Hola de nuevo a todos,
Sé que he tardado muchísimo en subir un nuevo capítulo y que tampoco es demasiado largo. Me hubiera gustado subirlo antes pero no me acaba de gustar. Muchas veces creo que soy demasiado perfeccionista y eso es algo que me impide avanzar todo lo rápido que me gustaría. Aunque esta vez han sido demasiados meses de ausencia.
Bueno, por fin está aquí el noveno capitulo. Es más tranquilo que los anteriores, centrado más en los pensamientos de los personajes que en sus acciones. Digamos que es la calma antes de la tormenta, ya que el décimo se centrará en las pruebas de Quidditch, del que ya tengo escrito los primeros párrafos.
Sin más o dejo con la lectura. Me ha costado decidirme, y al verdad es que me gustaría mucho que me dierais vuestra opinión al respectos con vuestros reviews, que siempre me animan...como a todos supongo xD Si lo haceis os daré caramelos y golosinas en el próximo episodio :P
Besos y Felices Fiestas a todos !!!
Daynes
PD: Lo prometo. El siguiente no tardará tanto xD
9. Revisiones.
- No entiendo como puedes caerle bien a Remus. Ser amable contigo es un total desperdicio. - Sirius se levantó y se sentó en su cama - Llegará un día en que te arrepentirás de ser así de estúpida y yo estaré allí para verlo.
- Tendrás que esperar al fin del mundo para verme cambiar sólo por que tú te dediques a soltar falsos cumplidos - Ella lo miró desafiante, pero Sirius ya estaba cansado de discutir - ¿Ahora no dices nada?
- No, prefiero dormir a tener que seguir escuchándote - se metió en la cama y le dio la espalda - Buenas noches... Cuervo Pecoso - dijo apagando la vela de su mesita de noche.
- Buenas lo serán para ti, niñato.
- Búscate algo mejor conque llamarme, sino la mitad de Hogwarts se girará en cuando lo digas.
- ¿Qué te parece Neanderthal Presuntuoso? - preguntó ella seguida por una fuerte tos. La luz a la espalda de Sirius se apagó, dejando el lugar en penumbra. Se giró. Apenas podía distinguir la silueta de la chica, pero sí los movimientos nerviosos de su espalda. En ningún momento tuvo la intención de que "bonita" sonara como un falso cumplido.
- ¿Aun no han acabado contigo las polillas de la biblioteca? - preguntó Remus, sin dejar de leer, nada más ver a Sirius entrar en la sala común. Este estaba cubierto de polvo de pies a cabeza.
Merlín, otra vez no, por favor, pensó James, mientras acababa un trabajo de Herbología, sin preocuparle que Peter lo estuviera copiando. Los pocos que quedaban en la sala decidieron que ya era hora de irse a dormir, subiendo casi en desbandada hacia sus habitaciones. Logan, que en aquellos momentos bajaba, tuvo que apartarse para no ser atropellado. Entornó los ojos, visiblemente molesto.
- Aun no, están esperando a que vuelvas a hacerles compañía - respondió Sirius arrojando su túnica en el sofá donde estaba sentado Remus - Te echan mucho de menos. Desde que no vas por allí la pobre señora Pince está muy triste. Me ha dado hasta recuerdos para ti. ¿Qué le has dado a ese viejo buitre?
- Educación, cortesía, modales... Tres sinónimos distintos para algo de lo que tu careces. ¿Quieres que te los repita? Por la expresión de tu cara creo que aun no te han quedado demasiado claros - Sirius le tiró la corbata a la cara.
- La florecilla de delicado perfume en la que te has convertido me está empezando a dar asco - Remus dejó el libro y con tranquilidad, se plantó delante de él.
- Me parece perfecto saber por fin lo que de verdad piensas de mí, niñato - le espetó devolviéndole la corbata de mala manera.
- Y yo echándole las culpas al pobre Quejicus. Ahora sé de donde ha sacado Válanar esa agradable palabra.
- No hace falta que le diga nada. Sólo ve lo evidente - una sonrisa de desdén apareció en su rostro.
- ¿QUEREÍS CALLAROS DE UNA PUÑETERA VEZ? ESTOY INTENTANDO ESTUDIAR - James estaba pasando una semana horrible. Primero, los profesores se habían puesto de acuerdo que quinto era un año muy importante y les habían empezado a mandarles montones y montones de apuntes, deberes y trabajos, todos en ese orden, para que no se olvidaran que a final de curso tenían los T.I.M.O.s. Como si no se lo recordaran en cada clase. Estaban en la segunda semana de curso, por las barbas de Merlín, aun faltaban diez meses para los exámenes. En fin, que había tenido que empezar a hincar los codos cuando no solía hacerlo hasta pasadas las Navidades. Segundo, Lily. Después de lo que había pasado en el campo de Quidditch, ni siquiera lo insultaba y cuando se encontraban en un corredor, se daba la vuelta por donde había venido. Todo gracias al señor Cabezota. Como si él tuviera la culpa de que fuera así. Y tercero, había empezado a odiar a aquel par que se hacían llamar sus amigos. Todo había ido de mal en peor desde que Sirius puso a Válanar más verde que el escudo de Slytherin delante de toda aquella gente. Para Remus, el hecho de que fuera a buscarla, no le salvaba, sino que demostraba más que nunca la culpabilidad de su amigo. El descubrimiento de los remordimientos, lo llamó. En cuanto tenían oportunidad, empezaban una guerra de preguntas y respuestas. Cualquiera se les acercaba cuando estaban así. Por suerte, había conseguido impedir que, de momento, se lanzasen maldiciones, y lo que es peor aun, que acabase a las manos, pero aquello no podía durar. Y él estaba en medio. Deseaba que todo volviera a la normalidad: menos deberes, que Lily lo insultase y que aquellos dos reconocieran que tenían un problema y que precisamente, no era el uno con el otro.
De repente, el retrato de la señora gorda se abrió y aquel par salieron despedidos hacia fuera como si alguien les hubiera pateado el culo. El retrato se cerró de golpe.
- ¿Mejor, verdad? - le preguntó Logan con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¡Logan, cabronazo¡Esta me la pagas! - se oyó la voz de Sirius desde fuera - ¡ABRE LA JODIDA PUERTA! - le gritó seguido de varios golpes contra el retrato.
- Tenía que practicar los hechizos no verbales, - dijo Logan volviéndose hacia James mientras miraba su varita - y creo que cada vez me salen mejor.
- NIMBUS AUREA... ¿Por qué no funciona? - se oía decir a Remus.
- ¡No ves que la señora gorda se ha largado del retrato, o es que aparte de imbécil te has vuelto ciego!
- Contigo ahí delante aporreando la puerta no hay mucho más que ver... Logan... ¿qué has hecho con la Señora Gorda?
- Nada. Habrá ido a ver a una de sus amigas. Tendréis que buscarla para que os abra la puerta - Logan se lo estaba pasando en grande
- También podrías abrirla tu - respondió Sirius.
- Creo que no - dijo acariciándose la incipiente barba rubia - Que tengáis una buena búsqueda
- ¡No¡James, ábrenos, venga! - James miraba a la puerta, miraba su trabajo y otra vez a la puerta. Una sonrisa maquiavélica iluminó su rostro.
- Tened cuidado con Filch. Hoy no estaba de muy buen humor - dijo colocándose bien las gafas y volviendo a escribir.
- James, creo que si hablamos con serenidad podremos llegar a una solución. Peter... ¿no estás de acuerdo conmigo? - argumento Remus. Peter miró a Logan y a James, parpadeando rápidamente, sin decidirse.
- Yo... es que... - Carraspeó el muchacho medio encogido al lado de James.
- Si crees que vamos a dejar que os abra la puerta, estás muy equivocado.- James tomó la iniciativa sin esperar a que la mente de Peter se pusiera de acuerdo para hacer una cosa u otra -. Será mejor que empecéis a buscarla o se os harán las tantas - la respuesta a aquello sonó a una patada en la puerta.
- ¡Espero que podáis dormir tranquilos esta noche sabiendo que tal vez no regresemos nunca! - grito Sirius con una voz que le salió demasiado aguda y teatral.
- Sirius, déjalo. Tu melodrama no funciona conmigo. Cómo si esta fuera la primera noche que pasáis fuera - Aunque las otras veces habían sido cuatro y no dos. Hubo unos segundos de silencio.
- Vamos, Sirius. Creo que tiene una amiga en el tercer piso - se sintió un golpe contra la puerta.
- ¿Y por qué crees que voy a ir contigo? - se oyó un bufido, una nueva patada y unos pasos alejándose. Al cabo de uno segundos, otros pasos le siguieron.
- Gracias. Ya no sabía que hacer con ellos. - le dijo James a Logan, estirando los brazos sobre la mesa, rendido. Este, aun de pie, agitaba una mano, quitándole importancia.
- Te veía muy agobiado y decidí echarte una mano.
- Aunque no sé si habrá sido una buena idea - Logan se sentó en la mesa en frente de James, mientras echaba una última ojeada a la puerta
- Les irá bien airearse un poco. Los tienes demasiado mimados.
- Un par de veces he estado tentado a... pero... - dijo mientras se quitaba las gafas y las limpiaba con la camisa - a pesar de que están insoportables, son mis amigos. En este asunto solo puedo hacer de árbitro.
- Los jugadores no suelen tratar bien a los árbitros. Bueno¿me equivoco si te pregunto si ese asunto tiene que ver con una chica? - James lo miró y dio un suspiro - Veo que no me equivoco - Logan se lo quedó mirando un momento y después se levantó desperezándose. - Creo que prefiero no saberlo. Ya he practicado suficiente por hoy - empezó a caminar hacia las escaleras de los dormitorios pero cuando llegó allí se paró - No les esperes hasta muy tarde. Mañana son las pruebas - subió los escalones y cuando James ya no lo veía dijo - Te aconsejo que mañana amordaces a Black, sólo como medida de precaución.
James no creía que tuviera suficiente con amordazarlo a él. Tendría que amordazar también a Remus. Dejó caer la cabeza sobre la mesa. Menudo panorama se le presentaba mañana. Tener que controlar a aquel par estaba repercutiendo en su salud.
Arya no podía concentrarse. La sala común de slytherin se había vuelto asfixiante. Suspiró cansada mientras se removía un poco sobre la recargada silla donde estaba sentada.
La influencia de los insultos de Black era más que evidente. Las chicas cuchicheaban a sus espaldas y se reían; cada vez que pasaba por delante de un grupo, daba igual que da la casa que fuera, oía como la llamaban señorita Cuervo Pecoso o Larguirucha Palo Tieso. Le hubiera gustado hacerles callar pero no podía pelearse con todo el mundo. Dos personas le había dado un buen consejo; a la primera le había hecho daño; la segunda se lo había hecho a ella. Aunque no estaba muy segura de que ellos lo siguieran.
Severus llevaba toda la semana sin hablarle. Y cuando ella intentaba disculparse, le parecía muchísimo más interesante el vuelo de una mosca en la otra punta de la habitación. Se sentaba a su lado en clase y en el gran salón y eso era todo. Ni uno de esos comentarios sarcásticos a los que pronto se había acostumbrado. Sólo cuando Lupin se acercaba a ella, le parecía ver alguna reacción, como un ligero tic en los dedos, pero era algo tan sutil que muchas veces se preguntaba si lo había imaginado.
Remus Lupin era la amabilidad personificada. Le hizo mucha gracia cuando, unos niños de segundo la llamaron Señorita Cuervo Pecoso y él les quitó diez puntos a cada uno por falta de respeto, a parte de darles un largo sermón sobre los modales, del que estaba segura que los niños no habían entendido ni la mitad. A veces se les unía Evans, McCliff y su hermana. Arya sabía que Reba tampoco lo estaba pasando bien. Mantenía su promesa de no meterse en líos pero notaba cuanto le costaba, como apretaba los puños cada vez que oía risitas a sus espaldas. Era la persona a la que menos quería ver sufrir.
En cuanto a Black, estuvo extrañamente tranquilo el domingo, parecía hasta triste. Cuando se despertó en la enfermería, él aun seguía durmiendo. Parecía que se hubiera peleado con las sábanas. No pudo evitar mirarlo con suspicacia. Había tenido la sensación de que, un momento antes, alguien le había estado observando. La discusión de la noche anterior debía de haberle provocado pesadillas.
El lunes ya volvía a ser el mismo arrogante, cabezota, egoísta, grosero, odioso, orgulloso, pedante, pretencioso y repelente de siempre. Arya estaba segura de que aun se le ocurrirían más calificativos a lo largo del curso. Para él y para su amiguita Amelia Carter.
Una noche volvía a su sala común después de pasar su detención con el profesor Slughorn, cuando oyó a su espalda como al menos dos personas salían de detrás de uno de los tapices, entre risas y cuchicheos.
- Vaya... ¿La Señorita Cuervo Pecoso vuelve a su nido? - Era Carter. La ignoró. Si se pasaba de la raya, podía hacerle volver a comer hierba.
- Irá a encontrarse con Quejicus o con cualquiera de los amigos de Miwa - la inconfundible voz de Black la hizo parar en seco. Respiró hondo. No se volvió, apretando con fuerza el libro que llevaba contra su pecho, reprimiendo las ganas de lanzárselo a la cara - Se ve que el equipo se ha vuelto algo parecido a una comuna.
- ¿Y eso que es? - oyó como preguntaba Carter.
- Lo comparten todo. Escobas, gafas contra la lluvia, uniformes y claro está, las chicas también. Y como sólo tienen una, tienen que hacer turnos.
- Que divertido - rió Carter -¿Quien será el primero de esta noche, Válanar... Miwa o Aled?
No pudo aguantarlo más. Arya se volvió hacia ellos con una mirada de falsa preocupación.
- Carter... ¿qué has cenado? Por esas manchas que tienes en los labios debe de haber sido algo negro. Deberías cuidar lo que te metes en la boca - y le lanzó una significativa mirada a ciertas partes del chico, que decidió, de repente, ponerse a contar las grietas del techo. La cara de confusión de Carter le alegró el regreso a su sala común. Sería inexperta, pero no una total ingenua. Había libros muy educativos. Lo único que la sorprendió de verdad de aquel encuentro es que, antes de irse, Black le sonreía como la primera vez que lo vio, calmado y sincero. Arya no pudo evitar pensar que habría detrás de esa sonrisa. Hipocresía.
Aquello había sido hacía dos días y aquel encuentro no había cambiado que la gente siguiera metiéndose con ella. Todo seguía igual. Bueno, pasando por alto que Severus no le hablaba. Y era por eso que esa noche sentía que los muros de piedra basta de la larga sala común, sin la más mínima ventana, parecían que se le iban a caer encima, que la ahogaban. Mientras ella intentaba acabar su trabajo de Herbología, Severus Snape estaba tranquilamente sentado en un sofá de piel cerca de la labrada chimenea, leyendo un libro bastante grueso, con el pelo detrás de las orejas. El color verdoso que despedían las lámparas del techo le daba un aspecto enfermizo. Miwa y Aled se habían despedido de ella hacía rato, recordándole que al día siguiente serían las pruebas para entrar en el equipo. La verdad es que no tenía ganas de ir pero no iba a permitirse esconderse. Hacerlo significaría su derrota ante Black.
Dejó la pluma sobre el inacabado trabajo y levantó la vista. En aquel momento sólo quedaban Severus y ella. No era su costumbre intentar hacer cambiar de opinión a nadie, pero el no ya lo tenía asegurado. Nerviosa, se acarició la trenza mientras se acercaba a él.
- Severus... - nada más oír su nombre, el chico cerró el libro y se levantó dándole la espalda en dirección a las escaleras que bajaban a los dormitorios. Arya le cogió de la manga de la túnica intentado retenerle y al estirar, esta se rasgó. Severus soltó un suspiro de hastío - Lo... siento... yo...
- ¿Qué voy a hacer contigo? - dijo Severus aun sin girarse.
- Yo... lo siento - Arya apretó en su mano la tela
- Hay veces que pienso que sólo sabes repetir eso. ¿Podrías soltarme la manga, por favor?... Gracias - se quedó de espaldas a ella mientras sacaba su varita y reparaba su túnica.
- Si te hubieras decidido a decirme algo, no tendría que ir repitiéndolo todo el rato - Arya había cogido valor pero no el suficiente como para atreverse a mirarle ahora que se había girado. Se miraba las manos, sin poder evitar retorcerlas.
- Te oí la primera vez, no soy sordo. ¿Es que no entiendes por qué te ignoraba? - Severus mantenía la figura rígida, con las manos entrelazadas en la espalda.
- Claro... que lo entiendo. ¿Entiendes tú por qué quería que volvieras a hablarme? - la pregunta hizo que Severus soltara sus manos de la espalda, dejándolas colgar a ambos lados de su cuerpo. Las mangas gastadas de la túnica apenas mostraban las finas y pálidas uñas.
- Me gustaría entenderlo. Serías la primera persona aquí a la que le preocupa que no le hable - su voz se había vuelto cínica.
- Los demás solo ven lo que quieren ver - una de sus manos cogió el colgante con fuerza - Fui una estúpida. Acabé diciéndote lo que me merecía yo.
- Tal vez tengas razón - dijo cruzándose de brazos - Si hubieras llegado en el primer año tu serías a la que llamarían Quejicus. No paras de quejarte de Black. - Arya lo miró con los ojos muy abiertos, desconcertada. ¿Acababa de hacer un chiste o se lo había parecido a ella? No es que tuviera mucha gracia, pero algo era algo. - ¿Y ahora por qué me miras así¿Te has enfadado otra vez o que?- Ciertamente, Severus tenía la sensibilidad de una sardina.
- Es más bien un "o que" - Por primera vez en esa semana sonrió de verdad.
- ¿Estás segura que el sombrero no se equivoco al ponerte en Slytherin?- Preguntó mientras arqueaba una ceja.
Los últimos eructos de Peeves aun se oían, produciendo en el pasillo un curioso eco, cuando Sirius pudo salir de detrás de una armadura.
- George, te debo una - como respuesta, la armadura inclinó un poco el yelmo en forma de cabeza de dragón produciendo un leve chirrido oxidado. Durante un momento tuvo la tentación de salir, por fin podría hablar con él, encararle, pero entonces le oyó canturrear algo así entre eructos:
"Black es un inepto, Black no sabe nada; Y como me insultó, tendré la boca cerrada".
Que rima más estúpida, pensó mientras comenzaba a andar. Si aquel maldito duende lo hubiera visto, no hubiera tardado ni dos segundos en avisar a Filch. Nunca en sus cinco años allí, Peeves se había metido con él. Algunas veces hasta les había ayudado despistando al conserje. Y ahora se las daba de listo diciendo tonterías sobre el primer Black y casi rompiéndole el cuello. Tal vez alguien le había influido para que hiciera aquello... ¿Pero quien?... ¿Y si aquella chica le había dicho algo?... No, imposible. Estaba casi seguro que le hubiera dicho, orgullosa, que había sido ella. Válanar. Un apellido extraño... No le sonaba a ninguna familia de sangre limpia del Reino Unido y gracias a su "amorosa" madre, se las sabía casi todas de memoria. ¿De donde vendría? Tampoco es que fueran muchas ya. El norte de Escocia era demasiado genérico. ¿Por qué no habría empezado Hogwarts a los once años como todo el mundo? Alguien tendría que haberla instruido, eso estaba claro. ¿Y, lo más importante, como se le habría ocurrido la idiotez de llamarla bonita cuando estaba claro que no lo era? Sacudió la cabeza, queriendo deshacerse de la pacífica imagen de ella durmiendo en la enfermería. Que distinta era cuando estaba despierta. Y más enterada en... ciertas cuestiones fisiológicas de lo que había pensado, como pudo comprobar cuando se la encontró estando con Carter... Lo mejor sería que se dejara de estupideces. Apestaba a polvo de cuatrocientos años y estaba cansado de buscar a esa cantante de opera frustrada que era la Señora Gorda. Un par de pasillos más y averiguaría si por fin había vuelto al dichoso cuadro. Pues sí, allí estaba la dichosa señora, roncando con la fuerza un hipopótamo. Dándole una patada al cuadro cortó el ronquido de golpe e hizo que esta tosiera, atragantada.
- Nimbus Aurea - le susurró con los dientes apretados.
- Eh... ¿Cómo? - Un sonoro eructo salió del cuadro. Si aquella enorme mujer hubiera sido de carne y hueso, el pestazo a vino barato le hubiera tirado de espaldas.
- He... dicho... Nimbus... Aurea - estaba tan cabreado que le costaba articular las palabras. Nunca le había caído bien ese retrato. Se suponía que esa mujer tenía que velar el acceso, no irse de copas vete a saber donde. La puerta se abrió lentamente, con la mujer aún abotargada y mirándole con ojos rojos y estrábicos.
- Señor Black, menudos modal... - cerró de un portazo antes de que terminara de hablar, ahogando una serie de improperios a su espalda. Se encontró con la sala únicamente iluminada por la cálida luz de la chimenea. Ya tenía suficiente por esa noche como para que el ajado cuadro de esa enorme mujer se metiera con su forma de ser. Lo que ahora necesitaba era una ducha caliente y su cama. Un bulto se movió en el sofá y paró. Era James completamente dormido, con las gafas torcidas sobre su nariz, la boca entreabierta y una manta hasta la barbilla. Debía de llevar así un buen rato, como atestiguaba la mancha de babas del cojín donde tenía apoyada la cabeza. Sonrió de forma cansada.
- Está para hacerle una foto - murmuró Sirius, ahogando la sonrisa.
- Creo que los dos hemos pensado lo mismo - la voz de Remus le sobresaltó. Se le acercó lentamente desde uno de los ventanales. Iba en bata y zapatillas. Su expresión era algo tensa, a pesar de hablar con tranquilidad - Pero yo no tengo cámara de fotos.
- Ni yo. Creo que ya sé que pedir para Navidad. No puede volver a escapársenos una ocasión como esta - respondió Sirius. Era la primera vez que se hablaban sin un insulto de por medio. - Seguro que a él le encantaría que Evans conociera esta faceta.
- Podríamos subir y coger la de Logan - sugirió tranquilamente Remus. Se acercó a James y le quitó las gafas, dejándolas sobre una mesita cercana. Después se volvió y se quedó mirando a Sirius, indeciso.
Los ojos grises de Sirius tuvieron la tentación de sonreír, al pensar que ambos volverían a estar juntos para poder gastarle una broma al bueno de James. Pero solo fue algo momentáneo. Su mirada volvió a endurecerse. Aquello no se le iba a pasar así como así. Y todo por culpa de esa chica, pensó sin poderse contener. Si jamás hubiera aparecido serían de nuevo los cuatro mosqueteros. Maldita sea. Giró la cara y se dirigió hacia las escaleras que llevaban a las habitaciones. Estaba demasiado cansado como para empezar de nuevo con los insultos, y sinceramente, tampoco no tenía ganas.
Remus dejó escapar un suspiro cuando escuchó como la puerta de su cuarto se cerraba tras su amigo, agachando la cabeza y acercándose hasta James, que seguía dormido sin darse cuenta de nada. Se pasó una mano por el pelo mientras se sentaba en el brazo del sofá. Lo había intentado. No estaba en su naturaleza seguir enfadado. Nunca habría creído que sería capaz de continuar con aquello, pero parecía que no había remedio. Le costaba mucho llevar aquella situación y le estaba pasando factura a su ya poco animada forma de ser. Aquella vez, por mucho que pudiera de su parte, las cosas no se iban a arreglar fácilmente.
Ahí va el noveno!! Ahora que por fin me gusta como ha quedado espero que a vosotros os haya pasado lo mismo y me lo digais con lingos y maravillosos reviews ... Esto, bueno, y sino... pues también!! XD
Muchísimos besos a todos todos!!!
Que tengais una navidades de nieve en el norte y de sol en el sur
