Hola y AHHHH,
Casi borro este capítulo con los patosos dedazos que tengo. Cuando la pobre Tonks pasa yo ya he tirado todos los cacharros al suelo.
Casi me da un ataque. Por suerte tengo una copia que sino me pego un tiro.
Lo de estar tranquilos en una biblioteca, olvidaos. Es todo mentira, al menos eso es lo que piensan varios personajes (a parte de mi, claro).
Besos y que disfruteis. Si veis algo raro decídmelo.
Daynes
5. A las cinco en la biblioteca
Esa chica le había desordenado el cerebro y no acertaba a saber por qué.
- En serio, Peter... ¡PARA DE UNA PUÑETERA VEZ! - arrambló con todas sus cosas y fue hacia la mesa más alejada que pudo encontrar. La clase no acababa de creerse que él que hubiera gritado fuera el inalterable Remus Lupin.
- Tendré que quitarle 5 puntos por este comportamiento, señor Lupin - le dijo Slughorn, con una de sus enormes cejas aún levantadas ante la sorprendente actuación del muchacho.
- Está en todo su derecho, profesor - respondió sin mirarle a la cara.
- ¿Se encuentra bien, señor Lupin?
- Sí - No, definitivamente, no se encontraba bien.
Lily se quedó mirando a Remus algo más de lo debido. Algo le había pasado, no sabía el que, pero estaba segura que el culpable de todo era Sirius Black. Si no... ¿Por qué se había sentado con Pettigrew, cuando siempre se sentaba al lado de Black? Y otra cosa... ¿Qué le había pasado a aquel imbécil con la camisa? Parecía como si una manada de gatos se le hubiera tirado encima. ¿Habría sido Remus? No, imposible. No era su estilo. De repente, notó como una mirada le taladraba la nuca. Se giró completamente. Potter. Y ahora le guiñaba un ojo. La raíz que tenía en sus manos se partió por la mitad... ¿Es que nunca iba a darse por vencido?
- Lily... ¿Se puede saber que haces? - Charlie acababa de darle un codazo, sacando a su amiga de su infierno particular.
- Idear planes maléficos de tortura - La chica se la quedó mirando con los ojos muy abiertos - No me hagas caso - Cogió la raíz rota y empezó a cortarla.
- Escucha, ya sé quien le destrozó la camisa a Black.
- ¿Quién?
- Arya Válanar, la nueva. Se ve que se metió con ella y la chica se defendió.
- Creo que me empieza a caer bien esa chica.
- Algunos dicen que intentó propasarse. Se ve que cuando llegaron para ver lo que ocurría, ella tenía la ropa algo desordenada y le faltaba varios botones de la camisa.
- Deberían darle algo a ese chico para calmarle las hormonas. Cada año se parece más a un perro en celo.
- Lo más sorprendente de todo es que dicen que Snape la ayudó. - Lily paró de cortar.
- Vaya... eso sí es sorprendente - Lily entornó los ojos intentando que su compañera no se diera cuenta hacia donde miraba. Severus estaba concentrado en su caldero, pero el asiento de al lado ya no estaba vacío. Lily sonrió. Parecía que por fin, Severus Snape había encontrado a alguien de su agrado. Aunque estaba segura que nunca lo admitiría. Me alegro por ti... amigo.
He estado muy cerca de perderlo, demasiado cerca. Si la cadena del colgante llega a romperse... Arya prefería no pensar en eso. Pero aquello no podía volver a ocurrir, ni con Black ni con nadie. Severus no sabía en verdad lo agradecida que le estaba. Cuando le había dado las gracias, la había mirado extrañado, como si aquello no fuera con él. Y ahora, aunque estaba sentado a su lado, estaba tan concentrado en realizar su poción, que desde que habían entrado, no había dicho ni una palabra. Severus Snape estaba siendo todo un misterio.
Su poción estaba casi terminada cuando cayó en la cuenta de algo. Remus Lupin. Estaba casi segura que la frase que le iba a decir cuando les interrumpieron, era que Sirius Black era amigo suyo. Debería estar enfadada con él pero evitó que hechizaran a Severus. Y su reacción contra aquel chico de gafas cuando Black se fue a su sala común a cambiarse, no había pasado inadvertida para ella. Tenía que hablar con él. Se giró un momento y vio que Lupin repasaba unos pergaminos mientras la poción terminaba de cocer los últimos ingredientes. Arrancó una hoja del cuaderno de su hermana y escribió.
Un poco más calmado, Remus releía sus notas, esperando a que su poción estuviera lista, cuando una pajarita de papel se posó sobre su mesa. Se volvió hacia sus amigos pero estos hablaban con los que tenían detrás y no le miraban. Entonces levantó la vista, justo a tiempo de ver, unos pupitres por delante de él, como una larga trenza se agitaba. Casi se le para el corazón de golpe. No podía ser. Miró a derecha, a izquierda y tragó saliva mientras desdoblaba con cuidado el trozo de papel
Me gustaría poder hablar contigo.
¿Conoces algún lugar en que no tenga que
encontrarme a Black a cada paso?
Arya
Remus se mordió el pulgar. Si quería hablar con él, entonces, no estaba enfadada... Un lugar donde Sirius no se acercara... Eso era fácil. La biblioteca. Mientras se mantuvieran lejos de la mirada y los oídos de la bibliotecaria, la señora Pince, no habría problema.
La biblioteca. Ya sé que no es precisamente
el mejor lugar para hablar, pero
es el único sitio a donde no se le ocurriría aparecer.
¿Después de las clases de la tarde, a eso de las cinco?
Remus apenas pudo ocultar una sonrisa cuando la chica inclinó la cabeza confirmándole la... ¿cita? Se pasó la mano por la cara, que empezaba a cubrirse de gotas de sudor. Tranquilo, Remus, se dijo, aquello no era ninguna cita, ella sólo quería hablar con él, nada más. Me estoy comportando como James cuando ve a... NO, NO, NO, si la acabo de conocer. Seguro que lo que me pasa tiene una explicación lógica... La luna, sí claro, tiene que ser la luna... Pero si hasta el día 20 no será de nuevo luna llena. No puedo dejar que me empiece a afectar tan pronto...
Un olor extraño que parecía venir de su caldero lo trajo de golpe hasta su asiento en la clase.
- Deberíamos ir a hablar con Remus. Me empieza a preocupar seriamente - dijo James. Sirius, Peter y él estaban sentados sobre las losas de la galería de piedra que separaba el claustro del Gran Salón. Era un lugar fresco para pasar le rato después de la comida - En Pociones, casi funde su caldero y en Encantamientos le quema la barba al pobre profesor Flitwick. Peter, creo que sentarse a tu lado no le ha ido demasiado bien.
- Pero si apenas ha estado cinco minutos conmigo en Pociones - se quejó Pettigrew.
- Menos mal, si llegáis a estar más tiempo juntos no sé lo que habría pasado - James no pudo evitar reírse entre dientes - Venga, Peter, no pongas esa cara. Era solo una broma - Pero Peter no reía, y tampoco lo hacía Sirius. Sus intentos por animarles no estaban dando resultado. Encima, después de las clases de la tarde y durante toda la semana, Black tenía que ir a la biblioteca a ayudar a la amargada señora Pince a ordenar y catalogar. Sabía que su amigo hubiera preferido antes limpiar sin magia todos los calderos de pociones que estar cinco minutos en la biblioteca.
Sirius se levantó y se acercó lentamente a una de columnas del claustro. Su mano se posó acariciadora sobre la piedra. Al otro lado del patio, la esbelta figura de Arya Valanar, caminaba con paso seguro hacia su siguiente clase, sin percatarse que estaba siendo observada. La respiración del chico se hizo más profunda.
- La culpa de todo la tiene esa chica. Si no hubiera aparecido, nada de esto habría pasado.
- Tu fuiste quien se acercó a ella, no ella a ti - le respondió James.
- ¿Y qué? - le espetó sin apartar la mirada de ella.
- Bueno, yo creo que también tienes parte de culpa. Si no te hubieras metido con ella, ahora Remus estaría sentado aquí, con nosotros.
- Yo no me metí con ella.
- De acuerdo, olvidemos lo que pasó ayer. Pero hoy, recuerda que has metido las manos donde no debías. Si MacGonagall llega a ver donde tenías las manos y la varita... le da un ataque.
- James Potter... ¿TÚ me vas a dar a MÍ lecciones de comportamiento?
- Ni mucho menos. Sólo constataba un hecho - Black soltó un bufido -. Reconoce que Válanar no es de esas chicas que se dejan embaucar por una cara bonita como la tuya y eso te duele - Sirius seguía sin mirarle aunque la chica ya había desaparecido de su vista. La mano que tenía apoyada en la columna se fue transformando en un puño. James se acercó a Sirius, y cuando fue a poner una de sus manos en sus hombros, este se apartó.
- ¿De verdad crees que estoy así por que esa arpía me ha rechazado?
- ¿Y entonces por qué sino? Sabes, es la primera vez que hablas tanto tiempo seguido de una misma chica. Llevas todo el día hablando de ella. No muy bien pero bueno... Ni siquiera cuando estuviste el año pasado los tres meses con aquella slytherin de séptimo, hablamos tanto. ¿Sabes lo que creo? Que esa chica te gusta de verdad y te da miedo admitirlo - Sirius se volvió de golpe y agarró a su amigo por las solapas de la camisa.
- No te lo voy a repetir otra vez. Lleva un solo día aquí y no ha hecho más que fastidiarme. ¡NO LA SOPORTO!... ¿TE HA QUEDADO CLARO?... ¡Y BORRA ESA ESTÚPIDA SONRISA DE TU CARA! - lo soltó tan de golpe que James estuvo a punto de caerse. Sirius agarró sus cosas y se alejó de allí a grandes zancadas.
- ¡Tampoco es para que te lo tomes así! - le dijo intentando seguir su ritmo - Si tu dices que no, es que no. ¡Quieres esperar! - Peter se había quedado atrás recogiendo sus cosas y las de James. Primero Remus, ahora Sirius... ¿Qué les estaba pasando a sus amigos?
Remus casi salió corriendo de Aritmancia, su última clase de la tarde. Le sudaban las manos cuando se acercó a la puerta de la enorme biblioteca. La señora Pince le saludó con el plumero que siempre llevaba, pero él apenas se dio cuenta de ello. Casi no había nadie. ¿Quién iba a ir a la biblioteca el primer día de clase? Se sentó en una de las mesas desde donde, resguardado tras una estantería podía ver la entrada sin que le vieran. Miró el reloj de la sala. Acababan de dar las cinco. Ella no tardaría en llegar, o al menos, eso esperaba.
- Buenas tardes, señor Black. Que puntual es usted para cumplir un castigo - No podía ser. Remus se asomó disimuladamente y pudo ver la espalda de su querido amigo. Nunca se le hubiera ocurrido que MacGonagall lo enviara a ordenar libros. Se estaba ablandando. ¿Es que no había más cosas que hacer en todo el colegio? - Puede empezar por los libros de aquella mesa del fondo. Nada de usar la varita. Si no llega, utilice la escalera.
- Nada de usar la varita. Si no llega, utilice la escalera... viejo buitre apergaminado - le oyó murmurar Lupin mientras se acercaba a la pila de libros con las manos en los bolsillos. Remus se encogió tanto que apenas se le veía la cabeza por encima de la mesa. Por suerte la estantería había sido su salvación. Sirius se quitó la corbata y la dejó, junto con la túnica encima de la mesa, se remangó la camisa, cogió unos cuantos libros y su alta figura se perdió por uno de los innumerables pasillos. ¿Y ahora que? Si ella aparecía podía volver a montarse una buena... otra vez.
- Vaya, vaya, señor Potter... ¿ A usted también le han castigado? - Remus tenía ganas de golpearse la cabeza contra la mesa. El destino le odiaba.
- Esta vez no, señora Pince.
- Les estaré vigilando así que espero que ni se les ocurra ayudar al señor Black.
-¿A Sirius? Ni siquiera sabíamos que estaba aquí. ¿Verdad? Venga Peter, veamos cual es ese problema tienes con Encantamientos - Vio como sus amigos se sentaban en una mesa cercana a la que tenía la montaña de libros. Gracias a esos mismos libros no podían verle, pero él tampoco a ellos. Tarde o temprano se darían cuenta de que estaba allí... ¿Y por qué tenía que esconderse como si estuviera haciendo algo malo? Que más daba si le veían con ella. Él podía quedar con quien quisiera. Se irguió en su asiento, se levantó, cogió sus cosas y se puso en una de las mesas cercanas a la puerta. Sí tenían que verle, que le vieran bien.
- Mira, James. Remus también está aquí - James dejó de mirar al pasillo por donde había vuelto a desaparecer Sirius tras coger unos cuantos libros más, para volver la vista al frente. Su amigo estaba sentado, solo, justo en frente de la puerta y les daba la espalda.
Hizo una bolita de papel y cuando la señora Pince distrajo su vigilancia con unas chicas que hablaban demasiado fuerte, la lanzó, cayendo justo al lado de la mano derecha del chico, que sevolvió para ver que pasaba. Potter hizo un gesto con la mano para que se acercara pero su amigo negó con la cabeza y se giró de nuevo en su asiento.
- Parece que aun está enfadado - susurró Pettigrew.
- Sí, eso parece - Sirius apareció de nuevo a su derecha, pasando de largo y yendo a por más libros, parándose un segundo al ver a Remus, e ignorándolos de nuevo para volver a adentrarse en la biblioteca - Y éste también - Pero James Potter no se iba a dar por vencido tan fácilmente. Si los caballeros no iban al rey Arturo, el rey Arturo iría a por sus caballeros - Voy a ver si puedo convencer al cabezota de Sirius - Se levantó y se fue hacia el pasillo - Avísame si la Pince se acerca a fisgar.
- ¿Y como lo hago?
- No sé, improvisa.
Las cinco y diez. Llegaría tarde.
- Snape... ¿Sabes donde está la biblioteca? - preguntó Arya mientras recogía sus cosas. Este se la quedó mirando con una ceja levantada.
- Llevo cinco años aquí. ¿Tu que crees?... Está en el cuarto piso. Sígueme, yo también voy hacia allá - Cuando estaba a sulado, Arya se sentía como si fuera una niña pequeña.
- ¿Tienes hermanos? - la pregunta pilló tan de sopetón a Severus que quedó parado en medio del pasillo repleto de gente.
- No. ¿Por qué?
- Simple curiosidad. Te comportas como si tuvieras hermanos pequeños - Severus arrugó el entrecejo y siguió caminando hacia las escaleras que no paraban de cambiar de lugar, moviéndose a derecha y a izquierda.
- No te pareces en nada a tu hermana - ahora fue Arya la que se paró en medio de las escaleras. Severus había vuelto a ver a Reba en la comida, cuando su hermana le dio un cuaderno. Nunca le había parecido que dos hermanas pudieran ser más distintas físicamente.
- Suelen decírmelo - Severus percibió un ligero temblor en la voz de la muchacha, pero no fue capaz de averiguar por qué - Mi abuela dice que es por qué ella nació en verano y yo en invierno - añadió rebasando el escalón en el que estaba el chico.
- Eso no tiene sentido - le dijo Severus adelantándose cuando ella no supo por donde continuar.
- Pero ella así lo cree - Acababan de llegar al cuarto piso cuando algo viscoso casi les cae encima. Un hombrecillo vestido con una moda pasada hacía un par siglos, de ojos perversos y sonrisa pícara jugaba con trozos de gelatina, flotando sobre sus cabezas.
- Peeves, maldito duende - murmuró Severus - Peeves, lárgate o se lo diré al Barón -otra bola de gelatina calló a sus pies.
- ¡Quejicus y la chica nueva! - Grito el duende abriendo mucho los ojos - ¡Quejicus tiene novia, Quejicus tiene novia! - cacareó sobre sus cabezas.
- ¡El Barón se enterará de esto! - Severus agarró a la muchacha por un brazo e intentó alejarse rápidamente de las bolas de gelatina verde que caían a cada lado, hasta que al poltergeist se le acabó la munición y desapareció con una risotada.
Estaban casi sin aliento. De repente,Severus se dio cuenta de que aun la tenía cogida y la soltó de golpe. La puerta de la biblioteca se veía al fondo.
- Me habían hablado de Peeves... ufff. ¿Quién es el Barón?
- El fantasma de nuestra casa. Es el único al que teme Peeves. Pero hay días que ni eso lo para... y parece ser que hoy es uno de esos días - añadió con un susurro - Le llaman el Barón Sanguinario, pero no te aconsejo que se lo digas a la cara.
- ¿A que viene eso de Que...? - el muchacho torció el labio. Como odiaba ese nombre.
- Quejicus... Hay ciertos gryffindors como Black que tienen un sentido del humor muy rastrero. No me extrañaría que ha ti también te hubieran puesto un mote - Una chica pelirroja que venía corriendo desde el fondo del pasillo casi se los lleva por delante.
- Perdonad, pero Peeves hoy está imposible - Se quedó parada cuando se dio cuenta quien era la chica que acompañaba a Snape. No pudo evitar sonreír - Tu eres Válanar. Ya tenía ganas de conocerte. Hola, me llamo Lily Evans. ¿Vais a la biblioteca?
- Venga, tío. ¿No me digas que aun estás enfadado por lo que te dije? - James perseguía por los pasillos a su amigo sin que este aminorase en algo sus largos pasos. - Nunca pensé que decirte que una chica te gustaba te iba sentar tan mal - Sirius cada vez ponía los libros más bruscamente - Sigo sin entender por qué te has cabreado tanto. Si tu me dices que no la soportas, pues no la soportas. De acuerdo, estaba equivocado. Pero como no parabas de hablar de ella... Vaa, perdóname. Supongo que me he puesto a pensar en Evans y se me a ha ido un poco la olla - James se pasó una mano por el pelo y cerró los ojos pensando en aquella chica pelirroja que le quitaba el sueño. Cuando los abrió, la sonrisa que tenía en sus labios se esfumó. Estaba solo en medio del pasillo - Sirius, estoy empezando a perder los nervios... Será cabezón - Se internó por los diferentes pasillos sin éxito - Ya te he pedido perdón... ¿Qué más quieres?... Vamos a hablar con Remus y solucionemos todo esto de una jodida vez.
- ¿Y por qué no viene él a hablar con nosotros? Por lo que yo sé, hay la misma distancia de allí a aquí que de aquí a allí - le preguntó Black apareciendo tras él.
- Por qué en un principio es él quien está cabreado con nosotros y no al revés. Sabes que Remus tiene una paciencia que rivalizaría hasta con el propio Merlín. Es la primera vez que se enfada así y no me gusta - Sirius, con un libro en las manos, se apoyó en una de las altas estanterías - Somos un equipo y sin él ya no es lo mismo.
- Solo llevamos unas horas sin él a nuestro lado y ya lo echas de menos - Sonrió mientras ponía el libro en su sitio - Si no fuera por que sé que estás loco por Evans, empezaría a pensar mal de ti. Vamos a tener que ingeniárnoslas para que el buitre no nos pille hablando.
- ¡Chico, se puede saber que es lo que esta haciendo! A los libros hay quetratarlos más respeto - la amargada voz de la bibliotecaria llegó hasta sus oídos.
- Lo siento, señora Pince. Ahora mismo lo recojo - Oh, oh. Ese era Peter.
- ¿Dónde está su amigo?
- ¿Quién?
- ¿Quién va a ser? Potter, chico. ¿Dónde está el señor Potter?
- Esto... creo que ha ido a la sección... de encantamientos... para el trabajo que tenemos que hacer para el profesor Flitwick.
- Sabe lo que le digo... QUE NO LE CREO. Habrá ido a ayudar a ese al indeseable del señor Black... ¡Quiere quitarse de en medio!
- ¿Me buscaba, señora Pince? - James apareció por detrás de la mujer, con un enorme libro en la mano y una angelical sonrisa en el rostro.
- ¿Dónde estaba, señor Potter? - le preguntó mirándolo por encima del hombro, como si esperara ver a parecer a alguien más por detrás de él.
- Buscando un libro. ¿Esto es una biblioteca, no?
- No se las dé de listo conmigo, jovencito. ¿Y el señor Black? Es igual. Será mejor que lo busque yo misma. Apártate, chico - la anciana apartó de un plumazo a Peter y se perdió por la biblioteca refunfuñando entre dientes, mientras el plumero se puso a volar por encima de ella, repasando libros y estanterías.
- Todo solucionado con Cabezota. Ahora solo nos queda hablar con Conciencia. Peter, dime que soy un genio.
- Eres un genio - James le pasó un brazo por los hombros a su amigo y ambos se volvieron a mirar a un Remus, que cada cinco segundos apartaba la vista del libro que había abierto para mirar hacia la puerta.
- ¿Soy yo o está nervioso?
- Lleva todo el rato así - le confirmó Pettigrew - Parece que esté esperando a alguien - La mente de James empezó a echar humo. Él sabía que ellos estaban allí y era casi seguro que también había visto a Sirius ¿A quien estaba esperando? Entonces, tres figuras aparecieron por la puerta. Inevitablemente, James Potter se pasó una mano por los más que revueltos cabellos.
