Hola a todos de nuevo.

Este capítulo me ha costado menos que los otros dos escribirlo. Supongo que estaba más inspirada. Je je. Para quienes no lo sepán... a Severus Snape, Sirius Black y compañía, le llamán Quejicus. El por qué lo sabe Rowling.

Sirius y Arya están a punto de conocerse pero el atractivo merodeador acaba complicándolo todo.

A ver que os parece. No os olvideis de dejarme vuestra opinión.

Besos

Daynes


3. Una pequeña diferencia de opiniones.

- ¿Supongo que no está prohibido ir a dar una vuelta? - Severus se sobresaltó. No esperaba que le hablara de nuevo.

- No. Mientras no salgas del salón.

- Bien. Gracias - y dicho esto se fue directa hacia la mesa de Gryffindor. La siguió un momento con la mirada y al ver por donde iba a pasar, apartó lo que quedaba de la galleta y suspiró. Estaba seguro de que aquello causaría problemas.


- Estoy cansado... - bufó Sirius tendiéndose cuan largo era sobre el banco y poniendo un brazo detrás de la cabeza - Cada año se me hacen más largas y aburridas estas cenas.

- ¿Aburridas? No me ha parecido que te aburrieras cuando te has quedado embobado mirando a la nueva - le contestó James acomodándose de espaldas a la mesa. Su amigo se quedó mirando las uñas de una mano sin hacerle caso - Ha sido muy divertido ver a MacGonagall con un subidón de zumo de calabaza. Pero lo mejor, la cara de Quejicus cuando se han callado todos. Era para hacerle una foto... ¿Me estas escuchando?

- Si, te escucho - respondió Sirius volviéndose a acomodar con la mirada fija en el techo repleto de estrellas.

- ¿Y que he dicho?

- Que MacGonagall tiene un subidón con una foto de Quejicus -respondió la mar de tranquilo. James no sabía si ponerse a reír o a llorar.

- No te entiendo. Si hace poco estabas animado y ahora parece que se te haya muerto alguien.

- Ya te lo he dicho, estoy cansado. Deja ya de agobiarme - su voz era decidida y seca. Era cierto, estaba cansado por el viaje y el bullicio, pero, también estaba intranquilo. Y lo que más le molestaba es que no sabía por qué.

- Déjalo -intervino Remus antes de que James dijera nada más -, cuando se pone en ese plan no hay quien lo aguante.

- Pues yo creo que sí hay una cosa que lo animaría - Peter estaba mirando por encima de la mesa, señalando y sonriendo como un tonto - Las chicas - los dos amigos suspiraron a la vez de cansancio.

- Menuda percepción tienes últimamente - dijo James levantándose y dándole unas palmaditas en la cabeza - A ti te ha ido muy bien ir de espaldas en el carruaje.

- Pero si yo me refiero...

- Sí, sí, las chicas nos animan a todos - le cortó mientras se ponía bien las gafas, hablándole como si fuera un niño pequeño.

- Lo que quiero decir es que la nueva viene hacia aquí - Peter estaba en lo cierto. Remus parpadeó extrañado y James, nervioso, se revolvió el pelo. Los tres miraron a Sirius, que seguía sin moverse, pero al cual le había aparecido una enorme sonrisa en los labios. Acababa de entender por qué estaba tan inquieto

- Tranquilos chicos, mi poder de seducción todavía no llega a tanto. Irá a ver a su hermana - dijo poniéndose en pie de un salto.

- ¿Le dirás algo? - pregunto Peter emocionado. Pero Sirius ya se había ido.


Arya se había dejado la capa, junto con la varita en la mesa y empezaba a arrepentirse. Llevaba el mismo uniforme que el resto de las chicas, sólo que ningún color ni escudo indicaba todavía a que casa pertenecía. La gente se la quedaba mirando y después se volvía a cuchichear. Siendo la novedad del año era muy difícil pasar desapercibida.

- Hola - una voz masculina, agradable, llamó su atención. Miró a su derecha y lo vio, al lado de uno de los tapices. Era el chico que se le había quedado mirando tan descaradamente al principio. Era lo que le faltaba para acabar de arreglar la noche - Sirius Black. ¿Arya, verdad? - le dijo mientras se ponía delante y le tendía la mano.

- Eh... Sí. Hola - cuando ella le tendió la mano, se dio cuenta de que le llegaba a la altura de los ojos y sonrió para sí. Ninguna chica que él conociera era tan alta y eso le gustaba - ¿De qué zona del norte vienes?

- De muy al norte. Perdóname, pero es que tengo un poco de prisa - Vio que se disponía a continuar su camino, así que le barrio el paso apoyando una mano en una columna.

- ¿Vas a ver a tu hermana, verdad? - Arya entrecerró los ojos.

- Si me dejas pasar, sí. Así que, si me permites... - la chica se fue hacia el otro lado pero no fue lo bastante rápida. Apretó los puños y suspiró - Mira, estoy cansada y mi humor tampoco es muy bueno, así que te agradecería mucho que te apartaras de mi camino - le espetó dejando la amabilidad de lado.

- Te dejaré pasar... - susurró inclinándose hacia Arya. Ella se mantuvo firme, así que la tenía a muy pocos centímetros de su cara. Volvió a fijarse en las pecas, casi podía contarlas.- Pero antes has de saber que hay que pagar un precio por pasar por aquí - los ojos de la chica se volvieron del color de las tormentas.

- No me digas - le respondió con fingida sorpresa. Notaba el aliento cálido sobre sus mejillas. Lo tenía demasiado cerca y eso la estaba poniendo muy nerviosa, tanto que no se le ocurría ninguna respuesta más ingeniosa. Quería apartar la mirada de esos ojos peroaquello le habría hecho bajar la guardia y no podía permitírselo. Lo más grave es que no acertaba a moverse.

- Es muy simple... - Ninguna chica que conociera podría resistirse al tenerle tan cerca. Sus ojos brillaban juguetones ante la agradable perspectiva de lo que pretendía hacer. Podía notar el calor de su piel. Sabía que estaba furiosa pero el caso era que no se apartaba. Una de sus manos acarició la sedosa trenza. Sus labios estaban a apenas un centímetro de los de ella cuando un sonoro bofetón le cruzó la cara. Los más cercanos se volvieron para ver lo que pasaba, conteniendo las ganas de reír cuando se dieron cuenta de que era el famoso Sirius Black el que acaba de recibir una buena torta.

- Supongo que era a esto a lo que te referías.- Sus palabras estaban llenas de ira y sus ojos echaban chispas. Lo apartó de un empujón pero antes de que pudiera dar dos pasos, Sirius la aferró por la muñeca, atrayéndola hacia sí. Su mirada era acero fundido, reflejando la cólera de su alma. Buscó sus labios y la besó con urgencia, con rabia, con una pasión nacida del orgullo herido. Notaba los rápidos latidos de su corazón en cada movimiento de su boca. Su lengua forzó a la de ella a seguirle. Arya se revolvía entre sus brazos, incitándole a abrazarla aun más contra su cuerpo. Se sentía incapaz de dejarla. Un mordisco le atravesó el labio y la boca se le llenó de sangre, pero no le importó, hasta que ella, con todas su fuerzas se separó bruscamente de él.

- ¡Ni se te ocurra volver a ponerme una mano encima, Black! - todo el mundo se giró ante el grito de la muchacha. La trenza se agitó en su espalda como una larga serpiente. Tenía la respiración agitada y la boca le sabía a sangre.

- ¿Qué es lo que está pasando aquí? - dijo MacGonagall mientras se colocaba entre ellos. La tensión se podía cortar con un cuchillo.

- Tan solo una pequeña diferencia de opiniones, profesora -respondió por fin Sirius, limpiándose la sangre que caía por la comisura de sus labios. Los ojos de Arya eran pozos negros de odio.

- No pienso permitir este tipo de comportamiento en mi presencia, señor Black. Discúlpese inmediatamente... ¿Es que no me ha oído, Señor Black? Lo que ha hecho es algo imperdonable para un caballero.

- Si sabe lo que ha pasado¿por qué pregunta? - le respondió con cinismo. Algunos alumnos soltaron una risita, que pronto se vio aplacada por la dura mirada de la maestra.

- Discúlpese - los ojos de Minerva MacGonagall se entrecerraron como los de un gato. Todo el salón los miraba, pero él no iba a dar su brazo a torcer, no después del bofetón, no después de que su boca se llenara de sangre - No quiere disculparse, pues muy bien. Una semana de castigo y 100 puntos menos para Gryffindor - las quejas de la mesa de Gryffindor no se hicieron esperar - ¡Silencio! Preséntese mañana a primera hora en mi despacho, señor Black. ¿Se encuentra bien, señorita Válanar?

- Perfectamente - dijo sin romper la mirada con Black, pasándose la mano por la muñeca.

- Señor Black, señorita Válanar, vuelvan a sus asientos - ninguno de los dos se movió. - ¡Ahora!- Sirius tuvo que refrenarse a lanzarle una maldición cuando la chica pasó por su lado. Su orgullo, su soberbia maltrecha fue transformándose en una sensación de odio sordo, que no había sentido en su vida, ni por Snape, ni siquiera por su ya de por sí, despreciable familia.


James, Remus y Peter lo vieron llegar y sentarse a su lado sin decir nada. Ellos tampoco sabían que decirle. Lo habían visto todo, todo Hogwarts lo oído el grito de furia de la muchacha y la sangre que aun goteaba sobre la blanca camisa. Ninguno de los tres se explicaba el comportamiento de su amigo.

Ellos no eran los únicos sorprendidos por su forma de actuar. Lily se había quedado con la boca abierta, al igual que Charlie, la prefecta de Gryffindor, pero ambas tuvieron que reaccionar para que Reba no se lanzase al cuello de Black, causando así más problemas.

Arya llegó hasta donde estaba su capa cuando la cena se dio por concluida. La gente empezaba a marcharse pero ella era incapaz de dar un solo paso. Le dolía el brazo y la boca aun le sabía a sangre.

Regulus la vio allí parada y por segunda vez quiso acercarse, aunque esta vez le faltó el valor necesario.

- Será mejor que no te quedes atrás o te perderás - la voz de Severus atrajo su mirada hacia delante. Si lo que había pasado le había extrañado de alguna manera, lo disimulaba muy bien - Vamos, no puedes quedarte aquí - le siguió sin mucho entusiasmo. Se sentía herida como nunca antes lo había estado. De repente algo se le tiró encima.

- ¿Estás bien? - Reba se había escapado un momento de la vigilancia de Lily y Charlie para acercársele - En cuanto lo pille en la sala común querrá no haber nacido, ese maldito hijo de puta.

- ¡Reba! No vas ha hacer nada. No quiero que te metas en líos. ¿De acuerdo?

- Pero él te ha be...

- ¡Promételo! - no quería oír esa palabra.

- De acuerdo - la potente voz de su hermana le hizo bajar la cabeza.

- Ahora vete, te están esperando - cuando su hermana se hubo ido, Arya se giró y vio que no había nadie más, excepto ella y Severus Snape.

- ¿Por qué me has esperado? - dijo mientras le seguía. Los ojos de Snape se entrecerraron.

- No podía permitir que alguien que es capaz de que castiguen a Black y de que le quiten 100 a Gryffindor, se pierda por los pasillos - Durante un rato anduvieron en silencio hasta que Severus habló de nuevo - Será mejor que vayas con cuidado con Black.

- Gracias, pero creo que el aviso llega un poco tarde.

- Solo te lo digo para que la próxima vez tengas a mano tu varita.

- No habrá una próxima vez, te lo aseguro - sus palabras sonaron frías y llenas de rencor, aunque en sus labios aun notaba el sabor cobrizo y amargo de su primer beso.


Los resoplidos de Peter y la respiración tranquila y profunda de Remus se oían por la habitación. Pero James no podía dormir antes de hablar con su amigo, y sabía que él tampoco dormía.

- ¿Sirius?

- Aha.

- ¿Quieres hablar? - le preguntó levantándose y acercandose a su cama. Descorrió con cuidado el dosel y se sentó a su lado. Sirius estaba estirado, con los brazos detrás de la cabeza. Aun llevaba puesta la ropa llena de sangre. Pasaron un par de minutos antes de que su amigo se dispusiera a hablar.

- He perdido el control, James. Esa chica me ha hecho perder el control.

- Te he visto perder el control unas cuantas veces, amigo - Sirius desvió la mirada - aunque nunca con una chica.

- Si hubiera sido un chico el que me hubiera dado la bofetada, te aseguro que ahora mismo estaría en la enfermería con varios huesos rotos.

- Pero era una chica. Una que no estaba dispuesta a que la besaras.

- Ninguna chica me había dado jamás una torta, y mucho menos me había mordido mientras la besaba - una de sus manos se acarició el labio magullado.

- Bueno, ahí tienes el castigo que buscabas - a ese comentario, James recibió la almohada en la cara.

- No me hables de castigos, quieres. - le recriminó Sirius incorporándose. La sombra de Remus se les acercó.

- Creo que esta vez te has pasado - dijo Remus cruzándose los brazos - ¿Por qué no la podías dejar en paz cuando te ha dicho que no?

- En ningún momento me ha dicho que no - Sirius intentó sonreír pero pronto se arrepintió. El sabor acre y tibio de la sangre inundó de nuevo su paladar.

- Creo que una bofetada es un no bastante claro, sino pregúntaselo a Peter. Él sabe más que vosotros sobre esa clase de negativas - los tres entornaron una sonrisa y aguzaron el oído intentando averiguar si Pettigrew se había despertado pero los inconfundibles resoplidos llenaron el ambiente.

- Por las barbas de Merlín, no me compares con él - dijo Sirius intentando parecer enfadado - Es mi amigo, pero no nos parecemos en nada.

- Es cierto - afirmó Remus - A Peter jamás se le habría ocurrido agarrar a una chica que le acaba de dar un bofetón y plantarle un beso por la boca delante de todo el mundo. ¿Es que no te has parado a pensar por un momento lo que estabas haciendo?- la voz de Remus subió tanto que temieron despertar a Peter. El moreno lo miró impasible - Ya veo que no.

- Tenía que hacerlo y punto -respondió echándose de nuevo sobre la cama - Me cabreé ¿entiendes? - Se quedó callado. Al poco susurró - No pretendía hacerle daño - Miró a sus amigos, apenas podía verles la cara en la penumbra de la habitación pero sabía lo que estaban pensando. Un largo suspiro surgió de su boca y su expresión se endureció - No pienso pedirle perdón.

- Nosotros no hemos dicho nada - dijo James.

- Pero lo pensáis - volvió a incorporarse de golpe y les señaló con el dedo - Pues enteraos bien los dos. No me arrepiento de lo que he hecho. Todo lo contrario, me gustó.

- ¿Incluyes en eso la bofetada y el mordisco? No sabía que tuvieras gustos masoquistas - Esta vez la almohada fue a parar al rostro de Remus.

- Ya van dos. A la tercera no será la almohada lo que os golpee.

- Amigo, nos lo pones en bandeja - le respondió James con una clara sonrisa en los labios- Entonces, qué fue exactamente lo que te gustó.

- Me gustó demostrarle quien tenía la última palabra. A mi nadie me humilla, James. Ni mi padre, ni mi madre y mucho menos una total desconocida como Válanar.

- Esto está empezando a tener un trasfondo machista - dijo Remus volviendo a su cama.

- Ahora encima éste me llama machista, lo que faltaba. Enterate, fui muy amable hasta que me cruzó la cara.

- Creo que lo mejor que puedes hacer es consultarlo con la almohada. Tal vez mañana lo veas de otra forma - esta vez fue James el que se volvió a la suya.

- No pienso pedirle perdón - repitió Sirius arropándose con furia -. No señor.


Todo el colegio comentaba lo ocurrido la noche anterior en el Gran Comedor. Los slytherin estaban especialmente contentos y agradecidos a Sirius Black por la resta de 100 puntos a Gryffindor, que empezaba así el año bajo mínimos. Por supuesto, en Gryffindor pasaba todo lo contrario. Pero la única de su casa que de verdad tenía unas ganas locas de que una bludger le aplastase la cabeza era Reba Válanar.

La rubia acaba de llegar al Gran Comedor cuando lo vio delante de ella con sus amigos: el moreno de pelo imposible y gafas, el gordito con cara de alelado y el príncipe prefecto. La furia asesina le hizo apretar el paso, pasando como un vendaval entre los chicos. Sí iba más despacio, no hubiera sido capaz de mantener la promesa hecha a su hermana.

- ¿Qué le pasa a esa? - pregunto Sirius poniendo los brazos detrás de la cabeza.

-ESA es la hermana. - le respondió Remus recogiendo un cuaderno que se le había caído a la muchacha. - Creo que no te tiene demasiado aprecio, después de lo de ayer -Sirius soltó un bufido.

- No entiendo a las chicas - dijo Pettigrew. Los tres amigos se lo quedaron mirando un momento y después se miraron entre ellos.

- Eso ya lo sabemos, Peter. No hace falta que lo vayas pregonando por ahí - le dijo James intentando que no reírse. La cara del muchacho subió varios tonos en la escala del rojo.

- Si... bueno... pero yo no me refería a eso. Me refería que esa Válanar, la slytherin, debería de estarte agradecida, Sirius. - Sus amigos se lo quedaron mirando, intentando comprender lo que quería decir - Lo... que... bueno... lo que quiero decir es que la cogiste de una forma que... bueno... - Pettigrew estaba empezando a sudar bajo la mirada escrutadora de Black, - Y después la... la... besaste delante de todo el mundo... ufff...Era como estar viendo una de esas cosas muggle que llaman... penícula.

- Película - le corrigió Remus.

- Película, eso. He oído como algunas... bueno...comentaban que ojalá hubieran estado en el lugar de la nueva - Sirius sonrió con petulancia.

- ¿Quién decía eso? - le pregunto Sirius pasándole un brazo por encima mientras se sentaban en la mesa.

- Algunas chicas de sexto.

- El grupito de Carter, seguro - añadió James. Peter asintió.

- Algún día tendré que presentarme debidamente a Carter - Sirius volvió a sonreír pero su labio se resintió y la noche anterior se volvió tan nítida en su recuerdo, que le hizo acariciarse los labios. Le abrumaba un poco la intensidad de un beso nacido de la humillación. Tenía que reconocer que nunca había experimentado algo parecido. Y así, como si de un sexto sentido se tratara, sus ojos fueron hacia la gran puerta por la que acaba de entrar ella. El odio llenó de nuevo su alma. La voz de James le devolvió a la mesa.

- ¿Dónde se ha metido Remus?


Arya, miraba la lista de las clases que tenía hoy bastante seria, ya que todo la mañana la tenía ocupada por una sesión doble de Pociones con Gryffindor. Maldito Black. Encima, tenía un morado en el brazo por donde la había cogido. Maldito Black. Su mirada se posó en la mesa de los leones y la ira la inundó al darse cuenta de que él también la estaba mirando, con cara de suficiencia. Maldito Black.

- Se me acaban de pasar las ganas de desayunar - bufó mientras apoyaba los codos sobre la mesa.

- No me extraña si miras en esa dirección - la voz de Snape la sobresaltó. Aquel chico tenía la rara cualidad de aparecérsele en el momento más insospechado. Se sentó a su lado y empezó a desayunar.

A Severus Snape pocas cosas le pasaban desapercibidas y el odio mutuo entre Black y Válanar era tan evidente que no era el único que se había dado cuenta. Regulus tenía una sonrisa que le iba de oreja a oreja, aunque en el fondo estaba un tanto preocupado por la represalia que podía tomar su hermano contra la chica. Y él sabía de lo que su hermano era capaz. Julien Aled media las probabilidades de Arya contra las de un cazador experimentado como Black, que junto con Potter, se convertían en un equipo difícil de superar. Sentía una gran curiosidad por averiguar si Válanar era tan buena como le habían dicho.

- Tienes un comportamiento muy extraño para estar enfado conmigo - le insinuó Arya viéndolo comer con la educación más exquisita.

- ¿De donde has sacado la idea de que estoy enfado contigo? - le preguntó sin inmutarse. Se limpió pulcramente la boca con una servilleta, mientras una sonrisa sádica elevaba la comisura de sus labios - Creo que lo que te pasó después fue bastante más humillante - la blanca piel de Arya se volvió ligeramente rosada.

- Él tampoco se fue de rositas - le espetó.

- No, pero consiguió lo que quería - Arya se levantó de golpe y cogió sus cosas, pero antes de irse se le encaró.

- Nunca te han dicho que eres muy irritante - y se marchó de allí sin esperar una contestación.

- Sí, pero nunca con tanta educación - respondió con un deje de tristeza.

Severus sabía que lo que le había dicho la haría enfadar, pero así estaría preparada para cuando Black volviera a acercársele, porque sí en algo no se equivocaba, es que aquel engreído Gryffindor volvería a meterse en la vida de la Slytherin, por las buenas o por las malas, aunque esta última opción era la que más probabilidades tenía.