Capítulo III: Engaño.
Paciencia. Tan sólo tenía que tener paciencia y aguardar; pero, claro, teniendo en cuenta las circunstancias en las que se encontraba, esperar resultaba algo verdaderamente difícil de hacer. Sólo cuando se había sentado en el suelo frente a sus juguetes, totalmente decidido, las dudas comenzaron a atacarlo una por una; ¿y si Mello no iba a visitarlo, como había oído? ¿Y si su plan no funcionaba y el rubio lo descubría? ¿Qué iba a decirle, la verdad? Y si mentía, ¿qué debía decir? Comenzó a repasar lo planeado…realmente no era un plan excelente, ni propio de él. Por el contrario, se humillaba a si mismo y lo haría aun más si Mello se daba cuenta de lo que tramaba. ¿En verdad valía la pena arriesgarse así, sólo para comprobar si el mayor sentía algo por él? Si se estaba equivocando, quedaría ridiculizado de por vida…eso, sin mencionar que Mello averiguaría que gustaba de su persona. Si su plan fallaba…podría darse por muerto.
Esa misma tarde, mientras perfeccionaba su plan, había descubierto a Matt y Mello susurrando entre ellos, visiblemente nerviosos. Creyendo que tal vez tramaban algo contra él, los había oído durante unos mínimos segundos…descubriendo así que aquella noche Mello iría a "visitarlo" nuevamente, con intención de atormentarlo. Aunque claro que eso no hacía más que facilitarle las cosas, en lugar de preocuparlo…
Así que allí estaba, aguardando la llegada "inesperada" del rubio. Alterado, algo evidentemente inusual en Near, el albino miró a su alrededor. Un par de botellas vacías se encontraban tiradas a medio metro de distancia, al igual que sus naipes desperdigados por toda la habitación; se llevó ambas manos a sus cabellos blancos, asegurándose de que estuvieran lo suficientemente desordenados. Se contempló la camisa, y suspiró al notar la enorme mancha en el centro de ella. Por último, fijó la vista en la botella a medio llenar que posaba junto a su rodilla. Sí, todo estaba perfecto; no faltaba nada más por hacer, más que seguir esperando. Continuar aguardando en aquel inmutable silencio nocturno que tanto lo inquietaba.
Los nervios comenzaban a tornarse intolerables, cuando creyó oír unos pasos disimulados al otro lado de su puerta. Near suspiró hondo, preparándose mentalmente. Podía jurar que jamás se había sentido de tal forma en su vida; aunque comprendía que llevar a cabo planes como ese no era cosa de todos los días…
La puerta se abrió durante unos segundos, para luego volver a cerrarse. El menor se mantuvo quieto, esperando a que Mello hablase y asegurarse así de que se trataba de él y no de otra persona.
–Near –dijo, casi gruñendo, la conocida voz de Mello.
Los músculos de Near se tensaron. ¿Y si fallaba? Bien podía simular indiferencia, pero lo que estaba a punto de hacer era completamente otra cosa a lo que acostumbraba a diario.
–¡Near! ¡Mírame cuando te hablo! –el rubio lo sujetó por un brazo, levantándolo–Near, vine a que me des una res…¡¿Pero qué rayos te ocurrió?!
Mello lo soltó inmediatamente, como si su piel quemara, causando que Near se tambaleara y cayera al suelo. El albino se encontraba totalmente despeinado, con sus profundos ojos negros entrecerrados y la camisa blanca manchada. Eso, sin mencionar que desprendía un potente aroma a…
–¿Alcohol? –Mello agarró la botella medio llena que estaba a un lado del menor–Near…¿es…estás borracho?
El aludido se levantó, con gran esfuerzo. Alzó uno de sus frágiles y pequeños dedos y lo apuntó hacia su compañero, que lo miraba entre atónito e incrédulo.
–Yo… –comenzó, tambaleándose de un lado a otro–yo…yo no estoy…no estoy…¿cómo has dicho que estaba?
–Ebrio, Near. Y si lo estás…
–¡Qu…qué no!
Mello apenas llegó a sostenerlo cuando el pequeño trastabilló, produciendo su caída.
–Claro que lo estás…mírate, idiota, no puedes ni mantenerte en pie –replicó, sin dejar de sostenerlo entre sus brazos.
Era hora de poner su plan en marcha. Ya había hecho lo que más temía fallar; convencer a Mello de que realmente estaba borracho…tan sólo le quedaba forzarlo a confesar, de alguna manera. Tenía que hacerlo; no podía rendirse. Perder no era algo propio de él.
–¿Puedes pararte bien, Near? –Mello lo ayudó a separarse de él, mas en el preciso instante en que lo soltó, el albino comenzó a tambalearse peligrosamente hacia un costado–Ya veo que no…
Al volver a caer en los brazos del mayor, Near se aferró a su pijama como si la vida se le fuera en ello. Escondió el rostro en su pecho, oyendo la acelerada respiración de Mello…sin duda lo estaba incomodando.
–Near, imbécil…suéltame…
Dirigió al albino hasta la cama e intentó que éste se sentara a su lado, mas el pequeño se mantenía fuertemente apegado a él, negándose a soltarlo.
–¡Suéltame ya, mocoso! –gritó el rubio, desesperado.
–No…no me grites –susurró Near, con voz lastimera.
A Mello se le erizó la nuca. Su voz había sido quebradiza…tal vez demasiado.
–Mello… –el niño alzó la vista, anegada en lágrimas– ¿Por qué me maltratas así?
No…no podía ser. Near, el frío y distante Near, se encontraba llorando…llorando frente a él y por su culpa. Y, aunque no quisiera admitirlo, aquello le pesó horrores sobre sus hombros.
–¿Estás…llorando? Near…no es para tanto.
–Sí…¡sí lo es! –replicó el otro. Su plan estaba marchando a la perfección–¡Siempre estás maltratándome, o gritándome!
–Pe…¡pero nunca pareció molestarte eso! Por el contrario, ¡eres un maldito indiferente! –¿acaso estaba peleándose con un Near borracho?
El blanquito se pasó una mano por los ojos, llorosos, quebrando casi por completo a Mello con la enternecedora imagen que ofrecía.
–Me…duele…lo que…lo que…me dices…
Y no pudo evitarlo, convenciéndose a si mismo de que por la mañana el menor no recordaría nada de nada. Mello empujó suavemente el rostro de Near, hasta que éste quedó apoyado en su propio pecho. Fue capaz de percibir la cálida respiración chocar contra su cuello…sus lágrimas mojándole la ropa...
–Yo… –comenzó, deslizando continuamente su mano por la cabellera blanca del otro–Lo que te digo no es cierto, Near. Si bien eres un tanto…molesto…no todo es cierto.
–¿E-enserio? –tartamudeó el albino, entre sollozos. ¡Lotería! Lo tenía como quería…
–Sí… –sin querer hacerlo, bajó la vista hasta encontrarse con aquel par de ojos negros, de los cuales aun caían unas lágrimas–. Ya deja de llorar…como te he dicho, no es para tanto.
Near volvió a esconder el rostro en su pecho, intentando ocultar la sonrisa que había aparecido en sus labios, tan impropia de él; como si todo aquello ya no fuera lo suficientemente inusual en su persona...
–Entonces…si no…no son ciertas… –balbuceó. Aunque Mello hubiera creído su falsa ebriedad, no podía descuidarse…debía seguir comportándose de aquella forma para mantener su plan encubierto y lograr su cometido–¿Por qué…por qué…me dices…todo eso?
–Pues… –se sintió indeciso, demorándose unos segundos en responder–Yo…no lo sé, Near. Supongo que…porque me molestas.
–¿Q…qué?
Mello suspiró, resignado. ¿Hace cuánto ya que acariciaba su cabellera albina, disfrutando de aquel tacto?
–Me molestas por lo que me haces sentir, Near. A veces creo que…me gustas –respondió, sonrojado. Luego se limitó a pasear la mirada por la habitación, distraído– ¿Cuánto alcohol has tomado? Hay como tres botellas aquí…¿no es demasiado?
–No…yo… –¿por qué le preguntaba eso en aquellos momentos? Estaba demasiado ocupado pensando en sus primeras palabras como para enfocarse en otra cosa…¿qué importaba cuánto alcohol había tomado, cuando él acababa de confesarse?
–Near… –lo interrumpió el rubio, sin dejar de inspeccionar el cuarto–¿De dónde sacaste la bebida?
¿Acaso le estaba haciendo una broma?
–Yo…no…no lo recuerdo… –respondió Near, disimulando a la perfección su fastidio–Me…Mello…¿qué habías di…dicho…antes de…
Súbitamente, el rubio le sacó la camisa sin siquiera detenerse a desabotonarla; no era necesario, puesto que la prenda era lo suficientemente grande como para sacársela y ponérsela sin más. Se la llevó al rostro y la olfateó con detenimiento.
–Me…¿Mello?
Este lo miró con cara de pocos amigos.
–Es licor de chocolate –sentenció, provocando que Near tragara saliva–Y el único que tiene licor en todo Wammy's soy yo. Lo robaste de mi habitación.
–¿Q…qué? –fue lo único que atinó a decir el pequeño en su defensa, desconcertado por la repentina actitud de Mello.
–¿Por qué lo hiciste? –el rubio parecía enfadado– Near…¿por qué necesitabas embriagarte?
El albino se quedó mirándolo fijamente, rogando por que su incredulidad no se le notara en la mirada.
–Yo… –susurró al fin, luego de unos largos segundos silenciosos– ¿A…alguien…necesita una razón…para beber?
–Pues… –Mello le colocó la camisa por sobre los hombros, como si estuviera cubriéndolo del frío–Un alcohólico no las necesita. Pero alguien como tú, con una capacidad de razonamiento tal que jamás le permitiría embriagarse sin motivo alguno, sí. Dime qué te llevó a emborracharte, Near. A menos…
–A…¿a me…menos? –ya no estaba seguro de si balbuceaba por estar fingiendo o por el horror que sentía en aquellos momentos.
–A menos que estés ocultándome algo.
El pequeño se quedó paralizado, sin saber qué hacer. Apenas era capaz de respirar, presa de un pánico que jamás creyó posible sentir. Si Mello lo descubría…era su fin. ¿Cómo no había previsto antes que algo como eso podía ocurrir? ¡Qué…impulsivo había sido! Tan…tan distinto a como siempre había actuado. ¿Acaso era cierto que el amor vuelve idiotas a las personas? Porque así lo parecía.
–Yo…no te…oculto nada, Me…Mello. Sólo…me…me dejé llevar por el alcohol.
–¿Y por qué quisiste probarlo? –inquirió el otro.
–Es que…yo…no lo recuerdo –¡qué respuesta más estúpida de su parte! ¿En qué diablos se estaba metiendo? Recurriendo a un escape rápido, volvió a esconder su rostro en el pecho del mayor–¿Sabes? No estoy…no estoy sintiéndome muy bien…
Mello lo obligó a mirarlo a los ojos, tomándole la cabeza y alzándosela hacia arriba con ambas manos. Indagó en aquellos ojos negros hasta descubrir lo que buscaba…la duda, la inseguridad…
–Bésame.
La mente de Near se bloqueó por completo, perdiendo todo rastro de razón que aun pudiera guardar.
–¿Q…qué?
–Que me beses. He dicho que me gustas, ¿no? Pues bésame.
–Pe…pero yo…
–Ay –se quejó el rubio, fastidioso– ¡Ya cállate!
Y entonces, sin siquiera hacer un breve amago, juntó sus labios con los suaves y pálidos de Near. Era un beso tímido, inseguro…hasta que el pequeño no soportó más la presión que ejercía Mello sobre él y se dejó llevar por las ansias del mayor. El rubio fusionó ambas bocas por completo, indagando con su lengua traviesa e inquieta la de Near, animándola a continuar. Sus manos, sabiendo muy bien lo que hacían, se paseaban con insistencia por la frágil espalda blanca, por la cabellera ya despeinada del menor… parecían completamente sellados el uno al otro, sin siquiera preocuparse en separarse a respirar. La pasión que corroía ambos aullaba por más, y más, y más…ambos deseaban que no sólo sus labios se unieran de aquella forma tan intensa, sino también sus cuerpos. Anhelaban sentirse, tocarse; demostrarse el amor que se tenían y que tan incapaces eran de confesar con palabras. Demostrárselo de la mejor forma que tenían …de la manera más…placentera…
Aquello era un verdadero delirio para Near. Jamás había besado a nadie antes, y que Mello fuera el primero en hacerlo y con tal entusiasmo…lo excitaba en exceso. ¡Al diablo con su ebriedad! Tan sólo quería que el rubio lo hiciera suyo…que aquellas manos lo ahogaran en placer…sentirse lleno, satisfecho…ya no importaba nada más que Mello. Mello y lo que fuera que estuviera haciendo en aquellos momentos con su lengua, enloqueciéndolo.
El rubio lo tumbó sobre la cama, posicionándose sobre él. Sus bocas apenas se separaron cuando la falta de aire se tornó dolorosa, y volvieron a unirse con una fogosidad difícil de tolerar. Sus temperaturas rozaban el cielo, más aquello no parecía importarles; Near sólo era capaz de enfocar su mente en las manos que ahora se deshacían de su pantalón, torpes. No soportaría aquella situación por mucho tiempo más; quería…necesitaba sentirlo. Sentir a Mello apoderarse totalmente de su cuerpo, reclamándolo como su dueño; como el único dueño que era.
Sabía que era cuestión del segundos el que se volvieran uno…estaba seguro de que tarde o temprano lo sentiría adentrarse en su cuerpo…pero lo que jamás hubiera imaginado, era que Mello se apartara tan bruscamente de él como hizo entonces. Y mucho menos que lo mirara con tal cólera en sus ojos verdes.
–¿Por qué…por qué te detuviste, Mello? –preguntó Near, incapaz de mirarlo a los ojos.
El rubio le sujetó el mentón, forzándolo a observarlo a la cara.
–¿Y tú por qué ya no hablas como borracho?
–¿Qué? –¿qué clase de pregunta era esa? ¿Y por qué la había hecho en un momento así?
–Me mentiste, Near. ¡No estás ebrio, sólo querías engañarme! –con un movimiento violento, se separó totalmente del albino y se puso en pie, acomodándose la ropa.
–¡No…no te…mentí!
–Sí lo hiciste –Mello se volteó hacia él, colérico–Lo sospeché desde que comenzaste a llorar. Te pregunté tus motivos para embriagarte, y no tenías ninguno…eso es algo muy poco creíble, y muy mal planeado, déjame decirte. Además, eran demasiadas botellas para alguien que jamás había probado el alcohol; si en verdad hubieras bebido tal cantidad, ahora estarías profundamente dormido –sonrió con satisfacción, al ver cómo la expresión atontada de Near se tornaba en una atónita– Y si no te basta con eso…el aroma a alcohol que desprendías era de tu camisa, no de tus labios. Porque puedo asegurarte que no tienes ningún aliento a licor de chocolate –ensanchó su sonrisa al ver cómo el albino se sonrojaba, de una forma muy poco disimulada.
–Entonces lo sabías –murmuró, con el orgullo herido–. Y aun así…me besaste y llegaste a tal extremo –con su acostumbrada indiferencia, señalo su propio cuerpo semidesnudo.
–Yo no miento, Near –su sonrisa desapareció.
El blanquito se quedó mirándolo en silencio durante unos segundos, procesando lo que acababande decirle.
–En…entonces…¿entonces sí te gusto? –no pudo evitar preguntarlo.
–No tanto como yo a ti… –se dirigió a la puerta, dispuesto a irse–Pero eso lo…discutiremos en otro momento.
–¿A qué te refieres con "en otro momento"? –inquirió el albino– ¿Te vas ya?
–¿Que no me ves? –abrió la puerta, sonriendo con sarcasmo–Adiós, idiota.
–¡Espera!
Mello se volteó, manteniendo un pie fuera de la habitación. Alzó una ceja, como si estuviera apresurándolo a hablar.
–No puedes irte.
–¿Por qué no?
–Pues… –ya se había sonrojado suficientemente por una noche, sin embargo, no podía evitar que la sangre continuara agolpándose en sus mejillas.
Mello, al notar su expresión avergonzada, bajó la vista hacia los boxers del chico…y sonrió ampliamente al descubrir que algo necesitaba de su urgente atención.
–Adiós, Near –dijo, saliendo por la puerta–Que tengas una linda noche.
–¡Mello! ¡No me hagas esto!
El rubio abandonó el cuarto, riendo. Y, por primera vez en toda su vida...Near quedó en segundo lugar.
Fin.
¡Hola! ^^
Aquí el tercer y último cápítulo.
Sí, sé que fue un fic corto...pero bueno, es lo que hay.
Agradezco muchísimo a todos los que me dejaron reviews; ustedes son los que motivan a un escritor a seguir y progresar. (:
Y a los que no dejaron reviews pero sí leyeron, también se los agardezco. ^^
En fin...no me extenderé mucho más.
¡Espero de todo corazón que les haya gustado! :D
Saludos, Glass Spires.
