.Paranoia.
Sus manos juntas formaban una cuenca en la que podía contener el agua del río lo suficiente como para llevársela a la cara y refrescarse un poco después de cuatro horas patrullando sin parar.
Ser una mujer lobo debía ser lo más desagradable que existía, porque siempre terminaba apestando tanto o más que sus compañeros. Además, qué sentido tenía regresar a casa y tomar un relajante baño de burbujas si a la mañana siguiente volvería a estar corriendo a pata suelta por los bosques.
Así que mientras estuviera en turno, ella se refrescaría un poco antes de volver al laburo. Estaba tomándose, como quien dice, un pequeño descanso, entre todas esas carreras y aullidos.
Jacob no debería estar muy lejos, o tal vez sí, qué más daba. Últimamente los habían puesto a ellos dos a patrullar juntos, y todavía no entendía por qué… ¿no eran sus inseparables flancos Embry y Quil? Se encogió de hombros y sacudió la cabeza para despejar sus pensamientos, porque, si disponía de algunos minutos libres para ella, no tenía que gastarlos recordando a la manada.
Fue entonces cuando sus sentidos de alerta se dispararon y le advirtieron que había algo más en el bosque. O alguien. A pesar de ladear una pulgada su rostro e intentar definir la escena por el rabillo de su ojo derecho, éste falló. Así que tomó otro poco más de agua con la misma parsimonia y normalidad de hacía unos segundos y se la llevó al rostro.
Se quedó de piedra cuando el agua rebotó un destello rojo justo atrás de su hombro, detrás de ese enorme árbol por donde había escuchado el crujir de unas hojas secas. Saltó sobre sus pies en menos de un segundo y los temblores la llevaron por el camino correcto, que era el de entrar en fase.
-"¡Me están siguiendo!"- rugió nada más estableció el contacto con los idiotas de los demás lobos.
-"¿Qué sucede, Leah?"- preguntó la voz autoritaria de Sam apenas recibido el mensaje.
-"Los chupasangres me están siguiendo"- advierte con voz dura, aunque temblorosa.
-"Claro que no, Seth está ahí ahora mismo"- le burla Jacob, claramente dudando de su capacidad para reconocer a las… personas.
-"No los Cullen, idiota, otros chupasangres"- Leah ha empezado a correr alrededor del claro donde se encontraba, intentando hallar alguna pista para dar con el intruso.
-"¿Por qué lo dices?"- pregunta Sam, aunque esta vez su voz suena más calma.
-"¿Qué no reconoces el maldito olor a amapolas? ¡Están aquí, los he visto!"- dice Leah, todavía concentrada en la búsqueda de la sanguijuela que ha descubierto en el prado.- "Busca en mis recuerdos, si te hace falta".
-"Sólo estás bebiendo agua, Leah"- responde él, intentando sonar lo más calmado posible.
Pero eso desespera a Leah. Está a punto de contestarle, pero ha vuelto a oír el crujido que hacen las hojas cuando se aplastan, y esta vez ha sentido una ráfaga de viento soplar hacia la izquierda, combinada con un efluvio muy dulzón que hace arder su olfato.
-"¡Ahí! ¿Lo viste?"- dice, ya con la respiración agitada.
-"Sí, vemos que le están dando vueltas a ese roble y ahora estás viendo hacia el río. Vamos, Leah, estás de la olla y lo sabes, no hay nadie persiguiéndote"- responde Jacob, con esa voz de marisabidilla que tanto ha odiado.
Le está cuestionando. Una cosa es dudar de su palabra, pero otra muy distinta es cuestionar su capacidad mental. ¡Ella no era una maldita lunática! ¡Sabía que lo que había visto era real! ¡Lo que había olido era real! No podía estar imaginándolo…
-"No estoy inventando, tarado, es real… Sam…"- y por más que le cueste, se tiene que apoyar en la única persona que a pesar de haberle robado todo, sabe que no le va a fallar… otra vez- "Sam ¿tú me crees, verdad? Lo que digo es cierto, hay un chupasang… ¡dos chupasangres! ¡Se acaba de ir en pos a la casa blanca, va a atacar!"- le urge, y empieza a correr en esa dirección.
Entonces escucha a Paul reír por lo bajo y a Jared contener un suspiro. ¿Por qué nadie se mueve? ¡Van a destruir a esos malditos vampiros que ellos están protegiendo! No es como si le importara mucho, pero su hermano está ahí adentro y no está para perder a otro ser querido.
Por suerte oye a Sam y a Jacob yendo a su encuentro, haciéndole de flancos para ahuyentar a los viajeros que han osado estropearle el día. Aprieta el paso y siente el viento azotar con más fuerza en cuanto aumenta la velocidad: el olor se ha intensificado y no es familiar. Además que le ha parecido ver una cabellera rubia y es de un macho, bastante grande, a juzgar por la huella que acaba de encontrar al pasar ese arbusto de bayas.
Es cuando menos se lo espera, pero Jacob ha interferido en su paso y la ha embestido hasta el otro lado del camino, mientras Sam le da la espalda a la casa blanca y le hace frente a ella. ¿Qué acaso han perdido sus malditas mentes? ¿No ven que le están dando paso al asesino para que haga de las suyas mientras ellos están ahí, en un intento frustrado de héroes?
-"¿Qué rayos están haciendo?"- les ladra, ganando equilibrio y corriendo por el otro lado, pero Jacob ha sido más rápido y ha flanqueado a Sam. Entonces se da cuenta, se da cuenta de que ellos están protegiendo la casa… pero la están protegiendo de ella. Ella es la mala aquí, la que intenta atacar.- "¿Están de broma?"
-"No, Leah, no hay nada intentando atacar esa casa. Todo lo has inventado tú…"- empieza a decir Sam, y la corta antes de que ella pueda defenderse- "¡y no estoy diciendo que lo hayas hecho por maldad! Simplemente ha sido una idea que se te ha cruzado. Leah, repito, no hay nada intentando atacar esa casa. Ahora échate para atrás o me veré forzado a atacarte si es que los vampiros no lo hacen primero."
Esas palabras la han taladrado como si en verdad pudieran hacerlo. ¿Sam también…? ¿La única persona en la que podía tener la seguridad de que no le iba a volver a fallar, la estaba tildando de loca? ¿No eran suficientes las pruebas de su lealtad? Ella no era mala y por más que odiara a los Cullen, jamás intentaría hacerles daño, porque sabía lo mucho que significaban para su hermano y para el imbécil de Jacob. No era posible que de un segundo al otro ella fuera el enemigo y se tuvieran que proteger. No había nada grave ahí, salvo por el peligro inminente que ella había detectado en el prado y todos parecían hacerse la vista gorda.
-Sam, Jacob.- llama una voz suave y aterciopelada. Y asquerosa, para su gusto.- Leah no intenta atacarnos, he visto en su mente… ella está en lo correcto, ha visto a alguien, pero creo saber la razón de por qué ustedes no.
Los dos lobos más grandes se dan la vuelta para encarar a Edward, quien luce muy sereno y confiado, a comparación de sus pelajes erizados y el terror que cruza los ojos de Leah. El vampiro asiente una vez más cuando Sam le ha preguntado si está seguro, y se da media vuelta para llamar a alguien más.
Al segundo aparece el Dr. Cullen, con el rostro tan amable y compasivo para ser un vampiro, pero increíblemente hipnótico para ser una persona normal. Su semblante denota seriedad y quizás un poco de preocupación, y cuando habla, se dirige solamente a Leah.
-Leah, tengo que hacerte algunas pruebas.
Por favor, ni que estuviera paranoica
