunca habría escogido este color para sí misma. Miranda llevaba puesto uno verde profundo, y Anlluly, bronce. Los hombres llevaban puestas camisas que correspondieron al vestido de su compañera. Borgoña no era el color de Terry, tampoco. Se miraron mutuamente y se encogieron simultáneamente.

Afuera en la terraza, unos minutos más tarde, las tres parejas empezaron a bailar al son de la música prevista por la banda en vivo.

Después de observar por algunos minutos, otras personas comenzaron a unirse en el mármol suave de la terraza, y las parejas profesionales se separaron para bailar con los invitados. Ésta fue la parte del trabajo que Andy encontró más llena de tensión. Era también la más difícil para su compañero, ella había notado. Terry no disfrutaba la breve charla con compañeras que no había escogido, y parecía tieso. Andréu era un gran favorito de las invitadas, siempre, y Frederick era muy admirado por su buena apariencia rubio robusto y su cortesía, pero Terry parecía que repelía y atraía una cierta clase de mujeres, mujeres que estaban sutilmente o no tan sutilmente disconformes con sus vidas. Querían una experiencia exótica con un hombre misterioso, y nadie más misterioso que Terry.

John Jaslow, el anfitrión, sonreía a Andy, y ella tomó su mano y lo condujo a la pista de baile. Era un hombre agradable, quien no pareció querer nada más que un baile.

Los hombres eran mucho más fáciles de complacer, pensó Andy cínicamente. La mayoría de los hombres eran felices si les sonreías, pareció disfrutar bailando con ellos, coqueteó muy suavemente. De vez en cuando, bailó con alguno que estaba bajo la impresión que ella estaba en venta. Pero ella había conocido a centenares de hombres así mientras ella pasaba a través del circuito de concursos, y tenía experiencia en manipularlos, aunque su aversión nunca menguó. Con una sonrisa y una frase tranquilizadora, ella podía usualmente desviarlos y despacharlos apaciguados.

Andy y John Jaslow bailaban al lado de Miranda y pareja, quien se había presentado como Charles Brody. Brody era un hombre de cincuenta años. Desde el momento en que había tomado la mano de Miranda, él había estado insinuando que estaría encantado si ella fuese a un hotel con él después de la fiesta.

Después de todo, trabajas para Mireya Scott, ¿correcto? - Brody preguntó. Su mano estaba acariciando las costillas de Miranda, no descansando sobre ellas. Andy contempló a su compañero ansiosamente. John Jaslow se vio preocupado, pero no estaba listo para intervenir.

Trabajo para Golden Sun, no Silver Moon, - aclaró, tranquila pero enfáticamente.

¿Y dices que sólo vas a casa después de uno de estos asuntos, te pones tu pijama y te vas a la cama?

Sr. Brody, eso es exactamente lo que digo - dijo. Él guardó silencio por un momento, y Andy y señor Jaslow se sonrieron aliviados.

Luego buscaré a otra mujer con que bailar, una que dé algo - siseó Brody. Abruptamente, dejó ir a Miranda, pero antes de girar para dejar la terraza, le dio a la bailarina un duro empujón.

El empujón fue tan inesperado, tan cruel, que Miranda no tuvo tiempo para refrenarse. Se tambaleó hacia atrás y no pudo mantener el equilibrio. Moviéndose más rápido de lo que ella pensó que se podría mover, Andy se metió detrás de Miranda a tiempo de evitar que cayera al piso. En un segundo, Miranda estaba de regreso sobre sus pies, y el señor Jaslow y Terry estaban allí.

La boqueada que se había levantado de las pocas personas que habían observado el pequeño episodio con Brody dejó paso a un ligero aplauso cuando Miranda y el calvo señor Jaslow se deslizaron a través de la terraza en un gracioso movimiento.

Sonríe - dijo Andy. Terry había entendido bien lo que pasó. Mientras se deslizaba con ella, sus labios estaban tiesos con furia.

Si esto pasase cien años atrás, lo mataría, - Terry dijo. Sonrió entonces, y no fue una sonrisa bonita. Ella vio sus colmillos.

Ella debió haber estado horrorizada.

Ella debió haber estado escandalizada.

Ella debió haber estado avergonzada.

Eres tan dulce, - le murmuró, como lo había hecho a miles de personas durante su vida. Esta vez, ella lo quiso decir. Aunque Terry había desactivado la situación, ella no había tenido duda que más bien le habría dado puñetazos a Brody, y a ella le gustaron ambas reacciones.

En cinco minutos más, su hora estaría completa, y los seis bailarines se desahogaron ellos mismos fuera de la multitud de invitados de la fiesta. Cansadamente, plegaron y pusieron en sacos los trajes para limpiar y se pusieron encima sus ropas de calle.

Estaban demasiado cansados para ser modestos. Andy vio una bonita mariposa tatuada en el trasero de Miranda, y se enteró de que Andréu tenía una cicatriz de apendicetomía. Pero allí no había nada lascivo acerca de conocerse unos a otros pensó; eran compañeros. Algo acerca de esta velada los había unido como ningún otro acontecimiento lo había hecho.

Habían pasado años desde que Andy había tenido amigos.

Denny a esperaba en la entrada lateral. Las puertas de la furgoneta estaban abiertas, y cuando Andy subió en el asiento trasero, Terry trepó adentro después de ella. Hubo un momento de sorpresa cuando todos los demás clavaron los ojos en Terry, ya que siempre se sentaba adelante con Denny, luego Miranda trepó adentro. La fila intermedia se llenó con Frederick, Anlluly y Andréu; William y Sean treparon adelante con Denny.

Era muy agradable estar sentada en circunstancias que no requerían una conversación educada. Andy cerró los ojos mientras el vehículo aceleraba por el largo camino de acceso. Cuando regresaban a la ciudad, pareció una buena idea mantener los ojos cerrados. Ahora, si sólo pudiese apoyar su cabeza contra algo...

Se despertó cuando el coche se paró y la luz del techo se encendió. Se enderezó y bostezó.

Volteó su cabeza para examinar su almohada, y se encontró con que había estado recostándose sobre el hombro de Terry. Miranda le sonreía.

Estabas apagada como una luz - dijo alegremente.

Espero no haber roncado – dijo Andy, esforzándose por ser indiferente acerca del hecho que había invadido físicamente a su socio.

Tú no, pero Frederick sí - bromeó Andréu, saliendo de la furgoneta y desperezándose una vez que estuvo en la acera.

Sólo respiro fuerte – se defendió Frederick y Anlluly se rió.

Debes ser el único vampiro en el mundo que toma siestas y ronca, - dijo Andy, para restar cualquier brusquedad, le dio un abrazo. Sorprendiendo a todos no solo con el gesto, sino por el conocimiento de lo que eran los hombres – Descuiden, no me importa y tampoco me asusta - los ojos de Andy encontraron a Terry. Los de él eran ilegibles. Aunque había pasado un buen rato con él antes que hubieran bailado en Jaslows, él traía puesta su usual apariencia cerrada.

Lo siento si estuviste incómodo el viaje de regreso - dijo, dejando atrás el tema sobre la condición de sus compañeros - No me di cuenta que estaba tan cansada.

Está bien - dijo, y salió, tendiendo una mano para ayudarla a bajar. Él abrió la puerta del estudio; Frederick y Andréu empezaron a descargar el sistema de sonido y los bailarines colocaron los trajes en un banco fuera de la oficina de Mireya. Denny se marchó en la furgoneta vacía.

El grupito se disolvió, Miranda y Anlluly tomaron el taxi que habían llamado, Frederick y Andréu decidiendo ir a Bissonet's, el bar donde Sarahí trabajaba.

¿Por qué no vienes, Terry? - Frederick preguntó.

No, gracias, - Terry dijo.

Mostrando tus usuales precisas, floridas frases - Frederick sonreía.

Acompañaré a Andy a casa - comentó Terry.

Siempre el caballero, - Andréu dijo, no tan amablemente. - Terry, algunas veces actúas como si tuvieses aún en el siglo pasado.

Terry se encogió de hombros. Él era claramente indiferente a la opinión de Andréu. Los colmillos de Andréu salieron a medias.

Andy y Frederick intercambiaron miradas. En ese momento, Andy podía decir que Frederick estaba preocupado por una riña entre los otros dos vampiros, y tomó el brazo de Terry.

Estoy lista, - dijo, y realmente le dio un pequeño tirón mientras comenzaba a caminar a la parada del bus. Los buenos modales de Terry requerían que se pusiese en camino con ella. Tomaron las dos primeras cuadras a buen ritmo, y luego esperaron en la parada de autobús.

¿Qué te asustó? - preguntó tan repentinamente que ella se sobresaltó.

Ella supo instantáneamente de qué hablaba: Los segundos en la fiesta cuando pensó que había visto una cara familiar. Pero no podía creer que él había notado que tuvo miedo. No había perdido el ritmo o el paso.

¿Cómo lo sabes? - susurró.

Te conozco, - dijo, con una intensa calma que centraba su atención en él - Puedo sentir lo que sientes.

Ella lo contempló. Estaban bajo un farol, y ella lo podía ver con una claridad sombría. Andy se debatió por dentro con lo que era seguro decirle. Él estaba esperando a que ella hablese, que compartiera su carga con él. Aún así, ella vaciló. Había perdido el hábito de confiar; pero tenía que ser honesta de cuán segura se sentía cuando estaba con Terry, y no podía ignorar cuánto deseaba pasar tiempo con él. El alivio del miedo, de la preocupación, de su sentimiento de estar dañada, era como tibio sol iluminando su cara.

Él podía sentir su confianza creciente; lo podía ver en su rara sonrisa. Las esquinas de su boca delgada subieron; sus ojos se volvieron más afectuosos.

Dime - dijo, con una voz menos imperativa y más persuasiva.

Lo que la decidió en contra de contarle fue el temor por su seguridad. Terry era fuerte, y comenzaba a percatarse que era despiadado donde ella estaba preocupada, pero también era vulnerable durante las horas diurnas. Andy siguió otro impulso; puso sus brazos alrededor de él. Habló en su pecho.

No puedo - dijo, y pudo oír la tristeza en su propia voz.

Su cuerpo se puso rigido bajo sus manos. Era demasiado orgulloso para rogarle, supo, y el resto del camino al apartamento de Andy, él guardó silencio.