Hola, ya estoy aquí otra vez.
Las frutas y los dulces son algo que nunca faltan en una cena en Hogwarts. Son testimonios inigualables de conversaciones y sentimientos.
Dejadme vuestra opinión sobre vuestra fruta o dulce preferido. Se admiten sugerencias :P
Besos
Daynes
2. La naranja, la fresa y una galleta.
- Primero, yo no te he pedido que te sentaras aquí; Segundo, lo que sí que te he pedido es que no me interrumpieras más y tercero, TÚ siendo nueva deberías estar más interesada que yo en lo que el viejo tenga que ...decir - el silencio era aplastante pero peor aun era que todas las miradas se había centrado en él.
- Señor Snape, nos alegramos mucho que se interese por aleccionar a la recién llegada pero sería preferible que lo hiciera cuando haya acabado mi discurso y puedan zampar a sus anchas - Severus asintió para fijarse en una mosca que se paseaba por la mesa delante de él.
- La culpa a sido mía, director - dijo Arya poniéndose en pie -. Le he hecho un comentario que no venía al caso en este momento. Lo siento - un oh recorrió el gran salón del comedor. A MacGonagall se le subió por la nariz el zumo de calabaza. Una Slytherin defendiendo a otro y encima disculpándose. Aquello si que era para quedarse en silencio o atragantarse. Arya no sabía dónde acababa de meterse.
La risa de Dumbledore recorrió toda la sala. Arya notó como sus mejillas se encendían de vergüenza ¿Qué había dicho que le parecía tan gracioso al director? Severus seguía con la vista fija en la mosca.
- Discúlpeme señorita Válanar, pero hacía mucho tiempo que no veía una expresión tan graciosa en la profesora MacGonagall - Ésta aun intentaba recuperar la compostura que el maldito zumo de calabaza le había quitado - Sus disculpas son bien recibidas. Es un soplo de aire fresco para este anciano.
- No comprendo...
- No se preocupe y siga así, señorita Válanar- Arya se sentó a un gesto del director -. Bien... ¿Por donde iba...¡A sí! Las pruebas para los equipos de Quidditch serán, como siempre, el viernes de la segunda semana de estudios... Y ahora sí... ¡AL ATAQUE! - De la nada aparecieron suculentos platos pero ni Arya ni Severus movieron un músculo. Una por una vergüenza que no comprendía y el otro por lo que él creía que era una humillación más. La mosca había desaparecido.
- Lo siento - susurró la muchacha. Snape, se movió incómodo en el banco, fijos ahora sus ojos en las vetas de la madera de la mesa -, ha sido una descortesía por mi parte hablarte de esa manera.
- Come o pronto te quedarás sin nada - El chico ni siquiera la miró. Cogió su tenedor y empezó a comer.
Llevaban menos de una hora allí y su hermana ya la había armado. Que pena que no les hubiera tocado en la misma casa, pensó Reba mientras se servía un poco más de puré de patatas.
- Lo que ha dicho Dumbledore es cierto, los Slytherin nunca piden perdón por nada - le dijo una chica morena que se sentaba en frente.
- Arya podrá ser ahora una Slytherin, pero sigue siendo mi hermana y si ha pedido perdón es que sabía que el comentario en voz alta de ese chico había sido culpa suya. Ella no es de las que piden perdón por nada. No creo que el hecho de ir a esa casa la haga cambiar - la defendió mientras se comía un trozo de pollo.
- Ya verás como dentro de poco no opinas lo mismo. Los que entran en la casa de las serpientes siempre cambian para mal. Se vuelven quisquillosos y taimados. Además mira que sentarse justo al lado de Snape, AHGGGG... Eso si es asqueroso y de mal gusto. Con todo ese pelo lleno de grasa, siempre con esa nariz metida en algún pergamino de artes oscuras. Pequeña, lo siento, pero me parece que tu hermanita mayor no ha empezado con muy buen pie ni en esta escuela ni en ese nido de víboras. Va acabar siendo una desgraciada - y terminó riéndose en complicidad con otra chica que tenía al lado. La rubia si que empezaba a pensar que la que tenía delante era una víbora.
- Ella es mi hermana y no creo que la conozcas mejor que yo - le espetó casi levantándose de la mesa, pero alguien que habló la detuvo.
- Amelia Carter, nunca te han dicho que si no tienes nada bueno que decir no digas nada - la chica pelirroja que se sentaba a su lado sonrió con cierta malicia mientras terminaba de pelar una naranja - Has de ser consecuente con lo que dices por qué sino los nuevos empezaran a pensar que eres una criticona - Debía de tener la edad de su hermana y era poseedora de unos increíbles ojos verdes. Por lo que había oído se llamaba Lily Evans.
- ¿Criticona yo? Habló la que va sermoneando por ahí a los de mi propia casa - respondió Amelia mientras cortaba un pedazo de bistec. Reba la miró con los ojos como platos. ¡Pero si la que acababa de dar un sermón había sido ella!...¿Quién se creía esa tía? - Deberías ser tú la consecuente y empezar a socializarte un poco, aunque la verdad, no creo que te sirva de nada, sucio ratón de biblioteca - un cuchillo de postre se clavó en el bistec antes de que acabara de cortarlo, aun temblando por la fuerza del impulso.La morenase quedó blanca.
- Tal vez debería empezar por socializarme contigo, Carter. Además prefiero ser un sucio ratón de biblioteca a una mona intrigante y chismosa como tú - dijo mientras arrancaba el cuchillo de la carne y terminaba de pelar la naranja.
- ¿Todo bien por aquí? - Un chico de cabellos claros que acaba de pararse detrás de Reba - Tenía la sensación de que había algún problema - dijo mirando a Lily que seguía con su naranja como sí fuera la cosa más interesante del mundo.
- Remus, menos mal que estás aquí. Te aseguro que yo no he tenido la culpa. Esta...SALVAJE ha estado a punto de cortarme un dedo, y todo porque no es capaz de aguantar una crítica. Además, ahora eres el prefecto y deberías ejercer tu autoridad impartiendo tu primer castigo - Remus se fijó en la mirada suplicante de Amelia para después volverla a posar en Lily, que seguía en su mundo con la dichosa naranja. ¿Por qué parecía más irritable por momentos? Las discusiones con las otras chicas nunca la ponían así - Evans tiene que concienciarse y tener más educación a la hora de dirigirse a sus compañeros de cursos superiores.
- Y los de cursos superiores como tu, Carter, deberíais haber aprendido a no meteros con alguien del carácter fogoso de Evans - dijo un chico de pelo revuelto y gafas que se acababa de sentar al lado de Lily. El muchacho se pasaba despreocupadamente una mano por entre los cabellos. Remus ahogó una pequeña sonrisa. Ahora lo entendía todo.
- El olor a basura ya no me deja respirar. Lupin, Válanar, lo siento por vosotros - y dicho esto Lily se levantó a buen paso para ir a sentarse, bastante lejos, al lado de una chica pelirroja y de pelo rizado, que se giró y se quedó mirando a los demás con muy malas pulgas. La naranja quedó olvidada en la mesa.
- Ignórala Potter. Estamos mejor sin ella. Seguro que está con la regla. Es increíble como algunas personas pierden la educación tan rápidamente. Debe ser que a los hijos de muggles no les enseñan como es debido - la cara de James acababa de pasar de la alegría a la tristeza en milésimas de segundo y no la escuchaba. Sólo miraba la naranja.
- Perdonadme pero creo que Evans tiene razón. El aire aquí empieza a hacerse irrespirable - Reba apenas había dado unos pasos cuando aquel chico al que habían llamado Lupin se le acercó.
- ¡Espera! En realidad quería hablar contigo.
- ¿Conmigo?
- Sí, como prefecto venía a darte la bienvenida. Me llamo Remus Lupin - dijo dándole la mano - Si tienes algún problema o duda no dudes en decírnoslo a mí o a Charlie McCliff, la prefecta de nuestra casa. Es la chica que nos ha mirado con tan mala cara antes.
- Encantada de conocerte, Lupin - la chica se quedó un momento mirando la puntera de sus zapatos. Parecía no saber como proseguir.
- ¿Ocurre algo?
- No...
- Si tienes alguna pregunta, tal vez pueda ayudarte.
- No, no es eso.
- ¿Es por la discusión de antes? - dijo el muchacho ayudándola a continuar. Reba no sabía si era por como lo dijo o por como la miró, perosupo que Remus era una de esas personas con la que se podía hablar .
- Esa chica, Carter, se ha metido con mi hermana, y.. ha sido por mí por lo que Evans ha intervenido. Si vas a castigar a alguien... deberías empezar por mí.
- No voy a castigar a nadie, tranquila, - le respondió en medio de una sonrisa.
- Pero esa chica...
-¿Carter? Necesita hablar constantemente para cargar la batería de la única neurona superviviente de su cerebro. Pero aparte de sus interminables discursos, es bastante inofensiva - ella sonrió ante su comentario y él no pudo ignorar como su nariz se encogía.
- Gracias por todo Remus - Reba notó que no podía evitar sonreír al mirarle.
- Ya sabes, si tienes algún problema, no dudes en hablar conmigo o con Charlie. Bien, así ya queda todo dicho. Bienvenida de nuevo.
- ¿No te parece un príncipe? - dijo una chica a su amiga al pasar por al lado de Reba, mirando con mucha atención como se marchaba Remus - Y encima ahora es prefecto. Me encantaría que me castigara a solas con él - las dos chicas soltaron unas risistas mientras veían como el chico se acercaba a sus amigos. Reba lo miró. Sí, tenía que reconocer que aquel chico parecía tener algo especial.
- ¿Y bien? - le preguntó Peter intrigado, apoyando su barbilla entre sus regordetas manos.
- ¿Y BIEN QUÉ? - James no estaba para tonterías. La chica que más le gustaba acababa de llamarlo basura. Y ni siquiera habían empezado aun las clases. Se iba a sentar pero un pie se lo impidió.
- Nuestro rollizo amiguito quiere saber lo que te ha dicho Evans - le contestó Sirius que le barría el paso apoyado en una columna.
- ¡Ya sé a lo que se refiere¡No soy idiota!
- Oh, venga, no pongas esa cara. Tan malo no ha podido ser - La sonrisa sarcástica de Sirius no hacía más que acrecentar su mal humor. Y el muchacho de ojos grises lo sabía - Vaaa, dimos de una vez que dulce palabras te ha susurrado al oído - Potter no sabía si cerrarle la boca de un puñetazo o darle una buena patada en los huevos. Al fin y al cabo la culpa había sido suya.
- Tú y tus geniales ideas. Gracias amigo.
- Sirius... James... creo que este no es el momento para... - Peter intentaba hacerles entrar en razón pero la verdad es que su poder de convicción dejaba mucho que desear.
- Mis ideas siempre son perfectas, como yo. Seguro que lo has cagado todo con esa linda boquita que tienes.
- Sirius... sería mejor que... - intentó Peter.
- Espero que no le hayas soltado el rollo ese filosófico. Ya te he dicho que eso no funciona con las chicas.
- ¡Pero que demonios de rollo quieres que le suelte si apenas me ha dado tiempo a decirle una frase! - un par de niños de primero se apartaron asustados. Cada vez tenía más ganas de hacerle tragar los dientes, aunque fuera su mejor amigo - Acércate ahora que está con Remus, a ella le cae bien, veras como todo es mucho más fácil - dijo imitándole la voz- ¡Y una mierda fácil!
- Conque facilidad pierdes los nervios por esa chica - Sirius quitó el pie pero siguió de brazos cruzados contra la columna - Te veo muy acalorado, será mejor que te sientes. Espera, que llamaré a Evans para que te haga compañía.
- Tuuu... - James se le había acercado peligrosamente.
- James... la gente nos está mirando... - la voz de Pettigrew era casi un susurro.
- ¿Quieres pegarme? Inténtalo... si puedes - tenía su puño a pocos centímetros de su cara pero Sirius continuaba sonriendo - ¿Seguro que quieres hacerlo, hermano? - James le miró a los ojos. Los ojos de su amigo le devolvían su reflejo, un reflejo que le pareció estúpido. Bajó el puño y empezó a reírse. No podía hacerlo, nunca podía enfadarse de verdad con él.
- No, por esta vez. Pero estoy seguro de que algún día alguien te dará tu merecido.
- Mientras sea una nena no me importa. Siempre y cuando pueda elegir el tipo de castigo.
- ¿Me he perdido algo? - Remus acaba de llegar.
- Últimamente te estás perdiendo unas conversaciones muy interesantes - le respondió Sirius.
- No me lo digas: Evans.
- Bingo. Tú que has sido testigo de prestigio...¿Qué acalorada frase le ha soltado esta vez?
- Tíos, dejadlo ya - la rabia de James había sido sustituida por una profunda vergüenza.
- Algo así como "deberíais haber aprendido a no meteros con alguien del carácter fogoso de Evans".
- Toda una lección de caballero andante.
- Parad, se va ha enterar todo el mundo - Potter tenía las mejillas como un par de tomates maduros.
- Como sino lo supieran ya, James. Como sino lo supieran - Sirius se sentó a su lado y le pasó un brazo por los hombros.
- Remus... - se aventuró a decir Peter.
- ¿Sí?
- ¿La chica rubia con la que hablabas era la nueva, no? - a Remus apenas le dio tiempo a oír la pregunta cuando Sirius ya le había saltado al cuello y le hacía sentarse de golpe, mientras le revolvía el pelo.
- ¡Así que era eso lo que estabas haciendo para tardar tanto! Y pensar que era tonto cuando lo compramos.
- ¡Quieres soltarme! Si lo único que he hecho a sido darle la bienvenida - gritó intentado quitarse de encima al moreno, sin éxito -¡Para ya!
- Es como si lo estuviera viendo, le habrá puesto ojitos tiernos mientras le dice: Soy Remus Lupin, el prefecto. Ya sabes, si tienes algún problema, no dudes en hablar conmigo. ¡No te muevas tanto! - James no quería admitirlo, pero estaba encantado que Sirius se hubiera olvidado de él para centrar toda su atención en Remus - Pero lo que ha querido decir en verdad es: Soy Remus Lupin, y estoy aquí para lo que quieras hacer conmigo, nena - susurró poniendo voz melosa - Vale, vale, ya te suelto.
- Ufff... Para que lo sepas, no todos pensamos en las chicas como lo haces tu. ¡No te rías! Me gustan las chicas, - dijo con seriedad mientras se arreglaba la ropa - pero no estoy las 24 horas pensando en hacerles acoso y derribo.
- Más que en acoso - le respondió mientras cogía una fresa- prefiero pensar en le derribo... y de deleitarme con su sabor... poco a... poco - se levantó y dejó que la fruta le acariciara su boca antes de darle un tierno mordisco, dejando sus labios bañados por el rojo fluido. Se giró hacia el pasillo. Una chica que no paraba de mirarle era alejada a rastras por su amiga - Lo veis, soy irresistible - unas descomunales carcajadas se oyeron desde la mesa - ¿Se puede saber de que os estáis riendo?
- ¡Eh Black! Nos estás escuchando? - sobresaltado, Regulus pegó un bote en su asiento. Se había quedado embobado mirando a la chica nueva. Parecía tranquila, comiendo al lado de Snape, cosa nada fácil. Se giró hacia sus amigos y su mirada se tornó mordaz - Te preguntaba si te vas a presentar a las pruebas de Quidditch.
- Por supuesto. Si no para que crees que tengo una Nimbus 1.000 - le encantó ver las caras de envidia de sus compañeros. Ahora tenía la escoba voladora más rápida de todo el colegio. Bueno, él y su hermano Sirius. Su mirada fue hacía la mesa de Gryffindor y allí estaba, haciendo el subnormal con sus amigos. Cuando se juntaba con aquellos tres se volvía más imbécil de lo que ya era. ¿Porque tenía un hermano como ese?.¿Por que no podría él haber sido el mayor? Sólo tenía dos años más que él y se creía con derecho a tratarlo como si fuera un elfo doméstico. Ver lo bien que se lo estaba pasando le había puesto de mal humor. Se levantó y empezó a caminar sin rumbo fijo, intentando olvidar que tenía un hermano.
-¿A donde vas, Black? - los ignoró. Sirius se había reído de él cuando le dijo que ese año iba a presentarse a las pruebas. Según él, siempre metía la pata en todo lo que hacía y las pruebas no serían una excepción. Pues le iba a demostrar que estaba equivocado.
Estaba tan metido en sus pensamientos que apenas se dio cuenta de que sus pasos le habían llevado justo al lado de Severus Snape y... de aquella chica. Su mal humor se esfumó como si nunca hubiera existido. Tragó saliva. Estaba a punto de presentarse cuando una figura alta y recia se interpuso.
Nadie se les había acercado. Ha eso sí que estaba acostumbrado Severus. De reojo se fijó de nuevo en su compañera. Comía tranquila pero no demasiado animada por lo que pudo ver. Y no le extrañaba. En cualquier otra casa no les hubiera importado que hubiera pedido disculpas, pero en su casa sí. Tal vez lo dejaran pasar o tal vez no. En Slytherin nunca se sabía que iban a pensar de ti el día siguiente.
Volvió a mirarla sin que ella se percatara. Se dio cuenta de que tenía los ojos puestos en la mesa de Gryffindor y en una muchacha rubia que se despedía de alguien bien conocido por él. Lupin. Como no. El nuevo prefecto de Gryffindor había ido a darle la bienvenida. Amabilidad, simpatía y en definitiva calor humano. Que recibimiento tan distinto le habían dispensado a su compañera. Pensó en sí mismo, cuando era uno de tantos niños de primero, esperando a saber en que casa le iba a tocar. El recibimiento de los Slytherin siempre era el mismo. Parecía triste pero pronto se acostumbraría.
Algo se movió a su espalda, e miró con indiferencia para saber quien había interrumpido sus pensamientos. Regulus Black. ¿Por qué siempre tenía que ser un Black? Parecía nervioso. Snape no podía creer lo que se acababa de ocurrir: aquel crío de trece años pretendía ser el primero en presentarse. Pero alguien se le adelantó. Aquello sí que no se lo esperaba Snape.
- Buenas noches - con desgana, Arya dejó de mirar a su hermana. Tenía ante ella a un joven moreno, de ojos oscuros y de piel tostada por el sol. Era alto, atlético y con una torva sonrisa en sus labios - Me llamo Julien Aled - dijo tendiéndole la mano. Parece ser que la buena educación no era algo tan inusual entre los Slytherin. Arya se levantó y le tendió la suya.
- Arya Válanar. Es un placer - sorprendida, aquel chico se inclinó ante ella depositando un tierno beso entre sus dedos.
- El placer es mío. No me gustaría que pensaras que los Slytherin somos unos mal educados - dijo sin soltarle la mano. Su voz era cálida y templada -, tan sólo es que no estamos acostumbrados a un alegato público de excusas. Como puedes comprobar - continuó mientras miraba a Snape, muy concentrado en comerse una galleta -, somos gente bastante reservada pero no tanto como para no darte la bienvenida.
- Gracias, eres muy amable - intentó, con sutileza, que le devolviera su mano, pero al parecer, su interlocutor le había cogido gusto. Julien, que aún tenía esa sonrisa ambigua, se quedó un momento mirando la mano de la chica descaradamente. Cuando iba a girarle la mano para ver su palma, Arya la apartó.
- Ya sé que mi mano puede parecer muy interesante - dijo con un toque de sarcasmo en su voz - pero me la suelen devolver después de saludar.
- La verdad es que me gustaría saber lo bien que manejas esas manos - Severus casi se atraganta. Regulus se había quedado indeciso, sin saber donde meterse.
- Se les da de maravilla aporrear la cara de alguien que se pasa de listo - ¿qué pretendía ese tipo ahora? Aun seguía ahí, delante de ella, sonriéndole con ironía, mientras apoyaba una mano en la barbilla.
- Yo me refería mas bien a una quaffle. Tus manitas son demasiado delicadas para una cara tan dura como la mía - ¡QUIDDITCH!Le estaba hablando de Quidditch, pensaron los tres a la vez - Soy uno de los cazadores, además del capitán del equipo. Me gustaría que hicieras una prueba.
- Te equivocas conmigo. No estoy interesada en el Quidditch - con la expresión sería Arya volvió a sentarse al lado de Snape.
- Alguien me ha dicho todo lo contrario - Aled acarició la larga trenza de la muchacha.
- Pues ese alguien se ha equivocado - con un movimiento brusco, Arya aparto el cabello de sus manos.
- De todas maneras espero verte la semana que viene en las pruebas - y se largó de allí sonriente con las manos en los bolsillos de su túnica. Arya se puso a darle vueltas a su copa de zumo. Severus se la quedó mirando un instante, después se giró y miró a los ojos al más joven de los Black, que se había quedado parado sin saber si quedarse o irse.
- ¿Querías algo, Black? - Regulus intentó mantenerle la mirada pero aquellos ojos negros le traspasaban.
- No es algo que te importe, Snape - Así que se giró y se fue. Ya se presentaría cuando no tuviera tanta gente a su alrededor.
Severus volvió sus pensamientos hacia Arya. ¿El capitán del Slytherin interesado en que una desconocida hiciera una prueba para entrar en el equipo? Una chica... En el equipo nunca había habido chicas. Y ahora Julien Aled, el capitán, el ídolo de su casa, venía y le decía que quería que hiciera una prueba... La muchacha no parece muy convencida con la oferta. Creo que a mí tampoco me haría mucha gracia con esa panda de botarates. Y ella ni siquiera los conoce... Pero... ¡A mí que me importa lo que haga o deje de hacer!
- ¿Supongo que no está prohibido ir a dar una vuelta? - Severus se sobresaltó. No esperaba que le hablara de nuevo.
- No. Mientras no salgas del salón.
- Bien. Gracias - y dicho esto se fue directa hacia la mesa de Gryffindor. La siguió un momento con la mirada y al ver por donde iba a pasar, apartó lo que quedaba de la galleta y suspiró. Estaba seguro de que aquello causaría problemas.
