Capítulo II: Descubrimiento.
Nunca le había gustado pensar con claridad en la mañana; prefería levantarse a su propio ritmo, desperezarse, comer un par de chocolates y recién entonces poner su mente en funcionamiento. Que lo obligaran a deducir y suponer cuando apenas despertaba lo sacaba de quicio; pero claro, nunca antes se había encontrado en una situación similar a aquella…Near y él juntos en una cama, y Matt mirándolos horrorizado, como si acabaran de cometer un homicidio agravado. Aunque…la idea de haberse vuelto un asesino era mucho más favorable en comparación a la otra idea que había tenido al ver a un Near tan desarreglado a su lado. Tan preocupantemente desaliñado, con la camisa a medio abrir y los cabellos desordenados por completo. Tan…sugerente.
–Near…dime…dime qué ocurrió anoche –sintió la desesperación corriéndole por las venas– ¡Dímelo, Nate!
El albino apenas inclinó la cabeza, mirando a su "enemigo" con cierta curiosidad. Como si estuviera analizándolo mentalmente…lo cual siempre enfurecía a Mello; y aquella vez no era la excepción. El rubio lo sujetó por los hombros con violencia, agitándolo de un lado a otro; su expresión no denotaba ninguna felicidad, mas, como era de esperarse, eso parecía ser indiferente para el otro.
–¡Near, respóndeme!
–¿Near? –apremió Matt, interrumpiendo la ira de su amigo.
–Mmm… –Near se levantó de la cama, abotonándose la camisa descolocada– Nada demasiado importante. Olvídate de esto, Mello. Por tu bien.
El rubio se puso en pie y lo sujetó del brazo, obligándolo a voltear y mirarlo a los ojos. Aquellos enormes ojos negros no parecían alterados, a diferencia de la mirada desesperada que lucía él.
–Vas a decírmelo, Near. Ahora.
El pequeño se apartó de él, aunque sin intención de romper el contacto visual.
–No quiero.
–¿Q…qué? –inquirió Mello, sin poder dar crédito a sus oídos.
–Que no voy a hacerlo, Mello.
–¡¿Por qué no?! –volvía a ser presa de una furia incontenible.
–Porque no es conveniente para ninguno de los dos –se dirigió a la puerta, dispuesto a irse– Y yo en tu lugar…no volvería a probar el alcohol. Nunca.
Y sin siquiera dar una oportunidad de réplica, Near desapareció detrás de la puerta. Los mejores amigos intercambiaron miradas, en un silencio sepulcral; era evidente que las palabras sobraban en aquellos instantes. Ambos se encontraban demasiado ocupados como para charlar, divagando acerca de la noche anterior; ¿qué habría hecho Mello como para que Near actuara así? ¿Qué pudo haber sido tan grave como para que el albino no quisiera ni recordarlo? ¿O acaso sólo estaba jugando con ellos? Miles y miles de dudas relacionadas surgían constantemente en sus cabezas, todas ellas sin respuestas. Porque el único que sabía la verdad se había negado a declararla, dejando a un desesperado Mello en blanco; con la mente tan bloqueada como desorganizada.
–Matt… –el pelirrojo lo miró, aun con una expresión torcida en el rostro–Tú…¿tú qué crees que…que haya ocurrido anoche, eh?
–¿En verdad quieres saberlo, Mello? –inquirió, alzando una ceja. El rubio se dejó caer sobre la cama, tapándose la cara con ambas manos– Mello…
Irritado, el joven volteó hasta quedar boca abajo, enterrando el rostro en el almohadón. El simple hecho de pensar en Near y él…en ellos…haciendo…no podía tolerarlo. Ya fuera por la enorme resaca que tenía o por su situación, era indudable que jamás se había sentido peor en toda su vida.
–¡Sé positivo! No es algo tan malo, Mello –Matt se sentó a su lado, intentando consolarlo– Además…no entiendo qué es lo que te pone tan mal, si el otro día me confesaste que Near te parecía…
–¡Cállate! –interrumpió el otro súbitamente, incorporándose de un salto– ¡Ni te atrevas a decirlo!
–Pero...no te entiendo, Mello. ¡Me dijiste que te parecía lindo!
Mello se abalanzó sobre él, en un intento de taparle la boca y callarlo. Desesperado, miró hacia su alrededor, en busca de Near o cualquier otro niño que estuviera merodeando por allí; tan sólo se apartó cuando hubo comprobado que eran los únicos por allí, dejando a Matt respirar al fin.
–¡¿Y a ti qué te pasa, eh?! –chilló el adicto a los videojuegos, hasta que lo miró a la cara– Mello…recién…¿estabas llorando?
Mello se llevó las manos al rostro; al notar la piel húmeda debajo de sus ojos, se secó las lágrimas con ferocidad, avergonzado.
–N-no…¡claro que no estaba llorando!
–¡Sí lo estabas! Pero…no entiendo…¿por qué estás tan…tan así?
El rubio suspiró, en un gesto de resignación.
–Porque imaginarme estando con Near me es…desagradable, ¡repugnante!
–Eso… –la expresión de Matt se tornó en una descarada– O el que ni siquiera eres capaz de recordar tu primera vez con el amor de tu vida.
–¡Cierra el pico, idiota! –gritó Mello, atinándole un golpe en la cabeza.
–¡Ya, ya, me callo! Tonto…
–¡Te escuché! –se irguió, enfurecido cual fiera, y comenzó a dar vueltas por la habitación–Aunque todo indique que Near y yo tuvimos…bueno, eso, no podemos estar seguros de que así fue en realidad. Tal vez sólo esté jugando conmigo…¡sí, eso debe ser!
–¿Y por qué Near jugaría contigo, eh? –rodó los ojos– Si hay algo que a él no le falta, eso es inocencia. No sería capaz. Mello…lamento tener que decírtelo, pero anoche debías de estar embriagado en exceso y, no digo que lo hayas hecho a sabiendas, pero tal vez lo perver…
–Como termines esa frase, Matt –lo interrumpió su amigo, con una voz que al pelirrojo le erizó los cabellos de la nuca–, hoy desparece tu colección entera de videojuegos, ¿entendido? ¡Yo jamás, nunca, pervertiría a Near! ¡No vuelvas a inquirirlo, nunca! ¡Nunca!
–Cálmate… –Matt se levantó de la cama, dispuesto a irse de allí–Te dejaré en paz, si tanto incordio.
–No finjas que estás ofendido; por lo menos no ahora. Necesito tu ayuda.
El aludido rió, incrédulo.
–¿Mi ayuda? ¿Para qué?
Mello se acercó a él, decidido. Costase lo que costase, averiguaría qué diablos había ocurrido la noche anterior. Por su orgullo; y, claro…por pisotear a Near también.
–Para averiguar qué sucedió anoche, Matt. Para eso.
–¿Y quieres decirme cómo piensas hacer eso?
–Yo… –Mello desvió la mirada hacia otra parte, pensativo– Vamos a idear un plan para descubrir a Near. Y vamos a hacerlo esta misma noche.
No tenía explicaciones, y eso era algo que le molestaba. No sabía el por qué de haberle dicho lo que dijo, no podía justificar su comportamiento con Mello aquella mañana. Tan sólo había sido un impulso, un impulso de jugar con él demasiado tentador como para rechazarlo; ¿venganza, tal vez? Y si así era, ¿de qué? ¿De cómo Mello lo había tratado durante toda su vida? Y si no era sed de venganza lo que lo había llevado a mentir…¿entonces qué? Fuera la razón que fuera, en aquellos momentos lo único que importaba era que estaba hecho, y ahora Mello se desviviría intentando adivinar qué es lo que habían hecho la noche anterior. Dormir, tan sólo eso; pero Near ya había sembrado en él la duda, y el rubio no pararía hasta encontrar la respuesta.
Ya era tardía la noche en Wammys House. El albino jugaba con sus robots mientras divagaba acerca de lo que había dicho a Mello, sin motivo aparente. Por alguna extraña razón, se sentía observado, incómodo…y en su propio cuarto. Jamás recibía visitas, por lo cual el que se sintiera así era un tanto inusual. ¿Acaso era la culpa, persiguiéndolo? No, no podía ser; no había hecho nada malo…después de todo, él se lo debía, por tanto maltrato recibido de parte de su "enemigo".
–Qué idiota soy –murmuró para si mismo, molesto por aquella incomodidad.
–Eso no es noticia, Nate –corroboró una voz a sus espaldas, ajena.
Ocultando la sorpresa debajo de una máscara de total indiferencia, el albino se volteó hacia a aquel inquilino. Mello se encontraba frente a él, observándolo desde arriba con aires de clara superioridad. ¿Qué estaba haciendo en su habitación a esas horas?
–¿Qué haces aquí, Mello? –inquirió el pequeño, manteniéndole la mirada–Por favor, dime que no estás ebrio otra vez.
El rubio estiró el brazo y sujetó el cuello de la camisa blanca del menor, con una violencia ciertamente innecesaria. Lo alzó hasta que su rostro quedó poco más debajo del suyo, con los labios fruncidos de una manera desagradable; conteniéndose de no dejarle un ojo amoratado.
–No te pases de listo conmigo, Near –siseó, con el orgullo en alto–. Sabes perfectamente que no estoy borracho.
–Y entonces, ¿qué es lo que te trae por aquí, Mello?
El aludido sonrió desafiante, si dejar de sostenerlo por la ropa.
–La verdad, Near. Quiero saber la verdad.
–No es necesario, ¿sabes? Te horrorizarías si la supieras –otra vez estaba mintiendo tan descaradamente, divirtiéndose con ello…¿qué le ocurría?
–No…no te creo –sentenció el rubio, tragando saliva–. No lo hubieras permitido. No hubieras dejado que pasase…eso.
–¿Y si me forzaste, Mello? Tienes la fuerza como para hacerlo.
El rubio frunció el entrecejo de manera exagerada, como si aquello lo hubiera ofendido o algo parecido.
–No sería capaz de hacer eso, ni siquiera estando ebrio.
–¿Por qué no? –inquirió Near.
–Pues porque… –reaccionó acerca de lo que estaba ocurriendo–¡Deja de marearme, Near, no voy a caer en tu jueguito tonto! ¡Ahora dime la verdad!
El albino se soltó de él, volviendo a apoyar los pies sobre el suelo.
–¿Y si no quiero hacerlo?
–¡Tendrás que querer si no deseas acabar con un ojo hinchado, mocoso!
–La violencia no te ayudará, Mello –como si aquello no fuera lo suficientemente entretenido para él, se sentó y comenzó a jugar con uno de sus tantos robots, enfadando así al rubio–Me gustaría saber por qué tienes tanto interés en averiguar lo que realmente ocurrió anoche.
–Entonces…¿con eso quieres decir que entonces...no tuvimos sexo? –se sorprendió al encontrarse a si mismo…¿desilusionado, quizá? No; imposible, si lo que menos querría él sería estar con aquel odioso…
–Yo nunca dije eso, Mello. Sólo tengo curiosidad por tu imperiosa necesidad de saber lo sucedido.
–Pues por razones obvias –replicó el mayor, como si fuera lo más evidente del mundo– ¿No crees que te interesaría saber lo que has hecho la noche anterior si eres incapaz de recordar dónde estuviste, siquiera?
Near produjo un impacto entre dos de sus juguetes, sobresaltando a su inesperada visita.
–Pues… –finalmente alzó la vista hacia Mello, impasible–Si la persona con la que supuestamente me habría acostado es quien yo acuso siempre de ser mi enemigo, intentaría no informarme lo que he hecho con ella, sabiendo que la respuesta podría no ser de mi agrado, sino todo lo contrario. ¿Entiendes mi perspectiva ahora, Mello?
–Sí…pero es errónea. ¡Realmente es ilógica!
Un robot golpeó a otro, lanzándolo lejos.
–No lo es, en realidad. Pero no voy a ponerme a discutir eso contigo, y menos ahora –volvió a erguirse, restándole importancia al asunto–¿Se te ofrece algo más?
Mello estaba a punto de irse de allí, rabioso como nunca antes, cuando recordó que su principal motivo de estar en aquel cuarto y en aquellos momentos aun estaba sin resolver.
–Sí –acercó su rostro al de Near, deseando atormentarlo; mas el pequeño apenas pestañó–Dime la verdad.
–De acuerdo –replicó Near–Cuando me digas tus tan desesperados motivos por saberla. No me creo que sea mera curiosidad, Mello.
–¿Sabes qué? –volvió a alzar a Nate por el cuello de la camisa, aun con más violencia que antes–Usaré tu misma técnica de distracción. ¿A ti por qué te interesan tanto mis motivos, eh? ¡Responde!
Y, como pocas veces le había ocurrido a lo largo de su vida, Near se quedó en silencio ante una pregunta. Mello había acertado; ¿qué tanto le interesaban sus razones? ¿Por qué ansiaba tanto saberlas? Si todo aquello que había hecho de manera casi inconsciente hubiera sido sólo por diversión, ya le habría confesado la sencilla verdad al rubio. Pero aun había algo que lo obligaba a seguir, a forzar a Mello a…¿confesar? ¿Confesar qué? Se sintió ofuscado, arrepentido por haberle mentido desde un principio. Si tan sólo supiera por qué lo había hecho…
–Parece que no tienes respuesta, ¿eh?
Mello lo soltó sin siquiera un previo aviso, provocando que Near cayera sobre sus juguetes, de espaldas.
–Mello…eso ha dolido.
–Me alegra mucho –se encaminó hacia la puerta apresuradamente, decidido a abandonar aquel cuarto tan propio del albino–Cuando sepas por qué tienes tanto interés en mi propio interés, házmelo saber. Hasta entonces, imbécil.
Y sin decir ni una palabra más, el mayor abandonó la habitación. Nate se levantó, frotándose desinteresadamente la espalda, cuando algo pareció haber hecho conexión dentro de su mente. Las últimas palabras de Mello volvieron a reproducirse en su cabeza..."cuando sepas por qué tienes tanto interés en mi propio interés"…interés. ¡Eso era! ¡Interés! La incomodidad en su interior pareció aflojarse, pero, a su vez, se tornó en algo aun más intolerable. Él, Near, sentía interés por Mello…estaba interesado en él. En aquella persona que lo había maltratado durante tanto tiempo. Pero…ahora todo tenía sentido; le había mentido para averiguar si en verdad lo quería, si en verdad le parecía un "chico muy mono", como había dicho él mismo la noche anterior. Quería averiguar si aquello era cierto, basándose en la teoría de que el alcohol tan sólo sinceraba a Mello…y que en verdad no estaba delirando. Y, ahora que lo comprendía, un plan perfecto había hecho aparición en su mente. Un plan sin fallos, infalible. Lo único que quedaba por hacer, ya aclaradas sus intenciones, era...
–Descubrir si Mello me ama –susurró, en medio de aquel silencio absoluto.
¡Hola! (:
Primero y principal, lamento muchísimo la demora...
Pero Diciembre resultó ser un mes bastante ajetreado.
Por otro lado...
Gracias a los que dejaron reviews, y a los que no, también. :D
¿Qué estará ideando Near?
¿Será cierto que Mello lo ama?
¿Qué pasará con ellos?
¡Nos vemos en el siguiente capítulo! ^^
Saludos, Glass Spires.
