Los personajes de este fic, excepto algunos de invención mía, no me pertenecen. Son propiedad de Stephenie Meyer.

Mis más sinceros agradecimientos a mi querida amiga y beta Lilith de Lioncourt.


Secretos

- ¿Es que no tienes intención alguna de contarnos más detalladamente lo que ha pasado, hermano? _ preguntó Caius, ligeramente más molesto que antes.

- No nos dejes en ascuas, Aro _ inquirió Marcus en un tono mucho más crispado que el de Caius, la actitud despreocupada de su hermano ya amenazaba con sobrepasar los limites de su paciencia._ ¿Y qué es toda esa sangre? _ rugió esta vez Marcus.

- La pregunta más idónea en este caso sería el porqué de tu tranquilidad si algo ha conseguido hacerte tamaña herida, querido hermano _ dijo Eleazar. Aro no pudo más que sonreír con su comentario, aun así pensaba regodearse un poco más de la ignorancia de los demás.

- Tu preocupación por mi estado es encomiable, Eleazar. ¿O más bien debería decir tu preocupación por tu seguridad? No tenéis que alarmaros por el ser que me ha herido, puesto que ya se le ha dado muerte.

- ¿De qué ser estamos hablando exactamente? _cuestionó Marcus algo más complacido porque su hermano había empezado a explicarse.

- Deberías sentarte, mi adorado Marcus, porque mi historia puede hacer que vuelvas a entrar en pánico.

- ¿Qué broma es esta, Aro? _se adelanto Caius a su hermano Marcus, del que ya se esperaba una temible reacción._ Deja de andarte por las ramas y cuéntanos qué es lo que te ha pasado.

- Mi intención no era para nada la de importunaros, pero es cierto lo que he dicho ¿Recordáis, hace ya tiempo, lo que ocurrió cuando dimos caza a los hermanos rumanos? Esos que creyéndose dioses amenazaron con descubrir nuestro mundo _Marcus, que ya empezaba a sospechar a que se refería su hermano, se quedó lívido y habría palidecido más de lo que ya era si su condición de vampiro no se lo hubiese impedido. Y como predijo Aro, se sentó. Los otros dos se limitaron a esperar impacientes a que Aro continuase._ Veo que ya entiendes Marcus. Es perfectamente comprensible tu terror y no creas que me estoy mofando de ti, pues ahora que he percibido en carne propia el dolor y la fuerza que esas criaturas, comprendo tu miedo.

- ¿Me estás diciendo que hay licántropos por esta zona? Creí que su especie estaba prácticamente diezmada _dijo Eleazar.

- Y hasta donde yo sé eso sigue siendo así. Es cierto que había muy cerca de aquí. Al parecer destruimos a su manada cuando prendimos fuego a los dos hermanos, éste era un joven que solo clamaba venganza por su estirpe masacrada.

- ¿Era? ¿Insinúas que ya está muerto? _ pregunto Marcus._ ¿Has podido darle muerte aun estando herido? _el miedo que Marcus sentía hace apenas unos instantes estaba desapareciendo para dar paso a la incredulidad y rápidamente a la ofensa.

- Ni mucho menos. La fuerza de esa joven criatura era comparable a la nuestra, me atrevería incluso a decir que puede que más. Además su ataque fue del todo inesperado para mí. Haber salido victorioso de esa lucha habría sido imposible para mí. No me avergüenza reconocerlo _la respuesta de Aro pareció calmar un poco a Marcus, pero también hizo que la duda creciera en él, como en sus hermanos.

- Entonces dinos de una vez cómo estás aquí de una pieza, si se puede decir así, y el porqué de tu tranquilidad, Aro _dijo Eleazar. La sonrisa en el rostro de Aro se ensanchó, hasta convertirse su cara en una horrible mueca que habría hecho palidecer de terror a más de uno.

- ¿Te incomoda no saber, querido Eleazar? _comenzó Aro, cambiando levemente su expresión de gozo a una claramente acusadora y más amenazante._ ¿Te sientes inseguro al no saber qué es lo que pasa a tu alrededor?

- Sé a donde quieres llegar, Aro. Pero a deferencia de ti yo no he puesto en peligro a la familia. Sólo he "incomodado", por así decirlo, a uno de sus reyes.

- Bien deberías saber que, que me "incomoden", no me gusta nada. Y si eso es lo que os preocupa, os diré que yo tampoco he puesto en peligro a la familia.

- ¿Y no crees que ya va siendo oportuno que nos digas que ha ocurrido con el licántropo? _preguntó Caius intentando ser algo conciliador y terminar de una buena vez con la discusión y con las dudas de todos.

- Nuestro pequeño tesoro se ha desecho de él _dijo Aro con regocijo.

- ¿Alec? ¿Es que has podido contemplar su don en acción? ¿Tan letal es? _Marcus y Caius no podían estar mas impacientes por saber como su próxima adquisición había conseguido aniquilar a un hombre lobo. Sólo Eleazar se había dado cuenta de la sonrisa de superioridad que Aro aun tenia en su rostro.

- Eso… ¡Eso es imposible! _comenzó Eleazar, captando las miradas de los demás._ ¿Qué treta es ésta, Aro? El don del pequeño no podría haber matado a la bestia, y eso lo sabes ¿A que estás jugando?

- ¿Es cierto eso, Aro? _preguntó Caius._ ¿¡Queréis hacernos el favor de explicar de una buena vez cual es el poder del niño!?

- El pequeño podría haber hecho que la criatura detuviese su ataque, pero ni mucho menos podría haberlo matado, no él solo _Eleazar meditó durante un momento sus propias palabras, hasta que pareció percatarse de algo._ No es posible…

- ¿El que? ¿Qué esta pasando, Aro? ¡Dejáos ya de misterios! _vociferó Marcus.

- Como bien ha puntualizado Eleazar, Alec no tiene el poder destructivo necesario como para matar a un licántropo. No estoy menospreciándolo, pues el don del pequeño es asombroso y será una gran adquisición para nuestra familia. Pero es otra la personita que ha terminado con la vida de esa desgraciada bestia.

- Entonces es cierto ¿no? _dijo Eleazar.

- Me extraña que no te percatases de ella antes, Eleazar. ¿Estás perdiendo facultades? _se burló Aro.

- Sabes perfectamente que no puede detectar el don específico que posee un ser a distancia. Es cierto que antes noté el uso de un poder en el bosque, pero di por hecho que se trataba de Alec.

- Pues no podrías estar más errado, hermano mío.

- ¿Quieres decir que Jane también…? _dijo Eleazar.

- ¿Jane? ¿La hermana? _cuestionó Caius._ ¿Ella también es poseedora de un don?

- En efecto, Caius _dijo Aro._ ¿No es maravilloso? Venimos por una extraordinaria adquisición para nuestra familia, y vamos a irnos con dos.

- Y podemos preguntar ¿Qué es exactamente lo que hace la pequeña o prefieres dejarnos con la intriga?

- No soy el mas indicado para concretar con precisión cual es su poder, Eleazar tendrá que confirmarlo cuando vea a la pequeña Jane. Pero te diré, Marcus, que te habrías sentido orgulloso de esa niña si hubieses visto lo que le hizo al hombre lobo. Su rostro pavoroso habría hecho que alcanzases la gloria de regocijo, te lo aseguro.

- Y los dos pequeños están bien ¿no? _pregunto Caius, aun algo impactado por los recientes acontecimientos.

- No podrían estar en mejores condiciones. Algo alterados por el susto, pero sin daños físicos que deban importunarnos. Además _continuó Aro._ Son mucho más inteligentes y perceptivos de lo que yo habría imaginado, esta espera se me hará aun más eterna.

- Todo sigue igual ¿no? _dijo Marcus._ De hecho ahora la espera merecerá aun más la pena. Vamos a obtener dos miembros más para nuestra familia. Y son ni mas ni menos dos miembros excepcionales, si no he entendido mal.

- No, Marcus. No has entendido mal _dijo Eleazar._ Y aunque tengo la ligera sospecha de saber cual es el don de la pequeña Jane, he de reconocer que estoy impaciente por comprobarlo con mis propios ojos.

- Aunque antes de nada deberíamos ocuparnos de tu herida, ¿No crees, Aro? _dijo Caius, que volvía a mirar preocupado a su hermano. Aro no pudo sino darle la razón, era cierto que gracias a Alec no sentía dolor alguno, pero debían tratarle y el alimentarse era una prioridad. Después de todo, los niños no iban a irse a ninguna parte, ya tendrían tiempo más que suficiente como para cerciorarse de cual era el poder de Jane. Lo importante ahora era que estaban a salvo, y que en un fututo próximo su familia aumentaría en número y poder.

- No es que quiera retrasar tu recuperación. Ni es tampoco mi intención menospreciar tu fuerza, Aro. Pero no dejo de preguntarme cómo estás tan tranquilo y apaciguado teniendo semejante herida en tu cuello y hombro _dijo Marcus, haciendo que los demás Vulturis, incluido Aro, recordasen que esa era una herida terrible y que Aro apenas se inmutaba por ella. Al contemplar las caras estupefactas de sus hermanos y al volver a mirar su estado, Aro estalló a carcajadas.

- No creo que ésto sea motivo de risa. Si no fuera porque sé que es imposible, diría que estás en estado de shock _dijo Caius. Entonces Eleazar pareció percatarse de lo que ocurría en realidad. De modo que ese era el motivo por el que Aro conocía el poder de Alec. Desde un principio le había extrañado mucho que Aro lo hubiese descubierto, aún utilizando su propio poder para leer las mentes y ver los recuerdos, aun así le habría resultado complicado saber cuál era el talento especial del pequeño. La única forma de que lo supiese era haberlo visto en acción, o como había ocurrido en este caso.

- Así que es eso, ¿no Aro? _dijo Eleazar sonriendo levemente._ Nunca imaginé que el pequeño pudiese aprender tan rápido a dominar sus poderes, y mucho menos hacerlo de la forma tan extraordinaria, tal y como lo ha hecho contigo.

- Estás en lo cierto, Eleazar. Ese niño, junto con su hermana, es un auténtico prodigio.

- ¿A qué os referís vosotros dos ahora? _dijo Marcus.

- No habíamos quedado ya en que dejaríamos los misterios a un lado, hermanos míos. ¿Por qué no nos ilumináis a Marcus y a mí para que así podamos maravillarnos todos juntos con nuestras nuevas adquisiciones con el mismo grado con el que lo estáis haciendo vosotros dos?

- Tienes razón, Caius. Aunque sabéis cual es el don de la pequeña hermana aun desconocéis el don que nos trajo aquí en un principio. Mis más sinceras disculpas por haberos mantenido en la ignorancia. Pero consideré que era mucho mas fascinante el que lo vierais por vosotros mismos. Aro ha sido el primero de los tres en verlo, en sentirlo en carne propia ni más ni menos _Eleazar hizo una pequeña pausa, para ver si Marcus y Caius habían comprendido a que se refería. Aunque Aro sabia que en parte, también lo hacia para darle mas dramatismo a sus palabras. Al comprobar que sus compañeros seguían sin entender, prosiguió._ De hecho, todos nosotros estamos viendo ahora el increíble poder en acción, aunque vosotros no os hayáis percatado aún.

- Déjate de enigmas y di de una vez cuál es el don del niño.

- No era mi intención impacientarte, Marcus. Sólo consideré que era más interesante, por así decirlo, daros la oportunidad de adivinarlo por vosotros mismos _Aro volvió a estallar a carcajadas ante esto ultimo._ ¿No? ¿Ninguno quiere aventurarse a intentarlo? _los demás le devolvieron una mirada escéptica._ ¿Seguro? Está bien, está bien. Es una verdadera lástima que el sentido del humor se esté perdiendo en estos tiempos difíciles que corren pero…

- Una cosa es el sentido del humor, y otra muy distinta es la crueldad con la que nos has estado tratando, Eleazar _ dijo Aro aun con la sonrisa en su cara._ No fue suficiente para ti el traernos aquí desde tan lejos sin decirnos el motivo, sino que tuviste la desfachatez de no aclarar cual era el don de Alec. Y no siendo eso suficiente para ti, aun pretendes seguir jugando con nosotros.

- Reconoce que mis juegos y tretas te entusiasman, Aro. Y ahora aun más desde que tú también eres conocedor de la verdad, o al menos de una gran parte.

- Evidentemente, Eleazar. Pero eso no borrará de mi memoria todo el tiempo que has estado divirtiéndote a nuestra cosa ¡A mi costa! _ Y aunque no perdió la sonrisa, podía adivinarse claramente el tono peligroso en la voz de Aro.

- Soy consciente de ello, pero ahora, ¿me dejaras proseguir con mi relato para poder disipar las dudas que aun nublan la mente de nuestros hermanos? _Aro gruñó como contestación y se volvió a recostar en el sillón._ Como bien estaba diciendo antes de este breve paréntesis. El estado actual de nuestro querido Aro se debe al pequeño niño. Y no me refiero a la terrible herida que en cualquier otro le habría causado la muerte o en el menor de los casos haberle dejado impedido, eso ha sido obra del licántropo, como bien ha dicho Aro _ Marcus no pudo evitar temblar ante ese ultimo comentario y el horrible recuerdo que guardaba de los licántropos._ El que pueda mantenerse en pie a pesar de estar tan gravemente herido es lo que nos ha extrañado a todos y es lo que fácilmente se puede explicar con el poder del niño.

- Poder que aún no has explicado, deja ya los rodeos Eleazar y céntrate de una buena vez _dijo Caius.

- Lo haría de buena gana si dejaseis de interrumpirme constantemente _dijo Eleazar haciendo una especie de puchero._ ¿Alguno más tiene que puntualizar algo más? Desde luego uno no puede ni intentar darle emoción a las cosas.

- Creo que ya hemos tenido suficiente emoción por un día, por lo menos así lo creo yo. Además, esta herida empieza a molestarme levemente y creo que el tratarla es una prioridad inmediata.

- Entendido, entendido. Pero no mas interrupciones _los demás pusieron los ojos en blanco y Eleazar continuó con una tenue sonrisa de satisfacción en su cara._ Alec tiene la capacidad de privar a toda criatura viviente de sus sentidos. Lo que usado adecuadamente podría hacer que un ser mucho mas poderoso que postre a sus pies con apenas mirarlo. O como en el caso de Aro, evitar que note el dolor de su herida. La duración del efecto es algo que se puede controlar a placer, y creo que eso es algo que el pequeño domina, no perfectamente, pero de eso ya nos encargaremos en su debido momento. ¿Estáis ahora más complacidos? Pues si ese es el caso sugiero que nos hagamos cargo de Aro antes de que el efecto desaparezca por completo y nos resulte más difícil tratarlo _Eleazar, junto con los demás, ayudaron a Aro a incorporarse para así llevárselo y poder atenderlo.

Aun cuando los vampiros eran extremadamente fuertes y duros como el mármol, también podía herírseles. Y, aunque era cierto que sanaban mucho mas deprisa que cualquier otra criatura, también necesitaban reponer fuerzas alimentándose de sangre.

Los Vulturis rara vez salían a cazar para alimentarse, a no ser que fuese por diversión o porque una presa causara gran interés en ellos. Pero eso no solía pasar demasiado a menudo, por no decir nunca. No, ellos no necesitaban buscar su "comida" como necesitaría hacerlo cualquier vampiro. Después de todo, a ellos podía considerárseles como la realeza de entre los de su especie.

En Volterra, lugar donde normalmente residen los Vulturis y su familia, disponían de vampiros especializados que se encargaban de "recolectar" la comida. Eran cazadores muy meticulosos capaces de traer a un numeroso grupo de humanos sin levantar sospecha alguna.

Y aunque no se encontraban en su morada habitual, este nuevo lugar de residencia no iba a ser menor. Los Vulturis habían tenido mucho cuidado de no cazar en la pequeña ciudad para así no alertar a los pobre habitantes. Habría resultado muy extraño que, nada más llegar los nuevos visitantes extranjeros, comenzaran a desaparecer decenas de sus vecinos. Eso no habría sido nada provechoso para sus planes.


Unas horas antes…

Salir del bosque ahora que ni siquiera notaba la herida fue realmente más fácil de lo que Aro hubiese podido imaginar. Los dos pequeños le seguían unos pasos por detrás, pero le seguían de cerca. Alec, que iba en cabeza, y su hermana Jane, que se encontraba estaba agazapada detrás de él, aun estaban tomados de la mano.

Al terminar de descender la última colina los árboles ya empezaban a disponerse más alejados los unos de los otros y el cielo, ya oscuro, podía verse perfectamente.

Aro se detuvo de repente, haciendo que Jane chocase con su hermano que también había detenido su paso al ver la reacción del vampiro. Cuando el mayor se volvió hacia ellos, Alec adoptó una posición defensiva para con su hermana.

- Ya os he dicho que no tenéis por qué temerme pequeños ¿No he demostrado ya que soy alguien digno de confianza? Os dije que os sacaría de este bosque y así lo he hecho _ Aro se volvió para señalar una dirección._ ¿Veis esos árboles más retorcidos de allí? Bien, pues si continuáis por ese camino saldréis directamente a la ciudad.

Los pequeños miraron hacia donde Aro les indicaba con algo de desconfianza.

- ¿No va a llevarnos a casa? Nos dio su palabra de que nos acompañaría _dijo Jane situándose al lado de su hermano._ Mentir no está nada bien _dijo la pequeña con un tono musical. Aro no pudo evitar sonreír ante esto último, ya que era clara la amenaza implícita en esa frase.

- Yo he cumplido, queridos niños. Os dije que os ayudaría a salir de este lugar y ya lo he hecho. Pero ¿Creéis que todos los demás de ahí fuera que están buscándoos no se extrañaran mucho si me ven en este lamentable estado? _Aro inclinó la cabeza hacia la izquierda, dejando que su herida se viese aun más para darle más credibilidad a sus palabras._ Sin duda saldrían despavoridos al verme en este estado, y aun más al ver que sigo con vida. Vida que aún conservo gracias a vosotros. Muchas serian las preguntas y no creo estar desencaminado al afirmar que todos hemos tenido un día muy largo y que lo que mas deseamos en este momento es descansar en la calidez de nuestros hogares ¿No es así?

Ambos hermanos se quedaron callados durante un breve instante, para después comunicarse entre ellos con simples susurros tan débiles que Aro apenas si podía entenderlos.

- Está bien _dijo Alec tirando de su hermana para que se moviese._ Confiaremos en usted _cuando pasaron junto a Aro ambos niños le miraron con una extraña mezcla de miedo y desafio. Aro, por su parte, intentó que la expresión de su cara fuera lo más relajada posible y que los niños no se asustaran aun más. No consiguió mucho.

- Si no es pedir demasiado _recordó Aro._ Significaría mucho para mí que no le contaseis a nadie lo que ha pasado con ese horrible monstruo ni que yo he estado aquí con vosotros.

- No se preocupe, no teníamos intención de decir nada _dijo Jane, que en ese momento estaba con la cabeza vuelta hacia atrás y miraba a Aro. Alec ni se molestó en voltearse, se limitaba a andar lo más rápido que le permitían sus piernas y a tirar de su hermana para que le siguiera de cerca.


Conforme avanzaban colina abajo el sendero imaginario se iba ensanchando, los árboles empezaban a estar más dispersos los unos de los otros y el terreno por donde pisaban era mucho menos accidentado. Alec continuaba en cabeza, arrastrando a Jane que lo seguía como una autómata. Cuando el niño consideró que se encontraban lo suficientemente lejos del extraño hombre mayor y no demasiado cerca de la ciudad, se detuvo haciendo que su hermana lo imitase. Al ver la cara crispada de su hermano, Jane se asustó un poco. Alec se acercó aún más a ella y la sujetó fuertemente por los hombros, lastimando así a la pequeña.

- ¿Qué ha sido eso de antes? _gritó furioso el niño._ Has sido tú, ¿verdad? ¿Desde cuándo puedes hacerlo? ¿¡Y por qué no me lo habías contado antes!? _Jane se molestó al escuchar la última acusación de su hermano y se zafó bruscamente de su agarre para continuar andando hacia donde se suponía que estaba su casa. Alec la siguió apresurado y le sujetó de un brazo para impedir que continuase huyendo de él._ Yo te lo cuento todo. Te conté las cosas extrañas que podía hacer, confié en ti ¿Por qué me lo ocultaste?

- ¡Porque no lo sabía! _explotó Jane, mientras algunas lágrimas de rabia escapaban de sus ojos.

Durante unos largos e incómodos minutos reinó el silencio ante los dos hermanos, silencio que sólo era interrumpido por los sollozos de Jane. Alec fue aflojando poco a poco su agarre, hasta que terminó soltando el brazo de su hermana.

- ¿Qué es lo que pasa, Alec? _comenzó Jane, aun con la cabeza baja y sin atreverse a mirar a su hermano._ ¿Por qué hacemos estas cosas? No es normal… _Alec se sintió terriblemente dolido por las palabras de su hermana.

- ¿Eso es lo que piensas en realidad? _dijo Alec con una expresión demasiado dura para su angelical rostro.

- ¿Es que no lo has visto? ¡Es diabólico!

- Y si pensaste eso desde un principio ¿Por qué no me lo dijiste? Si creías que era diabólico ¿Por que no huiste de mí cuando te lo conté? _Alec se acercó peligrosamente hasta estar a escasos centímetros de la cara de su hermana._ ¿Fue por miedo? ¿Este monstruo que tienes por hermano te asustó hasta tal punto que te impidió salir corriendo? _Jane permanecía terriblemente desconcertada por las palabras de su hermano, y su silencio sólo hizo que Alec confirmara sus sospechas y que se enojara aun más._ Se trata de eso ¿no es así, Jane? ¡Respóndeme!

- ¡No es eso! _gritó la pequeña._ ¿Es que has olvidado lo que he hecho? No es comparable con lo que tú puedes hacer. Yo he matado a un hombre cuando tú en cambio has curado a ese viejo ¡Yo soy el monstruo aquí! _Alec, impactado por las palabras de su hermana, se quedó sin habla durante un momento.

- Jane…

- No ¡Déjame!

- Jane, escucha _Jane rehuía avergonzada la mirada de su hermano, y Alec no tuvo más remedio que sujetarle el rostro con ambas manos para asegurarse de que su hermana lo miraba y escuchaba todo lo que tenía que decirle._ Jane, un monstruo es lo último que tú eres ¿no te das cuenta de que nos has salvado? Y no vuelvas a decir que has matado a un hombre, porque esa horrible cosa era todo menos un hombre.

- Pero…

- ¡No! Tú eres mi querida hermana, y mi hermana no es diabólica ni mucho menos. No sé porque hacemos lo que hacemos _continuó Alec._ Pero no creo que seamos monstruos. No hemos hecho nada malo y tampoco es que vayamos a hacerlo ¿no es así, Jane? _la pequeña asintió, aun con la cara entre las manos de su hermano. Alec sonrió dulcemente ante su gesto._ ¿Lo ves? No somos malos. No creo que ese hombre le diga nada a nadie. Creo que él también es especial, como nosotros. Nada ha cambiado Jane _dijo soltándole la cara a su hermana, que se quedó justo como Alec la había dejado._ Guardaremos todo esto en secreto ¿no te das cuenta hermanita? Ahora somos iguales, y no sólo en apariencia _dijo sonriendo y uniendo su meñique derecho con el de su hermana._ Este será nuestro secreto, solo nuestro Jane ¿vale? _Jane asintió con la cabeza otra vez y le devolvió la sonrisa a su hermano. Y después de secarse las lagrimas, acción que hizo que su cara se ensuciase aun mas y que Alec se riera un poco de ella, volvieron a emprender la marcha hacia casa.

Desde donde estaban no tardaron mucho en salir de bosque, y al llegar a la pradera pudieron ver muchos rostros conocidos iluminados por la luz de lámparas y antorchas. Los estaban buscando.

Los dos hermanos se miraron durante un instante antes de bajar corriendo hasta donde se encontraban los demás.

Mientras tanto, Aro contemplaba toda la escena desde lejos, y al comprobar que los pequeños ya estaban sanos y a salvo, se puso en camino hacia sus terrenos.


Cuando Iris salió al jardín y no vio a sus pequeños se inquietó bastante, pero cuando empezó a oscurecer y no había señal alguna de ellos la preocupación se fue haciendo más y más grande.

Al llegar Lysander, su esposa le contó lo sucedido, él intentó quitarle importancia para que Iris no entrara en pánico. "Los niños seguramente estarán jugando en la ciudad y se les habrá pasado el tiempo volando entre juegos y juegos", le dijo Lysander. Que no tenía que preocuparse tanto, aunque él por dentro estuviera hecho un mar de nervios. Así Lysander salió, con algunos empleados, a buscar a sus hijos. Pero nadie parecía haberlos visto. Mandó a uno de sus hombres a la casa para que le contara lo sucedido a su esposa y le dijera que esperarse ahí por si los niños volvían, y para que reuniera a tantas personas como pudiera para comenzar la búsqueda por los alrededores mientras él pedía ayuda a los vecinos.

No tardaron tanto como se esperaría en movilizar a todo el mundo, era una ciudad pequeña en la que todos conocían a todos y el ayudarse en los malos momentos no era nada extraño.

Llevaban un par de horas buscándolos por la ciudad y sus alrededores, y estaban preparándose para internarse en el bosque. Se habían hecho con linternas e incluso antorchas para poder buscarlos en la oscuridad. Y justo cuando habían terminado de organizar los grupos de búsqueda y se disponían a adentrarse en el boque vieron a dos pequeñas formas correr ladera abajo. Cuando se acercaron lo suficiente pudieron comprobar que eran ellos. En cuanto Lysander los vio corrió hacia sus hijos para después estrecharos entre sus brazos.

Al ver que ya no hacían falta poco a poco la gente fue marchándose, al igual que Lysander y los pequeños, que volvieron a casa donde les esperaba impaciente una histérica Iris.

Después de abrazarlos y de llorar de alivio vino la ira, y los dos pequeños fueron severamente sermoneados por haberse alejado tanto de casa y por haber preocupado tanto a todos. De modo que después de cenar se fueron directamente a su habitación, lugar en el que sus padres les habían ordenado que permaneciesen hasta que se les ocurriese un castigo adecuado. Los dos niños obedecieron y se fueron a acostar sabiendo que ahora estaban mucho más unidos que antes, los unía su gran y terrible secreto.