Capítulo 9
La revelación de Terry no solo la dejo sorprendida, sino que su cara se iluminó con interés.
¿Lo recuerdas? – preguntó ella apretando sus manos fuertemente, si él hubiera sido humano se habría quejado por el dolor.
La noche que te besé – él también pareció sorprendido por su reacción – antes de eso era muy poco lo que podía recordar de mi vida humana, pero… tus labios, tu sabor, al momento de tocar tu boca con la mía me invadió el recuerdo de nuestro primer beso en Escocia, después, poco a poco fui recordando lo demás – él la miró con el seño fruncido – Deberías comer ahora, no te traje la comida para que la dejes enfriarse – la rubia volteó su cara para ocultar su sonrisa y tomó el tenedor – cuando nos dijimos adiós esa fría noche de invierno, se me fueron las ganas de vivir. Sentí que todo lo que había logrado no valía la pena porque todo lo hice pensando en que cuando triunfará tú estarías ahí para compartirlo. Así que después de eso abandoné el teatro y a Susana. Fui a Chicago con la intención de buscarte, pero no me atreví. Actué en una carpa de mala muerte, donde al productor no le importaba si actuaba cayéndome de borracho. Me denigré a mí mismo cada día que pasaba – él estaba avergonzado, pero ella le sonrió para darle confianza – Una noche, mientras interpretaba al peor Romeo del mundo, tú imagen me saco de la profunda borrachera y di una excelente interpretación. Al final de la obra ya no pude distinguirte, pero el productor se interesó en mi…él era un hombre muy extraño.
Supongo que resulto ser un vampiro.
Sí. Sí, lo era. Sus hábitos parecían muy peculiares, pero entonces, no cuestionaba al hombre que me daba trabajo, cuanto más si era un hombre generoso que trataba bien a las personas. Viajaba mucho, también, así que nadie podría preguntarse demasiado – se acercó a la mesa para acariciar su cabello – las pocas semanas que estuve trabajando para él se hizo evidente que había algo más en su excentricidad. Una noches antes de que me transformara me di cuenta de que bebía un poco de las mujeres con que se acostaba – comentó Terry - las complacía muchísimo, pero la mayor parte de ellas quedaban débiles al otro día. Él tenía fama de ser un gran mujeriego, claro está, ninguna mujer soportaría el embate de su necesidad.
¿Qué sucedió?
Aquella noche, después de la obra, él me pidió que fuera a su oficina, estaba conversando conmigo sobre mi futuro actoral cuando llamaron a la puerta. Era el esposo de una de las mujeres que sedujo, además las personas de los alrededores empezaron a sospechar que algo malo pasaba en esa carpa. El productor, Benedick, era su nombre, nunca iba a la iglesia, no podía estar levantado durante el día y otros hombres se quejaron de que sus mujeres tenían marcas de mordiscos. Esa noche fueron por él, y Benedick se volvió, me miró largamente y me dijo: "Terry, lo siento, debo comer para poder escapar" y luego estaba sobre mí – Candy había perdido las ganas de comer, se limpió la boca con la servilleta y posó su mano sobre la de Terry - Me dio algunos tragos de su sangre después de que me había agotado - dijo Terry, quedamente - después me dijo: "Vive, si tienes las agallas para hacerlo, muchacho" y luego se fue. Las personas en la puerta entraron por la fuerza para registrar la carpa, y me encontraron. Estaban seguros que estaba muerto. Estaba pálido; había sido mordido, y no podían oír mi corazón. No podía hablar, por supuesto. Así que me enterraron.
Oh, Terry, - dijo, con horror y piedad en su voz.
Por suerte, me enterraron de inmediato - dijo enérgicamente. - En un ataúd podrido. Quedé fuera de la luz del sol, y la tapa fue fácil de atravesar cuando me desperté - él se encogió de hombros. - Querían terminar con el trabajo, así es que no me habían puesto muy profundo. Y pusieron una guardia en el cementerio de la iglesia, para ver si me levantaba. Otro golpe de suerte. Las personas no sabían mucho acerca de vampiros entonces como cien años más tarde.
¿Qué hiciste después de eso?
¿Qué hice? – la miro intensamente – ¿qué hiciste tú, Candy? ¿Por qué seguías en ese horrible lugar?
Era por Albert, él se fue. Estaba preocupada y salí a buscarlo. Sí, estuve en el teatro, Terry – le sonrió ligeramente – pero no me atrevía a encontrarte porque no quería que te sintieras avergonzado, después de esa noche permanecí en el pueblo dos días más debatiéndome entre volver a verte o alejarme de nuevo. Al final fui a la carpa, pero unas personas la custodiaban y me dijeron que todos los que trabajaban ahí habían desparecido, muerto o escapado. Di media vuelta con al intención de irme y en eso…
Te vi… no era razonable en ese momento, tenía mucha hambre, dos días en la tumba provocan eso. No tenía a nadie para decirme qué hacer, cómo hacer lo que sabía que debía hacer, Benedick se había ido y tú apareciste de la nada, yo trate de contenerme.
Me dio un gran shock cuando te vi… no era el Terry que yo conocía, me diste mucho miedo cuando saltaste sobre mí y me mordiste.
Perdóname, de verdad no pude contenerme. Cuando me di por satisfecho, te miré horrorizado, te quedaba un hilo de vida.
Me pediste perdón y en tus ojos vi reflejado tu deseo, te dije "No, Terry, no quiero ser eso, déjame morir y encontraré la forma de volver a ti" – hubo un largo momento de silencio – ¿cómo te las ingeniaste después? – preguntó la rubia.
Después de culparme por lo que te había hecho, traté de contenerme demasiado, el segundo hombre que tomé no sobrevivió, ni el tercero y creo que el cuarto tampoco. Me llevó tiempo aprender cuánto debía tomar, cuánto tiempo podía mantenerme alejado del hambre antes de que me hiciera hacer algo de lamentaría, como contigo - Candy apartó a la fuerza su comida.
¿Lo viste alguna vez de nuevo? - preguntó, porque no podía pensar qué otra cosa decir.
Sí, le ví en París diez años más tarde.
¿Cómo fue?
Él estaba en una taberna – dijo Terr yo, su voz muy inexpresiva.
¿Le hablaste?
Me senté frente a él y lo miré.
¿Qué dijo él?
Ni una palabra. Nos miramos por un par de minutos. No había nada para decir, realmente. Me levanté y salí. Esa noche, decidí que aprendería a bailar. Lo disfrutaba más que cualquier cosa, y ya que tenía siglos por llenar y ningún orgullo a ser desafiado, decidí aprender todo acerca de bailar. Los hombres bailaron entonces, casi todos los hombres. Era una habilidad social necesaria si eras de clase alta, y podía ir de un grupo a otro, actuando como Benedick cuando quise aprender bailes de salón, y como de mi clase cuando quise aprender algunos pasos folklóricos. Hace cinco años cuando los vampiros hicieron su aparición pública, conocí a Andréu, me llevo a un bar nocturno, en ese lugar conocimos a Mireya y después de algunas semanas de planeación decidimos levantar la agencia.
¿Eres socio? – preguntó muy sorprendida, él se encogió de hombros.
Sí, y también Andréu, Abilene y William, fuimos los primeros en unirnos a la agencia, después de un par de años Mireya fundó Silver Moon y ahora somos 15 vampiros. Al principio nadie cree lo que somos, pero les gusta vernos, satisfacer la morbosidad, supongo.
Ambos se relajaron, era un pasado bastante tormentoso para ambos, pero no querían que algo así se interpusiera en su armonía, ahora no, quizá después lo tratarían con cabeza fría. Candy tomó de nuevo su tenedor y comió. Gradualmente Terry se relajó en su silla y se quedó callado. Cuándo ella estuvo segura que él se había recobrado de su historia, dijo:
Tengo que alimentar al gato. Necesito ir a mi apartamento.
Pero no puedes quedarse allí - dijo Terry, rígidamente.
¿Entonces donde?
Aquí, claro está. Conmigo.
Ella hizo lo mejor que pudo para no recorrer con la mirada el diminuto apartamento. Probablemente podría acomodar sus libros y ropa en alguna parte, pero tendría que descartar todo lo demás que había adquirido con tanto esfuerzo. ¿Cómo podían coordinar sus vidas tan diferentes? ¿Cuánto de su sentimiento por ella era piedad o añoranza por el pasado?
Él podía leer exactamente su estado de ánimo.
Vamos, busquemos tus cosas. Si estoy en lo correcto, perdiste un día de clase. Necesitarás ir mañana si eres capaz. ¿Puedes caminar? - Se movía lenta y rígidamente. Terry le puso calcetines en los pies y ató sus botas. Había algo tan práctico y tan cuidadoso acerca de la forma que hizo una tarea tan cotidiana que ella se sintió emocionada en una forma inesperada. Ella pensó mientras Terry se alistaba para salir, y para cuando estuvieron fuera en la noche, ella se sintió muy alegre. Estaba deseando muchas conversaciones con Terry, él podría contarle sobre ropas y patrones de discurso y buenas costumbres sociales de los decenios que había experimentado. Podría escribir algunos trabajos interesantes, con seguridad.
A ella le gustaba escuchar a Terry hablar. Amaba cuando la besaba. Amaba la forma en que la hacía sentir como – bueno, como una mujer que era buena en la cama. Y amaba la forma en que la llevaba cuando bailaban, el respeto en el que parecía sujetarla. ¡Cómo había cambiado Terry en todos esos años!
Ahora, caminando a su lado, se sentía contenta. Aunque su vida había sido sacudida y su cuerpo estaba lastimado de una paliza, ella estaba calmada y tranquila, porque tenía a Terry. Amaba cada facción de su rostro, su fuerte cuerpo blanco, su extraña boca, y su talento para bailar.
Él había hecho cosas maravillosas para ella. Pero no le había dicho que la amaba. Sus ojos azules se fijaban en su rostro como si fuese la mujer más bella en el mundo, y eso debería ser suficiente. La forma en que le hizo el amor decía que pensaba que ella era maravillosa. Eso debería ser suficiente. Sospechaba que cualquier hombre se reiría de ella por preguntarse, pero ella no era un hombre, y necesitaba oír las palabras – sin haberlas pedido.
Al siguiente segundo fue jalada bruscamente de sus pensamientos por una vista inesperada. Había mirado hacia arriba a sus ventanas del apartamento automáticamente, de la mitad de la cuadra, y había recibido una sacudida.
La luz de mi apartamento está encendida - dijo, deteniéndose sobre sus pasos - la luz del techo.
¿No la dejaste encendida anoche?
No. Los cielos rasos son altos, y es difícil para mí cambiar las bombillas. Dejo la pequeña lámpara de mi cama.
Veré – dijo Terry, apartándose de su mano amablemente. No se había percatado que lo había estado agarrando del brazo.
Oh, por favor, no vayas por la puerta - dijo - Él podría estar esperándote.
Soy más fuerte que él respondió Terry, impaciente.
Por favor, al menos trepa por la escalera de emergencia, al costado del edificio - Terry se encogió de hombros.
Si te hace feliz .
Ella avanzó pegada al edificio y observó a Terry acercarse a la escalera de emergencia. Decidió lucirse en el último momento y escaló la pared de ladrillo, usando los espacios diminutos entre ladrillos como sostén.
Candy estaba impresionada, era seguro, pero también estaba desconcertada. Era desagradable, como observar a un insecto gigante trepar. En muy poco tiempo, Terry alcanzó el nivel de la ventana y se balanceó sobre la escalera de emergencia. Miró con atención hacia adentro. Candy no podría decir nada de su postura, y no podía ver su cara.
¡Hey, Andy! - alarmada, giró para ver a su vecino más cercano, una artista de teatro de medio tiempo que se llamaba a sí misma Kinshasa, había llegado al lado de ella. - ¿Qué se trae entre manos ese tipo?
Está mirando dentro de mi apartamento - dijo simplemente.
¿Qué estabas haciendo anoche? Sonaba como si hubieses decidido reacomodar el lugar entero.
Kinshasa, yo no estaba en casa anoche - Kinshasa era alta y con rastas, y traía puestas grandes gafas de borde rojo. No era alguien que pasases por alto, y no era alguien que evitase las verdades desagradables.
Entonces alguien más estaba en tu lugar, - dijo - ¿Y tu amigo está inspeccionando para ver lo que sucedió? - Candy asintió con la cabeza.
Supongo que debí llamar a la policía anoche cuando oí todo ese ruido - la alta mujer dijo infelizmente - pensé que te estaba haciendo un favor al no llamar a la policía, pero en lugar de eso fui una típica vecina de la ciudad grande. Lo lamento.
Fue bueno para ti que no golpeaste mi puerta – dijo Candy.
Oh. ¿En serio, huh?
Las dos siguieron observando cuando Terry bajó por la escalera de emergencia en una forma muy mundana. Se veía infeliz, tanto como Candy podía decir.
Terry, sin embargo ni conversador ni expresivo, era siempre educado, así que Candy supo que tenía malas noticias cuando él ignoró a Kinshasa.
No quieres regresar allá arriba - dijo - Dime lo que necesitas y lo traeré para ti - repentinamente Candy supo lo que sucedió.
Agarró a Martha, - dijo, las palabras salieron en un pequeño arranque de horror - ¿él la agarró?
Sí.
Pero tengo que – ella fue hacia la puerta del edificio, pensando acerca de todas las cosas que necesitaba, que tenía que encontrar una caja para el peludo cuerpo, la pena cayendo sobre ella en una ola.
No - ordenó Terry dijo - No regresarás allí.
Tengo que enterrarla – explicó Candy, tratando de apartar su mano de su brazo.
No. - Candy se quedó mirándolo desconcertada.
Pero, Terry, tengo que ir. - Kinshasa dijo:
Cariño, no quedó mucho para enterrar - Candy apenas podía aceptar eso, pero su mente saltó a otras preocupaciones.
¿Mis libros? ¿Mis notas? - preguntó, tratando de amortiguar la magnitud del daño.
No utilizables.
¡Pero faltan cuatro semanas del semestre! No hay forma ¡tendré que darme de baja! - los libros habían costado casi seiscientos dólares. Había obtenido tantos como podo de segunda mano, por supuesto, pero a esta altura, ¿podría encontrar más? Al menos tenía sus zapatos de danza. Algunos estaban en un rincón de Golden Sun Enterteiment, y el resto estaban en el bolso que había llevado con Terry. La mente de Andy corrió a toda prisa de pensamiento en pensamiento como un ratón atrapado en una jaula. - ¿Ropa? - dijo entre dientes, antes que sus rodillas colapsasen.
Algo puede ser recuperable - murmuró Terry, pero sin gran convicción. Él se inclinó a su lado.
Conozco algunas personas que pueden limpiar el apartamento – sugirió Kinshasa - Recién llegan de África. Necesitan el dinero - ésta fue una ayuda inesperada.
Pero es tan horrible allí dentro - aclaró Terry y las lágrimas comenzaron a correr por el rostro de Candy.
Cariño, comparado las tumbas masivas y la matanza que han tenido que limpiar en su país, esto será un café para ellos.
Tienes razón en darme una perspectiva – dijo Candy, su columna enderezándose. Kinshasa se vió como si no había pretendido nada de eso, pero se mordió el labio y se mantuvo en silencio. - Qué ridícula. No me atrapó en ese apartamento, o hubiese terminado como la pobre Martha - Candy se ingenió para sostenerse y verse orgullosa por diez segundos, antes que el pensamiento de su amada gata la hiciese sufrir un colapso.
Lo mataré por ti, cariño, - dijo Terry, sosteniéndola cerca.
No, Terry, - dijo - Deje a la ley hacerlo.
¿Quiere llamar a la policía?
¿No tenemos que hacerlo? Él habrá dejado huellas digitales.
¿Qué ocurre si trajo guantes?
¿Yo lo dejo salirse con la suya pegándome anoche, y qué hace él? Viene aquí y mata a mi gata y arruina todas mis cosas. Debí llamar a la policía anoche.
Tienes razón, - Kinshasa dijo. - Llamaré de mi departamento ahora mismo .
Terry no dijo nada, pero se vio escéptico.
La policía fue mejor, más amable, de lo que Candy esperada. Sabía lo que significaba. Su apartamento debía estar completamente ensangrentado. Terry le dijo todo al detective, Wallingford, que él podría decir lo que faltaba.
No necesita ir allá arriba – le dijo Wallingford a Andy – Si este tipo lo puede hacer por usted - Terry y Wallingford se acercaron al apartamento, y Candy bebió una taza de chocolate caliente que Kinshasa le trajo. Candy se encontró a sí misma pensando, "he tenido amigos alrededor de mí todo el tiempo, si justamente hubiese mirado"
Cuando Terry reapareció con una bolsa de basura llena de ropas rescatadas, le contó a Candy que la única cosa que estaba seguro faltaba era su libreta de direcciones.
¿Mi dirección estaba allí? - le preguntó quedamente.
No - dijo ella - Tal vez tu número de teléfono. Pero no sabía dónde vivías hasta anoche.
El policía dice que puedes irte ahora. Volvamos a mi casa - después de una pausa inquieta, él continuó. - ¿Piensas que puedes bailar esta noche? Es casi demasiado tarde para pedir a Mireya un equipo de reemplazo.
¿Bailar esta noche? - ella lo miró mientras caminaban, su rostro en blanco - ¡Oh! Se supone que estemos en el museo esta noche!
Baile de salón. ¿Puedes hacerlo?
Si hay un vestido en el estudio que pueda traer puesto - aunque ella tuvo que retorcer sus pensamientos lejos de su destruido apartamento, sería un alivio pensar acerca de cualquier otra cosa. Bailarían un poco de vals, harían un número bailable para - Puttin ' en el Ritz - . Habían hecho lo mismo varias veces antes. Era una rutina que complacía a la gente mayor, que probablemente eran los benefactores del museo.
Preguntaron por nosotros específicamente, - dijo Terry, pero entonces frunció el ceño, como si hubiese algo acerca de la idea que no le gustó.
Entonces tenemos que hacerlo – comentó Candy. Estaba tan entumecida, no podía poner en palabras lo que sentía. Cuando Terry abrió el estudio, insistió en que esperase afuera mientras él comprobaba primero, y ella lo hizo sin chistar. Él la condujo adentro, mirándola a los ojos, preocupado, tratando de medir su capacidad - Además – siguió Candy Andy - Necesito el dinero. No tengo nada - la enormidad de la idea le pegó. - No tengo nada.
Me tienes a mí.
¿Por qué? – preguntó ella - ¿Por qué estás haciendo esto?
Porque me importas.
Pero - dijo, disgustada - soy tan débil. Mírame, cayéndome a pedazos – como si no pude anticipar que esto ocurriría. - ¿Por qué incluso tenía un gato? Debería haberlo sabido.
¿Deberías haber sabido que no debes amar algo porque te lo podría quitar?
No, debería haber sabido que él echaría a perder cualquier cosa que amase.
Vamos – dijo Terry, su voz era dura - vas a ponerte el vestido bonito aquí, y voy a hacer algunas llamadas telefónicas.
El vestido era el más pálido de los rosados. Sin tirantes, con una falda llena. En la bolsa encontró panties a juego, y una enagua de un rosado más pálido. Había medias altas en el cuarto de trajes, y Candy se puso un par. Su bolso de zapatos estaba allí, a Dios gracias, desde que ella se había ido enojada la noche antes, y contenía los zapatos neutrales de carácter de T-Strap que satisfacerían el programa.
Terry, quien había terminó sus llamadas telefónicas, se ponía los pantalones negros de baile y una camisa blanca. Abotonó un chaleco negro y añadió sus zapatos de baile al bolso de Candy. Mientras abotonaba el chaleco, sintió un cepillo en su cabello.
¿Lo trenzo? – preguntó ella, su voz tan baja que fue apenas audible.
Por favor.
Con la eficiencia nacida de años de cambiar peinados rápidamente, Candy tuvo su cabello viéndose suave y liso en un momento.
¿Dejarás el tuyo suelto? - Terry preguntó. - Se ve hermoso como es - Candy rara vez le dejaba su largo cabello sin atar para una actuación, pero él pensó que su color destacaba bellamente con el rosado pálido del vestido. - Pareces una flor - dijo, en baja voz con admiración. - Serías maravillosa no importa como te veas, pero tu belleza es un bono - Ella trató de sonreír, pero vaciló en sus labios. Estaba demasiado triste para apreciar su cumplido.
Es lindo oírtelo decir entonces, - tenemos que irnos. No queremos llegar tarde.
