Hola, que os contáis?

Los Black son lo más cercano a la realeza dentro del mundo mágico, gracias a la pureza de su sangre. Pero esa sangre no los hace a todos iguales... ¿o sí?

He tardado un poquito, lo sé, pero es que he estado ocupada. Más cositas al final del capítulo.

Besos

Daynes


7. La inquietud de un Black.

Algo plateado brilló por el rabillo del ojo. Había algo más sobre la seda, algo tan pequeño que había pasado desapercibido. Era un pequeño colgante, que junto con su cadena, le resultaba familiar. Acercó la mano para cogerlo, pero parecía que siempre estaba igual de lejos. Daba igual las veces que lo repitiera, nunca conseguía alcanzarlo.

Una mano ganchuda tiró de él, hacia la oscuridad. Le retorció el brazo hasta hacerle soltar la espada.

- Ya no puedes escapar...

Sirius despertó con un grito ahogado en la garganta.


- Tranquilo, es sólo una pesadilla - dijo una voz serena. La larga sala de la enfermería estaba bajo los tonos rojizos del atardecer. Sirius tuvo que parpadear varias veces para poder enfocar la figura sentada en una silla al lado de su cama. Era un hombre que no aparentaba tener más de cuarenta años bajó su casaca oscura. Se apoyaba tranquilamente en el respaldo de la silla, con los brazos cruzados. El pelo era algo largo, ondulado, negro, pero aun con poco luz, se veía que empezaba a volverse gris. El rostro, de marcada mandíbula, con una incipiente barba, tenía tres cicatrices, antiguas, que surcaban su pómulo derecho. Parecían los viejos bigotes de un gato, al que le habían arrancado el lado izquierdo, que lejos de quitarle atractivo, acentuaban más sus rasgos. Pero lo que más destacaba de él eran sus ojos, los ojos de su hijo.

- Padre... ¿Qué haces tu aquí? - preguntó el muchacho apartando la mirada.

- Esperar. Llevas tres días inconsciente... ¿Recuerdas lo que sucedió?

- Algo - le dolía la cabeza. Cuando fue a tocársela con la mano derecha, el brazo empezó a palpitarle con fuerza, dándose cuenta de que lo tenía cubierto por algo duro y blanco desde los nudillos hasta el codo - ¿Qué es esto?

- Escayola, un remedio muggle contra las fracturas. Te rompiste el brazo.Lo más seguro es que,en cuanto vuelva Madame Pomfrey, te la quite.

- Ahora entiendo... - susurro acariciando el yeso con la otra mano. Aquella garra retorciéndole el brazo había sido muy real, al igual que la espada y ese colgante. Ahora recordaba cuando y sobretodo, donde lo había visto. Descartó ese pensamiento, notando que su cuerpo intentaba deshacerse de su control.

- ¿El que?

- Nada, cosas mías - aunque no le mirara, Sirius sabía que su padre no le quitaba los ojos de encima. Durante unos largos segundos su padre no dijo nada y cuando habló, Sirius dio gracias que el tema fuera lo suficientemente desagradable como para apartar a aquel maldito hecho de su cabeza.

- Tu madre no ha podido venir.

- Ya lo supongo. Debería haberme roto la crisma para que creyera que era importante venir.

- Sirius...

- ¿Qué? - giró la cabeza y se encontró con los ojos imperturbables de su padre. A veces pensaba si cuando tuviera su edad se parecería a él. No era una idea que le acabase de gustar - ¿Acaso no he dicho la verdad? Si hubiera sido Regulus hubiera venido sin pensarlo. Pero yo no soy Regulus.

- Lo sé - su padre se enderezó un poco en la silla pero no dijo nada más. Con él siempre era así. Le exasperaba no poder franquear esa barrera de silencio a la que le tenía acostumbrado. Su madre le gritaba hasta quedarse sin voz y más de una vez le había cruzado la cara, pero él no. Se quedaba quieto y lo miraba, de la misma forma que lo estaba haciendo ahora.

- Esta vez no he hecho nada - le seguió mirando -, te lo aseguro. - Su padre se llevó una mano al mentón. Él lo sabía, estaba seguro de que MacGonagall le había informado de lo ocurrido en la cena de bienvenida, pero esperaba a que fuera él quien se lo dijera. Siempre era así. Suspiró. Lo mejor sería acabar cuanto antes - Te lo han contado¿verdad?

- Sí.

- Fue injusta.

- No te estoy juzgando, Sirius.

- Lo único que hice fue besarla - el hombre entreabrió los labios en una sutil sonrisa.

- Tal vez deberías haberle pedido permiso antes.

- Yo... - abrió la boca y la volvió a cerrar. Hubiera querido decirle que en cierto modo, sí que le pidió permiso, lo rechazaron bruscamente y que la única forma que encontró para aplacar su furia fue...fue besarla como nunca antes lo había hecho... Pero nada más pensarlo, se sintió estúpido. Él, hablando de chicas con su padre... El golpe había sido más fuerte de lo que creía. Desvió la mirada y la clavó en sus manos que, delante de él, se agarraban con fuerza a las sabanas. El brazo roto volvió a palpitar.

- ¿Y bien?

- El brazo... me duele - Era su mejor y única salida para dar por zanjada aquella conversación.

- Entiendo. - oyó como se levantaba de la silla y se alejaba, abriendo las puertas de la entrada y cerrándolas tras él. Sirius se volvió hacia la silla vacía y sus manos se relajaron, dando descanso al dolor de su brazo y al de su cabeza.

Recordaba a la perfección la única vez que escuchó a su padre alzar la voz. Debía de tener unos cinco años y ambos acababan de volver de un paseo que era un tesoro en su memoria. Su madre estaba furiosa pero él no entendía por qué. No había hecho nada malo.Recordaba el zumbido de sus oídos cuando su madre lo tumbó de un golpe. Se acurrucó esperando recibir el siguiente golpe pero nunca llegó. Abrió los ojos poco a poco, temiendo que a su madre se le hubiera ocurrido algo peor que hacerle pero lo que vio se le grabó a fuego. Su padre, con la respiración entrecortada y los dientes apretados, de pie, entre él y su madre. Ella le decía algo sonriendo con sarcasmo, pero no podía oírla. Él le respondió con una sola frase, alta y clara.

- No me importa. Vuelve a tocarle una sóla vez y haré que te arrepientas de haberte casado conmigo. Recuerda, Walburga, recuerda - Su madre ahogó la sonrisa y se puso pálida, incapaz de reaccionar, dejando que su padre lo cogiera en brazos y se lo llevara de allí. Su madre no lo volvió a tocar hasta que entró en Hogwarts pero para entonces las cosas habían cambiado.


- ¿Crees que habrá despertado ya? - pregunto Peter a James, mientras balanceaba las cortas piernas sobre el banco en el que estaban sentados junto a la enfermería. James hacía girar la varita entre los dedos y Remus, de pie, a un par de metros de ellos, tenía los ojos cerrados, dejando que la luz agonizante que entraba por un ventanal le calentara la piel - ¿Por qué no entramos?

- Su padre está con él. No sería una buena idea - le respondió James sin mirarle.

- Además, tampoco sabemos si ha recuperado la consciencia. - prosiguió Remus con los ojos medio cerrados - Madame Pomfrey no tardará mucho en volver - Las puertas de la enfermería se abrieron y apareció un hombre alto con una larga casaca oscura que James conocía muy bien: era Orión, padre de Sirius y Regulus y patriarca de la Noble y Antigua Casa de los Black. Cuando el hombre volvió su mirada hacia ellos, Remus abrió los ojos del todo y James se levantó, estirando de una manga a Peter para que también lo hiciera.

- Buenas tardes señor Black - dijeron los tres casi al unísono.

- Buenas tardes, James, chicos. Acaba de despertarse. ¿Sabéis dónde puedo encontrar a Madame Pomfrey?

- Esta en el despacho del Dumbledore.

- El profesor Dumbledore, James - el hombre se los quedó un segundo mirando, con una mirada exacta a la de Sirius cuando se le acaba de ocurrir una idea - En el estado en que se encuentra, no creo que sea muy conveniente dejarlo sólo. Iré a buscarla pero no creo que tarde menos de quince minutos - A James casi se le escapa una sonrisa. Ellos esperaban la ocasión propicia para entrar, pero no que se la pusieran en bandeja. El hombre se empezó a alejar de ellos con pasos tranquilos.

- Puedo acompañarle si no sabe dónde está - se ofreció Peter. Orión Black se volvió con una triste sonrisa en los labios y después siguió caminando - ¡AUUUGG!...¿Pero que he dicho? - James acababa de darle una colleja.

-¿Tú eres tonto o qué?.¡Claro que sabe donde está! Él estudió aquí mucho tiempo antes de que tu nacieras.

- Yo solo que quería ser amable - se quejó Peter.

- Entremos, o los quince minutos que nos a dado el señor Black se quedaran en nada - sugirió Remus. Se quedó un momento mirando a James que aun estaba fastidiado con Peter - James...

- Sí, ya te he oído. Entremos - De los tres, era él único que conocía al padre de Sirius. Al fin y al cabo, Dorea, su madre, era una Black. Una noche le oyó comentar que el taciturno patriarca no siempre había sido un hombre tan cerrado. Cuando él le preguntó por qué, ella le respondió que no eran asuntos de niños y que ya era hora de que se fuera a la cama.


- Peter...

- ¿Qué?

- Deja de rascar el yeso, que no soy una pared - Sirius apenas pudo ocultar una sonrisa al ver que junto a James y Peter, entraba también Remus. Lo que había hecho Peeves tal vez ayudara a que se le pasara el enfado a su amigo, pero eso no significaba que pasase por alto que lo hubiera tirado desde un piso de altura. Ahora era él el que tenía muchas cosas que decirle y preguntas que hacerle a ese duende.

- Esto es tan solo una tregua. Tu y yo aun tenemos que hablar - le dijo Remus en la enfermería con cara de no haber olvidado lo que había pasado con Válanar. Arya Válanar, como iba a olvidarlo su amigo. Ahora, ya en la cena, Remus se había sentado con ellos pero no había cambiado en nada su actitud distante. James se pidió el siguiente turno de palabra. Se empezaba a sentir como en un interrogatorio.

- Lo siento, pero es que aun no entiendo por qué Pomfrey te ha dejado... eso - respondió Peter apartando su regordeta mano del yeso.

- Dijo que prefería que tuviera el estomago lleno antes de arreglar nada... - le respondió Sirius mientras cogía con torpeza el tenedor con la mano izquierda. Comer no iba a resultar fácil. Se empezaba a arrepentir de convencer a la enfermera de dejarle ir a cenar al Gran Comedor. Pero estaba harto de estar allí. Necesitaba el bullicio, la gente mirándole y preguntándole como estaba, y no estar tumbado en una cama sin hacer nada. Así, también había podido evitar volver quedarse a solas con su padre.

- Sirius, Amelia Carter y sus amigas acercandose a las tres en punto - le susurró James. Sirius sonrió.

- Creo que le voy a decir a Pomfrey que me deje la escayola durante un tiempo.

- ¡De eso nada! - le espetó James - La semana que viene empiezan los entrenamientos de Quidditch y te necesito repuesto del todo.

- Tranquilo, capitán. Era tan sólo una sugerencia - le dijo mientras le ponía su mejor sonrisa a Carter.


- Julien, parece que Black ya ha vuelto a la circulación - le comentó un chico moreno, de rasgos orientales que se sentaba a su lado en la mesa - Y yo que esperaba que Peeves lo hubiera dejado inconsciente una buena temporada, como mínimo hasta después del partido contra Gryffindor en noviembre.

- Aun queda mucho hasta noviembre, Akio. Siempre le puede ocurrir otro pequeño accidente - Akio se quedó mirando al capitán de su equipo con una sonrisa cómplice - ¿A qué viene esa mirada?...¿No creerás que yo incité a Peeves a tirarle por las escaleras, verdad? - el muchacho se encogió de hombros - Me complace que creas que me haría caso pero Peeves es un poltergeist y estos a los únicos que hacen caso son a sí mismos. - Julien se levantó y buscó a alguien con la mirada.

- ¿A quien buscas?

- A Válanar.

- ¿Y eso?.¿No seguirás pensando en meterla en el equipo? Las chicas de nuestra casa prefieren vernos jugar, sudar no les interesa. Con esos bracitos, dudo que Válanar tenga suficiente fuerza para lanzar una quaffle.

- A mí me han dicho otra cosa.

- Como me gustaría saber quien es tu informador, Julien - le dijo apoyando una mano en el mentón

- Eso es algo confidencial - por fin la vio, como había cogido por costumbre, sentada al lado de Snape - Quiero que me hagas un favor - Akio volvió la vista hacia donde miraba su amigo.

- ¿Quieres que me deshaga de Quejicus?

- No - Julien se sentó de nuevo y se acercó al oído de su amigo que enseguida comenzó a pasarse la lengua por los labios - Pero ahora no. Mañana. Quiero que Black esté delante.

- ¿Por qué?

- Tengo una corazonada. Confía en mi.


Arya no pudo evitar volver a mirar hacia la mesa de Gryffindor.

- ¿Intentando que se te vuelvan a pasar las ganas de comer? - le preguntó Severus - Si crees que ese a cambiado algo sólo por qué se ha dado un golpe en la cabeza y se ha roto un brazo, estás muy equivocada. ¿O lo que en verdad te distrae es el nuevo prefecto de Gryffindor?

- Parece un buen chico - Arya apartó la mirada y empezó a jugar con las sobras que quedaban en su plato.

- Es un cobarde.

- ¿Por qué dices eso? -le preguntó encarándosele.

- ¿ Acaso no te lo demostró cuando no movió un dedo por ayudarte? Y tu, lo primero que haces es quedar con él en la biblioteca - Snape estaba en lo cierto. No la ayudó pero le había pedido perdón por aquello, y eso contaba para ella.

- Lo sé. Pero desde entonces ha sido muy amable conmigo.

- Desengáñate. Lo hace para limpiar su conciencia y conseguir tu compasión y... otras cosas.

- ¿Cómo que otras cosas?

- No seas ingenua. ¿Te crees de verdad que se acercaría a ti sólo por que dice que quiere ser amigo tuyo? Oh, vamos... ¿No me digas que te has creído su interpretación? Esa tímida y turbadora mirada hacia sus pies cuando te ve, acompañada de una estúpida sonrisa. ¿De verdad no te habías dado cuenta? - Claro que se había dado cuenta pero no le había dado importancia. Lupin no era una persona habladora pero era fácil leer en sus gestos, y a pesar de las conclusiones de Snape, nada le indicaba a Arya lo que había leído en los ojos de Black.

- No creo que esas sean sus intenciones.

- Ese grupito de ahí sólo tienen una intención respecto a las chicas. Debiste advertirlo con lo que te pasó con Black... dos veces. Claro que también puedo equivocarme y la luna volverse azul - se puso de pie y empezó a recoger sus cosas. El pelo grasiento le caía sobre la cara, pero no hacía nada por apartarlo, tapándole la expresión.

- ¿Por qué te preocupas tanto por mí?

- ¿Preocuparme por ti? - Severus se volvió con tranquilidad hacia ella - Lo único que hago es mostrarte los hechos e intentar abrirte los ojos. Me pareces lo suficientemente inteligente como para pasar de esa clase de personas. No encontraras amigos en Gryffindor.

- ¿Y aquí sí?

- Tal vez - se la quedó mirando a los ojos sin apenas parpadear. Después se giró - Vuelvo a la sala común. ¿Vienes? - Arya sonrió y se levantó - Date prisa. No puedo pasarme la vida esperándote.


Regulus odiaba tener que hacer de recadero pero no había nadie más que pudiera hacerlo.

- Sirius... - el chico se giró al oír su nombre y buenas perspectivas que se presentaban esa noche se esfumaron.

- ¿Qué quieres, enano? - Regulus se tragó el orgullo y continuó.

- Papá sé va.

- ¿ Y a mí que?

- Tenemos que ir a despedirle.

- ¿Y si no quiero?

- Haz lo que te dé la gana - él ya se lo había dicho. Si venía era cosa suya. Empezó a avanzar hacia la puerta donde le esperaba Dumbledore.

- ¿Y su hermano? Ah, ahí viene - debía de tener un buen día si había decidido ir. En el fondo Regulus se alegraba de que su hermano hubiera despertado. Aunque era muy en el fondo.

- ¿Cómo se encuentra, Sirius? - dijo el director avanzando al lado de los muchachos por el pasillo que lo llevaba hasta la salida del castillo.

- Bastante bien, profesor. Sólo que el yeso este me pica un poco.

- Bueno, bueno, eso enseguida lo solucionará Madame Pomfrey. Menudo susto nos dio. Por suerte tiene la cabeza dura - Regulus no pudo evitar soltar una risita, que rápidamente fue reprendida por la mirada airada de su hermano - No me malinterprete, el golpe que se dio fue tremendo. Nos tuvo a todos muy preocupados, sobre todo a su padre. Apenas se apartó de su cama en estos tres días - Sirius frunció el ceño confundido. Él creía que su padre acababa de llegar y llevaba allí desde lo ocurrido. Nunca sabía que pensar con él. No mostraba ni su afecto ni su cólera. Se lo guardaba todo para él, como si exteriorizarlo pudiera provocarle la muerte. Sí quería demostrarle algo con eso, era demasiado tarde.

Regulus sintió compasión por la confusión de su hermano. Él había estado con su padre cuando esos días Sirius deliró a causa de la fiebre que le había provocado la fractura. Aquel hombre siempre frío y distante había tenido miedo de perderle. Él lo supo cuando su padre, en un momento, apretó la mano de su hermano. ¿Por qué le costaba tanto a su hermano aceptar que su padre le quería? Le envidiaba, por que a pesar de que sabía que a él lo habían mimado más que a Sirius, su hermano mayor siempre sería, a pesar de todo, el favorito de Orión Black.

La alta figura del patriarca se recortaba entre las sombras de las antorchas a las afueras de la escuela, cerca de un suntuoso carruaje lacado, oscuro, con el emblema de los Black en la portezuela: de ébano pulido, era custodiado por dos galgos de pie sobre sus patas traseras, con dos estrellas blancas en la parte superior, surgía desde el centro del escudo una banda en plata que, habriéndose en ángulo recto hacia a abajo, parecía proteger la espada de su base. Bajo este se hallaba el lema familiar, Toujours pur, siempre puro. La pesadilla de pocas horas antes volvió a tomar forma en la mente de Sirius. "Ya no puedes escapar". Inconscientemente se acarició el brazo roto. La voz calmada y firme de su padre despejó el funesto recuerdo.

- Profesor Dumbledore, espero que la próxima vez que tenga que venir por aquí sea para algo más agradable, como un buen partido de Quidditch - dijo Orión Black inclinando ligeramente la cabeza ante el director.

- Eso espero yo también - respondió este con una sonrisa.

- Sirius, Regulus, no nos veremos hasta las vacaciones de Navidad.

- Este año había pensado quedarme aquí - sentenció Sirius.

- No podrá ser. El día 31 de diciembre se celebrará el compromiso de tu prima Narcissa con Lucius Malfoy. - dijo mientras terminaba de ponerse unos negros guantes de piel. Fin de año rodeado de la familia. Perfecto, pensó Sirius. Con suerte iría James con sus padres. Tenía que acordarse de preguntárselo. - Todos los Black debemos estar presentes. No puedo permitir que falte mi primogénito - aquello hizo reaccionar a Sirius. Tenía algo que preguntarle a su padre antes de que se fuera.

- Padre... - el hombre fijó sus ojos claros sobre los de su hijo - Peeves me comento algo sobre el primer Black - Tanto el viejo profesor como su hermano lo miraron con cierta curiosidad - Dijo que yo podría correr su misma suerte.

- No creo que debas preocuparte por eso, hijo. ¿Que podría saber un duende sobre Urien Black? - Las reflexiones de Sirius iban por el mismo camino ¿Qué podía saber ese maldito duende?- Fue un hombre que murió a una edad muy avanzada, sin nada excepcional, aparte de ser el fundador de nuestra casa hace unos mil años. Yo no le daría la menor importancia - dijo poniendo una mano sobre el hombro de su hijo - Tengo que marcharme. No olvidéis nunca a que sangre pertenecéis - Sirius dio un paso atrás, apartando la mano de su padre. Nunca le dejaría olvidar lo pura y limpia que era su sangre. Orión Black subió al carruaje y la puerta se cerró tras él - Profesor Dumbledore... Gracias - el director sonrió mientras le carruaje se elevaba y desaparecía en la creciente oscuridad.


- El cielo azul, el sol brillando en el lago, una suave brisa colándose entre las hojas de los árboles, las chicas sentadas sin importarles lo que se les ve o no... Tíos, son los últimos días buenos del verano, es sábado y había quedado con Carter... ¿En serio queréis hablar ahora?

- ¡SÍ! - dijeron al unísono Remus y James. Peter intentó decir algo pero James le lanzó una mirada bastante clara: ni se te ocurra.

- Os habéis puesto de acuerdo para amargarme- bufó Sirius. Ya sin la molesta escayola, tenía el brazo casi recuperado del todo, aunque Madame Pomfrey le había obligado jurar que llevaría el brazo en cabestrillo, al menos durante un día. Se acababa de sentar al lado de la gran haya que estaba cerca del lago y esperaba disfrutar de un día calmado, pero sus amigos tenían otras cosas en mente.

- Voy a ser breve, Sirius - empezó Remus sentándose a su lado - Se que piensas que Arya te humilló delante de todos en la cena y después delante de la clase de pociones, pero lo único que hizo fue defenderse. La atacaste cuando...

- ¿Que yo la ataqué? - le cortó el moreno - Ella se me tiró enci... Oye...¿Desde cuando la llamas Arya? - le espetó mirando a su amigo con los ojos muy abiertos.

- Eso... ese no es el tema - Remus giró la cabeza, evitando mirarle a la cara.

- ¡Claro que SÍ es el tema!...¿Qué es lo que ha pasado en estos tres días para que le hayas cogido a ese cuervo pecoso tanta confianza?

- ¡No la llames así, es una buena chica de la que tu no sabes nada!...¡Y para tu información, lo único que hemos hecho ha sido hablar, algo de lo que tú eres incapaz, ya que sólo sabes perseguirlas y morrearte, y así ver crecer aun más tu enorme ego! - ambos se levantaron bruscamente, encarándose, con unas miradas que no presagiaban nada bueno. Rápidamente, James se interpuso.

- ¡Apártate, James! - gritó Sirius.

- Ni lo sueñes.

- Será mejor que nos dejes solos - le espetó Remus.

- ¿Para que?.¿Para que podáis zurraros a gusto? Sí, debería hacerlo, a lo mejor así os entraba algo de sentido común en vuestras duras molleras... ¿No os daís cuenta que así no vamos a llegar a ningún lado?... Remus...¿Dónde está esa diplomacia de la que te sientes tan orgulloso?... y tú... ¿Qué más te da si la llama por su nombre o como le salga de los huevos? Por que es verdad, ese no es el tema - Remus fue el primero en bajar la mirada y volver a sentarse.

- Tienes razón. Esto no es propio de mí. Lo siento - Sirius seguía de pie con los puños apretados. Sí se largaba, todo se volvería más difícil. James soltó un suspiro de alivio cuando lo vio sentarse.

- Seré sincero y espero que lo aceptes, - continuó Remus - Arya Válanar me cae bien - Sirius soltó un bufido - pero eso no significa que tenga que caerte bien a ti.

- Lógico - gruño Sirius

- Sé que es imposible hacerte cambiar de opinión, te conozco muy bien.

- Ve al grano, Remus.

- Quiero pedirte que la dejes en paz.

- No. Te recuerdo que entre ella y yo hay una guerra declarada. ¡Me destrozó la camisa!

- Eso fue una tontería.

- ¡Me importa un bledo! - Sirius se levantó, intentando intimidarle con su altura - Mira, si quieres quedar con ella, hazlo. No soy tu madre para irte detrás. Pero no esperes que deje las cosas tal como están.

- Entiendo - le dijo Remus levantándose también, mientras se sacudía la ropa para quitarse las briznas de hierba.

- Eso espero.

- Sólo te diré una cosa más. Si te metes con ella delante de mí, no esperes que me ponga de tu parte.

- Haz lo que té de la gana pero...pero no dejes de ser mi amigo - Remus se lo quedó mirando pero no respondió. Sirius, bajó la vista y se volvió entonces hacia James - ¿Y que es lo que tú tenías que decirme con esas tonterías de la cabeza hirviente? - James lo miró y después miró a Remus, que también le miraba, expectante. No, aquel no era el momento para exponer sus ideas.

- ¿Yo?

- Sí tú.

- Nada.

- James... no te hagas el tonto conmigo. Te conozco demasiado bien.

- Era una tontería sin importancia de la cual ya ni me acuerdo - le dijo empezando a caminar hacia el lago.

- ¿Entonces por qué decías ayer que también tenías que hablar conmigo?

- Ya te lo he dicho, no era nada.

- Pensaba que tu también querías hablarme sobre Válanar - aquello llamó la atención de Remus. No podía ponerse a explicarle lo de la biblioteca delante de Remus. Tenía que reconocer que había metido la pata y que ahora iba a ser muy difícil salir de esa situación. James empezó a pedir un milagro, algo, lo que fuera.

- ¡Eh chicos!...¿Os habéis enterado? - les dijo Mathew Dwayne, un chico irlandés, pequeño y moreno del equipo de quidditch de Hufflepuff que se les acercó corriendo - Los de slytherin están organizando algo en el campo de quidditch - James estuvo a punto de tirarsele al cuello y darle un beso.

- ¿El qué? - le preguntó Sirius.

- No lo sé, pero tiene que ver con esa chica nueva escocesa de su casa - aquello fue lo único que necesitaron para mirarse entre ellos e ir hacia allí.


Hola de nuevo,

He hecho otro pequeño cambio. A parte del cambio de apellido de Zabini por el de Aled ( para quien no ha vuelto a mirar el cápitulo anterior), el trozo en el que salía Narcissa en el segundo capítulo lo he quitado. Lo hice por que quiero que la historia se adecue a las fechas de nacimiento que nos da Rowling de uvas a peras. Supongo que es cuando se acuerda de ponerle una fecha a un personaje, por que no me creo que las tenga todas pensadas desde el principio, al menos no para los segundarios. Ha creado un mundo increible pero no es Tolkien o George R. R. Martin ( Si no habéis leido nada de este último, leeros su saga de La canción de hielo y fuego. Es lo mejor que he leido de fantasía medieval. Por eso mi personaje se llama Arya).

En fin, Narcissa nació en el 1955, así que era imposible que aun estuviera en el colegio en 1975. No la he eliminado del relato, simplemente la he cambiado de lugar.

Que os a parecido el padre de Sirius y Regulus? Contadmelo en un REVIEW (grito deseperado). Animaos que cuesta muy poco.

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