.Histeria.

-"Parece que hoy alguien se levantó con la pata izquierda"- murmura Jared a sus hermanos.

-"Hoy y siempre"- le concede Paul, ambos viendo a Leah cruzar los cincuenta metros de distancia que los separaban, sin una pizca de alegría en su rostro.

Tiene la espalda recta con los hombros cuadrados y rígidos, los pasos son acompasados en un ritmo mecánico y seco, y traía esa cara de piedra con la nariz aleteando como si estuviera a punto de morder al primero que se cruzara en su camino.

-"¿Qué ha sido esta vez, Seth?"- pregunta Jacob con voz cansada, como si todos los días se tuvieran que enfrentar al mismo demonio empedernido.

-"Nada en realidad, ya sabes"- responde, y luego le echa una rápida ojeada sobre su lomo- "Estos cambios de temperamento son más constantes que antes…"

-"…y, sin embargo, todavía no nos acostumbramos"- dice Quil, como si de pronto estuviera muy decepcionado de la vida- "Oye, Seth, ¿no estará en sus días?"

Y aunque todos conocen la respuesta, ninguno contesta. Sam ha vuelto para liderar a la manada y a medida que recupera su paso, la alcanza y la saluda con su habitual serenidad. Y, es entonces donde ella se eriza y le retira brazo con violencia como si no quisiera que su piel estuviera en contacto con otra; ha empezado a temblar.

-"¡Tranquilízate, Leah!"- ruge Sam, con los ojos bien abiertos, el cuello hacia adelante y esa voz de macho alfa que tanto odiaba.

-"¡Lárgate y déjame en paz!"- la escuchan sisear, pero es muy tarde para actuar, porque ella se ha transformado y ha vuelto a huir del lugar.

Todavía la pueden escuchar maldecir mil y un veces en su interior conforme alcanza la velocidad adecuada para escapar del maldito radio telepático.

Ese mal humor estaba empeorando.