Hola, como va por ahí?

Ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa.

(André Maurois, biógrafo y crítico francés)

Como véis, esta frase no es mía, pero describe bastante bien lo que quiero explicar en este capítulo. He disfrutado mucho escribiéndolo. Espero que vosotros disfrutéis igualmente al leerlo.

Besos

Daynes


8. Falsos cumplidos.

- Pensaba que tu también querías hablarme sobre Válanar - Aquello llamó la atención de Remus. No podía ponerse a explicarle lo de la biblioteca delante de él. Tenía que reconocer que había metido la pata y que ahora iba a ser muy difícil salir de esa situación. James empezó a pedir un milagro, algo, lo que fuera.

- ¡Eh chicos!...¿Os habéis enterado? - les dijo Mathew Dwayne, un chico irlandés, pequeño y moreno del equipo de quidditch de Hufflepuff que se les acercó corriendo - Los de slytherin están organizando algo en el campo de quidditch - James estuvo a punto de tirársele al cuello y darle un beso.

- ¿El qué? - le preguntó Sirius.

- No lo sé, pero tiene que ver con esa chica nueva escocesa de su casa - aquello fue lo único que necesitaron para mirarse entre ellos e ir hacia allí.


- A ver si lo he entendido bien - Arya, sentada sobre la hierba, cerca de la ligera pendiente de una colina, con la camisa algo abierta y remangada, y el libro de Una historia de la Magia sobre las rodillas, se pasaba las manos por la larga trenza negra. Severus estaba a su lado, impecable bajo la túnica negra del colegio, arqueando una ceja mientras cortaba con delicadeza un trozo de una manzana verde - A finales de 1507 comenzó una importante revuelta de duendes en la zona de Lorena, Francia, solo por y leo textualmente... "El simple hecho de que el gran cosmógrafo alemán Martin Waldseemüller incluyera en "Cosmographiae Introductio", preparada y publicada en 1507 por la abadía de Saint Dié, en Lorena (Francia) las noticias dadas por Amerigo Vespucci en su carta "Mundus Novus" sobre el descubrimiento de un nuevo continente, hizo que el clan de duendes de los Fleischuwulf decidiera bajar de las montañas para obligar Waldseemüller a cambiar el nombre del continente (vease Americus o América), por resultar demasiado italiano." ... ¿Cómo se pudieron enfadar por algo así? - preguntó poniendo una mano sobre la mejilla.

- Es muy sencillo. Creían que si le daban ese nombre, los clanes de Italia decidirían que las nuevas tierras formaban parte de su territorio, cosa que ocurrió en la siguiente revuelta, cuando en 1508, un gran número de miembros de los clanes de duendes de los Alpes italianos, se pusiera en marcha hacia América para reclamar las tierras a los clanes nativos - recitó Severus Snape sin inmutarse, mientras cortaba otro trozo de manzana. Arya dio un suspiro y cerró el libro.

- Estoy harta de revueltas por hoy. Me parecen todas iguales.

- No es tan complicado. Sólo has de saber diferenciar unas de otras - Severus cogió su varita, y con un ligero movimiento abrió un pequeño hoyo en la tierra, donde depositó con cuidado el corazón de la manzana. Enseguida, la tierra y la hierba lo volvieron a cubrir. Una fina cortina de gotas de agua surgió de su varita, mojando la tierra removida. Se volvió hacia la muchacha, que lo miraba con los ojos muy abiertos - ¿Ocurre algo?

- Sabes hacer hechizos sin pronunciarlos - le dijo sorprendida.

- Sí. Sé que es magia avanzada pero tampoco es para que te me quedes mirando de esa forma.

- Perdona, pero la gente que conozco que sabe hacerlo no suele tener quince años - le respondió ella guardando sus cosas en la mochila.

- ¿Por qué no has venido a Hogwarts hasta ahora?- le preguntó de sopetón. Ella se volvió hacia su compañero. Severus pudo comprobar que dudaba en responderle, pero sentía curiosidad y no le iba a dar la salida fácil de "si no quieres decírmelo, no lo hagas".

- Si... si estoy aquí es gracias a Dumbledore - se había abrazado las piernas, evitando mirar a su compañero. - Mi abuela... ella creía que no estaba preparada para ir a una escuela de verdad. No se fiaba mucho de mí cuando era más pequeña... bueno, ni tampoco ahora - terminó con una voz tan baja que Severus tuvo que acercarse para oírla.

- A los mayores siempre les cuesta fiarse de los más jóvenes - lo dijo mirándola con atención - Creen que necesitamos su protección y sus consejos y no se dan cuenta de cuando hemos dejado de ser niños - Arya tenía la sensación de que hablaba más para sí mismo que para ella. Intentó devolverle la mirada, pero fue incapaz de mantenerla.

- Sería muy difícil convencer... a mi abuela de eso - Tener los ojos negros de Severus tan cerca, la intimidaban más de lo que había creído.

Siempre su abuela, pensó Severus, y que pasaba con sus padres.

- ¿Te apetece ir a dar una vuelta? - dijo ella levantándose y cortando de golpe los pensamientos de Snape.

- ¿Por qué? - le preguntó mirándola con una sonrisa curiosa.

- ¿Es que tiene que haber un por qué? De donde yo vengo, no suelen haber días como estos y me gustaría disfrutarlo, conocer un poco más la escuela y los alrededores, no sé - Lo que ella quería era alejarse de esa mirada.

- Me parece bien - dijo él levantándose y arreglando su túnica - Tienes hierba en la falda.

- Gracias - le respondió sacudiéndola y tirando nerviosa de ella hacia abajo. Severus arqueó una ceja, divertido.

- Por mucho que estires no va a crecer.

- Lo malo es que tal vez yo sí - respondió sin mirarle.

- Por Merlín, espero que no. No me gustaría tener que ir levantando la cabeza cada vez que tenga que hablar contigo. Acabaría con tortícolis - dijo él sin darle importancia. Esta vez Arya si que se volvió.

- Ni yo tener que bajarla y ver ese pelo bajo mi nariz - Severus la miró. Una arruga había surgido entre sus cejas - Ni tu ni yo somos muy propensos a aceptar bromas, así que será mejor que nos abstengamos de hacerlas entre nosotros

- No era ninguna broma. Lo decía muy en serio. - Se arrebujó un poco en la túnica y empezó a caminar. Al darse cuenta de que ella no le seguía se giró -¿Vamos o no? Tengo cosas que hacer y quiero acabarlas antes de la tarde... - Ella no le contestó. Severus inclinó un poco la cabeza y el pelo le tapó la mitad de la cara - ¿No me digas que te has enfadado por una cosa así?... Te daré un consejo, comienza a tener más aguante o no durarás.

- Deberías aplicártelo a ti mismo, ya que si te llaman Quejicus, será por algo - al escuchar aquello, Severus cerró los ojos un momento y respiró hondo, sin apenas alterar la fría expresión que había adquirido su rostro.

- Podríamos estar así todo el día, pero la verdad es que no tengo ganas. Me voy. Ya me dirás que te ha parecido lo que sea que quieras ver. Aunque sin mi guía dudo que seas... capaz de encontrar nada interesante - empezó a alejarse por la pendiente sin esperar una respuesta.

-Odio que siempre tengas la última palabra- le dijo pero si él la escuchó, no se dio por aludido. Un grupo de chicas de Gryffindor que pasaban cerca de ella, empezaron a reírse al ver la escena - ¡Y vosotras que miráis!.¡Nadie os ha enseñado a meteros en vuestros asuntos! - Arya se apartó de ellas y se agachó a recoger su mochila.

- Hacen una bonita pareja¿verdad Amelia? - le preguntó una chica rubia a la morena que había sido la primera en reírse, sin molestarse en bajar la voz.

- Preciosa, June. Creo que acabamos de presenciar la primera pelea de enamorados de entre Quejicus y la señorita Cuervo Pecoso - empezaron a reírse más fuerte aun. Arya se volvió con lentitud hacia ellas, dejando caer la mochila de nuevo en la hierba.

- ¿Cómo me has llamado?

- Claro, tu todavía no lo sabes - continuó Amelia -. Ayer Sirius Black y yo tuvimos una divertida conversación sobre cual sería el mejor mote para ti, a parte de otras cosas mucho más interesantes - dijo volviéndose a sus amigas que la corearon con risitas - Me pareció genial lo de Cuervo Pecoso, aunque a Sirius también le gustaba Larguirucha Palo Tieso - Arya se lanzó sobre ella y ambas cayeron rodando cuesta abajo por la pendiente. Forcejeando, consiguió parar y sentarse sobre ella a horcajadas. Arrancó un manojo de hierbas, le tapo la nariz y empezó a hacérselos tragar.

- ¡Suéltala, la vas a matar! - Ninguna de las otras chicas se atrevía a acercarse.

Estaba asfixiando a la tal Amelia y se dio cuenta de que no le importaba. Entonces alguien la agarró por debajo de los brazos y Arya reaccionó propinándole con un poderoso codazo. Pero aquella persona era mucho más fuerte que ella y al final consiguió apartarla de allí, revolviéndose sin éxito.

- ¡ Haré... haré que te expulsen por esto, víbora asquerosa! - dijo Amelia cuando por fin consiguió hablar, con la cara y los dientes manchados de tierra y hierba - Si hubiera tenido mi varita...

- Carter, hasta los de otras casas sabemos que para lo único que utilizas tu varita es para arreglarte el pelo. Sólo por eso os quitaré diez puntos... a cada una. Esfumaos, gryffindors... ¿Es que no me habéis oído, leones de pacotilla?.¡Largo! - Las gryffindor se largaron de allí, no sin antes lanzarle miradas de odio. Al oír aquella voz Arya se giró y se encontró cara a cara con un chico delgado, de pelo corto y de atractivos rasgos orientales. - Hola preciosa... Das unos buenos golpes... eh... eh... tranquila.

- ¡Suéltame! - el chico la soltó y dio un paso atrás, contemplando el panorama. Era casi tan alto como ella. Sobre su camisa lucía la insignia de prefecto. Tenía la corbata desarreglada con los colores de slytherin. Le sonaba de haberlo visto en su mismo curso - ¡Y ahora que miras! - Arya se miró su propia ropa. Parecía que acababa de pasar un bombardeo. Estaba llena de tierra y verdín, la falda y la camisa con desgarrones... ¿Cuándo se las había roto?... Daba igual, había perdido hasta un zapato. Estaba segura que su cara y su pelo no habían corrido mejor suerte. Se había prometido no volver a actuar como la otra vez con Black. Podía perder el colgante e irse todo a la mierda. Le estaba costando contenerse y estaba segura que eso iba a causarle bastantes problemas

- Verte es todo un espectáculo - dijo el chico.

- Lo supongo - respondió cojeando por la pendiente en busca de su zapato.

- Disculpa. ¡Accio zapato! - el zapato voló hasta su mano. Se acercó hasta ella y se arrodilló tendiendo una mano hasta su pie - ¿Me permites? - le preguntó con una cautivadora sonrisa en los labios.

Arya sólo fue capaz de asentir y dejar que él deslizara el zapato. Sus dedos rozaron suavemente su pie.

- Yo... gracias - notaba calor en sus mejillas. Se empezó a sentir profundamente tonta.

- Es lo menos que podía hacer - alzando lentamente la mano, desprendió con delicadeza una brizna de hierba enredada en el pelo. Arya dio un paso atrás, con la mirada baja - Tengo la sensación de que no te gusta ni que te toquen, ni que te tomen el pelo.

- Y a mí que te olvides de que también estoy aquí, Akio - Arya se giro y vio cerca de ellos a Julien Aled con una ceja levantada - Válanar, te presento a nuestro prefecto de quinto, Akio Miwa.

- Tenía que conocerla. Como no paras de hablar de ella.

- ¿Hablar de mí? Pero si no me conoce - dijo volviéndose hacia Julien.

- Te conozco más de lo que crees - dijo Julien acercándose.

- ¿Pero quien...?

- No, no... Se dice el pecado pero no el pecador... - respondió Aled moviendo el índice delante de ella.

Akio la miraba sin ocultar su curiosidad.

- ¿Qué?

- Pensaba que te había hecho yo ese cardenal pero ahora veo que es antiguo - Arya miró su brazo. Aun tenía marcados los dedos de Black cerca de la muñeca, aunque difusos y amarillentos.

- Eso te lo hizo Black el día que llegaste¿verdad? - preguntó el prefecto. Arya empezaba a sospechar que desde que había entrado en el colegio, sus actos estaban siendo de dominio público. Tan poco era tan difícil, si a un neanderthal como Black le daba por sobarla delante de todo el mundo - Deberías escuchar lo que va diciendo ese por ahí de ti.

- Ya lo sé. Me llama Cuervo Pecoso y otras cosas. Esa morena de gryffindor ya me ha puesto al corriente - se apartó un poco de ellos buscando su mochila sobre la pendiente. La conversación estaba empezando a fastidiarla.

- Siento decirte que eso no es lo único - cuando Aled habló, tenía el ceño fruncido - Cuando le abofeteaste deberías haberle dado más fuerte

- ¿Tan malo es? - preguntó Arya sin hacerle mucho caso. Había subido la pendiente y estaba recogiendo sus cosas, que habían quedado esparcidas por la hierba. De lo que menos tenía ahora ganas de hablar era sobre Sirius Black.

- Malo no, patético. No hace falta ni mencionarlo. Los gryffindors, y sobre todo este, se creen los mejores. A Black no le gustaría que alguien le hiciera sombra. Le has plantado cara un par de veces pero al final no has conseguido más que arañar un poco su coraza de suficiencia - Ella se volvió. Por fin había captado su atención

- ¿Qué es lo que intentas proponerme, Aled?

- Nada de lo que no seas capaz - Ella enseguida supo a lo que se refería. Quidditch.

- ¿Por qué tienes tanto interés en mi?

- Porqué sé que eres buena y no puedo dejarte escapar.

- ¿Tanto le molestaría a Black que entrase en el equipo?

- Lo que le molestaría es que le ganases en algo en lo que Potter y él creen no tener rival.

- Estás muy seguro de los resultados para no haberme visto nunca volar- dijo ella acercándose.

- Eso se puede arreglar - intervino Miwa. Julien Aled sonrió triunfal.


- ¿Por qué tenemos tanta prisa? - preguntó Peter corriendo detrás de sus amigos.

- Tengo la sensación de que sólo té enteras de lo que quieres - dijo James aminorando algo el paso - Slytherin, Válanar, Quidditch... ¿Te has enterado?

- No.

- Déjalo. Ya lo verás cuando lleguemos - James siguió avanzando al lado de Peter pero sin perder de vista a Sirius y Remus que iban una docena de pasos por delante de ellos... sin dirigirse la palabra. Estaba empezando a cogerle manía a la tal Válanar. La chica no tenía la culpa, pero desde que había aparecido, el señor Cabezota y el señor Conciencia, habían empezado a distanciarse. Si al menos Peter fuera capaz de ayudarle en algo, pero era como pedir peras al olmo. Si aquello no se arreglaba pronto, ser el tercero en discordia sería el riesgo de cada día.

James se dio cuenta que el rumor había corrido muy rápido por el colegio. En el césped del campo de Quidditch estaban todos los miembros de los cuatro equipos de la escuela y bastantes aficionados. Se quedó sorprendido al ver que también estaba Evans, que odiaba el quidditch, junto a McCliff y otras chicas de su casa, entre las que estaba la hermana de Válanar.

- James, Sirius, por fin llegáis. No sabéis lo que se ha montado aquí. Hola Remus¿Cómo va todo? - Daniel Emerson, su buscador, un muchacho negro de tercero, delgado y de pelo corto, se les había acercado entusiasmado - Esto es increíble. Slughorn les ha dado permiso para utilizar el campo de Quidditch. No es justo. ¿Y los demás que, a esperar una semana? Claro que como Aled es el ojito derecho de su casa. Venid, desde donde está Logan lo podremos ver todo mejor - los cuatro muchachos le siguieron acercándose al único golpeador que les quedaba, Logan McPhee, un chico rubio de sexto, recio, de mandíbula cuadrada, que miraba serio, apoyándose en su escoba, a la escena que tenía delante.

- Aled está tramando algo - les dijo cuando estuvieron a su lado - Mirad.

Justo delante de ellos estaba lo que quedaba del equipo de Slytherin. Akio Miwa, su prefecto de quinto y buscador, Sam Ackerman, el guardián de casi dos metros de séptimo, Darell Ross, un golpeador castaño de barbilla partida de sexto y por supuesto, Julien Aled, de quinto, cazador y su capitán. Y junto a ellos, Arya Válanar, que parecía pequeña y frágil ante aquel grupo. Todos menos ella iban con el equipo puesto. También había varias escobas esparcidas por el suelo.

- ¿Han dicho alguna cosa? - quiso saber Sirius, poniéndose a su lado.

- No, pero se han preocupado de que se enterasen todos los equipos. Lo que no entiendo es que hace esa chica junto a esa pandilla.

- La habrán confundido con un tío. Total, apenas tiene tetas - Logan se lo quedó mirando con cara de haberse perdido algo. La chica no estaba tan mal.

- No parecías pensar lo mismo cuando se te tiró encima y empezaste a babear y a meterle mano - dijo Remus colocándose al otro lado del golpeador. Este le echó la misma mirada al prefecto. ¿Qué estaba pasando aquí?

- Supongo que quería comprobar lo que tiene un tío de verdad entre las piernas. Si el imbécil de Quejicus no se hubiera metido por medio, estoy seguro de que hubiera averiguado de primera mano si es virgen.

- Como si tú no lo fueras - dijo Remus como si aquella conversación fuera la más normal del mundo. Sirius se tuvo que morder la lengua.

- Yo creía que el año pasado con la de sep... - James le tapó la boca a Peter antes de que siguiera. Hubiera preferido que siguieran ignorándose.

- James... ¿qué les pasa? - susurró Daniel. Logan también le miraba. ¿Y por qué se lo preguntaban a él? Que hablasen con ellos, a ver sí conseguían mejores resultados.

- Mejor no preguntéis - Allí estaba él, dispuesto a ser una tumba a la que nadie le daba las gracias.

El cielo empezaba a perder el brillo del sol tras oscuras nubes. Julien Aled sonreía. Aquello no podía significar nada bueno. Ni que el resto del equipo de Slytherin les estuviera mirando.


Mala idea. Arya se lo repetía una y otra vez. Lo que antes le había parecido tentador ahora le parecía una pesadilla. Había casi tanta gente como el día del banquete de bienvenida. No podía hacerlo, no delante de aquella muchedumbre que cada vez era más grande. Adoraba volar, pero en aquel momento, lo que más quería en el mundo, era permanecer con los pies en el suelo.

Tampoco veía a Snape por ninguna parte. Seguro que seguía enfadado y con razón. Se había metido con ella pero no tenía derecho a llamarlo así. Una mano en su hombro y volvió a recordar donde se encontraba.

- ¿Asustada? - le susurro Julien Aled al oído.

- Más bien impresionada - su voz no era la más segura que se podía esperar.

- Todo Hogwarts está deseando saber lo que tramamos. La curiosidad les es innata. Dentro de una semana no hubiera sido lo mismo. Ahora eres única. Mira hacia delante. Hasta Black ha venido a verte - Arya volvió su mirada. Allí estaba, con Lupin, al lado de un chico rubio, al que casi le pasaba un palmo. Con él nunca se meterían por ser tan alto. Y ella en cambio, tenía que aguantar que una gryffindor descerebrada la insultara por su culpa.

- ¿Black, has venido a ver nuestra nueva adquisición? - la suave voz de Miwa llamó la atención de los gryffindors.

- ¿Esa... vuestra nueva adquisición? - dijo señalando a Arya - Miwa, cada vez nos lo ponéis más fácil. Así no hay intriga.

- Creo que te sorprenderá lo que esta chica sabe hacer - Akio se acercó a ella y posó las manos a ambos lados de la cintura de la muchacha. Arya no supo reaccionar, turbada ante la proximidad del slytherin - Pero tú la dejaste escapar sin saber el verdadero tesoro que guarda nuestra casa - Las manos del oriental se entrelazaron acercándola a su cuerpo, mientras reposaba la barbilla sobre la piel descubierta de su hombro. Se oyeron silbidos entre los que allí se habían congregado. Un trueno amenazó el cielo.

- ¿Qué... ? - susurró Arya.

- Tranquila - Akio hablaba tan bajo que solo ella podía oírle. Su aliento le hacia cosquillas en la suave piel del cuello - Yo no soy como Black.

- Esa... ese Cuervo Pecoso para lo único que sirve es para calentaros antes de un partido - Sirius escupía las palabras. Miwa le estaba poniendo furioso.

- Sirius... basta - Remus se había colocado al lado de él. No paraba de abrir y cerrar los puños. Tanto Miwa como Sirius hablaban de Arya como si sólo fuera un objeto.

- ¡Pensaba que te gustaba más lo de Larguirucha Palo Tieso! - gritó la chica sin poderlo evitar Akio.

- Puede... - la furia se mezcló con el asco - Seguro que a ellos se la pones tiesa.

- ¡Tu quien te has creído que eres, maldito hijo de perra!.¡No sabes nada de mí, nada! - Arya era incapaz de controlarse. Ya no le importaba estar delante de toda aquella gente, lo único que quería era que se callara. Hubo una pequeña explosión de energía a su alrededor, deshaciéndose de los brazos de Miwa y haciendo que slytherins y gryffindors cayeran al suelo. - Nada...

Sirius la miró. Los ojos de la chica volvían a tener aquel brillo oscuro que vio el primer día. Alguien pasó por su lado, y acercándose hasta ella. Remus. Siempre el buen samaritano. Ella lo apartó de un empujón, agarró una de las escobas y se elevó con rapidez y rabia hacia el cielo. La tormenta estalló de golpe sobre todos. La mayoría de la gente se alejó corriendo, buscando refugió en el castillo. Los equipos del león y la serpiente permanecieron impasibles bajo la incontenible lluvia. Sin tan siquiera pararse a pensar lo que estaba haciendo, Sirius se deshizo del cabestrillo, le quitó la escoba de Logan y fue tras ella.


- Maldita sea... ¿Por qué estoy haciendo esto¿Por qué? - Sirius estaba empapado. El traje de quidditch podía parecer pesado y molesto bajo una tormenta pero al menos lo habría protegido más de la lluvia que la camisa y los pantalones que ahora se pegaban al cuerpo. En una racha de viento, había volado la corbata. Su pelo también estaba siendo un problema. Tenía el flequillo pegado a la frente, haciendo que el agua se le metiera en los ojos - Así no la encontraré nunca - Se dijo apartándolo por enésima vez con el dorso de la mano. Ella no debía de estar pasándolo mejor que él. Le había parecido verla un par de veces entre las nubes pero en cuanto se acercaba desaparecía. - ¡YO NO DEBERÍA ESTAR BUSCÁNDOTE!... ¿ME ESCUCHAS?... ¡NO TE SOPORTO!... ¡PERO TAMPOCO PUEDO PERMITIR QUE TE AHOGUES POR MI CULPA! - No obtuvo respuesta - No sé mi porqué me molesto.

- ¿Problemas de conciencia, Black? - oyó su voz por encima de él. Miró hacia arriba y el flequillo se le volvió a meter en los ojos. La chica era una mancha borrosa bajo la lluvia.

- Tú eres mi problema, Válanar.

- El sentimiento es mutuo. ¿Quién me impediría ahora tirarte de la escoba? - ¿Por qué el mundo se empeñaba en verlo aplastado contra el suelo?

- ¿Acaso tienes complejo de duende? - la soberbia volvió a teñir sus palabras.

- ¿Lo tienes tú de gallito empapado?

- Ja ja, muy graciosa. Te veo muy habladora - Y mucho más tranquila, pensó.

- Yo no funciono con público como tu - le dijo poniéndose a su altura.

- Típico de slytherins. Tiráis la piedra y escondéis la mano - ahora que la tenía más cerca podía ver como tenía mechones de pelo pegados a la cara, con la trenza casi deshecha. La camisa se había adherido a su pecho, transparentando la ropa interior.. La falda, indecisa sobre sus muslos, se levantaba un poco con cada golpe de viento. Ojalá las chicas llevaran faldas mientras volaban.

- Borra esa mirada si no quieres que mis amenazas se hagan realidad.

- Ya me gustaría pero aquí arriba no hay otra cosa que mirar más que tú. ¿Te vas a decidir a bajar o no?

- Nadie te obliga a estar aquí arriba.

- Es cierto. Pero si bajo sin ti, hay cierto amigo que es capaz de acusarme de... ofensa pública, justo con estas palabras.

- Eso es exactamente lo que has hecho, niño de papá.

- ¿Conque derecho me llamas así? - Parecía que no había perdido el tiempo en aquella semana. Seguro que Snape le había llenado la cabeza con sus gimoteos sobre el niño malo de los Black. Sirius intentó cogerla pero ella bajó de nivel con rapidez, volando hacia el otro lado.

- Con el mismo con el que tu me has llamado Cuervo Pecoso.

- Touché - Esta vez se acercó poco a poco, consiguiendo el mismo resultado - ¡Quieres dejar de moverte!.¡Por tu culpa voy a acabar otra vez en la enfermería!

- ¡Lárgate!.¡No pienso bajar por que tú lo digas¡Si no puedes aguantar un poco de agua, es tu problema! - La lluvia arreció con mayor fuerza.

- ¿UN POCO DE AGUA? - gritó Sirius intentando hacerse escuchar por encima del un trueno que había estallado sobre sus cabezas. El frío empezaba a calarle hasta los huesos. Manos y piernas se le estaban entumeciendo sobre la escoba. - ¡ESTÁ CAYENDO LA TORMENTA DEL SIGLO, POR SI NO TE HABÍAS DADO CUENTA! - Lo peor era el brazo derecho. Le dolía como si hubiera vuelto a romperse. Tuvo que morderse el labio para evitar quejarse. Un rayo iluminó el cielo y despejó de pronto su mente - ¿ME HARÁS CASO SI TE OFREZCO UN TRATO? - dijo volviendo a apartar el dichoso pelo de los ojos.

- ¿Qué clase de trato? - Arya se acercó a él con cautela

- ¿Ves los tres aros de la portería allí abajo? Bien. Si eres capaz de atravesar el aro central antes que yo, dejaré que te ahogues aquí arriba, si es lo que quieres.

- Si no, tendré que bajar contigo¿verdad?

- Exacto.

- Te prevengo, soy muy rápida.

- No más que yo - sin esperar un solo segundo más, Sirius salió disparado hacia los aros.

Arya siguió su estela lo más rápido que pudo. Maldito tramposo. Se suponía que tenía que haber dado alguna especie de salida. Las numerosas gotas de lluvia se convirtieron en agujas sobre su piel. No veía nada. Un rayo volvió a brillar sobre ella y lo descubrió, volando solo a veinte metros por delante. Quince metros... Diez metros... Cinco metros... Dos... Casi habían llegado... Entonces, él dio un giro inesperado y desapareció de su vista. No supo dónde estaba hasta que una mano la agarró por la cintura, obligándola a soltar la escoba y a subirse en la suya, estrechándola contra su cuerpo. La otra escoba se perdió entre las nubes.

- Sí me das un solo puñetazo, acabaremos los dos chafados contra el suelo - la tenía fuertemente cogida con la mano derecha mientras que la izquierda agarraba el palo de la escoba delante de ella, justo en el hueco entre sus piernas. Se estaba dirigiendo hacia el suelo pero con bastante más tranquilidad.

- Si te atreves a poner las manos en otro sitio que no sea la cintura o el palo de la escoba, no me importará. Además, eres un tramposo, no has dado una señal de salida y después vas y... - Arya noto a su espalda como él contraía los músculos del estomago - ¿Te estás riendo?... ¡Te estás riendo!

- En ningún momento dije que hubiera una señal de salida. Lo que sí recuerdo es que tu misma dijiste que bajarías conmigo si te ganaba.

- ¡No has ganado nada! Todo ha sido una trampa para hacerme bajar. No me esperaba eso de un gryffindor - Inconscientemente, Arya, que hasta entonces había estado cruzada de brazos, bajó las manos a su cintura, pero al rozar la piel desnuda y mojada del brazo de Sirius, volvió a apartarlas.

-Válanar, no podía arriesgarme a que me ganaras, cosa bastante improbable,o a que me echaras un hechizo, algo muy normal en los de tu especie.

- ¡Crees que con esta ropa puedo esconder en algún sitio la varita! Además, yo no suelo jugar sucio - Sirius nunca hubiera pensado oír aquellas palabras de boca de una serpiente.

- Mira lo que tenemos aquí. Una slytherin honesta.

- Y tu un gryffindor embustero - Sirius volvió a reírse, aunque esta vez la risa fue sustituida por una incipiente tos.


- Señor Black, parece dispuesto a matarme de un disgusto - Minerva MacGonagall estaba furiosa, al igual que Madame Pomfrey, que bajo su dulce apariencia de enfermera cuarentona, estaba obligándole a tomarse un jarabe que sabía a estiércol. El asqueroso líquido le raspó en la garganta. Válanar estaba en otra cama a su derecha, con el pelo recogido en una larga cola negra y por lo visto, no con mucho mejor aspecto que él. El grueso profesor de pociones Horace Slughorn también estaba allí, atusándose los largos bigotes que le hacían parecer una morsa. Afuera, apenas quedaban resquicios del aguacero pero la oscuridad hubiera sido total si no hubiera sido por las velas repartidas por toda la sala de la enfermería - Estalla una tormenta de mil duendes y a usted no se le ocurre otra cosa que darse una vuelta entre las nubes.

- Señorita Válanar¿puede explicarnos que hacían volando en plena tormenta? - le preguntó calmado el grueso profesor y jefe de Slytherin,

- Lo siento... - Sirius notó que su voz era apagada y sin fuerzas. Parecía bastante peor que él - Fue...

- Fue culpa mía - ¿Eso lo había dicho él? Sirius se pasó la mano por la seca piel de la frente. Exacto. Tenía fiebre. Bueno, ya que había empezado era mejor continuar. Total, si ella había salido volado había sido culpa suya¿no?. - Yo... la incité a una carrera.

- Una carrera en escoba bajo la tormenta. Muy propio de usted, señor Black - dijo la vieja profesora - Lo que aun no entiendo es como fue capaz de convencer a la señorita Válanar para algo tan estúpido.

- Tengo mis recursos - dijo estirándose sobre la cama mientras ponía los brazos detrás de la cabeza.

- ¿Y nos los explicará, señor Black?

- Secreto profesional - intentó reírse pero sólo pudo toser - Un jugador de quidditch ha de mantener sus tácticas ocultas.

- Pues esa supuesta táctica les ha costado a los dos, como mínimo, una noche en la enfermería. Señorita Válanar espero que la próxima vez que el señor Black le proponga que arriesgue su vida bajo rayos y truenos se lo piense mejor - la profesora MacGonagall obtuvo un ligero carraspeo de asentimiento por parte de la muchacha.

- No podemos castigarles por querer volar bajo una tormenta - continuó el profesor de pociones - Pero si por intentar que una alumna coma hierba - Sirius miró preocupado al grueso profesor. ¿La fiebre le estaba haciendo perder la memoria? Él no recordaba nada de eso. Entonces se dio cuenta de que no se dirigía a él. - Señorita Válanar¿tiene usted algo que decir al respecto?

- Perdí los nervios... lo siento. - respondió con la voz totalmente tomada.

- Señorita Válanar, entiendo que la señorita Carter pudiera hacerle perder los papeles, - el grueso profesor recibió una mirada reprobatoria de su colega - pero esa no es excusa para casi ahogarla a base de hierbajos. Me apena decirle que estará la semana que viene de detención conmigo en las mazmorras.

- Bien, ahora les dejaremos descansar. Pobre de ustedes que se levanten de las camas mientras yo esté ausente - dijo Madame Pomfrey apagando las velas innecesarias con la varita y saliendo detrás del profesor Slughorn.

- Señor Black - dijo la profesora MacGonagall antes de cerrar las puertas de la enfermería - No olvide que aun le quedan por cumplir cuatro días de su castigo en la biblioteca - Él no lo había olvidado pero tenía la esperanza de que ella sí.

- No, señor Potter, no les permito entrar. No quiero que la mitad del colegio acabe acatarrado - se oyó la voz enfadada de Madame Pomfrey -Vayan ahora mismo a cenar. - La puerta se cerró quedándose solos en la enfermería, iluminados unicamente por un par de velas.

- Por fin - dijo Sirius mirando al techo. Era una pena que James y los demás no hubieran podido pasar. Si Remus estaba con Peter y James, estaba casi seguro que no vendría a verle a él, precisamente. - Son muy pesados cuando se ponen en plan paternalista. ¿Qué es eso que le hiciste a Carter? - el susurro de unas sábanas le hizo girar la cabeza, encontrándose con que la chica se había levantado y acercado hasta su cama. El colgante despidió un brillo furioso en su cuello, cuando la luz de la vela más cercana incidió sobre él - Bonito colgante y... bonito camisón - un tortazo le cruzó la cara, haciéndole incorporarse en la cama de golpe - ¡Se puede saber a que viene eso ahora!

- ¿Te crees que he olvidado lo que dijiste? Eres un maldito bocazas - la voz de la chica era algo débil, pero no tanto como antes le había parecido.

- Y tu una cuentista - Sirius se puso en pie, encarándosele - He dado la cara por ti. Eso debería contar para algo.

- Si te crees que por decir que ha sido culpa tuya que los dos estemos aquí, que es la absoluta verdad, me voy a olvidar de cómo me insultaste delante de todo el mundo, estás muy equivocado.

- ¿Insultarte?. ¿Después de cómo te cogió Miwa? Sólo le faltaba que empezase a meterte la lengua por la oreja - ella le respondió con un puñetazo en la mandíbula - ¿Sabes?... Tienes suerte de que yo no pegue a las chicas, aunque contigo estoy dispuesto a hacer una excepción - le dijo pasándose una mano por la barbilla. La chica no se contenía.

- Eres... eres la cosa más grosera, odiosa y repelente que me he echado a la cara.

- Acabas de describirme al imbécil Quejicus - la vio venir, cogiéndole la muñeca a tiempo - Esta vez no, pecosa - entonces algo se incrustó bajo sus costillas, haciendo que se doblara ligeramente. Volvió a toser - Se acabó - la sujeto por ambas manos y la tumbo sobre la cama de la chica, colocándose sobre ella a horcajadas. Arya forcejeaba, pero con las manos sujetas sobre su cabeza y las piernas aprisionadas bajo el peso del muchacho poco podía hacer - Así podremos hablar sin que me pegues.

- En cuanto me... libere... - intentó decir ella, retorciéndose bajo él, pero la tos se lo impidió.

- Sí, sí, me darás mi merecido - ella le miraba con tanta rabia contenida que hasta le hacia gracia - Quiero que quede clara una cosa. El lunes, antes de conocerte, era feliz, esperando un nuevo año en compañía de mis amigos, pero llegaste tú y lo estropeaste todo. James está rarísimo y Remus sólo habla para meterse conmigo.

- Si no me hubieras... me hubieras... - Arya notó como sus mejillas se calentaban, y no era por la fiebre. Al girar la cabeza para evitar mirarle, el pequeño colgante se deslizó por la cadena, quedando oculto bajo el espeso pelo negro.

- Besado - el muchacho no pudo ocultar la sonrisa al darse cuenta de que era incapaz de decir la palabra. Arya lo miró a los ojos por primera vez desde que estaban en la enfermería. Sus ojos grises tenían un brillo alegre.

- ¿Por qué te gusta tanto reírte de mí? - La expresión de su rostro pálido y pecoso se entristeció, einesperadamente, dejó de moverse,relajándose bajo su cuerpo.

- Me lo pones fácil. A la mínima que te pinchan, saltas, y es muy divertido verte enfadada, como ahora. Es cosa tuya que yo lo haya descubierto antes que los demás. Si no quieres que se metan contigo, deberías tener más aguante.

- Ahórrate los consejos - ¿Por qué Severus y él se empeñaban en decirle mismo?. ¿Tan evidente era para ellos su temperamento? Tenían razón, todo sería más fácil si fuera capaz de ignorar las criticas y los insultos, pero entonces no sería ella.

- Como quieras - A la tenue luz de las velas, los ojos azul oscuro de la chica estaban más tranquilos, sin el reflejo de la anterior furia. Sirius se arriesgó a dejar libre sus manos. Apoyó una al lado de su cabeza y se inclinó un poco más sobre ella. Olía a lluvia. Sus sentidos empezaron a reaccionar ante aquel aroma. Con delicadeza, cohibido, se sorprendió a sí mismo acariciando con las yemas de los dedos aquella fina parte del rostro de la muchacha donde las pecas cobraban protagonismo. Su voz se volvió un susurro cálido cuando su mano apartó un mechón ondulado de la encendida mejilla. - Cuando no estás enfadada pareces hasta bonita - Apenas acabó de decir la frase, cuando se encontró con sus huesos en el suelo - ¡Qué té pasa! Encima que té he hecho un cumplido.

- Parece que la primera vez no lo entendiste. No vuelvas a ponerme una de tus asquerosas manos encima.

- No entiendo como puedes caerle bien a Remus. Ser amable contigo es un total desperdicio. - Sirius se levantó y se sentó ensu cama - Llegará un día en que te arrepentirás de ser así de estúpida y yo estaré allí para verlo.

- Tendrás que esperar al fin del mundo para verme cambiar sólo por que tú te dediques a soltar falsos cumplidos - Ella lo miró desafiante, pero Sirius ya estaba cansado de discutir - ¿Ahora no dices nada?

- No, prefiero dormir a tener que seguir escuchándote - se metió en la cama y le dio la espalda - Buenas noches... Cuervo Pecoso - dijo apagando la vela de su mesita de noche.

- Buenas lo serán para ti, niñato.

- Búscate algo mejor conque llamarme, sino la mitad de Hogwarts se girará en cuando lo digas.

- ¿Qué te parece Neanderthal Presuntuoso? - preguntó ella seguida por una fuerte tos. La luz a la espalda de Sirius se apagó, dejando el lugar en penumbra. Se giró. Apenas podía distinguir la silueta de la chica, pero sí los movimientos nerviosos de su cuerpo. En ningún momento tuvo la intención de que "bonita" sonara como un falso cumplido.


Os ha gustado? Espero que sí y que pronto me dejéis un regalito (please)para saber que todo lo que estoy escribiendo no es en vano.

Con un "me ha gustado mucho" o un "es horrible", me conformo. Siempre contesto a todos lo reviews, sean como sean.

A ver si llegamos a los 12 Reviews, que es un número que me gusta mucho. Y si hay más, encantada de recibirlos.

Besos otra vez y hasta la proxima.

Daynes