Capítulo 8

Candy nunca había imaginado que podría estar tan relajada, tan contenta. Su cabello se había soltado de su listón y se desparramaba a través de sus senos mientras él yacía mirándola hacia abajo. Terry nunca había visto nada tan hermoso como su rostro en el resplandor apenas perceptible de la ciudad de noche que alumbraba el cuarto a través del vidrio esmerilado.

Se preguntó cómo Terry se había vuelto tan importante para ella una vez más. Ella había tenido sueños extraños sobre otra vida y en ellos había divisado a Terry, pero nunca había tenido una imagen tan pura como cuando la mordió la primera vez, ahora sabía que él había borrado su memoria, pero ese recuerdo se le quedo grabado, sabía que conocía a Terry de antes, que lo había amado y que había sufrido con él. Pero ahora eso estaba en el pasado, esta era otra vida, tenía otros recuerdos y ahora, también, lo tenía a él. Amaba cada línea de su rostro, el poder de su blanco cuerpo, la pasión al hacer el amor; pero sobre todo amaba el hecho de que él estaba a su lado. Habían pasado años desde que alguien había estado a su lado, incondicionalmente, unilateralmente. Pensó "todavía debería estar enojado con él por ir a Lakewood" Pero había buscado el enojo que inicialmente había sentido y había encontrado que no estaba.

¡Soy una enclenque! - concluyó, en voz alta.

Sé lo que eso significa - contestó Terry, su voz soñadora. - ¿Por qué lo dices?

Me alegro de que te enterases. Me alegro no tener que contarte todo eso. Me alegro que te importe lo suficiente como para querer encontrar a… Neil - la vacilación antes de que pudiese decir su nombre dijo a Terry bastante.

¿Qué hizo tu abuela? preguntó. No había tenido tiempo para hacerle a Tom Stevenson todas las preguntas que se le habían ocurrido.

No me creyó - se quejó - Oh, mi primo Anthony permaneció fiel. Él me salvó esa noche. Pero no es de voluntad fuerte, enérgico. Pero mi abuela… bueno, decidió pensar que fue una táctica de mi parte para obligar a Neil a casarse conmigo. Cuando ella se dio cuenta que no era así estaba... lívida.

Ella quería que te cases con él.

Sí, realmente creyó que querría estar atada al hombre que me violó.

En mi época, lo habríamos hecho casarse contigo - comentó Terry.

¿Realmente?

Si fueses mi hermana, me habría asegurado de eso.

¿Porque nadie más se habría casado conmigo de otra manera, correcto? Bienes dañados - Terry percibió que había cometido un masivo error - y por el resto de mi vida habría tenido que seguir con las pequeñas formas de Neil, como golpearme, porque me había violado- dijo Candy, fríamente.

Bien, en mi época, habríamos estado equivocados, - hizo una concesión - pero habríamos estado a tu favor.

Te tengo a mi favor – dijo ella - te tengo a mi favor ahora. Si esto ha significado algo para ti.

No llego tan cerca de nadie a menos que signifique algo para mí.

¿Eso viene de ser un aristócrata? ¿En tu época, eras como Neil? - hubo un filo en su voz que no había estado allí antes.

¿La primera noche que hacemos el amor, me comparas con el hombre que le violó? - Ella no había pensado antes de hablar. Aquello lo hizo sin la conciencia de que lo conocía de antes.

Después de años de medir cada palabra que digo a otra persona, he llegado a convertirme en lo peor. Estoy tan apenada, Terry. Por favor perdóneme por ofenderte.

Hubo un largo silencio en el oscuro cuarto. Él no habló. Su corazón se hundió. Ella lo había arruinado. Su amargura y su desconfianza la habían retorcido más de lo que pensaba. Pero ella lo había obtenido naturalmente, y no vio cómo pudo haber existido de otra manera.

Después de que otros dos minutos inquietantes de silencio, Candy comenzó a buscar a tientas sus ropas. Estaba determinada a no llorar.

¿Dónde vas? – preguntó Terry.

Voy a casa. He echado todo a perder. No hablarás conmigo, y me voy a casa.

Me ofendiste, - dijo, y su voz no era llana o calma en absoluto. Él decía, Me heriste. Pero Candy no absorbía eso. Antes que Terry pudiese vestirse, ella se fue, poniéndose su camisa de franela sobre su traje de baile. Había metido sus pies a la fuerza en sus botas sin atarlas. Estaba fuera de la puerta del estudio, abriendo la puerta del edificio, antes que Terry la pudiese alcanzar. Él maldijo en voz alta. Tenía que comprobar el estudio y echarle llave a todo; ese era el deber de la última persona que saliera, y era algo que no podía esquivar. Siempre podía alcanzar a Candy, estaba seguro; después de todo, era un vampiro, y ella era humana.

%&%&%&%&%&%&%&%&%&%&%&%&%&%&%&%&

Neil la estaba esperando en el tercer callejón al norte.

Candy caminaba velozmente. Hacía un intento por no llorar; y no tenía mucha suerte. Quiso alcanzar la siguiente esquina a tiempo para el autobús, el último en una noche dominical. Mientras pasaba por la entrada del callejón, Neil salió con tan asombrosa rapidez que estaba agarrando su brazo antes que pudiese reaccionar.

Hola, Candy - dijo, sonriendo.

Las pesadillas que ella había tenido durante cuatro años habían cobrado vida.

Neil siempre había sido guapo, pero su apariencia presente estaba muy distante de la norma. Se había hecho picos en el cabello pelirrojo y llevaba puestos pantalones vaqueros harapientos y una chaqueta de cuero. Se había camuflado.

Tengo un asunto que arreglar contigo - dijo, todavía sonriendo. Candy no había podido hacer un sonido cuando le había agarrado el brazo, pero ahora ella comenzó a gritar - ¡Cállate! - le gritó, y le golpeó la boca con el revés de la mano. Pero Candy no tenía intención de callarse.

¡Socorro! – gritó la rubia - ¡Socorro! - tanteó en su bolso por el spray de pimienta con su mano izquierda libre, pero esta noche no se había preparado, mentalmente o físicamente, y no podía encontrar el cilindro que usualmente llevaba listo para usar.

Inmovilizándola con su agarre en el brazo derecho, Neil empezó a golpear con el puño a Candy para hacerla callar. Ella trató de esquivar los golpes, trató de encontrar el spray, trató de rezar por ayuda. ¿Dónde estaba el aerosol de pimienta? Abandonando el inútil intento, Candy lo jaló bruscamente fuera de su hombro, desde que era sólo un obstáculo. Entonces contraatacó. No era ni cerca tan grande como Neil, así es que ella fue por sus genitales. Quiso agarrar y apretar el paquete entero, pero él se echó hacia atrás. Todo lo que logró fue una pinza cruel, pero fue suficiente para doblarlo. Cuando él oyó una mujer gritando de enfrente, él se tambaleó fuera de Candy.

¡Deja a esa chica! - una voz femenina gritó. - ¡Estoy llamando a la policía!

Candy cayó sobre sus rodillas, demasiado maltratada para sostenerse más, pero siguió enfrentándolo, su manos listas para defenderse. No entregaría lo que había trabajado tan duro para mantener. Neil comenzó a apresurarse por el callejón tan velozmente como su lesión le permitiría, ella se enorgulleció de ver que él caminaba chistoso, y aunque Candy permaneció en posición vertical, todavía sobre sus rodillas, salió de su vista cuando se fue del callejón hacia la siguiente calle.

No me caeré - dijo.

¿Estás bien? - Candy aun no podía quitar sus ojos de la entrada del callejón para examinar a la mujer a su lado. Esta mujer había salvado su vida, pero Candy no iba a ser tomada por sorpresa otra vez, si Neil decidía regresar.

¡Candy! ¡Candy! - para su inmenso alivio, escuchó la voz de Terry. Ahora Neil no la podría lastimar más; no importa cuán enojado estaba Terry con ella, él no dejaría a Neil golpearla. Ella lo sabía. Con profundo alivio, entendió que no necesitaba permanecer vigilante más, y se recostó en el pavimento. Luego yació sobre la acera. Y luego no supo nada más.

%&%&%&%&%&%&%&%&%&%&%&%&%&%&%&%&

Cuándo comenzó a reaccionar otra vez, Candy supo que estaba en un lugar extraño.

¿Hospital?

No, no olía a un hospital, un olor con el cual no estaba familiarizada. Era un lugar tranquilo, un lugar confortable. Yacía sobre sábanas blancas limpias, y había alguien a su lado. Trató de moverse, de sentarse, y ella se dio cuenta que estaba adolorida en varios lugares. Antes que pudiese tomar control de sí misma, gimió.

¿Estás bien? ¿Necesitas tomar agua? - la voz era familiar y vino de cerca. Candy se esforzó por abrir sus ojos abotagados. Podía ver, un poquito - ¿Miranda? - preguntó, su voz un hilo seco.

Sí, soy yo. Anlluly y yo tomadas turnos.

¿Quién más está aquí? ¿Dónde es aquí?

Oh, estamos en casa de Terry, en su cuarto seguro. Ese es él en la cama contigo, bebé. Es de día, así que él tuvo que quedar fuera. Él no iba a dejarte sin alguien para ayudarte, sin embargo. Nos hizo jurar sobre una pila de Biblias que no saldríamos. Pero no pienses que somos personas maravillosas, te digo que él prometió echarnos una mano con el dinero que perderemos por faltar al trabajo. Digo, quiero ayudarle, y yo vendría, de cualquier manera. Pero simplemente no puedo, ah, ¿Está bien? - Candy asintió con la cabeza. Fue un esfuerzo, pero en cierta forma Miranda percibió el movimiento.

Agua estará bien, - Candy se ingenió para decir. Al momento, Miranda estaba deslizando su brazo bajo la espalda de Candy y ayudándola a sentarse. Había un vaso de agua fresca en sus labios, y Candy sorbió agradecidamente.

¿Necesitas pasar al baño?

Sí, por favor.

Miranda ayudó Candy a levantarse. Para su alivio, Candy descubrió que estaba con la remera y los pantalones cortos que había traído puestos la noche antes. Caminó arrastrando los pies hasta el cuarto de baño. Cuando llegó, se lavó la cara y se cepilló los dientes con un cepillo de dientes que encontró todavía en su envoltura de celofán. Esto la hizo sentirse mucho mejor, y regreso a la cama con un poco más de confianza.

Miranda, estaré bien ahora, si necesitas ir a trabajar.

¿Estás segura, chica? Puedo quedarme. No quiero que Terry esté disgustado conmigo.

Estoy bien. Realmente.

Está bien entonces - son las cuatro en punto. Terry debe estar levantado en cuestión de dos horas. Tal vez puedas dormir algo más.

Haré un intento. Muchas gracias.

No lo menciones. Te veré más tarde.

Candy había dejado encendida la luz del cuarto de baño, y cuando Miranda había pasado a través de la pesada cortina en un extremo del cuarto, Candy giró hacia su silencioso compañero. Terry estaba acostado de espaldas con su cabello desparramado en la almohada. Sus labios estaban ligeramente separados, sus ojos cerrados, su pecho quieto. La ausencia de ese subiendo y bajando, el diminuto movimiento de la vida, era muy inquietante. ¿Sabía él que ella estaba allí? ¿Soñaba? ¿Estaba verdaderamente dormido, o estaba simplemente inmóvil, como una víctima de parálisis? Casi había olvidado por lo que había luchado. Acarició su cabello, besó sus labios frescos. Recordó lo que habían hecho juntos, y un rubor se difundió por su cara.

Lo que Neil le había hecho a ella, cuando la había atacado años antes, no calificaba como sexo. Había sido un asalto, usando su órgano sexual como arma. Lo que ella había hecho con Terry había sido realmente sexual, haciendo el amor, sexo. Había sido íntimo y primitivo y maravilloso. Neil la había convertido en el cascarón vacío de un ser humano de la noche a la mañana. En el curso de algunas semanas, Terry la había ayudado a convertirse en una persona llena otra vez. Ella no iba a acobardarse solamente porque él estaba muerto una parte del tiempo.

Entonces, cuando la oscuridad cayó, Candy se aseguró que su brazo estaba a través de su pecho, su pierna descansando sobre la de él. Repentinamente ella supo que él estaba despierto. El siguiente segundo, su cuerpo reaccionó.

Buenas tardes para ti, también – dijo ella, se sobresaltó e intrigó por su presteza instantánea.

¿Dónde está Miranda? - preguntó él su voz tranquila un poco borrosa de sueño.

Le dije que podía irse. Estoy mejor - sus ojos se ampliaron mientras recordaba.

Muéstrame - exigió.

Tú pareces estar listo para cualquier otra cosa – sugirió la rubia, atreviéndose mover su mano por su abdomen en una forma tentativa.

Tengo que ver tus heridas primero - dijo - Aún no debería ser… es tu olor .

¿Oh? - ella trató de sonar insultada, falló.

Simplemente el olor a ti. Tu piel, Tu cabello. Me endureces - no era un cumplido que ella alguna vez había llegado a tener, pero podía ver la prueba de su sinceridad.

De acuerdo, revísame - ella dijo suavemente, y se rindió. Terry se apoyó en un codo, y su mano izquierda comenzó a revolver su cara en todas direcciones.

Fue mi culpa, - dijo, su voz contenida pero no exactamente calmada - No debería haberme detenido a echarle llave al estudio.

El único culpable es Neil – comentó ella - He jugado ese juego de la culpa demasiados años. No necesitamos iniciarlo una vez más. Durante el primer año después que me atacó, pensé, ' ¿Qué si no hubiese traído puesto ese vestido verde? ¿Qué ocurre si no lo hubiese dejado agarrarme la mano? ¿Besarme? ¿Bailar lento conmigo? ¿Fue mi culpa por verme bonita? ¿Fue mi culpa por tratarle como lo haría con cualquier cita que me gustaba? No. Fue su culpa, por tomar una típica salida de adolescente y convertirla en la cita infernal - los dedos de Terry agarraron su barbilla amablemente y giraron su cara hacia el otro lado para poder examinar sus magulladuras. Besó una en su mejilla, y luego sacó la manta para mirar su cuerpo. Ella tuvo que impedirse a sí misma cubrirse con la manta otra vez. Este nivel de intimidad era genial y muy excitante, pero seguro no estaba acostumbrada.

Esto es lo más cerca de alguien que he estado en años, - dijo. - Incluso no he visto a un doctor que mire tanto de mí - entonces se dijo a sí misma que se callase. Estaba balbuceando.

Nadie debería ver tanto de ti, - dijo distraídamente. - Nadie excepto yo - sus dedos, más blancos incluso que su piel de magnolia, acariciaron una oscura magulladura en sus costillas. - ¿Cuán herida estás?

Estoy bastante tiesa y adolorida, - admitió. - Creo que todos mis músculos están tensados, y luego, cuando me golpeó... - tocó su costado gentilmente, su mano muy cerca de su pecho.

¿Podrás bailar esta noche? Necesitamos llamar a Mireya y cancelar si no eres capaz. Ella puede mandar a Andréu y Anlluly a hacerlo - él todavía estaba duro, listo para ella. Tuvo un momento difícil recordando sus músculos lastimados.

No sé - dijo, haciendo un intento para no sonar tan jadeante como se sintió.

Gira, - dijo, y obedientemente ella giró. - ¿Cómo está tu espalda? – la ojiverde movió sus hombros experimentalmente - se siente bien – sus dedos rastrearon su columna vertebral, y ella se quedó sin aliento. Su mano acarició su cadera.

No pienso que tenga moretones allí - dijo, sonriendo en la almohada.

¿Qué acerca de aquí? - su mano viajó.

Allí, tampoco.

¿Aquí?

¡Oh, no! ¡Definitivamente no allí! - entró en ella desde atrás, sosteniéndose arriba así su peso no apretaría sus costillas afectadas.

¿Allí? - le preguntó, con travesura en su voz haciendo que algo en su corazón se volviese suave y mullido.

Mejor… masajea… eso, - dijo ella, terminando en una boqueada.

¿Así?

Oh, sí… - después que se habían deleitado en el brillo siguiente por unos treinta felices minutos, Candy dijo: - Odio traer esto, pero tengo hambre.

Terry, picado por su negligencia, brincó de la cama en un movimiento gracioso antes que Candy supiese qué ocurría, él la había levantado de la cama, salvaguardadota en una silla, y sábanas limpias estaban en la cama y las usadas embutidas en una cesta. Había abierto la ducha para ella y le había preguntado qué clase de comida le gustaría comer

Lo que sea que halla por los alrededores, - dijo. - Eso es lo que yo amo de la ciudad. Siempre hay comida a una distancia que se puede recorrer a pie.

Cuando salgas de la ducha, estaré de regreso con comida para ti, - él prometió.

No has comprado comida en años, ¿correcto? – comentó y el hecho de su edad la golpeó en cierto modo que no lo había hecho antes. Él negó con la cabeza. - ¿Te molestará?

Tú lo necesitas, yo lo proveeré.

Ella clavó los ojos en él, sus labios se apretaron pensativamente. Él no sonó como un debilucho que estaba desesperado por una mujer. No lo dijo como un loco controlador que quería supervisar hasta el mismo aire que su enamorada respiraba. Y él no dijo eso como un aristócrata que estaba acostumbrado a hacer a otros cumplir sus órdenes.

De acuerdo, entonces, - dijo ella lentamente, todavía pensando - me daré una ducha.

El calor del agua y los minutos de privacidad fueron maravillosos. Ella no había estado cerca de ningún hombre en un uno a uno por algún tiempo, y ser precipitada en una relación tan íntima era realmente una sacudida. Una agradable, pero inquietante sacudida.

Tener su cabello y cuerpo limpio hizo maravillas a su espíritu, y a la luz de la determinación de Terry de proveer para ella, se encontró un par de sus pantalones vaqueros en los que ella podía introducirse con dificultad. Enrolló las bota mangas y encontró una remera estampada con calabazas descoloridas para ponerse. Era bastante obvio que no llevaba puesto sostén, pero no supo dónde estaba su sostén. Candy tuvo la terrible convicción que estaba todavía en el estudio, lo cual sería una completa declaración para los otros bailarines. Dejó el dormitorio y salió fuera a la cocina/oficina/sala de estar para esperar a Terry. Era pequeña y limpia, también, y tenía un par de estrechas ventanas a través de las cuales podía ver que los pies de las personas pasar. Por primera vez, se percató que Terry tenía un apartamento de sótano.

Poco después, entró con dos bolsas llenas de comida.

¿Qué tanto de esto comes? - preguntó. - Encuentro que lo he olvidado - Había traído china, que ella amaba, y había comprado bastante, como para cuatro. Afortunadamente, había tenedores y servilletas en las bolsas, también, pues Terry no tenía cosas así.

Terry – lo llamó ella, porque disfrutaba decir su nombre - Siéntate mientras como, por favor, y cuéntame sobre tu vida… la parte de vampiro - ella sabía cómo se veía su cara cuando se convirtió, pero no sabía nada acerca de su vida después de que se dijeron adiós. En su mente, esto estaba lejos del equilibrio.

Mientras estaba en Lakewood - dijo - miré a través de las ventanas de tu tía. Curiosidad, eso es todo. En la sala de estar, ella miraba perdidamente hacia una enorme vitrina que ocupaba una pared entera.

Todas mis cosas - dijo ella, suavemente.

Las coronas, los trofeos, los listones.

Oh, Dios mío, ¿todavía tiene todo eso? Eso es...triste. No sabía que le importaba de ese modo

¿Por qué me comentas todo esto cuando pedí saber más acerca de ti?

Tú eres la realeza americana, - dijo él, suministrando el enlace. Ella soltó una carcajada, pero no como si tuviera realmente gracia. - Lo eres, - dijo firmemente. - Y sé que le has oído a Mireya decir que era un aristócrata y tú misma debes recordarlo, pero eso es un chiste para mí. Mi padre me desheredo, después de nuestra despedida deje el teatro y vagabundeé por Chicago, trabajando en los peores lugares que puedas imaginarte. – hizo una pausa y dudó, no sabía si ella lo recordaba –además después de convertirme yo… Candy – besó su mano y agacho la cabeza, ella supo que estaba llorando, sus lágrimas eran rojas, eran de sangre – te asesiné.

Espacio para charlar

¡Oh! Qué interesante, jajaja, este giro no me lo esperaba, de hecho no iba a hacer muchos cambios a la historia original (de hecho no los hice, jaja), pero de pronto se me ocurrió una idea para darle un giro, espero que les agrade tanto como a mí me gusto la historia original (la cual esta publicada en un dizque grupo que cree para conocer personas que gusten de la saga Vampiros Sureños o la serie basada en la misma, True Blood, (Yo quiero que se quede con Bill!!!!) si alguien quiere los nueve libros (aunque por tiempo solo he publicado hasta el 4, pero tengo todos, jaja), y que yo recomiendo muchísimo, esta es la dirección: )

Por otro lado mañana terminó de publicar este fic, el cual fue únicamente creado para la ocasión (Noche de Brujas, booo, booo) y quiero agradecerle a todas las chicas que lo han leído (y aprovechado para recordarme que Un día a la vez, La muerte del abismo y ¿Es el destino? no han sido actualizados desde hace una eternidad, O_o, en los próximos días terminaré los dos últimos y el primero, bueno… es un capítulo muy largo así que quizá lo divida para publicar lo antes posible, les pido paciencia, de nuevo), especialmente a: Elhyzha, Magaly, Giambonne, Maria Elizabeth, Lady Lore Granchester

Ceshire…